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Lenguaje, dialogismo y educación

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Abstract

This paper is about the statements of the Russian philosopher Mikhail Bachtine, who proposes to study language as the subject of translinguistics. From this point of departure, some aspects of education are presented and a critique of its modern development is made. Several notions such as architectural education, pedagogical goodness and pedagogical rate are presented. Finally, some assumptions about what contemporary pedagogy and didactics could be for the critic vision about its modern development
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Lenguaje, dialogismo y educación1
Alfonso Cárdenas Páez2
Luis Felipe Ardila Rojas3
Resumen
Este texto parte de los planteamientos del filósofo ruso Mijaíl Bajtín y su propuesta de abordar
el lenguaje desde la translingüística, y apunta a ventilar aspectos fundamentales de la edu-
cación; incorpora algunas nociones como arquitectónica educativa, bondad de la pedagogía
y coeficiente pedagógico. Por último, formula algunas hipótesis acerca de lo que podrían ser
una pedagogía y una didáctica contemporáneas a la luz de una visión crítica acerca de su
desarrollo moderno.
Palabras clave
Pedagogía crítica, crítica dialógica, polifonía, sujeto, acontecimiento, arquitectónica, ideología,
extraposición, mediación, translingüística.
Abstract
This paper is about the statements of the Russian philosopher Mikhail Bachtine, who proposes
to study language as the subject of translinguistics. From this point of departure, some aspects
of education are presented and a critique of its modern development is made. Several notions
such as architectural education, pedagogical goodness and pedagogical rate are presented.
Finally, some assumptions about what contemporary pedagogy and didactics could be for the
critic vision about its modern development.
Keywords
Critical pedagogy, critical dialogue, polyphony, subject, event, architectural ideology, extrapo-
sition, mediation, translinguistics.
1 Este texto se fundamenta en la investigación DLE-033-99, patrocinada por upn–ciup y apunta a esta-
blecer la relación entre los planteamientos del pensador ruso Mijaíl Bajtín y la educación, con enfoque
en el tema del dialogismo.
2 Profesor de planta del Departamento de Lenguas e Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional.
Correo electrónico: acardena@pedagogica.edu.co
3 Profesor de planta del Departamento de Lenguas e Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional.
Correo electrónico: luisardila9@hotmail.com
Artículo recibido el 15 de abril de 2009 y aprobado el 30 de abril de 2009.
folios • Segunda época • N.o 29 • Primer semestre de 2009 • pp. 37-50
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Introducción
La visión de la lengua, inaugurada por Ferdinand
de Saussure (1967) a comienzos del siglo XX, tiene
fundamento en una concepción del código como
conjunto de relaciones formales y del discurso como
habla individual que, según lo plantean Bajtín y
Voloshinov (1992), sigue los lineamientos del obje-
tivismo abstracto, lo cual signica la imposibilidad
de llevar la lengua al terreno del contexto y de lo
social.
Frente a esta concepción, surge la translingüís-
tica, que asume el diálogo como su objeto, diálogo
que se extiende a las relaciones que se entablan en
la conciencia entre diferentes puntos de vista, entre
la conciencia propia y la ajena, entre el yo y el otro,
entre las culturas regionales y entre éstas y las ex-
tranjeras, entre la palabra propia y la ajena, etc.
Dado que se ha establecido que el lenguaje atra-
viesa todas las prácticas humanas, que es un tipo
de mediación y de acción que abre el horizonte del
sentido y, por otra parte, que la pedagogía se inscri-
be en el campo de las ciencias humanas, parece de
provecho repensar tales planteamientos a la luz de la
discusión sobre la palabra refractada y sus efectos en
la pedagogía y en los estudios sobre el lenguaje.
Una concepción del lenguaje
Ferdinand de Saussure se rerió al lenguaje como un
conjunto heteróclito, acaballado en todos los niveles
de la vida social y, por eso mismo, inabordable para
una ciencia. Esa característica lo movió a hacer re-
cortes de índole epistemológico e histórico, desde los
cuales pudiera construir un objeto accesible a una
aproximación cientíca. Ese objeto, la lengua, una
vez denidos sus límites: la forma y sus enfoques:
la sincronía y la inmanencia, se alió con la raciona-
lidad de la forma para, de esa manera, ausentar la
realidad y objetivarla sólo desde la perspectiva de la
representación. Esta tesis se sustenta en tres diferen-
tes maneras de abordar el asunto: el lenguaje como
sistema semiótico, la lengua como sistema virtual
(psicosocial) de signos y el habla como realización
individual de la lengua. La ruptura epistemológica
e histórica de Saussure construye, pues, un nuevo
objeto de conocimiento cientíco, ja unos límites
y propone métodos para abordarlo, congurando
el sistema de la lengua. A partir de allí, surge una
semiótica del código, tomada de la mano de cierta
concepción de signo, sistema lingüístico y discurso
individual.
Sin embargo, esa línea de pensamiento no era la
única que germinaba apenas entrado el siglo XX.
Descontando el interés de la losofía (Nietzsche,
Peirce, Husserl y más tarde Heidegger), el lenguaje
pudo también ser visto como proceso que en calidad
de acción y mediación1 nos pone en situación en el
mundo de la vida, que no es otro que aquel donde
entramos en relación con la realidad conocida y
valorada; con el otro, frente al cual adoptamos o
tenemos una perspectiva y un punto de vista en
particular; y frente a sí mismo, como sujeto de ac-
ciones, actitudes e intereses. Mirado así, el lenguaje
es un fenómeno de sentido de orden semiótico y
discursivo que nos obliga a todos y nos pone en
situación frente a cuatro lugares que nos circundan
culturalmente.
Como fenómeno semiótico de orden social, cul-
tural e histórico, organiza el sentido en términos de
lenguajes verbales y no verbales, de niveles y códigos
de sentido especícos que nos permiten objetivar la
realidad; como fenómeno discursivo, nos pone en
situación dialógica mediante enunciados, aparatos
y géneros discursivos. En cuanto nos obliga, ejerce
varios poderes (técnico, cientíco, social, ideoló-
gico, ético y estético); al situarnos, nos pone en
contacto con el mundo, las acciones y eventos que
en él suceden, los sujetos que agencian las acciones
e interactúan en ese mundo y frente a sí mismo. Así,
1 Desde el punto de vista pedagógico y específicamente en relación
con el psiquismo como acción educativa, la mediación del lenguaje
tiene una doble función: integradora y reguladora; así contribuye
a la conformación del psiquismo humano, como organización de
conocimiento y conducta con una doble orientación referencial
hacia el contexto y el no contexto. Según Vigotski (1989), estas son
formas típicas del papel mediatizador del lenguaje en el desarrollo
humano. Tal como lo expone Vertsch (1985, pp. 139-168), el lenguaje
sirve tanto a la reflexión abstracta y generalizada, basada en signos,
como a la referencia indicial hacia el contexto, basada en índices,
por lo cual la actividad psíquica del hombre se organiza en varios
niveles, en tanto que el contexto incorpora sujetos copartícipes e
interactuantes en situación ambital, en acción comunicativa.
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el lenguaje ofrece múltiples opciones de producción
de referencia y nos permite extraponernos frente al
mundo y saturar de acentos lo que en él hacemos y
lo que sabemos de él.
Esta versión, grosso modo, recoge los dos enfo-
ques que, desde comienzos del siglo XX, despuntan
en el panorama cientíco del lenguaje: la lingüística,
o teoría sistemática de la lengua, y la translingüís-
tica2, o visión dialógica del lenguaje. La primera,
propuesta por Ferdinand de Saussure (1967) en
torno a la palabra–cosa, y la otra, de la mano de
Mijaíl Bajtín, sobre la palabra como mediación en
la escena viva de la comunicación. La lingüística,
basada en el objetivismo abstracto, nos enseñó a
ver –sólo– las manifestaciones verbales del lenguaje
como una conducta homogénea, como medio de
representación global de orden conceptual y como
sistema funcional. Esto trajo como consecuencia la
visión sistémica de la lengua como código (sistema
de signos), en su sentido más estrecho, y la de habla
como discurso individual.
Aunque Bajtín no escribe un tratado sobre el
lenguaje, las notas dispersas en sus principales en-
sayos dan pistas para reconstruir su visión acerca de
este fenómeno social de sentido. Al discutir aquella
posición por considerarla limitada –la de de Saus-
sure–, si bien estricta y objetiva para los nes que
perseguía, toma distancia de los atributos que asigna
al lenguaje para desplegar una mirada amplia sobre
las instancias verbal y no verbal; la concepción de
signo como algo distinto a la señal; el enunciado y
los géneros discursivos; las relaciones estrechas entre
el lenguaje, la conciencia y las ideologías y su papel
como mediación (Ponzio, 1998, p. 66). Todo apunta
a señalar que, por su indeterminación semántica, la
palabra pone al sujeto (Ibáñez, 1994) en situación de
frontera, pues la interacción comunicativa, en lugar
de estar prejada por el código, obedece a un acto
único, irrepetible e imputable (Bajtín, 1997, p. 10 ),
en el que la palabra está al servicio de intenciones
2 El término que originalmente utilizó Bajtín para mentar la nueva
ciencia fue “metalingüística”, pero, dado que en la tradición de
Occidente aquélla tiene una denotación precisa, los traductores
lo han sustituido por el término translingüística. Cfr. Kristeva,1974
y Bajtín, 1986a.
ajenas, en situación de mutuo conocimiento, de
cercanía, de encuentro que facilite a la gente “po-
nerse a hablar”.
Una concepción dialógica del lenguaje
Uno de los rasgos de la lingüística, en el transcurso
del siglo XX, fue la poca atención prestada al sig-
nicado3, al que, dada su correspondencia estrecha
con el concepto, se le atribuyó ser transparente en
el orden referencial. Cuando lo hizo, aplicó los mis-
mos principios sistemáticos globales al léxico y a la
oración, sin considerar el contexto, poniéndolo al
margen de la variedad semiótica y del uso discursivo.
A la par que esto sucedía, Bajtín adopuna posición
consecuente con el funcionamiento del lenguaje4;
concibió la relación estrecha entre los signos, la
conciencia5 y las ideologías6 (Bajtín y Voloshinov,
1992, p. 33), emplazó la palabra en el contexto del
conicto social, puso sobre el tapete los nexos entre
los signos y las ideologías y reconoció el diálogo
3 Mas no sólo esto: según Bajtín y Medvedev (1994, p. 160), el
mayor problema consistió en que la lingüística prescindió de la
comunicación y, por supuesto, de los enunciados como elementos
constitutivos de la lengua.
4 El lenguaje es un arma de doble filo; del mismo modo que nos
sirve para instaurar el dogma y todos sus correlatos universales de
centro: realidad, esencia, verdad, objetividad, poder, saber, orden,
representación, individuo, sujeto, autor, identidad e impostarlas
como normas homogéneas, globales, abstractas y universales
desde el objetivismo abstracto, también nos sirve para desplegar
la alteridad, la refracción, la exotopía, lo heterogéneo, lo simultá-
neo, lo ambiguo, lo caótico, lo ambivalente, lo fronterizo. Es, entre
estos márgenes, donde se ubican las posiciones dialógica, ideo-
lógica, ética y estética de Bajtín; por tanto, cualquier pretensión
de universalizar tales posturas o de excluir las otras es contraria
a la visión ponderada del pensador ruso. Habrá, pues, necesidad
de retener que la posición de Bajtín es social y ética, es periférica
por cuanto no se atiene a las condiciones de centro y desarrolla
un pensamiento de fronteras.
5 De acuerdo con Bajtín (1986b, pp. 120-121), “Para la conciencia
que vive en el lenguaje, éste no es un sistema abstracto de formas
normativas, sino una opinión concreta y contradictoria sobre el
mundo”.
6 Según Bajtín y Medvedev (1994, p. 55), “El hombre social está
inmerso en fenómenos ideológicos, rodeado de ‘objetos signo’ de
diferentes tipos y categorías: de palabras, realizadas en las formas
más heteróclitas, pronunciadas, escritas y otras, de aserciones
científicas; de símbolos y creencias religiosas; de obras de arte,
etcétera. Todo esto en su conjunto constituye el medio ideológico
que rodea al hombre con su densa atmósfera. Su conciencia vive
y se desarrolla en este medio. La conciencia humana establece
contacto con la existencia, no directamente, sino mediante el mundo
ideológico que la rodea”.
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como realidad discursiva inscrita en enunciados
reales y distintos géneros discursivos.
Mención especial merecen sus planteamientos
acerca del signo. Al plantear la plasticidad e inde-
terminación de los signos como cosas materiales y
singulares (parte objetiva de la realidad) que ree-
jan, refractan y acentúan7 el mundo como realidad
conocida y valorada, superó la dicotomía entre
signicante y signicado para comprenderlo como
una tríada arquitectónica que se abre en tres direc-
ciones: frente a la realidad, a los demás signos y a
los sujetos que los usan. Como parte de la realidad,
puede ser afrontado como un objeto singular que
provoca múltiples reacciones correspondientes a la
experiencia externa que los hombres tienen con los
signos y con la manera en que construyen cadenas
y enlazan las conciencias mediante el reenvío de un
signo a otro, pues ningún signo funciona solo, sino
en combinación con otros en la voz de sus usuarios.
En esta dirección, no hay materialidad sígnica que
no implique una semántica que, a la par, convoque
una sintaxis y, además, una pragmática.
Pero los signos no funcionan de manera libre ni
en su materialidad ni en su signicación, pues los
rige un código de reglas que, por más que se quie-
ra, no agota su naturaleza. Si bien el signo reeja
porque la representación es su característica, ella
no es simple ni directa. El signo adopta maneras de
representar, adopta acentos típicos de la manera de
participación social de los usuarios, para lo cual en-
tra en el universo de lo axiológico, de la valoración,
de lo ideológico. El signo demarca el territorio de lo
ideológico8, el cual se congura como una cadena
que enlaza las conciencias individuales que interac-
túan, convocándose a la comprensión y al diálogo.
Cada territorio se caracteriza por la manera en que
7 Se podría decir que refractar es “representar” de manera dialógica
el mundo convertido en objeto de representación cognitiva, ética,
política, religiosa, científica, económica, histórica, social, etc.
8 De la misma manera que se afirma que la translingüística es la
disciplina de la dialogía, podría igualmente proponerse que es
la disciplina de las ideologías en cuanto al papel refractor que el
lenguaje desempeña en diferentes esferas ideológicas, a juzgar
por lo que Bajtín y Medvedev (1994, pp. 59-60) dicen en torno al
lenguaje cotidiano y al lenguaje poético, los cuales participan de
los mismos problemas y equivocaciones.
refracta cada zona de la realidad para apropiarse de
una función especíca de la vida social.
Por tanto, “la conciencia sólo deviene conciencia
al llenarse de un contenido ideológico, es decir, síg-
nico y, por ende, sólo en el proceso de interacción
social” (Bajtín, 1992, p. 34). A diferencia de algunos
movimientos que sitúan la ideología en la conciencia
y la convierten en algo trascendental o en algo infra-
humano, para Bajtín la ideología está en el material
concreto y en el contexto de los signos que, ni más
ni menos, es producto del hombre como ser social.
Es por eso que:
La conciencia se construye y se realiza mediante
el material sígnico, creado en el proceso de la co-
municación social de un colectivo organizado. La
conciencia individual se alimenta de signos, crece
en base a ellos, reeja en sí su lógica y sus leyes. La
lógica de la conciencia es la de la comunicación ideo-
lógica, la de la interacción sígnica en una colectividad
(Bajtín, 1992, p. 36) (cursivas nuestras).
El lenguaje produce sentido en acción cuando
sirve a múltiples funciones y propósitos a los cuales
la conciencia presta su unidad. Pero la conciencia
no preexiste a nada, requiere de la alteridad y del
signo, ante todo, porque:
Un hombre que permanezca a solas con su
persona no es capaz de atar los cabos incluso en
los estratos s profundos e íntimos de su vida
espiritual, no puede existir sin otra conciencia. El
hombre jamás encontrará la plenitud únicamente
en sí mismo (Bajtín, 1986a, p. 251).
Para Bajtín, la lingüística no puede ser otra cosa
que una metalingüística o, como preeren Kristeva,
Bubnova y Todorov, una translingüística. En tal vir-
tud, la translingüística es un enfoque fronterizo del
lenguaje que, en lugar de ocuparse de las relaciones
entre los elementos del código o de los elementos
del código y el texto o de un enunciado, toma como
objeto las relaciones entre los actos de palabra, los
textos, los géneros discursivos, el diálogo interno y
externo entre textos, los discursos, interlocutores
en un proceso histórico de formación y transfor-
mación, según se lee en “El problema del texto”.
La translingüística trabaja la lengua como palabra
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encarnada, en relación con sujetos puestos en con-
dición intersubjetiva.
Los planteamientos de Bajtín controvierten la
mayoría de las concepciones saussureanas, como
las de signo, código y texto. Para Bajtín, el signo es
maleable, plástico, no obedece a la correlación entre
signicante y signicado. El signo se caracteriza
por su capacidad de adaptarse a contextos nuevos,
a situaciones diversas, es plurívoco, ambiguo y su
característica es la indeterminación semántica, no
sometida a lo conceptual, a lo referencial. En otros
términos, en Bajtín (1992, p. 99) el signo recupera
su “signicidad”, a diferencia de la “señalidad” que
le achaca Saussure, la cual sólo se da en casos ex-
cepcionales. Esta tendencia repercute fuertemente
en el pensamiento lingüístico y, por supuesto, en la
pedagogía, a partir de la lingüística que se deriva de
él: “lengua muerta, escrita y ajena” (Bajtín y Volos-
hinov, 1992, p. 105); con respecto al código, señala
que éste impone el absoluto abstracto de la lengua
sobre los textos, sometiéndolos a sus reglas, abstra-
yéndolo de sus circunstancias sociales y culturales,
sometiéndolo a una lógica unitaria, identitaria que
descarta la interacción discursiva y, por supuesto, la
producción de sentido; la tercera noción puesta en
remojo es la de texto, pues, para el estructuralismo,
obedece más a un principio metodológico que a
una realidad productiva del discurso. El texto es un
constructo que el analista congura para sus nes
de estudio del código de la lengua; es un discurso
normalizado, regido por principios que no son los
de la realidad discursiva de la lengua.
Esta visión, que puede ser acusada de mono-
lógica o de lógica, contrasta con la de Bajtín, que
es dialógica. Mientras que De Saussure nos pone
frente a la lógica conceptual en el signo, Bajtín nos
pone frente a lo ideológico. Frente a la visión global,
extracontextual, Bajtín nos habla de lo circunstancial
y de lo contextual, de lo social y lo cultural. Por eso,
se pueden distinguir diferentes versiones del diá-
logo: diálogo externo entre interlocutores, diálogo
interno en la palabra y la conciencia, diálogo que
surge con la palabra ajena, diálogo entre géneros,
diálogo entre dialectos sociales (polémica, parodia,
estilización), etc.
Frente a la asepsia lógica del texto, limpiado con
nes metodológicos, el texto en Bajtín está condi-
cionado, doblemente orientado. El texto está lleno
de formas y matices que instauran relaciones entre
autor y personaje y entre autor y lector, manifesta-
ción de formas de participación y de actitudes; ade-
más, incorpora distintas esferas ideológicas, voces y
conciencias y entra en relación con lo que se habla y
con el destinatario a quien se habla. Manifestación
típica de esta concepción dialógica es la propuesta
acerca de los géneros discursivos9, lugar desde el cual
se construye la verdadera historia del lenguaje.
Dimensiones de la “formación” dialógica
Si atendemos a la propuesta de Bajtín según la
cual la lengua es dialógica, es decir, es producida
y usada en las relaciones comunicativas en que
intervienen los hablantes, es posible establecer
algunos principios mínimos que den cuenta de la
puesta en escena del lenguaje en la educación, dado
que los seres humanos no sólo somos usuarios de
las lenguas que hablamos, sino de un conjunto de
lenguajes que son parte de la diversidad en la cual
nos movemos y que, en efecto, es lo que constituye
la realidad que vivimos.
El diálogo como puesta en escena del lenguaje ra-
dica en la existencia de dos dispositivos: anacrítico10
y sincrítico11 y en factores como la acentuación, la
extraposición y el sobrentendido. Si bien la orien-
tación de la palabra hacia la realidad es, en esencia,
lógica y se apoya en la identidad de la diferencia, no
es posible perder de vista que cuando ésta se llena
de puntos de vista, cuando quien habla se extrapone
y se ubica en el amplio marco del sobrentendido,
cuando recibe la entonación y los acentos de quien
habla, la palabra se vuelve dialógica, se carga de
9 A propósito del tema, se puede leer: “El problema de los géneros
discursivos” en Bajtín, 1982, pp. 248-293, sumado a las notas sobre
“Lenguaje y literatura en Bajtín”, del autor.
10 “Por anácrisis se entendían los modos de provocar el discurso
del interlocutor, de hacerlo expresar su opinión manifestándola
plenamente. […] La anácrisis es provocación de la palabra por la
palabra (y no por medio de una situación del argumento […])” (Cfr.
Bajtín, 1986a, p.156).
11 “La síncrisis era una confrontación de diversos puntos de vista
sobre un objeto determinado” (Ibíd.).
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valoraciones que son plena prueba de que cuan-
do usamos el lenguaje no podemos ser neutrales;
siempre nos ubicamos en el marco de la alteridad,
asumimos o nos distanciamos de los puntos de vista
de los demás, acentuamos alguna perspectiva, yux-
taponemos posiciones, etc. en un permanente ujo
de valoración social en torno a quienes lo hablan y
aquello de lo que se habla.
De este modo, la verdad y el saber y todos los
productos del pensamiento humano no están en la
cabeza de un solo hombre, sino que obedecen a las
permanentes discusión y búsqueda por medio de la
comunicación dialógica. Este transcurrir discursivo
de las ideas en la vida se da en el amplio contexto de
la heteroglosia social, en el que se busca la verdad
mediante la confrontación de las ideas, en el que
las ideas se ponen a prueba y, en igual medida, se
prueban los hombres, sobre el terreno común de
la discusión de la historicidad de las ideas y de su
simultaneidad. Esto, en lo que hace a la polifonía,
nos dice que ésta es incompatible con el plantea-
miento de una sola idea, con su impostación como
verdad encontrada y ya realizada sobre el mundo. El
concierto de voces propio del uso social del lenguaje
está siempre en diálogo, en discusión, en polémica,
en una “formación ideológica. Allí no existe el pen-
samiento aislado, como tampoco la posibilidad de
reducir el pensamiento a un sistema. Así, como esto
ocurre en la ideología formadora, en el universo de
hombres y mujeres, jóvenes y viejos, cada uno ejer-
ce sus diferentes papeles (adoptan puntos de vista,
asumen perspectivas diversas, participan, adoptan
posturas críticas, toman distancias, se apoderan de
la voz de otros, asumen variedad de discursos, etc.)
con propósitos diferentes en un marco cultural, re-
fractario a los niveles de representación, entrando en
polémica, impidiendo que siempre el pensamiento
sea el mismo. De ahí que la comprensión, más que
un fenómeno de interpretación, es una condición
de existencia del lenguaje mismo, siempre abarca
muchos sentidos, se orienta en determinadas di-
recciones, confronta posiciones, apela a la palabra
de otros, parodia, rechaza o proscribe lo que otros
han dicho.
Esto nos muestra que el signo, por su naturaleza
ideológica, es ambivalente, ambiguo, es condensa-
ción de muchas voces, es una unidad en la que com-
parecen el yo y el otro como sujetos que dialogan
en contextos diversos; el signo es una metáfora de
la identidad y de la otredad, o, para decirlo en otros
términos, una junta de lo lógico y lo analógico, en
la cual comparecen el concepto y la imagen, donde
juegan el signo y el símbolo, la transparencia y la
opacidad. La arena donde se juega el discurso es la
sociedad, y ésta no es más que diversidad, aunque
queramos identicarla con un grupo o con una
cultura. De todos modos, se pone en evidencia que
no existe en el sentido un reejo de la realidad, que
la “representaciónno apela necesariamente a la
verdad, sino a una refracción de la misma.
Supuesto, entonces, que frente a la palabra ob-
jetivadora, abstracta, persiste la palabra refractaria,
todo induce a pensar que tanto el hombre como el
lenguaje están siempre en situación o en posición
arquitectónica: frente a mismo, frente al otro y
frente al mundo. Por tanto, el conocimiento de la
realidad no es neutral. Es el contexto el que carga
de sentido el conocimiento que tenemos del mundo;
la carga de sentido la constituyen, además de los
elementos típicos de la representación, las actitudes,
los puntos de vista, los acentos, los valores, y todos
ellos conguran la arena donde debaten las ideas,
las ideologías.
Llevadas estas nociones al terreno de la educa-
ción, es posible apuntarle a la convergencia de fac-
tores cognitivos, éticos y estéticos, para que, desde el
punto de vista del conocimiento, no sólo se trabaje
la ciencia, sino que se dé cabida a la producción de
otros sistemas culturales (Elkana, 1983, pp. 65-80),
se promueva diferentes formas de razonamiento
y se desarrolle la comprensión. En cuanto a los
factores estéticos, es oportuno que se abra camino
a las posibilidades de realización del ser humano, a
la expresividad y a la creatividad para cultivar los
intereses humanos y superar las barreras que se
oponen a las realizaciones del sujeto. Y para que, con
respecto a los factores éticos, se procure el cultivo
de valores como la responsabilidad, la solidaridad
y la participación con miras a fomentar la interac-
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ción social a la par que se reconoce la otredad. En
esta arquitectónica educativa, es posible repensar
ciertos principios relativos a formación integral,
formación ciudadana, formación en valores, pen-
samiento crítico, formación de sujeto, educación
para la comprensión, autonomía del sujeto, sujeto
creativo, etc.
Los presupuestos bajtinianos nos permiten
establecer, a primera vista, algunos criterios para
fundamentar la educación. En términos generales, la
sociedad no puede seguir los pasos de la diferencia
indiferente; la educación debe pensar en el excedente
de sentido que privilegie una educación atenta a lo
dialógico, a lo intersubjetivo, a lo ideológico; debe
pensar que el lenguaje es factor constituyente del
sujeto y que éste no está concluido ni puede ser una
aspiración concluirlo, sino dotarlo de criterios para
que asuma sus papeles en la sociedad. Se requiere
pensar en una pedagogía que, en lugar de sustentar
la identidad del logos, esté atenta, además de la
ciencia, a las demás esferas culturales que puedan
contribuir a la formación del estudiante. La escuela
debe catalizar el universo intercultural con el n de
no extraer al estudiante de su ambiente y procurar
que entre en diálogo con las posibilidades que dicho
universo le ofrece en diversos ámbitos, cognitivo,
ético y estético.
Lenguaje y pedagogía crítica
De acuerdo con lo planteado arriba, la división
propuesta por Saussure entre lenguaje, lengua y
habla plantea diversos problemas, amén de los epis-
temológicos, de índole pedagógica y didáctica; así,
frente a temas como las relaciones entre lenguaje,
conocimiento y conducta, aparece el relativo a la
acción, más los que se derivan de la didáctica de la
lengua y su enfoque disciplinar, lo que debe llevar-
nos a discernir acerca de la importancia pedagógica
del lenguaje y la importancia del sentido en las más
disímiles manifestaciones de la condición humana
entre las cuales contaría el papel de la racionalidad
científica frente a la racionalidad experiencial,
terreno en el que se insertan y se hacen efectivos
los “procedimientos de exclusión12” que afectan y
deciden lo que ha de ser el progreso de la ciencia.
En un interesante artículo relacionado con las
ciencias humanas, Bajtín (1982) se pregunta acerca
del sentido del hombre y su misticación. Al discutir
el problema de la identidad como asunto de la mis-
ticación, nos propone que no es posible olvidar el
sentido del hombre frente al progreso de la ciencia y
la tecnología. A propósito, y partiendo de que “[…]
el sentido […] es imposible disolverlo en conceptos
(cursivas nuestras), agrega:
Cualquier objeto del conocimiento (incluso el
hombre) puede ser percibido y comprendido como
cosa. Pero un sujeto como tal no puede ser percibido
ni estudiado como cosa, puesto que siendo sujeto
no puede, si sigue siéndolo, permanecer sin voz; por
lo tanto su conocimiento sólo puede tener carácter
dialógico (Bajtín, 1982, p. 383).
Si los problemas del hombre, del sujeto y la con-
ciencia hay que plantearlos desde la perspectiva del
otro, reconocerles su plena dialogía y ponerlos en
el terreno de la alteridad, es ahí donde encontra-
mos las raíces de una pedagogía crítica en Bajtín.
Si aceptamos que la pedagogía pertenece al campo
de las ciencias humanas y que, como muchos han
reconocido, tiene hondo calado ético, el lenguaje y
el sentido son factores que no se pueden descuidar
en la manera en que constituyen factor importante
del campo educativo. El principio está en que el
maestro, al participar en el conocimiento del estu-
diante como sujeto (con voz), además de la dialogía,
congura el conocimiento como acontecimiento.
La educación pasa por reconocerle a la palabra ser
parte constitutiva de ella.
Lo cierto es que, ante la realidad compleja del
lenguaje, todo lo que acontezca en función de co-
nocimiento y de comportamiento tiene que ver con
la capacidad humana para producir sentido. Así, la
racionalidad de las teorías y, por tanto, de las ciencias
y disciplinas no debe confundirse con su racionali-
12 Foucault (1970b, pp. 11-20) plantea varios tipos, como prohibiciones,
rechazos, exclusiones, voluntad de saber, voluntad de verdad entre
los procedimientos de exclusión. De hecho, tales procedimientos
están muy vinculados con la historia de las formaciones discursi-
vas.
44
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folios n.o 29
zación. Este despliegue de la racionalización, además
de necesario, nos permite encuadrar los modos de
ser del hombre, y su capacidad múltiple y compleja
de comprensión del mundo en que vivimos (Vigots-
ki, 1978). El mundo, como universo de lo humano
en sus diversos ángulos y perspectivas, nos abre
posibilidades para enfrentarnos a lo desconocido
e indeterminado. De ahí que a la lingüística, en un
sentido amplio, le interese, además del conocimien-
to, el problema ético y político que se le plantea al
sujeto13 con respecto al lenguaje.
El despliegue dialógico pasa por reconocer que el
maestro ni detenta el saber”, ni tampoco es dueño de
los constituyentes simbólicos, lógicos e ideológicos
del discurso. Desde la mutua aceptación y valoración
de maestro y alumno, es posible llegar al intercambio
generoso y adecuado de saberes, de sentimientos y
afectos y al compromiso formativo mutuo del cual
ambos son beneciarios. La interacción educativa
no es sólo asunto de comunicación llana y simple.
Se trata de compartir conocimientos, capacidades,
actitudes y valores en márgenes de responsabilidad,
que no hagan ilusorio el intercambio efectivo, el
acuerdo solidario, la divergencia respetuosa en el
ámbito académico14.
Ese despliegue parte del reconocimiento del
lenguaje como sistema semiótico–discursivo y
repercute tanto en el discurso cientíco como en el
discurso pedagógico15. Por un lado, desde el ángulo
13 La noción de sujeto que se desprende de Bajtín no equivale a
individuo ni obedece al concepto de esencia o a algo que preexis-
ta a lo social. El sujeto es un continuo hacerse, sin una esencia
específica y sin identidad fija que va surgiendo en la medida en
que se construye socialmente el discurso, en la medida en que
va asumiendo posiciones en el universo ideológico de lo social. El
sujeto es el conjunto de posiciones que puede ocupar el ser humano
en el transcurso de su vida.
14 Una manera de abordar estos asuntos que se ha hecho recurrente
en la educación es la Teoría de la Acción Comunicativa y sus con-
diciones de validez: verdad, veracidad, rectitud y comprensibilidad
(Habermas, 1989, pp. 299-368).
15 A propósito del discurso pedagógico (Bernstein, 2000 y Díaz,
2001), cabe anotar que éste debe ser un discurso contemporáneo,
en términos de Bajtín. Además de aceptar que la pedagogía pasa
por los textos y de reflexionar sobre la manera en que dialogan la
pedagogía y la ciencia, debe responder a la cultura de la época,
debe ser un discurso funcional y productivo y un discurso respon-
sable que, en su juego interdiscursivo, no acalle el antidiscurso,
como tampoco el flujo del sentido que, como sabemos, depende de
acentos y valoraciones. Es funcional porque en él se desempeñan
semiótico, el lenguaje es un fenómeno constitutivo
del conocimiento en los órdenes lógico (dialécti-
co), dialógico (polifónico) y analógico (analéctico)
del sentido, lo cual, desde el lado discursivo, tiene
manifestaciones tanto en el sentido de “discurrir”
como en la puesta en escena de textos en contexto
y cuyo asidero consiste en aceptar que el lenguaje
es constitutivo del sujeto. En cuanto a lo primero, si
el sistema lógico se encarga de establecer un orden
conceptual, en el que prevalecen las diferencias, y
la ciencia es un sistema en el cual las estructuras
del conocimiento se someten al razonamiento
formal y riguroso apoyado en la demostración, el
dialogismo nos ubica en el terreno de la palabra
ajena y nos impone el diálogo como una necesidad
desde la cual ejercemos nuestros papeles de sujetos.
En esta dirección, el sentido se llena analógica y
axiológicamente del caudal de símbolos e imágenes
que brotan del mundo de la vida; los símbolos y las
imágenes penetran el conocimiento y la conducta
humana, haciendo de ellos un uir de posibilidades,
abiertos, inconclusos.
Con respecto al discurso de la ciencia, éste se
caracteriza por el método, pero también por la inci-
dencia que en él tienen la epistemología, la teoría y la
técnica, como factores constitutivos de su estructura
formal. Desde aquí, podemos derivar algunos de
los temas que, a todas luces, parecen de interés para
la pedagogía; nos referimos a que ni las formas del
conocimiento ni las maneras de pensar se agotan o
se reducen a la matriz lógica de la ciencia, aquellas
que denen su validez (demostración, verdad, ob-
jetividad, categorización, etc.). Ante todo porque, a
pesar de que la razón cientíca no se corresponda
papeles sujetivos en situaciones concretas, pero debe ser también
un discurso productivo de conocimiento, en el que el maestro, por
ejemplo, se apropia de la palabra ajena y responde en primera
persona, en términos de interacción y de conflicto. La lengua es un
espacio interdiscursivo donde la intersección de múltiples discursos
motiva la sospecha y se eleva la obra a acontecimiento. Por ejemplo,
esta situación alimenta diversas formas de leer otros discursos
(metadiscursos), diferentes formas de hablar, rituales, cruce de
lenguajes cotidianos con lenguajes técnicos, jergas profesionales,
visiones de mundo, etc. Éstas son actitudes críticas en que se pone
en discusión la cultura oficial y se pone de relieve la manera en que
se plasman las intenciones del autor y se convierten en intenciones
del lector.
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Facultad de Humanidades
folios n.o 29
con la razón instrumental, ésta es la manifestación
de aquélla en buena parte de la modernidad, apun-
talada en el positivismo de la ciencia y en su presunta
asepsia ideológica.
Si “pensar” no es sólo someterse al método cien-
tíco, es porque la racionalidad diverge en varios
horizontes, lo cual afecta a la lingüística que, como
ciencia social, no se propone la verdad, sino com-
prender el papel del hombre en la construcción de
la realidad y en las formas sociales de darle sentido.
Por eso, la lingüística ha tenido que extender los lazos
del conocimiento hacia el contexto sociocultural y
político en el cual emerge el sentido, en razón de que
el conocimiento no es neutro, sino que está preñado
de ideología, de historia, de valores, obedece a ciertos
intereses, está lastrado por el poder. A partir de aq
cabe preguntar de qmanera la pedagogía se apropia
de él y lo didactiza para guiar la formación del estu-
diante. La pedagogía debe preguntarse qué es lo que
educativamente vale de ese conocimiento y cuál debe
ser su actitud al transmitirlo al estudiante.
Por lo dicho, corresponde al discurso pedagógico
sobre el lenguaje ocuparse del conocimiento y su pa-
pel en los procesos de pensamiento y en el saber; de
igual modo, tiene que ver con la conducta, a tenor de
la acción de los sujetos en la vida social, en particular
de los “sistemas de exclusión(Foucault, 1970b) y su
participación en la realidad contextual de los sujetos
enunciadores. Desde el lenguaje, el sujeto, llámese
maestro o investigador, siempre está asumiendo una
posición, adoptando una actitud, un punto de vista,
es decir, está puesto en contexto; desde ahí, elabora
constructos, propone objetos, impone límites, precisa
categorías, dene conceptos, adopta puntos de vista a
partir de los cuales construye su objeto de enseñanza
y se acerca a él.
Así, muy a pesar de que en Occidente se entroni-
zó la dicotomía entre mimesis–diégesis proveniente
de la tradición platónica, el maestro dialógico debe
apelar al tercero excluido: la methexis, y considerar
estas guras como términos de una tríada inclusiva,
en la que el tercero –plano del sujeto– juega a par-
ticipar y tomar distancia de la realidad en que vive.
Esto quiere decir que la mimesis no es reproducción,
como tampoco la diégesis es creación absoluta; todo
depende del papel de lanzadera que el sujeto desem-
peña, según grados de participación y de distancia,
según se sitúe frente a ella para sentirla, imaginarla
o comprenderla. La tendencia del pensamiento a
pensar cómodamente en términos de oposiciones,
con el correr del tiempo se tradujo en una forma de
racionalización dicotómica, que en la lingüística se
explicó mediante el principio de marcación y que, en
el discurso moderno, signicó la eliminación de uno
de los términos: aquel que no hacía la diferencia.
Cualquiera sea el punto de vista desde el que se
mire, el conocimiento es una manera de diferir la
realidad, de aplazarla, de ponerla a distancia y, en esta
base, operar sobre ella todo tipo de acciones, de ope-
raciones en las que cuenta el grado de participación
del sujeto. El sujeto no es, entonces, una entidad, sino
una conguración de posturas, de situaciones desde
las cuales se les da sentido al mundo y a la vida, lo
cual nos invita a pensar que las vías de constitución
del sujeto apuntan a la diversidad de experiencias y
van en dirección al mundo, al sujeto mismo y a los
demás, en el contexto de la cultura.
Si el lenguaje nos pone frente al problema de la
acción humana como conocimiento y comporta-
miento, estos factores tienen particular interés en el
caso del lenguaje y su pedagogía; por eso, la realidad
rebasa cualquier sistema conceptual, así sea cien-
tíco; rebasar un sistema cientíco, romper con él
es saber ponerse en situación, saberse ubicar, ya en
el límite de lo conocido, o ser capaz de adoptar una
postura; a la larga, tanto el conocimiento como el
comportamiento humano son problema de extrapo-
sición (Bajtín, 1982). La extraposición (exotopía) es,
entonces, la capacidad de considerar la convergencia
de varios puntos de vista en un mismo espacio visual,
de manera que abordar la cultura desde un punto de
vista extrapuesto es verla a través de múltiples focos,
relaciones y convergencias. La extraposición debe en-
tenderse, por tanto, como un proceso de irradiación
recíproca de la acción, en el que es posible avizorar
múltiples conuencias culturales, al margen de je-
rarquías, sin perder de vista las relaciones, los retos
dialógicos y las miradas complementarias16. Extrapo-
16 Dadas estas consideraciones, es preciso reivindicar el cono-
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nerse es situarse en posición cognitiva, ética, estética,
política, histórica, cultural; esto dene en parte las
formas de la racionalidad, y a ellas habría que achacar
la manera en que se desarrolla la ciencia, ya por medio
de rupturas o de la capacidad de los cientícos para
imaginar o situarse en los límites. No siendo la ciencia
monolítica, lógicamente aséptica o parametral, se ve
inuida por lo que ocurre fuera de ella.
Precisamente, el razonamiento como proceso
fundamental del pensamiento debe apuntalarse en
una pedagogía como forma de control simbólico de
la acción humana, cuyo papel consiste en favorecer
la transmisión cultural mediante la cual una socie-
dad congura y distribuye formas de conocimiento,
conducta, subjetividad. En un sentido más estrecho,
la pedagogía es una práctica cuya manifestación
directa es el discurso pedagógico, el cual, como todo
discurso, implica relaciones estrechas con el saber y
con el poder (Foucault, 1970a, p. 37).
Entonces, desde la pedagogía como disciplina
reconstructiva que se apoya en una visión crítica
se puede interrogar el concepto de formación que
puede interesarle. Una primera acepción nos remite
a la transmisión de códigos de información, a conte-
nidos disciplinares y a la lógica de su construcción17.
La segunda apunta a la capacidad reactiva del sujeto
frente a su contexto. Ambas formas, asociadas con la
inercia del sujeto y la lógica del poder, descartan las
exigencias epistemológicas, éticas y estéticas que se le
cimiento analógico, es decir, aquel que se desarrolla en torno a
la semejanza, no tiene carácter demostrativo, no se aviene a las
estructuras, se deja regir por el azar, no sigue principios lógicos y
da pie a líneas de fuga del razonamiento. A propósito de esto, hoy
se rescatan, más allá de la inducción y la deducción, las formas
abductiva y transductiva del razonamiento, las cuales implican,
entre otras cosas, que una hipótesis puede ser el presupuesto de
otra hipótesis, que las hipótesis no deben llevar necesariamente
a la tesis, que no toda hipótesis debe ser demostrada o verificada,
que no siempre se ha de llegar a generalizaciones, que no siempre
se puede llegar a síntesis, que sobre la diferencia puede darse
primacía a la semejanza y que, desde allí, se puede generar cono-
cimiento gracias a la abundancia de las hipótesis.
17 Aquí interesaría que nos formulásemos algunas preguntas en
relación con nuestro “objeto” de conocimiento: ¿Cuál es la lógica
de construcción del conocimiento disciplinar de la lingüística en sus
dos grandes modelos, así como en sus visiones interdisciplinares?
¿Cómo se construye la lingüística como disciplina de la lengua? ¿A
qué lógica obedece dicha construcción?
deben hacer al discurso pedagógico con el n de que
sea capaz de: a) rebasar los límites de lo disciplinar,
b) apuntar a la complejidad de la realidad y del co-
nocimiento, c) acoger la dimensión simbólica del ser
humano, d) situarse en la acción y la práctica social.
Tales exigencias no pueden ser resueltas por la
epistemología (Zemelman, 2003, p. 64); deben ser
asumidas tanto por la práctica como por el discurso
pedagógico, lo que las lleva al terreno ético. A la
práctica, como lugar de la interacción educativa, le
correspondería situarlas en el terreno de las acciones
docentes orientadas al dominio sobre los objetos y
problemas del conocimiento, sobre la conducta hu-
mana, las intenciones, las actitudes y los valores del
ocio de maestro. Sobre esta base, la práctica puede
convertirse en una forma de intervención responsable
para formar el pensamiento y la conducta humana, en
el contexto de la alteridad. Al discurso pedagógico18,
porque algunas de sus funciones consisten en poten-
ciar la capacidad de inferencia, asumir la complejidad
del sujeto concreto, adoptar posiciones frente al con-
texto adverso y parametral19 de la ciencia babilónica
y favorecer la formación y contextualización de la
ciencia helénica” (Zemelman, 2003, p. 66)20.
18 Siguiendo lineamientos de Bajtín, el discurso pedagógico es un
género secundario en relación con el discurso de la ciencia; en
realidad, es una intertexto paródico, un género cómico–serio, con
respecto al cual habría que mirar sus procedimientos.
19 A partir de este planteamiento, podríamos preguntarnos qué ca-
racterísticas tienen una pedagogía y una didáctica parametrales
y cuáles serían las maneras de luchar contra ellas. Una breve
aproximación nos diría que la didáctica parametral es aquella que,
entre otras cosas, apunta a la enseñabilidad y se concibe como
recetario para “dictar” clase o preparar la lección; se fundamenta
en la visión disciplinar; impone las tareas de leer y escribir; cree
que “todo vale”; confina al maestro en su papel de enseñar y al
estudiante en el de aprender; utiliza el aula como espacio de la in-
fatuación de la razón pura; considera al maestro como única fuente
de saber; no discute su autoridad; mantiene la exposición como
estrategia didáctica; sostiene que el aprendizaje se logra mediante
la imposición de tareas al estudiante (Cf. Cárdenas, 2004b).
20 La tendencia no parametral se aborda con base en la diferencia
entre “aprendizaje de mantenimiento” (Nickerson y otros, 1990) y
“aprendizaje innovativo”. Éste exige hacer esfuerzos constantes
para formar la capacidad crítica del estudiante a largo plazo, de-
sarrollar la capacidad de someter a examen e interrogar los más
acreditados principios, generar nuevas perspectivas de conoci-
miento, incrementar la capacidad para prever cambios, modificar
puntos de vista, relevar viejos intereses y enfrentar con eficacia
nuevos problemas, de manera que, sin descuidar las condiciones
históricas, el sujeto sea capaz de asumirse y tomar conciencia de
sus acciones y de sus propios límites.
47
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Desde la visión de Bajtín, el discurso pedagógico
se convierte en discurso propio a través de un camino
pleno de atajos, de divergencias. Esos caminos son la
imitación, la parodia, la transformación, la ironía, la
repetición, la estilización, la cita del discurso ajeno,
del discurso de la ciencia, del discurso de los otros,
mecanismos contextuales e intertextuales que nos
pueden llevar a pensar en qué puede consistir la
famosa (Chevallard, 1991).
El desafío pedagógico consiste en allegar al campo
social los problemas del conocimiento y del compor-
tamiento humanos, para lo cual se requiere el trabajo
mancomunado de la epistemología y de la ética, con
el n de que, más allá de la instrucción, se desarrolle
en la persona la capacidad de razonamiento21, la
lógica constructora de contenidos, la diversidad de
la racionalidad, el horizonte del sentido, el compor-
tamiento ético y la expresión, en lo cual interviene
sin duda el lenguaje22. La formación, pues, no es un
asunto de instrucción, de información, de libros; es
un asunto de postura frente a la realidad23 que im-
plica factores cognitivos y gnoseológicos, maneras de
pensar analíticas y formales, analógicas y sincréticas,
dominio de lenguajes, dimensiones volitivas, éticas
y axiológicas.
Si la formación es un problema pedagógico cuyo
norte es todo lo que en la cultura tiene valor frente
al otro24 (Zambrano, 2006, p. 207), no cabe duda de
que su eje transversal es el sentido que, en términos
de Bajtín y Voloshinov (1992, pp. 143-146), supone
que ningún discurso, además de signicación, carece
de acento valorativo:
21 En relación con este asunto, cabe tener en cuenta los plantea-
mientos de Ibañez (1994, p. 101) cuando se refiere al razonamiento
transductivo, así como los trabajos que se han hecho en Colombia
sobre el razonamiento adbuctivo.
22 Aunque Zemelman (2003, p. 67) sólo alude a los lenguajes analíticos
y simbólicos, es preciso tener en cuenta que, obedeciendo a la na-
turaleza semiótica del lenguaje, es preciso considerar los lenguajes
de la acción, los indiciales y simbólicos (Brunner).¿Referencia?
23 El concepto de realidad es complejo; es un concepto concreto, de
orden contextual que implica la vida, la experiencia, las prácticas
y las visiones de mundo que mueven y en las cuales se mueve el
individuo (Zemelman, 2003, pp. 68-69).
24 Éste es un buen criterio para establecer diferencias entre la
pedagogía y sus relaciones con los valores y la didáctica y sus
relaciones con los saberes.
No se puede construir un enunciado sin valora-
ción. Cada enunciado es, ante todo, una orientación
axiológica. Por eso en una enunciación viva todo
elemento no sólo signica sino que también valora.
Solamente un elemento abstracto, tomado en el siste-
ma de la lengua y no en la estructura del enunciado,
aparece como privado de valoraciones (p. 145).
Cuando se habla de valores, es preciso tener en
cuenta que se hace referencia al mundo del otro,
como diferente; el terreno de los valores no es otro
que el del ser humano.
Dado que la pedagogía fue sumisa a la tradición
del signo como vehículo conceptual de la objetivi-
dad, la verdad, la realidad, el abordaje plástico del
lenguaje resulta un mecanismo poderoso y ecaz en
la formación a través del sentido, en cuanto éste es
lo que lleva la impronta del hombre y vale efectiva-
mente para él. El sentido rige el desempeño humano
como despliegue de la acción mediante relaciones y
operaciones que el hombre ejecuta en relación con
el mundo, consigo mismo y con los demás. La peda-
gogía debe, entonces, romper con la concepción de
lengua que nos impuso la forma de hablar del signo
y su compromiso con la forma y con el orden con-
ceptual, apoyado en el logos de la identidad.
Darle piso a una pedagogía crítica desde la pers-
pectiva de Bajtín supone no perder de vista algunas
implicaciones que se desprenden de sus planteamien-
tos: a) poner en discusión la categoría de identidad
centrada en el yo y en la diferencia (indiferente),
como manifestación del logos occidental; b) favorecer
la categoría de alteridad en razón de que el yo está
incluido, forma parte del terreno del otro que siempre
lo desborda; c) cambiar la perspectiva de la conciencia
en cuanto resultado del lenguaje y de las relaciones
sociales y no como algo preexistente que nos controla
y nos acusa, dado que la conciencia es resultado de la
apelación, de la llamada del otro; d) cambiar la pers-
pectiva del sujeto como algo preexistente que obedece
a la naturaleza humana y preferir mirarlo como una
consecuencia de la manera en que el hombre se sitúa
en la realidad para asumir los papeles que la sociedad
y la cultura le tienen dispuestos, servidos; e) aceptar
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que el diálogo25 no es una propuesta ni una concesión
o invitación del yo (visión monológica26), sino una
necesidad, algo que nos obliga en un mundo, que es el
mundo de los otros, puesto que estamos atravesados
por la palabra ajena, que es el suelo que pisamos, el
escenario donde nos movemos; f) tomar distancia de
la categoría de intencionalidad en cuanto no es algo
que surja del propio yo por dos razones: porque el
sentido tiene una profunda raigambre en los sobren-
tendidos y en los indicios y no sólo en los signos, y
porque nuestras palabras” están conguradas por las
intenciones de los demás, están llenas de intenciones
ajenas; g) es necesario revisar ciertos ideales desde
los cuales se trabaja la actual pedagogía: autonomía,
libertad, creatividad y crítica; la autonomía pasa por la
concepción de sujeto que se esboza arriba, la libertad
no puede ser un mero ideal, pues toda libertad es
social, la creatividad no se puede seguir asociando a
la intuición y a la espontaneidad; hay que vincularla
con el dominio de la tradición y algo similar ocurre
con la crítica; h) en la perspectiva del sentido como
signicación y valor, es preciso que los valores entren
en el discurso de la educación con cierto coecien-
te pedagógico27; para ello, es necesario darle a los
valores reales valor pedagógico28, en cuanto toca al
maestro dar el paso hacia la exotopía, extraponerse,
25 La dialogía predica la diferencia no indiferente, para lo cual cuen-
tan no los valores del yo y de la identidad, sino los de la alteridad
y la imprescindible ambigüedad de los signos, su polivalencia y
duplicidad como formas mediadoras del diálogo.
26 Lo monológico obedece a la lógica en cuanto forma y norma uni-
versal, centrada en la diferencia, la exclusión y la identidad. Es la
diferencia indiferente, homologada conceptualmente, idealmente
normalizada, predicada desde la convergencia de lo ideal con lo
global, con lo universal.
27 Este término lo planteamos siguiendo a Bajtín (1982, 00) (“El autor
y personaje en la actividad estética”), cuando afirma que: “En el
objeto estético entran todos los valores del mundo, pero con un de-
terminado coeficiente estético”, esto es: en términos de existencia
viva, de resistencia o conflicto que nos hagan sentir la presencia
de otra conciencia, la presencia del otro, etc. A la pedagogía le
corresponde poner en juego, probar los valores de la realidad que
están inscritos en la cultura, que están sobrentendidos, asimilar-
los y abrir caminos para superarlos, si es que se pretende que el
estudiante sea creativo.
28 Sin duda, la valoración social se da en términos de lenguaje y
mediante la expresión, en la que resuenan otras voces, otras po-
siciones, otras conciencias, otras ideologías; en la cual, sin duda,
se produce el conflicto. Cuando se atiende a la valoración social,
se toma distancia de la dialéctica de la conciencia en abstracto.
adoptar un punto de vista externo a ellos por medio
del diálogo, de la toma de distancia, de la crítica,
etc. que le impida identicarse con el contenido de
esos valores para pensarlos y comprenderlos desde
afuera, no desde su vida. Esta separación radical, esta
distancia que se alcanza frente a los valores mantiene
la alteridad e impide reducirla a la esfera del yo, de la
identidad, impide recongurar la totalidad yo–otro.
Dicho coeciente pedagógico es la capacidad que
tiene el maestro de mantenerse en los límites entre
el afuera y el adentro, de participar y distanciarse de
los valores, es una actitud fronteriza que le garantiza
ser sujeto educativo frente a otro sujeto educativo:
el estudiante.
Por tanto, la educación que surge de esta pers-
pectiva apunta en varias direcciones: a) pedagogía
crítica basada en la respuesta; b) educación dialógica
y polifónica; c) educación que permita tomar con-
ciencia de la extraposición; d) educación que ponga
al estudiante frente a la densidad de lo sobrentendido
como condición para la creatividad; e) educación para
lo heterogéneo, lo diverso; f) educación centrada en la
“bondad de lo pedagógico29; educación que asuma su
condición ética con fundamento en la razón práctica
como sustrato de la racionalidad; g) educación para
la vida; h) educación para reconocer nde poner los
énfasis y los acentos, quién, cuándo, por qué y para
qué los pone; i) educación como acto ético respon-
sable, único e irrepetible frente a los demás.
Esto signica que valores como la tolerancia y el
respeto, que en la actualidad predica la pedagogía,
deben ponerse en cuestión, puesto que provienen de la
iniciativa del yo; en su lugar, se debe favorecer el valor
de la responsabilidad. La responsabilidad no es un ideal,
es la manera en que se prueban las posiciones que el
sujeto asume en la realidad de la vida.
29 Hablar de la “bondad de lo pedagógico” supone una pedagogía que
no suprima de su campo de acción lo cognitivo (lógico y analógico),
lo ético y lo estético, como puntales de los valores que ella puede
fundamentar; es decir, la pedagogía debe tener ponderabilidad
valorativa. Estos elementos configurarían, entonces, lo pedagógico
como una arquitectónica que incorpora al sujeto en su dimensión
social, a la conciencia como objetivación expresiva de la perspec-
tiva sobre el mundo y al signo en sus relaciones dialógicas y en su
dimensión ideológica.
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Así, la epistemología que conviene a la educación
será una capaz de abordar la “bondad de la pedago-
gía, lo que vale en la formación para reposicionar al
sujeto, complejizar el conocimiento y reactuar el papel
humano del estudiante, promoviendo el lenguaje, el
razonamiento, el pensamiento crítico y la creatividad,
la expresión, la interacción y el comportamiento ético
con fundamento en los principios del diálogo y la
polifonía.
El problema de la escuela no está en formar cientí-
cos, ni hombres de bien, ni hombres ilustrados. Está
en formar sujetos históricos necesitados de realidad,
capaces de construir su propia relación con el cono-
cimiento de la realidad, sucientemente críticos para
prevenir los efectos de la lógica del poder, capaces de
rebasar los límites conceptuales y de controlar los pará-
metros y de reactuar frente a la complejidad del mundo
de la vida. Si la necesidad de realidad es la actitud del
sujeto que complejiza su relación con ella y se posiciona
frente a lo indeterminado, el problema de la razón no
pasa sólo por la racionalidad de la ciencia; se relaciona
con la complejidad del sujeto histórico, del sujeto en el
mundo de la vida y de sus formas de “darle” sentido a
la vida en todas sus dimensiones.
Corresponde, entonces, a la educación, la pedagogía
y la didáctica atravesar los marcos discursivos y estar
alerta sobre ellos, pues como manifestación de una
realidad son construcciones históricas que conguran
modos de la acción humana, maneras de vivir humano,
de cultura, o formas de la realidad vivida, pensada y
cultivada históricamente.
Por eso, preguntar por la racionalidad fundante no
es un asunto de la ciencia, sino de la pregunta por el
sujeto, pues no se trata de apoderarse de la realidad a
secas sino del sujeto; éste no puede ser fundamento de
nada si no advierte al otro en sus dominios. Si la ciencia
no es inmune frente a la ideología, si no hay asepsia
ideológica de la ciencia, existen implicaciones éticas
de interés para la pedagogía del lenguaje en cuanto
el sentido está atravesado arquitectónicamente por lo
cognitivo, lo estético y lo ético30. La pedagogía, entonces,
30 Que el sentido implica la ética tiene que ver con la actitud crítica,
con la exigencia de criterios, con la responsabilidad, con la acción,
con la capacidad de interrogar todo aquello que tiene que ver con
el saber, con el conocimiento, con el pensamiento de manera que
hagamos parte de la cofradía de quienes no tragan entero.
no es asunto sólo de conocimiento, también lo es del
comportamiento humano. Si el conocimiento no puede
ser abordado por la pedagogía sólo desde la ciencia,
mucho menos debe serlo el comportamiento. En esta
conjunción están involucrados los valores, las actitudes,
la acción, la experiencia, las relaciones entre sujetos, etc.,
a tal punto que podríamos decir que la racionalidad de
la pedagogía es la de los valores, siguiendo de cerca lo
que dice Bajn (1986b, p. 32) cuando arma:
Abre cita[…] Ni un solo acto cultural creador […]
tiene que ver con una materia totalmente indiferente
ante el valor o completamente casual y desordenada
[…], sino siempre con algo ya valorado y ordenado
de algún modo, respecto del cual debe ocupar ahora
su posición valorativa con responsabilidad (cursivas
nuestras).cierra cita
Tenemos, pues, desde esta perspectiva, que cultivar
el cuerpo y el alma; trabajar los valores, implicar el tema
del cambio permanente; educar en la diversidad, en la
interculturalidad; aceptar que no hay un sentido último
de la educación; que la educación tiene su intenciona-
lidad y, por eso, es ideológica, es decir, no estable, no
sólida, no neutral. La educación puede muy bien ser
la arena en la que juegan las ideas ajenas y, para eso, se
requiere una polifonía en la que uyan y controviertan
como las verdaderas protagonistas de la educacn. No
se trata de la pura representación de las ideas, sino de
su armación acentuada en el contexto de la vida de los
sujetos educativos, de forma que no se conviertan en
un puro gesto intelectual sin ninguna incidencia en el
universo de la educación; no basta con que se declaren
(armen o nieguen) las ideas, se sustenten o se con-
troviertan a la usanza de cierta práctica argumentativa
que actúa desde la omnisciencia y autosuciencia de la
conciencia individual que, desprovista de voz, habla por
todos. Se trata de que participen diferentes conciencias
humanas, empíricas, en la discusión sobre la idea en su
valor pleno, tomada muy de cerca de la imagen de su
protagonista, del hombre que la produjo, acompañada
de la historia de sus puntos de vista, de sus valoraciones
y acentos, de manera que la idea no sea un principio de
representación del mundo, una conclusión de lo plan-
teado, una posición ideológica del maestro; en últimas,
la idea debe generar crisis, debe ser capaz de catalizar
las verdades y principios y ponerlos en movimiento,
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Universidad Pedagógica Nacional
folios n.o 29
llevarlos a la frontera donde se encuentren con otras
ideas, verdades y principios para que puedan entablar
el diálogo con otras conciencias, en un mismo plano.
En conclusión, el maestro y el estudiante deberían
ponerse en situación frente a la idea y convertirse ambos
en “hombre en el hombrecon el n de hacer surgir
al hombre de la idea, para que ésta asuma su pleno
valor interesado, no neutral, no indiferente frente al
sentido del hombre; necesitarían posicionarse de la
idea, congurando una verdadera arquitectónica de la
misma, extraponiéndose frente a ella y saturándola en
su inconclusividad, en su indenición, para que viva en
su constante diálogo con otras ideas, con otras voces,
con otras conciencias.
Si la esfera de la idea es la comunicación dialógica
entre conciencias, la idea es social, colectiva, interin-
dividual y, por supuesto, es acontecimiento. Entonces,
le corresponde al maestro hacer de la idea imagen y
acontecimiento; imagen para que la idea uya desde el
mundo de la vida y sea captada allí donde comienza a
hablar, desde ese trasfondo de lo sobrentendido, donde
puede ser da, comprendida, escuchada, respondida,
para que no la acalle la voz imperativa de la autoridad
del maestro, dueño del saber, de la verdad, de la idea
misma; y acontecimiento para que la idea no se convier-
ta en prototipo, en el alfa y el omega de la verdad.
En consecuencia, la crítica dialógica debe ser acen-
tuada; la acentuación crítica debe situar en la arena de la
confrontación los puntos de vista, el reconocimiento del
otro imponiéndose al yo, y la dialógica debe reconocer
que en ella conviven el conicto, la verdad no lineal sino
simultánea, la energía de los argumentos. Una educa-
ción crítica es dialógica en la medida en que, al cortar
el circuito monológico instaurado desde la academia y
la ciencia, abre el conocimiento hacia otros contextos
y busca la sabia del saber en otras fuentes, sobre todo
en esas voces acalladas, en esa otra realidad que, como
dice Bajtín (1986a, p. 129), citando a Dostoievsky, “[…]
no se agota en lo existente, porque una parte enorme
de ella consiste en la palabra todavía implícita y no
expresada.
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... Durante el proceso dialógico que tiene lugar mientras se lleva a cabo el monitoreo, el análisis y la difusión de las tendencias educativas, cada individuo que expresa su visión abona al proceso de comunicación social, es decir, a partir de la conciencia individual se origina la interacción en colectivo . En este sentido, en el campo de la innovación educativa convergen factores cognitivos, se promueve el razonamiento y se desarrolla la comprensión, la formación integral, la formación ciudadana y la autonomía del sujeto, entre otros aspectos (Cárdenas y Ardila, 2009). En suma, la comunicación dialógica entre profesores, investigadores, líderes educativos, estudiantes y sociedad en general, promueve la tolerancia hacia la diversidad de ideas y reconoce el conflicto que se puede presentar entre las perspectivas de las partes involucradas, sin embargo, es importante tener presente que la educación en sí misma es dialógica y que está abierta constantemente al desarrollo del conocimiento, mismo que se enriquece con la diversidad cultural, social e histórica de quienes participan. ...
Chapter
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En este capítulo se exponen dos casos independientes donde se refleja el diálogo generado entre profesores del Tecnológico de Monterrey. El primero, denominado Radar de Innovación Educativa de Profesional se realizó con docentes del nivel de educación superior y, el segundo, Radar de Innovación Educativa de Preparatoria, con los de educación media superior. Ambos casos serán analizados tomando en cuenta tres aspectos de la Teoría Dialógica de Bajtín: la secuencialidad, el posicionamiento y la pluralidad. La conversación entre los docentes, en ambos momentos, tuvo por objetivo identificar, describir y mapear las tendencias en innovación educativa relevantes en la actualidad y las que lo serán en los próximos años. En el primer radar, la actividad de recolección de la información con los profesores de educación superior se llevó a cabo por el equipo del Observatorio de Innovación Educativa en una actividad previa al 1er Congreso Internacional de Innovación Educativa, llevado a cabo en 2015, en el que se reunieron los académicos de la institución. Y en el segundo caso, con los profesores de educación media superior, los datos se recogieron durante dos reuniones académicas realizadas con el personal docente de las preparatorias pertenecientes al mismo sistema. Los resultados de dichos ejercicios demuestran el posicionamiento y la pluralidad de los docentes con relación a las tendencias en innovación educativa porque a partir de la experiencia en la implementación en el aula de las tendencias en pedagogía y en tecnología, los profesores pueden emitir juicios de valor sobre su propia práctica. Esto les permite compartir experiencias de éxito o de fracaso durante las reuniones académicas y recomendar a sus pares la utilización o no de algunas técnicas didácticas, tomando en cuenta la diversidad de las áreas del conocimiento a las que cada uno pertenece, así como también los diferentes niveles educativos y las distintas modalidades de estudio en las que se encuentran involucrados.
... Durante el proceso dialógico que tiene lugar mientras se lleva a cabo el monitoreo, el análisis y la difusión de las tendencias educativas, cada individuo que expresa su visión abona al proceso de comunicación social, es decir, a partir de la conciencia individual se origina la interacción en colectivo . En este sentido, en el campo de la innovación educativa convergen factores cognitivos, se promueve el razonamiento y se desarrolla la comprensión, la formación integral, la formación ciudadana y la autonomía del sujeto, entre otros aspectos (Cárdenas y Ardila, 2009). En suma, la comunicación dialógica entre profesores, investigadores, líderes educativos, estudiantes y sociedad en general, promueve la tolerancia hacia la diversidad de ideas y reconoce el conflicto que se puede presentar entre las perspectivas de las partes involucradas, sin embargo, es importante tener presente que la educación en sí misma es dialógica y que está abierta constantemente al desarrollo del conocimiento, mismo que se enriquece con la diversidad cultural, social e histórica de quienes participan. ...
Book
Este libro presenta una colección de contribuciones que plantean metodologías para identificar las características del diálogo en actividades humanas que se llevan a cabo en diferentes escenarios educativos y trayectorias de participación. Los colaboradores de este volumen vinculan asertivamente las ideas seminales del dialogismo, en particular desde las contribuciones de Mijaíl Bajtín y Paulo Freire, con su propio trabajo analítico, resaltando la importancia del habla en interacción en las actividades humanas. Con esta perspectiva, este libro propone una agenda de aproximación a los datos que busca evidenciar las actividades de los participantes con un sentido de respeto y asombro, describiendo la riqueza de sus estrategias en lo que están realizando y buscan lograr. El dialogismo es un rasgo humano deseable, más aún cuando se trata del ámbito educativo, por sus potencialidades de construcción conjunta de significados con un sentido plural y ético, el cual privilegia a la persona y su posición en la interacción con otros.
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Este artículo presenta los resultados parciales de la investigación doctoral titulada La salvación de la escucha: didáctica de lo bello. Configuraciones didácticas para la formación de sujetos discursivos escuchantes. Su objetivo es postular los componentes de la formación en la escucha como principios didácticos aplicables en diversos contextos educativos y procesos sociales a través de las configuraciones didácticas de la escucha. El dialogismo y la hermenéutica analógica son la base epistemológica de este estudio. Se propone una metodología de investigación propia basada en la hermenéutica de la escucha para analizar tres escenarios distintos y el límite de las condiciones de escucha de a) siete niños y niñas, sordos y oyentes, que crean una obra de danza; b) cuatro expertos profesionales que trabajan con sobrevivientes del conflicto armado en Colombia; y c) un grupo de estudiantes universitarios de danza que deliberan en el marco del Paro Nacional Estudiantil. Los análisis tanto hermenéutico como cruzado de las observaciones de clase en los contextos a y c, así como las entrevistas en profundidad del escenario b, permiten comprender el fenómeno de la escucha desde su multidimensionalidad y conceptualizarla como una virtud. En conclusión, esta investigación deriva en una propuesta didáctica de la escucha para la formación sujetos discursivos sensibles, éticos y deliberantes, basada en la disposición y la proporcionalidad.
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This text, based on Bakhtin’s perspective, sees language as a condition for the construction of reality. The subject’s understanding of reality is always determined by situational circumstances (event) and the way individuals experience and perceive these events. The various senses are the result of different positions from which the other speakers participate (create). The perceptions of the subject are not passive, they are charged with willingness to play with intertexts, interdiscourses and antidiscourses that foster dialogue, and this, in turn, is evidence of and possibility of understanding. All this is important in the pedagogical arena, and this is why the text closes by opening a deeper discussion in this regard.
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El objetivo de este artículo, es presentar la actividad narrativa como proceso potente que ha permitido la aparición de nuevas epistemologías en diversas disciplinas, especialmente, en el campo del derecho y la enseñanza del derecho. Por eso, metodológicamente en este texto analizaremos el concepto de narrativa que ha pasado a convertirse en una referencia de “concepto viajero” (Hyvärinen, 2006). Ahora bien, dicha relación, permite evidenciar como resultado la existencia de condiciones recíprocas que —posiblemente— contribuyan a generar diferentes saberes en la investigación académica.
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Orality is the first symbolic form of interacting with the world, not only because of the anthropological arrangement of human relations (among them and with other life forms), but also because it may be the only prosthesis established as a rational and reasonable device that provides a multiple structure for both hominization and humanization. This particular condition of articulated human language -which can be said to be close to perfection given the minimal changes it has undergone since its emergence until today- acts then as the highest point and measure of what can be considered cultural, symbolic, representative, identifying and, of course, human. Paradoxically, in the school setting, orality is understood as a human expression that lacks representativeness, academic power and sociocultural identifying character. All this pushes it into the background, makes it dependent on writing and causes its educational and pedagogical abolition, preventing it from being studied and researched by teachers and students. In the framework of this problem, orality is proposed as a basis for pondering on language didactics and evaluation and as a foundation of the education and transformation of individuals and society.
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Este artículo de reflexión se plantea como un viaje transformador en sí mismo. Forma parte de la investigación doctoral en curso: “Configuraciones didácticas necesarias para el desarrollo de las semio-discursividades de la escucha en diversos contextos”, de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, adscrita a la alianza aidetc-colciencias. Su objetivo es mostrar la necesidad de la formación de la escucha en la educación desde una perspectiva hermenéutica dialógica. Para ello, se sitúa en la Bildung alemana, la hermenéutica de Gadamer y las propuestas dialógicas de Bajtín, Buber y Ponzio, principalmente. Estos se constituyen en paradigmas claves para promover una pedagogía del espíritu cuyo núcleo y razón de ser es la escucha, que el documento presenta de manera progresiva, a través de seis apartados. Se concluye con la necesidad de formar y formarnos en la comprensión del sí mismo, del otro y de lo otro, la tríada de una escucha arquitectónica, hermenéutica y dialógica que nos llama a practicar la pedagogía del espíritu, la pedagogía de la escucha.
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Autores varios Retrospectivas y perspectivas Didáctica del lenguaje y la literatura, retrospectivas y perspectivas es un re-sultado académico investigativo de un colectivo de autores colombianos y ar-gentinos, quienes desde su amplia experiencia, como investigadores y como docentes en distintas universidades, han contemplado el pasado, el presente y la tendencia de las acciones en tono a la didáctica del lenguaje y la literatura. A través de estas páginas, se muestra un campo de debate y de reflexión que engloba problemas complejos para ser abordados desde los discursos lingüís-ticos, literarios y educativos, los cuales demandan propuestas de cambio en la construcción de conocimientos, como uno de los énfasis de las pedagogías con-temporáneas, cuyas búsquedas siguen siendo inagotables, ante los desarrollos actuales de las nuevas culturas y tecnologías, y a pesar de la abundancia de pu-blicaciones y eventos académicos sobre el tema. Los capítulos de esta obra ofrecen elementos de discusión que, esperamos, sirvan de pautas para investigar y participar en el propósito de mejora de los procesos de lectura y de escritura, para cualificar los desempeños de los estu-diantes y profesionales, como sujetos sociales situados en contextos reales de comunicación, dentro y fuera de la institución educativa. Es un desafío que se necesita abordar con un diálogo interdisciplinar entre la pedagogía, las teorías del lenguaje y las políticas educativas.
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The aim of this article is to offer a proposal for 'education from the otherness' starting from the dialogic thought. Based on this one, some concepts are taken in order to determine the principles, the main actors, the pedagogical practicum, the teaching-learning method and the pedagogical contents; essential factors in nature formation. Furthermore, the contributions to education of these three thinkers: Dussel, Freire and Skliar are kept in mind, to whom the active role of otherness is essential in any educational process. As a conclusion it can be said that authentic education is the one what is made from the 'otherness' in the universe of dialogic relationships.
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SOBRE EL DISCURSOEn esta sección consideraremos un conjunto de presupuestos provisionales sobre el discurso, los cuales usaremos como el fundamento subyacente para nuestras consideraciones presentadas en los siguientes capítulos con respecto a aquellos discursos legitimados que definen las condiciones de ejercicio de las prácticas de reproducción (a través de la transmisión, adquisición) dentro del sistema educativo.
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Desde la asuncion de que los libros de Critica han formado parte del bagaje intelectual y moral de una generacion de espanoles y latinoamericanos, a las puertas del siglo XXI nacio esta coleccion de bolsillo para poner al alcance de una nueva generacion de lectores, a precios minimos, aquellos libros ya publicados que por su calado y actualidad sea oportuno recuperar junto a titulos originales que tengan algo que aportar a la construccion de una cultura critica, esto es, libre.