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Riesgos y peligros de montaña

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  • FIEBIGER CONSULTING

Abstract

Algunos métodos para evaluar, reducir y prevenir los riesgos en las regiones de montaña. E n las montañas, las vidas huma-nas, los bienes inmuebles, las infraestructuras y los ecosistemas se ven repetidamente amenazados por varios riesgos y procesos peligrosos. Hay en la montaña peligros naturales de gran magnitud como terremotos, sequías, erupciones de volcanes y huracanes, junto a otros originados por movimien-tos en masa pero en menor escala de agua, nieve, hielo, tierra y rocas. Procesos naturales peligrosos son aludes, arras-tres de rocalla, inundaciones, corrimientos de tierras, desprendimien-tos de rocas, y otros movimientos catas-tróficos de tierra y piedras. En regiones montañosas, estos fenómenos producen fácilmente muertes, daños, destrucción de bienes y perjuicios ecológicos. Los hombres buscan la seguridad, tra-tando de eludir los riesgos o al menos de reducirlos y controlarlos, mediante plani-ficación sistemática y mediante medidas intuitivas. En este artículo se presentan algunos métodos para evaluar los peli-gros y calcular y reducir los riesgos, y se describen varios tipos de medidas preven-tivas. Se insiste en la importancia de la planificación para el uso de los bosques y las tierras en las regiones montañosas. Se aboga por tener en cuenta las medidas tradicionales de los pueblos de montaña para adaptarse al riesgo. Las condiciones socioeconómicas de los pueblos de mon-taña desempeñan un papel importante en su vulnerabilidad al riesgo y en su capa-cidad para prevenir y mitigar las catástro-fes. El artículo concluye reclamando métodos integrados, intersectoriales y participativos para reducir los riesgos.
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Riesgos y peligros de montaña
P.C. Zingari y G. Fiebiger
Algunos métodos par a evaluar, reducir y prevenir los riesgos en la s regiones de montaña.
En las montañas, las vidas huma-
nas, los bienes inmuebles, las
infraestructuras y los ecosistemas
se ven repetidamente amenazados por
varios riesgos y procesos peligrosos. Hay
en la montaña peligros naturales de gran
magnitud como terremotos, sequías,
erupciones de volcanes y huracanes,
junto a otros originados por movimien-
tos en masa pero en menor escala de agua,
nieve, hielo, tierra y rocas. Procesos
naturales peligrosos son aludes, arras-
tres de rocalla, inundaciones,
corrimientos de tierras, desprendimien-
tos de rocas, y otros movimientos catas-
tróficos de tierra y piedras. En regiones
montañosas, estos fenómenos producen
fácilmente muertes, daños, destrucción
de bienes y perjuicios ecológicos.
Los hombres buscan la seguridad, tra-
tando de eludir los riesgos o al menos de
reducirlos y controlarlos, mediante plani-
ficación sistemática y mediante medidas
intuitivas. En este artículo se presentan
algunos métodos para evaluar los peli-
gros y calcular y reducir los riesgos, y se
describen varios tipos de medidas preven-
tivas. Se insiste en la importancia de la
planificación para el uso de los bosques y
las tierras en las regiones montañosas. Se
aboga por tener en cuenta las medidas
tradicionales de los pueblos de montaña
para adaptarse al riesgo. Las condiciones
socioeconómicas de los pueblos de mon-
taña desempeñan un papel importante en
su vulnerabilidad al riesgo y en su capa-
cidad para prevenir y mitigar las catástro-
fes. El artículo concluye reclamando
métodos integrados, intersectoriales y
participativos para reducir los riesgos.
EVALUACIÓN PREVIA DE
PROCESOS PELIGROSOS
Para evaluar, mitigar y prevenir proce-
sos peligrosos, hay que referirse a una
zona definida y a un marco temporal. La
zona en cuestión es aquella en que se
inicia el proceso, donde sigue su curso y
la zona en donde se producen los efec-
tos. La evaluación del peligro y la adop-
ción de medidas preventivas deben em-
pezar siempre con el reconocimiento de
toda la zona.
La importancia de un proceso peligro-
so se describe mediante parámetros físi-
cos como intensidad, magnitud, duración,
energía, presión, altura, volumen e im-
pacto.
El peligro aumenta con la frecuencia
del proceso peligroso durante un perío-
do determinado. Cada evaluación de
peligro, por consiguiente, requiere la
investigación de la probabilidad de apa-
rición y frecuencia del proceso peligros.
Por la sucesión y la duración de los
procesos peligrosos, suele distinguirse
entre hechos continuos y episódicos;
estos últimos pueden subdividirse en sin-
gulares o repetitivos, y en periódicos o
esporádicos:
Procesos continuos son los proce-
sos geomorfológicos en las monta-
ñas, como el lento deslizamiento de
material rocoso y suelto.
•Un proceso singular es generalmen-
te un gran acontecimiento en un pe-
Pier Carlo Zingari es
Director del Observatorio
Europeo de Bosques de
Montaña, Saint-Jean-
d’Arvey, Francia.
Gernot Fiebiger es Director
de Prevención Avalanchas,
Torrentes y Erosión en el
Servicio Técnico Forestal de
Austria, Salzburgo, Austria.
Los peligros de la montaña amenazan
a personas y bienes: víctimas de un
corrimiento de tierras en la zona de
Garm, Tayikistán, en 1998
FAO/20669/E. YEVES
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ríodo de un milenio, como una gran
inundación o un terremoto.
Procesos periódicos son procesos
más o menos regulares que se dan
con frecuencia estadística, como los
aludes.
Procesos esporádicos son todos los
procesos repetitivos que no pueden
clasificarse como periódicos, por
ejemplo, los huracanes.
PLANIFICACIÓN DE LA SEGURIDAD
Y REDUCCIÓN DE RIESGOS
La planificación sistemática e integrada
de la seguridad con la consideración de
los peligros naturales se ha desarrollado
en los últimos decenios (Aulitzky, 1974;
Kates, 1978; FAO, 2000). La for mula-
ción de una base teórica y de proyectos
de control integrados se inició temprano
(véase Burton, Kates y White, 1978;
Rowe, 1977; Schneider, 1980) y conti-
núa actualmente (Fiebiger, 1995, 1996;
Hewitt, 1996; IDNDR, 2000).
Los aludes no sólo
amenazan las vidas
y los bienes, sino
que causan también
graves daños
ecológicos; un gran
alud en el invierno de
1999 derribó como si
fueran palillos de
dientes los árboles
de este bosque
cerca de Zernez,
Suiza
FAO, DEPARTAMENTO DE MONTES/FO-0024/O. SOUVANNAVONG
Un peligro natural que
amenaza repetirse es el de
las erupciones volcánicas,
como esta que tuvo lugar
en Reunión en 1988
FAO, DEPARTAMENTO DE MONTES/FO-0346/T. HOFER
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En la planificación de la seguridad cabe
distinguir las etapas de análisis del ries-
go, evaluación del riesgo, planificación
de medidas preventivas y ejecución.
Análisis del riesgo. Se trata de res-
ponder a la pregunta: «¿Qué puede
ocurrir?» Partes del análisis son la
identificación del riesgo y la evalua-
ción del riesgo.
Identificación del riesgo. La pregun-
ta es: «¿Qué riesgos son posibles?»
(Kienholz, 1984).
Evaluación del riesgo. En esta eta-
pa se trata de responder a la pregun-
ta: «¿Cuál es la magnitud de los ries-
gos?» Según Schneider (1988) esto
se hace mediante «análisis del suce-
so», «análisis del impacto» y «análi-
sis de la exposición».
- Análisis del suceso es el reconoci-
miento y la definición del peligro
en atención al lugar, el tipo, el va-
lor y la probabilidad.
-Análisis del impacto es la investi-
gación del impacto peligroso de los
procesos peligrosos definidos en su
distribución por ciertos espacios y
en el tiempo.
-Análisis de la exposición es la in-
vestigación de la distribución es-
pacial y temporal de los objetos ex-
puestos al peligro.
Al análisis del riesgo sigue la evalua-
ción del riesgo, en la que se consideran
el nivel de aceptación del riesgo y la aten-
ción política en cada cultura. La pregun-
ta es: «¿Qué se permite que suceda?» La
respuesta define la aceptación del ries-
go.
Si el riesgo calculado en el análisis es
mayor que el aceptado, se precisarán
medidas preventivas. Muchas de estas
medidas pueden adoptarse para contro-
lar los procesos geomorfológicos y el
peligro en las regiones de montaña, y se
progresa constantemente en su desarro-
llo (Fiebiger, 2000).
Con la ejecución de medidas preventi-
vas se reduce el riesgo inicial hasta el
nivel del riesgo aceptado. Conviene no-
tar que el riesgo efectivo contiene siem-
pre un componente incalculable.
El riesgo en una zona en peligro se
define por dos componentes: peligro y
objetos expuestos al peligro. Las medi-
das preventivas tratan de influir sobre
uno u otro de estos componentes:
• Las medidas activas reducen el pe-
ligro.
- Las medidas activas permanentes
tratan de prevenir, eliminar o des-
viar procesos peligrosos. Pueden
consistir en medidas de ingeniería
civil como construcción de muros
de contención, o en medidas bioló-
gicas como plantación de bosques.
-Las medidas activas temporales tra-
tan de controlar el curso y las con-
secuencias del proceso peligroso
en el momento del peligro extre-
mo. Un ejemplo es el uso de explo-
sivos para controlar un alud.
•Las medidas pasivas previenen o dis-
minuyen los efectos nocivos del pro-
ceso para objetos y valores amena-
zados por el peligro. No influyen
principalmente sobre el curso del
proceso peligroso.
- Son medidas pasivas permanen-
tes, por ejemplo, las medidas de pro-
tección para casas situadas en zo-
nas de peligro o en zonas
restringidas de mapas de peligro.
- Son medidas pasivas temporales
las evacuaciones, la reclusión en
refugios y el corte de carreteras en
momentos de peligro extremos.
Tanto para las medidas activas como
para las pasivas es importante la
planificación del paisaje. También
es necesario inspeccionar con fre-
cuencia el lugar peligroso. La pla-
nificación de nuevas medidas acti-
vas o pasivas depende de la
evolución del peligro.
CONSERVACIÓN DE LOS BOSQUES
Y PREVENCIÓN DE LA
DEGRADACIÓN DE LA TIERRA
La pérdida de la cubierta forestal, si no es
sustituida por otro uso sostenible de la tie-
rra, suele considerarse como factor agra-
vante de las catástrofes, ya que puede con-
tribuir a una mayor frecuencia y gravedad
de inundaciones y deslizamientos de tie-
rras. Aunque no esté científicamente pro-
bada, es probable que la relación entre
disminución de superficies forestales y
catástrofes meteorológicas sea muy estre-
cha. Los recursos forestales tienen un pa-
pel esencial, aunque no suficiente, en la
disminución del riesgo. Según la escala
que se considere, los bosques intervienen
directamente en la regulación de la calidad
y cantidad de agua, la protección del suelo
contra la erosión y la contención del movi-
miento de la nieve y los derrubios. Los
bosques de montaña tienen siempre fun-
ciones múltiples. Físicamente, pero tam-
bién en atención al conjunto de sus bene-
ficios para la vida en general, los bosques
de montaña han de considerarse un ele-
mento clave para la prevención de riesgos
y la rehabilitación de las tierras después de
fenómenos destructivos. Los bosques con-
tribuyen en gran medida a la resistencia de
los pueblos de montaña.
Dada la combinación de factores
medioambientales y humanos, lo mejor
para evaluar cuidadosamente y prevenir
los riesgos de montaña relativos a cu-
bierta forestal, inundaciones y erosión
del suelo es hacerlo en el marco de una
cuenca hidrográfica (Hamilton y
Bruijnzeel, 1997). El registro de suce-
sos y las colecciones de datos conteni-
dos, por ejemplo, en los archivos de inun-
daciones anuales que ofrecen en acceso
directo para todo el mundo el Dartmouth
Flood Observatory, el in forme de 50 años
–1952 a 2002– del Grupo de Trabajo
sobre Cuencas de Montaña de la FAO y
la Comisión Forestal Europea (EFC) y
la cartografía digital de cuencas fluvia-
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les realizada por la Unión Europea (véa-
se el recuadro) son instrumentos concre-
tos para la evaluación y la prevención de
los riesgos.
La degradación de la tierra es un pro-
blema crítico para la frecuencia de ries-
gos. Por ejemplo, se ha calculado que
del 50 al 75 por ciento de las pérdidas
económicas causadas por el huracán
Mitch –y seguramente muchas pérdidas
de vidas– tenían relación con la inco-
rrecta planificación del uso de la tierra.
El huracán Mitch, una de las tormentas
más violentas y destructoras jamás sufri-
das por América Central, g olpeó entre el
26 de octubre y el 1 de noviembre de
1998 una extensa zona montañosa, afec-
tando a cinco países, causando desbor-
damientos de ríos, avalanchas de barro y
corrimientos de tierras. Hubo unos
20 000 muertos y 3,5 millones de perso-
nas afectadas. El Mitch produjo daños
de 5 000 millones de dólares e hizo ne-
cesarias gigantescas tareas de reconstruc-
ción, anulando decenios de esfuerzos de
desarrollo en la región (BID, 1999). Los
terrenos montañosos y los sistemas com-
plejos de cuencas fluviales resultaron ser
las zonas más expuestas a la catástrofe.
Una enseñanza que cabe extraer del hu-
racán Mitch es que, para analizar los suce-
sos y sus efectos con miras a una futura
mitigación, es esencial considerar la situa-
ción antes del suceso: en este caso una
sequía de ocho meses, 1,5 millones de
hectáreas devastadas por incendios fores-
tales, prácticas forestales insostenibles,
deforestación, urbanización incontrolada
y obstrucción de los lechos de los ríos. Los
datos históricos sobre un lugar son tam-
bién un instrumento básico para evaluar la
vulnerabilidad, y a partir de ahí reducirla.
RIESGOS, ESTRATEGIAS PARA
AFRONTARLOS Y MEDIOS DE VIDA
Las condiciones sociales y las activida-
des humanas son factores predominan-
tes en las catástrofes. Los pueblos de
Algunas iniciativas e instituciones dedicadas a recoger datos
para la mitigación de riesgos en las montañas
• Africa Data Dissemination Service: edcintl.cr.usgs.gov/adds/adds.html
Centro Internacional para el Aprovechamiento Integrado de las Montañas (ICIMOD):
www.icimod.org
• Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación (WCMC): wcmc.org.uk
• Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID): www.crid.or.cr
• Dartmouth Flood Observatory (DFO): www.dartmouth.edu/artsci/geog/floods/
Data Fusion Committee, Geoscience and Remote Sensing Society: www.aris.sai.jrc.it/
dfc
• European Observatory of Mountain Forests (EOMF): www.eomf.org
• European Union Joint Research Centre (JRC): www.jrc.it
FAO Land Degradation Assessment for Drylands (LADA): www.fao.org/landandwater/
agll/lada/default.htm
FAO, Evaluación de los recursos forestales (ERF): www.fao.org/forestry/fo/fra/index.jsp
FAO, Sistema mundial de información y alerta (SMIA): www.fao.org/waicent/faoinfo/
economic/giews/
• FAO/Comisión Forestal Europea (CFE), Grupo de Trabajo sobre Ordenación de
Cuencas de Montaña: www.fao.org/FORESTRY/FOR/FORC/Mountain/workpart.stm
• Foro de la Montaña: www.mtnforum.org
• Global Elevation Data: edcwww.cr.usgs.gov/landdaac/gtopo30/gtopo30.html
• Global International Waters Assessment (GIWA): www.giwa.net
• Hydrological Data: edcwww.cr.usgs.gov/landdaac/gtopo30/hydro/index.html
Institut de la Montagne: no disponible aún en la red, contáctese institut.montagne@univ-
savoie.fr
Local Authorities Confronting Disasters and Emergencies (LACDE): www.ulai.org.il/
lacde.htm
• Oficina Federal Suiza para el Medio Ambiente, los Bosques y el Paisaje (BUWAL):
www.environnement-suisse.ch
• PNUMA, Global Resource Information Database: grid2.cr.usgs.gov/
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): www.unep.org
• ProVention Consortium: www.proventionconsortium.org
• Red Interamericana de Datos Geoespaciales: edcintl.cr.usgs.gov/igdn/igdn.html
ReliefWeb: www.reliefweb.org
• Sistema mundial de información sobre los bosques (GFIS): iufro.boku.ac.at/iufro/
taskforce/hptfgfis.htm
Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal (IUFRO):
iufro.boku.ac.at/iufro
United Nations International Strategy for Disaster Prevention (UNISDR):
www.unisdr.org
• United States Geological Survey (USGS) EROS Data Center: edcwww.cr.usgs.gov/
• USGS EROS Data Center Distributed Active Archive Center: edcdaac.usgs.gov/
main.html
• USGS EROS Data Center International Program: edcintl.cr.usgs.gov/ip
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Los habitantes de las montañas han
adoptado tradicionalmente medidas
efectivas contra los riesgos, como
estas terrazas para prevenir la erosión
en la agricultura de montaña en China
FAO/20039 FAO, DEPARTAMENTO DE MONTES/FO-0285/T. HOFER
Las infraestructuras viarias pueden
ser causas y víctimas de las
catástrofes, como en este caso en
Nepal: la deficiente construcción de
una carretera puede dar lugar a una
grave erosión del suelo y a
corrimientos de tierras
montaña han adoptado tradicionalmente
formas culturales adaptadas al riesgo y
estrategias para afrontarlo (métodos de
reducción del riesgo) como suscripción
de seguros, diversificación, flexibilidad,
liquidez, reciprocidad y puesta en co-
mún de recursos. Pero cuando se carece
de medios de vida sostenibles, no pue-
den mitigarse los riesgos, y las conse-
cuencias son graves. Los costos de los
desastres siguen aumentando, y sus peo-
res efectos siguen recayendo sobre los
países en desarrollo, los países en transi-
ción y las poblaciones pobres (IDNDR,
2000).
Las catástrofes en regiones montañosas
afectan a la seguridad tanto de sus habi-
tantes como de los que viven en las llanu-
ras próximas (Hewitt, 1997). Las fami-
lias y las comunidades de los países en
desarrollo son particularmente vulnera-
bles por muchos factores interconectados
(IDNDR, 2000), como las numerosas
poblaciones que viven en zonas de alto
riesgo, la pobreza generalizada, la inse-
guridad en los medios de vida y la degra-
dación del medio ambiente. Los peores
efectos derivan a menudo del comporta-
miento humano y de las formas de asen-
tamiento. Los pobres se establecen con
frecuencia en tierras marginales, en par-
ticular a orillas de los ríos y en o cerca de
laderas inestables. Para reducir la vulne-
rabilidad a los peligros, es esencial evitar
que los asentamientos humanos y las
infraestructuras se establezcan en zonas
de alto riesgo.
A este respecto, es esencial la partici-
pación de la población local, que debe
preceder y acompañar a las actividades
técnicas de prevención del riesgo. Los
conocimientos técnicos externos deben
combinarse con las capacidades locales.
Los nativos conservan la memoria de los
sucesos y sus escenarios, y la preven-
ción de riesgos debe basarse en el diálo-
go demorado con los habitantes, los es-
pecialistas y los ejecutores. También es
esencial la instrucción en los problemas
del medio ambiente.
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FAO/12351/I. VALEZ
Los peligros de la montaña
pueden repercutir más abajo:
en el Perú, un valle antaño fértil
se ha convertido en depósito
de barro seco y piedras
arrastradas desde las
montañas peladas durante la
estación lluviosa
Infraestructuras como carreteras, fe-
rrocarriles, tendidos eléctricos, embal-
ses y asentamientos –incluidas vivien-
das– pueden ser a la vez causas y
víctimas de catástrofes. Como las
infraestructuras son resultado de deci-
siones políticas e interesan directamen-
te a las comunidades locales, merecen
la máxima atención.
MÉTODO INTEGRADO DE
MITIGACIÓN DEL RIESGO
Los métodos intersectoriales, la descen-
tralización en las decisiones y la partici-
pación de las comunidades locales son
básicos para producir beneficios
sostenibles y mitigar los riesgos. Tal vez
no se alcance nunca una verdadera inte-
gración de recursos, usos de la tierra,
políticas y medidas con las personas y
los grupos interesados, pero esa ha de
ser la idea rectora para administrar los
recursos y prevenir los riesgos.
A nivel nacional y subnacional, deben
dictarse reglamentos para identificar,
aclarar y vincular todos los sectores in-
teresados en la mitigación de riesgos. La
planificación hidrográfica en un marco
nacional contribuye a prevenir riesgos,
a responder a las emergencias y a reha-
bilitar o mejorar los recursos y las activi-
dades de uso de la tierra. Estos niveles
son también adecuados para una super-
visión comparativa mediante criterios e
indicadores aplicados a la tierra, los re-
cursos y las actividades.
A nivel local, son esenciales el papel
de organizaciones comunales y munici-
pios, la participación pública y la con-
sulta para la prevención y la mitigación
de desastres. Así se comprueba en Sui-
za, país montañoso con una larga expe-
riencia en prevención de riesgos, donde
la oficina federal encargada de los peli-
gros naturales ha adoptado un «método
pragmático de evaluación comparativa
de riesgos» basado en el diálogo con
habitantes locales, especialistas y perso-
nal de ejecución. Pruebas a escala real,
en colaboración con la compañía ferro-
viaria nacional y los servicios forestales
locales, revelaron que el diálogo y la
participación de la población local eran
instrumentos eficientes para la evalua-
ción y la mitigación de riesgos
(Greminger y Jordi, 2001).
LO QUE REQUIERE LA MONTAÑA
Los riesgos en las regiones de montaña
afectan tanto a sus pobladores como a
los que viven en tierras bajas adyacen-
tes. El Año Internacional de las Monta-
ñas 2002 ofrece una oportunidad par
ayudar a los hogares y los ecosistemas
de montaña a resistir mejor los efectos
de los peligros naturales y las consi-
guientes catástrofes tecnológicas y am-
bientales, reduciendo pérdidas humanas,
económicas y sociales.
En las montañas hay una estrecha vin-
culación entre ecosistemas frágiles y
dinámicos, degradación ambiental, po-
breza y probabilidades de riesgo. Debe-
rían pues realizarse acciones internacio-
nales y nacionales dirigidas priori-
tariamente a las montañas para aliviar la
pobreza, rehabilitar el medio ambiente y
mitigar los riesgos.
Los riesgos en las zonas de montaña se
agravan por la naturaleza de los hábitats,
la topografía y las dificultades de acce-
so. Son siempre necesarios unos siste-
mas adecuados, locales y en la cuenca
hidrográfica, de alerta temprana. Por las
mismas razones, la planificación, la pre-
Unasylva 208, Vol. 53, 2002
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vención y el tratamiento de los riesgos
en las zonas de montaña son netamente
más económicos y eficientes que la res-
puesta centralizada y la recuperación
después de los sucesos.
El tipo de uso de la tierra es decisivo
para reducir la vulnerabilidad. Los siste-
mas mixtos agrosilvopastorales desarro-
llados en las montañas de todo el mundo
son ecológica y económicamente resis-
tentes, y deben ser reforzados, restaura-
dos y apoyados.
Los sucesos de baja magnitud y alta
frecuencia merecen la misma atención
que los de alta magnitud y baja frecuen-
cia. Mientras que las grandes catástrofes
como el huracán Mitch atraen la aten-
ción internacional, muchos sucesos lo-
cales causan más daños por todas partes.
Por ejemplo, más de 2 400 sucesos loca-
les se registraron de 1990 a 1995 en Costa
Rica, El Salvador y Guatemala (BID,
1999).
Modalidades culturales de prevención
y mitigación de riesgos han sido desa-
rrolladas por los pueblos de montaña en
todo el mundo. La memoria de los pue-
blos locales acerca de los sucesos, sus
causas y sus efectos debe conservarse
como recurso para generaciones
futuras.
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Unasylva 208, Vol. 53, 2002
78
Guerras y conflictos armados constituyen
quizá el mayor obstáculo para el desarrollo
sostenible en las montañas. En 1999, 23
de los 27 principales conflictos armados
del mundo se desarrollaban en regiones
montañosas.
La ocupación de tierras altas siempre ha
tenido importancia estratégica cuando fuer-
zas opuestas se han disputado la supre-
macía local o regional. El terreno alto y
accidentado de las zonas de montaña ofre-
ce no sólo una ventaja militar para hacerse
con el poder, sino también un refugio para
los movimientos de oposición que se reti-
ran desde las zonas bajas. Las poblacio-
nes de montaña acogen con frecuencia
involuntariamente a los insurgentes.
Las regiones de montaña figuran a menu-
do entre las más pobres y menos desarro-
lladas del mundo, con lo que sufren
desproporcionadamente los terribles efec-
tos de los conflictos. La lucha armada es
la peor barrera que se opone a la seguridad
alimentaria y a la reducción de la pobreza,
al impedir actividades básicas para el sus-
tento como la recogida de agua y la produc-
ción de alimentos. En las zonas en que se
usan minas terrestres, éstas no sólo muti-
lan a innumerables inocentes, sino que
impiden el uso de tierras agrícolas, incluso
durante muchos años, hasta que puedan
emprenderse costosas operaciones de lim-
pieza. Se destruyen infraestructuras como
carreteras y escuelas, paralizando el de-
sarrollo económico. La muerte, las heridas
y el trauma psíquico de la guerra destrozan
las vidas de los individuos y el progreso de
la nación.
El conflicto estalla muchas veces cuan-
Conflicto e inseguridad en regiones de montaña:
una barrera para el desarrollo sostenible
testas cuando no se tienen en cuenta los
intereses de los pueblos de montaña al
planificar grandes proyectos de gestión del
agua. La protesta legítima tropieza a ve-
ces con una represión violenta, lo que dis-
para la espiral del conflicto.
Las montañas son además un campo de
batalla fundamental en el tráfico ilegal de
drogas y en los esfuerzos por combatirlo.
Tanto el arbusto de la coca (del que se
extrae la cocaína) como la adormidera (usa-
da para producir heroína) proceden de zo-
nas montañosas. Para las organizaciones
internacionales de delincuentes, cocaína
y heroína significan mucho dinero. Para
muchos agricultores de montaña en paí-
ses en desarrollo, los cultivos ilegales son
más rentables que otros, incluidos los
alimentarios. A menudo son los agriculto-
res pobres los que pagan más caro cuando
los gobiernos y las organizaciones interna-
cionales intentan eliminar el tráfico de dro-
gas reduciendo los cultivos ilegales. Cuan-
do se dispone de dinero de la droga para
comprar grandes cantidades de armas mo-
dernas, los conflictos pueden dispararse
hasta dar lugar a verdaderas operaciones
militares y paramilitares. En estas situa-
ciones, suelen ser las familias de montaña
menos pudientes las que más sufren.
do los pueblos de montaña –con frecuen-
cia minorías étnicas, raciales o religiosas
o grupos indígenas marginados– ven que
se les niega la voz en el uso de los recur-
sos locales. La lejanía de las regiones de
montaña puede hacer muy difícil el esta-
blecimiento y la aplicación de normas so-
bre gestión de recursos y la adopción de
sistemas con autoridad para solventar dis-
putas. En consecuencia las disputas loca-
les sobre recursos, territorio y jurisdicción
pueden degenerar en dilatados conflictos
entre comunidades y países vecinos. Los
gobiernos centrales asentados en capita-
les situadas en tierras bajas pueden des-
cuidar las necesidades de las montañas, y
la falta de una auténtica representación
política ha alimentado a veces la rebelión
local o la revolución violenta.
En 1995, el desacuerdo sobre el aprove-
chamiento de las aguas de montaña era la
fuente de 14 conflictos internacionales.
Muchas cuencas fluviales se reparten entre
dos o más países. Al crecer las poblacio-
nes e intensificarse la demanda de agua,
se multiplican las posibilidades de guerras
internacionales en torno a los recursos
hídricos. Por esta razón han sido necesa-
rios muchas veces tratados internaciona-
les para regular el uso de las aguas que
bajan de las montañas. Los conflictos in-
ternos sobre el control de tales aguas pue-
den ser tan catastróficos como los interna-
cionales.
Los intereses nacionales respecto al uso
del agua pueden ser contrarios a los de los
pueblos de montaña que viven cerca de
embalses proyectados o en tierras amena-
zadas de inundación. Pueden surgir pro-
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Article
* APPROACHES TO RISK AND DISASTER: Introduction: Danger and ModernityRisk and Damaging Events * The Geographicalness of Disaster * Natural Hazards * Technological Hazards * Social Hazards: Violence and the Disasters of War * Vulnerability Perspectives: The Human Ecology of Endangerment * Active Perspectives: Responses to Disaster and Adjustments to Risks * COMMUNITIES AT RISK, PLACES OF DISASTER: 'Unnatural' Disasters: The Case of Earthquake Hazards * Contexts of Risk: Mountain Land Hazards and Vulnerabilities * Risks in the City * Place Annihilation: Air War and the Vulnerability of Cities * Holocaust: Genocide and Geographical Calamity Concluding Remarks: the perspective of ideas
Article
Sumario: Danger and modernity -- Approaches to risk and disaster -- Risk and damaging events -- The "geographicalness" of disaster -- Natural hazards -- Technological hazards -- Social hazards: violence and the disasters of war -- Vulnerability perspectives: the human ecology of endangerment -- Active perspectives: responses to disaster and adjustments to risk -- "Unnatural" disasters: the case of earthquake hazards -- Context of risk: mountain land hazards and vulnerabilities -- Risk in the city -- Place annihilation: air war and the vulnerability of cities -- The holocaust: genocide and geographical calamity Bibliografía: P. 365-382
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