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RASGOS DEL TEMPERAMENTO DE LOS PERROS DOMÉSTICOS (CANIS FAMILIARIS): EVALUACIONES CONDUCTUALES

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!--[if gte mso 9]> Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 Los rasgos del temperamento se definen como tendencias conductuales estables entre situaciones similares y a lo largo del tiempo. En el presente trabajo se revisan las pruebas conductuales diseñadas para la evaluación de rasgos aislados del temperamento en los perros domésticos. Para cada dimensión se describen los estímulos empleados, las respuestas evaluadas y el correlato fisiológico de las mismas. Los rasgos más estudiados fueron la temerosidad, la agresividad y la sociabilidad. Sin embargo, sólo la primera cuenta con correlatos fisiológicos bien establecidos. Finalmente, las evaluaciones conductuales resultan de suma importancia para la selección de los perros para las distintas funciones que cumplen en la sociedad humana: detección de drogas, compañía, guardia, rescate de personas, etc.</p
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Rasgos del temperamento de los perros domésticos
(
Canis familiaris
): evaluaciones conductuales*
Temperament traits of domestic dogs (Canis familiaris): Behavioural tests
 
 * *
Instituto de Investigaciones Médicas, Laboratorio de Psicología
Experimental y Aplicada (), , Buenos Aires, Argentina
                 
      :                  :             
* Trabajo realizado en el marco del proyecto Ap rendizaje, fr ustración y señ ales comunicativas en per ros domésticos (- .º ) de la
Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica ( y). Agradecemos especialmente a los Lic. Ángel M. Elgier, Nadia Justel y a dos
revisores anónimos por sus va liosos comentarios acerca del manuscrito.
** Correspondencia
Laboratorio de Psicología Experimental y Aplicada, Instituto de Investigaciones Médicas, Combatientes de Malvinas ,  (). Argentina.
adrianajak@yahoo.com.ar
marianabentosela@g mail.com
Resumen
Los rasgos del temperamento se denen como tendencias
conductuales estables entre situaciones similares y a lo largo
del tiempo. En el presente trabajo se revisan las pruebas con-
ductuales diseñadas para la evaluación de rasgos aislados del
temperamento en los perros domésticos. Para cada dimensión
se describen los estímulos empleados, las respuestas evalua-
das y el correlato siológico de las mismas. Los rasgos más
estudiados fueron la temerosidad, la agresividad y la socia-
bilidad. Sin embargo, sólo la primera cuenta con correlatos
siológicos bien establecidos. Finalmente, las evaluaciones
conductuales resultan de suma importancia para la selección
de los perros para las distintas funciones que cumplen en la
sociedad humana: detección de drogas, compañía, guardia,
rescate de personas, etc.
Palabras clave:
rasgos de temperamento, diferencias indivi-
duales, pruebas conductuales, perros domésticos.
Abstract
A temperament trait is dened as a stable behavioral tendency
along time and among similar situations. is study intends
to analyze the behavioral tests designed for the evaluation of
isolated temperamental traits of domestic dogs. e type of
stimulus used, the behaviors evaluated and the physiologi-
cal substrates are described for each dimension. Fearfulness,
aggressiveness and sociability were the most studied traits.
Nevertheless, only the rst one has well established physi-
ological bases. Finally, behavioral tests are of great relevance
for selecting dogs for the dierent roles that they perform in
human society, such as drug detection, company, security, hu-
man rescue, etc.
Keywords:
temperament traits, individual dierences, behav-
ioral tests, domestic dogs.
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El concept o de temperamento general-
mente es utilizado para entender las diferencias
individuales en el comportamiento animal. Este
puede ser considerado como un conjunto de di-
mensiones estables que no son directamente ob-
servables y que deben ser inferidas a partir de la
conducta que podemos percibir (Budaev, ).
Por ejemplo, la temerosidad o la impulsividad.
Una dimensión o rasgo del temperamento
se dene como una tendencia conductual estable
entre situaciones y a lo largo del tiempo (Lansa-
de, Bouissou & Erhard, ). Existen evidencias
sobre la presencia de rasgos del temperamen-
to en múltiples especies como primates no hu-
manos (Locurto, ), perros (Svartberg &
Forkman, ), caballos (Lansade et al., ),
vacas (Boissy & Bouissou, ), cerdos (Ruis et
al., ), peces (Coleman & Wilson, ), aves
(Verbeek, Drent & Wiekema, ), etc.
La variación comportamental entre indi-
viduos puede tener consecuencias para el éxito
reproductivo diferencial de los mismos y ser un
producto de la selección natural. Las diferentes
estrategias comportamentales inuyen en la ca-
pacidad de los animales para enfrentarse con el
medio ambiente y explotar los recursos dispo-
nibles (Wilson, Clark, Coleman & Dearstyne,
). Las variaciones entre individuos, ade-
más de ser parcialmente heredadas, dependen
de sus interacciones con el ambiente y de las
características particulares del mismo, como
por ejemplo la abundancia o falta de recursos
(Wilson et al., ).
Un trabajo pionero en el estudio de las di-
ferencias individuales en los perros domésticos
fue el de Fuller (). Dicho autor estudió la
reactividad, deniéndola como un continuo que
va desde la timidez o inhibición extremas has-
ta la agresión, en respuesta a estímulos de tipo
aversivo. Para evaluarla desarrolló una prueba
conductual en la que se observaba la reacción
de los perros ante la restricción física, estímulos
sociales y sonoros. Según Fuller, posiblemente
los perros con un alto puntaje en su escala de
reactividad correspondían a la clase excitatoria
de la tipología de Pavlov y los de bajo puntaje
pertenecían al grupo de los inhibidos.
Desde los tiempos de Pavlov y Fuller a la
actualidad, la cantidad de trabajos sobre las di-
mensiones del temperamento de los perros do-
mésticos creció notoriamente (Jones & Gosling,
). Esta especie resulta un modelo interesante
para el estudio de las diferencias individuales en
el comportamiento, dada su particular historia
evolutiva. Durante ella, los perros fueron some-
tidos a dos grandes procesos de selección rela-
cionados con la convivencia con los humanos
(Cooper, Ashton, Bishop, West, Mills & Young,
). El primero fue el de domesticación, que los
diferenció de sus ancestros los lobos (e. g., Vila &
Leonard, ). En esta fase probablemente se se-
leccionó a aquellos individuos con menor teme-
rosidad y agresividad hacia los humanos, lo cual
condujo a una convivencia cada vez más estrecha
con los mismos (Hare & Tomasello, ). Luego
de este primer proceso, los perros se expandieron
por el mundo junto con los asentamientos hu-
manos. Estas poblaciones aisladas fueron puestas
bajo diversas presiones, provocando una segunda
fase de selección que las convirtió en las distin-
tas razas que hoy conocemos. Las mismas fueron
seleccionadas por rasgos especícos para cumplir
determinadas funciones en la sociedad humana
como pastoreo, caza, guardia, etc. (Coppinger &
Schneider, ).
Existen dos maneras de abordar el estudio
de las diferencias individuales en el comporta-
miento, evaluando un amplio conjunto de ras-
gos simultáneamente (Svartberg & Forkman,
; Wilsson & Sundgren, ) o estudiando
las variaciones conductuales respecto a un rasgo
aislado (temerosidad; King, Hemsworth & Cole-
man, ; agresión; Netto & Planta, ).
En un trabajo previo se revisaron evaluacio-
nes conductuales que estudiaron un conjunto de
rasgos del temperamento en los perros mediante
el uso de baterías de pruebas (Jakovcevic & Ben-
tosela, en prensa). Dichas baterías generalmente
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reúnen información sobre diferentes rasgos del
temperamento de un gran número de sujetos. Sin
embargo, a nivel metodológico, se observó que
muchas carecen de los requerimientos de cona-
bilidad y validez necesarios para ser considera-
das instrumentos de medición y en ocasiones se
utilizan procedimientos complejos para validar
pruebas que no cumplieron con los criterios de
conabilidad. Asimismo, varias analizan las dife-
rencias individuales a partir de constructos o va-
riables inferidas sin haber realizado previamente
observaciones directas de las conductas.
El objetivo de la presente revisión es anali-
zar pruebas conductuales diseñadas para la eva-
luación de rasgos aislados del temperamento de
los perros. Hasta el momento no existen en la
literatura revisiones que agrupen esta informa-
ción. En el desarrollo de este trabajo se analizan
los rasgos del temperamento más estudiados y
con relación a cada uno de ellos se describen los
estímulos utilizados para evaluarlos, las respues-
tas observadas y los correlatos siológicos de las
mismas. A su vez, se discuten los aspectos meto-
dológicos de las pruebas conductuales de rasgos
aislados en comparación con los de las baterías
que evalúan un conjunto de dimensiones del
temperamento.
La importancia que tiene este trabajo es
doble: por un lado, permite extraer conclusiones
acerca de los datos recabados por las diferentes
pruebas de rasgo aislado. Esta información junto
con la obtenida mediante las baterías dará la po-
sibilidad de integrar los datos para arribar a un
conocimiento unicado acerca de los rasgos del
temperamento en los perros. Al ser un área rela-
tivamente nueva, hay aún demasiada variabilidad
en las formas de medición y nomenclatura de los
rasgos, lo cual diculta dicha integración (Diede-
rich & Giroy, ; Jones & Gosling, ).
Por otro lado, permite sistematizar las eva-
luaciones de los rasgos del temperamento para
la investigación básica y nes aplicados. En este
sentido y desde un punto de vista comparativo, la
evaluación conductual es el método que se utiliza
para estudiar las diferencias individuales en otras
especies tanto de laboratorio como de granja. El
procedimiento más utilizado es observar las res-
puestas de los animales frente a la presentación
de un estímulo. En el caso de los perros, la ven-
taja de este tipo de evaluación, a diferencia del
reporte del dueño o de un experto, es que per-
mite la medición directa del comportamiento y
de esta manera alcanzar un mayor grado de ob-
jetividad al utilizar observadores independientes
categorizando las conductas. A su vez, dichas
evaluaciones también son utilizadas como he-
rramientas prácticas para la selección de perros
para la crianza (e. g., Paroz, Gebhardt-Henrich &
Steiger, ), la predicción del desempeño futu-
ro como perros de trabajo ( Goddard & Beilharz,
), la detección de problemas potenciales de
conducta (van der Borg, Netto & Planta, ),
así como para optimizar la adopción de perros de
refugio (De Palma et al., ).
Evaluaciones de la Temerosidad
La temerosidad puede ser considerada
como una característica psicológica básica que
predispone al individuo a percibir y reaccio-
nar de manera similar ante un amplio rango
de eventos potencialmente amenazantes. A su
vez, es una variable que modula un conjunto de
comportamientos fundamentales como las con-
ductas sociales, reproductivas y de alimentación
(Boissy & Bouissou, ).
Estímulos utilizados
Gray () realizó una clasicación de
los estímulos que provocan miedo en las dife-
rentes especies y los agrupó en cinco categorías
generales: novedosos, intensos, aquellos que
involucran peligros evolutivos especiales, inte-
racciones sociales entre congéneres y estímulos
condicionados. Con base en dicha clasicación
se analizan los estímulos utilizados para el estu-
dio de la temerosidad en los perros.
Estímulos novedosos. Una de las formas
más comunes de evaluar la temerosidad es
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mediante la presentación de un estímulo nove-
doso. Estos pueden ser estáticos o tener movi-
miento. Goddard y Beilharz (), en su estudio
para la predicción de la temerosidad en perros
guía, utilizaron varios estímulos novedosos es-
táticos como un caballo de madera, una bolsa
rellena de papel y un perro de juguete en tama-
ño real. En esta categoría, Mahut () utilizó
un juguete musical (musical top). Dentro de los
que tienen movimiento se encuentran un auto a
control remoto (Goddard & Beilharz, ; Ha-
verbeke, Diederich, Diepereux & Giroy, ;
Hennessy et al., ; King et al., ), una pe-
lota inable arrojada lejos del perro (Goddard
& Beilharz, ), una serpiente mecánica y un
globo que es inado frente al animal (Mahut,
). Una de las particularidades de los estímu-
los con movimiento es que pueden dar lugar a
respuestas de caza, dado que el movimiento es
uno de los rasgos distintivos de la presa (King
et al., ).
Por último, otros estímulos novedosos son
el uso de diferentes clases de supercies como
piedra caliza, concreto, rejas de acero o super-
cies movedizas por las que los perros deben
caminar (Hydbring-Sandberg et al., ), así
como el ingreso a un ambiente novedoso (Hen-
nessy et al., ).
Estímulos súbitos. Estos pueden ser visua-
les o auditivos. Dentro de los visuales, el más
utilizado es la apertura de un paraguas frente al
perro (Beerda, Schilder, van Hoo, de Vries &
Mol, ; De Meester et al., ; Goddard &
Beilharz, ; King et al., ; Mahut, ).
Pero también están el movimiento de una fra-
zada, la aparición de la silueta de un gato, una
muñeca que se acerca (De Meester et al., ) y
la caída sorpresiva de una bolsa rellena desde el
techo (Beerda et al., ). Dentro de los de tipo
auditivo, se emplearon un disparo (Haverbeke et
al., ; Hydbring-Sandberg et al., ; Go-
ddard & Beilharz, ), una persona que sal-
ta detrás del perro o mientras éste se le acerca
(Goddard & Beilharz, ), un ruido metálico
(De Meester et al., ; Goddard & Beilharz,
) y el sonido de una bocina (Beerda et al.,
; De Meester et al., ; Hennessy et al.,
) o campana (De Meester et al., ).
Peligros evolutivos especiales. Los más uti-
lizados son la restricción física (i. e., se sostiene
al perro en posición supina contra el suelo o se
tira de una cuerda de modo que el animal resul-
ta presionado contra el piso, Beerda et al., )
y el temor a las alturas que se evalúa obligando
al animal a subir escaleras abiertas (Goddard &
Beilharz, ; Hydbring-Sandberg et al., )
o mediante el uso de un laberinto elevado (King
et al., ). King et al. () también evalua-
ron el miedo a la oscuridad en una caja de luz-
oscuridad; sin embargo, a diferencia de lo que
sucede con otras especies, las respuestas obser-
vadas fueron de exploración en vez de miedo,
esto mismo sucedió en el laberinto elevado.
Interacciones sociales. Si bien la categoría
descrita por Gray () se refería a las interac-
ciones entre conespecícos, en el caso del perro
doméstico se incluyen las interacciones con los
humanos dada su estrecha convivencia. Los es-
tímulos utilizados fueron: una persona que se
dirige de manera amenazante hacia el animal,
caminando lentamente con la parte superior del
cuerpo inclinada hacia adelante, mirándolo ja-
mente y sin hablarle (Vas, Topál, Gácsi, Miklósi
& Csányi, ) o emitiendo gritos y con una
vara en la mano (Horváth, Igyártó, Magyar &
Miklósi, ). En el estudio de Goddard &
Beilharz () un hombre toma al perro de la
cara sujetándolo y hablándole. Finalmente, De
Meester et al. () emplearon el acercamien-
to de un perro desconocido del mismo sexo, un
humano no familiar, el dueño y tres personas
que caminan juntas.
Estímulos condicionados. No es frecuen-
te el uso de estímulos condicionados para la
evaluación de la respuesta de miedo en los pe-
rros. Solamente se encontró información sobre
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la presentación de un sonido apareado a una
pequeña descarga eléctrica (Ogata, Kikusui,
Takeuchi & Mori, ).
Otros estímulos. Para la evaluación de la
respuesta de estrés también se observaron las
reacciones frente a la aplicación de un choque
eléctrico (Beerda et al., ).
Respuestas evaluadas
La temerosidad se operacionaliza mediante
un continuo de conductas que va desde un acer-
camiento inmediato al objeto a la evitación total,
pasando por respuestas intermedias propias del
conicto de aproximación-evitación (Goddard
& Beilharz, ; Mahut, ). Generalmente,
para la evaluación de la variabilidad individual,
a cada una de las respuestas del continuo se le
asigna un puntaje que luego es utilizado para
comparar a los individuos.
Particularmente, los estímulos súbitos
pueden dar lugar a la respuesta de sobresalto.
Para una correcta operacionalización de la mis-
ma pueden registrarse la distancia máxima de
alejamiento respecto del estímulo así como la
cercanía máxima (King et al., ). A su vez,
el registro de la distancia en el tiempo posterior
a la presentación del estímulo permite obtener
un indicador del conicto de aproximación-
evitación. El tiempo de latencia para acercarse al
objeto junto con indicadores posturales pueden
brindar una medida objetiva de la respuesta de
congelamiento (King et al., ). Por su parte,
Hydbring-Sandberg et al. () evaluaron la
respuesta de inmovilidad y la distancia de la pa-
red a la que caminaban, considerando que aque-
llos perros que caminaban más cerca de la pared
mostraban un mayor grado de miedo.
Otra manera de evaluar la respuesta de mie-
do es mediante el registro de las posturas cor-
porales, incluidas la posición de la cola y de las
orejas (alta, media, baja; Beerda et al., ; De
Meester et al., ; Goddard & Beilharz, ;
Haverbeke et al., ). Especícamente, Beer-
da et al. () registraron como indicadores de
estrés agudo sacudidas del cuerpo, agachadas,
conductas orales, bostezos, agitación y una pos-
tura corporal baja.
El patrón conductual varía de acuerdo a la
naturaleza del estímulo presentado (Beerda et al.,
). Frente a un humano que se acerca de ma-
nera amenazante se observaron conductas de re-
traimiento, evitación de la mirada y postura baja,
así como la búsqueda de contacto con el dueño
cuando este se hallaba presente (Horváth et al.,
; Vas et al., ). Ante estímulos sorpresi-
vos como un sonido intenso o la caída de una
bolsa se observó una postura corporal muy baja,
mientras que frente a estímulos atemorizantes
que pueden ser medianamente anticipados dada
la presencia de un humano (p. e., restricción fí-
sica, apertura de un paraguas) se observaron
agitación, postura baja, temblor del cuerpo, la-
meteos y en menor medida bostezos y apertura
de la boca (Beerda et al., ). En el caso de un
ambiente novedoso se registraron conductas de
locomoción, saltos, intentos de escape, vocaliza-
ciones y permanecer cerca de la puerta (Hennes-
sy et al., ).
Correlatos fisiológicos
Los indicadores más ables de la respuesta
de ansiedad o estrés frente a un estímulo amena-
zante son la activación del sistema simpático con
la consecuente aceleración del ritmo cardíaco y
el aumento en los niveles de cortisol producto de
la activación del eje hipotalámico-hiposiario-
adrenal (; e. g., Sapolsky, ).
En los perros domésticos, se observaron au-
mentos signicativos en los niveles de cortisol en
saliva luego de la presentación de un ruido inten-
so, la caída de una bolsa, un choque eléctrico y la
presentación de un auto a control remoto, mien-
tras que frente a la apertura de un paraguas o la
restricción física el aumento no fue signicativo
(Beerda et al., ; Haverbeke et al., ; King
et al., ). Sin embargo, el paraguas y el auto a
control remoto produjeron aumentos signicati-
vos en la tasa cardíaca (; King et al., ). La
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exposición a un estímulo condicionado de mie-
do produjo aumentos signicativos de la  y de
la temperatura corporal en comparación con un
grupo control (Ogata et al., ).
En relación con las respuestas siológicas
producidas por disparos, Hydbring-Sandberg
et al. () encontraron que sólo aquellos pe-
rros que mostraron más conductas de temor
tuvieron aumentos signicativos en la  y en
los niveles de hematocrito, cortisol, progestero-
na, vasopresina y endornas. Asimismo, aque-
llos perros que respondieron con conductas
de miedo o de manera ambivalente (i. e., entre
miedo y agresión) frente a un humano amena-
zante tuvieron aumentos signicativos en sus
niveles de cortisol en saliva (Horváth et al.,
). Estas evidencias sugieren que frente a
un mismo estímulo habría diferentes patrones
de respuesta con su respectivo correlato sio-
lógico. Algunos autores se reeren a estos pa-
trones como estilos de afrontamiento (copying
styles). Los individuos con estilo proactivo tien-
den a ser más rápidos para explorar, intentan
manipular las situaciones, forman rutinas y son
menos innovadores. En cambio, los individuos
reactivos son más cautos, más lentos para to-
mar decisiones y se ajustan a las situaciones de
manera pasiva en vez de manipularlas. Estos
últimos muestran una mayor activación del eje
 (Koolhaas et al., ).
Evaluaciones de la Agresividad
La agresión fue denida como una conduc-
ta maniesta o el intento de un organismo de
lastimar o inigir una estimulación dolorosa ha-
cia otro organismo (Moyer, ). La agresión se
expresa generalmente en una contienda o con-
icto con otro animal, incluidos los humanos. Si
bien la conducta agresiva tiene una importante
función comunicativa para los perros, puede ser
muy peligrosa para la interacción con las per-
sonas. A pesar de que todos los perros pueden
exhibir conductas agresivas, la propensión a
hacerlo varía ampliamente dentro de la especie,
debido a factores genéticos como de aprendizaje
(Bollen & Horowitz, ).
Borchelt () clasicó a las respues-
tas agresivas en siete subtipos: provocada por
miedo, dominancia, castigo o dolor, de tipo
posesiva, protectiva, predatoria y agresión in-
traespecíca. A su vez, las describió en función
de los estímulos que las provocan, el contexto y
las respuestas emitidas.
Uno de los trabajos más importantes res-
pecto de la evaluación de la agresividad es el de
Netto y Planta (). Estos autores desarrolla-
ron una batería con  pruebas con la que eva-
luaron a una amplia muestra de perros. El orden
en que se administraron fue siempre el mismo,
dejando para el nal aquellos estímulos capaces
de provocar mayores niveles de agresión. De esta
manera es posible determinar cuál es el umbral
en que cada animal maniesta conductas agre-
sivas. Veintiuna de estas pruebas fueron utiliza-
das posteriormente por van der Berg, Schilder y
Knol () para evaluar la agresión en Golden
Retrievers. A continuación se describen los es-
tímulos utilizados por Netto y Planta () en
función del tipo de agresión evaluada.
Estímulos utilizados
Provocada por miedo. Los estímulos utili-
zados involucraron abrir un paraguas o arrastrar
una gran bolsa rellena frente al perro. El acer-
camiento, primero lento y luego rápido, de tres
personas que lo rodean y nalmente lo asustan
con una escoba, de una mujer disfrazada que
sostiene una varilla en la mano y de una muñe-
ca del tamaño de un niño. Aplausos y gritos del
experimentador junto al sujeto así como tocarlo
con la muñeca. Esta última también fue utiliza-
da para la evaluación de la agresión por Kroll,
Houpt y Erb (). Finalmente, en este aparta-
do puede incluirse el acercamiento amenazante
por parte de un humano desconocido (Horváth
et al., ; Vas et al., ).
Provocada por dominancia. Según Bor-
chelt (), este tipo de agresión es comúnmente
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dirigida hacia miembros de la familia. Para eva-
luarla, el experimentador mira de manera ja al
animal, luego lo hace el dueño tomando su hoci-
co con las dos manos y nalmente lo retiene en
posición supina.
Producida por castigo o dolor. El dueño
pellizca al perro.
De tipo posesiva. Este subtipo se expre-
sa cuando el perro está en posesión de algún
objeto y alguien se acerca o intenta llevárselo
(Borchelt, ). Puede observarse cuando se le
quita su comida favorita con una mano arti-
cial mientras está comiendo (Kroll et al., ),
cuando el dueño acaricia a un perro-estímulo
frente a la vista de su mascota sin prestarle aten-
ción a esta o cuando se le da de comer cerca de
un perro dominante.
De tipo protectiva. Según Borchelt ()
se expresa en el contexto de proteger la casa, te-
rritorio o al dueño y ha sido evaluada mediante
los siguientes estímulos: el experimentador se
acerca al dueño y le da la mano hablándole con
voz fuerte y amenazante, luego le grita y lo em-
puja. Kim et al. () evaluaron la defensa del
territorio mediante la confrontación con un hu-
mano y un perro desconocidos que se detienen
frente al canil del perro evaluado.
De tipo predatoria. Comúnmente es di-
rigida hacia un amplio rango de estímulos en
movimiento como pájaros, gatos, personas co-
rriendo o andando en bicicleta, autos, etc. Sin
embargo, en la literatura no se encuentran datos
de que haya sido evaluada mediante el uso de
estímulos.
Intraespecíca. El perro es confrontado
con hembras no dominantes (junto al dueño
camina dos veces cerca de las perras) y con un
macho dominante en ausencia del dueño. Due-
ño y mascota son acorralados por tres perros
ladrando y una persona con un perro descono-
cido se les acerca y se detiene cerca. Este tipo de
agresión incluye componentes de dominancia,
sin embargo, en este caso es dirigida hacia un
conespecíco en lugar de hacia el dueño u otro
miembro de la familia (Borchelt, ).
En relación con este tipo de agresión,
Goodwin, Bradshaw y Wickens () observa-
ron las interacciones agonísticas producidas por
grupos de perros interactuando solos y luego de
la aparición del dueño, una persona extraña, co-
mida, juguetes, refugio, perros familiares y des-
conocidos. La introducción de estos estímulos
permite evaluar la agresión intraespecíca pero
vinculada a la competencia por recursos.
Respuestas evaluadas
Las respuestas de agresión pueden variar
entre leves y severas (Bollen & Horowitz, ),
por lo que para su evaluación se utilizan escalas
de intensidad.
En la escala utilizada por Netto y Planta
(), el primer nivel estaba compuesto por au-
sencia de respuestas agresivas, el segundo con-
sistía en gruñir y/o ladrar, el tercero, en mostrar
los dientes, el cuarto incluía la presencia de ta-
rascón acercándose de manera incompleta o sin
ningún acercamiento al estímulo y, por último,
morder y/o atacar con intención de morder jun-
to con acercamiento a gran velocidad. El patrón
de agresión puede incluir, también, la presen-
cia de la cabeza erguida y las orejas hacia atrás
(Kim et al., ), la mirada ja en el estímulo,
piloerección y rigidez (van der Berg et al., ).
Por su parte, Kroll et al. () diferencia-
ron entre agresión por miedo y ofensiva. Mien-
tras que la primera se caracteriza por signos de
agresión en presencia de respuestas de miedo o
intentos de escape, la segunda se dene por una
orientación del cuerpo hacia adelante y ausencia
de retraimiento.
Goodwin et al. () describieron las seña-
les que los perros típicamente maniestan frente
a sus conespecícos durante las interacciones
agonísticas, las mismas son: gruñir, desplazar
a otro perro de la cercanía a un recurso, que-
darse cerca del oponente, sostener su cabeza o
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AD RI AN A JAK OV CE VI C & M AR IA NA BE NT OS EL A
apoyar sus patas delanteras en el lomo del otro y
levantarse por sobre este (stand-over), agarrar el
cuello del oponente con la boca pero sin morder,
pararse de manera erecta, mostrar los dientes
y mirarlo a los ojos de manera ja. Estas con-
ductas reejan un patrón de dominancia y son
complementadas por un patrón de sumisión con
el que el oponente puede responder para evitar
la agresión directa. Según Borchelt (), el pa-
trón de dominancia es el que se expresa frente a
los humanos.
Por último, se encontraron variaciones en
estos patrones conductuales entre las diferentes
razas en función de su similitud fenotípica con el
lobo, de manera que aquellas razas más pareci-
das al lobo desplegaron más señales agonísticas
que las menos parecidas. Esto sugiere la inuen-
cia de factores genéticos respecto de la agresión
(Goodwin et al., ).
Correlatos fisiológicos
En la confrontación con un humano ame-
nazante, aquellos perros que reaccionaron
agresivamente no tuvieron aumentos signica-
tivos del cortisol respecto de su línea de base, lo
que indica que la agresión sería una estrategia
de afrontamiento efectiva frente a la amenaza
(Horváth et al., ).
Kim et al. () hallaron que hembras
castradas mostraron niveles de agresión signi-
cativamente mayores que aquellas que no lo
estaban. Borchelt () encontró resultados si-
milares mediante el uso de encuestas, aunque en
el caso de los machos la relación se invierte. Esto
sugeriría que el cambio hormonal producto de la
castración puede inuir en la conducta agresiva.
Evaluaciones de la Sociabilidad
La sociabilidad es denida como la tenden-
cia a comportarse de manera amistosa con los
extraños (Svartberg, ). Si bien en la litera-
tura la mayoría de los estudios se centran en la
sociabilidad hacia los humanos también pueden
estudiarse las reacciones frente a conespecícos
desconocidos. Sin embargo, no se hallaron tra-
bajos con pruebas desarrolladas para medir este
último tipo. A continuación se describen los es-
tímulos empleados para la evaluación de la so-
ciabilidad interespecíca.
Estímulos utilizados
La manera en que comúnmente se estudia
este tipo de sociabilidad es a través de la inte-
racción entre un perro y un humano desconoci-
do. Para dicho encuentro se utilizaron diversos
procedimientos. Entre ellos, un humano des-
conocido permanece indiferente al perro en un
ambiente novedoso (Hennessy, Morris & Lin-
den, ) o bien ingresa al lugar, se detiene en
el centro del mismo por dos minutos y luego
camina hacia la puerta y alrededor de la habita-
ción (Hennessy et al., ). En el procedimien-
to llevado a cabo por De Palma et al. () un
humano se aleja del perro dentro y fuera de su
campo visual, luego se agacha sin llamarlo y a
continuación lo llama y empieza a jugar con él,
súbitamente deja de jugar, intenta abrazarlo y -
nalmente le ordena que se siente. Por su parte,
Vas et al. () estudiaron las reacciones frente
a un extraño que se acerca de manera amigable
(camina hacia el perro haciendo contacto visual
y hablándole amistosamente).
Un protocolo que involucra el encuentro
entre un perro y un humano desconocido es el
Test de la Situación Extraña de Ainsworth. El
mismo fue originalmente desarrollado para eva-
luar el vínculo de apego entre las madres y los
niños humanos (Ainsworth, ) y posterior-
mente fue adaptado para estudiar el apego entre
las mascotas y sus dueños (Topál, Miklósi, Csányi
& Dóka, ). Está conformado por siete episo-
dios de dos minutos de duración cada uno, en los
que se alterna entre la presencia del dueño y un
extraño junto al perro en un ambiente novedoso.
En cada episodio, el humano presente primero
permanece pasivo para luego interactuar con el
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TE MP ER AM ENT O EN P ERR OS : EVA LU AC IÓ N CON DU CT UA L
animal mediante juegos o caricias. Por estas ca-
racterísticas, resulta un protocolo indicado para
la evaluación de la sociabilidad interespecíca.
Respuestas evaluadas
Uno de los indicadores más representativos
de la sociabilidad es la búsqueda de contacto
o interacción con el humano. Dicho indicador
puede ser operacionalizado a través de la laten-
cia en acercarse al extraño y la cantidad de tiem-
po que pasa en contacto físico o en el espacio
próximo a este (Hennessy et al., ; Hennessy
et al., ; Topál et al., ). Cuando el hu-
mano está en movimiento pueden evaluarse las
respuestas de seguimiento y mantenimiento de
la cercanía (De Palma et al., ; Hennessy et
al., ).
Otro conjunto de respuestas comúnmente
observadas está conformado por el número de
veces que el perro salta sobre el extraño o que
lame a la persona y las vocalizaciones (Hen-
nessy et al., ). A su vez, jugar con el obser-
vador cuando este lo invita e incitarlo a seguir
jugando cuando súbitamente deja de hacerlo,
dejarse abrazar y responder al comando “senta-
do” fueron considerados como indicadores de
dependencia del humano, mientras que los pa-
trones de respuesta opuestos como indicadores
de independencia (De Palma et al., ). En
el procedimiento de Vas et al. (), cuando
el humano llega al lado del perro, lo acaricia y
retira su mano, los autores registraron como in-
dicador de sociabilidad que el sujeto se acercara
al extraño moviendo la cola.
En el test de Ainsworth, además de evaluar
algunas de las repuestas antes descritas, realizan
una escala para medir el tipo de búsqueda de
contacto manifestado hacia la persona entrante
(dueño-extraño). Esta involucra el acercamien-
to con contacto físico, el inicio de acercamiento
sin llegar a la persona y la presencia de signos
de evitación.
Por otra parte, las vocalizaciones suelen
ser una respuesta altamente relacionada con el
contacto social y particularmente emitidas en
situaciones de separación o aislamiento. Hetts,
Clark, Calpin, Arnold y Mateo () compara-
ron las conductas de perros en diferentes grados
de aislamiento, y aquellos que más vocalizaron
fueron los que se hallaban en total soledad, es
decir, sin contacto visual, auditivo ni táctil con
otros perros. Palestrini, Prato-Previde, Spiezio y
Verga () observaron un incremento de esta
respuesta en el episodio del test de Ainsworth
en el que el perro se queda solo. Por su parte,
Tuber, Hennessy, Sanders y Miller () encon-
traron ausencia de vocalizaciones cuando el su-
jeto permanecía junto a un humano en un lugar
novedoso a diferencia de cuando se quedaba sin
compañía en un lugar familiar. En este sentido
Pettijohn, Wong, Ebert y Scott (), hallaron
que la presencia de una persona comparada con
la de otros perros, juguetes o comida, era el es-
tímulo que más disminuía las vocalizaciones de
cachorros separados de la madre y las crías.
Finalmente, la dimensión de la sociabilidad
presenta algunas controversias, si se la conside-
ra como un continuo; en un extremo estaría la
tendencia al acercamiento y en el otro, la apatía
o falta de interés. Sin embargo, el polo negativo
suele observarse junto con respuestas de miedo
o evitación ante el humano, lo cual lo vuelve di-
fícil de diferenciar de la temerosidad.
Correlatos fisiológicos
El principal antecedente respecto de los
correlatos siológicos de la sociabilidad es el
trabajo de Odendaal y Meintjes (), quienes
hallaron que luego de una interacción positiva
entre un perro y un humano los niveles de beta-
endorna, oxitocina, prolactina, beta-feniletila-
mina y dopamina (hormonas relacionadas con
el placer y el apego) aumentaron en ambos.
Otro conjunto de trabajos estudió cómo
la sociabilidad interespecíca afecta la respues-
ta de estrés. En este sentido, Tuber et al. ()
observaron que, cuando los perros permane-
cían en un lugar novedoso acompañados por
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un humano, sus niveles de cortisol eran meno-
res que si se encontraban solos o acompañados
por otro perro. En el episodio del test de Ain-
sworth en que el sujeto permanece solo, la 
fue signicativamente mayor que durante la
línea de base. Sin embargo, en dicho episodio
fue menor que la observada en el resto, ya que
estuvo asociada a un descenso en los niveles de
actividad (Palestrini et al., ). A diferencia de
esto, Maros, Dóka y Miklósi () no obser-
varon aumentos en la  durante la separación
del dueño, pero sí cuando era acariciado por un
extraño. La ausencia de aumento de la  du-
rante la separación pudo deberse a que el perro
no permanecía completamente solo, sino en pre-
sencia del experimentador. Estos datos sugieren
que permanecer sin contacto con los humanos
puede ser estresante para los perros domésticos,
mientras que permanecer acompañados por una
persona reduciría el estrés frente a la novedad.
Evaluaciones
de la Tendencia al Juego
El juego social está compuesto por patro-
nes de acción que son usados en otros contextos,
como la predación, la lucha y el apareamiento
(Rooney, Bradshaw & Robinson, ). La ten-
dencia al juego puede denirse como la propen-
sión a involucrarse en juegos con un humano u
otro perro. Existen algunas evidencias de que
este puede ser considerado como un rasgo in-
dependiente del temperamento (Svartberg
& Forkman, ). No obstante, es una de las
características que componen el rasgo disposi-
ción al entrenamiento (Jones & Gosling, ;
Svartberg, ), denido como la capacidad
del animal para aprender y su motivación para
responder ante diferentes refuerzos (Jakovcevic
& Bentosela, en prensa). Aunque los estímulos
que se describen a continuación no fueron di-
señados con el objetivo de medir la tendencia al
juego como rasgo del temperamento, cuentan
con un gran potencial para ser estandarizados.
Estímulos utilizados
Las situaciones más empleadas consisten en
una sesión de juego entre el perro y un humano
(Horváth, Dóka & Miklósi, ; Rooney et al.,
; Tóth, Gácsi, Topál & Miklósi, ) o en-
tre dos perros (Rooney, Bradshaw & Robinson,
). Los tipos de juego pueden ser el tironeo
de un trapo, cuerda o juguete (ragger) o la de-
volución de una pelota que es arrojada por una
persona. En el caso de los juegos interespecí-
cos con juguetes, las acciones de la persona son
pautadas previamente, como dejar que el perro
se lleve el objeto al menos una vez, arrojarlo o
no y tirar del mismo por un mínimo de tiempo
(Horváth et al., ; Rooney et al., ). Otros
estímulos a tener en cuenta son los movimientos
especícos realizados por el humano que imitan
las respuestas de juego de los perros, estos son:
arrodillarse con las manos apoyadas en el piso,
tirando el cuerpo hacia atrás (play bow) y realizar
movimientos súbitos hacia el perro (lunge). Estos
movimientos producen aumentos en las respues-
tas de juego de los perros (Rooney et al., ).
Respuestas evaluadas
En el caso de los juegos con juguetes, se
evaluó la frecuencia de comportamientos diri-
gidos hacia el objeto, como mirarlo, agarrarlo,
tirar para quedárselo, agitarlo, morderlo, sos-
tenerlo y mostrárselo al oponente. La voluntad
para devolver el objeto (cantidad de veces que
se lo lleva al humano) y su posesión (facilidad
para quitarle el objeto de la boca) fueron toma-
dos como indicadores del estilo de juego (Tóth
et al., ).
En el caso de los juegos sin juguetes, se han
evaluado la frecuencia de señales de juego o play
bows (i. e., el perro mantiene las cuatro patas
apoyadas en el piso mientras baja la cabeza hasta
el mismo y levanta la parte trasera del cuerpo),
secuencias de acercamiento o evitación exage-
rados, saltos, ladridos, frecuencia de contactos
con el compañero y la cantidad de veces que lo
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TE MP ER AM ENT O EN P ERR OS : EVA LU AC IÓ N CON DU CT UA L
lame (Rooney et al., ). Rooney et al. ()
observaron que la estructura de las respuestas de
juego es diferente si el compañero es otro perro
o un humano.
Por su parte, Tóth et al. (), mediante
el uso de análisis factorial y de clusters, hallaron
cuatro estilos de juego diferentes: (a) reactivo,
involucra motivación por los juegos de tironeo y
pelota y un nivel moderado de miedo-evitación;
(b) preferencia por el juego con pelota, alta mo-
tivación por este tipo de juego y bajos puntajes
en motivación para el tironeo y miedo-evitación;
(c) evitación pasiva, poco miedo y baja motiva-
ción por ambos tipos de juego y (d) temeroso,
alto miedo e interés medio en los dos tipos de
juego. La mayoría de los machos mostró un es-
tilo reactivo.
Finalmente, el estilo de juego de cada pe-
rro puede ser utilizado para identicar cuál es el
reforzador (juego de tironeo, de pelota o comi-
da) que más conviene emplear al momento del
entrenamiento.
Correlatos fisiológicos
Solamente un estudio encontró diferencias
en los niveles de cortisol luego de una sesión de
juego con un humano. Los niveles de cortisol
post juego variaron en función de la ocupación
del perro (policía-guardia), mientras que los ni-
veles de los perros de guardia disminuyeron, los
de los policía aumentaron (Horváth et al., ).
Los autores sugieren que dichos cambios se de-
ben a los diferentes tipos de interacción por par-
te del compañero humano. Los hombres policía
utilizaron más órdenes verbales y menos caricias
que los guardias. Esto sugeriría que cuando la
interacción es placentera los niveles de cortisol
tienden a disminuir, sin embargo, otros factores
también pueden haber afectado dicho resultado.
Aspectos Metodológicos
Las evaluaciones conductuales como ele-
mentos de medición deben cumplir con cri-
terios metodológicos especícos para que las
conclusiones que se extraen a partir de sus resul-
tados sean válidas. Los criterios más importan-
tes son la conabilidad y la validez (Diederich &
Giroy, ; Taylor & Mills, ).
Una de las maneras de evaluar la conabili-
dad de una medición es la evaluación test-retest.
En este aspecto, solamente  de los  trabajos
revisados volvieron a realizar la misma evalua-
ción luego de un intervalo de tiempo. Los ras-
gos reevaluados fueron temerosidad (Goddard
& Beilharz, ; Haverbeke et al., ; King
et al., ), agresión (Kim et al., ; Netto &
Planta, ) y sociabilidad (Vas, Topál, Gyori &
Miklósi, ).
En lo que respecta a la validez, varios tra-
bajos utilizaron procedimientos de reducción
de datos como el análisis factorial o el análisis
de componentes principales. De esta manera, se
puso a prueba la validez de contenido en cuatro
de los ocho trabajos que evaluaron temerosi-
dad (Goddard & Beilharz, ; Hennessy et al.,
; Horváth et al., ; King et al., ), tres
de los cinco sobre sociabilidad (De Palma et al.,
; Hennessy et al., ; Topál et al., ),
dos de los seis acerca de agresividad (De Mees-
ter et al., ; Netto & Planta, ), mientras
que sólo uno de cuatro sobre tendencia al juego
(Tóth et al., ).
Por último, excepto para las evaluaciones
de juego, el resto de los trabajos revisados uti-
lizaron algún criterio para validar sus medidas
conductuales, ya sea parámetros siológicos
(Beerda et al., ; Ley, Coleman, Holmes &
Hemsworth, ), cuestionarios sobre el com-
portamiento en la vida diaria (De Meester et al.,
; Tóth et al., ; Vas et al., ), historias
previas de agresión (Netto & Planta, ; van
der Berg et al., ) o diagnósticos veterinarios
(Kroll et al., ).
A diferencia de las baterías que evalúan
varios rasgos a la vez, analizadas en un trabajo
previo (ver Jakovcevic & Bentosela, en prensa),
las de rasgos aislados son más sencillas de rea-
lizar, más breves y cuentan con descripciones
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AD RI AN A JAK OV CE VI C & M AR IA NA BE NT OS EL A
detalladas de las conductas a medir, lo que fa-
cilita su aplicación. Asimismo, estas últimas se
destacan por haber validado sus medidas con
criterios externos en la mayoría de los casos. Sin
embargo, al igual que en las primeras, solamente
la mitad de las evaluaciones conductuales aquí
revisadas realizaron conabilidad entre obser-
vadores, el cual es requisito previo para la reali-
zación de cualquier análisis más complejo.
Conclusiones
En el desarrollo de este trabajo se revisa-
ron aquellos que utilizaron evaluaciones con-
ductuales para el estudio de rasgos aislados del
temperamento, y se detallaron los estímulos
empleados así como las respuestas evaluadas y
sus correlatos siológicos. La sistematización de
muchas de estas evaluaciones puede permitir su
uso para el estudio de las diferencias individua-
les en el temperamento del perro.
La revisión de esta literatura permite ex-
traer algunas conclusiones. En primer lugar, en
relación con las evaluaciones del temperamento
en su conjunto o baterías (véase Jakovcevic &
Bentosela, en prensa) se observa que, en general,
las evaluaciones de rasgos aislados son metodo-
lógicamente más rigurosas que las primeras. Las
conductas son operacionalizadas de manera más
objetiva y se realizan mediciones directas de las
mismas. Incluso, se destaca la gran cantidad de
estudios que validan sus medidas con criterios
siológicos o con registros del comportamien-
to en la vida diaria del animal. Si bien es difícil
decidir por el uso de una metodología en detri-
mento de la otra, en función del estado actual
del conocimiento en el área de las diferencias in-
dividuales en los perros, parecería más factible
la aplicación de evaluaciones de rasgos aislados,
siempre teniendo en cuenta la desventaja de que
otorgan una información más restringida.
Los rasgos más estudiados de manera ais-
lada fueron la temerosidad, la agresividad, la so-
ciabilidad y, en menor medida, la tendencia al
juego. Mientras que en la mayoría de las baterías
se incluye la evaluación del rasgo disposición
al entrenamiento, no se encontraron trabajos
que lo estudien aisladamente. A diferencia de
ello, con relación a la tendencia al juego, exis-
ten varios estudios que desarrollaron pruebas
para medir las respuestas de juego en los perros.
Si estas últimas fueran sometidas a análisis de
conabilidad y validez adecuados, podrían ser
estandarizadas como instrumentos para la eva-
luación del rasgo.
Según Svartberg (), solamente la te-
merosidad y la agresividad cuentan con apoyo
empírico suciente para ser considerados como
rasgos del temperamento. Los datos revisados en
este trabajo apoyarían esta idea, ya que la mayo-
ría de los trabajos se centraron en dichos rasgos
y a la vez son los que reunieron más requisitos
metodológicos. No obstante, se encontraron
numerosos estudios acerca de la sociabilidad
interespecíca.
Con respecto a los correlatos siológicos,
varios de los estímulos de miedo reseñados pro-
dujeron aumentos signicativos en los niveles de
cortisol y tasa cardíaca, indicando que la teme-
rosidad está relacionada con la activación del eje
 y del sistema nervioso autónomo. Sin em-
bargo, para el resto de los rasgos las evidencias
aún no son concluyentes. La agresividad estaría
vinculada, al menos en parte, con los niveles de
las hormonas sexuales, mientras que la sociabili-
dad con las hormonas relacionadas con el placer
y el apego, no obstante, se necesitan más estu-
dios para determinar sus bases biológicas. Por
último, la agresión, el contacto con humanos y
el juego parecerían tener efectos reductores so-
bre el estrés.
Una de las particularidades en la evalua-
ción del temperamento en los perros es que un
mismo estímulo es utilizado para la medición de
diferentes rasgos. Por ejemplo, el acercamiento
de un humano desconocido o un perro desco-
nocido fueron empleados para la evaluación
de la temerosidad, la agresividad y la sociabili-
dad. En cada caso se manipulan las acciones de
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TE MP ER AM ENT O EN P ERR OS : EVA LU AC IÓ N CON DU CT UA L
la persona, estas varían de amenazantes para
el estudio de la temerosidad o la agresividad, a
amistosas, en el caso de la sociabilidad. La clave
para diferenciar el rasgo en cuestión es la pre-
sencia de los signos conductuales y posturales de
miedo o agresión, mientras que en el caso de la
sociabilidad, el polo negativo debería caracteri-
zarse por escasas respuestas de acercamiento y
búsqueda de contacto con el humano en ausen-
cia de respuestas de miedo o agresión.
La destacada presencia del humano como es-
tímulo en la evaluación de los perros domésticos,
a diferencia de lo que sucede en la de otras espe-
cies, está relacionada con su estrecha conviven-
cia. Durante los miles de años compartidos junto
a los humanos, los perros han sido entrenados y
seleccionados para diferentes usos: caza, guardia,
compañía, pastoreo, asistencia médica, rescate de
personas, detección de drogas, etc. (Bentosela &
Mustaca, ). Algunos de los usos más recien-
tes involucran el servicio como perro guía para
personas ciegas, sordas, con problemas motrices,
y aquellos que alertan sobre un posible ataque
epiléptico de su dueño (seizure dogs) (Weiss &
Greenberg, ). Las evaluaciones conductuales
son de gran importancia para la selección de los
perros en las distintas y variadas funciones que
cumplen en la sociedad humana.
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Article
The study compared the performance of shelter dogs and family pets in a battery of behavioral temperament tests, in order to evaluate whether there is an association between the living conditions in shelters (social and spatial restriction) and alterations of behavior. Thirty half-breed house dogs were given a battery of four temperament tests: sociability and interspecific fear, trainability, interspecific aggression, and non-social fear. Results show that, compared to family pets, shelter dogs remained close to the experimenter for a longer period during the sociability test and their scores were significantly higher in the non-social fear test.
Article
Full-text available
Behavioral evaluations of 2017 shelter dogs were used for identifying dogs with aggressive tendencies and for predicting post-adoption behavior problems. Associations between failure of the behavioral evaluation and demographic factors (age, breed, and sex) and the dog's behavioral history, evaluated by logistic regression, were highly significant (P72 months). Dogs that failed the behavior evaluation were not placed for adoption; therefore it was not possible to study prospectively the capability of behavioral evaluation to predict future aggressiveness in these dogs. Instead we developed tests for classifying dogs as aggressive or not aggressive based on their demographic factors and behavior evaluation outcomes. The results were compared retrospectively to the dogs’ known behavioral histories, which were obtained at intake to the shelter. This allowed estimation of the sensitivity, specificity, and accuracy of the classification tests. The most significant postdictor (i.e., “retrospective predictor”) of aggressiveness was failure of the behavioral evaluation (odds ratio 11.83, P
Article
Full-text available
This study examined outcomes of an ongoing socialization program for shelter dogs conducted at a local prison. Dogs residing at a Humane Society facility were assigned to either a “Control” or “Socialization” treatment. Dogs assigned to both treatments were administered a pretest at the Humane Society consisting of blood withdrawal for hormone analysis, assessment of responses to commands, and observation of behavior in a novel situation. Dogs assigned to the Socialization treatment were then transported to the prison where they lived with, and were trained by, inmate handlers. Dogs in the Control treatment remained at the Humane Society and received no explicit training. Three weeks later, dogs were administered a posttest identical in form to the pretest. Dogs provided the Socialization, but not Control, treatment exhibited significant improvement from pretest to posttest in compliance with commands. In a novel situation, Socialization dogs showed significantly less jumping on an unfamiliar human and vocalizing, and significantly more yawning, in the posttest relative to the pretest than did Control dogs. Whereas plasma cortisol levels did not vary from pretest to posttest in either group, ACTH levels unexpectedly increased with time in both groups. Moreover, cortisol and ACTH levels were significantly positively correlated with each other at the posttest, but not the pretest. These results provide evidence for positive behavioral outcomes of prison socialization programs for shelter dogs, as well as further support for the notion that shelter housing results in a dysregulation of the hypothalamic–pituitary–adrenal axis.
Article
Full-text available
Dog aggression to humans is a serious problem and it appears that fear-induced aggression in dogs is often implicated. Furthermore, it has been suggested that novel and startling stimuli may trigger fear-induced aggression. The aim of the present study was to study some possible behavioural and physiological measures of fear in the dog Canis familiaris in tests involving novel and startling stimuli. Dogs (n=108) of various breeds, sex and experience were observed in four tests previously reported to induce fear-related responses in various animal species. A range of behavioural and physiological variables was recorded, such as latencies to approach the stimulus, time spent near stimulus and heart rate changes. Data were examined using correlation analysis and principal component analysis (PCA). Moderate to high correlations were found between some of the variables within and between the tests and a number of variables were identified in three components determined by the PCA. These three components accounted for 48% of the total variation and components 1 and 3 contained high loadings for the latency to approach and time spent near the stimulus in a novel object test and a startling test, respectively. Component 2 contained variables measuring latencies and entries to areas in a light/dark test and an elevated plus maze test. It is suggested that component 1 may be a measure of a response to novelty and component 3 may be a measure of a response to startling stimuli, while component 2 may be a measure of exploration. Components 1 and 3 may thus be appropriate measures of different aspects of fear. The suitability of each test and its limitations in measuring fear of novel and startling stimuli in the dog are discussed.
Article
This book provides an up-to-date description of the behavioural biology of dogs. It is written for students of animal behaviour or veterinary medicine at advanced levels and dog owners. This book is divided into 4 parts and 14 chapters. The first part (chapters 1-3) focuses on the evolution and development of the dog. The second part (chapters 4-8) deals with the basic aspects of animal behaviour with particular emphasis on dogs. The third part (chapters 9-12) places the modern dog in its present ecological framework in the niche of human coexistence. A broad overview of the behavioural aspects of living close to humans is given. The fourth part (chapters 13 and 14) focuses on behavioural problems, their prevention and cure.
Article
Play signals are known to function in the solicitation and maintenance of intraspecific play, but their role in interspecific play is relatively unstudied. We carried out two studies to examine interspecific signalling when humans play with domestic dogs, Canis familiaris. In the first, we recorded dog–owner play sessions on video to identify actions used by 21 dog owners to initiate play with their dogs. Thirty-five actions were each used by three or more owners. These included postures, vocalizations and physical contact with the dog. The actions varied greatly in their apparent success at instigating play which was, surprisingly, unrelated to the frequency with which they were used. We then did an experiment to determine the effect of composites of commonly used signals upon the behaviour of 20 Labrador retrievers. The performance of both ‘Bow’ and ‘Lunge’ by a human altered the subsequent behaviour of the dogs. Both signals caused increases in play, and Lunge produced significant increases in play bout frequency and mean bout duration. The efficiency of both these postural signals was enhanced when they were accompanied by play vocalizations. Thus, specific actions used by humans do communicate a playful context to dogs and can be described as interspecific play signals.
Article
Temperament tests have been created by a range of organizations and individuals in order to assess useful, predictable behavioral tendencies in working dogs and, increasingly, in companion dogs. For the latter group, such tests may help to select suitable pets from rescue centers or to identify those already in the population that are, or are likely to be, unsuitable as pets (e.g., those with behavior problems involving aggression). Unfortunately, many of these tests seem to have been developed without a systematic scientific approach. Perhaps as a result there are few reports of these tests in the scientific literature and even fewer that fully report their reliability and specific aspects of validity. This pattern is unfortunate, because the outcome of tests for companion dogs may have the potential to affect their welfare and survival. This paper attempts to encourage a more scientific approach to the development, conduct, and evaluation of temperament tests for adult companion dogs. Five key measures of the quality of a temperament test (purpose, standardization, reliability, validity, and practicality) are identified and explained in detail. Methods for the assessment of these qualities are given together with discussion of their limitations.
Article
In the popular literature, it is often assumed that a single conceptual framework can be applied to both dog–dog and dog–human interactions, including play. We have, through three studies, tested the hypothesis that dog–dog and dog–human play are motivationally distinct. In an observational study of dogs being walked by their owners (N=402), dogs which were walked together, and had opportunities to play with one another, played with their owners with the same frequency as dogs being walked alone. This finding was supported by a questionnaire survey of 2585 dog owners in which dogs in multi-dog households played slightly more often with their owners than dogs in single-dog households. The performance of dog–dog play does not, therefore, seem to suppress the dogs' motivation to play with their owners as would be predicted if they were motivationally interchangeable. In an experimental comparison of dog–dog and dog–human toy-centred play, the dogs were more likely to give up on a competition, to show and present the toy to their play partner, if that partner was human. When two toys were available, dogs playing with other dogs spent less time showing interest in both toys and possessed one of the toys for longer, than dogs playing with people. Overall, the dogs were more interactive and less likely to possess the object when playing with a person. We conclude that dog–dog and dog–human play are structurally different, supporting the idea that they are motivationally distinct. We therefore suggest there is no reason to assume that the consequences of dog–dog play can be extrapolated to play with humans.
Article
Attempts have been made in many studies to measure canine behavioral traits, but the results cannot be compared, because no standardized methods exist. The purpose of this study was to standardize the fear-eliciting stimuli (i.e., a conditioned stimulus) to assess a particular behavioral trait, namely fearfulness. We applied a Pavlovian aversive conditioning protocol and measured autonomic parameters, in addition to making behavioral observations. Fear-related autonomic responses, such as increased heart rate and increased body temperature, rose consistently in response to a conditioned stimulus, but behavioral changes did not consistently correlate with the physiological responses. Our findings show that dogs clearly respond to conditioned stimuli and that their autonomic reactions assessed in objective indices can be more reliable and consistent measures than some behavioral measures. Based on these results, we propose that associative learning between fear-inducing conditioned and unconditioned stimuli can be assessed accurately in dogs.
Article
The purpose of this study was to test the existence of a “fearfulness” trait in horses, by testing the stability across situations and over time of the responses to different fear-eliciting situations. It was also to identify which behavioural parameters are the best indicators of this trait. Sixty-six Welsh ponies and 44 Anglo-Arab horses were successively tested at 8 months and 1.5 years of age. Of these, 33 Welsh ponies and 21 Anglo-Arabs were also tested at 2.5 years of age. At each age, they were subjected to four test situations. The first test involved the introduction of a novel object in the test pen (novel object test). In the second test, a novel area was placed in the pen between the horse and a bucket of food, to determine the time the horse took to cross the area (novel area test). Finally, the third test consisted in suddenly opening an umbrella in front of the horse while it was eating (surprise test). During these tests, many behavioural parameters were recorded. A fourth test consisted of a surprise test during which the horse was held by a handler while its heart rate was measured. Spearman correlations were used to identify links between behavioural parameters measured during different tests and between different ages.
Article
Dog attacks on humans are a community issue and, while defensive and offensive aggression are implicated, little is known about the motivational basis of these attacks. Defensive aggression arising from fear may be implicated in some attacks and thus research on measuring fear in dogs is clearly required. The aim of the present study was to examine the validity of several measures of fear of novel and startling stimuli previously identified in the authors’ laboratory. Anxiolytic drugs have been shown to reduce fear behaviour in rats in novel situations and thus an anxiolytic drug, clomipramine, was used in the present study to examine the validity of these previously identified measures of fear. Twenty-four dogs of varying breed, age and sex were used in a cross-over design, involving a placebo treatment and a clomipramine treatment. It was found that when the dogs were medicated with clomipramine for 6 weeks they were quicker to approach and spent more time near the stimulus (P