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La ciberpsicología: in/disciplina cibercultural

Authors:
LA CIBERPSICOLOGÍA: IN/DISCIPLINA CIBERCULTURAL
Ángel J. Gordo-López
ajgordol@cps.ucm.es
Revista AVEPSO, Asociación Venezolana de Psicología Social Año 1999/
Volumen XXII, Nº2 (pp. 29-50)
Resumen
En la investigación y la práctica psicológica se aprecia últimamente una
creciente preocupación por el estudio de las relaciones entre la tecnología y la
subjetividad, la historia de las tecnologías en el marco de la disciplina, la
crisis del yo en la sociedad de la información y, entre otros temas de interés,
los efectos neuropsicológicos de los multimedia, la adicción a la Internet y la
fobia a los ordenadores. Estos estudios que empiezan a conocerse bajo la
rúbrica de ‘ciberpsicología’, si bien apuntan en direcciones diferentes y a
veces conflictivas coinciden, no obstante, en su preocupación por no perderse
el tren de la cibercultura, obviando a menudo que la psicología, desde su
apertura cientificista, disfruta de los peajes, transbordos y circunvalaciones
tecnocientíficas. Este artículo se adentra en el entramado de las relaciones
históricas y contemporáneas entre las nuevas tecnologías de la información y
la psicología, con el propósito de seguir preguntando, al igual que en otros
trabajos, qué visión crítica cabe desarrollar de la disciplina psicológica en
función de las nuevas tecnologías y las redes de información y control en las
que participa. En un primer momento se identifican algunas de las condiciones
que posibilitan la investigación ciberpsicológica con el propósito de
comprender sus distintas vertientes en el contexto más amplio de la cultura
máquina y la ciencia cyborg, para, seguidamente, profundizar en una
comprensión más detallada de las condiciones que posibilitan las relaciones
entre la psicología y la cibercultura. El artículo concluye planteando algunos
de los peligros que entraña concebir como una nueva disciplina la presente
incursión de la psicología en la cibercultura.
Abstract
Recently there has been a revival of interest in psychology which addresses
relations between technology and subjectivity, the history of technologies in
the field of psychology, the crisis of the self in information society as well as
neuropsychological effects of multimedia, internet addiction and, among
many other issues of interest, computer phobia. Nevertheless, most of this
work which are referred to as ‘cyberpsychology’, besides their different
approaches and competing views, they still often too preoccupied with
catching up and leaping aboard the technoculture wagon. This article
addresses the historical and contemporary relationships between cyberculture
and the discipline of psychology, in order to continue to inquire about what
kind of critical approach could be put forward in regard to the new
technologies and the information and control networks they are part of. In the
first part, the article identifies some of the conditions of possibility of
cyberpsychology in order to appreciate its different trends in the wider context
of machine culture and the cyborg science. The second part provides a more
detailed analysis of the immersion of psychology into cyberculture. The last
section spots some of the dangers that might evolve from framing the recent
incursions of psychology into cyberculture as a new discipline.
LA CULTURA MÁQUINA Y LA PSICOLOGÍA[1]
La actividad de comparar la mente con distintos mecanismos ha sido una
constante a lo largo de la historia de occidente. Cabría recordar la gran
atención dedicada a los sistemas hidráulicos, a la máquina de vapor y, en
tiempos industriales más avanzados, a las cadenas de producción en las
fábricas o a los circuitos eléctricos, sin poder dejar de nombrar el culto
rendido actualmente al ordenador y la Internet. Semejantes analogías han
ayudado a representar a los individuos y los colectivos con arreglo a los
distintos sistemas políticos y económicos en boga. En psicología, por ejemplo,
el conductismo, a partir de la refutación de la tradición introspectiva clásica
representada por Wundt desde finales del siglo XVIII, se erige en el principal
baluarte de psicología científica.
A mediados de nuestro siglo, al amparo de la revolución cibernética, la
psicología se distancia del conductismo para vincularse a otro conjunto de
ideas no menos alienantes. Nos estamos refiriendo a la psicología
cognitiva. Mientras el ímpetu conductista refuerza una concepción mecánica
del ser humano, con el cognitivismo aparecen nuevas analogías máquina. Así,
la disciplina psicológica se apropia de ideas que, en definitiva, pertenecen al
‘mundo exterior social’, al sentido común: la idea de que la mente opera como
si fuese una máquina, una caja negra.
De este modo el proyecto de la psicología cognitiva, bajo los auspicios de la
Ciencia Cognitiva y su grandilocuente ambición de desarrollarse como ciencia
capaz de explicar todo tipo de fenómenos psicológicos, recurre a las nociones
populares. Repara, por ejemplo, en visiones ideologizadas del yo como
contenedor de ideas privadas y con pensamientos internos e individuales y,
por lo tanto, un yo factible de ser analizado sin tener que recurrir a las
relaciones sociales. Semejantes apropiaciones culturales acompañan a la
revolución cognitiva desde sus comienzos, legitimando de este modo sus
planteamientos además de otorgar cierto carácter científico a las analogías
máquina.
En este contexto será el psicólogo Boring (1944) quien, inspirado en los
sistemas eléctricos, sugiere la posibilidad de duplicar las funciones del
cerebro. Para ello recurre a un procedimiento que consistía en la identificación
de una lista de funciones mentales pasando a codificar sus componentes en
términos ‘input’, ‘output’ y ‘acoplamiento’ (véase la carta de Edwin G.
Boring a Norbert Wiener, 1994; citado en Galison, 1994). Esta tradición de
investigación se incluye en el marco más amplio de investigaciones
cibernéticas sobre la teoría máquinas/cerebros, con grandes implicaciones
tanto para las ciencias sociales como para los desarrollos y estrategias de
guerra.
Como planteara Ashby (1956:1, 3), pionero del pensamiento cibernético, la
ciencia cibernética ‘no trata con cosas sino con modos de comportamiento’.
No se pregunta ‘¿qué es lo que es la cosa en sí?’ sino ‘¿qué hace o cómo se
comporta la cosa en cuestión?’. Tampoco se preocupa de ‘las consecuencias
de un acto en el aquí y el ahora’, sino de ‘todos los posibles comportamientos
que puede producir’. Pero, ‘¿Qué hacer cuando el sistema [por ejemplo, la
mente o el cerebro] no es accesible a la observación directa?’ (Ashby, 1956:
115).
A partir de este momento el problema de los sistemas no directamente
observables, abordado desde ‘la teoría de las cajas negras’, desencadenaría
ininterrumpidos programas de investigación entre los que destacan la
‘máquina universal’ del británico Alan Turing (1950), prototipo de una de las
primeras computadoras, y el trabajo de von Neumann (1958) sobre el cerebro
y la computación (para un análisis más detallado de estos estudios
cibernéticos, véase Galison, 1994; Ibáñez, 1990; Kosofsky Sedgwick y Frank,
1995; Morowski, 1996).
Si la naciente cibernética requería ‘aislar a los sistemas bajo estudio de sus
relaciones más complejas con otros sistemas para facilitar así la formalización
y el desarrollo de los procesos de control’ (Lerner, 1972:2), la psicología
cognitiva, por su parte, precisará de nuevas representaciones máquina para
encubrir los dilemas que le plantean sus insatisfactorias respuestas a las
relaciones entre los mecanismos cognitivos internos y los sistemas externos o
inputs sociales.
El problema de la coordinación entre los dispositivos cognitivos y el mundo
exterior, y la falta de respuestas convincentes, por ejemplo, sobre el
reconocimiento de patrones o el modo en que se perciben regularidades en los
inputs (Carretero, 1992), lejos de producir, como cabría esperar, una crisis
definitiva en el paradigma cognitivo, permite expandir las relaciones
sinérgicas características de los sistemas abiertos y de la denominada
ciencia cyborg, la ciencia de computadores o Ciencia Cognitiva. Esta ciencia
incluye investigaciones en los campos de ‘la genética molecular, la teoría de
la información, la ciencia de computadores, la teoría del caos, la cibernética,
la neuropsicobiología, la vida artificial, la teoría de sistemas, la investigación
de operaciones y la teoría de juegos’ (Miroswki, 1996: 115). La continua
transformación, discontinuidad y tolerancia a la contradicción que fundamenta
estas emergentes redes será posible gracias a su participación en las lógicas de
comando-control-comunicación-inteligencia (o C3I) idiosincrásicas del tardo-
capitalismo (Gordo-López, 1995).
La psicología, junto con otras ciencias sociales como la antropología, la
sociología y la economía, muestran en la actualidad un inusitado interés por
las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la cultura, o lo que se ha venido
a conocer bajo la rúbrica de la cibercultura. Desde la psicología se propone
que la estructura interna de los espacios cibernéticos, o ciberespacio, es
similar y congruente con la mente en lo relativo a sus niveles de interactividad
y organización. En este sentido, los procesos de toma de decisión pueden
considerarse como actividades virtuales internas expresadas en el acto de
pulsar nuestros ratones del ordenador bien sea para ‘registrar el voto en una
papeleta electrónica, dejar un mensaje de correo en una página de la Web, o
bajar una imagen’ (James, 1997).
Lejos de ser meras manifestaciones aisladas, estos trabajos han suscitado gran
interés en la Asociación Americana de Psicología (APA), como evidencia el
reconocimiento científico otorgado a la revista CyberPsychology & Behavior.
Esta revista se presentó en 1998 con el objetivo de promover e incentivar
investigaciones sobre las formas en las que ‘las nuevas tecnologías están
cambiando el modo en que vivimos, jugamos, trabajamos, e interactuamos’.
Entre los temas que se incluyen en el folleto del editor podemos destacar los
siguientes:
Demografías de los usuarios de Internet... aprendizaje a distancia...
aislamiento social... servicios de salud mental a través de la
Internet...efectos neuropsicológicos de los multimedia... soportes de
realidad virtual en la medicina... debates sobre la restricción de los
contenidos de la Internet... la cuestión del acceso universal a la Internet...
Adicción a la Internet... fobia a los ordenadores... y otros muchos temas
de importancia actual.
Las analogías que identifican el ciberespacio con una mente común, con una
extensión cognitiva de nuestras mentes, son indisociables, como se plantea a
lo largo de este artículo, de las esperanzas democratizadoras y de los
reduccionismos biológicos asociados a los usos disciplinares y disciplinantes
específicos de las nuevas tecnologías.
Este artículo se adentra en el entramado de las relaciones históricas y
contemporáneas entre la ciencia, la tecnocultura y la psicología, con el
propósito de seguir preguntándonos, al igual que en otros trabajos, qué visión
crítica cabe desarrollar de la disciplina psicológica en función de sus
renovados intereses por las nuevas tecnologías y las redes de información y
control. A continuación seguiremos avanzando algunos apuntes adicionales
sobre la ciencia cibernética, sus distintas vertientes y correspondencias
actuales en la disciplina de la psicología, para, más tarde, profundizar en una
comprensión más detallada de las condiciones que posibilitan las relaciones
entre la psicología y la cibercultura. Concluiremos planteando los peligros que
entraña concebir como una nueva disciplina la presente incursión de la
psicología en la cibercultura. Entre uno de estos peligros destaca el proceso de
preparación (o inmunización) de la opinión publica a las nuevas formas
postbiológicas de gobierno, en una era donde lo virtual y el Genoma Humano
saturan el imaginario social.
CIBERNÉTICAS Y CIBERPSICOLOGÍAS: DIFERENCIAS Y
ASIMILACIONES
La descripción mecanicista y fisicista del comportamiento humano iniciada en
el siglo XVII sería retomada en los años cuarenta por grupos científicos
interdisciplinares. Los trabajos de Norbert Wiener (1948, 1954), matemático y
físico fundador de las ciencias cibernéticas, sobre la predicción balística de las
operaciones mentales sentaron las bases para la teoría de las expectativas
racionales.
Wiener barajó la idea de diseñar un predictor para controlar los ataques aéreos
de los alemanes (Galison, 1994). Para ello, recurrió a una unidad de análisis
que integraba en un mismo plano los comportamientos de guerra y pilotaje del
soldado, el predictor antiaéreo y las baterías de defensa antiaérea. El mismo
Wiener comenta la importancia de sus trabajos sobre el tratamiento estadístico
del control antiaéreo, reconociendo que permiten formular un punto de vista
general para el tratamiento de la ingeniería de comunicaciones, y extenderse
‘a otros campos menos ortodoxos como la meteorología, la sociología y la
ciencia económica’ (Wiener, 1956: 255, citado en Mirowski, 1996: 123).
Esta breve descripción del carácter aplicado de la ciencia cibernética en su
vertiente clásica nos sirve para identificar dos de sus características centrales:
un concepto de información que reduce la toma de decisiones a la simple
actividad de elección, procedimiento calculable y reificado; y, en segundo
lugar, el concepto de control, definido como una función para ‘establecer y
mantener las condiciones que aseguren la ejecución de objetivos concretos
dentro del esquema dado’ (Navarro, 1990: 24).
Difícilmente entenderemos el desarrollo tecnológico, armamentístico o
cibernético sin integrar a su vez en “un mismo plano” las ciencias sociales y
las naturales, el conocimiento científico y el conocimiento popular. Como
señala Sadie Plant, ‘si los sistemas cibernéticos surgen a partir de la historia
de las tecnologías, también emergen a partir de líneas complejas de
actividades inmanentes e integradas que configuran la otra cara de la historia
de las ciencias, las artes y la tecnología’ (Plant, 1995: 25). Por consiguiente,
sería conveniente recordar que la historia de la cibernética, la ciencia del
control y la comunicación en el animal y la máquina, no se restringe al
tratamiento balístico del control antiaéreo u otras aplicaciones a merced de los
complejos militares e industriales.
Una tradición paralela más humanista y reflexiva de la cibernética acuña una
definición distinta de la información, intentando evitar de este modo la
combinación utilitarista y castrense de la abstracción y el reduccionismo de la
cibernética clásica. Los estudios de G. Bateson (1972) sobre el
funcionamiento de los sistemas de comunicación como fuente explicativa de
la patología social es un ejemplo paradigmático de la vertiente cibernética no
clásica. Desde esta perspectiva los procesos objetivantes se abordan desde un
punto de vista productivo y reflexivo sin presuponer ‘la fiabilidad y la
autodependencia, sino en cuanto generadas por medio de un proceso de
reflexión epistémica (y también práctica y poiética) entre distintos sujetos
actuantes’ (Navarro, 1990: 25) (véase Correa de Jesús, 1999 y Menser y
Aronowitz, 1998, como ejemplos actuales de esta tradición).
Las incursiones actuales de la psicología en la cibercultura navegan
necesariamente entre el control y el desorden, entre resultados estimados y
consecuencias inesperadas. Indagar sobre las condiciones de poder (o
biopoder) que permiten actualmente a la psicología actuar en la cibercultura,
supone situarse en un campo de relaciones tensas, en definitiva, en una
encrucijada de discursos de direcciones diferentes y a veces conflictivas. En
este quehacer tampoco deberíamos olvidar que las actuaciones
ciberpsicológicas, así como nuestras reflexiones sobre las mismas, surgen en
respuesta a las preguntas y dilemas de la propia disciplina psicológica
(Hodges, 1995:34).
Teniendo en cuenta estas consideraciones podemos pasar a preguntar a qué se
debe que la psicología se interese tan disciplinadamente por la cibercultura y
el ciberespacio cuando en realidad lleva más de medio siglo participando
plenamente en la revolución cibernética y cognitiva. ¿De qué forma la
ciberpsicología está contribuyendo y participando de nuevos estilos de gestión
de la ciberpersona? ¿En qué medida la ciberpsicología promueve las fantasías
de liberación que acompañan a las nuevas tecnologías? (Penley y Ross, 1991).
CONDICIONES Y VARIACIONES
CIBERPSICOLÓGICAS
El creciente interés que la psicología expresa por la cibercultura y el espacio
no se limita a los dominios de la psicología hegemónica. A pesar de sus
iniciales reticencias por conferir a la tecnología su debido estatus de régimen
conceptual, también la psicología crítica muestra durante los últimos años un
creciente interés por las relaciones entre lo tecnológico y lo cultural, en
especial, por la cibercultura (con el término de psicología crítica nos referimos
a un grupo de voces, en su mayoría anglosajonas, que desde finales de los
años setenta cuestionan el yo individualizado de la psicología experimental y
positivista, retando a la disciplina a reconsiderar la noción de subjetividad--
Armistead, 1974; Henriques et al., 1984; Parker & Shotter, 1990). Así se
aprecia en los recientes trabajos sobre las relaciones entre la tecnología y la
subjetividad (Barglow, 1994, Rose, 1996; Schraube, 1999; Gordo-López,
1999), la historia de las tecnologías en el marco de la disciplina psicológica
(Danzinger, 1997; Bayer, 1999), la participación de la psicología en las redes
de poder tecnocientífico (Broughton, 1994; Edwards, 1996; Michael, 1996) y
las relaciones entre la tecnología y el cuerpo (Bayer y Shotter, 1998; Stam,
1999).
Estos trabajos están expuestos a la tentación de permanecer dentro de la órbita
de la disciplina, corriendo el riesgo de enmascarar las formas más veraces de
la psicología en sus relaciones con redes tecnocientíficas de control y gestión,
más allá de nuestras docencias e investigaciones, nuestras prácticas
profesionales, clínicas y educativas. En definitiva, el modo en que la
psicología, ahora a expensas de la tecnocultura, expande los márgenes de la
cultura psicológica ‘mas allá de los límites de la práctica académica y
profesional’ (Parker, 1999:14). Nos enfrentamos así a la cuestión estratégica
de dónde ubicar este tipo de trabajos, entre los que incluimos los nuestros
(Gordo-López y Parker, 1999), y cómo articularlos para evitar que la
psicología pueble acríticamente la cibercultura.
Los estudios ciberpsicológicos más afines a la psicología hegemónica se
muestran indiferentes a los planteamientos que indican que las categorías de
tecnología, ciencia y cultura han perdido ‘su integridad disciplinar y
ontológica impregnándose y redefiniendose continuamente’ (Menser y
Aronowitz, 1998: 24) (véase también Haraway, 1991; Latour, 1993). No
obstante, esta vertiente ciberpsicológica se esfuerza por imponer
demarcaciones disciplinarias mientras asimila y mediatiza sus propias
contradicciones y diferencias.
Así se aprecia en un artículo recientemente publicado en el Suplemento
Informativo de Papeles del Psicólogo (INFOCOP) de España, nº 74, donde se
afirma que la convergencia de múltiples factores entre los que se incluyen ‘un
cambio tecnológico, unas comunicaciones en congresos, unos libros, una
revista, unos puestos de trabajo’, permite, en su conjunto, poder hablar de la
ciberpsicología como una nueva disciplina psicológica (Prieto, 1999: 23).
Semejante afirmación se fundamenta en breves y no siempre acertados
resúmenes descriptivos, en forma de sipnosis, de nuevas publicaciones
“ciberpsicológicas”: Fink, 1999; Forysthe, Grose y Ratner, 1998;
Gackenback, 1998; Gordo-López y Parker, 1999; Lebrun, 1999; Prieto y
Kronheim (en prensa).
La exposición sipnótica, bien sea en forma de resumen o abstract, tan común
entre los círculos científicos, lejos de informar “objetiva” y
“desinteresadamente”, en esta ocasión y, al menos en lo referente al
texto Cyberpsychology (Gordo-López y Parker, 1999) reseñado en esta
revista como uno de los ‘pretendidos representantes de esta ‘nueva disciplina’,
atentan contra tan apreciada pretensión de objetividad. En la descripción de
esta compilación se afirma que los dieciséis autores del libro son profesores de
Psicología Social, obviando así la tan variada procedencia y dedicación
disciplinar de los mismos, según se detalla en la sección del libro que incluye
breves notas biográficas de los autores. A nivel de contenido el proceso
asimilatorio no es menos tergiversador, en la medida que se afirma que la
tercera parte del libro se ocupa ‘de las trayectorias personales y los problemas
de identidad de niños y adolescentes en la red’. Una afirmación que demuestra
la mala costumbre de la psicología de pensar que todo lo que le rodea es igual
a ella misma, evidenciando su predisposición a disciplinar, y en definitiva, a
psicologizar aquello que es distinto (Parker, 1999).
‘LA VERDAD ESTÁ AHÍ AFUERA’: EXPEDIENTE CIBERPSICOLÓGICO
Interesarse por el modo en que la psicología se despliega y desdobla más allá
de sus propias demarcaciones y prácticas profesionales, supone estar al tanto
sobre las “formas” en que estas actuaciones psicologizan los recursos (de
subjetividad) disponibles para actuar y pensar sobre nosotros mismos y los
otros en distintos espacios, el ciberespacio inclusive. Reflexionar sobre las
incursiones de la psicología en los nuevos espacios de la cibercultura supone,
por tanto, considerar el modo en que las distintas formas de subjetividad que
habitan el ciberespacio plantean o no un reto a las densas redes de tecnologías
virtuales y materiales y prácticas que tienen que ver con la ‘mente’ y ‘el
comportamiento’ y que constituyen el trabajo académico y profesional
psicológico fuera de las aulas y de los gabinetes psicológicos en los dominios
de la cultura popular, o lo que denominamos los complejos psicotecnológicos
(Gordo-López y Parker, 1999: 6).
En este sentido convendría recordar que la Ciencia Cognitiva, y por tanto la
psicología cognitiva, se desarrolla al amparo de los ministerios de defensa de
los EE.UU. y Gran Bretaña (Díaz, 1998: 188); que el término ‘cyborg’
aparece por primera vez en un informe técnico de 1960 de las Fuerzas Aéreas
Estadounidenses antes de pasar a formar parte de la ciencia ficción (Pickering,
1995, citado en Mirowski, 1996: 114); y que el prototipo de la Internet se
encuentra en la red ARPANET (Advanced Research Projects Agency of the
Department of Defense), inicialmente concebida y diseñada como herramienta
de comunicación top secret en la NASA a principios de los años sesenta.
Curiosamente el hecho de recurrir a las relaciones establecidas entre las
investigaciones cognitivas al servicio de los avances tecnocientíficos de las
fuerzas de inteligencia estadounidenses y sus distintos referentes en la ciencia
ficción no es patrimonio exclusivo de la cibercultura actual. Los recursos
disponibles en la tecnocultura occidental se han configurado a lo largo del
presente siglo, cuya preparación cultural o sincretismo excede la memoria
tecnocientífica de la disciplina psicológica (véase Mumford, 1934). Con el
propósito de ilustrar el funcionamento retro- y prospectivo de los dispositivos
psico-tecnológicos se presentan a continuación dos ejemplos de relaciones
entre fragmentos de tecnociencia, psicología experimental y tecnocultura.
El primer ejemplo nos sitúa en los años sesenta, en el escenario de la Guerra
Fría, donde las grandilocuentes pretensiones de la Ciencias Cognitiva se
conjugan y confunden con los horizontes no menos visionarios y futuristas de
los servicios de espionaje internacional. La CIA contaba con equipos de
informantes especializados en ejecutar supuestas navegaciones mentales sobre
los emplazamientos estratégicos soviéticos (remote viewers) (The Remote
Viewers, 1995). La existencia y desempeño de estos equipos nunca sería
reconocido oficialmente por los máximos responsables de defensa de los
Estados Unidos. Por su parte, la mirada del gran público estaba expuesta a
continuas fábulas futuristas, como indica la películaScanners ( Cronenberg,
1981) cuya trama versa sobre una corporación especializada en seguridad y
vigilancia que, bajo el asesoramiento de científicos de la mente, desarrollan
técnicas para formar agentes (scanners) especializados en la captación
telepática de un amplio rango de fuerzas sociales normalmente impalpables,
‘desde códigos sexuales implícitos a transacciones financieras de las
corporaciones multinacionales’ (Shaviro, 1993: 134).
El segundo ejemplo introduce nuevas conexiones y correspondencias entre
films de ciencia ficción y el paradigma de la Ciencia Cognitiva. A diferencia
del ejemplo anterior, se muestra una sincronía entre referentes de ciencia
ficción y experimentos psicológicos donde la memoria sigue teniendo un
papel central.
Se trata de otro documental británico, The Living Dead (1995) donde se
describen las primeras investigaciones cognitivas sobre los procesos y
formatos de memoria. Estos experimentos se empezaron a realizar en 1938 en
la ciudad de Montreal, a cargo del Dr. Penfield bajo la estrecha supervisión de
los servicios de inteligencia estadounidense, como indica un consejero de la
CIA Milton Kline. Aunque el propósito inicial era desarrollar un
conocimiento más preciso sobre el funcionamiento de la memoria, pronto
vieron la posibilidad de aplicar estos estudios en los individuos (con
diagnósticos esquizofrénicos) y las naciones (con cuadros de
socionacionalismo como en el caso de Alemania). Como relatan los
ayudantes del Dr. Penfield en el Allen Memorial Institute, Dr. Jasper y el Dr.
Lehmann, el tratamiento consistía en la supresión de patrones disfuncionales
de memoria (depatterning) por medio de terapias electro-convulsivas (ECT) y
la posibilidad de implantar nuevos patrones de memoria más idóneos.
Estos estudios no pasaron desapercibidos a los servicios de inteligencia,
quienes no dudaron en ponerlos al servicio de obtención de información del
otro lado del Telón de acero mediante la extracción y decodificación de
memorias de los agentes y refugiados del Este. El empleo de la hipnosis y las
drogas podrían verse así superadas por las nuevas técnicas de manipulación de
patrones de memoria. Los experimentos desarrollados durante la Guerra Fría
pretendía también desarrollar técnicas para implantar distintos repertorios de
memoria, evitando así exponer información secreta en caso de la captura de
sus agentes. La CIA estaba convencida de que los investigadores soviéticos
disponían de las técnicas necesarias para llevar a cabo este tipo de
operaciones.
Estas memorias tecnocientíficas tan encuentran correspondencias en otros
fragmentos de ciencia ficción como el ya clásico film Desafío Total [Total
Recall] (Paul Verhoeven, 1990). En esta película Arnold Schwarzenegger es
un agente secreto del gobierno del planeta Marte a quien por medidas de
seguridad se le implanta un nuevo repertorio, pasando a ser una trabajador de
la construcción en el año 2100, fascinado por conseguir un viaje a Marte que
oferta la agencia Rekall Inc., una compañía dedicada a implantar todo tipo de
memorias y experiencias.
En este segundo ejemplo es igualmente interesante apuntar el modo en que el
propio documental The Living Dead (1995) intercala los testimonios de
psicólogos y psiquiatras responsables de las investigaciones de control de
memoria con fragmentos de ciencia ficción de la época. Entre estos referentes
de ciencia ficción se muestran escenas de La Invasión de los Ladrones de
Cuerpos [Invasión of the Body Snatchers] (Don Siegel y Ellsworth Fredicks,
1956), cuya trama transcurre en una pequeña ciudad de California donde la
mayoría de sus ciudadanos, mientras duermen, son replicados y abducidos por
vainas alienígenas. El único matiz que diferencia a las replicas de sus
originales es su falta de empatía y emoción (tema magistralmente tratado en la
película Blade Runner).
Los argumentos de estos films están claramente implicados en los desarrollos
de las primeras investigaciones sobre las máquinas/cerebro donde el estudio
de la memoria ocupó un papel central. Así lo indican los estudios pioneros de
Ashby (1956) sugiriendo que ‘la memoria no es algo objetivo del sistema,
sino un concepto que permite salvar el vacío existente cuando parte del
sistema no es observable’ (Ashby, 1956: 116). Esta visión de la memoria
podría considerarse subversiva si consideramos la memoria como sustrato
básico de nuestra personalidad, que según las teorías de personalidad
dominantes se considera como una dimensión interna, consistente e
independiente de las observaciones psicológicas.
Estos ejemplos invitan a situar en un mismo plano integrado los experimentos
y estudios psicológicos, sus múltiples aplicaciones y distintos fragmentos de
ciencia ficción. También nos ponen al tanto sobre cómo las transformaciones
que están llevándose a cabo incluso dentro de la propia disciplina son
permeables al ámbito de la cultura popular y viceversa, es decir, el modo en
que la tecnociencia se apropia de los conocimientos que forman parte de los
distintos imaginarios sociales. Por último, estos ejemplos incitan a encuadrar
la reciente fascinación de la psicología por la cibercultura en la
transformación del marco más amplio de la Ciencia Cognitiva o
ciencia cyborg. Y es en el contexto de esta posible transformación en el que
conviene entender los principios rectores, entre los que se incluyen, según
Mirowski (1996): el rechazo de la noción de ciencias distintivas y
autosuficientes, la imposibilidad de perpetuar la división entre ciencias
naturales y sociales, y su expansión por medio de la “invasión” o suplantación
de una ciencia de lo social o lo natural por otra de lo inanimado.
En lo relativo a la incursión de la psicología en la cibercultura convendría
apuntar que ésta se hace visible en un momento en que el culto a lo “ciber”
puja cada vez más fuerte, junto con la globalización o el genoma humano, por
desbancar otros referentes no menos posibles de imaginario social (Verdú,
2000); en un momento que, como plantea la pensadora feminista E. Fox
Keller, natura es más fácilmente modificable que nurtura en la era de los
laboratorios genéticos, donde los genes se in-genian y los cuerpos se fabrican’
(citado en Terry, 1997: 288).
En este contexto de transformación del imaginario social, puede que el
desplazamiento psicológico hacia la cibercultura contribuya a reformular las
nociones de idoneidad de la ciberpersona, con las inflexiones y
reduccionismos biológicos característicos de los desplazamientos hacia las
ciencia cyborg (Mirowski, 1996). Son en estas dinámicas en las que reparan
estudios como los de Brown (1999), enfatizando el distinguido papel de la
psicología cognitiva en la incorporación de pequeñas dosis de tecnobiología
en la esfera de lo cotidiano. No es de extrañar, por lo tanto, que la psicología
cognitiva contemple con gran fascinación las estrategias de la codificación
transhumana, entre las que destaca el movimiento extropiano, un movimiento
que ve en ‘la fluidez de los humanos y sus alianzas con la biotecnologías... un
pasaje para la salvación en un estado de pura desorganización o entropía’
(Brown, 1999: 150-151). Este tipo de visiones se ajustan plenamente al nuevo
estado de la evolución de la especie en la era virtual y el ciberespacio, al igual
que sirven para ejemplificar cómo en el marco de las ciencias cyborg coexiste
un determinismo informacional con un reduccionismo biológico (ver
Morowski, 1996; Haraway, 1991).
Las nuevas nociones de idoneidad, salud y “acoplamiento” asociadas a las
nuevas formas del procesamiento de la información podrían igualmente
neutralizar el conflicto, la crítica y los espacios de resistencia. Por último, la
ciberpsicología, entendida como materialización disciplinar de la incursión de
la psicología en la cibercultura, además de ayudar a apaciguar las tensiones y
resistencias a los regímenes hegemónicos, y de atenuar la percepción de las
desigualdades sociales mediante las falsas promesas democratizadoras
asociadas a los desarrollos tecnológicos, podría estar a su vez inmunizando la
opinión pública contra los miedos y las incertidumbres que giran en torno a
las investigaciones neurogenéticas. Semejantes investigaciones bien podrían
llegar a legitimar, a su vez, nuevas divisiones, categorizaciones,
patologizaciones y sus subsecuentes tratamientos de las desviaciones, como
indican por ejemplo los estudios neurogenéticos sobre el gen y/o cerebro gay
(LeVay, 1993; Hamer & Copeland, 1994) o el gen de la agresión (Terry,
1997). En este sentido la ciberpsicología estaría preparando el terreno contra
lo que ‘es demasiado aterrorizante para tanta gente, una realidad difícilmente
aceptable en sí misma (Cytowic, 1996), es decir la realidad del Proyecto del
Genoma Humano’ (Gordo-López y Cleminson, 1999: 286).
LA CIBERPSICOLOGÍA: UNA NUEVA IN/DISCIPLINA
Uno de los propósitos de este artículo ha sido sugerir que la psicología desde,
sus primeros coletazos científicos, ya estaba plenamente circunscrita como
enclave crítico en su condición general de tecnociencia. Es por esta misma
razón que a la psicología le resulta harto difícil mantener las formas o la
distancia ante la cibercultura, o ver a la tecnocultura como un monstruo, como
su “otro” desconocido y reprimido. En cierta medida la ciberpsicología y la
figura de la ciberpersona son inmanentes a la propia disciplina de la
psicología.
Los argumentos ciberpsicológicos de los que aprendemos y a los que
contribuimos no se limitan a identificar los nuevos espacios críticos que el
ciberespacio pueda proporcionar o las posibilidades de articular nuevas
críticas de la psicología. Por el contrario, los trabajos ciberpsicológicos
deberían mostrarse sensibles a las formas de funcionamiento de la propia
disciplina psicológica, en el contexto más heterogéneo y heterónomo de la
cultura psicológica.
Tal y como la entendemos, la ciberpsicología, sea lo que sea, no está en
absoluto interesada en actualizar o renovar la psicología, tampoco está
interesada en ampliar los márgenes de la cultura psicológica, en gestionar la
cibercultura popular mediante la propagación de nociones modernas
humanistas, ni en fomentar respuestas psicoterapéuticas o neurogenéticas a
problemas que hunden sus raíces en la crisis del estado social (Rendueles,
1998).
Los planteamientos aquí ofrecidos se oponen a la estrechez de miras
intelectuales que promueve intereses por la doxa ciberpsicológica. Estos
intereses disciplinares raramente se aventuran más allá de la reproducción de
los formatos, de las formas de pensar de la disciplina, sin preocuparse lo más
mínimo por desarrollar una cierta distancia crítica y reflexiva hacia la propia
disciplina. A nuestro parecer esta distancia ha de fraguarse desde enclaves que
permitan un seguimiento de los desdoblamientos y la trayectorias
ciberpsicológicas, y de lecturas que ensalcen las tensiones, las versiones
diferentes y a veces conflictivas o, como plantea Burman (1999: 174-175),
procurando identificar ‘los momentos tensos y pugnantes de la
ciberpsicología, siempre vulnerable a ser recuperada por el individualismo de
la psicología dominante y del mercado del consumo tecnológico, atrapado en
la fascinación y la repulsión, la seducción y el horror’. Es así que entendemos
que la ciberpsicología tiene que vivir con el riesgo, incluso mayor y más
aterrorizador, de poblar la ciber/cultura psicológica. Asimismo, debería
prestarse especial atención a las variaciones en el imaginario social y sus
intersecciones con los regímenes disciplinarios, que indiquen posibles
variaciones en las coexistencia de los reduccionismos informacionales y
biológicos en el marco de la ciencia cyborg.
Esta posición estratégica tampoco evita la posibilidad de adentrarnos en el
estudio de los desarrollos tecnológicos y disciplinarios que tejen estos
ensamblajes históricamente específicos. Tampoco conlleva, como cabría
pensar llegados a este punto, desaprovechar los espacios que nos brindan la
sinergia disciplinaria a lo largo de sus instituciones y de la consagración y la
transformación de sus prácticas.
Agradecimientos
Quisiera agradecer a José L. Gordo y Ana Escobar sus comentarios y
sugerencias a las distintas versiones de este artículo.
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Ángel J. Gordo-López es Profesor Ayudante en el Departamento de
Sociología IV, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad
Complutense de Madrid, Campus de Somosaguas, Madrid
28223. Email: ajgordol@cps.ucm.es
[1] Este artículo se basa en la ponencia presentada en el XXVII Congreso
Interamericano de Psicología celebrado en Caracas, junio 27-julio 2 de 1999,
titulada ‘Explor(t/)ando métodos ciberpsicológicos en Psicología’, y en el
trabajo realizado con Ian Parker, ‘Cyberpsychology: Postdisciplinary contexts
and projects’, en A.J. Gordo-López & Parker
(comps), Cyberpsychology (Macmillan, Septiembre, 1999).
... De este modo, incluso desde la misma psicología crítica, se corre el riesgo de enmascarar las formas más veraces de la psicología, en definitiva, el modo en que esta úlima, ahora a expensas de la cibercultura y su estudio ciberpsicológico, expande los márgenes de la cultura psicológica "más allá de los límites de la práctica académica y profesional" (Parker, 1999, p. 14). Nos enfrentamos así a la cuestión estratégica de dónde ubicar este tipo de trabajos, entre los que incluimos los nuestros, y en los que nos basamos para redactar los contenidos de este módulo (Gordo López, 1996, 2000, 2002Gordo López y Cleminson, 2000;Gordo López y Macauley, 1996, y Gordo López y Parker, 1999 y, quizá lo más importante, cómo articularlos para evitar que la psicología pueble acríticamente la cibercultura. En definitiva, como se planteaba al comienzo de este módulo, nos enfrentamos de este modo a la difícil tarea de evitar que la psicología, al psicologizar los nuevos espacios y modos de socialización que nos brindan las nuevas tecnologías de la información, siga erigiéndose a sí misma como referente o solución última para nuestros problemas y modos de pensar y actuar sobre nosotros mismos y los demás, bien sea en espacios reales o bien mediados por el ordenador. ...
... Los años de la Guerra Fría y la tensión entre bloques siguieron alimentando el inconsciente colectivo con una imagen de progreso técnico indefinido y meritorio sin ninguna cortapisa o crítica salvo las que quizás la ciencia ficción le dedicaba veladamente (Francescutti, 2004; Gordo, 1999). A modo de ilustración cabe señalar algunas de las confabulaciones que aparecen a medio camino entre la ciencia y el esoterismo en el marco de la Guerra Fría y las Ciencias Cognitivas. ...
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En este texto aportamos algunas de la claves que han llevado al grupo Cibersomosaguas a relanzar la revista digital Teknokultura (2001-2008), los intereses y compromisos de partida y el posicionamiento actual que pretendemos para esta, ya de por sí, innovadora revista. Para ello, en primer lugar, enmarcamos la reaparición de Teknokultura, ahora con el subtítulo Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales, en el contexto más amplio de los estudios sociales de la ciencia, sus formaciones históricas incipientes y algunas de sus tendencias actuales. Tras un breve comentario del recorrido y principales tendencias de los estudios más sociales de lo tecnológico, esta primera parte presenta una instantánea del tejido de entrecruzamientos entre lo tecnosocial y los movimientos sociales, sobre todo, en aquellos lugares donde se presentan tensiones más evidentes.La segunda parte del texto ofrece unos apuntes sobre la génesis de Teknokultura y repara en los distintos grupos de investigación que, a escala internacional, ayudaron a perfilar las condiciones de posibilidad de esta, por aquel entonces, novísima revista y a orientar su mirada editorial hacia cuestiones y problemáticas tecnológicas de relevancia sociopolítica. Tras este recorrido de sinergias y colaboraciones pasamos a presentar el nuevo “alojamiento” de Teknokultura, el grupo Cibersomosaguas, su trayectoria y líneas de investigación; un mapa que permitirá comprender el posicionamiento y las metas que ambicionamos.
Article
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New research on the biological basis of personality and behavioural traits have 'come out' from their late capitalist closets. Among these, neuroanatomical and genetic studies of the basis of what has been termed >sexual orientation= have gained increased popularity, thus implying that there is a certain fixed >nature= in the case of male sexual behaviour. Much of this research has been associated with the neuroanatomist Simon LeVay (1991, 1993, 1996), co-founder of the Institute of Gay and Lesbian Education in La Jolla, California, and Dean Hamer (and colleagues, 1993; 1994), head of the gene structure and regulation section of the National Cancer Institute=s department of biochemistry in Bethesda, Maryland. In this field of research, homosexuality is defined as part of a package of sex-transposed traits rather than a collection of sexual acts. This package of >gender-atypical= characteristics, as thoroughly discussed in LeVay=s Queer Science (1996), includes a number of mental traits, brain structures, lateralization of brain functions, and dermatoglyphic patterns= (275). As with early European nineteenth century sexology this emerging field of research (from now on termed >queer science=) combines scientific and social implications to prove homosexuals are a discrete biological group and therefore should be a protected social class or ethnia (251/255). Queer scientists' are aware that their research may not fully eradicate and resolve public homophobia. Nonetheless they argue that the broad dissemination of their work may inform public and legal debate.
Book
1. Introduction.- 2. Movement.- 3. Models.- 4. Dynamic Systems.- 5. Signals.- 6. Control.- 7. Automatic Control.- 8. Optimal Control.- 9. Automata.- 10. The Computer.- 11. Adaptation.- 12. Games.- 13. Learning.- 14. Large Systems.- 15. Operational Control.- 16. The Brain.- 17. Organised Systems.- 18. Man and Machine.- 19. Outline of Future Prospects.
Chapter
This chapter explores parallels in culture, meanings and figurative possibilities between representations of childhood and cyborgs. Both children and cyborgs function at the margins of the material and the metaphorical, of the actual and the possible. As such they mark key borders around contemporary forms of subjectivity. The crucial question is whether they afford transgression or rather simply reinforce the borders that their spectral presences inscribe. Thus while children and cyborgs have each been mobilized to warrant interventions and to inspire (or even personify) visions of the future, they both also form key cultural repositories for the repressed fears and fantasies to which modern subjectivity gives rise.
Article
The Second World War was a watershed in history in many ways. I focus on the World War II discontinuity as it relates to the intersection of scientific and military enterprise. I am interested in how we should conceptualize that intersection and in offering a preliminary tracing of the “World War II regime” that has grown out of it—a regime that includes new forms of scientific and military practice but that has invaded and transformed many other cultural spaces, including—my primary example here—the industrial workplace. I exploit the figure of the cyborg to (1) thematize the social, material, and conceptual heterogeneity of the developments at issue; (2) specify a distinct range of cyborg objects and sciences that emerged from the World War II matrix; and (3) exemplify a historiographical approach that escapes the traditional master-narrative structures of science studies.