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Abstract

p style="text-align: justify;">En este artículo se realiza una reseña sobre los trastornos de la alimentación, anorexia y bulimia, la relación que hacen los individuos con este comportamiento y la prevalencia, características y tratamientos más efectivos empleados en la bulimia nerviosa. Además, algunas aproximaciones para establecer subtipos de bulimia diferentes a los del DSM-IV e investigaciones sobre este trastorno del comportamiento alimentario, como la bulimia nerviosa. Palabras clave: trastornos alimenticios, bulimia, procesos, subtipos.</p
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PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 79
La bulimia nerviosa
y sus subtipos
Resumen
En este artículo se realiza una reseña sobre los trastor-
nos de la alimentación, anorexia y bulimia, la relación
que hacen los individuos con este comportamiento y la
prevalencia, características y tratamientos más efec-
tivos empleados en la bulimia nerviosa. Además, algu-
nas aproximaciones para establecer subtipos de buli-
mia diferentes a los del DSM-IV e investigaciones sobre
este trastorno del comportamiento alimentario, como
la bulimia nerviosa.
Palabras clave: trastornos alimenticios, bulimia, procesos,
subtipos.
Abstract
In this article, a brief description is realized about the
disorders of feeding, anorexia and bulimia, the
relationship made by individuals with this behavior, the
prevalence, characteristics and the most effective
treatments used for the bulimia nervous. And also some
approximations to establish kinds of bulimia different
of the DSM-IV and researches about this disorder of the
feeding behavior which is the nervous bulimia.
Index terms: feeding disorders, bulimia, processes, kinds.
Myriam Sierra Puentes
*
ABA Colombia, Asociación para el Avance
de las Ciencias del Comportamiento
Instituto San Bernardo de La Salle
Recibido: diciembre 17 de 2003
Revisado: enero 17 de 2005
Aceptado: enero 24 de 2005
*
Correspondencia: Myriam Sierra Puentes. Correo electrónico: abacolombia@supercabletv.net.co
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A lo largo de la historia se han encontrado múlti-
ples reportes de las molestias o exigencias que la
alimentación puede acarrear en los individuos,
bien sea porque se come poco, mucho o mal. Des-
de tiempos inmemorables, el comer ha sido un
acto social que permite fortalecer relaciones,
cerrar negocios, compartir con seres queridos e
incluso mantener estatus, dependiendo de la can-
tidad de comida existente en los banquetes y la
complexión física de los anfitriones o invitados;
por ejemplo, la obesidad en otras épocas ha sig-
nificado salud, riqueza, belleza, mientras que la
delgadez se consideraba como fealdad, penuria o
enfermedad; en la actualidad se ha invertido su
significado social, se ve el rechazo a las personas
con sobrepeso y se potencia un canon de belleza
en competencia con nuestras características
étnicas (Stice, Schupak-Neuberg, Shaw y Stein,
1994; Vitousek, Manke, 1994; Rozin y Fallon,
1998).
Los trastornos de alimentación constituyen uno
de los problemas de salud de más rápido creci-
miento en la población joven. Los niveles de pre-
valencia entre mujeres adolescentes oscila entre
1% y 3% (Attie y Brookis-Gunn, 1989; Fairburn, Hay
y Welch 1993). Estos trastornos se caracterizan
por alteraciones severas de la conducta
alimentaria, y los que se presentan con más fre-
cuencia son la anorexia nerviosa y la bulimia ner-
viosa. La anorexia se distingue por el rechazo a
mantener el peso corporal en los valores mínimos
normales, y la bulimia nerviosa por episodios re-
currentes de voracidad o atracones, seguidos por
conductas compensatorias inapropiadas como el
vómito provocado, el abuso de fármacos laxan-
tes, diuréticos u otros medicamentos, el ayuno o
el ejercicio excesivo (Stice, Telch y Rizvi, 2000).
Una peculiaridad esencial de estos dos trastornos
es la excesiva preocupación por la apariencia físi-
ca, especialmente en lo referente a peso y talla y
una alteración de la percepción de la forma y el
peso corporales (Stice, Schupak-Neuberg, Shaw y
Stein, 1994; Stice, Killen, Hayward y Taylor, 1998;
Rozin y Fallon, 1998; Shisslak, Pazda y Crago,
1990).
A raíz del incremento en la incidencia, los tras-
tornos de alimentación han sido objeto de amplia
investigación en países desarrollados, especial-
mente los factores etiológicos, tanto desde pers-
pectivas neurobiológicas como psicosociales; tam-
bién se han diseñado diversos procedimientos de
intervención para erradicar dicho trastorno
(Garner y Garfinkel, 1997).
Bulimia nerviosa
Este trastorno constituye un preocupante proble-
ma de salud que afecta especialmente a la pobla-
ción femenina joven (Attie y Brookis-Gunn, 1989;
Fairburn, Hay y Welch 1993).
Descripción de bulimia nerviosa
De acuerdo con el DSM-IV (APA, 1995), las carac-
terísticas esenciales de la bulimia nerviosa con-
sisten en atracones y en métodos compensatorios
inapropiados (vómito provocado, el abuso de
fármacos laxantes, diuréticos u otros medicamen-
tos, el ayuno o el ejercicio excesivo) para evitar
la ganancia de peso (utilizados en promedio dos
veces a la semana durante un período de tres
meses); además, la autoevaluación de los indivi-
duos con bulimia nerviosa se encuentra excesiva-
mente influida por la silueta y el peso corporales.
Basados en dicha preocupación, se tiende a pre-
sentar un patrón de ingesta hipocalórico o de die-
ta restrictiva. De acuerdo con el comportamien-
to, el DSM-IV describe dos tipos de bulimia. El
purgativo incluye la autoprovocación del vómito
o el uso de laxantes, diuréticos o enemas. El no
purgativo utiliza otros tipos de conducta
compensatoria como el ayuno o el exceso de
ejercicio.
En cuanto al curso de desarrollo, la bulimia ner-
viosa se inicia generalmente al final de la adoles-
cencia o al principio de la vida adulta. Los
atracones suelen empezar después o durante un
período de régimen dietético. El curso puede ser
crónico o intermitente, con períodos de remisión
que se alternan con atracones (APA, 1995).
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PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 81
Covariaciones
La bulimia nerviosa covaría con trastornos del es-
tado de ánimo, especialmente el trastorno
distímico y el trastorno depresivo mayor, también
con síntomas de ansiedad y con el abuso de sus-
tancias psicoactivas y alcohol.
Etiología
Varias investigaciones sobre factores etiológicos
han permitido identificar variables asociadas con
el trastorno de bulimia nerviosa, tanto a un nivel
neurobiológico como psicosocial, como dieta res-
trictiva, factores familiares (Graber y cols. 1994;
Pike y Rodin, 1998; Wade y cols. 2000; Humphrey,
1989), alteraciones emocionales, déficit en
autoestima, hábitos alimenticios, entre otros;
actualmente no se ha establecido claramente la
direccionalidad en dichas relaciones ni tampoco
se han determinado los procesos psicológicos bá-
sicos que determinan los factores causales.
Una de las formulaciones más ampliamente acep-
tadas sobre el origen de la bulimia, planteada por
el Grupo de Investigación de Oxford (Marcus y
Fairburn, 1993), establece una secuencia en la cual
un bajo nivel de autoestima lleva a una preocu-
pación excesiva por el peso, generando dietas
restrictivas, desequilibrio metabólico y episodios
de atracones; éstos provocan conductas
compensatorias, como vómito autoinducido, el
cual finalmente cierra el círculo contribuyendo al
déficit en autoestima. Sin embargo, no están cla-
ramente determinados ni se han investigado em-
píricamente los procesos psicológicos que llevan
inicialmente al déficit en autoestima.
Por otra parte, hay datos investigativos y clínicos
que señalan que, al igual que ocurre en otros tras-
tornos de comportamiento, la bulimia es el resul-
tado de la interacción de múltiples causas y de la
participación de diversos procesos que, a pesar
de resultar en las mismas manifestaciones, obe-
decen a causas diferentes, es decir, la bulimia no
es un fenómeno unitario; personas que sufren del
mismo trastorno pueden constituir subgrupos
funcionalmente diferentes que responden de for-
ma distinta a la intervención (Stice y Agras, 1999).
No obstante, los estudios que pretenden identifi-
car diversos subtipos se han basado en variables
clínicas o factorialmente derivadas, pero no han
abordado los procesos psicológicos que a su vez
podrían determinar dichas variables, de las cua-
les pueden derivar sub-tipos de bulimia, para dar
paso a establecer modelos de tratamiento a tra-
vés de los cuales se incremente la efectividad de
los mismos y la disminución de la problemática
que aqueja en aumento a la población actual. El
DSM-IV plantea dos subtipos: el restrictivo y el
purgativo para la bulimia nerviosa; pero estos
subtipos no obedecen a una clasificación basada
en factores psicológicos que puedan facilitar una
clasificación más amplia que aborde un proceso
de intervención enfocado a las variables que
interactúan dentro de este trastorno.
Intervención
A lo largo de las últimas décadas, las posibles es-
trategias terapéuticas en bulimia han evolucio-
nado encontrándose en el mercado un gran nú-
mero de ellas, según Fernández (1997), citado por
Turòn (1997), las formas de terapia más aplicadas
son cinco: 1) psicoterapia individual, 2) grupo de
autoayuda, 3) hospitalización, 4) tratamiento
farmacológico y 5) tratamiento grupal.
Desde una perspectiva de intervención, se han
aplicado diversos formatos de tratamiento para
tratar de restablecer los patrones normales de
alimentación, incluyendo medicación (Garnre y
Garfinkel, 1997), terapia familiar, terapia
psicodinámica y terapia cognoscitiva conductual
–TCC- (Wilson, 1996; Wilson y Fairburn, 1993). De
todos estos métodos, se ha concluido que esta
última es la que mejores resultados ofrece a la
población aquejada por la bulimia nerviosa.
En más de 30 estudios se ha encontrado que la
TCC (Wilson y Fairburn, 1993) es el método más
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82 PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
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efectivo y el que mejores resultados ha produci-
do en este trastorno en comparación con otros
métodos como terapia no directiva, terapia
psicodinámica, manejo de estrés, medicación
antidepresiva y ausencia de terapia (Agras y cols.,
1997; Wilson y cols., 1993). De hecho, la TCC de
la bulimia nerviosa se ha reconocido como uno de
los tratamientos empíricamente validados en el
campo de la psicología de la salud.
Al revisar los datos de los estudios más rigurosos,
se encontró un porcentaje promedio de reducción
de atracones entre el 93% y el 73% y de conductas
compensatorias (por ejemplo, vómito
autoinducido) entre el 94% y 77% (Wilson y
cols.,1993).
Pero a pesar de estos resultados replicados en dis-
tintos centros de investigación, en la población
colombiana no se han realizado investigaciones
de procesos ni de resultados que permitan identi-
ficar los factores causales que más afectan a las
personas que presentaron bulimia ni tampoco es-
tudios controlados que permitan validar y estan-
darizar procedimientos de evaluación y de inter-
vención que sean aplicables a las condiciones pro-
pias del ámbito colombiano.
Una aproximación a subtipos
de bulimia nerviosa
Los subtipos planteados por el DSM IV son el
purgativo y el no purgativo, descritos anterior-
mente; adicional a éstos se han encontrado otros
subtipos a través de investigaciones, tratando de
establecer factores psicológicos que identifiquen
la adquisición y mantenimiento que operen en la
bulimia nerviosa de una forma predominante y
constante en todos los individuos que la presen-
tan; entre las investigaciones se encuentra una
que plantea dos dimensiones de la restricción die-
tética y afecto negativo de Stice y Agras (1999),
quienes proponen que los modelos etiológicos de la
bulimia se centran en la dieta y el afecto negativo.
La teoría del afecto negativo postula que una per-
turbación emocional elevada incrementa la pro-
babilidad que una persona inicie la alimentación
compulsiva (León y cols., 1995). Teóricamente,
los individuos con un afecto negativo elevado co-
men compulsivamente debido a que creen que esto
les provee comodidad y los distrae de sus emocio-
nes negativas.
Aún la investigación no ha subdividido a los indi-
viduos con bulimia, ni han tenido en cuenta si
encajan en el perfil dietético versus afecto nega-
tivo. Este estudio subdividió 265 mujeres bulímicas
entre las dimensiones dietética y depresiva, pro-
bando que los subtipos mostraban diferencias en
la patología de la alimentación, los correlatos clí-
nicos y la respuesta al tratamiento. Un análisis de
clusters reveló un subtipo dietético (dietario) puro
(62%) y un subtipo mezclado dietético–depresivo
(38%). Mientras las mujeres con bulimia dietéti-
cas y las dietéticas-depresivas mostraron niveles
similares de comportamientos bulímicos; el segun-
do grupo -afecto negativo- reportó más obsesio-
nes con la alimentación y con el peso, desajuste
social, altas tasas de estado de ánimo depresivo,
ansiedad, alimentación, control de impulsos, des-
órdenes de personalidad y una respuesta pobre al
tratamiento. Los resultados sugieren que la dieta
es una característica central de la bulimia, pero
el afecto depresivo ocurre sólo en un subconjunto
de casos. Sin embargo, la combinación de dieta y
afecto depresivo parece ser señal de una variante
más severa de la bulimia (Stice y Agras, 1999).
Los mismos autores definen un subtipo dietético
(dietario) y un subtipo mezclado dietético–depre-
sivo; la definición de estos subtipos de bulimia se
basa en los siguientes modelos: por una parte, el
modelo de restricción que plantea que la dieta
elevada resulta en gran riesgo para la alimenta-
ción compulsiva (Heatherton y Polivy, 1992, cita-
dos por Stice y Agras 1999). Teóricamente, la die-
ta incrementa las posibilidades de que un indivi-
duo presente alimentación compulsiva como un
esfuerzo para contrarrestar los efectos de la
deprivación calórica. Es más, las transgresiones
de las reglas de una dieta estricta pueden resul-
tar en una alimentación desinhibida debido a los
efectos de la violación de la abstinencia.
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PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 83
El modelo de doble vía de la bulimia nerviosa pro-
pone que tanto la restricción dietética como el
afecto negativo pueden jugar un papel en la pro-
moción de la patología bulímica, en la que el in-
dividuo puede iniciar la alimentación compulsiva
debido tanto a la dieta o a las distorsiones
afectivas o a alguna combinación de estos facto-
res (Stice, 1994, citada por Stice, 1999). Por lo
tanto, el modelo de doble vía propone que estos
dos factores sirven como los mecanismos finales
por los cuales las presiones socioculturales más
generales, como la presión percibida para ser del-
gado y la insatisfacción corporal, promueven el
desarrollo de las conductas bulímicas.
La dieta se correlacionó con los síntomas bulímicos
futuros. León y cols. (1995) predijeron el ataque
de la patología bulímica entre los individuos
asintomáticos. De igual manera, el afecto negati-
vo se correlacionó con los síntomas bulímicos fu-
turos; León y cols. (1993) predijeron el ataque de
la alimentación compulsiva y la purga entre los
individuos libres de desorden de la alimentación.
Es importante resaltar que este estudio es el pri-
mero que ha intentado subdividir a los individuos
bulímicos a lo largo de las dimensiones de dieta y
depresión. Los autores resaltan que los hallazgos
obtenidos no deben interpretarse como
indicadores, sino que la dieta y el afecto depresi-
vo son las únicas o las mejores dimensiones para
subdividir a los individuos con bulimia. Se resalta
que pueden haber otras variables que no fueron
examinadas aquí, como el tiempo de presenta-
ción del trastorno, y que también pueden ser úti-
les para subdividir a los individuos bulímicos. Se
sugiere que los estudios longitudinales con el tiem-
po son necesarios para el propósito de predecir el
inicio o mantenimiento del comportamiento
bulímico. Los resultados sugieren que esto podría
ser útil para considerar la restricción dietética y
el afecto negativo en las investigaciones que exa-
minen la etiología de la bulimia.
La investigación ha señalado que una variedad de
afectos negativos precipita la alimentación
compulsiva, incluyendo el estrés, la ansiedad y el
estado de ánimo negativo general (Davis, Freeman
y Garner, 1991; Elmore y De Castro, 1990;
Lingswiler, Crowther, y Stephens, 1989), citados
por Stice (1999).
Una implicación importante, resultado de este
estudio, es que la TCC típico para la bulimia ner-
viosa puede reducir la frecuencia de la alimenta-
ción compulsiva y la purga, pero puede ser menos
probable para reparar las distorsiones afectivas y
el deterioro social relacionado. Por lo anterior, la
TCC puede ser menos efectiva para individuos con
el trastorno bulímico dietético depresivo, debido
a que ellos tienen atracones para regular sus pro-
blemas emocionales y estas distorsiones afectivas
no son intervenidas directamente en este trata-
miento.
Serán necesarios estudios longitudinales para ex-
plorar la significación del pronóstico de estos dos
tipos de bulimia para los cambios en las actitudes
y comportamientos bulímicos, los correlatos clí-
nicos, el funcionamiento social y el diagnóstico
comórbido a lo largo del tiempo.
Los datos obtenidos sugieren que pueden ser dos
subtipos distintos de bulimia con diferentes ca-
racterísticas asociadas y diferentes proporciones
de patología comórbida. La investigación futura
también debe probar si los factores de riesgo son
similares para estos dos aparentes subtipos de
bulimia. Teniendo en cuenta las implicaciones del
tratamiento, el hallazgo de una proporción consi-
derable de los individuos con bulimia parece mos-
trar un afecto depresivo marcado, esto puede
explicar por qué los individuos no responden a la
TCC, debido a que este tratamiento no se dirige
explícitamente a los problemas del estado de áni-
mo. Estos hallazgos pueden sugerir que es impor-
tante dirigir los problemas afectivos en un
subconjunto de individuos bulímicos tratándolos
directamente con terapia cognoscitiva o
antidepresivos, o enseñándoles habilidades de
regulación del afecto más adaptativas que pue-
dan reemplazar funcionalmente los atracones
como una respuesta de afrontamiento. Sin em-
bargo, debido a que los individuos depresivos tam-
bién muestran una dieta elevada, puede ser acon-
sejable seguir un tratamiento enfocado en el afec-
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84 PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
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to con una intervención cognoscitivo conductual
estándar para la bulimia. Finalmente, la propor-
ción de éxito del tratamiento para la bulimia ner-
viosa puede aumentarse si se atienden las varia-
ciones en la presentación clínica del desorden.
A la par de esta investigación, se han realizado
otras aproximaciones a la clasificación de la buli-
mia en subtipos, ya que a la luz de la literatura se
evidencia la importancia de hacer una clasifica-
ción más detallada, con el fin de realizar un pro-
ceso de evaluación, identificación e intervención
precisa que eventualmente pueda incrementar la
efectividad de los tratamientos, aumentando la
probabilidad de éxito en las intervenciones.
Otros niveles de investigación
Dada la seria amenaza para la salud, la bulimia
nerviosa, al igual que otros desórdenes de alimen-
tación, ha sido objeto de investigación exhausti-
va en múltiples centros de investigación en el con-
texto internacional y se han identificado diferen-
tes factores causales a nivel neurobiológico, psi-
cológico y social. A nivel neurobiológico, se han
identificado factores nutricionales, eventos fisio-
lógicos periféricos y procesos centrales
neuroquímicos, que indican la posibilidad de que
al menos en algunos casos los desórdenes alimen-
ticios pueden surgir como resultado de procesos
neurobiológicos endógenos producidos por un dé-
ficit en la regulación del sistema de control de
apetito; igualmente, otras investigaciones han
identificado factores de riesgo o predisponentes
en el ámbito familiar, como tener antecedentes
de familiares con problemas de alimentación o
excesiva preocupación por el peso y patrones
perfeccionistas y de alta exigencia en los padres
(Graber y cols., 1994; Pike y Rodin, 1998; Wade y
cols., 2000; Humphrey, 1989).
Por otro lado, gran parte de la investigación se ha
centrado en identificar características propias de
las personas con bulimia, así como su relación con
otras entidades diagnósticas. En primer lugar, en
cuanto a variables demográficas y de género, se
ha encontrado mayor incidencia en mujeres; en
relación con la edad, se ha presentado entre 13 y
24 años.
En cuanto a características personales, los inves-
tigadores han encontrado una alta variedad de
factores a partir de variables de personalidad,
déficit en habilidades sociales y dificultades en
las relaciones interpersonales, patrones de pen-
samiento perfeccionistas y dicótomos. Aunque no
hay muchos estudios controlados sobre factores
causales en nuestro medio, Rodríguez y Gempeler
(1999) en un estudio con 32 pacientes de sexo
femenino, y mediante la aplicación de un conjun-
to de medidas sobre imagen corporal, creencias
sobre el comer y autoimagen, entre otras, identi-
ficaron nueve posibles factores externos
precipitantes asociados con el trastorno, éstos son:
burlas (críticas o adulación excesivas relaciona-
das con el cuerpo), sobrepeso real durante la prue-
ba, sobrepeso percibido, viajes sin los padres
(campamentos de verano), formas de maltrato
diferentes al físico, separación de los padres (des-
pués de estar casados durante más de cinco años),
abuso sexual franco, matrimonio de uno de los
padres (después de separase del padre biológi-
co), proceso de crecimiento y maduración rápi-
da, concluyendo que lo que denominan
“corporalidad” constituía el eje fundamental del
trastorno.
A pesar de que en los múltiples estudios
referenciados se ha identificado un déficit en
autoestima o autoimagen como factor asociado y
supuestamente causal (Vohs y cols., 1999), no se
ha establecido una clara relación de
direccionalidad; tampoco se han descrito los fac-
tores que determinan el déficit de autoestima;
de hecho, en muchos estudios se toma como un
constructo causal (Ruderman y Besbeas, 1992). El
estado afectivo negativo asociado con el bajo ni-
vel de autoestima ha llevado a los investigadores
a proponer un modelo de intervención con dieta
restrictiva (Stice y Agras, 1999); a su vez, la dieta
restrictiva se ha relacionado con los atracones
(Lowe y cols., 1998).
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PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 85
Los anteriores hallazgos han llevado a los princi-
pales investigadores en bulimia a proponer un
modelo en espiral de la bulimia nerviosa que tie-
ne varias etapas (Fairburn, Marcus y Wilson, 1993).
Inicialmente, la persona tiene una mala
autoimagen y un alto grado de insatisfacción con
su aspecto físico en referencia con peso y talla.
A pesar de la controversia sobre la naturaleza
misma de la bulimia en relación con otros proble-
mas de alimentación, como la anorexia nerviosa
o el desorden de comer en exceso, se han realiza-
do estudios multifactoriales que han apoyado la
existencia de la bulimia como un trastorno dife-
rente e independiente de otros problemas de ali-
mentación; además, se encuentran datos clínicos
e investigativos que indican que la bulimia es el
resultado de la interacción de causas diversas,
como la investigación mencionada anteriormen-
te, que llevan a la participación de distintos pro-
cesos psicológicos que pueden producir resulta-
dos aparentemente similares, pero son procesos
particulares. En otras palabras, de acuerdo con
esta posición, a pesar de que la bulimia constitu-
ye una categoría diferente de otras disfunciones
de la conducta de alimentación, en sí misma no
es una clasificación unitaria, sino que está forma-
da por diversos subtipos funcionalmente diferen-
tes que mostrarían un resultado particular en la
intervención (Stice y Agras, 1999); no obstante,
al igual que ha ocurrido con el concepto de auto-
estima, estos factores son a su vez el resultado
de la participación de procesos psicológicos bási-
cos que no se han identificado adecuadamente.
Para realizar una intervención eficaz e identificar
las posibles clasificaciones o subtipos de bulimia
nerviosa, autoestima y otro trastornos, se necesi-
ta un esquema de formulación que permita iden-
tificar y explicar adecuadamente los procesos psi-
cológicos que dan lugar a las manifestaciones clí-
nicas, con el fin de no centrarse únicamente en
describir la regularidad entre los sucesos
conductuales y ambientales de los trastornos, en
especial de la bulimia nerviosa. Este esquema
permitirá la predicción de aparición de las con-
ductas o las características topográficas de las
respuestas que faciliten posteriormente realizar
un análisis de contingencia y que también atien-
da los diferentes niveles de respuesta que depen-
den de distintos sistemas de concordancia, esta-
bleciendo de manera clara y consistente las rela-
ciones que tienden a covariar y a interactuar en-
tre sí en esta problemática, logrando así determi-
nar en el individuo cuál es el componente de su
comportamiento que debe modificar e indicarle
cuál es el mejor método para hacerlo.
En cuanto al proceso de formulación, las investi-
gaciones han llevado a Castro y Ángel (1998) a
plantear un modelo jerárquico de organización
conductual que diferencia los niveles de estable-
cimiento de relaciones entre distintos aconteci-
mientos; estos niveles corresponden a procesos
dinámicos donde se relacionan eventos ambien-
tales y conductuales que conforman complejas
redes causales que permiten ejecutar un trabajo
en el que efectivamente se identifiquen e inter-
vengan directamente estos procesos, y su éxito,
claro está, depende de la modificación de los
mecanismos que producen la conducta en par-
ticular.
En otras palabras, el enfoque por procesos psico-
lógicos permite identificar las relaciones o las le-
yes que tienden a covariar y a interactuar entre sí
en una problemática particular, permitiendo es-
tablecer aquellos procesos que no son reductibles
en otros (procesos básicos), identificando las le-
yes que los conforman y describiendo la clase de
interacción que permite establecer las redes com-
plejas que los llevan a procesos de segundo or-
den, facilitando de esta manera la explicación e
intervención de la conducta problema.
De acuerdo con este modelo, los comportamien-
tos relacionados con la bulimia nerviosa están
estructurados teniendo en cuenta la acción de
diversos procesos interdependientes que están
organizados jerárquicamente en distintos niveles:
procesos básicos (biológico, aprendizaje-
cognoscitivo y motivacional), procesos derivados
(emocional y afectivo), covariaciones y problemas
específicos.
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86 PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
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En el primer nivel, se plantean tres procesos bási-
cos no reducibles a otro nivel superior, que con-
forman la red de causación múltiple del compor-
tamiento.
El proceso biológico se refiere a una serie de va-
riables de estado, se relaciona con la materia de
que está hecho el organismo, incluyendo factores
genéticos, morfológicos y de funcionamiento de
los sistemas de órganos a través de mecanismos
bioquímicos, neuroendocrinos, eléctricos y
metabólicos, entre otros. De acuerdo con la lite-
ratura sobre bulimia nerviosa, se encuentran ba-
jos niveles de serotonina, pero que es preciso
determinar si corresponde a una causa o una con-
secuencia del desorden.
El proceso aprendizaje-cognoscitivo se refiere al
conjunto de relaciones y principios que determi-
nan la adquisición de nuevos repertorios y el cam-
bio de comportamientos de los organismos a tra-
vés del establecimiento de relaciones entre pa-
trones de acontecimientos ambientales y patro-
nes de acontecimientos conductuales, por medio
de mecanismos como condicionamiento clásico,
condicionamiento operante (selección por contin-
gencias), aprendizaje observacional, control
instruccional (reglas), entre otros.
El proceso motivacional hace referencia a la rela-
ción que existe entre el comportamiento y sus
consecuencias que, junto con las alternativas
conductuales disponibles, le permite al individuo,
por una parte, predecir y, por la otra, ejercer con-
trol sobre su propio comportamiento y sobre su
ambiente.
Conclusiones
Se evidencia que la bulimia nerviosa ha sido in-
vestigada desde diferentes puntos de vista a raíz
de su aumento en la población, tratando de iden-
tificar los factores causales y los factores de man-
tenimiento, pero pocas de estas investigaciones
apuntan a subdividir este trastorno.
Adicionalmente, no se evidencia una teoría que
apunte a clasificar a los individuos que presentan
bulimia nerviosa a través de los procesos psicoló-
gicos que interactúan en la adquisición y mante-
nimiento; si se identificaran claramente estos pro-
cesos con una evaluación sistemática, se facilita-
ría un proceso de intervención más efectivo y po-
siblemente se incrementarían los niveles de efec-
tividad de los tratamientos, como la TCC.
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... La anorexia nerviosa (AN), es una condición de desnutrición profunda, se caracteriza por la incesante auto inanición y pérdida de peso potencialmente mortales esto a causa de alteraciones en múltiples ejes neuroendocrinos, lo que conlleva a graves efectos negativos en múltiples órganos y sistemas del cuerpo humano, dentro cuanto a las conductas inadecuadas dirigidas a compensarlos destaca, por su mayor frecuencia, el vomito autoinducido, pero también se utiliza el uso de laxantes y diuréticos, los enemas, diversos fármacos o sustancias, el ejercicio excesivo y el ayuno (208). ...
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The present study was conducted to identify the prevalence of mental disorders and associated comorbidities as well as identifying risk and protective factors from the individual, family and community in the city of Medellin, Colombia. 4176 participants ages 18 to 65 years were interviewed using a multi-stage sampling design. The WMH-CIDI structured interview for mental disorders (WHO-WMH Harvard consortium) was used to identify lifetime, past year and past month estimates of DSM-IV mental disorders in 16 municipalities. Females displayed higher lifetime prevalence of GAD than males (2.7% vs. .97%, CI total .8-1.4 ), PTSD (7.3% vs. 3.7 CI total 5.1-7.3) and OCD (5.6% vs. 2.7% Ci total 3.1 - 6.2). Conversely, Males showed a slightly higher prevalence of bipolar disorder than females (1.78% vs. 1.24%, CI total 1.1-1.8) though females displayed a higher lifetime prevalence of major depression (12.4% vs. 5.6%, CI total 9.0-10.9) than their counterpart. Lifetime diagnosis of drug dependence was higher among males than females (4.5% vs. .88, CI total 1.5-2.7) whereas suicidal attempt was reported more often among females (5.5% vs. 3.0%, CI total .5-1.0). Findings are discussed in terms of policy decisions to develop prevention programs and access to mental health services.
... Os transtornos alimentares (TA) são quadros psiquiátricos 1 caracterizados por graves alterações do comportamento alimentar 1-4 e constituem um dos problemas de saúde de maior crescimento na população jovem 5 . Essa população é a mais atingida 4,6,7 porque é neste período que ocorrem de controle -os chamados episódios bulímicos 4,6 . ...
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BACKGROUND: deglutition and bulimia. PURPOSE: to submit and discuss the scientific research concerning oropharyngeal characteristics related to deglutition in patients with purging type bulimia nervosa. CONCLUSIONS: bulimia nervosa entails a series of changes in structures and functions that compose the oropharyngeal tract, such as dental erosion, hypersensitivity, weakness and fracture of the teeth, occlusion problems, caries, periodontal diseases, intraoral desensitization, hypogeusia, ulceration, granulomas, angular cheilitis, enlargement of the parotid glands, coughs and odynophagia. There is a prevalence in the scientific literature of reports about morphologic alterations on the detriment of the functional ones. Few reports discussed the relationship between bulimia and deglutition, superficially mentioning the possibilities for triggering oropharyngeal dysphagia.
... Os transtornos alimentares (TA) são quadros psiquiátricos 1 caracterizados por graves alterações do comportamento alimentar 1-4 e constituem um dos problemas de saúde de maior crescimento na população jovem 5 . Essa população é a mais atingida 4,6,7 porque é neste período que ocorrem de controle -os chamados episódios bulímicos 4,6 . ...
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TEMA: deglutição e bulimia. OBJETIVO: apresentar e discutir os achados científicos descritos na literatura quanto às características orofaríngeas relacionadas à deglutição em portadores de bulimia nervosa do tipo purgativa. CONCLUSÃO: a bulimia nervosa acarreta uma série de alterações em estruturas e funções que compõem o trânsito orofaríngeo, como erosão dentária, hipersensibilidade, enfraquecimento e fratura dos dentes, problemas de oclusão, cáries, doenças periodontais, dessensibilização intra-oral, hipogeusia, úlceras, granulomas, queilite angular, hipertrofia das glândulas parótidas, tosse e odinofagia. Existe um predomínio na literatura científica de relatos sobre alterações morfológicas em detrimento das funcionais. Poucos relatos abordaram diretamente a relação entre a bulimia e deglutição, apenas mencionando superficialmente as possibilidades de desencadeamento da disfagia orofaríngea.
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Brazil is the largest consumer of pesticides in the world. However, knowledge on how these pesticides affect wildlife is scarce. Among the vertebrates, amphibians are particularly important in research to assess the impact of pesticides because of the correlation between pesticide and the decline of these species. This study aimed to evaluate the acute and chronic toxicity of commercial formulations of pesticides, i.e., atrazine (herbicide), cypermethrin (insecticide), and tebuconazole (fungicide) in Physalaemus cuvieri tadpoles. Eggs were collected in nature and cultivated under controlled conditions in the laboratory. Toxicity tests were carried out under standard conditions to determine the lethal concentration (LC50) after 96 h of exposure and to determine the effect of sublethal concentrations after 7 days. In addition, we performed swimming activity tests on tadpoles exposed to sublethal concentrations. The lethal concentration (LC50) was 19.69 mg/L for atrazine, 0.24 mg/L for cypermethrin and 0.98 mg/L for tebuconazole. In the acute test, atrazine showed lower toxicity than cypermethrin and tebuconazole for P. cuvieri. Swimming activity was affected at sublethal doses of atrazine and cypermethrin, but was not after exposure to tebuconazole. Cypermethrin was the insecticide that most altered the swimming activity of the individuals tested. The risk evaluation analysis indicated risks for tadpoles exposed to three tested pesticides, specially cypermethrin.
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Little prospective work has charted the onset and predictors of subclinical or clinical eating problems. Eating problems were studied in 116 adolescent girls drawn from a normal population of students enrolled in private schools in a major metropolitan area who have been followed longitudinally over an 8-yr period from young adolescence to young adulthood. Over a quarter of the sample scored above the level identifying a serious eating problem at each of the 3 times of assessment. Examination of the adolescent pattern of eating problems over young and mid-adolescence indicated that pattern was associated with (1) earlier pubertal maturation and higher body fat, (2) concurrent psychological disturbances, (3) subsequent eating problems, and (4) other long-term adjustment outcomes such as depressive affect in young adulthood. (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
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Although investigators have postulated that the thin ideal for women espoused in the media is related to the high rates of eating disorders among females, little research has examined the relation between media exposure and eating pathology. This study assessed the relation of media exposure to eating disorder symptoms and tested whether gender-role endorsement, ideal-body stereotype internalization, and body satisfaction mediated this effect. In data from 238 female undergraduates, structural equation modeling revealed a direct effect of media exposure on eating disorder symptoms. Furthermore, mediational linkages were found for gender-role endorsement, ideal body stereotype internalization, and body satisfaction. The results support the assertion that internalization of sociocultural pressures mediate the adverse effects of the thin ideal.
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The results of a 1-year posttreatment follow-up of 93 obese women diagnosed as having binge eating disorder (BED) and treated with group cognitive-behavioral therapy (CBT) followed by weight loss treatment are described. The group as a whole maintained both reductions in binge eating and abstinence rates fairly well. However, they regained the weight lost during treatment. Those who stopped binge eating during CBT maintained a weight loss of 4.0 kg over the follow-up period. In contrast, those who continued to binge gained 3.6 kg. Twenty-six percent of those abstinent after CBT met criteria for BED at follow-up and had gained weight, whereas the remaining 74% had lost weight. Stopping binge eating appears critical to sustained weight loss in BED.
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Examined the emergence of eating problems in adolescent girls as a function of pubertal growth, body image, personality development, and family relationships. 193 White females and their mothers were seen in middle-school years ( M age = 13.93 years) and 2 years later. Results showed that girls who early in adolescence felt most negatively about their bodies were more likely to develop eating problems (on EAT-26) 2 years later. Concurrently, Time 1 eating problems were associated with body fat, grade, negative body image, and psychopathology, but not family relationships. At Time 2, adolescent body image and internalizing dimensions of psychopathology predicted problem-eating scores, as did maternal body image and depression. Findings are discussed in terms of adolescent patterns of adaptation, developmental psychopathology, and the study's relevance for understanding clinical eating disorders. (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
Article
The impaired relationship between bulimics and their environment may be important factors in the onset and perpetuation of bulimia. This study explored specific aspects of the bulimic's social network and interpersonal relationships as well as individual difference variables that might mediate her ability to obtain support or perceive this as adequate. Ss were 21 bulimic women and 21 control Ss who completed self-report measures assessing perceived social support, the quality of relationships, social skills, and psychopathology. Bulimics reported less perceived support from friends and family, more negative interactions and conflict, and less social competence. Differences in negative interactions remained significant after controlling for overall psychopathology, and level of conflict was an important predictor of group membership. In addition, bulimics were rated as less socially effective by observers unaware of their group membership. Results highlight the need for further investigation of the quality and type of interactions in bulimic women's lives.
Article
Bulimic women from underweight (n = 20), normal-weight (n = 31), and overweight (n = 22) categories were compared with restrictor anorexics (n = 20), normal controls (n = 31), and obese subjects (n = 22). Each subject was administered the Minnesota Multiphasic Personality Inventory, the Internal-External Locus of Control Scale, the Rosenberg Self-Esteem Scale, and the Semantic Differential Potency Scale. Bulimic women in all 3 weight categories exhibited greater psychopathology, more external locus of control, lower self-esteem, and lower sense of personal effectiveness than nonbulimic women at similar weight levels. The highest psychopathology, lowest self-esteem, and most external locus of control were found among the underweight bulimic women. Significant differences between bulimic women of different weight levels suggest the need for some modification of treatment approaches depending on the bulimic women's weight level.
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Compared observations of family interactions among anorexic, bulimic-anorexic, bulimic, and normal families. A total of 74 family triads participated, including father, mother, and teenage daughter. Each family was videotaped during a 10-min discussion of the daughter's separation from the family. These tapes were coded using Benjamin's structural analysis of social behavior (SASB) model and observational schema. The results showed that the SASB methodology differentiated clinical from normal families and that there were unique patterns among subtypes of eating disorders. Specifically, parents of anorexics communicated a double message of nurturant affection combined with neglect of their daughter's needs to express themselves and their feelings. Anorexic daughters, in turn, were ambivalent about disclosing their feelings versus submitting to their parents. In contrast, bulimics and their parents were hostilely enmeshed and, for them, this appeared to undermine the daughter's separation and self-assertion. These findings are consistent with current theory and research on anorexia and bulimia.
Article
This study explores some possible causes of the recent increase in dieting and eating disorders among American women. Measures on body image, attitudes to eating and weight, and eating behaviors were collected from male (sons) and female (daughters) college students and their biological parents. All groups but the sons considered their current body shape to be heavier than their ideal. Mothers and daughters believed that men (of their own generation) prefer much thinner women than these men actually prefer. Mothers and daughters both showed great concern about weight and eating. Although fathers resembled mothers and daughters in their perception of being overweight, they were more similar to their sons in being relatively unconcerned about weight and eating. Hence, the major factor in concern about weight is sex rather than generation or discrepancy between perception of current and ideal body shape. (PsycINFO Database Record (c) 2012 APA, all rights reserved)
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Cognitive-behavioral therapy (CBT) is applicable to all eating disorders but has been most intensively studied in the treatment of bulimia nervosa (BN). CBT is designed to alter abnormal attitudes about body shape and weight, replace dysfunctional dieting with normal eating habits, and develop coping skills for resisting binge eating and purging. CBT is effective in reducing all core features of BN and shows good maintenance of therapeutic improvement. Although superior to therapy with antidepressant drugs, CBT has not been shown to be consistently superior to alternative psychological treatments. Different hypotheses about CBT's mechanisms of action are discussed.
Article
Controlled studies have established manual-based cognitive-behavioral therapy (CBT) is the first-line treatment of choice for bulimia nervosa. Nevertheless, its effectiveness is limited. On average, only 50% of patients cease being eating and purging. Of the remainder, some show partial improvement, whereas a small number derive no benefit at all. In treating nonresponders to CBT one option would be to use antidepressant medication. A second would be to adopt interpersonal psychotherapy (IPT), an alternative psychological therapy with empirical support. However, both options have failed to reduce binge eating following unsuccessful CBT. Treating nonresponders is hampered by the lack of treatment-specific predictor variables. Comorbid personality disorder is associated with a poorer response not only to CBT but also alternative therapies. There is no evidence that psychodynamic therapy is effective with complex cases with associated psychopathology. A third option is to use more expanded or intensive CBT. An example of the latter would be concentrated exposure within an inpatient setting. The relative merits of adhering to manual-based treatment versus allowing therapists free reign in individual case formulation are discussed.