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Resumen Se comparan en primer lugar los campos de la Traducción y de la Lexicografía, po-niendo de relieve las coincidencias y diferencias de tipo general que hay entre ambas disciplinas. A continuación se hace un repaso de la bibliografía (no demasiado exten-sa) sobre el tema, destacando que la mayoría de los trabajos se han centrado en el uso de los diccionarios por parte de los traductores, su utilidad, qué tipo de diccionarios prefieren estos y otros aspectos relacionados. Se pone de relieve el escaso interés de los lexicógrafos por el campo de la traducción, al menos como posible fuente para la redacción de diccionarios. Se dejan abiertos varios caminos que podrían ser recorridos con provecho mutuo por traductores y lexicógrafos. Abstract Firstly, the fields of Translation and Lexicography are compared and their similarities and differences are brought to the fore. Later, a review of the (slightly scarce) literature on the topic shows that most of the work has focused on how translators use dictionaries , how useful they are, and which kinds of dictionaries are preferred, among other similar issues. It is highlighted that lexicographers show little interest in the field of translation, at least as a source for dictionary building. A few potential avenues of research are defined, which could be beneficial for translators and lexicographers alike. Palabras clave: Traducción. Lexicografía. Diccionario. Diccionario bilingüe.
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
TRADUCCIÓN Y LEXICOGRAFÍA:
UN DIÁLOGO NECESARIO
Cesáreo Calvo Rigual
Cesareo.Calvo@uv.es
Universitat de València – IULMA
Maria Vittoria Calvi
maria.calvi@unimi.it
Università degli Studi di Milano
Resumen
Se comparan en primer lugar los campos de la Traducción y de la Lexicografía, po-
niendo de relieve las coincidencias y diferencias de tipo general que hay entre ambas
disciplinas. A continuación se hace un repaso de la bibliografía (no demasiado exten-
sa) sobre el tema, destacando que la mayoría de los trabajos se han centrado en el uso
de los diccionarios por parte de los traductores, su utilidad, qué tipo de diccionarios
prefieren estos y otros aspectos relacionados. Se pone de relieve el escaso interés de
los lexicógrafos por el campo de la traducción, al menos como posible fuente para la
redacción de diccionarios. Se dejan abiertos varios caminos que podrían ser recorridos
con provecho mutuo por traductores y lexicógrafos.
Abstract
Firstly, the fields of Translation and Lexicography are compared and their similarities
and differences are brought to the fore. Later, a review of the (slightly scarce) literature
on the topic shows that most of the work has focused on how translators use diction-
aries, how useful they are, and which kinds of dictionaries are preferred, among other
similar issues. It is highlighted that lexicographers show little interest in the field of
translation, at least as a source for dictionary building. A few potential avenues of re-
search are defined, which could be beneficial for translators and lexicographers alike.
Palabras clave: Traducción. Lexicografía. Diccionario. Diccionario bilingüe.
Keywords: Translation. Lexicography. Dictionary. Bilingual dictionary.
http://dx.doi.org/10.6035/MonTI.2014.6.1
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
The bilingual dictionary is the translator’s single, first and most
important aid, and a translator who does not consult one when
in doubt is arrogant or ignorant or both.
(Newmark 1998: 29)
1. Introducción. Cuestiones generales
Traducción y Lexicografía1 son dos disciplinas que tienen evidentemente mu-
cho en común y que pueden hacer mucho la una por la otra. Sin embargo,
esta relación no es ni ha sido todo lo fluida que cabría desear. Krista Varantola
(1998: 180) describe así esta insatisfactoria situación:
the most sophisticated dictionary users are also the most demanding, more
suspicious and harder to please than linguistically less sophisticated users
who often have reasonably straightforward problems to solve. Consequent-
ly, frustration will drive language professionals to denounce dictionaries as
inadequate. The situation is polarised, because dictionary makers, equally
frustrated, believe that their critics do not understand the effect that space
constraints have on the amount and type of information that dictionaries can
provide, and are moreover convinced that, as few users read the introduc-
tory matter, they have unrealistic expectations about the coverage of their
dictionaries.
De manera similar hace oír su voz Reinhard R. K. Hartmann (1989a: 18):
I would appeal to you to increase your awareness of the channels of com-
munication which are there but sometimes unused. Translators, translation
theorists, dictionary makers and metalexicographers in German-speaking
countries don’t read the publications of their French colleagues and vice ver-
sa, English and American experts in these fields don’t read either. Translators
ignore lexicographers, monolingual lexicographers ignore the work of their
bilingual colleagues, the people working in so-called general areas ignore
those in so-called technical specialisms. We can only function efficiently in
society if we keep our own houses in order.
1. A lo largo de este trabajo utilizaremos algunas siglas para evitar la repetición de algunas
palabras frecuentes: T = traducción, traductología; L = lexicografía; D (DD) = diccio-
nario (diccionarios); DB (DDBB) = diccionario bilingüe (diccionarios bilingües); DM
(DDMM) = diccionario monolingüe (diccionarios monolingües).
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Otros autores (como Roberts 1992: 49 o Rogers y Khurshid 1998: 193),
consideran la relación entre traductor y diccionario como una relación de
amor-odio. Marello (1989: 119-120) señala que en el momento de usar el dic-
cionario se producen situaciones de idilio entre el traductor y sus DD (cuando
encuentra el equivalente adecuado, que incluso no conocía), junto con mo-
mentos de “calma operosa” (cuando el D ofrece equivalentes que no son ma-
los, pero resultan inadecuados al contexto) y otros tormentosos (cuando los
equivalentes son claramente erróneos o cuando la palabra no se encuentra).
Para intentar paliar esta insatisfacción, en este artículo evaluaremos el
estado de la cuestión, examinando los estudios que hasta nuestros días han
puesto en relación T y L, destacando en particular los avances producidos y
los posibles desarrollos en el futuro.
Como hemos afirmado al principio, T y L son dos disciplinas que tie-
nen mucho en común, aunque presentan también algunas diferencias
significativas:
1. Ambas son actividades humanas que cuentan con una antigüedad res-
petable. La traducción oral fue sin duda practicada desde tiempo in-
memorial y las primeras traducciones escritas aparecen poco después
de la invención de la escritura, hacia el 2000 a.C. (Van Hoof 1991: 7).
Más o menos por la misma época se redactan en la antigua Mesopo-
tamia listas bilingües de palabras, antecedentes de los DDBB (Marello
1989: 8). Tanto en un caso como en otro es evidente su finalidad: fa-
cilitar la comprensión entre pueblos que hablaban lenguas diferentes
y mutuamente ininteligibles.
2. Frente a esta precocidad, deberemos esperar hasta la segunda mitad
del siglo XX para hallar las primeras teorizaciones de ambas discipli-
nas. En efecto, en el caso de la T, si bien encontramos ciertas reflexio-
nes sobre ella desde muy antiguo, será en los años 50 de dicho siglo
cuando aparezcan las primeras obras de un cierto empaque, aunque
realmente será en los años 60 y 70 cuando se publiquen las primeras
teorías dignas de tal nombre, en su mayoría ligadas aún estrechamen-
te a la Lingüística: Darbelnet y Vinay, Catford, Nida, etc. (Hurtado
2001: 123 ss.). Tras ellas –y hasta nuestros días– hemos asistido a
una multiplicación de los enfoques teóricos en T. También la L hubo
de esperar hasta época reciente para contar con una teoría orgánica.
Si dejamos a un lado la tentativa temprana aunque aislada del ruso
Lev V. Scerba en los primeros años 40 del siglo XX, vemos que desde
entonces ha habido solo otras cuatro (según Tarp 2008: 14 ss.): las
de Franz J. Haussman y Herbert E. Wiegand en los 70, la de Hans-P.
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Kromann y otros autores en los 80 y la teoría funcional de Henning
Bergenholtz y otros autores en los 90. Hay, pues, una diferencia nota-
ble en cuanto al número de reflexiones teóricas a las que ambas han
dado lugar: la T cuenta con una amplia gama de teorías (que respon-
den a presupuestos y orientaciones muy variados), mientras que la L
posee un número mucho más limitado, fruto quizá de una necesidad
menos sentida de contar con un aparato teórico, todo ello a pesar de
que tanto en un caso como en otro prima la práctica sobre la teoría.
En este sentido cabe señalar que muchos de quienes se dedican pro-
fesionalmente a traducir y a elaborar DD ignoran o incluso niegan la
necesidad de un aparato teórico o la utilidad de los avances teóricos
que se producen.
3. La T y la L inician su camino hacia la consolidación teórica desde una
situación de dependencia de la Lingüística, como subdisciplinas de
la Lingüística Aplicada, hasta alcanzar un momento de madurez en
el que se reivindican como disciplinas o ciencias independientes. Ese
momento llega en ambos casos casi al unísono. Se considera que la
primera formulación de la T en ese sentido es el fundamental trabajo
de James S. Holmes titulado “The Name and Nature of Translation
Studies”, de 1972. En el caso de la L se trata de otra comunicación
presentada en un congreso de la disciplina por parte de H. E. Wie-
gand en 1977 (“On the structure and contents of a general theory of
lexicography”).
4. El grado de desarrollo alcanzado es muy diferente. Basta examinar
algunos de los indicadores siguientes:
El estatus académico: existen hoy en todo el mundo numerosas
escuelas y facultades de traducción e infinidad de titulaciones en
todos los niveles universitarios en traducción e interpretación o
en materias afines; son prácticamente inexistentes en el campo de
la L, con algunas excepciones como los centros de Lexicografía de
Augsburgo, de Aarhus o de Exeter, además de algunos másteres o
estudios equivalentes (no existen, según mis noticias, titulaciones
de primer grado en L).
Las revistas científicas: las primeras en el ámbito de la T, que si-
guen publicándose hoy en día (Traduire, Babel, Meta) echan a an-
dar a mediados de los 50 del siglo XX. Las dos revistas más rele-
vantes del campo de la L son más recientes: Lexicographica (1985)
e International Journal of Lexicography (1987). En la actualidad
existe un número de revistas de T muy superior al de las de L.
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Publicaciones monográficas, congresos: también aquí el balance
es netamente positivo en cuanto a su cantidad para la T.
Asociaciones: a título de ejemplo, en España se cuentan no menos
de 15 asociaciones de traductores (e intérpretes), que tienen todas
ellas un carácter profesional y solo en algún caso tangencialmente
académico; frente a ellas, en el campo lexicográfico existe una
sola, a la que pertenecen lexicógrafos y, sobre todo, estudiosos de
la L.
5. El concepto de equivalencia (de traducción) es esencial en T y en
la L bilingüe o multilingüe, aunque existe una diferencia esencial:
mientras la equivalencia en T es fundamentalmente contextual, en L
suele hacerse abstracción del contexto, o, dicho de otro modo, se hace
abstracción del máximo número de contextos de una unidad léxica
para ofrecer equivalentes que sirvan en los contextos más habituales
de dicha unidad. Sobre este tema, tanto en T como en L, han corrido
ríos de tinta: valga como ejemplo el tratamiento que del concepto en
ambas disciplinas hace Hartmann (1989a).
Así pues –y a pesar de las diferencias– no hay duda de que se trata de dos ám-
bitos que tienen mucho en común y que, además, en nuestra opinión, pueden
aportar mucho el uno al otro. Vamos a comprobar a continuación, mediante la
evaluación de la bibliografía existente, si existe un interés real mutuo.
Las obras de referencia de T y L suelen ignorar estas relaciones,2 aunque
es cierto que en los dos trabajos fundacionales citados antes (Holmes, Wie-
gand) se delimitan con precisión los subcampos en los que pueden desarro-
llarse sus estudios y en los dos aparece la disciplina hermana. Holmes (cit.
en Hurtado 2001: 138) distingue entre estudios puros y aplicados en T; estos
últimos comprenden tres campos: la didáctica de la T, la crítica de traduccio-
nes y las herramientas de T, entre las que se encuentran dos tipos de obras, los
DD y las gramáticas; sin embargo, Holmes considera este tercer campo como
2. Para no recargar en exceso la bibliografía final, nos limitaremos a citar los nombres de
algunos de los principales especialistas en ambos campos, que resultan bien conocidos
para los cultivadores de las dos disciplinas. Como hemos dicho, todos ellos ignoran
generalmente el otro. En el campo de la T, desde los estudios clásicos de J. C. Catford,
Nida y Taber o Vázquez Ayora, hasta los más recientes de M. Baker, Hatim y Mason, C.
Nord, etc. Como veremos más adelante, encontraremos algunas excepciones entre quie-
nes se han interesado por ambos campos, como Hartmann y Snell-Hornby, o en ciertos
autores cuyas teorías están sólidamente unidas a su propia práctica traductora, como P.
Newmark o V. García Yebra. Entre los teóricos de la L: H. E. Wiegand, G. Haensch, R,
Werner o F. J. Hausmann. Es significativo que en sus obras principales, cuando existe
un índice analítico final, raramente suele aparecer la L (o el D) o la T, respectivamente.
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 15
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afín a la T, no central. Wiegand (1987: 15) contempla cuatro campos de apli-
cación de la que denomina metalexicografía: historia de la L, teoría general de
la L, investigación en el uso del diccionario y crítica de DD. En el tercero hay
un espacio relevante reservado al uso de los DD (no solo por los traductores,
por supuesto), por lo que el espacio que la L reserva a la T es, a priori, más
destacado en comparación con el que la T reserva a los DD.
La recopilación de una bibliografía sobre las relaciones entre T y L re-
quiere unas pesquisas que, aunque laboriosas, producen resultados más bien
escasos, lo que permite concluir sin demasiado esfuerzo que el interés mutuo
ha sido hasta el día de hoy muy limitado (como por otra parte reflejaba Va-
rantola en la cita inicial de este trabajo y como también recogen otros autores,
p. ej. Wotjak 1997). Hartmann (2004) realizó la primera (y según nuestros
datos) única exploración bibliográfica sobre el tema, en pos de estudios de L y
de T que hubieran tenido en cuenta cuestiones de tipo interlingüístico. Iden-
tifica en primer lugar los que habían aparecido en publicaciones de carácter
lexicográfico (revistas, actas de congresos, tesis, etc.), obteniendo un balance
bastante exiguo. Pasa a continuación a recorrer el camino inverso, es decir, a
localizar contribuciones de utilidad para la L en publicaciones del campo de
la T, con resultados si cabe aún más reducidos.
Otro indicio de ese escaso interés por poner ambas disciplinas en relación
lo constituye el número de monografías, de las que se cuentan solamente
cinco, desde la pionera y aislada de Snell-Hornby y Pöhl (1989) hasta las más
recientes de Sin-wai (2004), Bowker (2006) y San Vicente (2006). A ellas po-
demos añadir la de Atkins y Varantola (1998) sobre el uso de los DD, si bien
no se ocupa solo de L y T, puesto que a los traductores se añaden los apren-
dices de lenguas extranjeras. Si examinamos más de cerca estos volúmenes
misceláneos nos daremos cuenta de que solo algunas de sus contribuciones
tienen un carácter general, metodológico o teórico, mientras el resto se re-
fieren a aspectos concretos aplicados a una lengua o a un par de lenguas. A
menudo se trata de obras cuyos capítulos únicamente tratan uno de nuestros
dos campos, como sucede en el volumen de Bowker (2006), donde ninguno
de sus estudios pone en relación T y L.
Al indagar sobre las causas de este aparente desinterés podríamos pregun-
tarnos, con Humblé (2010: 331):
Serait-ce parce que la relation entre le traducteur et les dictionnaires est telle-
ment évidente que la littérature en traductologie ne semble guère lui accorder
de l’importance ?
No deja de ser significativo –y será una constante en este trabajo– que la
mayor parte de los editores de estos volúmenes y los autores de sus capítulos
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proceden del campo de la L y no del de la T. Una situación análoga se da en el
resto de referencias bibliográficas halladas.
2. Los traductores y los diccionarios
Uno de los aspectos más estudiados y debatidos es el uso de los DD por parte
de los traductores. Hay un elemento común a todos estos estudios: son traba-
jos que centran su atención en las necesidades de los usuarios de los DD y no
en las características de los DD mismos.
El interés por el uso de los DD se manifiesta (Tarp 2009: 276) de manera
temprana ya en el lingüista norteamericano Fred W. Householder –quien, en
un resumen de un encuentro sobre L celebrado en el lejano 1960, reivindica
este enfoque–, y mucho más tarde en autores como Hartmann, Wiegand o
Atkins, entre varios otros. Estos lexicógrafos propugnan un cambio de pers-
pectiva en el estudio y en la redacción de DD, de manera que se pase de
considerar como centro de interés el producto (el D) a poner el énfasis en sus
usuarios.
Así pues, antes de elaborar un D sería indispensable identificar correcta-
mente a los usuarios potenciales de dicha obra y sus necesidades lexicográfi-
cas concretas: solo así podremos serles de utilidad. Pero estos buenos deseos
chocan a menudo con barreras infranqueables, en particular las editoriales,
que por motivos eminentemente prácticos desean obras que sirvan para un
número lo más amplio de usuarios finales. Si pensamos en los DD tradiciona-
les (en papel), hemos de ser realistas y comprender que no pueden elaborarse
DD (para lo que suelen hacer falta ingentes recursos humanos y económicos)
diferenciados para cada grupo de usuarios, si bien es cierto que la irrupción
de los medios informáticos en las redacciones lexicográficas pone a nuestro
alcance como nunca hasta ahora el cumplimiento del deseo expresado por
tantos lexicógrafos (y traductólogos y/o traductores) de crear herramientas lo
más flexibles y adaptadas al usuario.
Los usuarios de los DD son muy variados y, además, utilizan dichas obras
con finalidades igualmente diversificadas. Hartmann (1989a: 104, 106) ofrece
sendos cuadros de los componentes de ambos aspectos (usos y usuarios), que
incluyen evidentemente a los traductores (en el grupo de tareas complejas en
contexto profesional). No incluye, sin embargo, ninguna distinción ulterior
entre traductores profesionales y estudiantes de T, que, como veremos de in-
mediato, es relevante.
Contamos con un gran número de estudios sobre el uso de los DD, co-
mo demuestra la monografía de Welker (2006), que recoge 220 proyectos de
investigación publicados entre 1962 y 2006, aunque solo una pequeña parte
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de ellos se centra en lo que hacen los traductores y los estudiantes de T. La
gran mayoría de esas investigaciones focalizan su atención precisamente en
los estudiantes de T (p. ej., Bowker 1998; Corpas et al. 2001; Hatherall 1984;
Mackintosh 1998; Sánchez 2004, 2005; Varantola 1998) y solo unos pocos en
los traductores profesionales (por ejemplo, Durán 2010 y Tomaszczyk 1989).
Esta preferencia quizá sea debida, como admite Mackintosh (1998: 124), a
que se trata de una fuente más sencilla de investigar y a que el posible bene-
ficio en forma de mejoras en los DD repercutirá en quienes más los utilizan,
es decir, los propios estudiantes. Omitiremos aquellas investigaciones que, si
bien utilizan la T como método para recabar información, lo hacen con suje-
tos que no guardan una relación directa con el mundo de la T: se trata sobre
todo de estudiantes de lenguas extranjeras y, en un caso concreto (Atkins y
Varantola 1989), de lexicógrafos participantes en un congreso de L.
No han faltado las críticas hacia los métodos utilizados en estos estudios.
Tarp (2009) los clasifica en siete categorías (cuestionarios, entrevistas, obser-
vación, protocolos, experimentos, tests y archivos de registro). Observa que
todos ellos presentan defectos comunes, como la falta de aleatoriedad en la
elección de los sujetos, lo reducido de su número –que lleva a que sus resul-
tados sean estadísticamente poco relevantes–, la formulación de preguntas
que predisponen sus resultados (idéntica crítica se encontrará en Hatherall
1984) y otros. Por otra parte, ninguno de estos estudios nos dice nada sobre
las situaciones extralexicográficas que dan lugar a las necesidades del usua-
rio, pues se centran casi siempre en la observación mientras se traduce o en
el análisis de los resultados. El único método que Tarp (2009: 293) considera
fiable, de acuerdo con la teoría funcional en L, es el método deductivo basado
en una serie de premisas, que no precisa.
Los estudios basados en el uso que los estudiantes de T hacen de los
DD arrojan unos resultados ciertamente interesantes, aunque muy dispares
y difícilmente comparables entre ellos, debido tanto al método de investiga-
ción utilizado como a la variedad de aspectos sobre los que se ha indagado.
Algunos utilizan el llamado método TAP (think-aloud protocol) (Mackintosh,
Varantola), otros utilizan cuestionarios sobre el uso de DD (Corpas et al.,
Sánchez), otros analizan su comportamiento mientras traducen un texto
(Bowker),3 añadiendo a veces uno o más cuestionarios (Hatherall), y otros
estudian los errores cometidos por los estudiantes (Meyer). Unos se centran
en el uso genérico de los DD, otros en el uso del DB general (Meyer) y otros,
3. Es también el procedimiento seguido en Starren & Thelen (1990), aunque sus plantea-
mientos metodológicos resultan confusos y carece de resultados claros.
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por último, se centran en la traducción especializada (Mackintosh, Bowker,
Varantola). En cuanto al número de informantes, varía notablemente, desde
el exiguo grupo de 4 estudiantes de Varantola, pasando por los 15 de Mac-
kintosh, los 14 de Bowker, hasta las cifras más consistentes de Corpas et al.
(52) y Sánchez (98). En todos los casos se constata un uso predominante del
DB: entre el 91,8% y el 83,7% para Sánchez, entre el 94,2% del primer curso y
el 73,3% del último para Corpas et al., o el 59% de Varantola. En esta última
autora encontramos una interesante distinción: en la primera consulta de una
búsqueda, la cifra se eleva hasta el 87%, pero cuando los estudiantes (que en
este caso están traduciendo a la L2) hacen la segunda se inclinan mayoritaria-
mente por el DM (87%). Mackintosh es una excepción: sus estudiantes, que
traducen un texto especializado a su propia lengua, optaron en su mayoría
(57,9%) por un diccionario híbrido (bilingualizado).
Estos estudios concuerdan también al constatar que el uso del D (sobre
todo el DB) es muy frecuente en el primer año del aprendizaje, pero dismi-
nuye (a favor del DM o de otros DD) a medida que se avanza. Las búsquedas
en los DB son en su mayoría en pos de equivalentes de T, mientras que en los
DM se demandan definiciones, aunque en algunos casos son significativas las
búsquedas motivadas por problemas ortográficos (Sánchez 2004). Resulta de
interés la distinción que introduce Varantola entre las meras búsquedas de
equivalentes (un 55% en el DB) y las que persiguen simplemente la confirma-
ción de algo ya sabido, que constituye un porcentaje elevado (un 45% en el
DB, un 30% en el DM).
Durán (2010) lamenta justamente la ausencia de estudios sobre el uso de
DD por parte de los traductores profesionales y sus necesidades al respecto,
frente a un número mucho más amplio de estudios centrados en los estudian-
tes de T. Adopta como método la encuesta, con recogida de respuestas a través
de internet: elige este método porque ofrece la posibilidad de llegar a un ma-
yor número de sujetos. De hecho, el número de respuestas es ciertamente ele-
vado (402). La mayoría de ellos son traductores (62%) o intérpretes (14%) y
el resto corresponde a categorías relacionadas. La mayoría (56,4%) manifestó
su preferencia por los recursos en línea. En cuanto al tipo de recursos, al igual
que los estudiantes pero con un porcentaje mucho menor, prefieren los bilin-
gües (39,4%) frente a los DDMM en L2 o en L1 (24,1%); solo un 10,8% men-
cionó recursos multilingües, que consideran de calidad inferior, lo que según
Durán constituye un toque de atención en toda regla a los terminógrafos. El
dato quizá más relevante es el que se deriva de una de las preguntas sobre el
recurso preferido (¿Qué tipo de recursos terminológicos usa más para tradu-
cir?), que depara alguna sorpresa. Las respuestas fueron, por este orden: DB o
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glosarios especializados (18,9%), motores de búsqueda tipo Google (16,1%),
bases de datos terminológicas (8,8%), DM o glosarios especializados (8,6%), y
Wikipedia (8,6%). Así pues, los DD (como, por otra parte, es bien sabido) no
son los únicos recursos a los que acuden los profesionales desde su entorno
de trabajo, ya que se han introducido nuevos recursos como Google o Wiki-
pedia, que se utilizan intensivamente a pesar de las constantes críticas en su
contra por su falta de fiabilidad. También se preguntó sobre la información
que un buen recurso terminológico debería ofrecer. Las respuestas son, en
principio, las esperadas, pues entre las informaciones consideradas esenciales
se encuentran en los primeros lugares las definiciones claras y concretas y los
equivalentes, y les siguen los derivados y compuestos, la especificación del
dominio (un aspecto, en cambio, ignorado por los estudiantes), los ejemplos,
la información fraseológica, la definición en ambas lenguas en los DDBB y las
abreviaciones y acrónimos.
Además del estudio de Durán contamos con el de Tomaszczyk (1989),
que se basa en una introspección en su experiencia de uso de los DD como
traductor profesional. En el curso de la traducción al inglés (L2) de un ma-
nual especializado registró todas sus búsquedas de información. Los resulta-
dos más significativos de este experimento son los siguientes: el 81,3% de las
búsquedas (por un total de 691 unidades léxicas) correspondió a términos
especializados, el resto al lenguaje común; en el 58% de las búsquedas de ter-
minología los DD ofrecieron una respuesta satisfactoria, mientras que para las
de lenguaje común se elevó al 79,1%. Del total de búsquedas, el 54% corres-
pondió a unidades léxicas poco o nada conocidas para el traductor y el 46%
restante fueron meras confirmaciones de lo que el traductor ya sabía: como se
indicó antes en Varantola, no hay que perder de vista que el traductor (y tam-
bién el estudiante avanzado de T) consulta muchas veces los DD no en busca
de lo que desconoce sino para confirmar lo que ya sabe. En cuanto al tipo de
información buscada: en el 67% de los casos fueron equivalentes en la L2 en
un DB general y en uno técnico general; el 18,4% correspondieron a termino-
logía general o a un campo específico, en DD especializados; el resto (12%)
fueron consultas en DD de la L2 sobre cuestiones lingüísticas generales. Para
Tomaszczyk, a pesar de que los DDMM en L2 son de gran ayuda, considera
que los DDBB son la herramienta básica para un trabajo de traducción de este
tipo.
Parece, pues, evidente que aún queda mucho por hacer si queremos trazar
una imagen mucho más nítida y precisa de las necesidades reales que tienen
los traductores (sean estos aprendices, profesionales o de cualquier otra cate-
goría) cuando precisan de la ayuda de los DD. Serían necesarios estudios que
20 Calvo Rigual, Cesáreo & Maria Vittoria Calvi
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se valieran también de otros métodos de investigación (además de los más ha-
bituales: la encuesta, la observación mientras traducen o el análisis de resulta-
dos), que estuvieran basados en una cantidad de materiales relevante (número
de informantes, variedad de pruebas, etc.) y que se basaran, además, en avances
en los planteamientos teóricos. La inversión de recursos humanos y materiales
es necesariamente alta, pero con los medios técnicos actuales debería rebajarse
en buena medida. Bien es verdad que en todo ello se ha avanzado mucho, pero
el panorama dista aún mucho de presentar un cuadro claro y completo, que sea
además de aplicación en el diseño de herramientas lexicográficas adecuadas a
las necesidades de traductores y de aprendices de traductor.
3. Las herramientas lexicográficas al servicio del traductor
Sobre lo único que parece haber acuerdo entre los estudiosos es que el traduc-
tor precisa de herramientas lexicográficas para poder desempeñar eficazmen-
te su trabajo. Sin embargo, más allá de tan genérica afirmación solo encontra-
mos discrepancias. Si bien la mayoría de los autores considera al DB (sea este
general o especializado) como la herramienta básica del traductor (y así lo re-
conocen casi todos los encuestados, como hemos visto en el punto anterior),
no han faltado voces que han descalificado estas obras, poniendo en duda su
centralidad y considerando de mayor utilidad y efectividad otros tipos de DD.
Esta desconfianza hacia el DB, considerado responsable de muchos errores
tanto de comprensión como de producción, atañe sobre todo al aprendizaje
de lenguas extranjeras y tiene que ver con el rechazo de la traducción como
herramienta pedagógica, aunque autores como Corda y Marello (1999) han
expresado posiciones más matizadas, destacando que, por un lado, la “pro-
hibición” de hacer uso del DB no impide que se manifiesten interferencias,
y, por el otro, en las tareas contrastivas el DB presenta ventajas frente al DM.
Estas autoras concluyen sugiriendo acostumbrar al aprendiz a utilizar el tipo
de D más adecuado a cada tarea de comprensión, producción o traducción.
Las necesidades que los DD deben satisfacer cuando los traductores los
utilizan son muy variadas, en función de varios factores: si se traduce a la L1
o a la L2, si se trata de traducción especializada o no.
En varias de las investigaciones mencionadas en el punto anterior se re-
cogía información sobre qué tipo de herramientas utilizaban tanto los estu-
diantes de T como los traductores profesionales. He aquí una somera lista de
los tipos de D:
DD bilingües (generales y especializados).
DD monolingües (generales y especializados).
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DD híbridos (bilingualizados).
DD de sinónimos.
Enciclopedias.
Otros diccionarios.
Todas estas obras se pueden presentar en formato papel o en formato elec-
trónico; en este último caso pueden revestir la forma de CD-ROM (y ser uti-
lizadas por tanto en el propio ordenador) o ser consultables directamente a
través la red.
Junto a los anteriores encontramos nuevos recursos, todos ellos en línea,
que no siempre tienen un carácter netamente lexicográfico, es decir, que no
son exactamente diccionarios:
Bases de datos terminológicas.4
Buscadores (el más popular sin duda es Google).
Agregadores, es decir, buscadores que realizan consultas simultánea-
mente en un cierto número de diccionarios.
Wikipedia.
Corpus (paralelos o no).
Gramáticas y estilísticas comparadas. (Wotjak 1997: 123)
Por último, cabe añadir otros recursos también paralexicográficos de los que
se valen cotidianamente los traductores en su estación de trabajo, como son
las herramientas de las que disponen los programas de edición de texto (co-
rrectores ortográficos, diccionarios incorporados, diccionario de sinónimos)
o los programas de T. Tarp (2007: 254) se refiere a este tipo de herramientas
con un neologismo creado por él: leximatos.
Ante tal abanico de recursos cabe preguntarse si se puede hablar de un
diccionario del traductor y si alguna de las obras mencionadas puede ser iden-
tificada como tal. En los primeros balbuceos de la L, Zgusta (1971: 216; 1984:
147) asignó al DB la función primaria de diccionario del traductor, al igual
que parece hacer Hartmann (1989b: 9). Tras ellos se han multiplicado, de
manera más o menos categórica, las dudas sobre su papel como diccionario
4. A propósito de la diferencia entre lexicografía especializada y terminografía, Bergenholtz
& Tarp (2010: 29) opinan: “We still see terminography as a synonym of specialised
lexicography. Not all colleagues agree, nor the majority of lexicographers, who see le-
xicography as a part of linguistics, and most terminographers neither, who claim there
are large but unclear differences in relation to specialised lexicography. In reality, it is a
discussion about something else, about research funding, about influence and positions
at universities, and about defending a position concerning two traditions in making
tools to solve exactly the same types of problems.”
22 Calvo Rigual, Cesáreo & Maria Vittoria Calvi
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
del traductor, en dos sentidos: bien por considerar que el DB es poco útil para
los traductores (a lo que claramente se oponen autores como Newmark, cuya
elocuente cita encabeza este trabajo), bien por colocar junto a él otro tipo de
obras igualmente necesarias para el traductor. El concepto de diccionario del
traductor aparece en algunos trabajos, pero únicamente Tarp (2007: 231) pa-
rece haber ofrecido una definición del mismo:
Un diccionario de traducción es una herramienta cuya función es cubrir las
necesidades de información que tengan los traductores en relación con el
proceso de traducción.
En su aparente simplicidad esta definición encierra algunas premisas intere-
santes. Nótese, por ejemplo, que no se hace mención alguna a ningún tipo de
diccionario en particular. De hecho, el diccionario del traductor al que aspira
este autor es en realidad un diccionario desde el que se puede acceder a múl-
tiples fuentes de información (Tarp 2007: 256).
Hay consenso al considerar que un solo tipo de D no es suficiente para el
trabajo del traductor. Iamartino (2006: 106), por ejemplo, piensa que no hay
un único D del traductor, ya que hay muchos tipos de traductores y de tra-
ducciones, y por tanto muchos tipos posibles de D del traductor. Pero la pre-
ferencia dada a unos u otros marca diferencias entre los especialistas. Por otra
parte, está extendida también la idea de que cualquier obra lexicográfica, por
muy deficiente que sea, puede resultar en un momento dado de utilidad para
el traductor e incluso justificar su adquisición (Newmark 1998; Piotrows-
ki 1994: 118). Por ejemplo, algunos DD unánimemente considerados como
insatisfactorios y superados, pueden contener informaciones enciclopédicas
útiles desde un punto de vista diacrónico.
Como hemos visto antes, el DB es el preferido por casi todos los estudian-
tes de T y también por los traductores, pero no faltan las voces discordan-
tes. Mackintosh (1998) considera que el instrumento ideal (en su caso para
la traducción especializada a la L2) es el D híbrido o bilingualizado. Fraser
(1999) admite su uso como simple punto de partida para el buen traductor,
para obtener pistas y sugerencias, mientras que lo considera un instrumento
poco útil e incluso peligroso en manos de los malos traductores. Piotrowski
(1995) desaconseja también su uso por parte de los traductores (no por parte
de otros, como los turistas o los estudiantes de L2); en su opinión, el DB, para
ser un auténtico diccionario de traducción, debería contener un número de
equivalentes prácticamente ilimitado, que cubriera una cantidad infinita de
contextos, lo que es imposible; aconseja el uso del DM y de un diccionario de
sinónimos para traducir a la L1. Roberts (1990) se hace eco de las críticas que
los traductores hacen de los DD y habla de un sentimiento de “frustración”
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 23
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(idéntico sentimiento se recoge en Varantola 1998: 180). Roberts no critica
directamente al DB (pues considera misión casi imposible que satisfaga las ne-
cesidades de todos los tipos de traductores), sino su uso por parte de muchos
traductores y de la práctica totalidad de los estudiantes de T, que se lanzan
ciegamente sobre él en busca de soluciones en cualquiera de las fases en las
que se desarrolla el proceso traductor.
Otro recurso reivindicado por ciertos autores es el de los corpus. Bowker
(1998), basándose en un estudio empírico sobre un grupo de estudiantes (al-
gunos de ellos utilizaron corpus, mientras que otros dispusieron de otros DD
al realizar una traducción especializada a la L1), observó que quienes habían
utilizado un corpus de textos especializados obtuvieron mejores resultados,
por lo que considera aconsejable su uso, a pesar de que (como ella misma
reconoce) hay pocos disponibles.5 A esto podríamos añadir que la disponibili-
dad de recursos (corpus, pero también DB especializados, bases de datos ter-
minológicas, diccionarios híbridos o incluso buenos DDBB) es más o menos
limitada en función de la lengua o lenguas implicadas. Como no podía ser de
otra manera, Hartmann (2004), padre de la textología contrastiva y artífice
de una conocida clasificación de los corpus paralelos, propugna su uso en la
elaboración de DD (también de manera decidida Wotjak 1997: 115). También
Tomaszczyk (1989) contempla el uso de corpus bilingües de calidad (del ter-
cer tipo en la clasificación de Hartmann, es decir, los corpus compuestos por
textos que no son traducciones unos de otros, sino que son independientes
aunque comparables por tratar del mismo tema) para que el traductor apren-
da sobre campos de especialidad que le son poco familiares.
Las numerosas opiniones vertidas sobre el uso de las herramientas lexi-
cográficas en T podrían dividirse en dos grupos: las de quienes observan el
proceso de T como un todo (o bien se centran en herramientas concretas) y la
de quienes desglosan dicho proceso en sus diferentes fases, para cada una de
las cuales se aconseja el uso de herramientas diferentes.
Entre las primeras está la de Iamartino (2006), que analiza la validez de
cinco DDBB italiano-inglés a la hora de traducir varias categorías léxicas, en-
tre las que se encuentran, además de algunas previsibles (tecnicismos, coloca-
ciones y unidades fraseológicas, palabras culturales, etc.), otras quizá menos
5. A conclusiones similares llega Zucchini (2011) en un estudio experimental sobre el
uso de distintos recursos en tareas de traducción especializada: los DD se revelaron
útiles para colmar lagunas lingüísticas, el glosario terminológico específico resultó ser
el recurso más completo, mientras que el corpus comparable utilizado en la elaboración
del glosario pudo satisfacer buena parte de las necesidades de información sobre usos y
fraseología, permitiendo mejores resultados.
24 Calvo Rigual, Cesáreo & Maria Vittoria Calvi
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
previsibles, como el propio léxico de base (no marcado) de la lengua, que a
menudo se piensa erróneamente que no plantea problemas. Entre sus conclu-
siones destaca que los equivalentes propuestos en el DB serán más o menos
adecuados si se traduce a la L1 o a la L2 y que los DD actuales deben mejorar
mucho añadiendo abundantes remisiones internas y también etiquetas y no-
tas de uso, si realmente quieren ser de utilidad para el traductor.
Otros autores detectan necesidades diferentes en las diferentes fases de la
traducción y, por tanto, poder disponer en cada una de ellas de herramientas
diferenciadas. Roberts (1990) propone lo siguiente:
Análisis del texto: el traductor suele acudir al DB en busca de acla-
raciones sobre el significado de las unidades léxicas, pero a menudo
queda decepcionado por la falta de indicaciones semánticas junto a
los equivalentes, además de la habitual pobreza al recoger unidades
fraseológicas y palabras del léxico marcado (regional, etc.), por lo que
será de mayor ayuda el DM.
Transferencia del texto a la L2: lamenta que a menudo no se encuen-
tre el equivalente adecuado, que a veces figura solo en los ejemplos.
Falta, pues, una separación clara de los sentidos, indicaciones y notas
de uso, mención de los actantes, etc.
Revisión de la traducción: suele utilizarse el DB general, pero normal-
mente es de poca utilidad, por los mismos motivos aducidos para la
fase anterior.
Tarp (2007), que se refiere en todo momento a la traducción especializada,
distingue tres fases, a las que hay que añadir otras dos (prefase y postfase):
Prefase: será de gran utilidad, si el traductor no domina el tema, una
breve introducción al campo de especialidad, en ambas lenguas.
Recepción: las necesidades podrán ser cubiertas con un DM de la len-
gua de partida o bien con un DB.
Transferencia: se usará necesariamente un DB que contenga abundan-
te información sobre equivalentes y también sobre colocaciones. El
DB tendrá que tratar tres tipos de léxico: a) léxico general (se inclui-
rán diferenciadores semánticos junto a los equivalentes); b) términos
de una especialidad que no varía de un país a otro (p. ej., la biología);
c) términos que sí cambian (p. ej., el derecho: en este caso el traductor
necesitará más información adicional).
Producción: si se trata de problemas que ya se han planteado en la fase
anterior se recomienda el DB, mientras que si se trata de cuestiones
nuevas será más adecuado el DM de la lengua de llegada.
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 25
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Postfase o fase de revisión: recoge todo lo de las anteriores; dado que
se centra en la lengua de llegada las herramientas más útiles serán un
DM de dicha lengua o un DB que parta también de ella.
Se plantea a continuación una pregunta muy pertinente: ¿qué solución pode-
mos encontrar frente a este complejo conjunto de necesidades? Habría dos,
una dispersa (la consulta de diferentes fuentes, diccionarios, etc.; es la que
parece predominar hasta hoy) y otra integrada (un único D en el que se loca-
lizarían diferentes soluciones lexicográficas): se decanta evidentemente por
la segunda.
Se hacen necesarias otras distinciones en cuanto al uso de los DD. Así, no
es lo mismo traducir a la propia lengua (L1) que a la lengua extranjera (L2).
En el segundo caso el traductor necesita un caudal de información de todo
tipo muy superior al primero; y si nos referimos a un D para el estudiante de
T las necesidades aumentan más todavía (Wotjak 1997: 114); entonces, ade-
más de los DD podrá ser de utilidad el recurso a corpus bien confeccionados
(como reclamaban también Bowker, Hartmann y Tomaszczyk). El traductor
especializado tiene unas necesidades diferentes de las de quien traduce textos
sin un alto grado de especialización.
En el panorama actual de la L es ineludible distinguir entre dos grupos
de DD, en función de su soporte material: DD en papel y DD electrónicos.
Aunque el salto cualitativo que se ha producido en todos los órdenes al apa-
recer los segundos ha sido sin duda enorme, la L electrónica, a pesar de sus
ya más de 20-30 años de existencia, no ha sacado aún todo el partido posible
a su potencialidad, fundamentalmente porque se ha mantenido (al menos
en los productos comerciales más difundidos) muy ligada a las versiones en
papel, que son su punto de partida. De hecho, una de las críticas más gene-
ralizadas a estos DD electrónicos (sean en CD-ROM o de consulta en línea)
es que a menudo son meras transposiciones de sus versiones en papel, con
muy poca información añadida (más allá, por ejemplo, de la pronunciación
en voz alta de sus lemas). Es cierto que poseen una capacidad de búsquedas
y de navegación infinitamente mayor respecto a la versión en papel, pero no
se aprovechan características tales como la inexistencia de límites de espacio
(para incluir más informaciones, más ejemplos, más notas de uso, gráficos,
fotografías, remisiones a corpus, etc.) y la no obligación de seguir la rígida
organización de la macroestructura y la microestructura de sus antecedentes
en papel. Los DD concebidos expresamente para su consulta en la red son los
que parecen estar superando estos límites y acercándose a un desiderátum
ampliamente sentido de individualización o personalización de los DD, es
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MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
decir, que el D pueda ofrecer respuestas diferenciadas en función del perfil de
usuario y del tipo de petición de información que realice. De este presupuesto
parten, por ejemplo, los DD elaborados en los últimos años por el Centro de
Lexicografía de la Universidad de Aarhus y sus colaboradores.
Fuertes y Nielsen (2012) estudian específicamente tres DD terminológi-
cos en línea (Cercaterm, DiCoInfo, EuroTermBank) con la finalidad de compro-
bar su adecuación a los postulados de la teoría funcional lexicográfica y por
tanto su utilidad en la traducción especializada. El principal problema que
detectan es su falta de flexibilidad y de adecuación al usuario, puesto que no
contemplan una posible individualización en su uso.
La situación en el campo de la L electrónica dista, pues, de ser idílica y
son muchos aún los obstáculos de todo tipo que se deben superar. Dejando a
un lado cómo deberían ser estos DD en el futuro, los actuales son blanco de
numerosas críticas. Pastor y Alcina (2010) analizan un gran número de ellos
y ofrecen una clasificación detallada de sus técnicas de búsqueda. Afirman (y
en ello concuerdan otros autores) que los usuarios de estos DD no les sacan
todo el partido posible por dos motivos: porque no hacen más sencillo el
acceso a sus datos y porque los usuarios no saben muy bien cómo acceder a
ellos. Podemos añadir las objeciones de Tarp (2007: 254): a) para el usuario
es a menudo difícil determinar cuál es su necesidad concreta en un momento
dado y por tanto hacer una búsqueda rápida y eficaz; b) muchos datos de los
artículos prefabricados (como los del D en papel) resultan totalmente irrele-
vantes; y c) los artículos prefabricados no pueden contener la información ne-
cesaria para satisfacer búsquedas complejas. También Forget (1999) se ocupa
del tema, aunque en este ámbito el paso del tiempo resulta inmisericorde y los
casi 15 años transcurridos, además de los avances actuales en la informática y
(algo menores) en la L informatizada, han convertido este amplio estudio en
poco relevante en la actualidad.
Ciertos problemas en los DD actuales están directamente ligados con
cuestiones de tipo práctico, más concretamente con las decisiones de las edi-
toriales. La publicación de DD suele suponer la movilización de cuantiosos
recursos humanos y económicos, de ahí que estos productos se conciban con
la lógica finalidad de conseguir un beneficio económico. Esto choca con los
deseos, justificados, de muchos lexicógrafos (y también de muchos traducto-
res) de encontrar en el mercado DD que se ajusten más a sus postulados (en
el caso de los lexicógrafos, tanto teóricos como prácticos) y sus necesidades
(en el caso de los traductores). Así, se ha pedido a menudo (Marello 1989:
18; Wotjak 1997: 115) que los DDBB aparecieran en cuatro versiones dife-
rentes, en función tanto de la combinación lingüística (L1 y L2) como de su
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 27
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función (codificación y descodificación). El traductor especializado desearía
mayor información junto a los equivalentes en la L2 cuando tiene que realizar
traducciones inversas, así como información contrastiva que señale en qué
se distinguen los conceptos a los que remiten los términos de las lenguas
implicadas (Werner 2002). Pero las editoriales no suelen atender estas de-
mandas y crean productos que, si bien son a menudo de buena calidad, no
pueden satisfacer de manera igual a todos los usuarios. El uso generalizado
de la informática en la elaboración de los DD actuales debería facilitar en un
futuro no muy lejano la existencia de obras que se adapten lo más posible a
sus usuarios, y no al revés, como a menudo sucede ahora.
Mientras que las críticas al papel que juegan los DD en la T son más o me-
nos generalizadas, a la hora de proponer mejoras o alternativas las voces son
mucho menos numerosas. Las propuestas de soluciones van encaminadas en
tres direcciones: a) las que proponen nuevos tipos de herramientas lexicográ-
ficas (como el Centro de Aarhus que ya hemos señalado); b) las que proponen
mejoras en las actuales; y c) las que proponen mejorar la consulta de los DD
mediante su adecuada enseñanza a los estudiantes de T.
Nos centraremos ahora en el último punto, que debería ser el más sencillo
de aplicar, aunque en realidad no siempre es así. Roberts (1992), una de las
autoras más críticas con los DD, en particular los bilingües, considera que el
problema radica en el mal uso que los estudiantes hacen de los DD, puesto
que, frente a unos productos cada vez mejores y más completos, encontramos
unos usuarios (los estudiantes) que no saben buscar en ellos lo que necesitan
y que se dirigen normalmente a ellos de manera ciega e impulsiva. Se hace
necesario enseñar el uso correcto del D, lo que, en su opinión, debería, pues,
encontrar cabida en alguna de las asignaturas de documentación que suelen
figurar en los planes de estudios de T y es muy importante que sea imparti-
da por un profesor familiarizado con la T, puesto que a menudo lo hace un
bibliotecario que carece de tales conocimientos, restándole así buena parte
de su utilidad. Para Roberts (1992: 53 ss.) esta enseñanza se ha de basar en
la consecución de cuatro objetivos: a) familiarización con los diferentes ti-
pos de unidades léxicas; b) familiarización con los diferentes tipos de DD;
c) familiarización con los formatos de entrada; y d) ilustración de las vías
para combinar análisis del texto, traducción y consulta del D. Estas cuatro
categorías representan cuatro problemas principales en lo que respecta a la
traducción por parte de los estudiantes: a) saber qué buscar en un D; b) saber
dónde buscar la información léxica; c) saber cómo interpretar la información
léxica ofrecida; d) saber cuándo y cómo consultar DD durante el proceso de
28 Calvo Rigual, Cesáreo & Maria Vittoria Calvi
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
traducción. Para esta autora el aspecto más interesante es el último, ya que
engloba a los anteriores.
No han faltado en los últimos decenios propuestas de elaboración de nue-
vos tipos de DD diseñados expresamente para los traductores, aunque en po-
cos casos se han plasmado en productos concretos. Marello (1989: 120-122),
por ejemplo, invocando la colaboración entre lexicógrafos y traductores (sean
estos estudiantes o profesionales) sugiere la elaboración de un nuevo D activo
fruto de la experiencia y sensibilidad de ambos.
Rogers y Ahmad (1998) realizaron un certero análisis y pronosticaron
para un futuro no demasiado lejano la realización de un diccionario del tra-
ductor realmente adecuado:
We would like to argue that the translator’s dictionary of the future will be a
more dynamic concept than that of the specialised paper-based dictionary of
today or its replication on computer systems, often misleadingly represented
as machine-readable dictionaries, terminology databases or lexical resource
databases. The new dictionary will allow translators not only to draw on
electronically-stored data-bases of terms with smarter semantically-relevant
navigational paths, it will also support them in creating their own data-bases
or simply help them to solve their problems in an ad hoc way by reference
to large electronic corpora of text, a source of context-sensitive reference for
language use. An integrated interface allowing access to a range of sourc-
es, including the Internet, following in the increasingly familiar workbench
approach [...] would allow the user/translator to extend and complement
standard sources.
Como indicamos en otro lugar de este artículo, una de las pocas propuestas
que se ha plasmado en productos tangibles es la de los especialistas del Centro
de Lexicografía de Aarhus, que ha producido ya un abanico de DD especia-
lizados de nuevo cuño que parten de varios presupuestos, en particular que
el traductor especializado no solo necesita términos y sus traducciones, sino
también información sobre aspectos textuales y pragmáticos y también co-
nocimientos sobre la materia de que se trate, todo ello en dos lenguas, entre
otras características (cfr. p. ej., Nielsen 2010).
Un campo ciertamente particular, que excede los confines que nos hemos
marcado, atañe a la elaboración de lexicones, diccionarios informatizados o
diccionarios máquina para la traducción automática. Se trata de un sector
bastante desarrollado que, sin embargo, a fecha de hoy ofrece aún resultados
limitados e incluso modestos, sobre todo si los comparamos con las expectati-
vas que se despertaron en los inicios de este campo de investigación. Citamos,
a mero título de ejemplo, a Guest y Mairal (2007), Jiménez (2001) y Lépinette
(1990, 1994), entre muchos otros.
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 29
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4. El lexicógrafo como traductor, el traductor como lexicógrafo
Hasta ahora hemos estudiado la relación entre T y L casi en exclusiva en una
dirección: el uso de los DD por parte de los traductores. Pero, ¿es posible
recorrer la dirección opuesta? Es decir, ¿puede la T o el traductor resultar de
utilidad para la L o para el lexicógrafo? Y surge otra pregunta: ¿pueden reunir-
se en un mismo individuo las figuras del traductor y del lexicógrafo? O dicho
de otro modo: ¿es el lexicógrafo (bilingüe) en realidad un traductor?
Hartmann (2004: 11) es uno de los pocos autores que da alguna pista
sobre lo que la T puede hacer por la L, aunque luego no desarrolle la idea:
Translation is relevant to lexicography in two ways: as supplier of translation
equivalents to be included in the bilingual dictionary and as consumer of
information made available by lexicographers to professional translators.
Así pues, Hartmann (1994; 1989b: 17) es partidario del uso de textos parale-
los de un cierto tipo (los dos primeros tipos de su conocida clasificación, es
decir, los que son traducciones unos de otros o de ambos respecto a un texto
común en una tercera lengua) como fuente de equivalentes de traducción y de
colocaciones para que el lexicógrafo las utilice en la redacción de DDBB, pues
está firmemente convencido de las virtudes de tal proceder, que puede llevar
a superar algunas de las limitaciones que presentan los equivalentes en los
DDBB, que suelen obtenerse teniendo en cuenta los contextos más comunes
y por tanto obviando otros muchos, quizá menos comunes pero necesarios
para el traductor.
Humblé (2010), por su parte, y en relación con otra de las preguntas
realizadas antes, tras constatar –como hemos hecho ya en este trabajo– la
indiferencia en el campo de la T hacia la L, reflexiona sobre las profundas
relaciones que se establecen entre el lexicógrafo bilingüe y la T. Afirma, por
ejemplo –y se cura en salud advirtiendo de una posible reacción adversa de los
traductólogos– que el lexicógrafo bilingüe es en realidad un traductor, no solo
porque la actividad de traducción es habitual en él, sino porque la elaboración
de un DB supone una gigantesca empresa de traducción, puesto que se trata
de traducir en otra lengua todo el caudal léxico de una lengua o al menos
buena parte de él. Reconoce, por supuesto, que las traducciones que ofrece
el lexicógrafo no son del mismo tipo de las del traductor, como ya sabemos.
Subraya, sin embargo, que hay otra parte del artículo lexicográfico en la que el
lexicógrafo se iguala con el traductor: los ejemplos. En este caso lexicógrafo y
traductor se encuentran en situaciones análogas frente a problemas similares.
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5. Conclusión
El llamamiento para la publicación de este número sugería una serie de posi-
bles temas, algunos más explorados que otros. Parte de ellos han sido recogi-
dos por los autores que han enviado sus propuestas, como por ejemplo: he-
rramientas electrónicas y traducción (artículo de Durán), DD en los diferentes
tipos de traducción (jurídica, técnica, etc.) (Fuertes, Nielsen y Bergenholtz;
Corpas y Roldán; Gallego), DD específicos para traductores (Buendía y Faber;
o el artículo de Tarp sobre el diccionario del traductor). No han faltado artícu-
los que caen fuera de los temas previstos, pero que revisten gran interés (Sán-
chez Martín; Vaxelaire). Otros temas han quedado inexplorados, por ejemplo:
otros DD (enciclopédicos, de sinónimos, etc.) en traducción, el diccionario
en la didáctica de la traducción, uso de corpus paralelos (de traducciones o
comparables) en la elaboración de DD bilingües. La elección de los autores
coincide en líneas generales con los temas que resultan más habituales en el
panorama bibliográfico que hemos intentado trazar, aunque no del todo: por
ejemplo, la enseñanza del uso del diccionario a los aprendices de traductor es
un tema que cuenta con una cierta bibliografía, pero que aquí está ausente.
El interés por la disciplina hermana se concreta en modos diferentes,
tanto cualitativa como cuantitativamente. Los lexicógrafos han sentido pre-
ocupación por cubrir de la mejor manera posible las necesidades de los tra-
ductores. Los traductores han lamentado a menudo la inadecuación de los
instrumentos lexicográficos respecto a sus necesidades, pero sin realizar a
menudo sugerencias de mejora concretas a los lexicógrafos. Ha faltado, pues,
un diálogo más fluido entre ambas partes, sin duda condenadas a entenderse.
En este sentido cabe recordar que el interés ha sido siempre mucho mayor por
parte de los lexicógrafos. No se da una bidireccionalidad en los estudios que
implican a las dos disciplinas. En efecto, los estudios sobre el uso de diccio-
narios en Traducción constituyen una mayoría aplastante. Los estudios sobre
el uso de la Traducción o las traducciones en Lexicografía son muy escasos.
Esperamos que los artículos aquí recogidos puedan aportar un grano de
arena a esta gran tarea colectiva, y contribuir a abrir nuevos caminos
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NOTAS BIOGRÁFICAS / BIONOTES
Cesáreo Calvo Rigual
Cesáreo Calvo Rigual es Catedrático de Filología Italiana en la Universitat de
València. Doctor en Filología (1993) con una tesis doctoral sobre “El lèxic de
la traducció italiana del Tirant lo Blanch (1538)”. Ha publicado numerosos
Traducción y lexicografía: un diálogo necesario 35
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
estudios en los siguientes campos: lexicografía monolingüe (italiana) y bilin-
güe (italiano-español e italiano-valenciano), lingüística contrastiva italiano-
español e historia de la traducción de obras italianas al español y al cata-
lán. En este último campo ha contribuido a la creación y mantenimiento del
Proyecto Boscán (Catálogo de las Traducciones Españolas de Obras Italianas,
hasta 1939). Ha traducido al español obras de Pietro Aretino y de Giovanni
della Casa además de La veneciana de anónimo veneciano del siglo XVI. Es
autor, junto a Anna Giordano, del Diccionario italiano Herder (1995, 2005 y
2010).
Cesáreo Calvo Rigual is Professor of Italian at the University of Valencia. He
received his PhD in Languages and Literatures (1993) with a dissertation en-
titled El lèxic de la traducció italiana del Tirant lo Blanch (1538). He has pub-
lished numerous studies in the following areas: monolingual lexicography
(Italian) and bilingual lexicography (Italian-Spanish and Italian-Catalan),
Italian-Spanish contrastive linguistics, and history of the translation of Italian
works into Spanish and Catalan. In this latter field, he has contributed to the
creation and development of the project Proyecto Boscán (Catalogue of Span-
ish Translations of Italian Works, until 1939). He has translated works by
Pietro Aretino and Giovanni della Casa into Spanish, as well as La venexiana,
by an anonymous Venetian author of the 16th century. He coauthored, with
Anna Giordano, the Herder Italian Dictionary (1995, 2005 and 2010).
Maria Vittoria Calvi
Maria Vittoria Calvi, catedrática de Lengua española de la Universidad de
Milán, tiene una larga experiencia en la investigación y en la docencia uni-
versitaria; es vicepresidenta de la Asociación de Hispanistas Italianos (trienio
2010-14) y es miembro del CERLIS (Centro di Ricerca sui Linguaggi Spe-
cialistici) de la Universidad de Bérgamo. Es autora de numerosos estudios
de lingüística española, con especial atención en la lingüística contrastiva de
español e italiano y la enseñanza-aprendizaje de lenguas afines. Entre sus lí-
neas de investigación más recientes, también cabe destacar el contacto entre
español e italiano en contextos migratorios. En campo literario, sus trabajos
se han centrado en la narrativa contemporánea y sobre todo en la obra de
Carmen Martín Gaite.
Maria Vittoria Calvi is Professor of Spanish at the University of Milan. She has
wide experience in research and higher education teaching. She is Vice-Presi-
dent of the Association of Spanish Scholars in Italy (for the period 2010-2014)
36 Calvo Rigual, Cesáreo & Maria Vittoria Calvi
MonTI 6 (2014: 9-36). ISSN 1889-4178
and a member of CERLIS (Centro di Ricerca sui Linguaggi Specialistici) at the
University of Bergamo. She has authored a great number of studies on Spanish
Linguistics, focusing mainly on contrastive linguistics between Spanish and
Italian and teaching-learning of related languages. Among her most recent
research interests, contact between Spanish and Italian in migration contexts
should be highlighted. In the literary field, her research mainly addresses con-
temporary fiction and, especially, the works of Carmen Martín Gaite.
Editorial article, received on October 14, 2013.
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Article
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The last decades have seen a growing interest in theoretical and practical problems related to lexicographical user research. Starting with a discussion of the concept of lexicographically relevant user needs, this contribution analyses, utilising the lexicographical function theory, various types of needs to be taken into account when doing this kind of research. It then discusses the positive and negative aspects of the various methods applied, i.e. questionnaires, interviews, observation, protocols, experiments, tests, and log files. With reference to both lexicographical and sociological literature, it raises a number of problems com-mon to most of the lexicographical user research conducted until now and recommends the application of scientific methods in future research. Finally, it proposes a number of alternative methods in order to obtain more knowledge about the real user needs. Keywords: LEXICOGRAPHY, FUNCTION THEORY, DICTIONARY USAGE, USER NEEDS, USER TYPOLOGY, USER SITUATIONS, USER RESEARCH, RESEARCH METHODS, QUES-TIONNAIRES, INTERVIEWS, OBSERVATION, EXPERIMENTS, TESTS, LOG FILES Opsomming: Gedagtes oor leksikografiese gebruikersnavorsing. Die laaste dekades het 'n groeiende belangstelling in teoretiese en praktiese probleme betreffende leksikogra-fiese gebruikersnavorsing gesien. Deur met 'n bespreking van die konsep van leksikografies ter-saaklike gebruikersbehoeftes te begin, ontleed hierdie bydrae, met gebruikmaking van die leksiko-grafiese funksieteorie, verskillende soorte behoeftes wat in aanmerking geneem moet word wan-neer hierdie soort navorsing gedoen word. Dit bespreek dan die positiewe en negatiewe aspekte van die verskillende metodes wat benut word, d.w.s. vraelyste, onderhoude, waarneming, proto-kolle, eksperimente, toetse, en loglêers. Met verwysing na sowel leksikografiese as sosiologiese literatuur, bring dit 'n aantal probleme ter sprake tipies van die meeste leksikografiese gebruikers-navorsing wat tot nou toe gedoen is en beveel dit die toepassing van wetenskaplike metodes in toekomstige navorsing aan. Ten slotte stel dit 'n aantal alternatiewe metodes voor om meer kennis te verkry oor die werklike gebruikersbehoeftes. Sleutelwoorde: LEKSIKOGRAFIE, FUNKSIETEORIE, WOORDEBOEKGEBRUIK, GEBRUI-KERSBEHOEFTES, GEBRUIKERSTIPOLOGIE, GEBRUIKERSITUASIES, GEBRUIKERSNAVOR-SING, NAVORSINGSMETODES, VRAELYSTE, ONDERHOUDE, WAARNEMING, EKSPERI-MENTE, TOETSE, LOGLÊERS
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It seems self-evident that dictionary consultation constitutes an important stage in the process of translation. Dictionaries provide translators with valuable information. However, if we want our students to be efficient users of this reference material, we need to understand how they use these sources of vocabulary in their work. Taking these two statements as starting points, our paper reports on some of our research findings, in which we discuss the results of an empirical research project, conducted with translation students at University Jaume I (Castellon, Spain), in order to establish how they use different types of dictionaries. We comment on the main objectives of our research and findings regarding the types of dictionary used the frequency of use, the main reasons for consultation, etc. The conclusion is that our students do not take advantage of the different dictionaries available. In addition, the results suggest that they are not familiar with electronic dictionaries—CD-ROM dictionaries and online dictionaries.
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Bien que les dictionnaires soient les principaux instruments de travail des traducteurs, la relation entre les deux n'a jusqu'à présent, jamais été analysée en profondeur. L'usage que font les traducteurs des dictionnaires n'a guère fait l'objet de recherches, et le fait que les lexicographes bilingues soient des traducteurs eux-mêmes n'est jamais pris en compte. C'est cette question qui est soulevée par le présent article, tout en fournissant une première ébauche de ce type de recherches. Si l'on compare les traductions de quelques phrases-exemples dans trois dictionnaires bilingues anglais-français, les pro-blèmes affrontés par les lexicographes ne paraissent pas tellement différents de ceux des traducteurs littéraires, ce qui constitue un terrain de recherche à explorer. ABSTRACT In spite of the fact that dictionaries are without doubt the main tools used by translators, the relationship between them earned very little scholarly attention up to now, either from lexicography scholars or from translation researchers. The fact is, nevertheless, that bilingual lexicographers are translators and are supposedly confronted with problems comparable to common translators. This article analyses briefly a set of examples from three bilingual dictionaries. The conclusion is that the problems confronted by lexicographers are, in the end, not very different from those confronted by literary translators and constitute a fascinating field of research.
Article
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The paper is intended to demonstrate the practical applicability of the theoretical notion of 'contrastive textology' (Hartmann 1980) to bilingual lexicography. By means of a systematic analysis of parallel texts from corresponding genres in particular pairs of languages it is possible to generate matching words and their collocations which can be codified as translation equivalents in bilingual dictionaries. Promising work has been done to develop computer-aided techniques for utilizing such parallel text corpora in the search for lexical equivalence Examples from English and German.
Article
Because of his lack of native-speaker intuition for the target language, the theme translator requires of the general bilingual dictionary much more explicit lexical information than does his version counterpart. On the basis of a study of lexical errors made by theme translation students, we examine the weaknesses of the general bilingual dictionary for theme, and relate these to either a non-observance of lexicographic principles, or to a lack of such principles. Finally, we propose three teaching strategies to help theme translation students deal with the general bilingual dictionary.