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El caso de Elvis el viejo de la Sima de los Huesos

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Dendra Médica. Revista de Humanidades 2011;10(2):138-146
El caso de Elvis el viejo de la Sima de los Huesos
Artículo
El caso de Elvis el viejo
de la Sima de los Huesos
The case of Elvis the elder
from the Sima de los Huesos
Alejandro Bonmatí, Asier Gómez-Olivencia,
Juan Luis Arsuaga, José Miguel Carretero,
Ana Gracia, Ignacio Martínez, Carlos Lorenzo*
Resumen
En el yacimiento de la Sima de los Huesos de Atapuerca se han
recuperado hasta la fecha varios miles de restos fósiles de la especie humana Homo
heidelbergensis. A esta colección pertenecen los restos de una pelvis y de parte del
tronco de un individuo de edad avanzada de hace medio millón de años, que sufría
un cierto grado de minusvalía locomotriz. Estos fósiles constituyen la evidencia más
antigua encontrada hasta la fecha de un humano de edad avanzada con signos claros
de envejecimiento y discapacidad. La supervivencia de este individuo puede puede
interpretarse como un indicio del cuidado social dispensado en el pasado remoto
a los mayores del grupo.
Palabras clave
Evolución humana. Sima de los Huesos. Atapuerca. Paleopatología.
Pelvis. Vértebras.
Abstract
Several thousands of fossil remains from a human species, named
Homo heidelbergensis, have been recovered from the Sima de los Huesos site in
Atapuerca. An almost complete pelvis and part of the trunk of an aged human
individual that lived around half a million years ago are part of this fossil sample.
is individual su ered from locomotive impairments to some extent.  ese fos-
* Los autores pertenecen al equipo investigador de Atapuerca que excava en el yacimiento de la Sima
de los Huesos (Atapuerca, España).
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sils are the most ancient evidence to date of the body of an advanced age human
individual with evident signs of aging and impairment.  e survival of this han-
dicapped individual could be indicative of the social care given to the elderly in
the distant past.
Key words
Human evolution. Sima de los Huesos. Atapuerca. Paleopatology.
Pelvis. Vertebrae.
En el centro de la provincia de Burgos se levanta tímidamente la
sierra de Atapuerca, una pequeña elevación que alberga y da nombre a un conjunto
de yacimientos arqueopaleontológicos. La Sierra se ubica en el interior del Corredor
de la Bureba, un paso natural que conecta las cuencas de los ríos Ebro y Duero.
Al Norte está delimitada por la cordillera Cantábrica y al Sur, primero por el valle
del río Arlanzón y, más allá, por las estribaciones septentrionales de la sierra de la
Demanda. Se trata de un enclave especial, tanto por su rico contenido fósil como
por la diversidad actual de sus ecosistemas. Asimismo, su nombre también  gura
en los libros de Historia. En sus laderas tuvo lugar la Batalla de Atapuerca, que en
el siglo XI mantuvo en liza a los reyes castellano y navarro por este territorio. En
la actualidad, sigue siendo paso de numerosos peregrinos que la atraviesan en su
ruta por el Camino de Santiago.
El descubrimiento de los yacimientos se debe en gran medida a la construcción,
a  nales del siglo XIX, de un ferrocarril minero que discurría desde la sierra de la
Demanda hasta los astilleros vascos. El trazado de la vía a su paso por la sierra de
Atapuerca atravesaba la parte inferior de su ladera occidental. La caliza que compone
la Sierra se formó en un mar poco profundo a  nales del Cretácico, hace más de
65 millones de años, y más tarde estuvo sometida a esfuerzos tectónicos que dieron
lugar a su levantamiento y emersión. Su super cie quedó entonces expuesta a la
acción erosiva del agua, que fue horadando un complejo sistema de cuevas en su
interior. Posteriormente y en distintos momentos, algunas de estas cuevas se abrieron
al exterior y se fueron rellenando de sedimentos y restos de plantas y animales. El
posterior trazado del ferrocarril minero seccionó algunas de ellas y puso al descu-
bierto parte de los sedimentos con fósiles.
Mientras, otros conductos quedaron a salvo de esta obra civil. A unos 500 metros
de la Trinchera del Ferrocarril se abre una grieta en la super cie de la Sierra que
da paso a la entrada de la Cueva Mayor, un complejo y largo sistema kárstico.
Caminando unos 800 metros por uno de sus ramales se llega a una cavidad de
reducidas dimensiones, el yacimiento de la Sima de los Huesos, al que se accede
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tras descender un pozo de unos 15 metros de caída (Figura 1) (Arsuaga et al.,
1997). Allí se excava desde 1984 y en su interior se han hallado numerosísimos
restos fósiles de osos y, lo que es más raro, de humanos. La edad de estos restos
humanos ronda el medio millón de años y se han asignado a la especie fósil Homo
heidelbergensis (Arsuaga y Martínez, 2004; Bischo et al., 2007). Esta especie no
está emparentada directamente con nosotros, sino con los neandertales, con quienes
forma una rama diferente de la evolución humana (Arsuaga y Martínez, 1998).
Con el paso de los años, la colección de restos humanos ha superado ampliamente
los 6.000 fósiles, que pertenecen al menos a 28 individuos. Todas las regiones del
esqueleto están aquí conservadas, incluso los huesecillos del oído medio (Martínez et
al., 2004). Sin embargo, aún no ha sido encontrado ningún esqueleto en conexión
anatómica in situ, y solo en contadas ocasiones pueden atribuirse dos o más huesos
a un mismo individuo. Afortunadamente, existen pruebas sólidas para pensar que
los fósiles de una pelvis y de un conjunto de vértebras lumbares formaron parte
del mismo esqueleto. El individuo al que perteneció recibe el apodo de Elvis, y sus
primeros restos fueron desenterrados en 1994.
El yacimiento de la Sima de los Huesos, de donde se han recuperado fósiles humanos
de al menos 28 individuos (©Javier Trueba/Madrid Scienti c Film).
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1. Nace una estrella
Antes de comenzar la campaña de excavación del año 1994, la colección de la Sima
de los Huesos se componía ya de un notable número de restos humanos. Entre
ellos había tres cráneos muy completos y numerosos fósiles poscraneales, incluidos
algunos restos pélvicos (Cervera et al., 1998). La pelvis humana se compone de los
dos huesos de la cadera, o coxales, y del sacro. Estos tres elementos se unen entre
sí para formar un anillo óseo  rme, que sirve de enlace entre la columna vertebral
y las piernas (Platzer, 2000). Hasta aquella campaña, ninguno de los coxales y
sacros de la colección se asociaba entre sí. Nada extraño si se echaba un vistazo
al registro fósil mundial, más bien yermo en cuanto a pelvis humanas completas.
Por suerte, las cosas cambiaron aquel año. En una planta de apenas medio metro
cuadrado aparecieron dos coxales y un sacro, que a pesar de estar fragmentados en
varias piezas, estaban en un estado de conservación excepcionalmente bueno. En el
laboratorio se comenzó a trabajar para restaurar cada una de las piezas y ya entonces
se vislumbraba lo que más tarde se con rmó: los tres fósiles pertenecían a un único
individuo y en su conjunto formaban la pelvis más completa y mejor conservada de
una especie humana fósil. El estudio en profundidad de la pelvis de Elvis culminó
en un artículo, publicado cinco años más tarde en Nature (Arsuaga et al., 1999).
Si hay algo que llama fuertemente la atención de esta pelvis es su tamaño y robus-
tez. Se trata con seguridad de un individuo masculino, para el que se ha estimado
una estatura similar a la del promedio actual del mismo sexo (alrededor del 1,75 m),
pero una masa corporal mucho más elevada, alrededor de 95 kg, suponiendo que
no padeciese sobrepeso. Otros restos pélvicos de la colección muestran dimensiones
similares e incluso superiores a las de Elvis, lo que indica que sus cuerpos eran
más anchos y pesados que los nuestros, que son más esbeltos y ligeros. A pesar de
que el registro fósil humano es escaso y fragmentario, los homínidos más antiguos,
como los australopitecos, las primeras especies del género Homo y los neandertales,
comparten un patrón pélvico similar al de Elvis. En nuestra opinión, este hecho
indica que existía un modelo corporal primitivo que estaba generalizado entre los
homínidos, y que dio paso a otro caracterizado por cuerpos más delgados y gráciles
en el hombre anatómicamente moderno.
¿A qué edad falleció Elvis? Las super cies articulares, que unen los coxales con el
sacro (super cies auriculares), y aquellas donde ambos coxales se articulan entre sí
(mediante la sín sis púbica), sufren en nuestra especie un desgaste con la edad. Estas
super cies, que en la juventud presentan un aspecto suavemente ondulado, cambian
progresivamente con los años hacia formas más desestructuradas, rugosas y porosas.
Estas modi caciones se suceden siguiendo un patrón que es utilizado hoy día por
los forenses para determinar la edad de muerte de los individuos. Por otro lado, el
estudio de las super cies articulares en Elvis —y en el resto de la colección de la Sima
de los Huesos— ha permitido establecer una secuencia de cambios en su aspecto
equivalente a la actual. Como las articulaciones de Elvis se encuentran entre aquellas
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de aspecto más irregular y desorganizado, lo podemos situar entre los individuos
de mayor edad. Aunque desconocemos si la velocidad a la que tenían lugar dichas
modi caciones en el H. heidelbergensis era equiparable a la nuestra, el aspecto de las
articulaciones de Elvis corresponde al que se observa en un individuo de edad avanzada
en la actualidad. Con certeza Elvis superaba los 45 años y con mucha probabilidad
estaba en su sexta década de vida (Arsuaga et al., 1999; Bonmatí et al., 2010). En
el registro fósil humano anterior a los neandertales no existe aún ninguno otro resto
fósil del cuerpo que pertenezca a un individuo tan mayor. Además, su edad no sólo
se manifestaba a través de su pelvis, pues hallazgos posteriores mostraron cómo el
envejecimiento de Elvis había dejado otras huellas en su esqueleto.
2. La articulación de la evidencia: la columna vertebral
En la campaña de 1994, por debajo de los restos de uno de los huesos de la ca-
dera, se halló gran parte de una quinta vértebra lumbar, la última de toda la serie
vertebral y la que engarza con el sacro. Esta vértebra está plenamente desarrollada,
es robusta y grande, y articula debidamente con la pelvis de Elvis. En 1998, y a
unos escasos 15 centímetros al suroeste de donde apareció la pelvis, se desente-
rró un conjunto de fragmentos vertebrales. Tras largas horas y días de metódica
restauración, se completaron cuatro vértebras lumbares pertenecientes a un único
individuo. Dado que tenían un notable tamaño y estaban totalmente osi cadas, el
paso siguiente resultaba obvio: comprobar si estas cuatro vértebras se articulaban
con aquella quinta y última lumbar aparecida en el año 1994 junto a la pelvis. Y
efectivamente, toda la serie encajaba. Era la región lumbar de Elvis, y gracias a ella
se podían tratar otros aspectos de su biografía como la postura de su cuerpo y las
enfermedades que sufrió en vida. Nuestro equipo decidió entonces abordar un nuevo
estudio, que vio la luz en 2010 (Bonmatí et al., 2010) (Figura 2). A continuación
guran algunos de sus resultados y conclusiones.
3. Los fósiles sometidos a interrogatorio
El tronco y la pelvis de Elvis poseen algunos rasgos particulares que no coinciden
con la anatomía de otros fósiles de la Sima de los Huesos, ni tampoco con los que
se asocian a una condición normal o saludable en las poblaciones modernas. Estas
características se consideran en la actualidad signos patológicos que se relacionan
con deformidades en la columna y alteraciones posturales, y son causa de dolencias
en la región lumbar.
La columna vertebral humana se compone de una serie de vértebras, normalmente
23-24, separadas entre sí por discos inter vertebrales (Platzer, 2000; Pilbeam, 2004).
Estos anillos se articulan con las vértebras a través del cuerpo vertebral, una estructura
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discoidal que forma la parte
anterior de cada vértebra.
Por detrás del cuerpo, las
vértebras presentan una es-
tructura en forma de arco,
rematada por una promi-
nencia ósea o apó sis espino-
sa. Cada vértebra se articula
con las adyacentes mediante
los discos interver tebrales y
dos pares de carillas articu-
lares situadas en el arco.
La columna vertebral des-
cribe tres curvaturas caracte-
rísticas a lo largo del plano
sagital del cuerpo, circuns-
critas a las regiones cervical,
torácica y lumbar. La prime-
ra y la última describen una
prominencia o convexidad
anterior, denominada lor-
dosis, y la segunda describe
una convexidad posterior, o
cifosis. Estas curvaturas son
posibles gracias a la forma
de los discos intervertebra-
les y al acuñamiento de los
cuerpos vertebrales. Una alteración en la forma de estas cuñas de hueso o de los discos
puede dar lugar a que las curvaturas se exageren, se atenúen o incluso se inviertan.
En el caso de Elvis, los cuerpos de la segunda a la cuarta vértebra lumbar están
intensamente remodelados, y se acuñan anteriormente mucho más de lo esperable
para un adulto sano de su especie. Este acuñamiento anómalo habría resultado de
la degeneración progresiva de los cuerpos vertebrales y habría dado lugar a una
fuerte atenuación o incluso a una inversión de la curvatura normal lumbar. En
consecuencia, la región lumbar de Elvis muy probablemente estaba cóncava hacia
delante. Esta deformidad se conoce en la literatura médica actual como cifosis
lumbar degenerativa. Al mismo tiempo, la progresiva degeneración de los discos
intervertebrales habría adelgazado su espesor y reducido la distancia entre vértebras.
Este fenómeno habría puesto en contacto los procesos espinosos de la cuarta y la
quinta lumbar de Elvis y habría ocasionado su remodelación. Dolencia que recibe
en nuestros días el nombre de enfermedad de Baastrup (o Kissing-spines en inglés)
(Gómez-Olivencia et al., 2003).
Reconstrucción tridimensional a partir de imágenes de
TAC de la pelvis y la región lumbar de Elvis (©Centro
UCM-ICSIII de Evolución y Comportamiento Humanos).
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Al margen de las deformidades en las curvaturas de su columna, la quinta vértebra
lumbar habría sufrido, además, un desplazamiento anterior de su posición natural en
relación con el sacro. Es lo que se denomina clínicamente como espondilolistesis, y
creemos que en el caso de Elvis era de grado moderado. A esta conclusión llegamos
tras analizar la remodelación ósea de las carillas articulares izquierdas de estos dos
elementos, modi cadas en tamaño, forma y orientación. En suma, resultaba evidente
que la calidad de vida de Elvis estuvo disminuida respecto a la de los individuos
más jóvenes y sanos del grupo, pero ¿hasta qué punto?
4. La pesada carga de los años
La capacidad de Elvis a la hora de mantener una posición erguida era limitada.
La posición encorvada que se habría visto obligado a adoptar desplazaría parte del
peso de su cuerpo hacia adelante, lo que requeriría de algún tipo de compensación
postural o muscular para evitar que su tronco se venciese por delante de sus piernas
(doblando las rodillas, o forzando los músculos glúteos o los isquiotibiales de los
muslos). En estas circunstancias, no podemos dejar de imaginarnos al viejo Elvis
empuñando un báculo para mantenerse en pie y salvaguardar el decoro de su es-
tampa. Para su desgracia, había varios procesos in amatorios activos en el momento
de su muerte, y los dolores derivados de la lumbalgia crónica y de la enfermedad
de Baastrup serían un constante calvario. Probablemente en la actualidad, el cuadro
clínico de Elvis se hubiera tratado de resolver en un quirófano.
Elvis estaba afectado por una importante discapacidad motora, a causa de la cual
andaba más despacio, daba pasos cortos, necesitaba períodos largos de descanso y
tenía serias di cultades para levantar objetos pesados. Estas circunstancias le habrían
impedido participar, por ejemplo, en las partidas de caza del grupo. El grado de
degeneración de las vértebras nos hace pensar que vivió con estas discapacidades
durante mucho tiempo, por lo que no podemos descartar que Elvis fuese ayudado
por parte del grupo social nómada al que pertenecía. Este espíritu social y altruista
puede tener sentido en una etapa de la historia donde el conocimiento no se trans-
mitía mediante la escritura y, por lo tanto, la experiencia y la sabiduría de los más
mayores suponía ciertas ventajas para la comunidad. Dicho acervo daría cohesión
al grupo y aumentaría sus probabilidades de supervivencia. En todo caso, debemos
ser cautos, pues se sabe que existen primates que han sobrevivido en la naturaleza
con graves discapacidades permanentes (Lovell, 1990).
5. La humanidad de los primates
En los primates existen ciertas formas de altruismo. En los chimpancés, por ejemplo,
a veces la ayuda tiene lugar sin existir grado de parentesco o bene cio inmediato
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por parte del auxiliador, aspectos que se consideraban hasta hace poco exclusivos
de los humanos (Warneken et al., 2007). No obstante, el altruismo de los chim-
pancés parece tambalearse en situaciones competitivas o cuando hay comida en
juego. Sin embargo, los humanos somos capaces de asistirnos incluso en este tipo
de circunstancias o incluso sacri carnos en pos de otro individuo. ¿Cuándo y cómo
ha surgido el altruismo de características modernas en la evolución humana? Aún
es pronto para decirlo, pero tenemos algunos indicios interesantes.
En los neandertales, una especie que habitó Europa entre los 120 y los 30 mil
años de antigüedad, existen indicios de posibles cuidados sociales: muchos nean-
dertales sobrevivieron a pesar de haber sufrido fracturas de huesos, amputaciones,
enfermedades infecciosas o degenerativas. Como hemos visto, la Sima de los Hue-
sos aporta un indicio mucho más antiguo de este comportamiento. De hecho,
los fósiles de Elvis no son el único vestigio de este tipo que puede encontrarse en
este yacimiento. El estudio de un cráneo (Cráneo 14) de un individuo inmaduro,
también de la especie H. heidelbergensis, indica que debido a un cierre prematuro
de una de sus suturas, presentaba una importante deformidad, por lo que, muy
probablemente padecía trastornos motores y cognitivos (Gracia et al., 2009). Este
individuo murió en torno a los 10 años y hasta esa edad quizás necesitó de cuidados
especiales por parte de su grupo. Es posible que todo este cúmulo de evidencias
fósiles indique que el trato a los más desvalidos de otras especies humanas fuese
distinto al que practican los primates y más cercano al nuestro. En este sentido,
ciertas adaptaciones acontecidas a lo largo de la evolución del género Homo, como
la alimentación carnívora o el dilatado período de desarrollo de los individuos de
sus distintas especies, podrían haber jugado un papel crítico a la hora de favorecer
y per lar el modo en que los humanos ayudamos al prójimo.
La Sima de los Huesos es un pozo de información. Y es muy probable que en
su interior encontremos algunas claves que nos sirvan de espejo en el que poder
ver qué parte de nuestra humanidad compartimos con otras especies, y qué parte
de sapiens es sólo nuestra.
Agradecimientos
Las investigaciones en Atapuerca son posibles gracias al trabajo de todos nuestros
compañeros y a la  nanciación que el proyecto recibe del Ministerio de Ciencia
e Innovación de España (CGL2009-12703-C03), la Junta de Castilla y León y
la Fundación Atapuerca. Alejandro Bonmatí recibió una ayuda predoctoral de la
Fundación Atapuerca/Duques de Soria; Asier Gómez disfruta de una beca posdoc-
toral del Ministerio de Educación (Programa Nacional de Movilidad de Recursos
Humanos del Plan Nacional de I+D+I 2008-2011) y Ana Gracia es bene ciaria de
un contrato Ramón y Cajal (RYC-2010-06152).
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... However another individual suffered from deafness, probably due to infection (Pérez et al. 1997; Villotte 2017), which is likely to have needed accommodation from others. Perhaps most notably an elderly individual is likely to have walked with the aid of a stick, with his support likely to have involved a level of planning around his lack of mobility (Bonmatí et al. 2010(Bonmatí et al. , 2011. ...
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Evidence of care for the ill and injured amongst Neanderthals, inferred through skeletal evidence for survival from severe illness and injury, is widely accepted. However, healthcare practices have been viewed primarily as an example of complex cultural behaviour, often discussed alongside symbolism or mortuary practices. Here we argue that care for the ill and injured is likely to have a long evolutionary history and to have been highly effective in improving health and reducing mortality risks. Healthcare provisioning can thus be understood alongside other collaborative ‘risk pooling’ strategies such as collaborative hunting, food sharing and collaborative parenting. For Neanderthals in particular the selective advantages of healthcare provisioning would have been elevated by a variety of ecological conditions which increased the risk of injury as well their particular behavioural adaptations which affected the benefits of promoting survival from injury and illness. We argue that healthcare provisioning was not only a more significant evolutionary adaptation than has previously been acknowledged, but moreover may also have been essential to Neanderthal occupation at the limits of the North Temperate Zone.
... In later populations of early humans we see evidence which suggests an even more long term care of others. The deceased deposited in the 'Pit of Bones' at Atapuerca for example included an elderly man approximately 50 years of age with a severe pelvic deformity who must have been unable to walk without a stick (and even then only slowly) 86 . We certainly never imagine our ancestors as elderly, walking with sticks and looked after by others. ...
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Our capacity to care about the wellbeing of others, whether they are close family or strangers, can appear to be unimportant in today's competitive societies. However, in this volume Penny Spikins argues that compassion lies at the heart of what makes us human. She takes us on a journey from the earliest stone age societies two million years ago to the lives of Neanderthals in Ice Age Europe, using archaeological evidence to illustrate the central role that emotional connections had in human evolution. Simple acts of kindness left to us from millions of years ago provide evidence for how social emotions and morality evolved, and how our capacity to reach out beyond ourselves into the lives of others allowed us to work together for a common good, and form the basis for human success.
... By around 400,000 years ago, there is good evidence for support for injury and impairment from the site of Sima de los Huesos in northern Spain. Here a child with craniosynostosis was supported for several years (Gracia et al. 2009), as well as an individual with deafness and an elderly man who would have found walking extremely difficult and painful due to a damaged hip (Bonmatí et al. 2010(Bonmatí et al. , 2011. This earlier context of care within highly collaborative early humans helps to illustrate that primate comparisons fail to be relevant to Neanderthalsunlike other primates hominins forage cooperatively, care for offspring who are vulnerable both at birth and for an extended period of infancy, and accommodate the risks imposed by both hunting large game as well as defence from predators. ...
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Explanations for patterns of healed trauma in Neanderthals have been a matter of debate for several decades. Despite widespread evidence for recovery from injuries or survival despite impairments, apparent evidence for healthcare is given limited attention. Moreover, interpretations of Neanderthal’s approach to injury and suffering sometimes assume a calculated or indifferent attitude to others. Here we review evidence for Neanderthal healthcare, drawing on a bioarchaeology of care approach and relating healthcare to other realms of Neanderthal social life. We argue that Neanderthal medical treatment and healthcare was widespread and part of a social context of strong pro-social bonds which was not distinctively different from healthcare seen in later contexts. We suggest that the time has come to accept Neanderthal healthcare as a compassionate and knowledgeable response to injury and illness, and to turn to other questions, such as cultural variation or the wider significance of healthcare in an evolutionary context.
... For example, a Homo heidelbergensis child found at Sierra de Atapuerca had been given equal support despite suffering from craniosynostosis and probable intellectual disability (Gracia et al. 2009). At the same site, a man of at least 50 was also looked after regardless of many years of extreme walking difficulties (Bonmatí et al. 2011). By the time of the Neanderthals, survival of serious injury through group support was common (Spikins et al. 2010). ...
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Childhood is a core stage in development, essential in the acquisition of social, practical and cultural skills. However, this area receives limited attention in archaeological debate, especially in early prehistory. We here consider Neanderthal childhood, exploring the experience of Neanderthal children using biological, cultural and social evidence. We conclude that Neanderthal childhood experience was subtly different from that of their modern human counterparts, orientated around a greater focus on social relationships within their group. Neanderthal children, as reflected in the burial record, may have played a particularly significant role in their society, especially in the domain of symbolic expression. A consideration of childhood informs broader debates surrounding the subtle differences between Neanderthals and modern humans.
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The Sierra de Atapuerca in northern Spain is ranked among the most important excavation sites in human origins research worldwide. The project boasts not only spectacular hominid fossils, among them the ‘oldest European’, but also a fully fledged ‘popularization industry’. This article interprets this multimedia industry as a generator of different narratives about the researchers as well as about the prehistoric hominids of Atapuerca. It focuses on the popular works of the three co-directors of the project. Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro and Eudald Carbonell make deliberate use of a variety of narrative devices, resonant cultural references and strategies of scientific self-commodification. All three, in different ways, use the history of science and of their own research project to mark their place in the field of human origins research, drawing on mythical elements to tell the story of the rise of a humble Spanish team overcoming all odds to achieve universal acclaim. Furthermore, the co-directors make skilful use of palaeofiction – that of Björn Kurtén and Jean Auel, as well as writing their own – in order to tell gripping stories about compassion and solidarity in human prehistory. This mixture of nationalist and universalist narratives invites the Spanish audience to identify not just with ‘their ancestors’ but also with the scientists, as objects and subjects of research become conflated through popularization.
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This book presents the results of an assessment of the health of wild-living chimpanzees, gorillas (including mountain gorilla remains collected by the late Dian Fossey) , and orangutans through the study of pathological conditions of their bones and teeth. These primates were killed in the wild and their remains housed at the National Museum of Natural History, Smithsonian Institution. Dental pathology is marked by a high frequency of alveolar destruction in the mountain gorilla, and a high frequency of carious lesions and antemortem tooth loss among chimpanzees. Skeletal pathology is widespread and predominated by lesions of traumatic origin, mainly healed fractures. Arthritic lesions are conspicuous in the vertebral column and at the sacroiliac and temporomandibular joints in all genera. The frequency of chronic infectious disease is low. The book was published by the Smithsonian Institution Press in 1990. Copyright reverted to me when the Press ceased operations.
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We report a nearly complete lumbar spine from the Middle Pleistocene site of the Sima de los Huesos (SH) that is assigned to the previously published SH male Pelvis 1 [Arsuaga JL, et al. (1999). Nature 399: 255–258]. The “SH Pelvis 1 individual” is a unique nearly complete lumbo-pelvic complex from the human Middle Pleistocene fossil record, and offers a rare glimpse into the anatomy and past lifeways of Homo heidelbergensis. A revised reconstruction of Pelvis 1, together with the current fossil evidence, confirms our previous hypothesis that the morphology of this pelvis represents the primitive pattern within the genus Homo. Here we argue that this primitive pattern is also characterized by sexual dimorphism in the pelvic canal shape, implying complicated deliveries. In addition, this individual shows signs of lumbar kyphotic deformity, spondylolisthesis, and Baastrup disease. This suite of lesions would have postural consequences and was most likely painful. As a result, the individual’s daily physical activities would have been restricted to some extent. Reexamination of the age-at-death agrees with this individual being over 45 y old, relying on the modern human pattern of changes of the articular surfaces of the os coxae. The presence of degenerative pathological lesions and the advanced age-at-death of this individual make it the most ancient postcranial evidence of an aged individual in the human fossil record. Additional nonpathological SH lumbo-pelvic remains are consistent with previous hypotheses, suggesting a less-pronounced sagittal spinal curvature in Neandertals compared with Homo sapiens.
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The Sima de los Huesos site of the Atapuerca complex near Burgos, Spain contains the skeletal remains of at least 28 individuals in a mud-breccia underlying an accumulation of the Middle Pleistocene cave bear (Ursus deningeri). We report here on new high-precision dates on the recently discovered speleothem SRA-3 overlaying human bones within the Sima de los Huesos. Earlier analyses of this speleothem by TIMS (thermal-ionization mass-spectrometry) showed the lower part to be indistinguishable from internal isotopic equilibrium at the precision of the TIMS instrumentation used, yielding minimum age of 350 kyr (kyr ¼ 10 3 yr before present). Reanalysis of six samples of SRA-3 by inductively-coupled plasma-multicollector mass-spectrometry (ICP-MS) produced high-precision analytical results allowing calculation of finite dates. The new dates cluster around 600 kyr. A conservative conclusion takes the lower error limit ages as the minimum age of the speleothem, or 530 kyr. This places the SH hominids at the very beginnings of the Neandertal evolutionary lineage. Published by Elsevier Ltd.
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We report here a previously undescribed human Middle Pleistocene immature specimen, Cranium 14, recovered at the Sima de los Huesos (SH) site (Atapuerca, Spain), that constitutes the oldest evidence in human evolution of a very rare pathology in our own species, lambdoid single suture craniosynostosis (SSC). Both the ecto- and endo-cranial deformities observed in this specimen are severe. All of the evidence points out that this severity implies that the SSC occurred before birth, and that facial asymmetries, as well as motor/cognitive disorders, were likely to be associated with this condition. The analysis of the present etiological data of this specimen lead us to consider that Cranium 14 is a case of isolated SSC, probably of traumatic origin. The existence of this pathological individual among the SH sample represents also a fact to take into account when referring to sociobiological behavior in Middle Pleistocene humans.
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The Middle Pleistocene site of Sima de los Huesos in Sierra de Atapuerca, Spain, has yielded around 2,500 fossils from at least 33 different hominid individuals. These have been dated at more than 200,000 years ago and have been classified as ancestors of Neanderthals. An almost complete human male pelvis (labelled Pelvis 1) has been found, which we associate with two fragmentary femora. Pelvis 1 is robust and very broad with a very long superior pubic ramus, marked iliac flare, and a long femoral neck. This pattern is probably the primitive condition from which modern humans departed. A modern human newborn would pass through the birth canal of Pelvis 1 and this would be even larger in a female individual. We estimate the body mass of this individual at 95 kg or more. Using the cranial capacities of three specimens from Sima de los Huesos, the encephalization quotients are substantially smaller than in Neanderthals and modern humans.
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Human hearing differs from that of chimpanzees and most other anthropoids in maintaining a relatively high sensitivity from 2 kHz up to 4 kHz, a region that contains relevant acoustic information in spoken language. Knowledge of the auditory capacities in human fossil ancestors could greatly enhance the understanding of when this human pattern emerged during the course of our evolutionary history. Here we use a comprehensive physical model to analyze the influence of skeletal structures on the acoustic filtering of the outer and middle ears in five fossil human specimens from the Middle Pleistocene site of the Sima de los Huesos in the Sierra de Atapuerca of Spain. Our results show that the skeletal anatomy in these hominids is compatible with a human-like pattern of sound power transmission through the outer and middle ear at frequencies up to 5 kHz, suggesting that they already had auditory capacities similar to those of living humans in this frequency range.
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People often act on behalf of others. They do so without immediate personal gain, at cost to themselves, and even toward unfamiliar individuals. Many researchers have claimed that such altruism emanates from a species-unique psychology not found in humans' closest living evolutionary relatives, such as the chimpanzee. In favor of this view, the few experimental studies on altruism in chimpanzees have produced mostly negative results. In contrast, we report experimental evidence that chimpanzees perform basic forms of helping in the absence of rewards spontaneously and repeatedly toward humans and conspecifics. In two comparative studies, semi-free ranging chimpanzees helped an unfamiliar human to the same degree as did human infants, irrespective of being rewarded (experiment 1) or whether the helping was costly (experiment 2). In a third study, chimpanzees helped an unrelated conspecific gain access to food in a novel situation that required subjects to use a newly acquired skill on behalf of another individual. These results indicate that chimpanzees share crucial aspects of altruism with humans, suggesting that the roots of human altruism may go deeper than previous experimental evidence suggested.
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Within-species phenotypic variation is the raw material on which natural selection acts to shape evolutionary change, and understanding more about the developmental genetics of intraspecific as well as interspecific phenotypic variation is an important component of the Evo-Devo agenda. The axial skeleton is a useful system to analyze from such a perspective. Its development is increasingly well understood, and between-species differences in functionally important developmental parameters are well documented. I present data on intraspecific variation in the axial postcranial skeleton of some Primates, including hominoids (apes and humans). Hominoid species are particularly valuable, because counts of total numbers of vertebrae, and hence original somite numbers, are available for large samples. Evolutionary changes in the axial skeleton of various primate lineages, including bipedal humans, are reviewed, and hypotheses presented to explain the changes in terms of developmental genetics. Further relevant experiments on model organisms are suggested in order to explore more fully the differences in developmental processes between primate species, and hence to test these hypotheses.
Atapuerca. Un millón de años de historia
  • bullet Cervera
  • J Arsuaga
  • Jl Carbonell
  • E Bérmudez
  • Jm Castro
@BULLET Cervera J, Arsuaga JL, Carbonell E, y Bérmudez de Castro JM (1998) Atapuerca. Un millón de años de historia. Madrid: Plot ediciones.