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COTIDIANIDAD Y VIOLENCIA BASADA EN
GÉNERO CLAVES EPISTEMOLÓGICAS
María Cristina González Moreno 1
Yamile Delgado de Smith 2
REVISTA VENEZOLANA DE ESTUDIOS DE LA MUJER - CARACAS, JULIO-DICIEMBRE, 2007- Vol. 12- N° 29
1 Doctora en Ciencias Sociales. Universidad Central de Venezuela. Profesora Titular
Universidad de Carabobo. Escuela de Medicina “Witremundo Torrealba”. Departamento
de Salud Pública Sede Aragua. Miembra de la Unidad de Investigación y Estudios
de Género “Bellacarla Jirón Camacaro y Miembra del Laboratorio de Investigación
sobre procesos Sociales LINSOC. Investigadora numeraria del Ministerio de
Ciencia y Tecnología. mariace@intercable.net.ve
2 Doctora en Ciencias Sociales. Docente Investigadora títular de la Universidad
de Carabobo. Coordinadora de la linea de investigación Actores laborales y
Género del Laboratorio de Investigación en Estudios del Trabajo. Investigadora
numeraria del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Email: yamilesmith@hotmail.com
RESUMEN
Este ensayo intenta mostrar las marcas ideológicas en torno a la violencia
basada en género y su impacto en la cotidianidad. Visibilizar la violencia
basada en género es uno de los principales propósitos de este trabajo. Para
ello se parte de las construcciones que sobre lo masculino y lo femenino
selló el pensamiento mitológico. Marcas ancestrales responsables de las
diferencias construidas entre mujeres y hombres. Cómo los relatos mitoló-
gicos sellaron a la mujer como lo perverso, lo incapaz, lo débil y cómo estas
construcciones simbólicas son utilizadas y reforzadas en nuestra vida co-
tidiana.
En este ensayo, revisamos toda una serie de autores y autoras quienes desde
diferentes perspectivas abordan la violencia basada en género; aportando
ideas muy precisas en torno al tema en referencia.
En la modernidad, encontramos por ejemplo a la figura de Rousseau quién
plasma el ideal de la feminidad y la masculinidad a través de Sofía y Emilio.
La violencia contra la mujer se sella en el pacto sexual-social. Una historia
de dominación y sujeción de un sexo por otro. En síntesis, La violencia con-
tra la mujer es la consecuencia de la separación público-privado. La mujer
condenada al espacio de lo privado exclusivamente, a sus funciones en el
hogar, al cuidado de los hijos/as excluida de la vida pública y subordinada
al poder ejercido por el hombre, han marcado nuestras vidas. Cotidianidad
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y violencia basada en género es la expresión de nuestra cultura misógina,
la cual segrega, excluye y violenta a las mujeres.
Palabras claves Violencia - género - ideología - cotidianidad.
ABSTRACT
This essay is an attempt to show the ideological labels around everyday
life and gender based violence. The main purpose is to visibilize the ideological
marks in which gender based violence have taken place. How the mythological
stories sealed women as the dangerous creatures, weaks, incapables and
so on. Mythological thoughts, ancient marks responsible for the differences
between women and men.
In this article some authors are reviwed . Authors who represent the handling
of this theme as relevant to reach gender based violence. They offer interesting
points of view in order to understand the ideological roots of gender based
violence in everyday life.
In modern times for instance, we found interesting and influential figures
such as Rousseau, who justify gender based violence. Women and men identity
was conformed by Sofia and Emilio model. Gender based violence is a result
of a sexual- social agreement in which men have right to seize power against
women. Gender based violence is a consequence of these two separate spheres
the public and the private. Two different worlds of relations: women condemned
by nature to stay at home, to be a mother and to take care of the family
exclusively. Excluded and submitted to a man’s power.
In this order of ideas, gender based violence in everyday life, is a consequence
of a misogyny culture. Its very important to be aware of the violence against
woman in order to analyse from different ideological perspectives this theme.
Key words: Violence - gender - ideology - everyday life
La violencia basada en género en sus diferentes manifestaciones,
es una circunstancia que está presente en todos los espacios de la
vida cotidiana.
La condición de subordinación que viven las mujeres en todo el
planeta, las convierte en las depositarias por excelencia de la violen-
cia no solamente estructural sino coyuntural. La violencia hacia la mujer
responde a complejos procesos sociales que en forma de ideologías,
privilegian determinados valores opacando o postergando otros, propo-
niendo o difundiendo distintas éticas que se autodefinen como únicas
y por ende hegemónicas.
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La palabra violencia indica una determinada forma de proceder
que ofende y perjudica mediante el uso excesivo de la fuerza. Connota
cualquier tipo de coacción que obliga a realizar alguna acción en contra
de la voluntad. Es toda agresión material o simbólica que afecta a
las mujeres en su dignidad e integridad moral y física.
La convención Belem do Pará (1994), define la violencia como
“Cualquier acción o conducta basada en su género que causa muerte,
daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer tanto en el
ámbito público como en el privado” Art.1
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer
(CEDAW) la precisa como
Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino
que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico,
sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales
actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se
producen en la vida pública como en la privada. Art. 1(3)
Recientemente (14-.3-2007), entró en vigencia en nuestro país
la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
Toda aquella persona que humille, ofenda, aísle, amenace o atente
contra la estabilidad emocional o psíquica de la mujer puede ir a prisión.
Todas las mujeres señala la Ley independientemente de su naciona-
lidad, origen étnico, religión o cualquier condición personal, jurídica
o social dispondrán de los mecanismos necesarios para hacer efec-
tivos los derechos reconocidos en la ley.
Definir la violencia basada en género, implica describir una gran
variedad de actos y hechos que van en contra de los derechos de
las humanas. La violencia hacia la mujer, es inseparable de la noción
de género porque se basa y se ejerce en y por la diferencia social y
sexual entre los sexos. A fin de visibilizar la violencia basada en género,
contamos con un equipaje teórico metodológico que nos permite decons-
truir, y hacer análisis críticos sobre las construcciones teóricas misó-
ginas aportando categorías para explicar la discriminación, y la violen-
cia histórica ejercida contra las mujeres. Indiscutiblemente, los diferen-
tes movimientos feministas han permitido visibilizar la violencia contra
la mujer, identificando sus diversas manifestaciones y por supuesto
denunciándola. Convertir lo privado en político ha sido la gran consigna.
La violencia basada en género nos conduce a abordarla desde
lo individual y desde lo colectivo. Hablar de violencia hacia la mujer,
es un asunto complejo donde entran en juego una multiplicidad de
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factores y de miradas. Abarca todos los actos mediante los cuales
se discrimina, se ignora y se subordina a las mujeres en los diferen-
tes aspectos de su vida cotidiana.
Uno de los principales efectos de la violencia de género expre-
sados en la vida cotidiana es el quebrantamiento de la identidad.
Es la alienación del pensamiento, lo que deviene en desestructuración
psíquica, perturbando e impidiendo reaccionar frente a la agresión.
En tanto tal, imposibilita pensar convirtiéndose en un grave obstáculo
para el desarrollo económico-social; porque inhibe el pleno desarrollo
de las mujeres impactando considerablemente en el desarrollo humano
de los pueblos. Arrasa con la subjetividad es decir, con aquello que
nos conforma como persona. Una suerte de indefensión, una pasividad
sellada por fuertes representaciones las cuales condicionan formas
de ser, de pensar y de actuar. Sellos arquetipales que nos construyeron
como lo otro, sumisas, temerosas, vulnerables, débiles, pasivas, inde-
fensas, histéricas, fantasmales, falsas, vacías, sin ideas…..entre mu-
chos otros calificativos.
En esta economía de bienes simbólicos convertidos en sentido
común, las mujeres somos reducidas a la categoría de objetos de inter-
cambio.
Convirtiéndose nuestro cuerpo, en el canal por donde se conso-
lidan toda una variada gama de juegos sociales, los cuales no operan
en los espacios de las operaciones conscientes (Bordieu 2000).
Ese imaginario ha modelado actitudes y comportamientos, troquel
cultural con un fuerte sello misógino y falogocéntrico. Al respecto, (Huggins,
2005) hace referencia a la construcción de lo femenino y lo masculino
en las culturas antiguas. En Roma por ejemplo, lo femenino estuvo
representado en la figura de Venus, diosa de los jardines y de los
campos. En la época del Imperio fue venerada como Venus Genetrix,
madre de Eneas fundador del pueblo romano, como Venus Vitrix rela-
cionada con la victoria, y como Venus Vericordia la protectora de la
castidad femenina. La autora precisa que el símbolo mujer, significó
espejo de Venus y el símbolo masculino escudo de Marte. Marte dios
de la guerra, rey de los dioses, vigoroso, fuerte e invencible. “…. Hasta
hoy siguen siendo el contenido básico de los estereotipos de lo masculino
y lo femenino. Asociado él a la fuerza y la guerra y ella a la belleza,
la maternidad, el amor” (Huggins, 2005, p.17).
Si queremos rastrear el lugar de nacimiento de la violencia, hay
que buscar en los relatos mitológicos, sellos arquetipales que marcaron
la diferencia y sellaron la subordinación hasta nuestros días. Estereotipos
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que han dado lugar a toda una serie de representaciones ideológicas,
expresadas en el pensamiento jurídico, religioso, científico, educativo,
político y en lo cotidiano…
La tragedia griega, es una clarísima vía para rastrear las cons-
trucciones que sellaron la incapacidad y sujeción de la mujer. Homero
en el relato sobre la creación del mundo, señalaba que los hombres
vivían felices y libres de todo mal hasta que los dioses les castiga-
ron a causa de la soberbia de Prometeo, quién les había robado el
fuego. Zeus les envió a Pandora bajo la forma de un engañoso regalo,
Pandora abrió la caja donde se guardaban las calamidades asocia-
das a la muerte, esparciéndose éstas por toda la tierra. En conse-
cuencia, los hombres se convirtieron en mortales y Pandora quedó
asociada a la curiosidad, el mal, la culpa, el peligro, la calamidad.
Homero, en la Ilíada y la Odisea señala la falta de coraje y de-
bilidad de las mujeres, por ello no pueden acceder al poder político
ya que esto solo se obtiene gracias a los atributos específicos de la
virilidad.
Eurípides en Medea dejaba en claro que: “Los hombres deberían
engendrar hijos de alguna otra manera y así no tendría que existir la
raza femenina, así no habría mal alguno para los hombres”. En esta
textualidad fundante, el sexo femenino es construido como una raza
llena de defectos. En consecuencia, acceder al poder político solo
se obtiene gracias a los atributos específicos de la virilidad.
Sin lugar a dudas, el pensamiento mitológico contribuyó a dise-
ñar los referentes que se transformaron en modelos de identidad de
lo femenino los cuales han permanecido inalterables y reproducidos
en nuestra vida cotidiana. Las significaciones y valoraciones del orden
de los sexos, ha funcionado como un troquel que ha servido para ra-
tificar la dominación masculina, la inferioridad y la exclusión de la
mujer. “La facultad humana de representación simbólica es fuente co-
mún del pensamiento, del lenguaje y de la realidad social” (Biedma,
2003, 1).
Lógica que ha tipificado lo femenino y lo masculino en usos, prác-
ticas, modos de hacer, ser, conocer y convivir.
Ese imaginario que prescribe determinadas actitudes y compor-
tamientos para la mujer, confirma la discriminación y la subordinación
como una de las causas que generan la violencia de género.
Sin lugar a dudas, el género es el componente constitutivo de
las relaciones sociales basadas en la diferencia; las cuales se han
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sedimentado alrededor del sexo convirtiéndose en una forma de sig-
nificar las relaciones de poder. Cuando hacemos referencia al género,
tenemos que tener siempre en mente dos categorías referenciales:
construcción social y relaciones de poder.
Se entiende que la violencia contra la mujer, es consecuencia
del orden de género que se establece en la sociedad. Orden social-
mente construido, que determina jerarquía y poder totalmente diferen-
ciados. Orden construido para la subordinación de la mujer y por en-
de; un ejercicio del poder que se ejerce de diferentes maneras sien-
do la violencia, una manifestación de ese poder.
La violencia basada en género es avalada y sostenida por todo
el sistema jurídico- social. En tal sentido, discriminación y violencia
han sido naturalizadas puesto que forman parte del sistema social
establecido.
Uno de los grandes logros de los movimientos feministas, ha sido
precisamente denunciar y visibilizar las inequidades de género en fun-
ción de fracturar el orden social imperante.
El género es una categoría que trasciende al sexo. Sexo/género
tienen que ser diferenciados. El sexo se refiere a lo biológico, el género
a lo construido socialmente, lo ideológico, lo simbólico (Lamas, 1996).
Indiscutiblemente, la base biológica ha sido el punto de partida de la
definición dominante de género (Huggins, 2005).
Joan Scott citada por (García, 1996,16), señala que el género
comprende cuatro elementos interconectados:
1.- Símbolos culturalmente disponibles que constituyen diferentes
representaciones sobre el hombre y la mujer.
2.- Conceptos normativos expresados en las doctrinas religiosas,
en la educación, en las leyes, en la política.
3.- Formas sociales de organización e institucionalización.
4.- Identidad subjetiva que impregna la personalidad.
Estos cuatro componentes a saber: símbolos, conceptos, organiza-
ciones, valoraciones y subjetividades, interactúan entre sí, conformando
una serie de valoraciones jerárquicas. El género ordena todas las re-
laciones sociales, relaciones que son de poder exclusivamente. Rela-
ciones de dominación- subordinación, jerárquicas, rígidas y excluyentes.
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En este escenario el hombre es razón y mente, la mujer es lo
otro, lo frío, lo débil entre muchas otras cosas. Esta es una de las
razones de la separación mente-cuerpo. El hombre como portador del
semen es la esencia, la razón (infinitas sexus), las mujeres lo de-fectivo
(imbecilitas mentís). Al poseer el hombre el privilegio de generar la
especie, su semen posee una sustancia llamada Kratein que en griego
significa Kratos (poder) En consecuencia, es el hombre el único que
posee por su condición humana el manejo del poder (García, 2006).
Sin lugar a dudas, queda plenamente justificada la relación poder-
sumisión es decir, el ejercicio del poder y por ende la violencia.
El Código Romano por citar algunos ejemplos, somete a la mujer
a tutela proclamando su imbecilidad. El Derecho Canónico, la iden-
tifica como puerta del diablo, el Corán la trata con desprecio absoluto.
Entre los Hebreos dar a luz una niña significaba una mancha para la
madre. En Roma los varones tenían derecho a la vida, las niñas eran
abandonadas o arrojadas a los fosos. Recordamos al filósofo Aristófanes
quién en Lisistrata señalaba:” una mujer le pregunta a su marido sobre
aspectos públicos y éste le responde: no es asunto tuyo, cállate o te
daré una paliza, teje, teje la tela”.
Arquíloco en el siglo VII antes de Cristo declaraba: “Las mujeres
son el mal mas grande que ha creado Dios”
Hipomax “Sólo hay dos días en la vida en que la mujer es fuente
de alegría, el día de su boda y el de su entierro”.
Aristóteles “La política comienza con la distinción entre econo-
mía doméstica y economía política, correspondiendo a la mujer y al
esclavo, el espacio de lo domestico y lo privado”
Menandro “Me he casado con una bruja con dote, me la que quedado
por sus campos y por su casa”. Pitágoras decía: “Hay un principio
bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre y un principio malo
que ha creado el caos, las tinieblas, la mujer”. En el libro Levítico,
la mujer es asociada a las bestias de carga que posee el patriarca.
Para los Padres de la Iglesia, la mujer personifica el mal, fuente
de pasiones y de los deseos del hombre. Ante la mujer pasión, debe
utilizarse la razón dominadora. Mujer fue sinónimo de demonio y carne.
Todos los textos a los que se ha hecho referencia han sido toma-
dos de Beauvoir, (2002, 145-156). Si volcamos brevemente la mirada
en el proyecto Ilustrado, vamos a encontrar también gran cantidad
de marcas ideológicas acerca del poder de la razón como claves de
la violencia de género. Con el triunfo de la ciencia natural, la razón
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instrumental devino en un discurso justificador de la dominación hacia
la mujer. Lo femenino se termina de sellar como naturaleza. “Esta su-
jeción de la mujer se lleva a cabo ubicándola en un sitio, imponiéndole
unas limitaciones, un campo de acción tanto en lo práctico, como en
lo simbólico” (Molina, 1994,21).
Juan Jacobo Rousseau, una de las figuras más emblemáticas del
moderno patriarcado en su obra “El Emilio o de la Educación”, plasma
el nuevo ideal de la feminidad y la masculinidad a través de sus dos
modelos: Emilio y Sofía. Dos concepciones diferentes de la naturaleza
humana. El modelo de Emilio surge del estado de pura naturaleza,
ese que remite al estado social bajo la definición de igualdad y libertad.
Sofía por el contrario, surge del estado presocial, donde se da el naci-
miento de la familia, la división sexual del trabajo y por ende su ubi-
cación al espacio de lo doméstico (Cobo, 1995).
El estado de naturaleza no es otro que el espacio de lo público,
y el presocial nos remite al ámbito de lo privado. La concepción peda-
gógica de Rousseau, se fundamenta en estas dos naturalezas duales:
razón y sujeción. En consecuencia, al pertenecer las mujeres exclusi-
vamente al ámbito familiar, no son sujetos de razón sino de sujeción.
En el Discurso sobre el Origen y Fundamento de la Desigual-
dad, el autor establece las pautas que justifican la desigualdad. La
sujeción de la mujer es condición para que se dé el ciudadano. El
espacio público como espacio de libertad y de autonomía no puede
existir sin lo privado, lugar donde se reproduce lo público y se sujeta
a la mujer por medio del vínculo matrimonial.
El espacio que ocupa Sofía está totalmente acorde con su natu-
raleza. Ella encarna el ideal de mujer: dependiente, pasiva, débil, la
pasión. Su deber es agradar al marido y atender sus necesidades par-
ticulares. Su deber es criar a los hijos, mas no educarlos pues los
convierte en débiles, tímidos y serviles.
Vivir dominadas por la razón es condición para que se dé el orden
ciudadano. La mujer en la visión misógina de uno de los grandes
representantes de la educación moderna, es sinónimo de domesticidad,
su destino se dibuja puertas adentro (González, 2004)
Lo que hay que domesticar, someter y reprimir si se quiere ac-
ceder al reino de la libertad precisaba el ginebrino, es la sexualidad
sometiendo a las mujeres para que se conviertan en esposas virtuo-
sas y sacrificadas. “La mujer personifica el mal. Hay que someterlas
al yugo desde muy pequeñas “(Rousseau, 1985,21)
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En el Contrato Social, se excluye totalmente a la mujer sellán-
dola por su naturaleza al espacio de la necesidad. La familia es la
condición de posibilidad de la existencia de la mujer, del amor, y de
la división sexual del trabajo. La familia se convierte en el modelo
societal por excelencia. El pacto sellado es entre los fraters.
Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja
de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada
asociado, y en virtud de la cual cada uno uniéndose a
todos, no obedezca, empero, más que a sí mismo y quede
tan libre como antes. Tal es el problema fundamental
que da solución al contrato social. (Rousseau, 2002,273)
Los contratantes (sólo los hombres) al asociarse, se convierten
en un cuerpo moral con una voluntad general. El resultado del pacto
social es la creación de un cuerpo político o soberano; convirtiéndose
automáticamente los hombres que pactan en ciudadanos. El pacto
original de Rousseau, establece una sociedad de amos y esclavos
donde el fuerte vence y somete al débil. Este contrato origen del derecho
patriarcal, dio pie a dos nociones de estado: el estado natural y el
estado social, este último surge a partir del contrato social. Podemos
inferir la exclusión de las mujeres dentro del pacto, y por ende su
invisibilidad dentro de todo el modelo societal que estaba gestándo-
se bajo las banderas de la libertad y la igualdad. De allí el carácter
patriarcal de la noción de democracia, y más aún, su mantenimiento
y consolidación requiere de la sujeción de las mujeres para el logro
de la vida democrática.
¿De donde surge entonces la ciudadanía? Del espacio público,
lugar por excelencia del hombre. El espacio privado, lugar de Sofía
no es precisamente creador de derechos políticos. El poder está re-
partido entre los hombres, de allí que la noción de sujeto político se
construye sobre la sujeción de las mujeres. Modelo patriarcal carac-
terizado por la exclusión, y por el dominio de un sexo sobre el otro
(Cobo, 1995)
En el contrato sexual (Carole Pateman, 1988) afirmaba cómo el
contrato originario es un pacto sexual-social es decir, una historia de
dominación y sujeción de un sexo por otro. El contrato establece el
derecho político de los hombres sobre las mujeres. Este contrato ori-
ginal establece un orden de poder y dominio sobre el cuerpo de la
mujer. Contrato que crea el derecho sexual masculino, quedando bien
claro como a partir del contrato originario, se sella y se naturaliza
la sujeción de la mujer.
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En el contrato sexual esta subsumido el contrato social. En tanto
tal, el derecho del los hombres sobre las mujeres, es el reflejo del
propio orden de la naturaleza. El contenido del contrato sexual configura
el ámbito de lo privado-familiar. “La mujer queda de esta manera so-
metida al hombre, aceptando su sumisión y su muerte civil” (p, 58).
Continuando con esta mirada rasante sobre el pensamiento pa-
triarcal moderno, nos encontramos por ejemplo con Locke (1980), para
quien el hombre es quien goza de libertad sin límites para disponer
de su persona y de sus propiedades. Dentro de sus propiedades por
supuesto, figura la mujer. La relación de dependencia, se convierte
no solamente en constitutivo de su ser sino en un axioma irrefutable
e inmodificable. Remarca que, ningún contrato puede hacer renun-
ciar al hombre de la prerrogativa de su propia autonomía. Separa la
sociedad conyugal en una esfera totalmente independiente de la vida
social y política. En la sociedad conyugal, quien ejerce la autoridad
es el marido por designio divino. La mujer por ser menos hábil y más
débil debe estar sometida. El hombre por ser más capaz y más fuerte
es a quien le corresponde gobernar.
Molina (1994), señala las contradicciones de quién es conside-
rado precursor de la democracia occidental, uno de los más fervien-
tes defensores de la igualdad y la autonomía, y sin ambages pacta
con la sujeción. En el pensamiento lockeano esta bien clara la exclu-
sión y sujeción de la mujer no solamente en el espacio de lo privado
sino en la esfera pública.
“Es a causa de su desposeimiento que la mujer ha de perma-
necer en la esfera privada de la familia, fuera del mundo del mer-
cado y sujeta a alguien que la provea” (Locke, citado por Molina p,
21)
Kant, (citado por Bordieau, 2000,87) afirmaba: ”Las mujeres no
pueden defender personalmente sus derechos civiles de la misma ma-
nera que no les corresponde hacer la guerra, solo pueden hacerlo a
través de un representante”.
Cuando Hegel señalaba (1978) que no todos los seres humanos
están llamados a establecer relaciones en términos de autoconciencia,
esta refiriéndose a la mujer. Al quedarse ésta en la inmediatez del
ser para sí, no puede realizarse en su plena humanidad en este pro-
ceso de auto-conciencia. En consecuencia, no alcanza el estatus de
individualidad, es decir carece de identidad. No es auto-conciencia,
siempre va a tener que depender de otro o de otros.
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La auto-conciencia supera el estadio inmediato de la vida, es de-
cir del ser para sí. Estadio inmerso solamente en la vida orgánica
y centrada en deseos primarios, subsistencia y placer. El hombre por
el contrario, representa al ser en sí entre otras cosas, es el único
que tiene la capacidad de convertirse en ciudadano. En la Dialéctica
del Amo y el Esclavo, la relación hombre- mujer está totalmente invisi-
bilizada. El privilegio del amo le viene dado por el hecho de arries-
gar su vida. La mujer no arriesga nada, sólo da vida (Hegel citado
por Beauvoir, 2002,129).
Al respecto Molina (1994) señala, una separación tajante entre
la esfera familiar, espacio donde impera la ley divina, y la esfera de
la comunidad y el Estado reino de la universalidad, la cual se rige
por la ley humana o positiva. En esta mirada misógina, la mujer no
alcanzará la universalidad necesaria para que su ser se realice en
plenitud. Su único destino, es la casa, y su función primordial, guardar
la ley divina. En su incapacidad para lo universal, no entiende de leyes
y cómo es inmediatez, su existencia es propia de la naturaleza, carente
de racionalidad e individualidad.
Shopenhauer citado por (Valcárcel, 2002, s/p), es considerado
como uno de los filósofos responsables de las nuevas textualidades
misóginas del siglo XIX. Señalaba que el sexo masculino encarna el
espíritu y la naturaleza de lo femenino que en última instancia es lo
que reproduce el ser. Insiste en que debería cambiarse lo femenino
por” Lo Hombre”, definiendo a la mujer como “Lo Hembra”: no inteligente,
incapaz de formar conceptos, de prevenir el futuro, de reflexionar
sobre el pasado. Las mujeres aparentan ser seres humanos cuando
solo son apariencias. Todas las mujeres son la MUJER.
En la propuesta del Psicoanálisis freudiano, encontramos una rea-
firmación del pensamiento esencialista, condenándose la feminidad
al destino fijado por la anatomía, a ser una desviación, un déficit del
patrón androcéntrico que opera como norma de desarrollo. La diferencia
es convertida en desigualdad. El sentimiento de inferioridad se instala
en la mujer, una vez que el temor a la pérdida del valor fálico preci-
pita la envidia del pene.
Para el psicoanálisis freudiano, masculino es sinónimo de acti-
vidad y femenino de pasividad, dependiente, masoquista, narcisista,
celosa por naturaleza y por si fuera poco, carente de sentido de la
justicia. Para Freud las mujeres somos lo fallido.
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Espina (1997) en su libro Psicoanálisis y Mujeres en Movimiento,
desarrolla un minucioso análisis sobre el significante falo y su im-
pacto en la función social de la mujer. En un intento por visibilizar
como el psicoanálisis construye identidades de lo femenino y lo masculino,
y en función de comprender mas significativamente por donde ser-
pentean los sellos de la subordinación y la inferioridad; la autora visi-
biliza las claves de la construcción de la feminidad veamos: En la etapa
preedípica , la niña aceptara su castración y por ende su inferioridad.
La resignación ante la carencia de falo, es lo que para Freud significa
el camino hacia la función social de la mujer es decir, ser la mujer
normal. La envidia del pene dejará huellas profundas que marcarán
su desarrollo y evolución. Huellas que podrá o no superar. Al ser dominada
nuestra vida por la envidia, las mujeres según Freud, tenemos poco
sentido de la justicia y nuestros intereses sociales estarán marcados
por la debilidad, la histeria y el masoquismo los cuales son esencial-
mente femeninos. La libido contrariamente, es esencialmente masculina.
La envidia del pene nos hace narcisistas, vanidosas, poco crea-
tivas, injustas entre otros defectos. Como vemos, la envidia del pene
tuvo profundas implicaciones personales y socio-culturales en la cons-
trucción de la feminidad y por supuesto, de la inferioridad. La miso-
ginia freudiana nos legó utilizando una expresión de Espina, una repre-
sentación de la feminidad como naturaleza inmutable. Con Freud, tomó
vuelo el esencialismo y se fortaleció la asociación mujer-naturaleza,
reafirmándose la feminidad como una consecuencia de las diferen-
cias anatómicas entre los sexos.
En el seminario 5, dictado por Lacan (Espina, op.cit) nos comenta
que para Lacan la mujer no existe, es ausente de si misma, ausente
como sujeto. El pene es considerado el significante universal del de-
seo, y la mujer al carecer de ello, no toda es en el goce. En conse-
cuencia, la mujer es solamente parte del genérico hombre.
El falo es el significante del deseo y causa del goce, en tanto
tal, la mujer solo es tomada como receptáculo. En la concepción laca-
niana, la mujer está en minusvalía, carece del significante que la desig-
na, razón por la cual no existe, somos lo Otro. Somos la ausencia,
la carencia, carecemos de falo. Todas somos parte del todo genérico
universal masculino, constituyéndose el hombre como sinónimo de
la humanidad.
¿Cuál es entonces nuestro papel? Obviamente que la reafirmación
del otro, ya que el hombre es en la ausencia y la carencia del Otro.
La mujer identificada como lo Otro, ocupa el lugar donde lo masculino
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se reafirma Una cosa es tener el falo y otra muy diferente es ser el
falo. En esta visión somos nosotras las mujeres, construidas como
meros reflejos del falo.
Resumiendo, podemos señalar que la sujeción de la mujer se con-
creta ubicándola en un solo lugar, imponiéndole una serie de patrones,
limitándola a campos de acción específicos. Todo este proceso de
diferenciación, inferioridad y exclusión conforman el fundamento de
todo el orden social del patriarcado en sus diferentes manifestaciones
socio-históricas. La violencia hacia la mujer es consustancial a la
relación poder-sumisión-dominación. En otras palabras, este proceso
de socialización diferencial como señalara (Dio Bleichmar, 1984) hace
que la mujer permanezca expuesta a un permanente proceso de depre-
dación de su género.
Ante lo hegemónico del pensamiento esencialista (Huggins, 2005,21)
señala:
… la sostenida inmutabilidad de los roles femeninos y masculinos
producto de su origen biológico es absolutamente falsa; y como construc-
ción social, ésta obedece a intereses que están en la esfera macroeco-
nómica, sociocultural y política dominantes en los diferentes momen-
tos históricos de la sociedad.
Para la autora, el género es simbólico, normativo, relacional, jerár-
quico, social, articulado e histórico.
El género en la perspectiva (De Barbieri, 1996,65), es un elemento
constitutivo de las relaciones sociales, basadas en diferencias que
distinguen los sexos. “Es una forma primaria de relaciones significantes
de poder”.
La categoría de género distingue como los cuerpos biológicos
se vuelven sociales y por ende cualquier interacción social totalmente
sexuada. El género al ser construido socialmente es moldeado por
la cultura. En definitiva, es la cultura la que se encarga de reproducir
al infinito lo que significa ser hombre y ser mujer. En este proceso
de socialización diferencial, se sella a la mujer como lo defectivo, so-
metida desde temprana edad a un estado de depreciación perma-
nente, terreno abonado para el sometimiento y la violencia (Dio Bleichmar,
1984).
El sexo va a determinar el sometimiento, éste se naturaliza así
como todas las formas de sujeción. La mujer asumida como natura-
leza debe someterse a la cultura dominante e inamovible (Butler ,1992).
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No podemos dejar de mencionar en este breve recorrido, a Simone
de Beauvoir quién en 1945 publica “El segundo Sexo”, trabajo donde
visibiliza cómo se estableció la jerarquía de los sexos. Se cree señala
la autora, que los hombres tuvieron el privilegio de la fuerza física.
La reproducción representó para la mujer un gran obstáculo, el emba-
razo, el parto, la menstruación disminuyeron su capacidad de trabajo.
Su misión fue la preservación de la especie sufriendo pasivamente
su destino biológico, encerrada en la repetición y la inmanencia. “El
homo faber es desde el principio de los tiempos un inventor” (p.128).
Esta condición le permitió proyectar su poder, realizándose como exis-
tencia y reconociéndose como lo humano por excelencia. Para Beauvoir,
la clave de la sujeción de la mujer está en la biología, su desgracia
estuvo en quedarse única y exclusivamente repitiendo la vida, función
asociada absolutamente a su esencia.
La actividad masculina al crear valores, ha sometido a la natu-
raleza y por ende a la mujer. “En realidad las mujeres nunca enfren-
taron valores femeninos a los masculinos. Los hombres deseosos de
mantener sus prerrogativas, inventaron esta división, crearon un territorio
femenino, para encerrar en él a las mujeres. La sumisión misma de
la mujer es la prueba” (op.cit, 128)
“…asustado por la magia peligrosa que posee la mujer, él es el
amo de la tierra fértil, por ello esta destinada a ser sometida, poseída,
explotada así como lo esta la naturaleza, cuya mágica fertilidad encarna”
(op.cit, 137).
“La mujer es considerada dentro del mismo nivel de los niños y
el ganado” (op.cit, 144)
“Al ser considerada tierra- madre, no era para el hombre un se-
mejante, estaba por lo tanto fuera de su reino. Para el hombre su se-
mejante son los otros hombres, con quienes establece relaciones re-
cíprocas” (op.cit, 138).
Otra interesante autora es Gayle Rubín (1975), quien precisa que
el locus de la violencia se encuentra en el sistema sexo/género. Define
a este sistema como el conjunto de disposiciones por las cuales una
sociedad transforma la sexualidad biológica, en producto de la ac-
tividad humana, y en las diversas formas en que las necesidades se-
xuales transformadas son satisfechas. Para Rubín el género es una
división de los sexos socialmente impuesta, es el producto de las re-
laciones sociales. Dentro de sus propuestas está el de reorganizar
el sistema sexo/género a través de acciones políticas, donde se eli-
mine el sistema social que ha creado el sexismo y el género, propo-
niendo una sociedad sin género.
Para la autora, el intercambio de mujeres es la expresión mas
clara de un sistema en el cual la subordinación de la mujer; es el pro-
ducto de unas relaciones donde el sexo y el género son organiza-
dos y producidos. El intercambio de mujeres, es la expresión de un
sistema donde la subordinación de la mujer, es el producto de unas
relaciones basadas en el sexo.
Fundamentando su argumento en la obra de Levy Strauss (1969),
precisa que las estructuras de parentesco en las sociedades primi-
tivas son formas primarias de organización social; determinando la
vida económica, ceremonial y la actividad sexual de una comunidad.
Uno de los elementos claves del funcionamiento de estas estructuras
fue el regalo. En ese intercambio de dar y recibir los regalos, están
las mujeres como objetos del intercambio. Las leyes del intercambio
fueron fijadas por los hombres.
La subordinación de la mujer es un pre-requisito para el despe-
gue de la naturaleza y la opresión sexual un predecesor de la explo-
tación económica. Con el intercambio, se establecen relaciones de
parentesco donde el único beneficiado es el hombre. La mujer intercam-
biada, es símbolo de la alianza. Esta utilización simbólica, es lo que
marca a decir de Rubín, la entrada de la cultura. El reino de lo sim-
bólico que es el reino cultural, aparece con la mujer como mediación.
El sexo al ser utilizado como símbolo de esa alianza en tanto tal, la
mujer no tiene derecho a disponer de sí misma. Vemos claramente
como la opresión basada en el sexo, es la más antigua y universal
de todas las opresiones sufrida por las mujeres.
En su trabajo “El tráfico de Mujeres”, se reafirma como la natu-
raleza representa la génesis de la opresión y subordinación social de
las mujeres. Hace claros señalamientos en torno a toda una serie de
teorías que explican el origen de la desigualdad. Desde las teorías
evolucionistas, el derrocamiento del matriarcado prehistórico hasta la
subordinación social de las mujeres en el marxismo.
En la teoría de Levy Strauss sobre el parentesco, son los hom-
bres quienes hacen los intercambios. La mujer es caracterizada co-
mo signo que promueve la comunicación, es ella la que posibilita la
comunicación social. Es signo de algo, es valor para alguien. Objeto
de intercambio, vinculo de la alianza, mediación por excelencia, signo
de algo, de alguien y para algo. Con la aparición de la exogamia, se
da inicio al contrato social. Su único reconocimiento es su ser en el
hombre, para que pueda entrar en el contrato socio-simbólico del len-
guaje. En consecuencia, al ser construida la mujer como lo otro, se
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le relaciona con el caos y la dispersión. Al carecer de palabra, está
totalmente excluida de la historia y al no manejar el logos, no puede
representarse a sí misma.
Definitivamente, existe una innegable historicidad de los roles de
acuerdo a los códigos valorativos que nos ha impuesto la cultura y
los cuales permanecen aún vigentes en nuestra vida cotidiana. Las
marcas se han sellado y los modelos están claramente definidos. Los
estereotipos designaron la vida de acción y relación. Frente a ese
marcado androcentrismo, no podemos obviar el trabajo de los diversos
feminismos en el mundo, quienes desde diferente trincheras ideoló-
gicas no han cesado en denunciar la subordinación que la cultura ha
construido para la mujer desmitificando el enclave naturalista, y el
esencialismo biologizante como estructuras de pensamiento que han
marcado diversos sistemas de representación, subjetividades, éticas
diversas y lenguajes. En síntesis, todo un sistema de representacio-
nes que sella la subordinación y exclusión de la mujer, convirtién-
dolas en depositarias por excelencia de la violencia en todas sus mani-
festaciones.
El desafío está en visibilizar permanentemente la violencia, sus
marcas ideológicas a fin de tener una mejor comprensión de la situación,
y una postura más consciente para enfrentarla en nuestro diario vivir.
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... Cursó estudios de postgrado en filología eslava en la Universidad de Varsovia (2001) y un programa de doctorado interdisciplinar sobre ciencias cognitivas en la ULPGC. Ha sido profesora en el Instituto Cervantes de Varsovia (2000Varsovia ( -2002 y en la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan (2004-2007. Sus trabajos de investigación abordan distintos aspectos de la estabilidad de los Arturo Sánchez García (Inglaterra) Mexicano, Profesor Asistente en el Centro de Estudios de Género en School for Oriental and African Studies, University of London, y estudiante de doctorado en la Escuela de Derecho en la Universidad de Kent. ...
... La noción de género se desarrolló a partir de los roles sexuales según los cuales las sociedades dividen los rasgos humanos del carácter en dos, es decir, los especializa para construir las actitudes y las conductas apropiadas para cada sexo y para atribuirle una mitad a los hombres y la otra mitad a las mujeres. Queda claro que el género es una categoría que trasciende el sexo (González y Delgado: 2007;Delgado, 2008;Víveros, 2004). ...
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La historia de las mujeres científicas resulta un trabajo interesante por cuanto la Ciencia desde su concepción invoca una relación de dominio que merece su estudio. Cada día en los denominados estudios de la mujer el binomio mujer-ciencia tiene mayor importancia. En los Estados Unidos el interés por estudiar su vinculación se ubica en los años sesenta, no obstante, en el resto del mundo y en América Latina llega más tardíamente. Así, por ejemplo en Venezuela, un hecho importante facilita su estudio, y es el surgimiento en el año 1989, de la primera convocatoria para acceder al Programa de Promoción al Investigador (PPI). En este trabajo se ubica el análisis en los siguientes segmentos: Primero, del carácter androcéntrico de la ciencia a una ciencia con igualdad. Segundo, el género, trabajo y ciencia. Tercero, la inserción de la mujer en el trabajo intelectual. Cuarto, la mujer investigadora en el caso venezolano. Quinto, la Universidad de Carabobo, género ciencia y trabajo académico.
... Entre las formas de presentación de la violencia se encuentran la patrimonial, jurídica, política, ideológica, psico-emocional, sexual y física. Las consecuencias de la violencia pueden abarcar la totalidad de los ámbitos de la persona receptora, y van desde el daño físico, sicológico, sexual, fractura de la identidad, alienación del pensamiento, desestructuración psíquica y, disminución de la posibilidad de la constitución de la persona (3,6). ...
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Objetivo: Identificar el perfil de la mujer víctima de violencia que inicia la ruta de atención en centros especializados en la región centro andina ecuatoriana y caracterizar el entorno de la violencia. Materiales y Métodos: Se revisaron 1091 registros de casos atendidos durante el año 2012 de dos organizaciones especializadas en violencia hacia la mujer en la región centro andina ecuatoriana. Se describieron las variables categóricas (violencia verbal, física, física severa y sexual) con proporciones; la media de edad y su IC 95%, se usó para describir en las variables categóricas: grupos de edad, instrucción, estado civil, lugar de la violencia y tipo de violencia.Resultados: El 100% de las víctimas fueron mujeres en edad productiva y el agresor en el 98,7% de casos fueron hombres. En los registros se encontraron desde uno hasta nueve actos de violencia narrados por las mujeres. Los actos de violencia más frecuentes registrados fueron, entre otros: insulto 16,7%, golpe con mano o puño 12,0%; amenaza con matar o matarse 6,3%. En siete de cada diez mujeres la violencia ocurrió en el hogar.Conclusion: Las mujeres en edad reproductiva son las que acuden mayoritariamente a los centros de atención, por demanda de atención legal, social y psicológica espontánea. Las diversas formas de violencia y el entorno donde mayoritariamente se produce deben motivar la adecuación de las políticas de prevención, atención y protección a la mujer.
... La noción de género se desarrolló a partir de los roles sexuales según los cuales las sociedades dividen los rasgos humanos del carácter en dos, es decir, los especializa para construir las actitudes y las conductas apropiadas para cada sexo y para atribuirle una mitad a los hombres y la otra mitad a las mujeres. Queda claro que el género es una categoría que trasciende el sexo (González y Delgado: 2007;Delgado, 2008;Víveros, 2004). ...
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Se agrupan trabajos de investigación que abordan temas de mujeres sobre ciencia, género, migraciones, arte, lenguaje y familia. Las contribuciones proceden de Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, España, Inglaterra, Polonia, México, Perú y Venezuela. de los investigadores Yamile Delgado de Smith, María Cristina González, Claudia Hasanbegovic, Alejandra Restrepo, Leticia Artiles Visbal, Jeanette Bastidas Hernández-Raydán, Francisca Lema Quintana, María Pilar Lema Quintana, Marta Zabaleta, Magda Potok, Lourdes Uranga López, Cirila Quintero, Arturo Sánchez García, Sara Beatriz Guardia, Maritza Rojas Martini y Daisy Camacaro Gómez
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RESUMEN Este artículo tiene su eje de reflexión en la violencia. Para ello se presentan cinco segmentos. Se analizan, primero, las desigualdades sociales y la violencia. Segundo, se expone la Ley Orgánica que controla la violencia en Venezuela. Tercero, se caracteriza la tipificación de violencia. Cuarto, se explica la importancia del Instituto Nacional de la Mujer. Quinto, en el segmento tras la cifras, exponen los esfuerzos y dificultades para llevar las estadísticas sobre violencia. Como cierre, finalmente, un conjunto de reflexiones sobre cada uno de los aspectos desarrollados en el presente artículo.
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La idea de anclaje es una propuesta que parte de la idea que nuestra conducta en el presente tiene infl uencia en la experiencia vivida. El documento se elabora en varios segmentos. En primer lugar, se ubica la refl exión en torno a la idea de anclaje y nueve manifestaciones: 1.- Anclaje Figura Materna; 2.- Anclaje Una tía que se encarga de la madre; 3.- Anclaje Los hermanos en la casa de la abuela; 4.- Anclaje Religioso; 5.- Anclaje Los muertos entre nosotros; 6.- Anclaje Figura del padre; 7.- Anclaje Espiritual; 8.- Anclaje El aula y 9.- Anclaje del amor. En segundo lugar, se da cuenta de la visión de género por la importancia que reviste la construcción social. Y fi nalmente, se presenta una visión totalizadora del anclaje y su correlato con la educación.
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El problema de la violencia contra las mujeres es de vieja data, pero hay un hito importante de lucha que se ubica con la suscripción de la Convención de Belém do Pará, dirigido a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, suscrita en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en os Brasil en junio de 1994. En este trabajo se analizan los tipos de violencia que de acuerdo a la Ley que regula esta materia en Venezuela.
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Se ubica el significado de anclaje a situaciones que hemos vivido y que condicionan comportamientos posteriores. Con ello quiero significar que acojo la idea que nuestra conducta en el presente tiene influencia de la experiencia vivida y a ello podemos llamarle anclaje. Así, la vida en ocasión del trabajo, la vida en el refugio, la vida en la frontera, la vida en el retiro, la vida como migrantes, en el transitar de una frontera a otra, estará signada y condicionada por la experiencia vivida que subyace en el inconsciente individual y colectivo. Se exponen una clasificación de anclajes a partir de los espacios comunes que se viven.
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Se ubica la mirada en argumentos que evidencian que el sujeto no es estático. Tal afirmación significa que las esferas públicas y privadas también son móviles. En ese sentido, el presente documento ubica la reflexión en tres aspectos. En primer lugar, el significado del sujeto desde una perspectiva de género. En segundo lugar, el debate sobre la dicotomía entre lo público y lo privado, categorías desde las cuales se fundamenta que el sujeto es móvil. Finalmente, se incorpora a la discusión el poder como una categoría de análisis ineludible para la comprensión del sujeto móvil desde una perspectiva de género.
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On December 1999, the UN General Assembly designated November 25 as the International Day for the Elimination of Violence against Women. Thus, governments, international and non-governmental organizations were invited to develop activities to raise public awareness about the problem on that day. Since 1981 activist women marked November 25 as the day against violence. This paper pretends to make some reflections about violence against women, considering that this is a political, social, cultural, legal and human rights-related issue, but also a severe public health problem. Mental health researchers and professionals should be aware of the relevance of this phenomenon and its multiple manifestations, including sexual abuse, incest, forced prostitution, and sexual harassment in streets, institutions and domestic contexts as well as violence in intimate relations, rape and femicides. Men are the main perpetrators of these acts against women and girls. For this reason, the problem should be understood from a gender perspective that includes the analysis of power issues. The possibilities of mental health researchers and professionals to contribute to eliminate violence against women are discussed, including the need to review any obstacles which difficult changing beliefs, values, institutions and practices that engender and reproduce violence in women and men.
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41 páginas _______________________________ El recelo, cargado de prejuicios, con que la crítica feminista observa los escritos masculinos sobre el tema de la diferencia entre los sexos no carece de fundamento. No sólo porque el analista, una vez metido en lo que cree comprender, obedeciendo sin saberlo intereses justificatorios, puede presentar las presuposiciones o los prejuicios que él mismo ha introducido en su reflexión, sino sobre todo porque, enfrentado a una institución que se encuentra inscrita desde hace milenios en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las estructuras mentales, suele emplear como instrumentos de conocimiento categorías de percepción y pensamiento que debiera abordar como objetos de conocimiento. Citaré un solo ejemplo que, dado el autor, nos permitirá razonar a fortiori: Se puede afirmar que ese significante (el falo) se selecciona como lo más saliente de lo que se puede atrapar en la realidad de la cópula sexual, como también lo más simbólico en sentido literal (tipográfico) del término, puesto que equivale a la cópula (lógica). Se puede afirmar asimismo que por su turgencia es la imagen del flujo vital en tanto que formaliza la generación.(1) No hay que ser un fanático de la "lectura sintomática" para percibir detrás del "saliente" la "embestida", acto sexual imperioso y bestial, y detrás de "atrapar", el ingenuo orgullo viril ante el gesto de la sumisión femenina para apoderarse del atributo "codiciado" y no, simple y sencillamente, deseado. El término atributo se escoge a propósito para recordar lo que valen los juegos de palabras -aquí copulación, cópula-a los que se refieren a menudo los mitos famosos: esas palabras llenas de significado que (como señalaba Freud, son también las palabras del inconsciente) se esfuerzan por dar la apariencia de necesidad lógica (es decir, de carácter científico) a los fantasmas sociales cuya emergencia no han autorizado salvo en una forma sublimada científicamente.(2) Es significativo que la intuición del antropólogo, familiarizado con los símbolos de la ultramasculinidad mediterránea, se vea corroborada por la de un analista que, siguiendo la tradición de la reflexibilidad inaugurada por Sandoz Ferenczi y Michael Balint, opte por aplicar las técnicas del análisis a la práctica del analista: Roberto Speziale-Bagliaca ve en Lacan un perfecto ejemplar de la personalidad "falonarcisista", caracterizada por la propensión a "acentuar los aspectos viriles en detrimento de los aspectos dependientes, infantiles o femeninos", y a "entregarse a la adoración". (3) Así pues, conviene preguntar si el discurso del psicoanalista no se halla permeado, hasta en sus conceptos y problemática, por un inconsciente no analizado que, al igual que entre los analizados, se burla de él, aprovechando sus juegos de palabras teóricas, y si, en consecuencia, él no toma sin saberlo, de las regiones impensadas de su inconsciente, los instrumentos mentales que emplea para pensar el inconsciente.
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Traducción de: Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity Crítica interdisciplinaria a la idea esencialista de que las identidades de género son inmutables y están arraigadas en la naturaleza, en el cuerpo humano o en una heterosexualidad normativa y obligatoria, planteada con apoyo en contribuciones provenientes desde la filosofía, la antropología o el psicoanálisis y las lecturas de la autora a las obras de Lacan, Freud y Lévi-Strauss, pero también de De Beauvoir, Irigaray, Kristeva y Monique Wittig.
Sobre la categoría de género. Una Introducción teórico-metodológica
  • D E Barbieri
  • Teresita
DE BARBIERI, TERESITA (1996) Sobre la categoría de género. Una Introducción teórico-metodológica. Debates de Sociología. No 18. UNAM. México