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La terapia de aceptación y compromiso (ACT). Fundamentos, aplicación en el contexto clínico y áreas de desarrollo

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Abstract

En este artículo se presenta de forma sintética el tipo de intervención que propone la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). A partir de sus fundamentos epistemológicos y de las investigaciones empíricas a las que se ha sometido, se concreta su práctica clínica y sus áreas de trabajo más comunes; también se ofrecen distintas consideraciones sobre su alcance o utilidad y las dificultades habituales que surgen durante su ejercicio. ABSTRACT: Acceptance and Commitment Therapy (ACT). Foundations, practice in the clinical context and development areas. In this paper we put forward in summary form the kind of intervention proposed by the Acceptance and Commitment Therapy (ACT). Since its epistemological foundations and the empirical research to which it has submitted, we specify its clinical practice and its most common areas of intervention. We also offer different considerations about its scope or usefulness and the difficulties that commonly arise during its practice.
LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN
Y COMPROMISO (ACT). FUNDAMENTOS,
APLICACIÓN EN EL CONTEXTO CLÍNICO
Y ÁREAS DE DESARROLLO
JORGE BARRACA MAIRAL1
RESUMEN:En este artículo se presenta de forma sintética el tipo de intervención
que propone la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). A partir de sus
fundamentos epistemológicos y de las investigaciones empíricas a las que
se ha sometido, se concreta su práctica clínica y sus áreas de trabajo más
comunes; también se ofrecen distintas consideraciones sobre su alcance o
utilidad y las dificultades habituales que surgen durante su ejercicio.
PALABRAS CLAVE:Terapia de Aceptación y Compromiso, Teoría del Marco Rela-
cional, Psicología-Clínica, Psicoterapia.
ABSTRACT:Acceptance and Commitment Therapy (ACT). Foundations, practice
in the clinical context and development areas. In this paper we put forward
in summary form the kind of intervention proposed by the Acceptance and
Commitment Therapy (ACT). Since its epistemological foundations and the
empirical research to which it has submitted, we specify its clinical practi-
ce and its most common areas of intervention. We also offer different con-
siderations about its scope or usefulness and the difficulties that commonly
arise during its practice.
KEY WORDS:Acceptance and Commitment Therapy, Relational Frame Theory, Cli-
nical-Psychology, Psychotherapy.
Aunque definida como terapia de conducta, ACT difiere significativamente
del tratamiento cognitivo-conductual convencional, pues si en éste el foco se
dirige hacia la eliminación de las conductas-problema que favorecen la apa-
rición o el mantenimiento de los síntomas, ACT postula en cambio la nece-
sidad de abandonar los esfuerzos para desembarazarse de las sensaciones,
los pensamientos o los sentimientos aversivos, y aceptarlos tal y como son.
Esta invitación a modificar la forma más habitual de actuar se justifica por
la practicidad de renunciar a una lucha estéril contra el malestar cuando esta
actitud de lucha paraliza la vida del paciente y le impide dirigirse hacia unos
objetivos personalmente valorados.
Vol. 65 (2007), núm. 127 MISCELÁNEA COMILLAS pp. 761-781
1Profesor Universidad Camilo José Cela. E-mail: jbarraca@ucjc.edu
Por esta misma razón, se comprende que ACT integre muchos de los pro-
blemas tradicionalmente clasificados en diferentes trastornos psicopatoló-
gicos (ansiedad generalizada, trastorno de angustia, trastorno depresivo, tras-
torno obsesivo-compulsivo, etc.) en un cuadro denominado trastorno de
evitación experiencial, puesto que la mayoría de los síntomas que se dan en
esas patologías pueden entenderse, desde un punto de vista funcional, como
una complicación derivada del deseo consciente de no entrar en contacto con
unas experiencias privadas dolorosas.
También es importante aclarar que, aunque aquí se presentará exclusi-
vamente la aplicación de ACT en el contexto clínico, en realidad su plantea-
miento alberga toda una filosofía vital ante los problemas en franco contraste
con el modo de concebir la existencia en la actualidad, ya que, en vez de alen-
tar la eliminación de cualquier malestar o incomodidad —que se estiman
algo consustancial a la naturaleza humana—, hace hincapié en la utilidad de
aprovechar la información de los acontecimientos vitales desagradables y de
los momentos emocionalmente difíciles.
RAÍCES Y FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA TERAPIA
DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO
La Terapia de Aceptación y Compromiso —que se suele denominar de
forma abreviada con el acrónimo ACT, proveniente del original inglés: Accep-
tance and Commitment Therapy 2, aunque se ha popularizado en los últi-
mos años, lleva a sus espaldas más de cinco lustros de investigación y desa-
rrollo, pues, en germen, se encuentra ya en un artículo que su principal autor
publicó a mediados de la década de los ochenta (Hayes, 1984). Sin embargo,
para dar con sus verdaderos orígenes aún habría que remontarse bastantes
años atrás: hasta los mismos desarrollos teóricos del análisis experimental
skinneriano (1953, 1969)3y las investigaciones de Sidman sobre las relacio-
nes de equivalencia (Sidman 1971; Sidman y Tailby 1982).
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2Mantener el acrónimo en inglés —ACT— permite trasmitir una idea funda-
mental de este enfoque terapéutico: la idea de la actuación; o sea, la necesidad de aban-
donar una actitud pasiva frente a los problemas y de ponerse en marcha (actuar) con
independencia del malestar. Todos estos sentidos se pierden si se utilizan las siglas de
la traducción española: TAC. Más adelante, se verá por qué esas mismas letras pue-
den servir de guía al paciente que se ve incapaz de elegir y tomar una dirección vital
adecuada.
3Por estos orígenes, en rigor, ACT es un modelo cimentado sobre el conduc-
tismo radical, recuperando el sentido etimológico de «radical», esto es, «raíz» (radix)
y, en consecuencia, sin la connotación negativa que habitualmente se le otorga.
Para completar la pintura resulta imprescindible hacer mención también
a los trabajos que se han llevado a cabo para profundizar en el análisis de la
actividad simbólica humana y su posible incorporación productiva al con-
texto terapéutico. En esta dirección, ACT ha sido acompañada por otro mode-
lo de intervención —sustentado particularmente por los trabajos de Skinner
(1957) sobre el lenguaje natural— que se denomina Psicoterapia Analítica
Funcional (PAF) (Kohlenberg y Tsai, 1991). Debido al énfasis en los proce-
sos verbales y en la conducta dirigida por reglas en el marco de tratamiento
clínico, se ha popularizado la denominación de «terapias verbales» tanto para
el caso de ACT como de PAF (Rey, 2004).
No obstante, si se pretende enclavar con la precisión debida el nacimien-
to de ACT más que profundizar en sus antecedentes, resulta fundamental
comprender la Teoría del Marco Relacional y el Enfoque Contextualista-Fun-
cional, pues ambos configuran su auténtica urdimbre.
De forma muy esencial, la Teoría del Marco Relacional (Hayes, Barnes-
Holmes y Roche, 2001) plantea que los seres humanos, al gozar de capaci-
dad simbólica y justamente por medio de ella, pueden establecer marcos de
equivalencia entre distintos estímulos y/o entre distintos eventos externos o
internos (pensamientos, imágenes, sensaciones, sentimientos, etc.). En otras
palabras, lo que se señala es que una persona puede reaccionar «igual que»
si estuviera ante el estímulo X (y también «más que» o «menos que» o «en
sentido opuesto a», etc.) una vez que se ha producido un aprendizaje ope-
rante generalizado que vincula dos o más estímulos de forma arbitraria. Exis-
ten distintas formas en que se puede establecer un marco de relación (Hayes,
Gifford y Hayes, 1998). Así, puede haber: 1.– Implicación mutua entre dos
estímulos relacionados (si A entonces B, y si B entonces A); 2.– Implicación
combinatoria (si A está relacionado con B y B relacionado con C, entonces
A está relacionado con C), y 3.– Transferencia o trasformación de funciones
(si A da miedo y luego se informa de que B es más intenso que A, entonces
B dará más miedo que A). Esta serie de marcos de relación permite enten-
der por qué los seres humanos con lenguaje exhiben respuestas iguales (o
más o menos temerosas) ante estímulos distintos a los que se expusieron; y
representa una explicación convincente para muchas reacciones emociona-
les y afectivas disfuncionales que son controladas por estímulos aparente-
mente no relacionados (hasta que se descubre su asociación arbitraria) con
los estímulos originales (Rey, 2004). Comprender las implicaciones de la Teo-
ría del Marco Relacional es importante porque desde su seno se justifica el
empleo de varias de las técnicas fundamentales de ACT dirigidas hacia la des-
literalización; esto es, a deshacer la «fusión cognitiva» entre la palabra en sí
y su referente. La desliteralización permite a su vez debilitar el comporta-
miento gobernado por reglas (en contraposición al gobernado por las con-
tingencias), otro requisito para avanzar en el camino de la aceptación.
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ACT también se organiza como una concreción en el contexto clínico del
Enfoque Contextualista-Funcional de los problemas psicológicos (Hayes,
Strosahl y Wilson, 1999). Esto significa que, desde su planteamiento, para
comprender cualquier evento es imprescindible situarlo en su propio con-
texto y tener en cuenta su historicidad (por tanto, la Psicología no sería una
ciencia estrictamente mecanicista, pues su naturaleza es cultural e históri-
ca). Derivado de este principio se estipula que, para una evaluación cabal de
las conductas humanas, es imprescindible: 1.– dirigir el foco de atención
hacia todo el evento en su conjunto (claves contextuales), no sólo hacia los
estímulos o las respuestas de forma discreta; 2.– ser sensibles al papel del
contexto para comprender la naturaleza y la función del evento; 3.– adoptar
un punto de vista pragmático: lo que se hace tiene que ser eficaz (es decir, el
análisis de la conducta no es más verdadero o menos verdadero, sino más
útil —si ayuda al sujeto a la larga— o menos útil —si no le ayuda—), y 4.– expli-
citar unas metas de forma muy precisa (si se adopta un «criterio de verdad
pragmático», se vuelve imprescindible la clarificación previa de las metas).
Muchas veces el terapeuta de ACT se verá obligado a poner en cuestión las
«verdades» del paciente sobre su malestar y su curación; «verdades» que, en
general, son las defendidas desde el marco social. Adoptar el Enfoque Con-
textualista-Funcional permite evitar entrar en disquisiciones sobre la vera-
cidad o no de determinadas explicaciones y trabajar desde un planteamien-
to pragmático: hacer/enseñar algo que ayude al paciente con independencia
de su supuesta verdad en un contexto social.
EL PLANTEAMIENTO BÁSICO Y LAS EVIDENCIAS EMPÍRICAS
De forma muy elemental podría afirmase que la Terapia de Aceptación y
Compromiso considera que el sufrimiento psicológico es debido, en gran
parte, a la intromisión del lenguaje simbólico en áreas de la vida donde no
es funcionalmente útil (Hayes, et al., 1999). Esto es así porque se intenta usar
la actividad simbólica como un medio para evitar eventos privados o para
manipularlos; sin embargo, el control consciente sólo es posible en el ámbi-
to de la conducta abierta y propositiva, y los pensamientos, los recuerdos, las
sensaciones o los sentimientos escapan a los intentos de limitarlos, repri-
mirlos o eliminarlos. En consecuencia, el lenguaje se convierte en un pro-
blema para la vida cuando se usa como una forma de evitación experiencial.
De acuerdo con Hayes, Wilson, Gifford, Follette y Strosah. (1996, p. 1154)
«La evitación experiencial es el fenómeno que ocurre cuando una persona
no desea permanecer en contacto con una experiencia privada concreta (v. gr.
sensaciones corporales, emociones, pensamientos, recuerdos, predisposi-
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ciones comportamentales) y toma medidas para alterar la forma o la fre-
cuencia de estas experiencias o el contexto que las elicita». La posición con-
trapuesta a la evitación experiencial y, por tanto, la actitud «sana» se deno-
mina la aceptación psicológica: «El proceso en el cual los clientes se arman
de valor para estar dispuestos a experimentar un amplio rango de eventos
privados (v. gr. emociones, pensamientos, recuerdos…), particularmente
aquellos valorados negativamente, sin adoptar la actitud de cambiarlos, ‘obe-
decerlos’, o escapar de ellos o evitarlos». (Hayes, Bissett, Strosahl, Wilson,
Pistorello, Dykstra, et al., 2000, p. 3). También hay que aclarar que la actitud
de evitación experiencial tiene mucho que ver con el exceso de literalidad que
se otorga al lenguaje simbólico. A su vez, es fundamental trasmitir la idea de
que la aceptación se contempla como un proceso activo, algo que impele a
la acción (de hecho, es lo que lleva a la persona a ponerse en marcha en direc-
ción a sus valores), mientras que la resignación presupone una actitud pasi-
va (se invita a resignarse cuando no se puede hacer ya nada por cambiar una
situación).
Aunque es cierto que la aceptación psicológica está implícita en muchos
sistemas terapéuticos (p. ej., la Terapia Centrada en la Persona, la Psicote-
rapia Gestáltica, la Psicología Existencial, La Terapia Conductual Dialéctica
o los últimos desarrollos de la Terapia Racional-Emotivo-Conductual), e inclu-
so en muchas de las tradiciones religiosas, sólo ACT la ha convertido en el
núcleo del cambio terapéutico y la clave para transformar la vida de las per-
sonas. Como demostración de lo dicho, se puede comprobar que ACT ha desa-
rrollado un marco teórico comprensivo, fundamentado en la investigación
básica y en principios contrastados de aprendizaje, que justifica la necesidad
de adoptar la actitud de aceptación; además, es el único modelo donde se
han elaborado instrumentos de medida específicos para recabarla de la forma
más objetiva posible y se han llevado a cabo investigaciones para corroborar
su menor presencia en distintas muestras clínicas (Barraca, 2004; Hayes,
et al., 2000).
Pero, aparte de la evaluación por medio de instrumentos psicométricos,
ACT ha buscado su contrastación empírica a través de una serie de estudios
experimentales en los que se han comparado sus resultados con los de dis-
tintas intervenciones terapéuticas alternativas. Esta postura es esperable si
se recuerda que ACT se inscribe en los modelos conductuales, de arraigada
tradición empirista y, por tanto, con un compromiso firme con la contrasta-
ción experimental de sus técnicas; y, por otra parte, cuando se tiene presen-
te su deseo de adscribirse a los protocolos de terapias eficaces. Sin embargo,
hay que reconocer que, por su mismo planteamiento en el que el debilita-
miento de la ansiedad o la eliminación de la pena no son en sí su foco de inte-
rés, a veces sus resultados son paradójicos frente a los de otros modelos. No
obstante, como uno de sus criterios para considerar que la terapia ha sido
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efectiva estriba en la recuperación de las actividades habituales y valoradas
por la persona, y otro la ausencia de reingresos hospitalarios y la disminu-
ción en la toma de psicofármacos, dispone también elementos para poder
compararla de forma más o menos tradicional con otras terapias.
A fin de abrigarse bajo la conveniente protección empírica, en el seno de
ACT se han desarrollado estudios de comparación con otras terapias, estu-
dios básicos controlados sobre los efectos de las estrategias de aceptación
frente a otras estrategias, y estudios de caso de aplicaciones de ACT a muy
distintos tipos de trastornos (Wilson y Luciano, 2002). De entre los prime-
ros, ACT se ha comparado frecuentemente con intervenciones cognitivo-
conductuales en el tratamiento de los trastornos afectivos (Zettle y Hayes,
1986), de la sintomatología depresiva (Zettle y Raines, 1989), del estrés labo-
ral (Bond y Bunce, 2000), de síntomas psicóticos (Bach y Hayes, 2002), del
dolor (Geiser, 1992) y del alcoholismo (Wilson, Hayes y Byrd, 2000), para
encontrar en casi todos los casos resultados más favorables para los pacien-
tes tratados con ACT. De entre los segundos —las investigaciones que com-
paran la eficacia de las estrategias de aceptación frente a las estrategias de
control y de focalización—, los principales autores del modelo exponen en
su manual un conjunto considerable de trabajos (Hayes, et al., 1999) que
corroboran la mayor efectividad a la larga de la postura de aceptación. Algu-
nos otros trabajos más actuales también apuntan en esa dirección (cf. Eifert
y Heffner, 2003; Hayes, Follette y Linehan, 2004; Wilson y Luciano, 2002).
Por último, es ya inabarcable la literatura de caso único que evidencia la
utilidad de ACT. Para una comprobación de esta afirmación se puede con-
sultar de nuevo el trabajo de Wilson y Luciano (2002), que ha servido aquí
de guía básica, el libro de casos de Luciano (2001) o, a si se pretende una
actualización de mes en mes, la página web oficial donde se recogen la mayo-
ría de las publicaciones sobre la Terapia de Aceptación y Compromiso:
http://www.contextualpsychology.org/all_publications
LA ACTITUD TERAPÉUTICA Y LAS HERRAMIENTAS
FUNDAMENTALES PARA LA INTERVENCIÓN
Hasta ahora se ha tratado de forma general la teoría que da coherencia
al tratamiento y se han mencionado los estudios empíricos que lo sustentan;
no obstante, con lo expuesto sin duda resulta aún difícil imaginarse la plas-
mación de todo este cuerpo de conocimiento en la actividad clínica concre-
ta. A partir de ahora, este artículo se detendrá de forma exclusiva sobre el
quehacer terapéutico y los elementos de que se sirve para conseguir los resul-
tados deseados.
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Hayes, et al. (1999) utilizan el acrónimo ACT para resumir cuales son los
objetivos últimos de la terapia que, en el original inglés, se describen así: A
de Accept (Aceptar), C de Choose (Elegir) y T de Take Action (Actuar). Por
tanto, la terapia se orienta a promover la «flexibilidad» del cliente para acep-
tar (dar cabida o admitir) los eventos privados incómodos, para elegir una
dirección valorada y para pasar a la acción no obstante las dudas y las difi-
cultades. Las barreras que se levantan para impedir adoptar este compro-
miso y dirigirse hacia una vida realmente valorada —es decir, los elementos
que producen «rigidez» (Hayes y Strosahl, 2004)— son la evitación expe-
riencial y la fusión cognitiva, tal y como ya se ha mencionado.
Hayes (2000) de forma muy directa expone en los siguientes nueve pun-
tos cuál es la actitud que debe adoptar el terapeuta si pretende conseguir
estos objetivos:
1. Lo que el cliente experimenta no es el enemigo a batir. Lo perjudi-
cial, o incluso lo traumático, es luchar por no experimentar lo que se
experimenta.
2. No puedes ser tú el que rescate a los clientes de sus dificultades y del
reto que supone crecer.
3. Sin perder la actitud compasiva, no aceptes razones: la cuestión no
es lo razonable que pueda ser algo, sino su utilidad.
4. Si el cliente se siente atrapado, frustrado, confuso, asustado, enfada-
do o ansioso anímate: eso es justamente lo que necesita trabajarse y
está aquí ahora. Convierte la barrera en una oportunidad.
5. Si tú mismo te sientes atrapado, frustrado, confuso, asustado, enfa-
dado o ansioso anímate: ahora estás en la misma barca que el clien-
te y tu trabajo se humanizará por ello.
6. Es más importante hacer lo que dices que decir lo que hay que hacer.
7. No discutas. Lo importante es la vida del cliente, no tus opiniones.
8. Tú estás también en el mismo barco. No te protejas poniéndote por
encima.
9. Lo importante es siempre la función (que cumple la conducta), no su
forma o su frecuencia. Cuando tengas dudas pregúntate a ti mismo
o pregunta al cliente «al servicio de qué está esta conducta».
Para lograr cambiar la actitud de evitación experiencial y deshacer la
fusión cognitiva, ACT recurre a herramientas no convencionales en la tera-
pia cognitivo-conductual. Los tres métodos fundamentales que se emplean
son las metáforas, las paradojas y los ejercicios experienciales (Hayes, et al.,
1999). Sólo gracias a ellos es posible romper el exceso de literalidad del len-
guaje y abrirse hacia las sensaciones de forma plena.
El lenguaje metafórico resulta particularmente útil en ACT por varias
razones: primero, porque no es específico ni prescribe nada concreto, por
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tanto no deja clara «la regla a cumplir» (p. ej., qué pasos tengo que dar
para liberarme de mi ansiedad); segundo, las metáforas son más como pin-
turas y no tanto discursos verbales lógicos y lineales, antes que nada ofre-
cen una imagen sobre cómo funcionan (o pueden funcionar) las cosas en
un contexto determinado, y tercero, las metáforas se recuerdan fácilmen-
te y pueden emplearse en muchos contextos (y no sólo en el que se apren-
dieron).
Las paradojas terapéuticas son también empleadas con frecuencia. Si se
tiene en cuenta que, precisamente, ACT trata de poner en cuestión la «lógi-
ca» de determinadas posturas, se entenderá por qué son un elemento fun-
damental en esta intervención. Las paradojas permiten ver los problemas
inherentes al mismo lenguaje y son, por tanto, adecuadas para deshacer la
literalidad. Las paradojas más importantes en ACT son las llamadas «para-
dojas inherentes», aquellas en que se da una contradicción entre la literali-
dad de lo que se afirma y las propiedades funcionales de un evento verbal.
Por ejemplo, si se le dice al paciente que «se esfuerce por mostrar esponta-
neidad» se le coloca en una situación imposible pues ya no puede «actuar
correctamente». Así, le será más fácil entender (de forma vivencial), la impo-
sibilidad de seguir ciertas reglas «adecuadas para solventar al fin la situa-
ción», p. ej., creer que puede seguir unos pasos concretos para dormirse siem-
pre que tenga dificultades para conciliar el sueño.
Por último, los ejercicios experienciales son un medio para conseguir que
los clientes entren en contacto con los pensamientos, sentimientos, recuer-
dos o sensaciones físicas problemáticos (y evitados). Con la seguridad que
otorga el contexto terapéutico se hace más fácil exponerse y experimentar
estos eventos, y, en consecuencia, debilitar su potencial carga de amenaza.
Además, los ejercicios acaban siendo bastante más elocuentes para el pacien-
te que las discusiones analíticas y lineales.
FASES DE LA TERAPIA
De acuerdo con el principal manual de tratamiento de ACT (Hayes, et al.,
1999) puede afirmarse que esta terapia posee varias etapas, ni excluyentes
entre sí ni obligatorias, y que tampoco deben seguirse necesariamente en la
secuencia en que se van a presentar. Previamente a ellas, durante la fase de
evaluación, el terapeuta debe tratar de aclarar —en coherencia con el mode-
lo— qué está tratando de evitar el cliente, con qué evento verbal está fusio-
nado, qué es lo que realmente quiere conseguir (hacia donde valoraría diri-
girse) y cuáles son las barreras para el cambio (qué le impide ir en esa dirección
valorada).
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A continuación, por medio de una serie de cuadros se desglosa todo el
proceso terapéutico. Por la limitada extensión de este artículo, necesaria-
mente se renuncia a una explicación en profundidad de cada fase, y sólo se
describe básicamente en qué consiste cada una. También se mencionan las
metas de cada fase y las intervenciones vinculadas a cada una de esas metas
—que pueden ser tanto explicaciones como metáforas, ejercicios experien-
ciales o paradojas—; sin embargo, no se desgranan ni exponen los ejemplos
clínicos que abundan en los manuales.
CUADRO 1
LA FASE I: DESESPERANZA CREATIVA
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Fase I. Generar la «desesperanza creativa»
En esta fase se enfrenta la agenda «normal»de cambio; es decir, se cuestiona la lógica
social que impone el desembarazarse de los síntomas como única vía posible para «curar-
se». Con objeto de que el paciente abandone esta lucha se procura el que, por su propia
experiencia, se dé cuenta de la futilidad de tal postura. Si siente al fin que por ese cami-
no no va a llegar a ningún sitio se generará la «desesperanza creativa», una experiencia
que le abrirá a posibilidades alternativas de actuación.
METAS INTERVENCIONES
1. Informar y lograr consen-
timiento y compromiso
para la terapia.
– Informar de tratamientos alternativos.
– Informar de los riesgos y beneficios.
– Proponer un intervalo de tiempo específico para revisar.
– Orientar respecto a los roles de terapeuta y cliente.
2. Legitimación de la tera-
pia. – Ver si los problemas que tiene son por causa «legítima»
(p. ej. divorcio, cambio de casa, muerte, pérdida de tra-
bajo…) o por el control sobre sentimientos, emociones,
pensamientos… ¿Qué dicen los síntomas?
3. Agenda de cambio del
cliente y cómo no le ha
funcionado. [Agenda nor-
mal: si bajo ansiedad,
entonces viviré bien].
¿Qué quieres conseguir? [Recoger los dos tipos de metas:
finales (p. ej., ir a trabajar) y de proceso (p. ej., tener
menos ansiedad). Sólo las primeras son posibles a la
larga].
¿Cómo lo has intentado alcanzar? [Detenerse sobre cada
uno de los métodos usados y hacer ver que son «razo-
nables»].
– ¿Cómo te han ido esos intentos? [Lo que la experiencia
dice y lo que la mente dice].
– Ver que nada ha funcionado a largo plazo (al revés que
en otras áreas de la vida). Aquí cuanto más se esfuerza
peor se ha vuelto el problema. Ver que los ejemplos están
bajo un planteamiento: control de experiencias priva-
das=vida exitosa.
– Quizás el intento de solución es parte del problema.
Fase II. El control no es la solución, es el problema
Se trata de hacer más consciente al paciente de que sus esfuerzos de control se diri-
gen a evitar o a intentar cambiar eventos privados. Sin embargo, esto es inútil y puede
llegar convertirse en el problema mismo.
La FASE TERMINA cuando el paciente reconoce y se da cuenta de que muchas veces está
«volviendo a hacerlo», «que retoma la postura anterior»; o cuando ya afirma: «estoy con-
fundido. No sé qué hacer a continuación» y parece abierto a otras alternativas.
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4. Minar la vinculación del
cliente a la agenda de
cambio «normal».
– Establecer como norma la practicidad.
– El lenguaje se usará sólo si es práctico (por eso se emple-
an metáforas, paradojas…).
– Más que en lo lógico vamos a centrarnos en lo que la expe-
riencia te diga que funciona, por extraño que sea, y no lo
que razonablemente parezca más adecuado para resol-
ver el problema.
5. Evocar la desesperanza
creativa. – «Estás atascado. Esto no se resuelve y, en el fondo, sabes
que no hay salida. Lo has probado todo. Y no es que no
te hayas esforzado suficientemente».
– Metáfora del hombre en el agujero.
– Metáfora del micrófono que se acopla.
Metáforas de habilidades aprendidas (tenis, bailar,
nadar…).
– Metáfora del juego de la cuerda contra el dinosaurio.
6. Minar el inútil «entender-
lo». – No entender la nueva postura: entender, creer, estar en
lo cierto…, nos alejan del aquí y ahora. No centrarse en
el lenguaje. Usar paradojas y confusiones para deslitera-
lizar y desestabilizar el «entenderlo».
7. Deshacer la vinculación a
la agenda de cambio. – Distinguir la desesperanza actual de la posibilidad de tra-
bajar y cambiar. No es que no haya esperanza, es que no
hay salida «así», «en esa posición o postura». Siempre es
posible responder (=persiste la res-ponsabilidad). Lo pri-
mero es abandonar la lucha. Fiarse de la experiencia.
CUADRO 2
LA FASE II: EL CONTROL COMO PROBLEMA, NO COMO SOLUCCIÓN
METAS INTERVENCIONES
1. El control es el problema y
conduce a resultados in-
convenientes a través de la
evitación emocional y el
escape.
– Las «reglas del mundo interno» (no son como las exter-
nas: si no quieres determinados contenidos los tienes y
viceversa).
– La solución no es el control deliberado, el problema es el
control deliberado.
Metáfora del polígrafo (para ansiedad y depresión).
– Ejercicio del elefante rosa (obsesivos). «No salives si te
pido que te imagines bebiendo un zumo…».
CUADRO 1 (Cont.)
La FASE TERMINA cuando: 1.– hay una ocurrencia espontánea de consentimiento en
situaciones que antes elicitaban control. El cliente afirma que, ahora, «lo hace distinto»,
«que su reacción es distinta», y 2.– el cliente espontáneamente cuenta uno o dos ejem-
plos de «sentir los sentimientos de forma distinta», «que está experimentando los senti-
mientos con menos convicción».
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2. La cultura actual promue-
ve el control emocional,
que sirve a corto plazo (por
eso son muy aprendidos),
pero a largo plazo falla (da
igual que sea valium, rela-
jación, parada de pensa-
miento…).
– «Deja de llorar o te haré llorar de verdad» (=controla tus
estados emocionales para que yo controle los míos). «No
tengas miedo», «sé positivo…», «los mayores no tienen
miedo, no tienen inquietud…, no lloran…» (lo creíamos
de pequeños).
3. El control lleva a un apren-
dizaje arbitrario, indepen-
diente de la experiencia. Dis-
tinguir entre seguir las
reglas y la practicidad.
«
Condicionamiento»: no controlable (depende del entorno).
– Ejercicio, ¿cuáles son los números?
4. Consentir es una alternativa
a controlar. No consentir
tiene un coste: el problema
cada vez se vuelve peor.
Abrirse, pero no verbal-
mente, sino físicamente
(sentirlo).
Metáfora de las dos escalas.
– Ejemplos del sueño y el orgasmo.
Metáforas para ansiedad: las olas, la corriente del río.
Metáforas para obsesiones y experiencias traumáticas: la
caja llena de cosas.
– La incomodidad «limpia» (vida normal: ansiedad, depre-
sión… legítima) y «sucia» (la que se debe al control).
Fase III. Conseguir la Aceptación por medio de la Desliteralización
En esta fase se procura ayudar al paciente a aceptar las experiencias gracias a alterar el
contexto de los procesos de pensamiento. En concreto, se trata de evitar el estar fusio-
nado con lo que se piensa; es decir, de deshacer el exceso de literalización (la palabra —
símbolo— se vive igual que la experiencia real).
CUADRO 3
LA FASE III: CONSEGUIR LA ACEPTACIÓN POR MEDIO DE LA
DESLITERALIZACIÓN
METAS INTERVENCIONES
1. Mostrar los límites del len-
guaje y cómo afecta nega-
tivamente al aprendizaje
por experiencia.
Tu mente no es tu amiga. Evolución y lenguaje. La pro-
porción de contenidos mentales negativos es muy supe-
rior a la de los positivos.
«Explicar» acciones motoras (p. ej. «nadar teóricamen-
te», «explícame cómo sostienes el bolígrafo»).
– Metáfora «Encuentra un sitio para sentarte». Imaginarse
comer un filete no quita el hambre, imaginarte que te
sientas no te descansa.
CUADRO 2 (Cont.)
La FASE TERMINA cuando las reacciones privadas condicionadas son vistas como menos
comprometedoras. Otros indicadores para pasar a la siguiente fase son: 1.– espontánea-
mente al cliente se le despiertan reacciones problemáticas y dice: «ahora mismo estaba
elaborando razones». Se pone como OBSERVADOR (no fusionado con ellas), y 2.– el
cliente aguanta la posición de consentir en presencia de contenido alterador con el que
antes se fusionaba.
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Vol. 65 (2007), núm. 127 MISCELÁNEA COMILLAS pp. 761-781
2. «Ataque al lenguaje»: que
pierda fuerza la literaliza-
ción.
Ejercicio «pan, pan, pan…». Primero imaginarse el pan
horneado… Luego hacer el ejercicio [repetir rápidamente
la palabra durante 2 min., al final no es más que un soni-
do raro]. ¿Dónde fue el pan horneado? También hablan-
do muy despacio ver movimientos de lengua, diafragma,
labios… El habla es muscular. (Igual con «soy malo»).
Metáfora de los pasajeros del autobús.
– Ejercicio del desfile de soldados.
– Ejercicio: «Llévate a tu mente a dar un paseo».
3. Cuestionar que las razones
son causas: el lenguaje no
puede explicar nuestra
vida. Minar la evaluatividad
del lenguaje. Distinguir eva-
luación de descripción.
Las razones son causas. Siempre se pueden dar «razones»
u «otras razones». No hay que atacar todas las razones:
si al cliente le sirven está bien (aunque siempre hay que
verlas como otro evento interno).
Convención AND/BE: Cambiar el «pero» por «y». Por ejem-
plo en vez de «iría pero tengo ansiedad», decir: «voy y
tengo ansiedad».
Metáfora de la taza mala (relatividad de las valoraciones).
– Ser consciente de que: «Yo soy malo» es un pensamien-
to, no una verdad. Es más verdad: «Soy una persona que
ahora se evalúa como malo».
4. Consentir: la meta de la
desliteralización. Lograr
que el lenguaje no interfie-
ra con la habilidad para
experimentar el contenido
alterador.
– Ejercicio del monstruo de lata.
– Ejercicio fisicalizador.
Cartas con contenidos.
– Ejercicio del ruido o imagen que dan grima (abrirse a
ellos).
CUADRO 3 (Cont.)
La FASE TERMINA cuando el cliente afirma que «mira» los eventos privados, en vez
de estar preso en ellos. O que se ve «distinto» o «separado» de su mente. O es más capaz
de reírse de su seriedad. Tomarnos muy en serio causa mucho sufrimiento. Hay que
usar el humor.
J. BARRACA, LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO (ACT) 773
Vol. 65 (2007), núm. 127 MISCELÁNEA COMILLAS pp. 761-781
Fase IV. Descubrir el «yo»
El vértigo que puede producir el proceso terapéutico, el cuestionamiento que lleva
implícito, aconseja otorgar asideros al paciente. En concreto se le enseña que su «yo»
es su aliado, no su enemigo. Es un lugar seguro desde el que contemplar nuestros cam-
biantes problemas. El yo es muy resistente al cambio, es casi indestructible, en cambio
los contenidos que alberga pueden ir mudando.
CUADRO 4
LA FASE IV: DESCUBRIR EL «YO» COMO ALIADO
METAS INTERVENCIONES
1. Mis concepciones de mí
mismo pueden ser una cár-
cel para el cambio (jaula de
palomas: para escapar hace
falta «ver» la prisión). El yo-
conceptualizado (literal).
– Ejercicio de la polaridad mental.
2. Crear conciencia del yo-
como-perspectiva. Diferen-
ciar entre yo contenido/yo
contexto.
– Metáfora del ajedrez (tú eres el tablero, no las fichas blan-
cas o negras).
– Tú eres el hardware no el software.
– Ejercicio del observador.
– Tener una perspectiva así permite no tener miedo a los
contenidos.
3. Contrastar el yo-contextua-
lizado con el yo-observador.
– Finge: y cuando finge ¿qué parte de él mismo ve que finge?
P. ej., cuando estoy con mis amigos en una fiesta finjo
que estoy bien…, ¿quién finge? [Que vea que siempre hay
observador externo].
– Ejercicio «escoge una identidad».
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La FASE TERMINA cuando ya vemos que el cliente ha conseguido el compromiso y tiene
la intención de actuar. Los valores, las acciones y las barreras están claras.
Ahora tiene que estar claro, para pasar a la siguiente fase, que el sujeto ha abandonado total-
mente la agenda normal de cambio, es al menos capaz de cierta aceptación, es capaz de des-
literalizar y tiene establecido hacia dónde quiere ir.
Fase V. Valores
En esta fase tratamos de hacer ver al paciente el sentido de volver a vivir una vida digna
hacia una dirección. Se procura identificar una dirección vital valorada y unas metas y
acciones que la impliquen.
CUADRO 5
LA FASE V: EL TRABAJO CON LOS VALORES
METAS INTERVENCIONES
1. Comprender la importancia
de una vida basada en valo-
res. Los valores son elegi-
dos, son elecciones perso-
nales libres.
– Los valores como ACCIONES (no como sentimientos):
Ejercicio de los calcetines de rombos.
– En qué quieres que se base tu vida: el funeral (¿Qué es lo
que más te gustaría oír…? Se encamina hacia allí o no).
El epitafio (resumen de la vida que has llevado).
Metáfora de la huerta (para que crezcan cosas importan-
tes hay que cuidarla muchos años).
2. Metas y valores. Valores
inalcanzables y metas al ser-
vicio de los valores.
Inutilidad de estar ligado a metas (como tener más tra-
bajo, tener otra casa…, para ser feliz). Así siempre esta-
rá carencial. Lo lógico es poner el interés en estar siem-
pre allí, en vivir el presente, el aquí y ahora.
Metáfora del esquí (disfrutar de la bajada).
Metáfora del sendero de la montaña.
3. Establecer con el cliente
una dirección vital basada
en los valores de las princi-
pales áreas de la vida.
– Frases de la dirección valorada.
Ranking de los valores: PASOS: 1.– se explica el ejercicio
de valores a completar; 2.– se completa en casa; 3.– se
discuten en sesión, y 4.– se establece el ranking.
– Recordar que «ser feliz» no es un VALOR. El valor es una
dirección: unas ACCIONES hacia algo. «Ser feliz», «Estar
tranquilo…», ¿para qué?, ¿al servicio de qué están?
– Que no escoja valores porque le gusten al terapeuta, a
los padres, a la pareja, a la sociedad…
4. Establecer las acciones con-
cretas que el cliente puede
poner en marcha para ir
hacia los valores.
– Ejercicio de las metas, las acciones y las barreras. Espe-
cificar acciones claras y factibles. Sobre todo que las
pequeñas (no grandes) acciones pueden ser mejores para
ir hacia el valor. Es mejor evitar las «concepciones heroi-
cas». Simplemente dar pasitos en la dirección valorada.
Reconocer y analizar también las barreras.
5. Reducir el impacto poten-
cial de las barreras por
medio de la aceptación.
– Metáfora de la burbuja que avanza.
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Aunque se hayan recorrido todas estas fases, en rigor la postura terapéutica no finaliza en
un momento dado; la actitud de aceptación y compromiso es permanente en la vida. Lo
aprendido debe servir para siempre.
Fase VI. Aceptación y Compromiso
En esta última fase ayudamos a llevar a cabo la acción previamente aceptada. Comenza-
mos exposiciones y otras técnicas conductuales si son necesarias. Los obstáculos son
una parte esperable en este camino, no deben hacer abandonar el proceso emprendido.
CUADRO 6
LA FASE VI: ACEPTACIÓN Y COMPROMISO
METAS INTERVENCIONES
1. Comprender las implica-
ciones de la aceptación. – Metáfora del vagabundo que se cuela en tu fiesta (no es
deseado, pero una vez que está allí, ¿vamos a perder toda
la fiesta controlando cómo se comporta?).
2. Comprender la naturaleza
de la aceptación y el com-
promiso. No puede haber
aceptación a medias o con-
dicional.
– Ejercicio del salto (no se puede saltar «un poquito» si te
tiras en paracaídas).
– Metáfora del pantano (no querríamos que estuviese, pero
está delante ¿seguimos o nos quedamos parados por no
cruzarlo?).
– Metáfora del globo que se expande (zonas de distorsión…).
– Ejercicio «Llevar contigo las llaves» (ir con lo bueno y lo
malo). Y recordar la metáfora del ajedrez: es el tablero
y puede ir a donde quiera, aunque tenga que llevar todas
las piezas (buenas y malas)
3. Ver las barreras que van
surgiendo con la aceptación
y cómo se pueden superar.
– Ejercicio del contacto visual (mantener el contacto visual,
aunque sea violento).
– Metáfora del coche en ruta (surgen problemas, averías…,
¿abandonar el proyecto?).
– Un mapa para el viaje: FEAR frente a ACT: [escribírselo
al paciente].
F: Fusión con tus pensamientos; E: Evaluación de tus
experiencias (sensaciones); A: Avoidance de tus expe-
riencias, y R: Razones dadas para tu conducta.
A: Aceptación de tus reacciones y seguir en el presente;
C: Choose una dirección valorada, y T: Take una acción.
– Ejercicio: esperando al Sr. Incomodidad, y/o Ejercicios
Interoceptivos (exposiciones a sensaciones temidas).
– Metáfora del primer amor frustrado (ese rechazo posi-
bilitó conocer a la siguiente persona).
Rol de víctima (no ser el «cuerpo del delito»). No merece
la pena estar mal siempre para que otros se sientan cul-
pables (incluso aunque lo sean)
– Ejercicio de la silla vacía (para perdonar).
– Ejercicio «aceptar el yo como válido por confianza».
– Ejercicios de exposición, rol-playing, habilidades socia-
les, etc.
Además de lo expuesto en los cuadros, es importante señalar que, duran-
te todo el proceso de terapia, se mantienen como actitudes fundamentales la
comprensión y el apoyo. La compasión que debe despertar una labor que gira
en torno al sufrimiento de las personas y que nos humaniza se convierte, a
su vez, en una parte de la misma terapia. El terapeuta que, como ya se ha
dicho, está en la misma barca que el paciente y vive inmerso en el mismo
contexto social, es fácil que sacralice unas determinadas razones y se olvide
del pragmatismo que, en cambio, trata de trasmitir a su cliente; sin embar-
go, lo que importa es la vida del paciente: lo que le dice su propia experien-
cia. Por eso mismo, debe estar siempre alerta y, consecuentemente, no creer
a veces una sola palabra de lo que él mismo está diciendo.
ÁREAS DE DESARROLLO
Aunque, como se ha mencionado en la introducción del artículo, ACT tras-
ciende los ámbitos de la terapia propiamente dicha y se expande como acti-
tud vital para todos los avatares humanos, aquí se traerán a colación exclu-
sivamente algunas consideraciones sobre los casos más adecuados para su
práctica clínica.
Para empezar, conviene recordar que, al ser un tratamiento que cuestio-
na en las primeras fases la «agenda normal de cambio», representa toda una
novedad para los pacientes que han pasado por distintos profesionales (y dis-
tintas orientaciones terapéuticas). El desconcierto que, en un principio, causa
el planteamiento de abandonar la lucha contra el síntoma o «la enfermedad»
sitúa al paciente en una posición ciertamente difícil (la desesperanza creati-
va); sin embargo, es precisamente en estos pacientes que lo han intentado
todo donde la experiencia juega más a su favor, pues tienen más evidencias
de que si mantienen las mismas actitudes de nuevo fracasarán. También es
justo en estos casos cuando el terapeuta de ACT cuenta con un poderoso alia-
do: el hecho de que el paciente sabe ya, en el fondo, que si no se plantea un
cambio radical se repetirán las frustrantes experiencias anteriores. Cuando
en los primeros momentos de la terapia el profesional pide al paciente que
describa los tratamientos que ha seguido hasta ahora (p. ej., si ya practicó la
relajación, la desensibilización, la medicación ansiolítica, las habilidades
sociales, la dinámica de grupos, etc.) y la efectividad de los mismos en su
caso (lógicamente temporal, pues de lo contrario no estaría allí) en realidad
está buscando que se haga más consciente de la dinámica perversa en la que
se halla. Así pues, es el paciente «intratable» y con múltiples fracasos tera-
péuticos el más indicado para comenzar a trabajar en este modelo.
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También, paradójicamente, es un paciente propicio aquel más crítico y
escéptico con la posición y las destrezas que «se venden» actualmente sobre
la labor del psicólogo. Esto es debido a que ACT es una terapia que despsi-
cologiza los problemas vitales y cuestiona la falsa perspectiva social de que
se debe vivir sin ningún malestar. Por tanto, se presenta como un modelo
que, en el fondo, apela al sentido común y a las verdades «de siempre», que
no endiosa al profesional ni lo convierte en un experto que goza del privile-
gio de la verdad. En realidad, no contemplar al terapeuta como una figura
de autoridad facilita la adopción de una posición más activa, algo esencial
para ACT.
Por otro lado, la revisión de trabajos publicados (cf. para revisiones sobre
los campos de aplicación los textos de Hayes y Strosahl, 2004; Hayes, et al.,
1999; o Luciano, 2001) demuestra que ACT no es una terapia restringida al
contexto de la consulta, sino que cabe y puede ser igualmente conveniente
en entornos hospitalarios, la clínica ambulatoria, las asociaciones de afecta-
dos (alcohólicos, jugadores patológicos, etc.), la intervención por problemas
de estrés en el mismo lugar de trabajo, el marco universitario, etc.
No obstante la enorme gama de cuadros tratados, también es verdad que
un análisis de los estudios publicados parece demostrar que los grupos de
trastornos donde se ha reunido un mayor corpus científico son, por este
orden: 1.– los trastornos de ansiedad; 2.– las adicciones; 3.– los trastornos del
humor, y 4.– los cuadros psicóticos. Es muy posible, como afirma Rey (2004),
que esta eficacia diferencial tenga que ver, por un lado, con el énfasis que
pone ACT en la aceptación —un componente sin duda necesario ante las
experiencias asociadas con el dolor emocional (ansiedad, depresión, duelo,
trastorno postraumático, etc.)— y, por otro, con la potenciación del com-
promiso personal —lo que, a su vez, parece crucial en el abordaje de cuadros
que involucran conductas que ponen en peligro la salud (prácticas sexuales
de riesgo, consumo de alcohol y drogas, etc.)—. Así mismo, el componente
de cuestionamiento y el distanciamiento de los pensamientos y de las ideas
puede ser una ayuda básica para el tratamiento de cualquier brote psicóti-
co. Obsérvese que, en todos los casos, la población que se puede beneficiar
de esta terapia se limita a adultos verbalmente competentes.
DIFICULTADES PRÁCTICAS Y VALORACIÓN DEL MODELO
La aproximación a la Terapia de Aceptación y Compromiso posee una
serie de problemas para terapeutas de distintas corrientes. Por un lado, los
practicantes de enfoques existenciales, gestaltistas y humanistas encuentran
en sus ejercicios, sus metáforas, sus paradojas, su énfasis en los valores y su
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trabajo clínico general un paralelo con su actividad habitual; sin embargo,
su desarrollo metodológico, su fervor y vigor investigador y sus modelos epis-
temológicos (Contextualismo, Funcionalismo, Teoría del Marco Relacional)
les resultan extraños, como también su adscripción a una corriente conduc-
tista radical que, sin embargo, es irrenunciable para ACT. Por otro lado, los
terapeutas cognitivo-conductuales se sienten «fuera de juego» por el énfasis
en lo verbal y por el tipo de constructos empleados (desesperanza creativa,
aceptación, fusión cognitiva, etc.) cuyo trabajo se estima condición previa y
necesaria antes de pasar a las exposiciones, por la aparente inconsistencia
con la esencia de su modelo al no tratar de acabar con los síntomas indese-
ables, y por el rechazo a técnicas cognitivas instauradas ya desde hace déca-
das en su quehacer (Parada de Pensamiento, Reestructuración Cognitiva,
Auto-instrucciones, Ideación Positiva, etc.).
En relación con lo que se acaba de mencionar, una crítica que ha recibi-
do ACT estriba en el empleo de ejercicios sustraídos desde las terapias ges-
taltistas y existenciales (p. ej., la técnica de la silla vacía o el ejercicio de auto-
identificación de Assagioli), lo que aparentemente le ha hecho acreedor del
calificativo de modelo ecléctico. Sin embargo, hay que aclarar que ACT ha
incorporado estas técnicas —al igual que muchas otras que se remontan hasta
los albores de la Psicología (sirva como ejemplo el ejercicio de la repetición
de palabras de Titchener) e incluso que se derivan de la enseñanza budista-
zen—, porque se encajan dentro del modelo teórico. A diferencia de los enfo-
ques humanistas, ACT fundamenta sus técnicas en los principios de apren-
dizaje, por eso reconoce los ejercicios que van a funcionar y es capaz de
precisar en qué momento concreto de la terapia tienen cabida (esto es, cuan-
do son funcionalmente pertinentes). Según sus creadores, las valiosas intui-
ciones que desde hace décadas han tenido experimentados terapeutas encuen-
tran al fin en ACT su justificación científica.
No obstante, también existen autores conductuales que consideran que
en el modelo de ACT se ha desecho la continuidad con el análisis de conducta
tradicional, pues habría dado un salto injustificado desde la teoría básica
hasta la práctica clínica (Ferro, 2004; Kohlenberg, Tsai, Ferro, Valero, Fer-
nández Parra y Virués-Ortega, 2005). Sin embargo, Hayes y otros autores de
la Terapia de Aceptación y Compromiso probablemente negarían tales críti-
cas, pues, a su juicio, su labor parte de un riguroso empirismo y de un cono-
cimiento teórico bien fundado sobre las bases fundamentales del análisis de
conducta (contextualismo, diferenciación en los niveles de análisis, monis-
mo, pragmatismo y, sobre todo, énfasis en la funcionalidad de la conducta).
Una dificultad práctica de ACT se localiza en el problema que supone pro-
poner actuaciones en contra de la lógica social imperante. Y esta lógica, como
ya se ha dicho, afecta tanto al paciente como al propio terapeuta. Por tanto,
el profesional no podrá evitar en ocasiones quedar enganchado él mismo en
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las trampas del lenguaje, fusionarse con las palabras, valorar, juzgar y creer
sus propios pensamientos sin darse cuenta de que sólo son eso: pensamien-
tos. El saber saltar «desde dentro» del lenguaje para verlo como proceso,
herramienta o mecanismo, no siempre es fácil ni posible. Así, la practica de
ACT exige un continuo reciclaje y una consciencia particularmente desarro-
llada sobre el propio trabajo.
Trasmitir algo como la aceptación —que es sobre todo una postura, una
actitud y que se demuestra en la acción manifiesta— por medio de las pala-
bras, en un discurso coherente, no es algo fácil. Se parece a tratar de expli-
car los colores sin imágenes. Afortunadamente, esta idea tan importante,
junto con todo lo que implica para la vida, se ha ido popularizando gracias
a las últimas publicaciones no ya, como hasta ahora, restringidas únicamente
a los profesionales especializados en terapia de conducta (quizás el princi-
pal pecado de ACT hasta la fecha), sino dirigidas a todo el público; sirvan en
este sentido como ejemplo los trabajos de Barraca (2005) y Hayes y Smith
(2005).
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[Aprobado para su publicación en septiembre de 2007]
J. BARRACA, LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO (ACT) 781
Vol. 65 (2007), núm. 127 MISCELÁNEA COMILLAS pp. 761-781
... ACT históricamente fue denominada inicialmente Comprehensive Distance Therapy (Hayes, 1987) para posteriormente pasar a llamarse Acceptance and Commitment Therapy, que de forma abreviada se escribe bajo el acrónimo ACT (Wilson & Luciano, 2002). Esta abreviación pretende transmitir la idea fundamental de este enfoque terapéutico: la idea de actuar, es decir, el hecho de abandonar una actitud pasiva frente a los problemas y ponerse en marcha (actuar) en base a tus propios valores con independencia del malestar que produzcan (Barraca, 2007;Hayes et al., 2012;Wilson & Luciano, 2002). Pretende cambiar el planteamiento que se arrastraba de las terapias de segunda generación, al considerar que todo aquello que despierta malestar o produce dolor en una persona ha de ser eliminado a través de estrategias como la evitación, supresión, sustitución, etc. ...
... (Mañas, 2012). ACT parte de un modelo de salud y no de enfermedad, dado que se considera que el sufrimiento es universal y la causa principal de éste es la intromisión del leguaje en áreas en las que no es funcional o no es útil (Barraca, 2007;Hayes et al., 1999;Wilson & Luciano, 2002). ...
... Para entender ACT resulta fundamental comprender la filosofía científica de la que parte: el enfoque contextualista-funcional de los problemas psicológicos (Hayes et al., 1999). El contextualismo funcional resalta la idea de que, para comprender cualquier evento psicológico, es condición imprescindible el hecho de situarlo en su propio contexto (Barraca, 2007). Se describen cuatro componentes centrales dentro de este contextualismo funcional (Hayes, 2004;Hayes et al., 1999Hayes et al., , 2012): a. Focalizar la atención hacia todo el evento en su conjunto y no analizar de forma separada cada uno de los componentes como los estímulos o las respuestas. ...
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Thesis
Introducción: Los problemas emocionales asociados a la ansiedad, la depresión y la ira en niños y adolescentes son un campo muy estudiado en la literatura científica. Se han publicado diferentes estudios con el objeto de identificar el tratamiento psicológico más eficaz en el abordaje de este tipo de problemáticas. Este meta-análisis tuvo como objetivo determinar la eficacia de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) en la reducción de los síntomas de ansiedad, de depresión y de ira en población infanto-juvenil. Método: Se hizo una búsqueda sistemática en la literatura, realizando posteriormente un meta- análisis mediante el inverso de la varianza. Se realizaron evaluaciones del riesgo de sesgo, de la heterogeneidad y análisis de variables moderadores. Resultados: Se incluyeron un total de 20 estudios, de los cuáles 16 eran ensayos aleatorizados, 1 estudio con un grupo de control no aleatorizado y 3 diseños de grupo único. ACT redujo los síntomas de ansiedad y depresión tanto en la fase de post- tratamiento como en la fase de seguimiento, aunque se observó un tamaño del efecto menor en esta última fase. Se observó que el tamaño del efecto fue mayor cuando se comparó el tratamiento con grupos de control inactivos frente a grupos que recibían otra modalidad de tratamiento. No se realizaron análisis con la variable ira al no encontrar estudios suficientes. Conclusión: Los resultados respaldan la eficacia de ACT para tratar síntomas de ansiedad y depresión con niños y adolescentes. No obstante, se han encontrado algunas limitaciones como el alto riesgo de sesgo de todos los estudios y las pequeñas muestras de participantes de éstos. Se necesita más investigación en este campo para alcanzar resultados más concluyentes.
... • Integrate into the new format, strategies to support families not only as relatives of the patient, but also as individuals with other responsibilities and tasks in their lives (Honary et al. 2018). • Integrate in the new format and in a complementary way, some strategies used in cognitive behavioural therapy and contextual therapies Mairal 2007;Biliunaite et al. 2021;Luciano and Valdivia-Salas 2006;Roldán et al. 2015;Semonella et al. 2020;Sherifali et al. 2018;Stjernswärd and Hansson 2018;Wilson and Luciano 2002). ...
... Some of the contributions and studies reviewed were particularly useful for the elaboration of this integration proposal. These include: Mairal (2007), Luciano and Valdivia-Salas (2006), Navarro et al. (2012), Roldán et al., (2015) and Wilson and Luciano (2002). It was felt that the basic components identified by ACT (emotional acceptance, attention to the present moment, attention to the I-context, cognitive defusion, value-directed action, commitment making) and the therapeutic strategies used in that model could be particularly useful and integrated into MFI (face-toface or networked) without difficulty. ...
... These strategies have been included in some works and contributions made by the ACT model. In this respect: Wilson and Luciano (2002), Mairal (2007), Luciano and Valdivia-Salas (2006), Roldán et al. (2015). In some studies, the efficacy of these strategies has been evaluated. ...
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Article
The use of new technologies and online interventions with family members of people affected by severe mental disorders (SMD) seems to emerge as a promising complementary strategy to face-to-face care. The article presents a new online intervention format, aimed at relatives of people with SMD. A qualitative methodology sequenced in seven phases has been used. (1) The incorporation of relatives into the programme has allowed the intervention format to be adapted to the needs and opinions of the relatives themselves. (2) All the relatives were completely satisfied with the new online intervention format, and with how useful it had been for them. (1) The attention and support to family members of people with SMD through the Internet is a complementary intervention strategy to face-to-face care. (2) The online format of attention to family members can be incorporated into the usual practice of care services. Supplementary information: The online version contains supplementary material available at 10.1007/s40737-022-00310-7.
... En los últimos años, enmarcadas dentro de la llamada tercera generación de terapias cognitivo conductuales, se han desarrollado diversos tipos de terapias contextuales cuyo objetivo es la reducción de la evitación experiencial. Dentro de las terapias contextuales la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) resulta la más completa (Barraca, 2007;Márquez, 2016) y sus principales características la hacen idónea para el tratamiento de la procastinación . Esta terapia no se centra en la modificación de los eventos privados, sino en la capacidad de aceptación de los mismos y, por tanto, en la desaparición de la necesidad de su evitación, de modo que el individuo esté listo para desarrollar una conducta comprometida con sus metas. ...
... Esta terapia no se centra en la modificación de los eventos privados, sino en la capacidad de aceptación de los mismos y, por tanto, en la desaparición de la necesidad de su evitación, de modo que el individuo esté listo para desarrollar una conducta comprometida con sus metas. (Barraca, 2007;Hayes et al., 2004;Wilson y Luciano, 2002). En este sentido, no sería necesaria la modificación de las creencias irracionales que mantienen la conducta de procastinación, sino el entrenamiento en estrategias de aceptación de los eventos privados evitados, así como en la adquisición del compromiso conductual de acción, es decir, de ejecución de las tareas académicas que antes se evitaban. ...
... Dentro de las técnicas aplicadas en la Terapia de Aceptación y Compromiso destacan el uso de metáforas y paradojas, los ejercicios experienciales y el entrenamiento en mindfulness (Barraca, 2007). Esta última técnica ha sido aplicada en nuestro país en contextos educativos con distintos objetivos, como incrementar el rendimiento académico, mejorar el autoconcepto y reducir la ansiedad Mañas et al., 2011); me-jorar las medidas de crecimiento y autorrealización personal ; incrementar el compromiso académico y disminuir el burnout académico y el cansancio emocional (De la Fuente et al., 2010). ...
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Article
El presente estudio tiene como objetivo la evaluación del impacto e implementación de un programa grupal piloto basado en la ACT para la reducción de la procastinación académica en estudiantes universitarios, analizando así mismo, los cambios producidos en el autoconcepto académico y elementos motivacionales. Los estudiantes participantes fueron asignados aleatoriamente a un grupo experimental (N = 7), en el que se aplicó un programa de cinco sesiones, y un grupo control sin intervención (N = 15). Los instrumentos de medida aplicados fueron la Escala de Evaluación de la Procastinación, el Cuestionario MAPE-3 para la evaluación de la motivación, y la escala de autoconcepto académico perteneciente al Cuestionario AF-5. Los resultados muestran cambios estadísticamente significativos en procrastinación académica, miedo al fracaso y autoconcepto académico. Aunque modesto, este estudio presenta datos a favor de la aplicación de la ACT como una posibilidad terapéutica en la reducción de la procastinación en los estudiantes universitarios.
... Es decir, en la evitación experiencial se da un reforzamiento negativo, que disminuye el malestar que se experimenta, pero paralelamente queda reforzado positivamente, debido a que se ajusta a reglas culturales (Páez y Montesinos, 2016).Una conducta de evitación no es perjudicial por sí misma, sin embargo podría llegar a serlo en los siguientes casos: cuando la conducta de escape genera consecuencias contradictorias con lo esperado, los fenómenos psicológicos internos no son susceptibles de control verbal, es factible eliminar el sufrimiento pero en el proceso se genera nuevas respuestas evitativas, por último cuando no se puede cambiar el evento que genera malestar (Wilson y Luciano, 2002).La evitación experiencial es un componente de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la cual se cataloga como terapia de tercera generación o contextual, que se caracteriza por enfatizar el papel de las contingencias ambientales, romper patrones evitativos y en comprometer a la persona con reforzadores naturales(Pérez, 2006). Está terapia no trabaja sobre la eliminación de experiencias desagradables, como si lo hacen las terapias cognitivo conductuales, sino promueve la aceptación de sentimientos o pensamientos aversivos tal y como se manifiestan(Barraca, 2007). El concepto de evitación experiencial o también conocido como flexibilidad psicológica se sostiene sobre tres pilares filosóficos y teóricos. ...
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Article
El objetivo del estudio fue establecer la relación entre la violencia en el noviazgo y la evitación experiencial en internos de psicología de una universidad privada de la ciudad de Huancayo en 2021. La investigación fue básica, contó con un diseño no experimental, fue de tipo transversal, prospectivo y de nivel relacional. La muestra estuvo constituida por 125 internos, 84% femeninas y 16% masculinos, con una edad media de 23,37 (DE=2,191) que fueron extraídos de manera probabilística de una población de 184, a través de una técnica de muestreo aleatorio simple, a quienes se aplicó el Cuestionario de violencia en el noviazgo (CUVINO) y la Escala de aceptación y acciones (AAQ-II). Los resultados indicaron que existe una correlación entre la violencia en el noviazgo y la evitación experiencial (,364; p= ,000), además, de halló que la evitación experiencia se correlaciona de manera positiva con los factores: desapego (,364; p= ,000), violencia sexual (,293; p= ,001), coerción (,299; p= ,001), humillación (,261; p= ,003), violencia de género (,308; p= ,000), violencia física (,190; p= ,034) y castigo emocional (,223; p= ,013); sin embargo no sucedió lo mismo con la violencia instrumental (,020; p= ,828). Se concluye que las víctimas de violencia en el noviazgo tenderían a evitar conductas desagradables, lo que incrementaría su sufrimiento a largo plazo. Palabras clave: violencia; pareja no casada; conducta; estudiantes, interno de psicología.
... Es decir, en la evitación experiencial se da un reforzamiento negativo, que disminuye el malestar que se experimenta, pero paralelamente queda reforzado positivamente, debido a que se ajusta a reglas culturales (Páez y Montesinos, 2016).Una conducta de evitación no es perjudicial por sí misma, sin embargo podría llegar a serlo en los siguientes casos: cuando la conducta de escape genera consecuencias contradictorias con lo esperado, los fenómenos psicológicos internos no son susceptibles de control verbal, es factible eliminar el sufrimiento pero en el proceso se genera nuevas respuestas evitativas, por último cuando no se puede cambiar el evento que genera malestar (Wilson y Luciano, 2002).La evitación experiencial es un componente de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la cual se cataloga como terapia de tercera generación o contextual, que se caracteriza por enfatizar el papel de las contingencias ambientales, romper patrones evitativos y en comprometer a la persona con reforzadores naturales(Pérez, 2006). Está terapia no trabaja sobre la eliminación de experiencias desagradables, como si lo hacen las terapias cognitivo conductuales, sino promueve la aceptación de sentimientos o pensamientos aversivos tal y como se manifiestan(Barraca, 2007). El concepto de evitación experiencial o también conocido como flexibilidad psicológica se sostiene sobre tres pilares filosóficos y teóricos. ...
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El objetivo del estudio fue establecer la relación entre la violencia en el noviazgo y la evitación experiencial en internos de psicología de una universidad privada de la ciudad de Huancayo en 2021. La investigación fue básica, contó con un diseño no experimental, fue de tipo transversal, prospectivo y de nivel relacional. La muestra estuvo constituida por 125 internos, 84% femeninas y 16% masculinos, con una edad media de 23,37 (DE=2,191)que fueron extraídos de manera probabilística de una población de 184, a través de una técnica de muestreo aleatorio simple, a quienes se aplicó el Cuestionario de violencia en el noviazgo (CUVINO) y la Escala de aceptación y acciones (AAQ-II). Los resultados indicaron que existe una correlación entre la violencia en el noviazgo y la evitación experiencial (,364; p=,000),además, de halló que la evitación experiencia se correlaciona de manera positiva con los factores: desapego (,364; p=,000), violencia sexual (,293; p=,001), coerción (,299; p=,001), humillación (,261; p=,003), violencia de género (,308; p=,000), violencia física (,190; p=,034) y castigo emocional (,223; p=,013); sin embargo no sucedió lo mismo con la violencia instrumental (,020; p=,828). Se concluye que las víctimas de violencia en el noviazgo tenderían a evitar conductas desagradables, lo que incrementaría su sufrimiento a largo plazo.
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El trastorno de ansiedad generalizada alcanza alrededor del 14,6% de todos los diagnósticos relacionados con la ansiedad en Ecuador, este trastorno mental comparte síntomas similares a otros trastornos como el de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo, en ocasiones puede convivir con otros diagnósticos de índole depresiva. Se caracteriza por síntomas que incluyen preocupación excesiva por eventos del futuro, inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, entre otros síntomas que deterioran las distintas áreas de funcionamiento en las personas. El presente caso clínico se aborda desde la terapia de aceptación y compromiso, esta es una terapia contextual de tercera generación que aborda la ansiedad generalizada partiendo de la primicia que este trastorno es producido por evitación experiencial, la cual es la constante necesidad de evitación hacia los pensamientos y emociones, que a su vez conlleva que la sintomatología persista indefinidamente. Palabras clave: Ansiedad, evitación experiencial, marcos relacionales, flexibilidad psicológica.
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Article
The present paper examines the relationship between the development of moral behavior and the development of verbal regulatory processes. Relational frame theory and the distinctions among pliance, tracking, and augmenting forms of rule governance are applied to the domain of moral behavior and its development, in order to identify the specific social and verbal contingencies that are responsible for an evolving moral repertoire. It is argued that moral behavior is controlled by relational and rule-following repertoires, and that these can be arranged into a rough progression: pliance, tracking, augmenting, social concern for pliance, social concern for tracking, and social concern for augmenting. Congruence with data derived from other research traditions is examined, and applied implications are explored.
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Article
The present author analyzes the distinction between matter and spirit from a behavioral perspective, noting that a clear distinction is made between matter and spirit in ordinary language. Although dualism is typically considered to be incompatible with behaviorism, a behavioral analysis of self-awareness suggests valid reasons for dualistic terminology and its inclusion in therapy. The use of the spiritual facet of self in therapy is considered. (20 ref) (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
Book
La terapia de aceptación y compromiso (ACT) es una forma de psicoterapia experiencial conductual y cognitiva basada en la teoría del marco relacional del lenguaje y la condición humana. Se trata de una terapia novedosa que ha probado su efectividad en un amplio rango de trastornos psicológicos y cuyo elemento central es el trastorno de evitación experiencial. Se distingue del resto de terapias psicológicas por su orientación hacia la clarificación de los valores personales en lugar de centrarse en la mera reducción de síntomas.En esta obra se recogen los avances más recientes en la investigación básica y clínica del lenguaje y los procesos humanos complejos. La primera parte del libro se dedica al análisis del sufrimiento humano en el contexto socioverbal, su naturaleza verbal y la descripción de las condiciones que generan, mantienen y pueden alterar el trastorno de evitación experiencial. En la parte segunda se recogen las características y elementos de la terapia ACT, con una explicación pormenorizada de su puesta en práctica que incluye numerosos ejemplos, metáforas, ejercicios y diálogos que facilitan la lectura y comprensión del texto, así como el desarrollo de una actividad clínica acorde con sus novedosos planteamientos.
Chapter
Because ACT is a contextual treatment, your attempts to conceptualize a presenting problem might be different from traditional case conceptualization models. The most important principle in contextual analysis is that you are not just assessing a particular symptom with a particular topography; you are also attempting to understand the functional impact of the presenting complaint. The same clinical complaint can function in dramatically different ways for clients. Thus, your case conceptualization and associated treatment plan may differ for clients with seemingly similar problems. For example, many patients are diagnosed with major depression, single episode (a categorical formulation) based on the number and severity of symptoms described by the patient (a topographical assessment). In clinical practice however, it is fair to say that no two depressed patients are alike. Each is unique in how their life space is organized, how depression affects their functioning (and vice versa) and how depressive beliefs and behaviors define the individual’s sense of self and external world.
Chapter
The purpose of this chapter is to present a consolidated overview of ACT treatment interventions and therapy processes. In Chapter 1 we described the philosophy, basic theory, applied theory and the theoretical processes that collectively define ACT as a clinical system. In this chapter we will examine the concrete clinical steps used in implementing this model.
Book
An ACT Approach Chapter 1. What is Acceptance and Commitment Therapy? Steven C. Hayes, Kirk D. Strosahl, Kara Bunting, Michael Twohig, and Kelly G. Wilson Chapter 2. An ACT Primer: Core Therapy Processes, Intervention Strategies, and Therapist Competencies. Kirk D. Strosahl, Steven C. Hayes, Kelly G. Wilson and Elizabeth V. Gifford Chapter 3. ACT Case Formulation. Steven C. Hayes, Kirk D. Strosahl, Jayson Luoma, Alethea A. Smith, and Kelly G. Wilson ACT with Behavior Problems Chapter 4. ACT with Affective Disorders. Robert D. Zettle Chapter 5. ACT with Anxiety Disorders. Susan M. Orsillo, Lizabeth Roemer, Jennifer Block-Lerner, Chad LeJeune, and James D. Herbert Chapter 6. ACT with Posttraumatic Stress Disorder. Alethea A. Smith and Victoria M. Follette Chapter 7. ACT for Substance Abuse and Dependence. Kelly G. Wilson and Michelle R. Byrd Chapter 8. ACT with the Seriously Mentally Ill. Patricia Bach Chapter 9. ACT with the Multi-Problem Patient. Kirk D. Strosahl ACT with Special Populations, Settings, and Methods Chapter 10. ACT with Children, Adolescents, and their Parents. Amy R. Murrell, Lisa W. Coyne, & Kelly G. Wilson Chapter 11. ACT for Stress. Frank Bond. Chapter 12. ACT in Medical Settings. Patricia Robinson, Jennifer Gregg, JoAnne Dahl, & Tobias Lundgren Chapter 13. ACT with Chronic Pain Patients. Patricia Robinson, Rikard K. Wicksell, Gunnar L. Olsson Chapter 14. ACT in Group Format. Robyn D. Walser and Jacqueline Pistorello