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Abstract and Figures

An outline of the main trends in forest policy is presented, contrasting the available data on woodland area in Catalonia from the 19th century to the present. In some periods the reasons for these laws or regulations, and the ensuing conflicts that arose, are the only available national source to approach the state of Catalan forests. When they are compared with subsequent data on woodland cover, it can be observed that their effectiveness was generally very limited. The information gathered shows a socioecological transition from a long-lasting period of contraction of woodland areas and substantial increases in forestry extractions until the mid-20th century, to another long-lasting one until the present day, where rural abandonment has led to an increase in woodland cover that probably exceeds the initial figures. The pressure over forest resources peaked between the First World War and the 40 years of Franco's autarky.
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1
Política forestal y evolución de los bosques en Cataluña desde el siglo XIX hasta la
actualidad
TERESA CERVERA, RAMON GARRABOU, ENRIC TELLO
1. Introducción
La transformación antrópica del monte ha respondido históricamente a dos lógicas
interdependientes desplegadas de forma diversa en el territorio: la estructuración del
espacio y la explotación de los recursos (Clément, 1993). Nuestro paisaje agroforestal
actual es, por tanto, resultado de los cambios sucedidos en diversas etapas históricas en
ambas dimensiones: 1) la evolución de la linde entre el espacio cultivado y los pastos o
bosques; y 2) la intensidad de los aprovechamientos en aquellos espacios incultos que
además de la extracción de madera y leña, o el carboneo, incluían otros productos no
madereros. Las culturas agrosilvopastorales tradicionales se caracterizaban por un uso
múltiple e integrado de ambos espacios cuya complejidad, variedad y adaptación a los
recursos locales solía escapar a las categorías rígidas y reduccionistas empleadas por la
administración real y sus recaudadores de impuestos (Tello et al., en prensa; Marull et
al., de próxima publicación a y b). Todo ello hace difícil trazar la evolución de la
superficie de los montes con sus variados aprovechamientos, y en especial conocer la
superficie arbolada y su estado. Los datos disponibles distan de ser precisos y
homogéneos, porque las categorías y clasificaciones empleadas por las administraciones
públicas simplificaban en extremo una realidad mucho más variada, superpuesta y
compleja, y su cambio frecuente de criterio distorsiona los sucesivos recuentos y las
series históricas disponibles (Grove y Rackham, 2001).
De un modo muy aproximado podemos reconstruir las grandes tendencias
experimentadas por la variación de la linde entre cultivos y montes en Cataluña desde el
siglo XIX hasta la actualidad. Si nos atenemos a los grandes órdenes de magnitud,
teniendo en cuenta los grados de imprecisión y error de esos datos, se dibujan dos
grandes ciclos de signo opuesto: una etapa de creciente deforestación desde mediados
de siglo XIX al primer tercio del siglo XX, seguida por otra de reforestación a partir de
mediados de siglo XX hasta la actualidad. Más alde estas estimaciones globales, solo
podemos reconstruir el paisaje forestal a partir de los años setenta del siglo XX,
2
analizando los distintos inventarios nacionales existentes (IFN1,1966-1975; IFN2,
1986-1995 y IFN3, 1997-2007). Para las etapas anteriores, y especialmente en los
montes de titularidad privada (Jiménez-Blanco, 2002) que en Cataluña eran la gran
mayoría, resulta muy difícil conocer la superficie y el estado del bosque.
Exceptuando algunos datos muy puntuales procedentes de laboriosos estudios locales
basados en los métodos experimentales de la dendrología, la antrocología, la palinología
y la arqueología del paisaje (Pèlachs et al., 2009), a escala agregada sólo disponemos de
otra fuente indirecta para conocer el estado del bosque en las distintas etapas históricas:
la política forestal, y los debates públicos que suscitó. De hecho, es gracias a ella que
disponemos de algunas estadísticas de los aprovechamientos madereros, aunque para el
conjunto de bosques públicos y privados ello lo sea posible a partir de 1940 tras una
larga y costosa puesta en marcha de una administración forestal reguladora.
El objetivo del artículo es perfilar las grandes tendencias de la política forestal desde el
siglo XIX hasta la actualidad, a partir del análisis del conjunto de ideas y objetivos que
la inspiraron, de la legislación y procedimientos administrativos propuestos o aplicados,
confrontándolas con los datos disponibles acerca de la superficie arbolada, de la presión
ejercida sobre los bosques y del estado general de los montes. Para ello se ha analizado
tres grandes etapas: la primera, desde el 1835 hasta el 1939, con la política forestal del
liberalismo oligárquico (1833-1931) y un efímero período republicano (1931-1939); la
segunda, con la política forestal del franquismo (1939-1976); y la tercera, desde el 1977
hasta el 2010. Hemos intentado tener siempre muy presente que las distintas políticas
forestales estuvieron sometidas a las dinámicas socioeconómicas y energéticas
predominantes, y a unas políticas agrarias y comerciales prioritarias cuya orientación
ideológica estuvo casi siempre sesgada por los intereses de grupos sociales que trataban
de influir en ellas.
2. El largo plazo: dos grandes etapas de deforestación y reforestación
La principal fuerza motriz de los procesos de creciente deforestación y posterior
reforestación fue la extensión o contracción de la superficie cultivada, que se vio
también impulsada y/o reforzada por la intensificación o el abandono de los
aprovechamientos forestales. La superficie cultivada creció desde 962.132 ha en 1860
3
hasta 1.211.021 ha en 1932, cuando suponía un 41% de la superficie agraria útil (SAU)
de Cataluña una tendencia expansiva que sólo se detuvo momentáneamente por la
plaga de la filoxera entre 1885 y 1902 (Figura 1). La presión del cultivo redujo el área
de monte desde unos dos tercios del territorio agrario catalán a mediados del siglo XIX
hasta el 60% de la SAU durante la Segunda República (1931-1939). En el primer tercio
del siglo XX la superficie forestal registró su mínimo absoluto con tan sólo 1.735.435
ha, marcado por la volátil rentabilidad de la explotación maderera, una creciente
competencia exterior, y también por un intenso aprovechamiento para pastos, resina,
leña, carbón o extracción de materias fertilizantes (Uriarte, 2000; GEHR, 2003:339;
Iriarte-Goñi, 2008 y 2014; Iriarte-Goñi y Ayuda, 2008; Olarieta et al., 2011).
FIGURA 1.
Evolución de los principales usos del suelo en Cataluña (1860-1932)
Fuente: elaboración propia a partir de Garrabou y Pujol (1987), Grupo de Estudios de Historia Rural
(1991,1994 y 2003), y Casals (2005). Las discrepancias entre los distintos recuentos se han ajustado
tomando como referencia la Superficie Agraria Útil (SAU) de cada provincia catalana en 1962,
asignándolas al conjunto de usos o algunos en particular en función de la coherencia con los años
inmediatamente anteriores y posteriores.
De 1960 en adelante encontramos una tendencia totalmente opuesta. Comparando los
tres inventarios nacionales realizados en España a partir de los años sesenta, y a pesar de
las incoherencias derivadas de los cambios metodológicos introducidos (Terradas et al.,
2004), podemos observar un incremento continuado de la superficie forestal y arbórea
(Figura 2). Sin contabilizar la superficie improductiva natural, en 1970 el monte
ocupaba 1.846.767 ha, 1.855.944 ha en 1989, y 1.930.482 ha en 2000, pasando del 58%
4
de la superficie total de Cataluña en los años setenta al 60% en años recientes. En el
mismo periodo la superficie arbolada pasó del 36% al 51% (Casals, 2005).
FIGURA 2.
Evolución de los principales usos del suelo dentro de la superficie
total de Cataluña (1970-2000)
Fuente: elaboración propia a partir de Terradas et al. (2004) y Casals (2005)
La misma tendencia de crecimiento se observa analizando la evolución del Mapa de
Cubiertas del Suelo de Cataluña, con una superficie forestal de 1.941.303 ha en 1993 y
2.052.618 ha en 2009, pasando del 61% al 64% respecto la superficie total. Según esta
fuente a superficie arbórea ha aumentado del 38% al 42%, y cubre un total de 1.348.182
ha en 2009 (MCSC, web del CREAF: http://www.creaf.uab.es/spa/index.htm).
Elmar Schwarzlmüller (2008) estima para 1955 una superficie arbolada en España del
40% respecto el conjunto de la SAU (Figura 3). Aplicando esa proporción cuando el
área inculta suponía alrededor del 60% de Cataluña, únicamente el 24% de la SAU sido
bosque entre 1932 y mediados del siglo XX. Por su parte, en 1921 Emili Huguet del
Villar estimó la superficie arbórea de España en un 15% de la superficie total (Tello y
Sudrià, 2010). Fuera cual fuera su nivel, todo indica que la máxima deforestación debió
alcanzarse en algún momento entre la Primera Guerra Mundial y la década de 1950, con
puntos de inflexión probablemente distintos según provincias y comarcas.
5
FIGURA 3.
Estimación de las usos del suelo dentro de la superficie agraria
útil de España en 1955
Fuente: elaboración propia a partir de Schwarzlmüller (2008, pp. 34-35 y 62-63)
Entenderemos mejor esos grandes cambios en las cubiertas del suelo si los relacionamos
con las diversas etapas por las que ha pasado el régimen sociometabólico, desde una
economía «orgánica» (Wrigley, 2010) cuyos flujos de energía y materiales se basaban
en la biomasa, a otra fundada principalmente en la desacumulación de combustibles
fósiles (Smil, 2010; Krausmann et al., 2012). Durante la primera revolución industrial y
los albores de la segunda (1780-1950), el conjunto del sector primario siguió basándose
en las formas tradicionales de captación indirecta de la energía solar, mientras gran
parte de la industria y los transportes pasaron a ser propulsadas masivamente por carbón
mineral y los derivados del petróleo (Fischer-Kowalski y Haberl, 2007). Aquel desfase
energético entre una economía urbano-industrial basada en el carbón, y un sector
agrario que aun consumiendo cantidades crecientes de fertilizantes industriales seguía
mayoritariamente basado en la tracción animal, el estiércol y las rotaciones de cultivos,
sólo desaparecería con la plena industrialización de la agricultura y la cría ganadera
producida durante la segunda mitad del siglo XX en plena era del petróleo barato (Smil,
2001a, 2001b, 2003). El régimen sociometabólico basado en la captación indirecta de
energía solar a través de la biomasa tenía un elevado «coste territorial» (Guzmán
Casado y González de Molina, 2009) que se traducía en extensión del cultivo, mientras
que los flujos energéticos basados en la desacumulación de combustibles fósiles han
6
comportado después una «emancipación temporal del suelo» (Mayumi, 1991; Sieferle,
2001a, 2001b). Eso explica por qué sólo con la llamada «Revolución Verde» de1960 en
adelante (Naredo, 1996) pudo tener lugar una completa reversión de la anterior
tendencia hacia la deforestación.
3.- La política forestal desde 1833 a 1939
3.1.- De la privatización a las políticas forestales activas
En el siglo XVIII había aumentado la presión sobre los recursos forestales, con la
extensión del cultivo y un mayor consumo naval, energético o constructivo propulsado
por el fuerte crecimiento demográfico y agrario (Vilar, 1966; Ferrer, 2007). En la etapa
final del absolutismo los derechos privados y colectivos de los pueblos sobre los
recursos forestales se vieron amenazados por las crecientes demandas militares de la
monarquía, que durante más de medio siglo desarrolló una compleja estructura
burocrática para controlar el monte. Sin embargo, a finales de siglo XVIII se alzaron
voces en favor de una política más liberal para mejorar el estado de los bosques.
Tras varios vaivenes hacia una mayor o menor liberalización de los recursos, en 1833 se
aprobaron las Ordenanzas Generales de Montes que marcarían la política forestal liberal
hasta finales del siglo XIX
1
. Todos los privilegios de la Marina Real quedaron abolidos,
y se concedió plena libertad a los particulares para cercar los montes y llevar a cabo los
usos más provechosos. Las ordenanzas locales sólo regularían técnica y comercialmente
los aprovechamientos de propiedad colectiva. Se estableció una policía común y la
obligación de obtener autorización de la propiedad para cualquier uso de personas
ajenas a la misma. La caza y la pesca también pasaron a ser derechos privativos del
propietario. Las pocas normas que siguieron vigentes eran las que otorgaban libertad de
paso al ganado trashumante
2
.
La etapa del liberalismo oligárquico decimonónico se caracterizó en Cataluña por un
crecimiento demográfico sostenido, a un ritmo inferior al del setecientos, y un proceso
1
Real Decreto, 22 de diciembre de 1833, promulgando las Ordenanzas Generales de Montes (Gaceta de
Madrid, 24/12/1833) (Muñoz, 1983).
2
Real Orden declarando que en los montes de propiedad particular puede cada uno introducir libremente
sus ganados ó los ajenos (Gaceta de Madrid 84, 15/05/1834).
7
de crecimiento económico, industrialización y urbanización que comportaron un inicio
de la transición socioecológica a los combustibles fósiles bastante temprana (Sudrià y
Bartolomé, 2003; Malanima, 2006; Gales et al. 2007; Nadal, Benaúl y Sudrià, 2012). La
construcción de naves de madera y el consumo de carbón vegetal en la fundición de
hierro de las fargas pirenaicas se había reducido considerablemente desde finales del
siglo XVIII (Delgado, 1983; Mas, 2000). Aparentemente todo eso favorecía que el
sueño liberal se hiciera realidad: la conservación y mejora del bosque iría de la mano de
su privatización. Nada más lejos de la realidad, sin embargo (Ramos-Gorostiza, 2009).
La reforma agraria liberal impulsó una nueva restructuración del espacio agrario. En
1860 había en Cataluña 1.972.112 ha de monte que representaban el 67% de la SAU,
pero retrocedieron con las roturaciones destinadas principalmente a la vid, olivos y
frutos secos (GEHR, 1994). Las 308.484 ha de viñedo existentes en 1860 aumentaron
un 19% hasta alcanzar el máximo de 367.445 ha en 1885, descendiendo después de la
plaga de la filoxera hasta 249.729 ha en 1930 (Badia-Miró et al., 2010). En 1893, en
plena crisis agraria, un articulista escribía: «El cultivo de la vid ha sustituido a la
explotación descansada y segura del monte. Lo que nos queda de riqueza forestal, como
no vale dinero, se destruye sin provecho de nadie. No tenemos el monte que debiéramos
tener, pero todavía tenemos extensión apreciable que urge conservar, dilatar y explotar
racionalmente y a toda costa»
3
.
Por otra parte se incrementó la presión sobre los recursos forestales que seguía
albergando una superficie de monte cada vez menor. Hasta la Segunda Guerra Mundial
el consumo de combustibles fósiles no sustituyó sino que se añadió al creciente
consumo de biomasa forestal, pues es sólo a mediados de siglo XX cuando se produce
una sustitución plena de la leña o el carbón vegetal por gases licuados del petróleo o gas
natural (Iriarte-Goñi y Ayuda, 2008; Iriarte-Goñi, 2014). Muchas fotografías de finales
de siglo XIX muestran el mal estado de los bosques catalanes medio siglo después de la
reforma liberal. En un artículo publicado en 1897 se leía: «Explayo mi mirada por las
laderas inmensas (pirenaicas) de uno y otro lado: calveros ingratos que dejan al
descubierto la roca pelada o la pedregosa tierra estéril, aquí y allá rastrojos que acusan
la invasión predeterminada de la zona forestal por la de cultivo»
4
.
3
La riqueza forestal y los Tratados de Comercio, La Vanguardia (25/10/1893).
4
Los montes públicos, La Vanguardia (06/08/1897).
8
Era cada vez más evidente que la panacea de la privatización había fracasado, pues los
propietarios del monte no conservaban el bosque tanto si conseguían explotarlo con
provecho como si no lo lograban. A principios del siglo XX los grandes propietarios
catalanes se quejaban de las dificultades económicas provocadas por los elevados costes
de transporte ferroviario, y la falta de un arancel que limitara las importaciones
especialmente de Portugal e Italia que entre 1900 y 1935 cubrieron un 22% del
consumo español de madera (Iriarte-Goñi, 2008, p. 53). También lamentaban la crisis
del sector del corcho, con un descenso de los precios que ponía en peligro los
alcornocales al resultar más rentable explotarlos para leña y carbón
5
. Con la Primera
Guerra mundial el precio del carbón vegetal se multiplicó dos veces y media de 1913 a
1922 (Sala, 2003). Aunque los precios de la madera experimentaron alzas menores y
más volátiles, probablemente en aquellos años la urbanización y difusión de nuevas
«cocinas económicas» llevó la producción de carbón vegetal hasta su cénit histórico.
Durante la crisis finisecular se abrió paso de nuevo la idea que tanto el fomento del
desarrollo económico, como la protección de los recursos naturales, requerían una
intervención pública más decidida y eficaz. El retorno a políticas públicas activas
también se vio favorecido por el contexto de fuerte represión de conflictos sociales en
aumento, derivados tanto de la privatización y mercantilización del bosque como del
intervencionismo del Estado a favor de los grandes propietarios (Cobo Romero et al.,
1992; GEHR, 1994; Sala, 1997; Cruz et al. 2000; Iriarte-Goñi, 2005). El anterior vacío
liberal de políticas públicas había comenzado a cerrarse con la aprobación en 1863 de la
primera ley de montes, aunque su ámbito se mantuvo restringido a los bosques de
propiedad pública. Uno de sus resultados más importantes fue la creación de la Escuela
de Ingenieros de Montes, cuya primera promoción se licenció en 1852-53 (Gómez
Mendoza y Mata Olmo, 1992; Gómez Mendoza, 2002; Casals1996). El nuevo cuerpo de
ingenieros era partidario de una gestión pública de larga capitalización, frente a una
gestión privada del monte orientada a la rentabilidad inmediata. A partir de las ideas de
la ciencia dasonómica alemana, quería conjugar el aumento de la producción maderera
con la conservación del patrimonio forestal (Casals, 2009).
5
Comunicación del XIV Congreso de la Federació Agrícola Catalana-Balear de 1911.
9
A principios de siglo XX los montes públicos se dividían en tres grupos: los sujetos al
régimen de ordenaciones; los sujetos a trabajos hidrológico-forestales; y los de servicio
ordinario, estadístico y de guardería por los distritos forestales
6
. Pese a que los dos
primeros grupos no llegaban a la décima parte, su custodia requería una carga
administrativa importante y la administración forestal se mantuvo crónicamente
infradotada. La superficie forestal siguió reduciéndose por el avance roturador, mientras
las extracciones de leña, carbón u otros aprovechamientos privados se intensificaban
(GEHR, 2003, p. 339).
Entre 1914 y 1925 la Mancomunidad de Cataluña creó su propia Oficina de Estudios
Jurídicos, una Escuela Superior de Agricultura y un servicio forestal. Bajo un espíritu
crecientemente nacionalista, la política forestal catalana reforzó el empeño en conservar
el bosque y reforestar los montes denudados, experimentando con nuevas técnicas y
especies a la vez que recopilaba las costumbres y conocimientos silvícolas tradicionales.
En 1918 se aprobó la Ley de Defensa de los Bosques, que ante el impulso deforestador
de aquella coyuntura bélica obligó hasta 1920 que los propietarios solicitaran
autorización para cortar madera y extraer leña o carbón vegetal
7
. En 1924, bajo la
dictadura de Primo de Rivera, se prohibió la corta a hecho en los bosques privados y en
1925 se limitaron los aprovechamientos concedidos, exigiendo autorización para
efectuar cortas y roturaciones (Muñoz, 1983).
Con la aprobación en 1916 de la Ley de Parques Nacionales se abrió paso la idea de
preservar espacios naturales (Ramos-Gorostiza, 2005), que ya había sido precedida en
Cataluña por las propuestas de 1902 y 1917 de proteger «la Muntanya Santa de
Montserrat» y el «Bosc de Tosca de la Vall d’en Bas» (Mallarach y Comas, 2008). En
1932 la Generalitat Republicana aprobó el Pla de distribució en zones del territori
català (Regional Planning) que incluía parques y bosques reservados (Casals, 2005, p.
260-278). Sin embargo, el primer espacio protegido en Cataluña el Parque Nacional de
Aigüestortes y Sant Maurici no se aprobó hasta 1955.
6
En 1909 Cataluña tenía tres distritos, el de Barcelona-Girona-Balears, Lleida y Castelló-Tarragona.
7
Ley relativa a la conservación y fomento de la riqueza forestal (Gaceta de Madrid 209, 28/07/1918),
propuesta por el Ministro de Fomento Francesc Cambó (1876-1947) y el Director General de Agricultura
Carles de Camps (1860-1939).
10
De 1931 a 1939 la política de la Generalitat republicana coincidió con una presión
intensa sobre los recursos madereros, ganaderos y energéticos. Aunque poco pudo hacer
para remediar esa situación, se fomentó la participación privada y la formación con la
creación del Consell d’Agricultura, Ramaderia i Boscos, escuelas agrarias y centros de
investigación
8
. Se acentuó el control sobre los aprovechamientos forestales a través de
un servicio forestal propio encargado del estudio de proyectos de repoblación, y de
expedir y valorar las licencias de corta por selección con posibilidad de marcaje previo
9
.
Sólo si existía un proyecto de ordenación bastaba con presentar un certificado del
ingeniero redactor, fuera éste de la administración o privado.
En 1934 se publicaron nuevas directrices silvícolas para los montes de propiedad
privada con el objetivo de garantizar el recubrimiento arbóreo
10
. Las repoblaciones
serían voluntarias, a partir de contratos entre la administración forestal y el propietario,
previa aprobación de un proyecto. Pese a durar tan poco tiempo, se reforestaron algunos
parajes
11
. Todo ello se completó con campañas públicas para educar y concienciar sobre
la protección del arbolado
12
. A partir de 1936, ya iniciada la Guerra Civil, se
controlaron o suspendieron algunos aprovechamientos ante una demanda excepcional y
la necesidad de garantizar el suministro al ejército y la población civil
13
.
3.2.- La formación de un patrimonio forestal público
Las políticas forestales activas tuvieron que circunscribirse durante mucho tiempo al
patrimonio forestal público que sobrevivió a la privatización, por lo que conviene
examinar el impacto que supuso el cambio de régimen de propiedad liberal. La
enajenación y privatización de comunales fue menor en Cataluña que en el resto del
8
Decreto de 31 de octubre de 1931(BGC Nº7, 01/11/1931) y Acuerdo de gobierno de 1932 (DGC Nº12,
30/06/1932).
9
Acuerdos de gobierno de 1932 (BGC 18, 30/0971932; 22, 30/11/1932; Nº10, 30/05/1932, Nº17,
15/09/1932; Nº30/04/1932).
10
Decret aprovant les Instruccions per a regular els aprofitaments dels boscos de propietat particular i
llur policia (BOGC 165, 14/06/1934).
11
Acuerdos de Gobierno de 1932 y 1935 (BGC Nº11, 15/06/1932; Nº14, 30/07/1932; Nº21, 15/11/1932;
BOGC Nº90, 31/03/1935).
12
Algunos lemas en aquellas campañas: Sin arboles no hay industria ni trabajo; Plantar árboles es
contribuir a la consolidación de la nueva economía; la destrucción del bosque es la destrucción de la
economía (Departament d’Edicions del Parlament de Catalunya, 2006. Cartells de la Col·lecció Fornas).
13
Ordre que dicta normes per a la suspensió dels aprofitaments en curs d’alzines, roures, verns i altres
espècies similars (DOGC 91, 01/04/1938). Orden dando normas para facilitar, tanto al Ejército como a la
población civil, maderas, leñas, cortezas y plantas herbáceas de los montes declarados de utilidad pública
(Gaceta de la República: Diario Oficial 7, 07/01/1938).
11
Estado español, dado que el entramado jurídico enfitéutico ya había dado lugar a una
casi-privatización de hecho (Sala, 1998). Pese a ello, la reforma liberal también
comportó en Cataluña un aumento del poder de los grandes y medianos propietarios, un
acceso restringido de nuevos grupos sociales a la propiedad de la tierra, y la entrada de
capital mercantil en la explotación de los recursos.
Los procesos de desamortización de Godoy (1805) o durante el Trienio Constitucional
(1820-23) fueron muy efímeros. Con la desamortización de Mendizábal de 1837 buena
parte de los bienes de la iglesia fueron vendidos a la población más acomodada. Más
importante para la propiedad forestal fue la Desamortización General de Madoz de
1855, que inició la privatización de bosques y pastos comunales con la expropiación y
venta de bienes municipales o corporaciones civiles a través de un complejo proceso
que duró más de sesenta años. La ley de 1855 permitía exceptuar de la venta algunos
montes por sus funciones económicas, sociales e hidrológicas, y su catalogación en
1859 y 1862 fue una de las primeras tareas asumida por el nuevo cuerpo de ingenieros
forestales. En la primera etapa se aprobó la Clasificación General de los Montes
Públicos que separaba los montes exceptuados de los montes enajenables
14
. Según la
clasificación de 1859, Cataluña tenía 367.610 hectáreas de monte público, menos del
19% de la superficie forestal, aunque llegaban al 40% en la provincia de Lleida. La
mayoría eran montes de los pueblos, y en menor proporción del Estado o corporaciones
civiles. Se trata de cifras mínimas que probablemente deberíamos rectificar al alza hasta
441.391 hectáreas (Jiménez-Blanco, 1994), un 22% de la superficie forestal (GEHR,
1994, p. 139)
15
.
La clasificación de 1859 también pretendía desamortizar en Cataluña el 16% de montes
públicos, exceptuando tan sólo 309.963 ha, un 16% de toda la superficie forestal
(Casals, 2005, p. 222). Eran cifras inferiores a las del conjunto español, exceptuando el
País Vasco, donde se pretendía desamortizar cerca del 34% de montes públicos
(MAPA, 1990). La presión del Ministerio de Hacienda para hacer cumplir la Ley
Madoz dio lugar a la formación de la Junta Facultativa de Ingenieros de Montes que
14
Real Decreto disponiendo se formen comisiones especiales de ingenieros de montes para que
reconozcan las principales zonas forestales (Gaceta de Madrid 6734, 29/11/1852). Real Orden aprobando
la clasificación general de los montes españoles, según el Real Decreto de 16 de febrero de 1859 (Gaceta
de Madrid 287, 14/10/1859).
15
Actualmente representa el 27% según el catastro de 2010 (Fletas et al., 2012).
12
debía seleccionar los montes exceptuados de venta. Uno de sus informes declaraba: «El
interés individual descuaja, realiza las existencias, coloca los fondos en negocios
ordinarios y deriva las tierras al cultivo agrario. Las desamortizaciones anteriores
fomentaron el descuaje de los montes y favorecieron por consiguiente el pernicioso
sistema del cultivo extensivo» (MAPA, 1990).
La clasificación dividió los montes públicos en tres tipos: 1) los que quedaron
exceptuados de venta, principalmente montes de pinos, robles y otros; 2) los montes de
dudosa enajenación, formados fundamentalmente por alcornocales y encinares; y 3)
todos los demás montes declarados en estado de venta. Otro Real Decreto de 1859
incluyó en el primer grupo los montes desarbolados que debían ser reforestados. En
aplicación de un artículo de la Ley de Madoz se permitió exceptuar también los montes
de aprovechamiento común (MAPA, 1990). Tras una ratificación de 1888, éstos fueron
administrados por el Ministerio de Hacienda hasta 1921, cuando todo el patrimonio
público forestal pasó a formar parte del Ministerio de Fomento
16
.
En 1861 la redacción del Proyecto de Ley de Montes revisó de nuevo aquellos criterios
para incrementar la venta de bienes públicos. Únicamente se exceptuaron los montes
cuyas especies dominantes fueran pino, roble o haya, y su superficie superara las cien
hectáreas
17
. Así nació el Catálogo de los Montes Públicos Exceptuados de la
Desamortización que protegía 172.359 ha a la vez que pretendía vender el 53% del
monte público (Casals, 2005). Las nuevas reglas se incorporaron a la Ley de montes de
1863 y su reglamento de 1865, manteniendo la exceptuación de los montes de
aprovechamiento común
18
.
En 1901 se hizo otro catálogo de montes exceptuados de la desamortización, aprobado
definitivamente unos años después (Pérez-Soba, 2006), en el que se introdujo por
16
Ley relativa al aprovechamiento de las dehesas boyales (Gaceta de Madrid 131, 10/05/1888). Ley
modificando los impuestos del presupuesto ordinario de ingresos (Gaceta de Madrid 244, 31/08/1896).
Real decreto disponiendo que todos los montes públicos estarán en lo sucesivo a cargo del Ministerio de
Fomento, a cuyo fin el de Hacienda se hará entrega de los que están actualmente sujetos a su
administración (Gaceta de Madrid 156, 05/06/1921).
17
Real Decreto sobre desamortización de los montes públicos (Gaceta de Madrid 24, 24/01/1862).
18
Ley sobre montes públicos (Gaceta de Madrid 148, 28/05/1863) y Real Decreto aprobando su
reglamento (Gaceta de Madrid 148, 28/05/1865).
13
primera vez el concepto de utilidad pública
19
. La Ley de Conservación de Montes y
Repoblación Forestal de 1908 amplió este concepto a los montes públicos o privados en
los que se reconocieran funciones ambientales importantes (Ministerio de Fomento,
1908)
20
. La catalogación de montes protectores generó nuevas fórmulas de intervención
al establecer que el propietario debía recuperar el recubrimiento arbóreo, o bien ceder
temporalmente al Estado la propiedad del vuelo, o donar la propiedad misma. En 1901
había en Cataluña 288.113 ha forestales catalogadas de utilidad pública (Casals, 2005,
p. 223), que con la ampliación de criterios pasaron a 309.283 ha en 1910 (Servicio de
Minas y Montes, 1911). Era un cifra muy parecida a la de 1859, y a las 383.871 ha de
1926 (GEHR, 1994, p. 139).
Durante el siglo XX, el porcentaje de montes de utilidad blica osciló alrededor del
10% de la superficie total de Cataluña, y el conjunto de monte público se situaría en
torno al 12%. El 89% se encontraba en la provincia de Lleida según los montes
exceptuados de venta de 1859, y el 74% según los datos de 1922. En las provincias de
Girona y Tarragona sólo suponían el 10%, y un 2% en la de Barcelona (Casals, 2005;
GEHR, 1991; Ministerio de Agricultura, 1945-1971; Ministerio de Agricultura, 1966,
1970a, 1970b, 1970c; Abreu, 1995). Todo ello indica que la desamortización y
privatización de montes no fueron muy importantes en Cataluña, incluso admitiendo
que desconocemos la entidad de las llevadas a cabo en la primera mitad del siglo XIX
(Jiménez-Blanco, 1996; Balboa, 1999). Sin embargo, establecieron definitivamente la
distribución de la propiedad forestal en manos privadas o públicas, teniendo estas
segundas un papel clave en la configuración de las políticas forestales activas desde
finales de siglo XIX.
Los montes no estaban en buen estado ni antes ni después de aquellos procesos de
privatización. En la motivación del Real Decreto de 1862 se afirmaba: «El mal tan
justamente lamentado en este punto no consiste en la carencia de terrenos forestales sino
en el triste estado de espesura y crecimiento de las masas de vegetación arbórea»
21
. En
19
Real Decreto disponiendo que los montes comprendidos en la relación que se acompaña constituyen el
Catálogo de los exceptuados de la desamortización por causa de utilidad pública (Gaceta de Madrid 37,
06/02/1901).
20
Ley disponiendo se consideren de interés general y utilidad pública, además de los catalogados por el
Ministerio de Fomento, los montes y terrenos que deban repoblarse forestalmente y se hallen en
determinados casos (Gaceta de Madrid 178, 26 /06/1908).
21
Véase nota 11.
14
la introducción del Real Decreto de 1901 se leía: «Los montes públicos, aparecen hoy
en nuestra Patria entregados a tales estragos de talas y devastaciones, que si no se
contiene rápidamente semejante destrucción de barbarie bastará el transcurso de breves
años para la total destrucción de nuestra riqueza forestal. A la destrucción de los montes
públicos se une ahora la cotización en el mercado con alzas vertiginosas, soliviantando
mayores codicias»
22
. En 1922, coincidiendo con un pico de demanda, se retomó la idea
de 1908 de catalogar los montes protectores basándose en el mal estado de los mismos:
«Los pueblos y particulares se muestran reacios a conocer sus verdaderos intereses
prefiriendo la continuación del desorden de cortas desmesuradas y descuajes motivados
por el acicate del lucro con perjuicio manifiesto de la economía nacional»
23
.
Si todo ello era cierto, se trataba de una «tragedia de la privatización»: esto es, de los
efectos de una reforma liberal que había dejado en manos privadas la gestión del bosque
limitando la intervención pública a unas reglas generales de policía siempre
administradas a favor de sus propietarios (Ortega Santos, 2002). Incluso cuando se
reintrodujeron algunas políticas forestales más proactivas, éstas controlaron únicamente
los pocos montes de utilidad pública. En Cataluña aquellos aprovechamientos públicos
registraron unos valores medios muy parcos: 85.982 mcc/año entre 1903 y 1929,
principalmente para leña, obtenidos en un 76% en la provincia de Lleida (GEHR, 1991;
web del INE: http://www.ine.es/).
3.3.- De la ordenación a la repoblación forestal
Las primeras generaciones de ingenieros forestales buscaban una explotación forestal
«racional», basada en la ciencia forestal establecida desde principios del siglo XIX en
distintos países europeos a partir de la dasonomía germana, que permitiera conjugar la
conservación del recurso con la rentabilidad económica de la propiedad, el
abastecimiento de la población urbana y el proveimiento de las demandas industriales.
Su ideal era el bosque ordenado, orientado principalmente a la producción maderera de
forma equiproductiva, armonizando el crecimiento de la masa con el aprovechamiento
maderero. Después de las primeras instrucciones de 1890 (Mackay, 1944), en 1894 se
22
Véase nota 13.
23
Real Orden creando el Servicio del Catálogo de Montes Protectores (Gaceta de Madrid 265,
22/09/1922).
15
aprobó la Ley sobre Ordenaciones forestales
24
. En 1930 se promulgaron otras
instrucciones inspiradas en unos principios de economía forestal más flexibles y
adaptadas al medio mediterráneo (Iriarte-Goñi, 2005 y 2009), aunque los vaivenes
políticos impidieron su posterior aplicación (Madrigal-Collazo, 1999).
En 1910 Cataluña tenía ordenadas 15.138 ha en la Val d’Aran, que representaban el
6,5% del total de la superficie catalogada en la provincia de Lleida (Servicio de Minas y
Montes, 1911), y sólo ascendieron a 28.101 ha en 1931 (Dirección General de Montes,
Pesca y Caza, 1933): un balance muy pobre, treinta y siete años después de la ley de
ordenaciones. Ante la gravedad de la deforestación existente, los ingenieros de montes
adoptaron una orientación más pragmática, conservacionista y orientada al fomento de
la repoblación forestal (Ramos-Gorostiza y Trincado, 2003).
Durante el reinado de Alfonso XII ya se habían intentado reforestar las cabeceras de los
ríos y algunas zonas con nula regeneración natural. Para emprender obras hidráulicas de
gran envergadura y hacer frente a los riesgos hidrogeológicos se aprobó en 1877 la Ley
sobre repoblación, fomento y mejora de los montes públicos
25
, que obtuvo pocos
resultados (Gómez Mendoza, 1992)
26
. Tras las graves inundaciones de 1888 se
organizaron Comisiones de Repoblación en cada cuenca hidrográfica
27
. En 1901 se creó
el Servicio Hidrológico Forestal para aunar la política forestal e hidráulica, con diez
Divisiones Hidrológicas Forestales que debían regular el régimen de escorrentías en las
cabeceras de cuenca independientemente de su titularidad
28
. Además de prevenir
inundaciones o evitar la erosión, el reglamento quería aumentar la producción forestal y
piscícola, e incluso situar en la frontera masas forestales densas frente a una posible
invasión enemiga. Un decreto de 1901, y la Ley de Conservación de Montes y
Repoblación Forestal de 1908, justificaban la necesidad de repoblar ante el agotamiento
del suelo que imposibilitaba la regeneración natural del bosque.
24
Ley, 1 de junio de 1894, sobre las Ordenaciones forestales (Gaceta de Madrid, 02/06/1894) (Muñoz,
1983).
25
Ley dictando disposiciones referentes á la repoblación, fomento y mejora de los montes públicos
(Gaceta de Madrid 194, 13/07/1877) y Real Decreto aprobando su reglamento (Gaceta de Madrid 20,
20/01/1878).
26
En el artículo Las inundaciones y los montes (La Vanguardia, 22/01/1892) se denunciaba: «Desde
entonces (1877-1878) la administración pública ha recogido la importante suma de tres millones de duros
[…] que se han gastado en servicios distintos y ajenos a la mejora de los montes públicos».
27
Real Decreto sobre repoblación de las cabeceras de las cuencas hidrográficas de España(Gaceta de
Madrid 38, 07/02/1888).
28
Real Decreto organizando el servicio hidrológico forestal (Gaceta de Madrid 160, 09/06/1901).
Cataluña formaría parte de la 1ª División Hidrológica-Forestal con capitalidad en la provincia de Lleida.
16
Las primeras actuaciones en Cataluña se llevaron a cabo para limitar el avance de las
dunas del Golf de Roses hacia cultivos y pueblos, y regular las crecidas en las cabeceras
de los ríos Segre, Francolí y Llobregat (Casals, 2005). Los ambiciosos objetivos de
aquellas políticas estuvieron lejos de cumplirse, tal como reflejaba una comunicación en
1911: «la ley de 1908, si bien marcó un gran paso en la orientación forestal de España,
es preciso confesar que sus resultados prácticos han estado totalmente nulos hasta día de
hoy»
29
. En la Semana Forestal de 1929 se afirmaba: «No conozco ningún caso de
aplicación de la ley de 1908 y lo mismo ocurre a personas competentes a quienes he
preguntado. Es, pues, innegable el fracaso de una ley que en veinte años no ha dado
ningún fruto». Ante aquel fiasco se promulgó en 1922 otra norma para fomentar la
repoblación en montes públicos aunque no estuvieran declarados de utilidad púbica
30
.
El propio Ministro de Fomento decía: «Es forzoso reconocer que no ha podido el
Estado, por insuficiencia de sus medios económicos alcanzar en esta obra la debida
intensidad que impida continúen improductivas y estériles millares de hectáreas de
montes de utilidad pública, […] los altos precios alcanzados por las maderas en los
últimos años y la destrucción de bosques motivada por la gran contienda que asoló gran
parte de Europa, acrecentando la codicia de los industriales, ha determinado la tala de
muchos montes particulares, llegando a producir la escasez de una primera materia de
tanta importancia para la industria».
Durante los años veinte la planificación hidrológica adoptó una dimensión ambiental
cada vez más amplia (Díaz-Marta, 1997; Ibarra et al., 2008). Cuando en 1926 se crearon
las Confederaciones Hidrográficas los ingenieros forestales se integraron en las
actividades de gestión de las cuencas hidrográficas en aplicación del Plan Nacional de
Repoblaciones de los Montes
31
. Las actuaciones en las partes altas de las cuencas debían
financiarse por el Estado, pero la participación de entidades públicas o privadas en las
partes bajas quedó en agua de borrajas (Gómez Mendoza y Mata Olmo, 1992). En 1931
la mayoría de montes públicos seguían tutelados por los tres distritos existentes, y sólo
unas 26.000 ha formaban parte de la división hidrológica (Dirección general de Montes,
29
Comunicación del Marqués de Camps en el XIV Congreso de la Federació Agrícola Catalana-Balear
de 1911.
30
Real Decreto relativo a la repoblación forestal(Gaceta de Madrid 266, 23/09/1922).
31
Real Decreto-Ley relativo al Plan General de Repoblación Forestal (Gaceta de Madrid 208,
27/07/1926).
17
Pesca y Caza, 1933), incumpliéndose los objetivos de repoblación y ordenación
establecidos
32
.
4.- La política forestal durante el franquismo (1939-1976)
4.1.- Autarquía y control social
La victoria franquista comportó de entrada una política económica intervencionista y
autárquica. Se dispuso un mayor control sobre los recursos forestales públicos y
privados, a partir de un potente entramado administrativo, con un balance estadístico
anual de los aprovechamientos a partir de 1940 y la realización en 1966 del primer
inventario nacional (IFN1) para obtener datos cuantitativos sobre cabidas y existencias
de la riqueza forestal de cada provincia.
En los montes privados el control se hizo a partir del decreto de 1938, aprobado en
plena guerra civil, que obligaba a solicitar autorización para el aprovechamiento
maderero y en cuya resolución se establecían las condiciones de venta de los
productos
33
. Otras normas específicas en montes públicos o particulares garantizaban el
suministro de traviesas ferroviarias. En 1953 se acentuó el intervencionismo, con
mayores condicionantes en la compra y venta de los productos, previo marcaje,
seguimiento y visita final de la corta por la administración forestal. La ordenación se
hizo obligatoria en los montes de utilidad pública, aunque en 1954 únicamente estaban
ordenadas 42.948 ha (Ministerio de Agricultura, 1945-1971).
Otro objetivo importante fue la recuperación de los espacios desarbolados y una mejor
protección del bosque público, dando mayor relevancia al Catálogo de Montes Públicos.
Para gestionar el patrimonio público la Segunda República ya había creado en 1935 el
Patrimonio Forestal del Estado (PFE). En 1941 el franquismo reforzó sus competencias
con la gestión de los montes privados y municipales a reforestar, ya fuera mediante
diversas figuras contractuales incentivadas por subvenciones, o de forma forzosa
declarándolas zonas de utilidad pública
34
.
32
El Plan Nacional de Repoblaciones de los Montes pretendía la repoblación un total de 125.000
hectáreas en la cuenca del Segre (Ibarra et al., 2008).
33
Decreto sobre Defensa de la riqueza forestal privada (BOE 97, 07/10/1938).
34
Ley sobre el Patrimonio Forestal del Estado (BOE 100, 10/04/1941).
18
El Plan general para la Repoblación Forestal de España de 1939 estableció zonas a
reforestar según funciones protectoras o económicas, y asignó a Cataluña 290.000 ha
con finalidades principalmente protectoras
35
. Entre 1940 y 1970 se repoblaron un total
de 52.294 ha el 83% con Pinus halepensis, Pinus nigra y Pinus sylvestris, y el 1% con
especies de crecimiento rápido, casi dos terceras partes en la provincia de Lleida
donde la propiedad pública o colectiva era mayor (Casals, 2005, pp. 253-258). Treinta
años después sólo se había reforestado un 18% del total asignado, un 29% en 1980
(Casals, 2005) y un 33% en 1982 (Madrazo, 2010, p.348). Los distritos forestales
también reforestaron otros montes de utilidad pública, y de particulares a través de
subvenciones. De 1940 a 1968 se reforestaron 64.522 ha, el 90% por el PFE, el 60% en
Lleida y el 24% en Tarragona. El resto las llevaron a cabo principalmente el Distrito
Forestal de Lleida y los propietarios particulares de los montes de Girona
36
. No se
cumplieron los objetivos del plan, y a veces las repoblaciones dieron lugar a
plantaciones forestales «ejércitos de árboles», como dijera Luis Ceballos demasiado
monoespecíficas y coetáneas para llegar a ser auténticos bosques (Groome, 1990).
Todas las normas forestales aprobadas hasta entonces quedaron modificadas o
refundidas en la nueva Ley de Montes de 1957, y su reglamento de 1962, que
mantuvieron el control de los aprovechamientos para todo tipo de monte, propiedad y
uso. En su preámbulo se leía: «Se prescribe la necesidad del proyecto de ordenación o
de plan técnico adecuado para la explotación de los montes públicos y se confirma, por
precepto de ley, la indispensable intervención de la administración en los disfrutes […]
de montes de dominio privado, de acuerdo con la doctrina general que impera en los
países de avanzada cultura». Tales principios han constituido el marco normativo básico
hasta principios del siglo XXI
37
.
4.2.- Efectos de la Revolución Verde
A partir de los años sesenta, y coincidiendo con la difusión de nuevas fuentes
energéticas, tuvo lugar en España una rápida difusión de la Revolución Verde (Naredo,
35
Orden disponiendo la realización de un Plan General de Repoblación Forestal de España (BOE,
25/06/1938) (Muñoz, 1983).
36
Datos obtenidos del Anuario de Estadística de España de 1970 en la web del INE (http://www.ine.es/).
37
Ley de Montes (BOE 151, 10/06/1957) y Decreto 485/1962, de 28 de junio, por que se aprueba el
Reglamento de Montes (BOE 61, 12/03/1962).
19
1996 y 2001) que provocó un gran transformación del mundo rural por el fuerte éxodo
poblacional, la concentración de la propiedad y capacidad productiva, y la
intensificación y mecanización del cultivo o la cría ganadera (Majoral, 2006). La
creciente apertura exterior, y el aumento de las importaciones de madera, papel y
piensos, fueron de la mano con la difusión de la bombona de butano y la implantación
de granjas de cría intensiva de ganado que pusieron fin a la gestión múltiple e integrada
del monte (Carpintero, 2005, 2006; Bartoletto y Rubio, 2008).
Los aprovechamientos forestales tradicionales se redujeron, mientras cesaban de golpe
el pastoreo extensivo, la trashumancia y el carboneo (Naredo, 1996 y 2001). Los
paisajes agroforestales cambiaron de nuevo profundamente, esta vez hacia un
incremento de la superficie forestal y arbórea impulsado por el abandono rural. La
gravedad de los incendios forestales de los años sesenta uno de los resultados patentes
del abandono justificó en 1968 la aprobación de un ley para mejorar su prevención y
extinción que señalaba como principal causa la mayor afluencia de visitantes en los
montes, el descenso en el consumo de leña y brozas, y la despoblación rural
38
.
Entre 1940 y 1976 los aprovechamientos forestales medios se situaron en 815.229
mcc/año, con un incremento entre los años cincuenta y primeros de los sesenta, cuando
comenzaron a reducirse con un descenso importante de la extracción de leña que
coincidió con el fin del carboneo en los años 1961-67. En cambio, la extracción de
madera aumentó un 35% de 1966 a 1976 respecto el período precedente (Figura 4). Los
aprovechamientos procedían mayoritariamente de las provincias de Barcelona y Girona
(el 35% y 33% respectivamente), principalmente de los bosques privados y para uso
energético, seguidas de Lleida (el 22%), sobretodo madera de los bosques públicos, y
Tarragona con un 10%, donde la leña superaba en poco a la madera. Esas pautas
respondían más a la localización de la población y las industrias consumidoras, que a la
del recurso, pues en 1970 la provincia de Lleida concentraba la mayor superficie
forestal (37%) y la mayor proporción de monte público (34%), seguida de Barcelona
(con un 27% y 3%), Girona (23% y 10%) y Tarragona (14% y 20%) (Ministerio de
Agricultura, 1966, 1970a, 1970b, 1970c).
38
Ley de incendios forestales (BOE 294, 07/12/1968).
20
FIGURA 4.
Evolución de los aprovechamientos forestales en Cataluña (1940-1976)
Fuente: elaboración propia a partir del Anuario Estadístico de España de la web del INE
(http://www.ine.es/) y de Ministerio de Agricultura (1945-1971).
Aquellos aprovechamientos medios anuales de 0,8 millones de mcc/año eran muy
inferiores a la producción natural de los bosques, que podemos estimar en unos 3,6
millones de mcc/año
39
. La relación entre extracciones y producción primaria neta anual
de toda la superficie forestada estaría situada en un 23%. Teniendo en cuenta que los
aprovechamientos provienen de unas cortas cuyo rendimiento medio es inferior a los 30
mcc/ha, eso supondría aprovechar únicamente un 3% de la superficie arbolada
existente
40
.
La baja presión sobre los recursos madereros comportó un incremento de la superficie
arbórea, que solo se vería frenada por los incendios forestales. En promedio se
quemaron anualmente en Cataluña 4.166 ha de bosque entre 1968 y 1976, el 50% en la
provincia de Tarragona (información ambiental de 2012 facilitada por el Departamento
de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat de
Cataluña). Esa etapa estuvo caracterizada por dos rasgos muy característicos: un amplio
abandono de la gestión forestal de los bosques privados, y un proceso de
39
Estimación propia a partir de la superficie arbórea de 1970 del IFN1, y de los crecimientos de 2001 del
Inventario Ecológico Forestal de Cataluña (web del CREAF: http://www.creaf.uab.es/spa/index.htm).
40
Para este cálculo se ha tomado como rendimiento medio de los aprovechamientos madereros 26
mcc/ha, cifra obtenida entre 2004 y 2010 en los bosques privados ordenados que agrupan el 58% del total
de aprovechamientos de Cataluña (Rabascall, 2013).
21
«maderización» en los menguantes aprovechamientos del monte que permanecía en
explotación (GEHR, 2003).
5.- Redescubriendo los bienes comunes ambientales (1977-2010)
Tras entrar en vigor la Constitución Española de 1978, en 1980 se traspasaron las
funciones y servicios del Estado a la Generalitat de Cataluña en materia de conservación
de la naturaleza
41
. A partir de entonces la política forestal ha dado continuidad al control
de los aprovechamientos públicos y privados, tratando de vincularla a la creación de
espacios protegidos a través de una larga lista de normas autonómicas, estatales y
europeas, hasta llegar a la aprobación de la Red Natura 2000 que actualmente protege el
30% de toda la superficie catalana
42
. Las acciones de reforestación, tanto en zonas
forestales como agrícolas, no fueron muy significativas en ese periodo (Terradas et al.,
2004; Bona et al., 1996)
43
. En cambio, se impulsó la gestión forestal sostenible en su
triple dimensión económica, ambiental y social a través de la ordenación de montes
privados, la prevención de los incendios forestales, la protección de hábitats y especies
vulnerables, y el fomento del desarrollo rural mediante ayudas y subvenciones.
La gestión forestal efectiva se concentró en las zonas de mayor producción, mientras la
biomasa forestal aumentaba sin cesar a pesar del impacto de grandes y recurrentes
incendios forestales que fueron muy importantes en los años ochenta (especialmente el
de 1986), y de nuevo en 1994, 1998, 2003 y 2005. La provincia de Barcelona, con una
media anual de 3.339 ha quemadas, representa el 47% del total afectado entre 1977 y
2011 (información ambiental de 2012 facilitada por el Departamento de Agricultura,
Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural de la Generalitat de Cataluña).
Entre 1977 y 2010 los aprovechamientos medios se han situado en 744.123 mcc/año (el
70% de madera), lo que supone un descenso del 9% respecto el período anterior. Esa
41
Real Decreto 1950/80 (BOE 236, 01/10/1980).
42
Ley 6/1988 Forestal de Catalunya (DOGC 978, 15/04/1988). Decreto 328/1992 por el que se aprueba
el Plan de Espacio de Interés Natural (DOGC 1714, 01/03/1993). Acuerdo GOV/112/2006 por el cual se
designan ZEPA y se aprueba la propuesta de LIC (DOGC 4735, 06/10/2006) y posteriores modificaciones
de 2009 (web de la Generalitat de Catalunya).
43
A un año de finalizar el Programa de reforestación de tierras agrarias para el quinquenio 1993-1997
(Reglamento CEE 2080/92 del Consejo por el que se establece un régimen comunitario de ayudas a las
medidas forestales en la agricultura) en Cataluña se habían aprobado 1.953ha para su reforestación (Bona
et al. 1996).
22
reducción se debe principalmente a la caída del consumo de leña a partir de mediados
de los noventa, sólo parcialmente compensada por un ligero aumento de la madera de
uso industrial (Figura 5). El impacto de eventos como nevadas copiosas o incendios,
que han obligado a retirar más biomasa, y de las políticas de desarrollo rural, con
ayudas a la gestión forestal sostenible a partir de 1994, pueden estar detrás del ligero
incremento de madera extraída. La mayoría de aprovechamientos siguen procediendo de
la provincia de Barcelona en un 45%, de Girona en un 33%, y en menor medida de
Lleida con un 18% y Tarragona con sólo un 4%.
FIGURA 5.
Evolución de los aprovechamientos forestales en Cataluña (1977-2010)
Fuente: elaboración propia a partir del anuario de Estadística Forestal de España, web del INEy de
IDESCAT (1985-2010)
A lo largo de este último periodo los aprovechamientos medios anuales de 0,74
millones de mcc únicamente representaron un 20% de la producción primaria neta del
bosque, lo que supone aprovechar anualmente 28.620 de 1.214.615 ha, el 2%
44
. Son
valores muy inferiores a los de etapas históricas anteriores, que ponen de manifiesto un
grado muy elevado de abandono de la mayoría de masas arbóreas de Cataluña. Sus
efectos se manifiestan a la vez en las dos dimensiones de la cuestión forestal. La linde
del bosque se ha expandido mientras la baja presión antrópica ha comportado un
44
Estimación propia a partir de la superficie arbórea de 1993, del MCSC, y de los crecimientos de 2001
del Inventario Ecológico Forestal de Cataluña (web del CREAF: http://www.creaf.uab.es/spa/index.htm).
23
aumento de las existencias de biomasa arbórea acumulada. Si las masas forestales se
cortan muy por debajo de su crecimiento, y los cultivos o prados circundantes se
abandonan, el bosque crece en extensión y en densidad, acumulándose en ellos madera
y también leña caída.
Sin negar que esa recuperación arbórea ha tenido algunos efectos ambientales positivos,
la ecología forestal y del paisaje tienden a subrayar cada vez más la otra cara de la
moneda. El abandono del uso múltiple e integrado del bosque, que mantenía en la
matriz forestal un mosaico de cubiertas diferenciadas, ha comportado un deterioro
ambiental derivado de la retirada de una intervención humana adecuada. El crecimiento
descontrolado de esas masas forestales tan continuas y densas está disminuyendo la
variedad de cubiertas y ecotonos, lo que reduce la diversidad de hábitats y especies
mientras fomenta los grandes incendios forestales, y el creciente consumo de agua en
las cabeceras forestadas reduce la escorrentía disponible para otros usos (Marull et al.,
2008 y 2010; Parcerisas et al., 2012; Marull et al., 2010, de próxima publicación a y b;
Tello et al., en prensa).
El momento histórico de mayor planificación territorial y control sobre los recursos
forestales coincide con un cambio importante en cuanto a la valoración de las funciones
del monte. La producción maderera tiene un peso marginal en la economía del país. El
subsector forestal solo aporta un 1,13% a la producción final agraria (DAR, 2012),
mientras los productos no madereros y los servicios ambientales son cada vez más
demandados. En un horizonte marcado por el próximo fin de los combustibles fósiles
baratos, todo eso conlleva la necesidad de una nueva gestión forestal activa orientada a
mantener la biodiversidad del territorio y reducir los efectos del cambio climático.
6.- Conclusiones
Nuestra principal conclusión es que las políticas forestales acompañaron, pero no
causaron, las dos grandes tendencias de signo opuesto experimentadas en Cataluña
desde el siglo XIX hasta la actualidad: la creciente deforestación hasta mediados del
siglo XX, y la rápida reforestación hasta la actualidad. La principal fuerza motriz ha
sido el cambio de régimen sociometabólico, desde una economía «orgánica» basada en
24
los flujos de biomasa, hasta una economía plenamente industrial también en su sector
agropecuario basada en el consumo de combustibles fósiles.
Durante la etapa liberal de 1833 a 1939 la privatización y desregulación de los recursos
naturales reforzaron la intensa presión sobre los montes ejercida por el crecimiento
demográfico, la extensión de cultivos y la urbanización. Desde las normas absolutistas,
la administración forestal española describió un movimiento de péndulo hacia un vacío
de políticas forestales activas que llegó a ser casi total. El grave deterioro del
recubrimiento arbóreo que eso provodio lugar a nuevas leyes y reglamentos de 1863
en adelante, que unidos a la creación de un patrimonio público gestionado por el cuerpo
de ingenieros forestales pusieron en marcha nuevas políticas activas, que se
intensificaron con la crisis agraria finisecular, el alza de precios durante la primera
Guerra Mundial, y el período republicano. A lo largo de toda la segunda mitad del siglo
XX las regulaciones públicas fueron en aumento, pero la recuperación de la superficie
arbolada sólo comenzó realmente como resultado de la intensificación agraria, la plena
transición energética a los derivados del petróleo, y el abandono rural.
En esas dos grandes etapas históricas, la inacción primero y la creciente regulación
pública después pueden ser vistas como respuestas adaptativas a unas tendencias
subyacentes mucho más poderosas que escapaban al control de la administración
forestal. Pero eso mismo convierte a las políticas forestales, y a sus diagnósticos y
remedios, en una fuente indirecta para subsanar un poco la carencia de datos estadísticos
y fuentes cartográficas que nos permitan conocer mejor la evolución del paisaje
agroforestal en nuestro país. Para llegar a conclusiones más precisas deben estudiarse
esos mismos procesos en zonas más concretas que ayuden a desentrañar mejor sus
rasgos ambientales, económicos y sociales. Sólo así podremos concretar más la
cronología, las fuerzas motoras, los agentes rectores y los impactos ambientales de la
gran transición socioecológica que hemos observado aquí.
Agradecimientos
Este trabajo se ha llevado a cabo en el proyecto HAR2012-38920-C02-02 sobre
Sustainable farm systems: long-term socioecological metabolism in western agriculture,
cofinanciado por el Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.
25
Agradecemos a los revisores anónimos y al editor de esta revista sus comentarios
críticos que han ayudado mucho a mejorar ese texto.
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... With the over-exploitation of CF resources and frequent pasture burnings by shepherds, many vulnerable Mediterranean mountainous areas gradually became barren with poor vegetation coverage (Bravo and Moor, 2008;Cervera et al., 2015;Linares, 2007;Nemoz-Rajot, 1998;Sheffer, 2012). ...
... Some CF became the property of local authorities (Gatto and Bogataj, 2015). Part of this land was sold (Carestiato, 2008;Pérez-Soba Diez del Corral, 2016), excluding high mountain areas because of hydrogeological functions (Cervera et al., 2015;Ciancio and Nocentini, 1997;Iriarte-Goñi, 2002). ...
Article
Between the nineteenth and twentieth centuries, a vast part of the mountain forests of Mediterranean counties was created by the State Forest Services. Through afforestation with the introduction of the Forest Regime, a management system was created to protect water and soil on centralized community land, which in turn resulted in a valuable cultural and natural heritage and an important place for environmental protection and forestry activities. Since the second half of the last century, in some countries, under the influence of several political and economic processes, these community forests (CF) lands were returned to rural communities and/or local authorities, while in other countries their governance was decentralized to the municipal level. Consequently, multiple tenure land regimes developed and continued to emerge at national or regional levels, increasing the diversity of stakeholders involved in their management. However, the efficiency of such transformations in the management of Mediterranean mountain forests is largely unknown. The purpose of this review is to analyse and compare the development and management of CF in five large Mediterranean countries. By extracting and examining information from more than two hundred documents and using the cognitive hierarchy theory we show the roles and shifts of anthropocentric and ecocentric values in the resource management decision-making process by communities, the Forest Services and other stakeholders. Special attention is given to the effect of CF regarding reducing hydrological risks in mountainous regions of Portugal, Spain, France, Italy, and Greece in the past and increasing fire risk in the present because of a shift in management values. As a result of this analysis, several suggestions are proposed to increase the sustainability of CF by balancing anthropocentric and ecocentric management values.
... Similarly, the persistence of the forest element of silvopastoral systems is threatened by overgrazing and abandonment, which lead to diminished tree regeneration and encroachment of vegetation, respectively (Bergmeier and Roellig, 2014;Roellig et al., 2018). The abandonment of silvopastoral systems leads to the gradual disappearance of agro-forest and wood-pasture mosaics as well as biodiversity loss, which reduces the provision of ecosystem services (ES) and degrades bio-cultural heritage (Agnoletti and Rotherham, 2015;Cervera et al., 2015). Densification of existing forests and spontaneous forest expansion in former agricultural lands leads to highly homogenous forest stands (Varela et al., 2020) that usually exhibit low resilience to disturbances such as wildfires. ...
... For European LFS, the CAP is one of the principal factors explaining their development (Matthews et al., 2006) and has thus become the main driving force, with subsidies being key determinants for the viability of extensive LFS (Muñoz-Ulecia et al., 2021). Although the role of CAP in maintaining livestock farming activity was acknowledged by half of the farmers surveyed, they do not consider it to be an effective tool for promoting grazing in the studied areas, as also pointed out by Bernués et al. (2016), despite the multiple environmental and social benefits of wood pasture grazing Bernués et al., 2014;Plieninger et al., 2014;Cervera et al., 2015;Aubron et al., 2016). Furthermore, the PEC implemented in the current CAP (Pillar I) penalizes silvopastoral systems since trees result in a reduction in the direct area payments, unless they are considered landscape features . ...
Article
Full-text available
Silvopastoral systems combine wood perennials with forage and livestock. These multipurpose wood-pasture habitats represent an important part of European bio-cultural and ecological heritage. However, their gradual disappearance due to processes of farm abandonment and intensification as well as forestry abandonment threatens biodiversity conservation and bio-cultural heritages. The behaviours of forest owners and livestock farmers determine the success of silvopastoral systems since a productive coherence between forest management and livestock grazing is required for their optimal functioning. In this study, we investigate the livestock farmers’ and forest owners’ attitudes and opinions towards wood pasture grazing and their relationship with structural factors and farming objectives in two Spanish regions. We used data collected through surveys to identify opportunities, synergies, and barriers in the integration of these actors in joint silvopastoralism. The results reveal a relationship between production objectives and positive attitudes towards silvopastoralism and the environmental functions provided by this activity, in both farmers and forest owners. Cattle farmers express a greater economic interest in wood pastures, as compared to sheep farmers who perceive more difficulties in using them. Acknowledgement of the role of grazing in landscape maintenance is positively correlated with a wide spectrum of objectives of forest owners, from the economic-productivist to the more altruistic profiles. The most synergies are found between cattle farmers and small forest owners for joint silvopastoral management. However, the incorporation of sheep grazing is advisable for the sustainable management of these systems, and hence additional efforts may be required to integrate such farming systems into silvopastoral management. As it currently stands, the EU Common Agricultural Policy appears to be inadequate for maintaining silvopastoral systems.
... This new context brings some challenges and, for instance, García and Lasanta (2018) consider that the present Mediterranean cultural landscape is undergoing a process of deconstruction that involves serious economic, ecological and social changes because of the cessation of traditional human activities. Forests without any management for the first time in history are colonising new areas, reaching its largest historical known extension (Cervera et al., 2015) and densifying their structure where they already existed, according to the available information (Casals et al., 2005;Cervera et al., 2019;Villanueva, 2005). ...
... The constant agricultural and livestock abandonment during the second part of the 20th century (Collantes, 2007) can also be observed in the results. This significant trend leads to a very important increase in forest growth, both external, over abandoned agricultural uses, and internal, through densification of forest covers (Casals et al., 2005;Cervera et al., 2015;Villanueva, 2005). ...
Article
The second half of the 20th century has been characterised by the rural abandonment in several regions of the Mediterranean basin. The general collapse of traditional agriculture and livestock activities brought about an intensive migration movement from inland to coastal areas, which produced a massive forest cover increase in abandoned rural areas. This socioeconomic, spatial and environmental change has led to a situation unknown for centuries in the Mediterranean landscapes. As a consequence, large wildfires have increased enormously in importance in a society with a predominant urban vision over the rest of the territory. Indeed, public opinion considers wildfires as major natural disturbances related to climate change causing at the end deforestation, while its prerequisite, a substantial increase of forest cover due to rural collapse, is less known. This research aimed to deepen the knowledge about forest evolution and its implications after the land abandonment process that started in the second half of the 20th century. The substantive source of information was obtained from a photointerpretation by sampling, using five general land-cover and land-use types and four specific land-cover types over a period of 50 years (1957–2007) in the province of Castelló (Valencian Region, Spain). Results showed that the area dominated by dense forests (shrublands and woodlands) has increased from 17% to 28%, and the area dominated by their transitional land uses after farming abandonment has increased from 8% to 21%. Transition matrices enabled a precise identification of changes among dominant categories over the studied period. Random and systematic transitions between categories have been analysed and a map of forest evolution pathways could be drawn, in which a double alternative path was identified. In the general context of progressive evolution to dense forests in the Mediterranean region, we have also found different evolution rates which may depend on site conditions. Their specific soil and climatic factors should be further analysed in order to improve our understanding of future forest evolution in the Mediterranean region at a local scale. A robust knowledge of these processes will contribute to improve forest management and land-use planning while optimising resilience, carbon storage and the provision of environmental services.
... In Catalonia, the study area, 65 % of the region is occupied by forests; 80 % of forest properties are privately owned and small (Cervera, Garrabou, & Tello, 2015), sometimes less than 25 ha. This combination of factors -high forest mass density, private ownership and small property size -makes forest management complex. ...
... En Cataluña, zona de estudio, 65 % de la superficie está ocupada por bosques; 80 % de las propiedades forestales son privadas y de pequeña extensión (Cervera, Garrabou, & Tello, 2015), en ocasiones menores de 25 ha. Esta combinación de factores -densidad elevada de la masa forestal, propiedad privada y dimensión pequeña de la propiedad -hace que la gestión forestal sea compleja. ...
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Introduction: Forest management is necessary for forest conservation and the security of natural assets and people; however, forest management can have negative effects on some soil properties. Objective: To determine whether forest management in a Mediterranean forest basin, consisting of Quercus suber L. and Pinus halepensis Mill., causes increased runoff and eroded material at slope level. Materials and methods: Seven land-use units were selected: a) dense forest (no management); b) recently managed cork oak forest, c) recently managed pine forest; d) cork oak forest with two years of management, e) pine forest with two years of management, f) bare terrain with herbaceous vegetation and (g) a forest road. In each area, four rainfall simulations were carried out from a height of 2 m, at a pressure of 1.7 kg·cm-2 , equivalent to a rainfall intensity of 60 mm·h-1. An ANOVA was performed and significant differences were verified (post-hoc Tukey test, P < 0.05). Results and discussion: The forest road and the bare terrain, areas devoid of vegetation, produced more runoff (4 to 12 %) than more vegetated areas (<1 %). The forest road recorded significantly higher erosion values (96 g·m-2) than the other land uses (<4 g·m-2) Conclusion: There is no difference in the generation of runoff and erosion in the managed areas, both pine and cork oak, compared to dense or unmanaged forest.
... Catalonia is in the NE part of Spain; it covers an area of 32.108 km 2 and has a population of roughly 7.5 million inhabitants (IDESCAT, 2020) (Fig. 2), 42% of which are concentrated in the metropolitan area of Barcelona (AMB, 2020). Catalonia underwent a massive rural exodus over the last hundred years, resulting in heavy land abandonment and a consequent increase of forest cover (from 36% in the 1970s to 65% today, Cervera et al., 2015;IDESCAT, 2020). Seventy-three per cent of these forests are privately owned (DARP and Centre de la Propietat Forestal, 2012). ...
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Mediterranean territories have co-evolved and been shaped by fire throughout history. However, global environmental change conditions are increasing the size, intensity and severity of wildfires, which have gone from a regular natural disturbance to a serious threat for civil protection, surpassing firefighting capacities. Therefore, building resilience in fire-prone territories is an increasingly relevant policy and management objective. However, the notion of resilience has been criticized for paying insufficient attention to key social issues such as socio-political dynamics, power imbalances and societal change. At the same time, social science contributions to wildfire research are still rather limited. In this paper, we bridge social innovation theory to resilience theory in order to create a territorially embedded and socially sensitive framework for assessing socio-ecological resilience. From this perspective, we then examine how Forest Defence Groups (ADFs, by their Catalan acronym) have evolved from grassroots, bottom-up initiatives to well-established bottom-linked institutions and we evaluate their contributions to socio-ecological resilience in the territories where they operate. Our results show that ADFs contribute in several aspects to socio-ecological resilience and that the pave the way for opening up spaces of dialogue and collaboration through which local communities can engage with the issues that directly affect them, such as wildfires.
... Deforestation continued in the second half of the 19 th century in much of the Mediterranean (Williams, 2006), but there were exceptions. In the Sorrento Peninsula in southern Italy (Pindozzi et al., 2016), in the Maresme district on the Mediterranean coast of Spain (Parcerisas et al., 2012), and in Catalonia (Cervera et al., 2015) forest areas have remained largely the same due to inaccessibility. In cases of afforestation in southern France (Taillefumier and Piégay, 2003), forests increased and anthropogenic afforestation intensified in the Mediterranean in the first half of the 20 th century (Hughes, 2005). ...
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The focus of this paper is forest cover change during the second half of the 19th century in the Ravni Kotari Region. The starting point for the research was data on forests and wooded pastures from 1849, based on Ravni Kotari cadastral municipalities of the first systematic Franciscan Survey and data on forest cover from the 1900 cadastre revision. GIS ArcMap software was used to visualise the forest cover and perform spatial pattern analysis using Moran’s I and Getis-Ord Gi* statistics. The results indicated a small proportion of forests in Ravni Kotari cadastral municipalities and Ravni Kotari as a whole in 1849, but an increase in forest cover throughout the second half of the 19th century. Forest cover increase was a consequence of several legislative and institutional protection measures for forests, which came into effect in Dalmatia in the second half of the 19th century. Statistically significant positive and negative spatial autocorrelations of forest cover were present in some adjacent municipalities, indicating the mainly random influence of certain factors on forest changes in the Ravni Kotari Region.
... These are wetter from south to north and colder from east to west (Fig. 1b,c). In Catalonia, the contraction of woodland areas and substantial increases in forestry extractions peaked in the mid-twentieth century and, afterwards, rural abandonment has led to an increase in woodland cover and a decrease in forestry activities (Cervera et al. 2015). According to the latest version of the Land Cover Map of Catalonia (2009;Ibàñez and Burriel 2010), forests occupy 42% of Catalonia and are more abundant in the north (Fig. 5 in Online Resource 1). ...
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Assessment of potential forests’ threats due to multiple global change components is urgently needed since increasing exposure to them could undermine their future persistence. We aim to assess the risks to the persistence of monospecific forests in Western Mediterranean Europe posed by climate change, fire, and land-use changes (i.e., deforestation) in the short and medium terms (horizon 2040). We specifically evaluate whether the degree of risk related to the likelihood of hazard occurrence varies depending on seral stage, tree species, and climate gradients. We performed the risk assessment on forests of Catalonia (NE Spain) through a combination of correlative and process-based modeling approaches and future global change scenarios. Overall, climate suitability of forests showed a general decrease by 2040, with the exception of xeric Pinus halepensis forests mainly distributed in the driest climate of the study area. Forest stands dominated by low drought-tolerant species were at higher risk of losing climatic suitability than forests dominated by Mediterranean species. The highest fire and deforestation risks were predicted for forest stands in dry climate where human pressures are higher. Nevertheless, high deforestation risk was also attained outside the driest areas. Deforestation risk was lower in old-growth than in younger stands, whereas old-growth forests in the Wet climate or dominated by Pinus sylvestris were projected to be at higher fire risk than younger forests. Our results suggest that conservation actions should target forest stands in dry climate. Moreover, old-growth forest stands should also be prioritized due to their particular sensitivity to disturbances and their high ecological value.
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La història ambiental és una disciplina amb paradigmes particulars i una metodologia pròpia que s’ocupa de l’estudi de les relacions coevolutives entre l’entorn ambiental i el sistema social. L’article en traça una panoràmica historiogràfica en el context de l’àrea catalana. A partir d’una revisió bibliogràfica de la producció científica se n’identifiquen les principals temàtiques, línies de recerca i claus analítiques i s’avalua com s’ha explorat la complexitat dels conflictes socioambientals. Paraules clau: historiografia, història ambiental, humanitats ambientals, medi ambient, ecologia, natura
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Disponible en Castellano y en Catalán. Las reflexiones hechas en esta publicación, junto con los conceptos presentados y las recomendaciones sobre gestión naturalística que se ofrecen en forma de fichas, suponen un paso más en esta larga historia de la silvicultura próxima a la naturaleza. El manual pretende recoger el estado actual de los conocimientos y experiencias prácticas sobre gestión naturalística de generaciones anteriores y más cercanas. Pero al mismo tiempo constata que aún queda mucho por aprender, y sólo lo podremos hacer poniendo en práctica los conocimientos y animándonos a gestionar el bosque con esta visión y vocación naturalística.
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Environmental history is a discipline with its own paradigms and methodology that is concerned with studying the coevolutionary relations between the environment and the social system. This article offers a historiographic sketch of the environmental history of the Catalan area. Based on a review of the scholarly literature, this article identifies the main themes, avenues of research and analytical keys and evaluates the way that the complexity of socioenvironmental conflicts has been explored. Environmental history, ecological history or ecohistory is concerned with studying the coevolutionary relationships between the environment and the social system. It can be viewed as both a perspective that coexists with the traditional historical accounts and as a cross-disciplinary field within the social-environmental sciences derived from critical human ecology, urban ecology, industrial ecology, ethno-ecology, ecological anthropology and the disciplines harboured under the umbrella of the environmental humanities, such as ecocriticism, ecolinguistics and ecosemiotics. According to this meaning, environmental history is a specific field of historical knowledge with its own paradigms and methodology which is influenced by both the different branches of the human and social sciences and by a kind of ecological science that incorporates the historical analysis of concepts like ecosystem, energy flow, metabolism and technology transfer. As an emerging discipline, it coevolved thematically and methodolog-ically apace with the different stages in the social-environmental crises, along with their different, ever-shifting individual, social, political, scientific and chance perceptions. As an outcome of environmental crises, it is critical and has a strong academic commitment, with the goal of achieving a historiographic renovation, as well as a social and political commitment, with the goal of being a public oriented applied history which provides answers to environmental problems and suggests alternative development models.
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El 10 de junio de 1868 se creó, por Real Decreto, la Comisión del Mapa Forestal de la Península. La Comisión se constituía como continuadora de los trabajos iniciados a raíz del RD de 20 de agosto de 1859 sobre Medición del Territorio, de cuyos trabajos se hizo cargo la Comisión de Estadística General del Reino y entre cuyos objetivos se contaba la formación del mapa forestal. Sin embargo, en este caso la nueva Comisión se constituía en el seno del Cuerpo de Ingenieros de Montes y bajo su plena responsabilidad. Los objetivos de la Comisión del Mapa Forestal de la Península 1 los sintetizaba el referido RD de junio de 1868 de la siguiente manera: describir sistemáticamente el estado del territorio (cultivado, inculto, boscoso), delimitando las diversas zonas y regiones de vegetación y sus condiciones para producir, particularmente en lo que se refiere a las masas de bosque, indicando las especies dominantes y subordinadas que las constituyen, su estado y producción. Con esta base, señala, "podrá estudiarse la mejor y más discreta distribución de los cultivos, y también el sistema de replantación de las montañas hoy despobladas y casi improductivas". También señala que la conveniencia de continuar estos trabajos viene dada por el hecho de que durante el periodo comprendido entre el 5 de junio de 1860 y el 1 de enero de 1866, una brigada de ingenieros de montes había estado desarrollando esta labor en el seno de la Comisión de Estadística, habiendo concluido el reconocimiento de 28 provincias, "faltando solamente los relativos a las 19 restantes para tener el trazado y descripción de la parte peninsular del reino, a fin de que de ellos se obtengan los buenos resultados que son de esperar en la esfera de las aplicaciones administrativas, y aún de las especulaciones científicas". 1. Los antecedentes de la cartografía forestal Los comienzos de la labor de cartografía forestal principian de hecho con la aparición en España de los primeros ingenieros titulados en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de Villaviciosa de Odón (Madrid). La primera promoción fue la de 1852 y este mismo año el RD de 27 de noviembre creaba las primeras comisiones de ingenieros destinadas al reconocimiento forestal del territorio. Su objetivo principal era determinar la situación geográfica, la superficie y los límites de los montes públicos desde el punto de vista de su interés forestal, lo que implicaba dar una idea de las características del arbolado, especies y valor, del tipo de explotación a que estaban sometidos, formar los planos topográficos de los montes, proponer planes de aprovechamiento y repoblación, deducir las influencias físicas que se derivaban de su existencia, relaciones con la industria, aprovechamientos secundarios, etc. 2 En años sucesivos y a medida que iban saliendo nuevos titulados de la Escuela Especial fueron creándose nuevas comisiones que fueron reconociendo y estudiando sucesivamente los montes de Segura de la Sierra (Jaen), Liébana (Santander), Cuenca,
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En las décadas que precedieron a la Guerra Civil, la industria resinera española tuvo un intenso desarrollo productivo. Su presencia se extendió en un amplio espacio geográfico, cuyo núcleo fundamental se encontraba en la meseta norte castellana. La calidad y amplitud de las masas de coniferas existentes en numerosas provincias del interior de España, permitieron el desarrollo de una industria transformadora en zonas eminentemente rurales y configuraron un espacio forestal sometido a una intensa explotación y adaptado a los requerimientos de la industria.
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'This book is a neat summary of the main research developments achieved by the editors and their colleagues at the Institute of Social Ecology at Klagenfurt University in Vienna, and represents an interesting and important landmark in the social metabolism approach to sustainable development. The book is arranged over eight chapters, each of which can stand alone as an interesting paper with a specific focus, though several chapters are complimentary. . . The various chapters are largely written in an interesting and engaging style and the material covered is well presented, so that the largely social science content should be easily assimilated by a wide general readership. . . The book is well laid out. . . Any ecologists interested in flows of energy and materials within changing agrarian and industrial landscapes would be well served by reading this approachable text.' - Robert A. Francis, Landscape Ecology. © Marina Fischer-Kowalski and Helmut Haberl 2007. All rights reserved.
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This paper presents a summary of the conflicts arising from the intervention of the Liberal State upon common land in northeast Catalonian villages (sales of common property and central administrative management over remaining ones). The paper starts with the assumption that there is no contradiction between internal differentiation of rural communities and the common interest in protecting collective property. One interesting outcome of the struggle in the highlands between villages and forests engineers (agents of the central governing administration) was the introduction of protective rules for community inhabitants (for example, preferential prices for them in the grazing auction sales) with the aim of allowing a slow adaptation to the expanding market system. In the lowlands there was a conflict between scarce 'public woods' and the dominant private forests. The authors support the hypothesis that graving and forest were integrated into the scattered country estates (mansus); this would explain the individualistic use of woodland in the lowlands before the Liberal period.