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Vanessa Lemm Michel Foucault: Neoliberalismo y Biopolítica

Authors:
Vanessa Lemm
MICHEL FOUCAULT: NEOLIBERALISMO Y BIOPOLÍTICA.
Santiago de Chile: Editorial Universidad Diego Portales, 2010. 459 pp.
JORGE ELIÉCER MARTÍNEZ P.1
Universidad de la Salle, Colombia
jmartinezp2@gmail.com
El libro de la filosofa Vanessa Lemm es una consolidación de diversas miradas
frente a lo visible y lo invisible en las formas de poder de la sociedad a través del
pensamiento del filosofo contemporáneo Michel Foucault, constituyéndose en
un referente desde el cual es posible realizar un selecto recorrido por la teoría
biopolítica de este autor, siguiendo el aporte de diversos especialistas quienes
desde sus diferentes inquietudes plantean, contextualizan y analizan problemáticas
configuradas históricamente en el marco del neoliberalismo y que pueden ser leídas
cuando se plantean como categorías de análisis los ejes de la relación saber-poder
postulados por Foucault en distintos momentos de su pensamiento.
Una de las líneas estructurales que permite hilar los capítulos del libro entre
si, es la manera como Foucault trazó los sentidos de la biopolítica, por ello se
citan constantemente obras como la historia de la sexualidad y lecciones como defender
la sociedad, el nacimiento de la biopolítica y seguridad, territorio población, es decir , se
evidencia la manera como se superponen los usos dados a la biopolítica y se
pauta cierta discontinuidad histórica para comprender la relación vida-saber-
poder. En palabras de la editora el libro se articula a partir de la pregunta
que ha quedado en suspenso en la obra del nacimiento de la biopolítica de
Foucault «¿Qué relación existe ente el liberalismo en tanto arte de gobernar y
la biopolítica?» (pg. 14).
Esta obra ha sido construida en cinco partes, I. la gubernamentalidad neoliberal;
II Neoliberalismo, economía y ley; III Los nuevos dispositivos de la seguridad, IV La
constitución del sujeto revolucionario; V. la biopolítica afirmativa: productividad y creatividad
de la vida. En cada una de ellas se percibe la dimensión teórica y práctica de
los postulados de Foucault y se dimensiona la relación gubernamentalidad
-biopolítica-liberalismo.
1 Posdoctorado en Ciencias Sociales CINDE- CLACSO, doctor en Filosofía de la Universidad de Barcelo-
na, doctor en Ciencias Sociales. Niñez y Juventud. CINDE-UM, diploma de Estudios Avanzados (DEA)
en Filosofía de la Universidad de Barcelona, magíster en Desarrollo Educativo y Social CINDE- UPN,
Licenciado en Filosofía USB. Miembro de la red Internacional en Biopolítica. Miembro del grupo inter-
nacional CLACSO juventud y nuevas prácticas políticas en América Latina, miembro del grupo intersub-
jetividad en la educación superior de la Universidad De la Salle, Coordinador de la cátedra Institucional
Lasallista. docente-investigador de Universidad de la Salle.
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TUNEL
Fotografía de Johanna Orduz
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En la primera parte del libro, las investigaciones de Didier Fassin, Carolina
Rojas, Michaela Mayrhofer, Hernán Cuevas, José Bravo, Flavia Costa y Pablo
Rodríguez, se aproximan bajo la mirada de la gubernamentalidad neoliberal y pautan la
comprensión de la tensión individuo- población para comprender lo fundamental
en la biopolítica, desglosando como referentes el gobierno para potenciar la vida
y la existencia de dispositivos neoliberales que emergen al asumir los sujetos
como vivientes y cuyo gobierno se legitima a través de la población.
En el primero ensayo, titulado, «Otra política de la vida es posible: crítica
antropológica del biopoder». Fassin Didier reconoce ambigüedades en la última
parte de la producción de la obra de Foucault dado que corresponde a la teoría
biopolítica biopoder, pero en ella no se encuentra la palabra vida de manera
explícita. No obstante, reconoce la relación entre vida y gubernamentalidad concluida
por Foucault y puntualiza la conceptualización de biopolítica como extensión de la
racionalidad económica y el biopoder como expresión del estado moderno (p. 23).
En este ensayo, Didier, desarrolla los enunciados I. La Gubernamentalidad
corresponde más a la racionalización del arte de gobernar que a la practica real
de gobierno: la política como tal no es más que un juego de las diferentes artes
de gobernar y el debate que ellas suscitan. II. El biopoder no es un poder sobre
la vida que se contrapone al hecho soberano de dar muerte, sino un poder sobre
las conductas humanas: «el gobierno de los vivos» se refiere principalmente
a la normalización de los individuos a través de tecnologías políticas. III. La
biopolítica no es una biopolítica de la vida como lo sugiere la etimología, sino una
política de población entendida como la comunidad de los seres vivientes: «vida»
sigue siendo un término muy esquivo, mientras que población representa mucho
más claramente al verdadero objeto de la biopolítica. IV como consecuencia
de los primeros tres puntos, las cuestiones de la vida y de la muerte quedan sin
abordar en la teoría del poder y del sujeto de Foucault (pg. 23).
De manera puntual, se resalta que Foucault no tuvo como preocupación la vida
como bios ni como zoé, por el contrario, aquello que lo ocupó fue el modo
en que los seres vivientes se convertían en poblaciones o individuos por la
gubernamentalidad y la subjetivación. Precisamente, señala, que aquello que
está en juego no es el poder sobre la vida (biopoder) sino el poder de la vida en
sí, en palabras de Benjamin (1998:44) biolegitimidad, haciendo referencia a que
esta última mirada se detiene en los valores de la vida y no solamente atiende a
las fuerzas y estrategias de control, porque la política tiene un lugar que va mas
allá de la gubernamentalidad. En términos de la biopolítica, el lugar otorgado
por Foucault se refiere a la regulación de las poblaciones a través de técnicas de
conocimiento e intervención que tienen que ver con desigualdades, por ello el
biopoder se relaciona con un «hacer vivir» es decir un rechazar la muerte.
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Como parte del análisis, el autor propone la articulación del pensamiento de
Foucault sobre la biopolítica como una política de la vida y del biopoder en las
ciencias sociales, para reflexionar en torno a las disputas que constituye la vida,
y a la forma en que son tratados los grupos e individuos, sus reconocimientos y
desigualdades. En palabras suyas: «La reflexión invita a pensar en la manera en
que las sociedades contemporáneas tratan a sus miembros, sobre el valor que
asignan a la vida en general y a sus propias vidas en particular» (pg. 46).
En el segundo escrito de Rojas denominado: «Gobernar la extrema pobreza:
un análisis del dispositivo de intervención Chile Solidario- Puente». Explicita
una línea de interés sobre la problemática del gobierno de las poblaciones y su
relación con la cuestión social. El análisis, planteado por la autora, emplea como
herramienta el programa foucaultiano de tal forma que logra leer la realidad social
a partir de éste, centrándose, en especial, en el cómo, se dirigió el tratamiento de
extrema pobreza en Chile durante la década del 2000, evidenciándolo cuando
expresa «por el contrario a nuestro modo de ver las nuevas formas de tratar la
pobreza dan cuenta de una racionalidad neoliberal para gobernar la población»
«es así como un discurso centrado en el sujeto, sus capacidades, libertades y
derechos y una política que se orienta a asegurar un mínimo vital para quienes no
podrían asegurar su propia existencia».
Este ensayo, reconoce que existen mecanismos, discursos y saberes que hacen
emerger a la extrema pobreza como una población y a los pobres como sujetos
de intervención, describe el Chile Solidario-puente como dispositivo de control y
gobierno de las conductas, haciendo un bosquejo del cómo la gubernamentalidad
se mueve en un juego entre el decir y el hacer. Entonces, tiene sentido pensar,
que desde un lado de la gubernamentalidad la atención se dirige hacia el sujeto, su
libertad y autonomía, pero al mismo tiempo, el otro lado de la gubernamentalidad
consiste en una mirada de regulación y evidencia del sometimiento.
Teóricamente asume que el buen gobierno pretende el bienestar de la población
convirtiéndola en un bien político, en el elemento central de la política de los
estados y por ello es fuente potencial de riqueza, sin embargo reconoce que
no es solo detenerse en comprender cómo se produce la población, sino su
racionalidad de gobierno, es decir , «la racionalidad que legitima y sustenta el acto
de dar existencia a la población extremadamente pobre es la eficiencia de gestión
de la política social» y por ello existe una biopolítica de la extrema pobreza.
A través del análisis se encuentra una fuerte posición en torno y desde el discurso
de la gubernamentalidad, en este caso, pretende mostrar, cómo Chile, al encontrarse
bajo el esquema del neoliberalismo, la pobreza se constituye en un fenómeno
social en el cual el tratamiento para combatirla opera a nivel del individuo pero a
su vez sobre la totalidad, entendiendo, que el lugar desde donde se constituye la
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población es central y se convierte en el objeto de regulación y control que intenta
incluir a los sujetos en extrema pobreza en la categoría de individuos sociales,
comprometiéndolos a su inserción en los sistemas sociales y por ello se sugiere un
mayor análisis a las prácticas para comprender las del gobierno local.
A la luz de esta lógica, afirma que «Chile solidario-Puente es una manera
de clasificar, situar y definir parámetros que guían las conductas de quienes
participan en su ejecución. En este sentido mas que una política de extrema
pobreza, este dispositivo da cuenta de una racionalidad que se instala y gobierna
al estado mismo» (pg. 77-78).
El tercer ensayo: «Una nueva configuración de poder-saber en el campo del
biopoder y las organizaciones de pacientes», Mayrhofer y Cuevas resaltan un
lugar significativo de influencia de los análisis de Foucault en el área de la salud,
precisamente, porque en este escenario se evidencia el vinculo saber- poder en
las sociedades modernas y en la configuración de nuevas formas de identidad
y subjetividad bajo el contexto del empoderamiento y la politización de las
organizaciones de pacientes, demostrando como el lugar de los discursos y
saberes en este campo constituyen practicas de producción de conocimiento que
evidencian regímenes de verdad en torno a la salud.
Realiza un paralelo ente dos sistemas de salud, el francés y el chileno, mostrando
las estrategias a través de las cuales la preocupación por la vida involucra
su administración y como consecuencia de ello se obtiene un interés por la
productividad de la población, desde esta mirada, emergen sentidos frente a los
pacientes y las practicas de autogobierno que movilizan no solo la aceptación social
de una enfermedad sino su descripción y legitimación desde objetos discursivos.
Se refiere a la subjetivación como el proceso de constitución del sujeto a través
de una variedad de técnicas y mecanismos disciplinarios en momentos históricos
específicos de los cuales se derivan respectivamente regímenes de subjetividad. Y
se introduce claramente la perspectiva del cuidado de si planteada por Foucault,
mostrando mo en este campo algunas de estas formas de tecnología son
funcionales para gobernar la salud de la población.
«La nueva configuración de poder-saber mantiene vivos tanto los discursos
científicos como la biomedicina, genética, salud, políticas públicas y sus
respectivos regímenes de verdad y formas de subjetivación, como los discursos
políticos radicales de las organizaciones de pacientes que utilizan comprensiones
de identidad, ciudadanía y política que empoderan a la gente a través de formas
de autogobierno y prácticas de libertad».
Desde otro referente, en el cuarto ensayo: «Vidas juveniles y subjetividades nulas:
elementos para una analítica de los dispositivos de control estatal (Santiago de
Chile 2000-2008)» Molina José presenta el lugar de las prácticas de control dirigidas
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específicamente a jóvenes y adolescentes chilenos, visibilizando el impacto y las
consecuencias gubernamentales. Esta reflexión pauta de manera específica el
punto donde las experiencias de este grupo poblacional son configuradas desde
la intervención directa de las instituciones y las sanciones de las políticas estatales.
En este contexto, Molina, propone la categoría de subjetividades nulas para
referirse al «efecto de la destitución de identidades generacionales como núcleos
de organización de las experiencias» lo que las convierte en «componente de las
lógicas de seguridad que se imponen en la configuración de las individualidades
como interioridad existencial, al igual que en el espacio en que estas se expresan
en conductas normalizadas e integradas incluso en el propio ámbito de la
transgresión» (pg. 144).
Se da lugar al individuo como una composición de contenidos simbólicos y
de espacios definidos institucionalmente, por ello a lo largo del ensayo señala
la perspectiva biopolítica centrado en el cambio en los ejes de análisis de las
experiencias de los jóvenes y adolescentes, da un lugar para la comprensión de las
lógicas de poder y de las practicas que operan a nivel estatal, complejizando tanto
el lugar del joven como sujeto de derechos, como el agenciamiento institucional,
las acciones estatales de sanción, el gobierno de conductas, la capacidad de
agenciamiento, al igual que las formas de vida de los jóvenes transformadas en
expresiones estéticas inscritas en pautas de consumo.
El último ensayo de esta primera parte: «La vida como información, el cuerpo
como “señal de ajuste”: los deslizamientos del biopoder en el marco de la
gubernamentalidad neoliberal» corresponde a un detallado análisis que parte de
las obras de Foucault seguridad, territorio, población y nacimiento de la biopolítica, de
manera puntual, se complejiza la tensión libertad-seguridad, introduciendo el
lugar desde el cual es posible pensar en nuevos tipos de gubernamentalidad y se
describe el sentido desde el cual a partir de la lógica del poder sobre la vida, el
capitalismo tiene presencia y emerge un lugar especifico para el cuerpo, al igual
que la construcción de diversos procesos de subjetivación.
De manera puntual, desglosa la nueva creación de cuerpos productivos a
partir de tres líneas de fuerza: el dispositivo informacional genético, un nuevo
imperativo de salud y el dispositivo fitness, contemplando el lugar desde
donde la noción de la gubernamentalidad refleja las tecnologías del yo y las
de dominio, pero al mismo tiempo, se cuestiona la libertad a la luz de estos
enunciados, encontrando, cierta ambigüedad dado que se pretende incrementar
el capital humano, pero al mismo tiempo la necesidad de gozo, de intensificar
una experiencia del propio cuerpo, de las capacidades, desgasta, y, señala el
riesgo de pérdida de aquello que se ha obtenido.
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La relación neoliberalismo, economía y ley se desarrolla en la segunda parte del libro
y refleja un fuerte análisis en términos de los modelos políticos que subyacen
a partir del neoliberalismo, pero cuya comprensión pasa o se aproxima
al develamiento de un lugar de control y poder como el socialismo y el
republicanismo. Este análisis trabajado por Marcos García de la Huerta; Miguel
Vatter y Natalia Ortiz, puede generar en el lector un lugar de reflexión y tensión
en torno a la libertad y los paradigmas políticos, por ello resulta interesante
redescubrir la lógica del poder del Estado.
Marcos García de la Huerta en «Foucault y el neoliberalismo: una cultura crítica»,
describe que el vinculo existente entra la Teoría de Foucault y el neoliberalismo
radica en asumir la existencia de un principio heterónomo proponiéndolo como
otra forma de gubernamentalidad, precisamente, porque «reduce la libertad política
a la económica y sustituye al ciudadano por el animal labrador/consumidor».
Afirma en su análisis, si el liberalismo nació en oposición al absolutismo de Estado,
el neoliberalismo surgió en oposición al estado de bienestar (pg. 195). Bajo este
argumento, el vínculo se establece desde la economía clásica precisamente porque
retorna el lugar de la politicidad y las formas visibles o aparentes de poder estatal.
Desde la teoría de Foucault resulta pertinente señalar que «existen básicamente
dos formas de legitimación del poder estatal en la tradición de pensamiento
político: o bien el soberano detenta un poder de origen divino, como en las
monarquías, o bien la soberanía se disemina en una infinidad de mini soberanos,
como en las republicas. En ambos casos, el fundamento del poder es de carácter
normativo, legal» (pg. 185).
Se resalta entonces el carácter totalizador del neoliberalismo porque el mercado
adquiere un poder transnacional y precisamente Foucault ve en el mercado, un
mecanismo regulador, confirmando entonces que lo económico se encuentra
sobredeterminado por reglas, costumbres, prácticas sociales, prescripciones
religiosas o morales que lo orientan y le atribuyen un significado. Lo cual significa
que «el costo mayor es la política misma, porque si no hay una esfera económica
diferenciada, tampoco hay una política diferenciada».
En el segundo ensayo de esta parte: «Foucault y la ley: la juridicación de la
política en el neoliberalismo» Miguel Vatter resalta la afirmación que ha dado
Foucault en el nacimiento de la biopolítica al referirse al neoliberalismo como «el
marco general de la biopolítica» por ello, el análisis retoma el punto en el cual se
introduce una nueva individuación que requiere que cada uno sea emprendedor
de su propia vida (pg. 199) emerge aquí, nuevamente una paradoja, en torno a la
gubernamentalidad, dado que desde una perspectiva conduce a un crecimiento
de nuevas legalidades y regímenes jurídicos que pueden salirse del horizonte
el Estado soberano, pero por otro lado representan una regresión jurídica,
cuestionando el lugar de la ley en la gubernamentalidad.
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Vatter, describe la tensión que suscita la propuesta de Foucault, cuando la ley,
lo que le ofrece es una resistencia a la subjetivación del biopoder, pero se queda
en que «solo una concepción de la ley, que sea independiente con respecto
a las tecnologías de poder, puede re-establecer la antinomia entre la ley y el
orden en tanto horizonte insuperable de cada una y de todas las formas de
gubernamentalidad» (pg. 202).
Discrimina el autor , el lugar de la ley y el de la norma, precisamente porque resulta
necesario en el análisis puntualizar que mientras la ley produce actos dejando intacto
al individuo, la norma constituye una individualidad, transforma a cada individuo en
un espécimen y en sentido inverso, una totalidad de hombres se convierte en una
especie humana a través de la individualización, confirmando que esta es la clave
para que el biopoder coordine no solo al individuo sino también a la comunidad. Es
decir, aquello que Foucault ha llamado conducta, en el sentido en que son formas
de vida que se constituyen por las tecnologías de poder.
La hipótesis planteada de manera explícita por el ensayista, responde a que la
ley se integra dentro del orden espontáneo, solo en la forma de proporcionar
un seguro o garantía a los impredecibles resultados de las operaciones del
mercado «el Estado neoliberal, que tiene como objetivo garantizar la libertad y la
transparencia de la competencia en el mercado, ejerce el biopoder “asegurando la
vida” de las personas mediante una serie de controles que operan en la sociedad
civil, haciendo posible para los individuos generen por ellos mismos una plusvalía
de la vida biológica» (pg. 209-210).
El último análisis argumentado en esta parte, corresponde al ensayo escrito por Natalia
Maldonado y titulado: «Antes y después: las libertades liberales y la radicalización
de la crítica foucaulteana». Maldonado, continúa con el tema de la libertad y su
planteamiento realiza un recorrido por los diversos pliegues que se generan a partir de
esta problemática, precisamente porque señala dos momentos de su construcción: un
antes y un después en el pensamiento Foucaulteano. Este punto lo señala al mostrar,
en un primer momento la libertad pensada como un engranaje de las tecnologías de
saber, poder y verdad, y posteriormente propone pensarla como una práctica que
resiste a las tramas instituidas y por consiguiente puede transformarlas.
Resulta fundamental el reconocimiento que realiza a las tecnologías que regulan
la vida cuando le indican a Foucault la existencia de un nudo frecuente entre bios,
poder y libertad, pero además la necesidad y en palabras de la autora la posibilidad
de una estrategia de intervención. Pero donde también se reconoce un lugar a la
transgresión, la resistencia y las contra conductas.
La escritora desglosa de forma puntual como la modernidad hace referencia a
la libertad en términos de las practicas constitutivas de las redes de saber, poder
y verdad, visibilizandolas, en la prácticas de la década de los 80’s. Mostrando,
no necesariamente al poder como equivalente a represión o dominación sino
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como antagonista de la libertad y la verdad. Traza explicitamente el pensamiento
Foucaulteano cuando, afirma, «mientras el liberalismo asume la naturaleza del
mercado e interviene solo cuando esa naturaleza es alterada, el neoliberalismo
implica un arte de gobierno que sostiene la necesidad de múltiples intervenciones
para que el mercado sea posible» (pg. 223).
A la luz de estos planteamientos, en especial, «cuando la modernidad es
ethos critico y la libertad una práctica de transformación afirmativa sobre las
limitaciones prácticas, la apretada madeja entre bios, poder y libertad comienza
a desarmarse» (pg. 239). No se pueden desconocer las tensiones en torno a
generalizaciones, pero tampoco el lugar de la técnica, y de las prácticas de libertad.
En la tercera parte del libro, Thomas Lemke y Frederic Gros dan continuidad
a la reflexión sobre la libertad, pero el componente de análisis se centra en la
seguridad y su lugar en el neoliberalismo, por ello, los dispositivos ocupan un
eje de análisis para comprender las pretensiones y alcances de la seguridad y la
forma como opera el Estado para garantizarla y justificar aquello que garantiza.
El primero de estos, escrito por Lemke, analiza «los riesgos de la seguridad:
liberalismo, biopolitica y miedo», destacando que el biopoder se expresa
mediante dos modalidades: por un lado el disciplinamiento del cuerpo individual
y por otro el control regulador de la población. Sin embargo, la pretensión de
este Lemke se encamina a describir la relación que existe en términos de los
procesos de subjetivación y formación del Estado. Las tecnologías de seguridad
son definidas como dispositivos o mecanismos de seguridad, que se constituyen
como formas liberales de gobierno y bajo esta premisa el autor desarrolla
aspectos asociados a la relación ente libertad seguridad y miedo, que Foucault,
ha identificado previamente, como constitutivos del liberalismo, se resalta aquí,
que la libertad no se puede medir en términos cuantitativos, y que el liberalismo
no solo ofrece garantía de libertades y que la libertad no es la contraparte del
gobierno, sino que por el contrario el liberalismo es el encargado de organizar
aquellas condiciones que permiten a los individuos ejercer las libertades,
entonces la libertad resulta ser en palabras del autor un sesgo, un producto que
se crea como instrumento de prácticas gubernamentales.
La tensión se plantea en términos de un juego de fuerzas, porque se afirma
que el liberalismo puede poner en peligro la libertad, y la seguridad resulta
ser un mecanismo necesario ante el peligro que subyace como condición de
la libertad liberal. «la seguridad nunca debe ser garantizada por el gobierno
liberal porque ella y el peligro de la seguridad son aspectos complementarios
de la gubernamentalidad liberal» (pg. 255) y donde el miedo es condición para
mantener esta relación emergente entre seguridad y libertad, precisamente
porque imprime un sello de constitución del yo responsable, confiable y racional.
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De esta manera, se reafirma el postulado de Foucault según el cual la seguridad y la
libertad son constitutivas de la gubernamentalidad liberal y por ello de la misma forma
de gobierno. Se constata la necesidad de analizar de manera crítica el lugar que se da
a los mecanismos de seguridad, puesto que las tecnologías de seguridad permiten
rastrear las transformaciones y cambios en la forma de conceptualizar la seguridad.
El autor se arriesga a proponer la necesidad de inventar una nueva forma de
seguridad, «que permita la diferencia y la autonomía sin crear miedo» (pg. 269),
por ello se devela el lugar de una nueva subjetividad que corresponda al exponerse
como sujeto, distanciarse de mismo y permitir el autocuestionamiento, es
decir aquello que Foucault plantea como desubjetivación del sujeto y como la
visibilización de límites para transgredirlos.
«La cuarta edad de la seguridad» corresponde al trabajo de Frederic Gros, y en
línea con el debate anterior ,contribuye a pensar en los cuatro enunciados fuertes
de la biopolítica, que deben contemplarse para poder seguir la forma como han
cambiado; el objeto de la seguridad, los actores, las modalidades y las amenazas
de la seguridad, mostrando que cada uno, se refiere a una problemática que no
se ha desarrollado en su totalidad y que por ello ha posibilitado la emergencia
de nuevos elementos de acuerdo con la historicidad, como consecuencia, cada
modalidad de seguridad implica una modalidad de vigilancia.
Gros expone una serie de hipótesis bajo las cuales describe la red discursiva al
igual que las transformaciones y rupturas existentes en cada una de ellas, es decir,
refiere a la seguridad espiritual, la seguridad imperial, la seguridad soberanista y
la seguridad biopolítica. Este recorrido permite reconocer aquellos puntos en los
cuales el objeto de la seguridad ha cambiado de tal forma que se pasa de asumir
al Estado como aquello que debe protegerse a considerar la vida como sagrada,
específicamente lo que se protege es a los individuos y a las poblaciones pues
son aquellos que están «vivos». Así mismo, determina que la responsabilidad
de proteger no se encuentra solo en manos del estado sino que las instituciones
privadas comienzan a cumplir con dicha acción a través de la privatización y que
responde a la humanización de la seguridad.
La tensión seguridad-libertad da paso a una cuarta parte del libro, en la cual
Friedrich Balke; Ricardo Camargo y Mauricio Berger, presentan en cada uno de
sus escritos, elementos para pensar en La constitución del sujeto revolucionario, por
ello las categorías fuertes permiten desarrollar el análisis correspondiente a la
resistencia y la subjetividad. El primer ensayo corresponde al escritor Friedrich
Balke: «Constitutio libertatis: gubernamentalidad y revolución». De manera
puntual, Balke, atiende al lugar de la revolución y como referente teórico retoma
a Hannah Arendt, para constatar que «la idea de gobierno constitucional no es,
desde luego, en ningún sentido revolucionaria en su contenido o en su origen; no
significa otra cosa que un gobierno limitado por el derecho» (pg. 296).
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Bajo esta perspectiva, se contempla el lugar de superioridad de la política de lo
biológico sobre lo histórico y se reafirma que existe un espacio para rechazar la
política moderna de la compasión, basada en la nuda vida, es decir la vida humana
despojada de bondades y cualidades que se necesitan para vivir una vida que
merezca ser vivida.
Se tensiona de manera critica la relación entre inclusión y exclusión y desglosa a
partir de Arendt y de Foucault, la idea, se espera un hombre que pueda movilizar
su vida desde un referente biopolítica. En este sentido, al pensar en la revolución
se debe ir más allá de una crítica y profundizar el sentido de la gubernamentalidad.
Ricardo Camargo en su artículo títulado «Población y pueblo: notas acerca de
la posibilidad del cambio emancipador en Michael Foucault», problematiza la
posibilidad, que la población devenga pueblo, es decir que analiza el lugar de cambio
radical o emancipación y reconstruye teóricamente la tensión entre el gobierno y la
población, al señalar, cuándo ésta corresponde a objeto y cuándo a sujeto. Confirma
el lugar de la población como objeto de intervención gubernamental «pero solo en
la medida en que ello implique la emergencia de un sujeto objeto regido por sus
propios deseos, libre y dispuesto para actuar» (pg. 318).
Describe el lugar del deseo, que ha dado Foucault al analizar la gubernamentalidad
y ratifica la idea de un tipo de control que no está basado en la proximidad, sino
en la libertad para seguir el deseo y se reflexiona frente a la imposibilidad que
emerge ante un acto radical que pueda modificar el horizonte inalterado, es
decir que se contempla el lugar de las tecnologías de gobierno como parte de
un proceso de revolución, «la expresión de la radicalidad de un cambio que
implique no solo la transformación del sujeto en su relación con las tecnologías
de gobierno que intervienen en el, sino también de la estructura y con ella el
horizonte de inscripción» (pg. 330-331).
El cierre de esta parte del libro le corresponde a Mauricio Berger, con su texto
denominado, «Dispositivos y disposiciones: nociones biopoliticas en las luchas
contemporáneas por derechos». En cuyo análisis describe y desglosa los avances de
dos desarrollos teóricos posteriores a la teoría biopolítica de Foucault, específicamente
menciona las ceremonias de despojamiento de la ciudadanía desde Agamben y la
producción biopolítica de la multitud bajo el referente de los autores Negri y Virno.
La temática central la revela a partir de la reflexión sobre las prácticas de defensa
de los derechos en Argentina, en términos de lo que ha llamado potencia y
bloqueo de la acción, desde donde se comprende la actual lucha por los derechos
y los problemas asociados, para ello, las coordenadas de análisis que se trazan,
reflejan, cómo aparece en términos históricos, el genocidio ambiental, al igual que
la tensión entre un sentido negativo y otro afirmativo de la biopolítica.
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Se contrasta de manera puntal el lugar de los dispositivos para la biopolítica
afirmando que «si los dispositivos son los que construyen el campo y los que
capturan la experiencia política transformando formas de vida en nudas vidas,
parece que nos encontramos en un laberinto sin salida para pensar la acción,
la resistencia, la posibilidad de defensa y autodefensa que los afectados y una
red de actores comprometidos en la cuestión efectivamente ejercen» (pg. 348)
por ello, no se deja de lado, sino que se involucra en el análisis la relación
entre los dispositivos y las disposiciones, propone , un uso de la noción de
disposiciones para expresar la potencia de la acción en una clave biopolítica
opuesta a la de los dispositivos. Parte fundamental de los aportes del autor,
es su inquietud en torno al lugar que se ha dado a la vida, específicamente,
desde dónde ha sido pensada, pero como resultado de la postura que asumen
a partir de los referentes teóricos, concluye, existe un dialogo necesario entre
el pensamiento crítico de los dispositivos y el pensamiento constituyente de
las disposiciones. Precisamente la propuesta es continuar problematizando
las nociones de poder.
Finalmente, en la quinta y última parte del libro, Vanessa Lemm, Maria Muhle y
Francesco Adorno, hacen un análisis en torno a la biopolitica afirmativa: productividad
y creatividad de la vida. Reconstruyen aquellos puntos donde la biopolítica puede
tener un carácter afirmativo o negativo, señalan nuevamente la tensión individuo
población, pero mostrando claramente el punto donde al pensar no en población
sino en pueblo existe un lugar para pensar en la emancipación, y por ello toma
fuerza detenerse en la animalidad del hombre, para comprender la posibilidad de
una biopolítica afirmativa.
Vanessa Lemm: «Umbral biológico de la política moderna: Nietzsche, Foucault y
la cuestión de la vida animal». Articula en un detallado análisis los planteamientos
de estos dos importantes filósofos, centrando la reflexión en la cuestión de la vida
animal, cuando se reconoce ,un lugar a lo biológico, y se reafirma el sentido de la
biopolítica afirmativa al contemplar la relación entre la animalidad y la humanidad
señalada por Nietzsche.
Se relacionan una vez más las categorías de bios y zoe y se explicita desde la
noción Foucaultiana, el punto, donde la biopolítica depende de una comprensión
de la animalidad en términos de vida del cuerpo y se delimita, el análisis a la vida
en términos de especie, confirmando, como ha operado el Estado, al igual que las
resistencias a través de contra conductas.
Detalla de forma audaz, como la resistencia «contrarresta los procesos de
individualización, la constitución de un sujeto en y a través de su transformación
en especie, por medio de un cultivo y un cuidado de sí que redefine el estatus de
la animalidad del humano» (pg. 371).
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TABULA RASA
No.14, enero-junio de 2011
Tabula Rasa. Bogotá - Colombia, No.14: 359-372, enero-junio 2011 ISSN 1794-2489
Desde Foucault se acepta que la ética del cuidado de si es la única forma de
resistir a una biopolitica negativa, pero no se encuentra un punto fuerte en torno
a la creatividad, por ello la propuesta que realiza el autor, al concebir que la
concepción de cultura de Nietzsche aporta el «eslabón perdido entre animalidad
y creatividad, porque explica, el modo en que la animalidad engendra cultura y la
forma en que la vida animal puede convertirse en una fuente de creatividad» (pg.
375). Por esta razón, esta filosofía se convierte en una posibilidad para mostrar
continuidad entre aquello que se define como animal y aquello que se asume
como humano y como consecuencia de ello, alcanzar un humanismo que no se
desliga de la animalidad, sino que la incluye, como parte de su pluralización.
El segundo capítulo de esta parte está a cargo de Maria Muhle con su ensayo
«Sobre la vitalidad de poder: una genealogía a partir de Foucault y Canguilhem».
El cual explicita que el concepto de biopolítica ha sido polémico y se refiere a una
categoría filosófica-política, específicamente a una forma y modalidad de poder
contemporáneos y por ello su comprensión no se reduce a campos específicos,
sino, pasa por interrogar la voluntad, de saber ,enunciada por Foucault.
Muhle, propone valiosos elementos, al relacionar la biopolítica con la vida y
señala los siguientes dos atributos: que la relación entre la biopolítica y la vida es
positiva y que es intrínseca. «El poder no se enfrenta a la vida para someterla, sino
que se adentra dentro de los procesos de la vida para gobernarlos mejor desde su
interior mismo» (pg. 398).
El escritor no absolutiza la idea de que Foucault no hizo referencia a la vida, sino
afirma, este filósofo no negó que la vida está siempre expuesta al poder, pero si
apunta desde sus planteamientos, que es históricamente localizable. La vida resulta
ser un eje directo de vínculo con la biopolítica, y no puede ser entendida solo como
la vida desnuda, o como un poder de discontinuidad, por el contrario debe asumirse
como una noción de vida que puede cambiar y que se caracteriza por ser dinámica.
Este es precisamente el punto nodal de este ensayo al proponer que una noción
amplia de la biopolítica es aquella «cuyas técnicas ser refieren de manera doble a la
vida, no solo como objeto sino también como modelo de funcionamiento» (pg. 419).
El último capítulo del libro y cierre de la quinta parte: «Poder sobre la vida, política
de la muerte: sobre las formas de resistencia al biopoder en Foucault» de Francesco
Paolo retoma elementos centrales sobre la vida y corrobora que si el biopoder tiene
como objeto la vida entonces es posible afirmar que esta ocupación con la vida es
una gestión, una administración de la vida e improbable comprenderlo, oponerse o
resistirse sin tener en cuenta el vinculo con la economía.
Paolo, resalta el lugar de la población y reconoce conexiones en términos de
dominación y de la conservación del poder a través del cruce entre biología y
economía. Pero incluye como componente adicional la muerte para referirse
Jorge eliécer Martínez P.
Michel Foucault: Neoliberalismo y biopolítica
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Tabula Rasa. Bogotá - Colombia, No.14: 359-372, enero-junio 2011 ISSN 1794-2489
a la ritualización y duelo vinculado con las categorías de anatomopolítica del
individuo y biopolítica de la población, cuando la muerte emerge en el análisis
dado que implica asumir la responsabilidad de la propia existencia.
El lugar de la muerte se deriva de dos contextos, por un lado la vida en tanto
bios: o sea que existe una muerte biológica, pero una muerte cuando el cuerpo
improductivo puede ser aniquilado y no logra incluirse en el círculo económico
de la biopolítica.
Bajo todos los referentes, la vida ocupa un lugar intrínseco o extrínseco en los
análisis, no obstante entra en una paradoja a través de los discursos cuando se
evidencian sus límites y la intervención del Estado, pero al mismo tiempo cuando
la vida del hombre no se agota en la externalidad sino que pauta o traza unas
coordenadas de límites y gobiernos sobre sí mismo, posibilitando un punto para
reflexionar en torno a una nueva perspectiva de la vida biológica como soporte
del Estado y de los dispositivos donde el tema de la seguridad puede tener más
aristas que la tensión individuo-población o libertad-miedo.
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