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Abstract

Existen hechos de la realidad externa que movilizan. Silenciosamente sirven de dispositivos para tramitar emociones. Hechos violentos desencadenan fácilmente la furia contenida de muchos. Particularmente preocupante es lo que sucede con los casos de acusación de abuso sexual. Imaginar a un niño impotente y vulnerable bajo el poder psíquico o físico de un adulto nos genera una reacción espontánea de rechazo, alarma y terror. Si no nos detenemos a pensar en esta reacción y constituye sólo eso: una re-acción, ésta puede ser tan dañina como el hecho que nos escandaliza. El presente artículo tiene como propósito entregar una mirada crítica respecto al abordaje de estos casos, describiendo el escenario en que nos encontramos y poniendo énfasis en aquellas premisas erróneas que desde mi experiencia, tras revisar diferentes casos e informes psicológicos asociados a ellos, son los primeros pilares a reformular. De lo contrario cualquier esfuerzo que se realice para avanzar en este ámbito, puede carecer de valor si ellos no se edifican en postulados validados mundialmente.
REFLEXIONES SOBRE EL ABORDAJE DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL
EN LA REALIDAD CHILENA
1
Cuando un fenómeno complejo es abordado de manera simple
M. Teresa Scott T
Psicóloga
Existen hechos de la realidad externa que movilizan. Silenciosamente
sirven de dispositivos para tramitar emociones. Hechos violentos desencadenan
fácilmente la furia contenida de muchos. Particularmente preocupante es lo que
sucede con los casos de acusación de abuso sexual. Imaginar a un niño impotente
y vulnerable bajo el poder psíquico o sico de un adulto nos genera una reacción
espontánea de rechazo, alarma y terror. Si no nos detenemos a pensar en esta
reacción y constituye sólo eso: una re-acción, ésta puede ser tan dañina como el
hecho que nos escandaliza.
El presente artículo tiene como propósito entregar una mirada crítica
respecto al abordaje de estos casos, describiendo el escenario en que nos
encontramos y poniendo énfasis en aquellas premisas erróneas que desde mi
experiencia, tras revisar diferentes casos e informes psicológicos asociados a
ellos, son los primeros pilares a reformular. De lo contrario cualquier esfuerzo que
se realice para avanzar en este ámbito, puede carecer de valor si ellos no se
edifican en postulados validados mundialmente.
El abuso sexual infantil es una temática en extremo compleja y llena de
vicisitudes por lo que se debe abordar de la forma más seria y responsable
posible. La distinción entre las denuncias de hechos reales y hechos ficticios es
compleja y difícil, por tratarse de un tipo de casos en los que frecuentemente se
carece de evidencias claras e inequívocas. Las declaraciones de las partes,
imputados y víctimas, suelen ser las únicas pruebas. Para facilitar la valoración de
las declaraciones de las víctimas se ha desarrollado, a lo largo de treinta años,
1
Scott, M. T. (2013). Reflexiones sobre el abordaje del abuso sexual en la realidad chilena.
Actualización en Neurociencia y Salud, 19.
una serie de procedimientos que permitirían evaluar la veracidad de los relatos de
agresiones sexuales a menores. Estas técnicas o procedimientos se basan en el
análisis del contenido de las declaraciones de acuerdo con una metodología
específica a través de un amplio repertorio de criterios. El análisis de credibilidad
de un relato parte de la siguiente hipótesis: las declaraciones basadas en hechos
reales (auto-experienciados) son cualitativamente diferentes de las declaraciones
que no se basan en la realidad y son mero producto de la fantasía (Manzanero,
2004; Undeutsch, 1967).
El procedimiento originalmente diseñado por Undeutsch (1967) en la década
de los 50 en Alemania, ha dado lugar a nuevos métodos semi-estructurados de
análisis de la credibilidad de las declaraciones como el denominado: Criterios de
contenido para el análisis de las declaraciones (CBCA). Posteriormente se
desarrolla el SVA el cual contempla tres partes: entrevista semistructurada,
aplicación de criterios CBCA al testimonio, análisis de posibles fuentes de
sugestión y trabajo por hipótesis (Raskin, 1989; Steller y Köhnken, 1989).
El propósito de este artículo no es describir ni ahondar en la metodología del
análisis de credibilidad de los relatos de abuso sexual, sino poner de relieve
aquellas premisas que de forma incorrecta se han ido instalando de modo casi
imperceptible en la realidad chilena y que pueden obstaculizar un adecuado
análisis de estos casos.
El abuso sexual infantil es un problema en el cual los distintos intervinientes
abogados, psicólogos, fiscales, jueces, periodistas, políticos, entre otros tienen un
importante rol en la forma en que se aborda. El peor error de abarcar un problema
complejo como éste es hacerlo de un modo simple.
Un aspecto conflictivo de este escenario en que me detendré es que en
este tipo de delitos pareciera no existir la presunción de inocencia. Los
supuestos responsables de esos delitos son “linchados” por la opinión pública, los
medios de comunicación y por las redes sociales, antes siquiera que culmine una
investigación. Se omite automáticamente la presunción de inocencia del imputado,
como si este derecho básico del ser humano fuese sólo un derecho para algunos
delitos. Se anula a priori un orden básico cual es que ninguna persona será
considerada culpable ni tratada como tal en tanto no es condenada por una
sentencia firme. ¿Cómo es posible vivir olvidando el principio de presunción de
inocencia? ¿Cómo es posible que velar por ese derecho básico se transforme
arbitrariamente en críticas de garantismo al sistema penal? Nunca ha sido
complejo “condenar” a otros, nunca ha sido difícil opinar de terceros con la
omnipotencia de quien cree conocer “la verdad”, amparados en la certeza que
ellos mismos nunca ocuparán el lugar del otro, olvidándose que la entretejida
realidad es infinitamente diversa, variada y densa.
Es cierto que los casos reportados de abuso sexual han aumentado. Es
cierto que es un delito grave e inaceptable. Es cierto que es doloroso. Es cierto
que quisiera que no existiera. Es cierto que existe. Es cierto que lo condeno. Sin
embargo, lo que no es cierto es que éste no sea un fenómeno complejo.
La credibilidad de los testimonios en abuso sexual es el tema más relevante
en estos casos. Esta disciplina, proveniente de la psicología forense, ha realizado
grandes aportes sistematizando criterios y análisis de validez de las declaraciones,
sobre todo en Alemania. Es por la importancia crucial de este tema que surge la
primera premisa que considero se debe reformular: “los niños no mienten en los
delitos de abuso sexual”. Considero que la pregunta respecto de la verdad o la
mentira de un testimonio es una pregunta insuficiente y mal construida. La lógica
detrás de si los menores son capaces de mentir en los relatos de abuso sexual es
una pregunta que se ancla en una lógica simplificadora, que alimenta la creencia
que es posible aislar verdades unidimensionales frente a realidades complejas.
Los procesos psíquicos y relacionales son infinitamente más intrincados que una
sola respuesta afirmativa o negativa. De no plantearse así las preguntas, se anula
la diversidad mutilando los enmarañados fenómenos de los cuales pretende dar
cuenta. Además se busca unificar en una sola unidad la enorme complejidad del
ser humano y la realidad, lo que no sólo es aberrante sino además daña aquello
que se pretende proteger.
Afirmaciones absolutistas como por ejemplo,los niños nunca mienten” o
“los niños son capaces de mentir bien”, no son compatibles con los datos
científicos fidedignos y confiables (Underwager y Wakefield, 1996). El problema
menor es el de la mentira ya que es más fácil de detectar y en términos
estadísticos su prevalencia no es tan significativa. El mayor problema para
entregar una declaración falsa son las posibles fuentes de contaminación de un
relato. En este aspecto la pregunta es más bien ¿que tan fidedigna es la
declaración de un testigo?, ¿cuál es la fuente de esta declaración? ¿Describe la
declaración experiencias reales de ese testigo o tiene otras fuentes? (Por ejemplo:
entrevistas inadecuadas, preguntas sugestivas, retraso en la declaración,
interferencia de la psicoterapia) (Steller y Köhnken, 1989).
El mayor problema no son los niños, son los adultos. Son estos últimos que
fácilmente pueden transmitir su visión desconfiada del mundo y preguntan de
manera inductiva respecto de la ocurrencia o no de los hechos. El problema
suelen ser los adultos que trasladan desde sus propias fantasías y angustias estas
mismas a sus niños. Los adultos no saben preguntar. Algo que a primera vista
parece tan simple, no lo es. El cómo se pregunta, cuántas veces se pregunta, en
qué contexto se pregunta, qué reacción se demuestra ante la respuesta, son una
serie de fenómenos que pueden afectar la declaración de un menor. Una pregunta
mal construida puede generar graves problemas, llegando incluso a construir un
falso recuerdo en la mente de un niño.
Una segunda premisa que quisiera destacar es el supuesto que es posible
realizar diagnóstico de abuso sexual por alteraciones conductuales o
trastornos emocionales. Cuando observo las recientes campañas del Estado u
otras entidades destinadas a prevenir el abuso sexual no puedo sino alarmarme.
Éstas proponen para hacer prevención y detección precoz de posibles abusos
sexuales, de modo erróneo, listas de supuestas alteraciones conductuales o
emocionales que debieran dar señales de alerta. Existen múltiples listados de
ntomas que es de esperar, cursen asociados a episodios de abuso sexual, los
cuales erróneamente se validan como predictores de posible abuso sexual. Así,
nos encontramos con psicólogos, políticas públicas y programas de prevención
que listan entre los ntomas de abuso sexual en menores de edad pre-escolar los
siguientes: trastornos de sueño, enuresis, pataletas, rabietas, dificultad de
concentración, rechazan bañarse, autoestima disminuida, agresión, ideación
suicida, retroceso en el lenguaje, desordenes de alimentación, cambios en el
rendimiento escolar, inestabilidad emocional o que presentan conductas
erotizadas. De ser así, casi toda la población de niños menores de cinco años
sería considerada como posible víctima de una agresión sexual. Una cosa es que
un niño víctima de abuso puede expresar algunos de estos ntomas inespecíficos
y otra muy distinta es que estos mismos sean indicadores de abuso sexual. Por
otra parte cabe destacar que no todos los niños víctimas de abuso sexual son
sintomáticos posterior al abuso sexual, por lo que la ausencia de ntomas de
comportamiento no se puede utilizar para descartar el abuso sexual.
No es correcto hacer un diagnóstico de posible abuso sexual por alteraciones
conductuales o trastornos emocionales. No existe especificidad de los síntomas.
Especificidad indica la probabilidad que un síntoma aparezca en relación a un
hecho particular (Alonso-Quecuty, 1999; Köhnken, 2006). No existe ninguna
relación directa entre abuso sexual y trastornos conductuales. Simplemente no
existe. Esos trastornos conductuales o emocionales no son específicos, pueden
ocurrir ante una gran variedad de sucesos traumáticos o estresantes tales como:
la separación de los padres, la excesiva exigencia en el colegio, una disfunción
familiar, el bullying, etc.(García-Melón, 2006). Por lo tanto, deducir a partir de una
categoría general e inespecífica la presencia de hechos específicos es no
solamente una deducción lógicamente errónea sino que también alarmante,
peligrosa y dañina. Es incorrecto, por lo tanto, diagnosticar un hecho haciendo uso
de síntomas no específicos. Esto por que si un síntoma puede ser causado por
diferentes variables, no puede seleccionarse para atribuir su causalidad a sólo una
de ellas. La mayoría de los listados que se señalan como indicadores de abuso
sexual son los síntomas de cuadros de estrés en general y no son específicos al
estrés por abuso sexual (Legrand, Wakefield y Underwager, 1989).
Lo anterior se agrava n más, cuando a través de la plataforma de las
redes sociales, se siembra pánico y se simplifican los asuntos complejos. Existen
situaciones que una vez ocurrida una acusación de abuso sexual se convocan a
otras personas, sólo por proximidad sica con el supuesto afectado, tal como si
fuera un arriero juntando ganado, solicitando chequear en sus hijos posible
“sintomatología” de abuso sexual generándose así una alarma pública donde
todos los niños son potenciales ctimas. Los cuidadores de esos niños interpretan
una enuresis, un mal rendimiento en el colegio, una erotización, un retroceso en
el desarrollo como una señal de posible abuso sexual. Lo que continúa es aún
más grave. Estos niños con síntomas inespecíficos son llevados a consultar a un
psicólogo para su evaluación. Es aquí donde recae mi mayor preocupación y la
tercera premisa errónea: cualquier psicólogo puede ser perito. Existe una
importante diferencia entre la Psicología Forense y la Psicología Clínica. Ambos
difieren en objetivos y herramientas validadas para su aplicación. La psicología
clínica se encarga de la evaluación, diagnóstico y el tratamiento de las cuestiones
que afectan la salud mental. Se trata de una rama de la psicología que atiende las
condiciones que pueden generar malestar o sufrimiento a las personas. La
psicoterapia es la principal práctica de esta disciplina. En la psicología forense en
tanto, el psicólogo tiene una formación que ha profundizado en el estudio
avanzado de los procesos psicológicos: percepción, atención, memoria,
pensamiento, lenguaje y aprendizaje, así como en la experimentación en alguno o
varios de esos procesos.
Estas diferencias en formación tienen como consecuencia lógica una
diferenciación en términos de las áreas de actuación forense. En el caso de los
delitos contra la libertad sexual de los menores, la argumentación que subyace a
la evaluación de la credibilidad de la declaración del niño siempre utiliza como
referencia lo que se sabe sobre el funcionamiento de la memoria humana y del
lenguaje. El psicólogo forense experimental toma como punto de partida el
funcionamiento normal de la memoria de los niños para tratar de verificar si el
relato de memoria en cuestión se ajusta, y en qué grado, al curso que se podría
esperar desde ese funcionamiento normal. En la medida en que se aparte del
perfil de un relato verdadero de memoria puede hacer surgir dudas sobre su
origen (ej: un relato inducido por un adulto, una mentira.). El psicólogo forense
debe regirse por el método científico, debe guiar su trabajo por hipótesis que
puedan ser falseables y avalar sus conocimientos en la experimentación y la
ciencia (Manzanero, 2011).
El papel del perito es fundamental en materia de abuso sexual donde hay
escasez de medios de prueba que suele acompañar a estos procesos penales
(son delitos que se producen en ausencia de testigos y generalmente sin dejar
evidencias físicas). Estos juicios finalmente se transforman en juicios de peritos.
Desde ahí la relevancia de establecer estándares mínimos de admisibilidad de la
prueba pericial. El psicólogo forense funciona como ente auxiliar de la justicia y su
tarea es responder a la pregunta psico-legal realizada.
La idoneidad de un perito debería probarse por cumplir con los estándares
nimos requeridos para realizar una pericia forense ajustada a las herramientas
validadas por la literatura forense, y no ser una extrapolación del ámbito clínico al
forense. De lo contrario la contribución de esta incorrecta actividad pericial puede
conducir a la victimización secundaria (Manzanero, 2010).
En Chile existe una baja especialización en psicología forense. Muchos
psicólogos amparados en técnicas clínicas, no validadas por la literatura científica
forense, trasladan un marco de acción a otro. Así, es muy frecuente y preocupante
ver informes psicológicos en los cuales, mediante herramientas clínicas tales
como test proyectivos, pruebas gráficas, entrevistas clínicas, se concluye la
existencia de vulneración de derechos de un menor, siendo que se trata de
instrumentos que no son admisibles como herramientas forenses.
De lo anterior se desprende la cuarta premisa errónea que debe ser
reconsiderada: existen test proyectivos para diagnosticar abuso sexual. Los
test proyectivos muestran la representación del modo de relacionarse de las
personas tanto con sus aspectos internos como con las personas significativas de
su medio, lo cual aporta importantes índices en la estructuración de un diagnóstico
de la organización de personalidad e hipótesis de trabajo para un tratamiento
psicológico. Las pruebas psicológicas están orientadas a la comprensión del
mundo interno del sujeto y su funcionamiento psicológico. Estos instrumentos no
están diseñados para predecir conductas ni registrar la ocurrencia o no de hechos
de la realidad externa. Las pruebas proyectivas son una herramienta para
comprender el funcionamiento de la personalidad que permite acceder al
funcionamiento psíquico de una manera diferente al diálogo y por lo mismo no son
verdades irreductibles ni tampoco infalibles. Estos instrumentos no están
diseñados ni son válidos como herramientas que pudieran confirmar o no los
hechos de la realidad externa como tampoco la posibilidad de haber sido u no
víctima de conductas sexuales impropias. Tenemos una responsabilidad social y
ética de responder a las demandas profesionalmente, asegurando el carácter
profesional y especializado de nuestro trabajo.
Los test proyectivos no son una herramienta validada en psicología forense
para hacer diagnóstico de abuso sexual. En 1999 la Corte Suprema de Alemania
falló respecto a lo qué era válido y lo qué no respecto a los procedimientos
empleados en análisis de la credibilidad de declaraciones en abuso sexual.
Concluyó que, los dibujos infantiles y pruebas graficas proyectivas no son una
herramienta válida para ello (Köhnken, 2006; Steller y Böhm, 2006).
Una quinta premisa frecuente de encontrar es la creencia que existe una
tipología o definición del perfil del abusador sexual. Todas estas
clasificaciones fueron desechadas hace décadas por la evidencia empírica ya que
no existe ni se ha podido definir el perfil del abusador sexual. Quienes cometen
estos delitos corresponden a un grupo de personas muy heterogéneas que no
poseen características personales que permitan diferenciarlos del resto de la
población. El que una persona presente un trastorno psiquiátrico, trastorno de
personalidad o una parafilia no es prueba de haber cometido algún delito sexual
(Dresdner, 2010).
En el ámbito legal, esta misma evolución del pensamiento se ha visto en el
desarrollo del “Derecho Penal de autor” al “Derecho Penal del hecho”. Por derecho
penal de autor, se entiende una regulación legal donde la pena se vincula a la
personalidad del autor y su asociabilidad a la misma es la que decide la sanción.
Por su parte, el derecho penal del hecho, es la regulación legal en virtud de la
cual la punibilidad se vincula a una acción concreta descrita y la sanción
representa sólo la respuesta al hecho individual y no a toda la conducción de vida
del autor o a los peligros que en el futuro se esperan del mismo. Así el derecho
penal se estructura de modo completamente diferente según se base en un
derecho penal de autor o en un derecho penal del acto, donde la pregunta de
fondo es: ¿hecho concreto o personalidad? (Roxin, 1997).
Está fuera de discusión que el derecho penal actual es predominantemente
un derecho penal del hecho. Está fuera de discusión también que en psicología
forense existen estándares mínimos de admisibilidad de pruebas donde están
excluidos los diagnósticos por trastornos conductuales, pruebas proyectivas,
dibujos infantiles ni tipologías de autor. Juntar paradigmas diferentes sin reconocer
sus contradicciones y construir una mixtura de ambos, es una situación aberrante
que transgrede las normas que cada sistema tiene para velar por su cumplimiento.
Una situación alarmante es cuando se invierten las valencias y la
personalidad del autor o el “sentir” de la población cobran un primer plano y el
hecho sólo sirve para dar lugar a la sanción y para impedir excesos
desproporcionados de su aplicación. En los casos de denuncias de abuso sexual
muchas veces sólo por la denuncia del delito la persona acusada es sancionada
por la opinión blica. En estas situaciones frecuentemente abundan opiniones del
tipo “yo lo encontraba raro”, “algo tenía”, “si el o suena es por que piedras lleva”,
todas opiniones livianas e infundadas a la hora de probar la ocurrencia o no de los
hechos. Considerando lo anterior, es posible plantear que frente a los casos de
agresiones sexuales existe una involución del pensamiento. Es frecuente
encontrar dos vertientes erróneas en la literatura como abordaje al abuso sexual
infantil. Por un lado, los listados de rasgos y características de las personas
“perversas”, o rasgos de los pedófilos a los cuales se les asignan rasgos de
narcisismo, ausencia de empatía, relaciones instrumentales etc. Y por otro, los
listados de trastornos conductuales o emocionales en niños víctimas de abuso
sexual a los que ya me he referido. Abundan ambos tipos de listados, como una
búsqueda de certeza ante al angustia que genera la enorme complejidad e
impacto del tema. Es frecuente que ante escenarios, como puede ser el caso del
abuso sexual, donde está marcado por una alta carga emocional, donde es difícil
abordar esta realidad, el estilo del pensamiento se rigidice, intentando simplificar y
buscar una manera facilista de acercarse a un estado o un concepto donde lo que
prima es la incomprensión. En este marco volver a lógica positivista y
determinista es un intento desesperado de poner orden ahí donde parece haber
caos, aún a costa de un inocente (adulto o niño). Porque es cierto que el abuso
sexual infantil transgrede el orden normal. Pero esa transgresión está muy lejos de
ser una realidad simple.
Por último quisiera destacar que nos encontramos en un escenario donde
prima el abordaje emocional por sobre el racional frente a estos casos. He
observado que realizar comentarios, aportes o críticas en este ámbito fácilmente
es leído por la opinión pública como una actitud políticamente incorrecta,
reduciéndola a una visión maniquea entre aquellos que están en contra del abuso
sexual y aquellos que no adhieren a esta “cruzada” son catalogados, a lo menos,
de encubridores, pro-abuso, depravados, etc. Esto ha dificultado aún más la tarea
de pensar, ya que cuando el pensamiento es trasformado en una crítica moral, el
avance del conocimiento pareciera estar en un callejón sin salida. No se
contribuye al avance del saber si se toman decisiones desde criterios de índole
emocional o valórico, que introducen un amplio margen de arbitrariedad en la
lectura de la realidad y se alejan de la verdad científica.
No se debe olvidar que este es un marco psico-juridico, no estamos en el
ámbito de las ideas ni de las emociones, estamos en el espacio de los hechos.
Esa es un área propia de la psicología experimental, donde los dispositivos o
teorías utilizados en el campo clínico carecen de valor. En el territorio clínico por
ejemplo, tenemos todo un proceso terapéutico donde podemos ir probando la
pertinencia de nuestras hipótesis. Sin embargo, en lo forense este “lujo” no existe.
Se exige responder a una pregunta psicolegal y no a especular. En ese marco es
donde se debe ser extremadamente cuidadoso ya que el abordaje emocional no
puede anular el modo más básico y fundamental de pensar, ordenar la evidencia,
generar hipótesis y sistematizar el conocimiento.
Este es un asunto riguroso que no puede eludir los parámetros básicos de
la lógica ni convertirse en una lógica irreductible ni tautológica. No puede omitir los
estándares mínimos del rigor cienfico. En este ámbito, no existen las verdades
irreductibles e irrefutables. No es posible acercarse a la verdad si estas se buscan
con un rigor nimo o si se comienza una squeda de verdad con ideas
preconcebidas. Así sólo se construye un pensamiento irrefutable y alejado de
cualquier estándar nimo de rigor que requiere la comunidad cienfica. Y este es
un asunto serio. No es un asunto emocional, no se guía por la intuición de creer o
no creer, se guía por el camino del rigor, de ser capaz de construir hipótesis y
verificar el material que las sustenta o el material que las desecha. Se guía por las
normas básicas del pensamiento, no por la creencia subjetiva ni por la intuición ni
por el componente emocional. Se trata ni más ni menos que pensar, pensar
rigurosamente, analizar en profundidad y en continuidad lo que ha ocurrido
analizando todas las fuentes del relato, los procedimientos utilizados, generar
hipótesis, planificar interrogatorios, evaluar la idoneidad del testigo, aplicar el
análisis de contenidos basado en criterios, analizar la coherencia de las
declaraciones y evaluar las hipótesis en base a los antecedentes recopilados. No
es simple. No lo es para nada.
Finalmente, cuando escucho senadores proponiendo proyectos de ley que
limiten los beneficios frente a los delitos de abuso sexual vuelvo a preocuparme.
Esto, sin duda, puede tranquilizar la opinión pública al amortiguar nuestra
sensación de impotencia porque ante un niño abusado todos nos sentimos
vulnerados. Pero ¿contribuye realmente a abordar el problema? Esto parece
responder más al deseo de desahogar la rabia que a actuar con justicia y
prudencia. ¿Acaso es posible separar la ética para unos y para otros, olvidando
los derechos humanos básicos? Considero que no es ético negar libertades ni
ajustar estándares. Si no aspiramos a respetar los derechos humanos sicos y
preocuparnos de la salud mental de todos, que tanto ctimas como victimarios
reciban un trato digno y humano, simplemente no hemos avanzado nada. La
universalidad de los derechos es un bien irrenunciable que no puede llegar a
transformarse en una ética acomodaticia. Esta ética sica de cualquier sociedad
no puede transformarse en un populismo penal, donde entender la complejidad y
el pensar se instale como un hecho políticamente incorrecto frente al abuso
sexual, transformándose el pensamiento en una amenaza en vez de un rigor
nimo.
En ntesis, el abordaje de la credibilidad de un testimonio en materia de
abuso sexual no es sólo el desarrollo de una técnica científicamente validada para
esto. Requiere de un conjunto de medidas que eviten dificultar n más el análisis
de credibilidad. Así, se identifica la imperiosa necesidad formativa en diferentes
ámbitos. Se debe evitar la imprudente práctica pericial que supone extrapolar una
metodología de un ámbito a otros campos de intervención, (de lo clínico a lo
forense) que carecen de datos empíricos sobre su fiabilidad y validez. La
ausencia de estándares de admisibilidad de la prueba pericial aumenta la situación
de inseguridad de los ciudadanos sobre todo si priman criterios emocionales o
valóricos alejados de la neutralidad que se espera tener para poder pensar y
analizar los hechos. Si sumamos a lo anterior, la construcción de campañas de
prevención sexual en base a premisas erróneas, la influencia de los medios y su
difusión por redes sociales no sólo estamos generando alarma publica sino que lo
que es más grave, estamos vulnerando los derechos de los menores.
Espero que estas reflexiones contribuyan, en primer lugar, a comprender
los diferentes elementos que aborda la credibilidad del testimonio en abuso sexual
la cual debe estar basada en la evidencia y el conocimiento científico, y además,
oriente a la sociedad hacia una comprensión analítica y racional en esta materia.
Cuando veo que se aborda un fenómeno así de complejo de manera poco
rigurosa, no puedo sino escribir. El pensamiento basado en la complejidad de lo
real es sin duda bastante más angustiante que el reduccionismo lógico. Sin
embargo, cuando el objeto de estudio es el ser humano y la valoración de su
libertad, es a lo menos un deber ético mínimo abordar los hechos en concordancia
con la naturaleza de la pregunta.
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El objetivo del presente Manual es servir de material de apoyo y consulta para quienes se encuentren realizando evaluaciones periciales psicológicas en casos de abuso sexual infantil, sin perjuicio que en términos generales pueda ser de utilidad para otro tipo de evaluaciones periciales psicológicas. Los autores consideran imprescindible que quienes trabajan en temáticas tan delicadas, complejas y trascendentes para la vida de las personas, como son los casos de abuso sexual infantil, deben tener un nivel de especialización que les permita cumplir de manera responsable y eficiente a los requerimientos del contexto judicial y a las necesidades de las víctimas de este tipo de delitos.
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Hoy en día no podemos concebir el avance en la mejora de la administración de justicia en nuestro país, sin considerar que esta tarea responde al esfuerzo mancomunado de todas las instituciones vinculadas, de una u otra forma, a la reforma procesal penal. En este sentido, el presente documento constituye un esfuerzo por contribuir al desarrollo del cuerpo teórico y procedimental que sirva de sustento a las evaluaciones periciales de daño en el contexto procesal penal, enmarcándose dentro del trabajo de la Mesa Interinstitucional de Evaluación Pericial de Daño, que se viene desarrollando desde fines del año 2008, y en la cual participan activamente peritos trabajadores sociales, psicólogos y psiquiatras de los principales organismos periciales a nivel nacional.
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Therapists have numerous psychodiagnostic instruments at their disposal for use in assessing patients, although no one can achieve competency in more than a small minority of them. The issues addressed here bear on the penchant of some otherwise competent professional psychologists to use such specialized instruments (a) for which they have not received adequate formal training, (b) without compliance with canons of sound interpretation presented in the research literature as well as the relevant manual, and (c) for which sufficient evidence of validity is lacking. In this descriptive study, use of the Draw-A-Person Test (K. Machover, 1949) by a sample ( N = 36) of clinicians provides grounds for these concerns. Some reasons that might dispose psychologists to such practice are proffered, and some implications for clinical praxis as well as for training programs are examined. (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
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This book provides the scientific and professional communities with current psychological knowledge, and the current legal status, of major methods used for investigation and evidence in law enforcement and other legal situations, many of which are complex and controversial. It includes in-depth summaries and analyses of the scientific literature on topics such as eyewitness perception and memory, identification procedures, interview techniques, and credibility assessment. In addition, there are thorough and up-to-date summaries of the legal issues surrounding the use of some of these methods and information for evidentiary purposes. (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
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a description of statement analysis by means of content (reality) criteria, a procedure that is called criteria-based statement analysis content criteria reflect specific features that differentiate truthful from invented testimonies (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)