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Contextualización histórica y social de la remoción del vello pùbico femenino

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Contextualización histórica y social de la remoción del vello pùbico femenino

Abstract

Objetivo: demostrar que la remoción del vello púbico femenino –una práctica común en la actualidad– es el resultado de los cambios en el vestido y las estrategias de mercadeo de los fabricantes de productos para la remoción del vello y hacer una aproximación a lo que dicen las mujeres hoy en términos de las razones para hacerlo. Materiales y métodos: se presentan los antecedentes históricos de la remoción del vello genital, su manejo en otras culturas, la frecuencia y las razones por las que se hace en la actualidad, y se revisan las estrategias comerciales y de comunicación utilizadas desde el fin del siglo XIX en la cultura occidental. Conclusiones: el imaginario actual de belleza femenina de inicio del siglo XXI implica la modificación del cuerpo en la búsqueda de un ideal de piel tersa y libre de vello, solo posible de manera artificial, haciendo que la sociedad como un todo lo considere normativo por razones estéticas, higiénicas, eróticas y de autoimagen. Palabras clave: vello púbico, imagen corporal, rasurado genital, remoción del vello corporal, depilación, feminidad. ABSTRACT Objective: To show that female pubic hair removal, a common current practice, is the result of changing trends in dress and fashion, and of the marketing strategies of the manufacturers of hair removal devices; and to consider what women today argue as their reasons for this practice. Materials and methods: The historical background for pubic hair removal is presented, including the approach in other cultures, the frequency and the reasons for this practice at present; the marketing and communication strategies used since the end of the 19th in the western culture are reviewed. Conclusions: The current female beauty imagery in this early part of the 21st century involves the search for an ideal of smooth hair-free skin which is only achievable through artificial means, leading society as a whole to consider it the standard for cosmetic, hygienic, erotic and self-image reasons.
Rev Colomb Obstet Ginecol 2013;64:327-332
Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología Vol. 64 No. 3 • Julio-Septiembre 2013 • (327-332)
Artículo de reflexión
RESUMEN
Objetivo: demostrar que la remoción del vello
púbico femenino –una práctica común en la
actualidad– es el resultado de los cambios en
el vestido y las estrategias de mercadeo de los
fabricantes de productos para la remoción del vello
y hacer una aproximación a lo que dicen las mujeres
hoy en términos de las razones para hacerlo.
Materiales y métodos: se presentan los antece-
dentes históricos de la remoción del vello genital, su
manejo en otras culturas, la frecuencia y las razones
por las que se hace en la actualidad, y se revisan las
estrategias comerciales y de comu nicación utilizadas
desde el fin del siglo XIX en la cultura occidental.
Conclusiones: el imaginario actual de belleza
femenina de inicio del siglo XXI implica la
modificación del cuerpo en la búsqueda de un
ideal de piel tersa y libre de vello, solo posible de
manera artificial, haciendo que la sociedad como un
todo lo considere normativo por razones estéticas,
higiénicas, eróticas y de autoimagen.
Palabras clave: vello púbico, imagen corporal,
rasurado genital, remoción del vello corporal,
depilación, feminidad.
CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA Y SOCIAL
DE LA REMOCIÓN DEL VELLO PÚBICO
FEMENINO
Historical and social contextualization of
female pubic hair removal
Luis Alfonso Díaz-Martínez, MD, MSc1
Recibido: abril 22/13 – Aceptado: noviembre 12/13
1 Profesor titular, Departamentos de Pediatría y de Ginecoobstetricia.
Director del Grupo de Investigación Paidós, Escuela de Medicina,
Facultad de Salud, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga,
Colombia. ladimar@uis.edu.co.
ABSTRACT
Objective: To show that female pubic hair removal,
a common current practice, is the result of changing
trends in dress and fashion, and of the marketing
strategies of the manufacturers of hair removal
devices; and to consider what women today argue
as their reasons for this practice.
Materials and methods: The historical
background for pubic hair removal is presented,
including the approach in other cultures, the
frequency and the reasons for this practice at
present; the marketing and communication
strategies used since the end of the 19th in the
western culture are reviewed.
Conclusions: The current female beauty imagery
in this early part of the 21st century involves the
search for an ideal of smooth hair-free skin which
is only achievable through artificial means, leading
society as a whole to consider it the standard for
cosmetic, hygienic, erotic and self-image reasons.
Key words: Pubic hair, body image, genital shaving,
body hair removal, shaving, femininity.
INTRODUCCIÓN
La función biológica del vello púbico está relacio-
nada con la diseminación de las feromonas de las
glándulas apocrinas genitales, y con los fines de
enviar un mensaje visual de fertilidad pues refleja
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maduración sexual (a diferencia de la barba, el vello
púbico no presenta un gran dimorfismo sexual), de
servir de amortiguador y “lubricante seco” durante
las relaciones sexuales, y de proteger los genitales
ante el roce de los vestidos, así como de facilitar
la evaporación de la humedad genital, sobre todo
durante la menstruación (1-3).
El vello púbico es uno de los caracteres sexuales
secundarios que, junto con la telarquia, marcan el
inicio de la pubertad y anteceden a la menarquia (4,
5). Usualmente la pubarquia es posterior a la telar-
quia (6), con diferencias entre grupos poblacionales
diversos, aunque pareciera que estos dos eventos se
dan cada vez más precozmente (7-11).
Contrario a los demás grandes simios, el ser
humano es el único que no presenta abundante pelo
corporal, pero lo preserva en la cara, las axilas y la
región genital, cosa que no ocurre en aquellos. Se
plantea que este fenómeno es producto de la nece-
sidad evolutiva de enfriar mejor el cuerpo al andar
erguido, como resultado de una fase semiacuática
de los homínidos en la que el vello no es buen re-
gulador térmico o como estrategia para reducir la
carga de ectoparásitos (12, 13).
A partir del caso de una niña de 12 años que fa-
lleció en Bucaramanga por una infección generaliza-
da por S. aureus adquirida por una técnica defectuosa
de rasurado genital, surgió la idea de escribir este
documento con el objetivo de demostrar, a partir de
la revisión de la percepción social del vello púbico
femenino a través de la historia, que la remoción
de este es el resultado de los cambios en el vestido
y las estrategias de mercadeo de los fabricantes de
productos para eliminar el vello corporal. Recurri-
mos a revisar en un contexto histórico y cultural el
manejo del vello genital, a describir la frecuencia
de esta práctica y las razones que se argumentan
para hacerlo.
Los aspectos clínicos y la efectividad y seguridad
de las técnicas de remoción del vello genital van más
allá del alcance de este artículo, y si el lector desea
ahondar en este sentido se puede recurrir a la lite-
ratura médica (14-27). En el presente documento se
utilizarán de manera equivalente los términos vello
púbico o genital, refiriéndose al vello que aparece
en la piel del bajo abdomen, el pubis y la vulva.
Esto no es del todo correcto desde la perspectiva
anatómica, ya que el vello estrictamente genital es
el localizado en los labios mayores de la vulva, sin
incluir el vello del monte de Venus (28). Por otra
parte, se debe tener en cuenta que la manipulación
parcial o total del vello genital está inmersa dentro
de las prácticas de modificación del cuerpo, que
no solo incluyen la pilosidad troncular, cefálica y
axial, sino también a los tatuajes, piercings y demás
intervenciones que buscan esto. Por tal razón, en
muchas ocasiones no es posible separar la evidencia,
la información o las perspectivas específicas sobre
la remoción del vello genital de la que existe sobre
la relativa al vello corporal en general (29, 30).
HISTORIA DE LA REMOCIÓN
DEL VELLO GENITAL
FEMENINO
Aunque la eliminación del vello corporal se puede
considerar como un hábito contemporáneo, pare-
ciera que la remoción del vello es inherente al ser
humano desde el principio de los tiempos. Gravados
del antiguo Egipto y de la Grecia clásica presentan
mujeres desprovistas parcial o totalmente de vello
púbico, y hay alusiones a dicha práctica en las co-
medias de Aristófanes (31). Se consideraba que la
remoción del vello reducía las infestaciones pilosas
corporales, con el sentido de que el cuerpo sin pelo
estaba más limpio (32). El poeta romano Ovidio
declaraba que pelo indómito en las niñas era sig-
no de depravación (33). Esto podría dar la idea de
que la remoción pilosa del pubis se ha practicado
en muchas épocas y culturas, pero hay que tener
en cuenta que el arte, prácticamente el único refe-
rente de información de esa época sobre el asunto,
puede reflejar más el pensamiento de sus autores
y la apariencia de sus modelos que las costumbres
de las mujeres de la época. Con todo, al menos en
la cultura occidental derivada de los griegos y ro-
manos, la práctica de la depilación genital era una
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ContextualizaCión históriCa y soCial de la remoCión del vello púbiCo femenino
realidad, fenómeno que se extendió al Medioevo,
en donde los castillos europeos tenían cuartos para
la depilación de las señoras (34).
No hay mayor documentación sobre los hábitos
y las razones para la eliminación del vello corporal
antes del siglo XIX: tan solo un estudio de Fischer
señala que la pilosidad facial masculina en el Re-
nacimiento era fundamental en el reconocimiento
social de los varones adultos (35). A pesar de las
iniciales exposiciones públicas del pubis en el arte
pictórico del siglo XIX, primero y de manera pu-
dorosa en La maja desnuda de Francisco de Goya y
así hasta el summun mostrado por Gustave Coubert
en L`Origine du monde (36), solo hasta 1893, con el
trabajo de Lombroso y Ferrero, se hace la primera
referencia científica del vello genital femenino.
Estos señalaron que la falta parcial o total de vello
pubiano (una característica de la “degeneración” de
las prostitutas italianas), ocurríaen el 28% de ellas
(cosa que no practicaban las mujeres “normales”).
Curiosamente, informan también que el 15% de las
prostitutas tenían una “cantidad viril” de vello púbi-
co, frente al 5-6% de las mujeres “normales” o de las
“criminales” (37). De manera casi simultánea, los
datos de Lombroso y Ferrero fueron corroborados
en 1897 por R. Berhg en Alemania (38), pero sin las
connotaciones morales que los italianos planteaban.
Labre (39) ubica el inicio de la “fascinación” por
la remoción del vello corporal en 1877, cuando la
Asociación Dermatológica Americana da espacio al
estudio y tratamiento de la hipertricosis femenina,
un problema que se percibía como muy frecuente
entre las jóvenes de origen caucásico. Luego, en
los últimos diez años del siglo XIX, en Estados
Unidos se inició una especie de cruzada contra el
vello, quizás como una forma de diferenciar a las
norteamericanas de las inmigrantes europeas que
llegaban masivamente para esa época (40). Esto,
junto con el cambio de la moda femenina que eli-
minó las mangas de los vestidos y subió el ruedo de
las faldas en la Belle Époque, y la escalada publicitaria
de los productos que servían para eliminar los vellos
“indeseados”, generó el concepto general estético
(luego higiénico) de eliminar primero el vello axilar
y luego el de las piernas (30). Para 1922 era posible
conseguir en catálogos de venta por correo nava-
jas de afeitar femeninas y cremas depilatorias que
facilitaban que esta práctica se pudiese realizar en
la íntima comodidad del hogar (41). En 1938, un
“experto” declaró, no sin sarcasmo, que cualquier
pelo femenino distinto al cabello era “excesivo” (42).
Todo lo anterior permite entender la existencia,
en el periodo de entre guerras, de una incesante
búsqueda de métodos “científicos” y permanentes
de eliminación del vello no deseado, hoy consi-
derados como inauditos. Quizás el ejemplo más
bizarro fue el de la depilación con rayos X, a pesar
de saberse desde los primeros años del siglo XX
que era inefectivo y peligroso (43). Este método
se ofrecía a bajo costo en sitios clandestinos (44),
y afectó a muchas mujeres de la clase trabajadora
quienes respondían a la publicidad que clamaba
que dicha técnica era una “oportunidad” para dis-
frutar de promesas reflejadas en el lema de una de
las compañías de la época: “Liberarse del vello no
deseado abre las puertas del disfrute social, siempre
cerradas a aquellos a los que aflige” (42).
Durante la Segunda Guerra Mundial se pidió
a las norteamericanas reducir el diez por ciento
del tejido de sus trajes de baño como un esfuerzo
de guerra, lo que daría nacimiento al bikini. En
este momento, el vello que asomaba por el borde
inferior de la prenda pasó a ser un problema (45).
Así, para el control de los vellos no deseados se de-
sarrollaron técnicas de cortado, rasurado, quemado
y hasta lijado, y en los años sesenta aparecieron las
bandas a base de resina en estuches de depilación
con cera (46).
La remoción del vello corporal a fines de los años
setenta ya era norma, pues todas las mujeres no solo
debían rasurar el vello de sus axilas sino también el
de sus brazos y piernas, lo que para los años ochenta
se tradujo en que la presencia del hirsutismo feme-
nino era vista tanto por hombres como por muje-
res como “no femenina”, “masculina”, e incluso
“monstruosa”. De hecho, uno de los temores más
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grandes de las mujeres era sufrir de crecimiento
incontrolable del vello corporal, aunque la calvicie
femenina era considerada “una anomalía” o como
“repulsiva” (30, 47). Así se entiende por qué dejar
ver el vello púbico más allá del borde del vestido
de baño creaba mucha ansiedad aunque todavía se
le consideraba como parte del ideal femenino del
ser sexualmente deseable. Sin embargo, ya se do-
cumentaba con claridad en el imaginario colectivo
que las mujeres que no eliminaban el vello de brazos
y piernas eran menos sociables, inteligentes, felices
y positivas (40).
Diez años después, la percepción adversa sobre
el vello corporal se había extremado, incluyendo al
vello genital en dicho rechazo, siendo notable que la
percepción indeseable del vello corporal femenino
era mayor entre las mujeres que entre los varones
(47). De esta manera, al menos en la cultura occi-
dental, la eliminación del vello corporal se convirtió
más que en una preferencia personal, en una norma
social enmarcada dentro de la exigencia permanente
de “mejorar” el cuerpo, de tener la apariencia y de
lograr aceptación personal y laboral (48), y es parte
de la idealización artificial del cuerpo femenino
con una piel suave sin vello (29), a semejanza de la
muñeca Barbie (49).
Finalmente, el gran salto hacia la remoción
total del vello genital se dio a principios de los
años noventa con la aparición del “estilo brasile-
ño”, que planteaba a las mujeres, particularmente
a las jóvenes, que podrían lucir bikinis cada vez
más pequeños al eliminar el vello que lo impedía.
Este “estilo” se afianzó con la ayuda de los medios
de comunicación que presentaban testimonios de
usuarias famosas satisfechas, lo que ayudó a dise-
minar por toda Norteamérica esta técnica, convir-
tiéndose en una especie de sucedáneo para obtener
la voluptuosidad, el exotismo y la satisfacción sexual
que, supuestamente, viven las brasileras. En reali-
dad, este “estilo” es un invento norteamericano
dado que para la época de su aparición en Brasil
no se practicaba (39). A todo lo anterior se agregó
el impacto de los medios, como fueron ciertos se-
riados de televisión, por medio de los comentarios
y las actitudes de los personajes, el impulso de la
popular ropa interior tipo tanga, los pantalones
descaderados (39, 50) y el cada vez más fácil acceso
de la pornografía por Internet en la que las actrices
y los actores se muestran con poca, o inexistente,
pilosidad genital (32, 49).
MANEJO DEL VELLO PÚBICO
EN OTRAS CULTURAS
Lo anteriormente expuesto contrasta con lo que
ocurre en culturas distintas a la occidental (49). Por
ejemplo, la ley musulmana recomienda que tanto el
vello axilar como el pubiano deben eliminarse como
parte de la debida limpieza del cuerpo. Así, se logra
la purificación del cuerpo necesaria para alcanzar
la felicidad eterna, junto con la limpieza del alma
y la mente (51, 52). Durante siglos, en el norte de
África y el Oriente Medio se ha utilizado una pasta
acuosa de azúcar caliente, combinada a veces con
zumo de limón, que se extiende sobre la piel y luego
se retira con una tira de tela (45, 53). Esta práctica
suele empezarse justo antes de la noche de bodas
de una mujer con la intención de mostrar que ella
es limpia y pura para su marido (54).
En el Lejano Oriente no es usual la eliminación
de vello pubiano ya que la presencia de este es con-
siderada un signo de maduración sexual, por lo que
su ausencia puede causar incomodidad y estrés en
las mujeres con poco vello pubiano. La presencia
de abundante vello pubiano es usual entre las fémi-
nas de esa región, al punto que son frecuentes las
solicitudes de trasplante de vello al pubis (28, 55).
FRECUENCIA Y RAZONES DE
LA ELIMINACIÓN DEL VELLO
GENITAL EN LA ACTUALIDAD
La remoción del vello pubiano es una práctica fre-
cuente actualmente entre las mujeres. Encuestas
realizadas entre 2005 y 2012, tanto en Estados
Unidos como en Canadá, indican que más del 60%
de las mujeres se han realizado algún tipo remo-
ción del vello pubiano en su vida (2, 27, 48, 56,
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ContextualizaCión históriCa y soCial de la remoCión del vello púbiCo femenino
57). Herbenick y sus colegas han estimado que, en
promedio, en 15 de cada 100 días las norteamerica-
nas remueven parcial o totalmente su vello púbico,
básicamente por medio del rasurado. Esto equivale
a hacerlo cada 7 días (58).
Esta práctica es más frecuente entre las mujeres
caucásicas que entre hispanas o afrodescendien-
tes, también la inician mucho más temprano (en
promedio a los 16,4 años frente a los 17,5 años de
las afrodescendientes y 18,4 años de las hispanas)
(2). También es mucho más frecuente entre las
mujeres jóvenes: del grupo de 18-24 años el 88%
no han realizado alguna intervención sobre su vello
púbico, más del 70% de las adolescentes retiran su
vello genital, un 35% de ellas con una frecuencia
de diez o más veces al mes, las sexualmente activas
remueven de forma rutinaria su vello genital con
más frecuencia que las no activas (90% frente a
54%) (57). De las mujeres de 50 y más años un
52% no lo han realizado en el mes previo y solo el
2% se catalogan como “típicamente libres de vello
(27, 48). La frecuencia de remoción del vello geni-
tal es variable: entre el 15 y el 35% lo hacen solo
para ocasiones especiales (p. ej., ponerse un traje
de baño, una cita médica o como preparación para
la actividad sexual genital); entre el 25 y el 45% lo
remueven al menos una vez a la semana y del 20 al
47% al menos una vez al mes (48, 56).
En general, la práctica de la remoción del vello
genital es igualmente frecuente entre hombres y
mujeres (59). Por otra parte, se ha informado una
mayor proporción de mujeres bisexuales que son
“típicamente libres de vello” (18%), comparada con
heterosexuales (11%) o lesbianas (9%). Este fenó-
meno no se ha identificado en hombres norteam-
ericanos, pues tanto en heterosexuales como en
homosexuales la práctica es similar en frecuencia
y razones para remover el vello genital (60).
Las razones primarias por las cuales las mujeres
manifiestan que retiran su vello pubiano son “el
sentirse más limpias o cómodas” (85%) y porque
consideran que el vello pubiano no es atractivo
(48%) (56). Además, argumentan razones de tipo
normativo, de sensualidad y de limpieza (59). De
hecho, quienes retiran todo el vello genital plantean
con más frecuencia que lo hacen por sentirse más
femeninas dado que “mejora” el atractivo sexual que
experimentan y creen lograr en su pareja, mientras
que el retirar pequeñas cantidades de vello se hace
más por razones normativas de sentirse y mostrarse
como pulcras y aseadas (29).
Hay preferencia por las técnicas económicas de
autocuidado (rasurado o depilado) ya que más del
90% hacen ellas mismas el procedimiento. Cuatro
quintas partes de las mujeres que han removido
alguna vez su vello genital prefieren hacerlo con
máquina y crema de afeitar, una cuarta parte lo re-
cortan con tijeras y una sexta parte han recurrido a
las crema depilatorias o a las bandas de cera (2, 56).
Sin embargo, pareciera que hay un incremento en
la frecuencia de uso de procedimientos definitivos
tipo láser (16, 19, 41).
Las fuentes de información consultadas por las
mujeres sobre las técnicas de remoción del vello
genital son variadas, pero predominan los contac-
tos directos (amigas o familiares, particularmente
hermanas mayores) en más del 80% de las veces,
seguido por televisión (15%), revistas (10%) e In-
ternet (5%) (56, 57). Un 15% de las adolescentes
reconocen haber recibido presión de amigos o
familiares para modificar su cuerpo, incluyendo
remoción del vello genital (57). Paradójicamente, los
padres suelen no saber que sus hijas rasuran su vello
púbico, y cuando se enteran, muchos no reaccionan
de la mejor manera, razón por la cual no hay motivos
para que no siga siendo una práctica oculta (26).
Además de la relación establecida con la edad,
hay una serie de conductas sexuales asociadas con
el tema: la remoción del vello genital tiene un pa-
pel erótico relevante en términos de hacerse más
atractiva durante la conquista o la actividad coital.
Las mujeres que lo remueven todo muestran un
mayor interés por el sexo, practican o reciben con
más frecuencia inserciones digitales en su vagina
o estimulación digital del clítoris, y usan con más
frecuencia productos para la higiene vaginal (58).
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A su vez, estas mujeres dicen haber recibido hasta
cuatro veces más cunnilingus que las mujeres con
menor frecuencia o ausencia de prácticas de re-
moción pilosa genital sin que hayan experimentado
mayor frecuencia de enfermedades de transmisión
sexual (61). Finalmente, es más frecuente que las
jóvenes “típicamente libres de vello” hayan tenido
cinco o más compañeros sexuales en su vida, que
sus prácticas sexuales sean sin un compañero per-
manente o que tengan compañeros sexuales casuales
con mayor frecuencia (56, 58, 61).
La práctica de la remoción del vello genital se
asocia a otro tipo de actividades. Los nadadores
competitivos eliminan su vello corporal y púbico
para permitir que los trajes de baño se adapten a
sus cuerpos y les facilite mejorar su desempeño (62).
Igual hacen ciclistas, halterófilas y fisiculturistas,
aunque en estas dos últimas el peso del componente
estético es mayor (41). A las mujeres que practican
deportes extremos en climas muy fríos, especial-
mente montañistas, se les recomienda rasurar su
área genital antes de emprender cualquier actividad
para facilitar el aseo durante la menstruación (63).
Finalmente, es necesario mencionar que una de
cada cinco mujeres deja de eliminar su vello púbico
por efectos adversos de la técnica empleada (p. ej.,
escoriaciones, erupciones, equimosis o vello que
crece hacia dentro de la piel); otras porque consi-
deran que es una práctica muy problemática, y una
de cada doce deja de hacerlo por no ser activa se-
xualmente y considerar que ya no es necesario (56).
Desde una perspectiva netamente clínica, poco
se ha planteado en cuanto al vello púbico diferente a
la necesidad de removerlo por diversas técnicas para
prevenir infecciones quirúrgicas en el bajo abdomen
o la zona genital, decantándose la evidencia a la
utilidad de reducir la carga de pilosidad que podría
caer en los tejidos expuestos en cirugías, pero sin
que sea necesario rasurar sino tan solo recortar a
uno o dos milímetros de la piel (64, 65).
Aparte de ello, hay dos alusiones aisladas al vello
genital como causal de dos condicionesmuy diferen-
tes. En 1976 se planteó que el vello del introito facil-
itaría la presencia de infección urinaria a repetición
(66). En 2006 se propuso que la prevalencia actual
de la remoción del vello pubiano explicaría la re-
ducción en la incidencia de P. pubis atendidos en los
servicios de enfermedades de trasmisión sexual del
Reino Unido (67). La búsqueda bibliográfica real-
izada no encontró más referencias en la literatura
médica acerca de los dos temas más allá de las que
contienen dichas afirmaciones.
EL RASURADO GENITAL COMO
ESTRATEGIA COMERCIAL
Desde una perspectiva feminista, la remoción del
vello corporal es una norma que contribuye al con-
trol del cuerpo femenino, al reforzar en la mujer la
necesidad de que se sienta limpia, sensual y atrac-
tiva, fortaleciendo el proceso de cosificación sexual
de las mujeres de apariencia infantil, de niña (39).
Este “asalto” con fines netamente comerciales se
ha extendido al sexo masculino con las campañas
publicitarias sobre los hombres “completamente
evolucionados” (y deseables por las mujeres), que
son aquellos que eliminan todo su vello corporal.
Otra estrategia es la enmarcada en el “Libera el
planeta, libera tu piel”, en una clara alusión a la
necesaria conservación del planeta. Es una masiva
y premeditada estrategia comercial de crear la ne-
cesidad de estar permanentemente libres de vello,
vendiendo así los productos y procedimientos que
lo garantizan (29, 65).
En la actualidad hay una gran cantidad de artícu-
los de uso personal (cuchillas y máquinas de afeitar,
manuales y eléctricas), de geles para el afeitado y
de lociones para después de hacerlo; de centros de
estética que realizan depilación temporal con cera
o definitiva con láser, y de sitios web y revistas
populares que ofrecen consejos para depilar el pubis
y productos para hacerlo, tanto para principiantes
como para quienes ya tienen experiencia (26).
Sin duda, la remoción del vello genital continu-
ará extendiéndose entre las nuevas generaciones
por la presión comercial vía las necesidades que
implica ser adolescentes, por lo que nuestro papel
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ContextualizaCión históriCa y soCial de la remoCión del vello púbiCo femenino
como médicos es ayudar a que cada persona realice
(o no) esta práctica con claridad respecto a lo que
significa para su salud física y emocional.
A MANERA DE CONCLUSIÓN EN
PERSPECTIVA
A pesar de que eliminar el vello púbico es la norma
en la actualidad, tanto en mujeres como en varo-
nes, no hay un “estilo” predominante para hacerlo
ni una moda establecida. Dado que el vello está en
constante crecimiento, que cada mujer tiene una
forma y cantidad particular de vello genital, y que
es necesario estarlo removiendo, es verosímil que
tal “estilo” de vello púbico sea un concepto y una
práctica maleable que seguirá cambiando por diver-
sos motivos, usualmente no relacionados con salud,
pero sí con gran impacto en el comportamiento, la
psiquis y la economía de las personas (68).
Es más lo que ignoramos que lo que sabemos,
razón por la cual es necesario resolver algunas inqui-
etudes en el futuro. Entre ellas están el dimensionar
la prevalencia y las razones para realizarla en nuestro
medio; cuantificar la frecuencia de problemas clíni-
cos de ella derivados; definir los mecanismos por
los cuales se transmite la información a fin de esta-
blecer estrategias eficientes para que la información
adecuada llegue a todas las personas; o establecer
los cambios que ocurren en la flora genital a partir
de las diversas técnicas empleadas. Hay mucho por
entender y por hacer.
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Conflicto de intereses: ninguno declarado.
Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología Vol. 64 No. 4 • 2013
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Conflicto de intereses: ninguno declarado.
... Genital hair is one of the secondary sexual traits that alongside with thelarche marks the beginning of puberty 1 . From a social and sexual perspective, it is believed that pheromonal signaling, through dense apocrine sweat glands in the pubic area, serves as a communication method to improve attractiveness 2 . ...
Article
Full-text available
Genital hair is one of the secondary sexual traits that marks the beginning of puberty; its removal has been part of human culture since ancient times. This practice may lead to modifications in vaginal microbiome with potential repercussions on skin health and balance. We conducted a narrative review with the purpose of describing normal skin microbiota, its impact under microenvironment changes and genital hair removal. Menses, pathological conditions and pubic hair removal may alter vaginal microbiota, being the latter of special relevance giving the risk of hair microtrauma, irritations and potential spread of infectious agents.
Article
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In the past few years, the Brazilian bikini wax—a procedure involving the removal of hair from women's genital area—has become the subject of substantial media attention. From HBO's Sex and the City to popular magazines and in several Web sites, the Brazilian wax has been described as the latest craze among Hollywood stars. This article explores the Brazilian wax practice from a feminist perspective. Like the removal of hair from other body parts, the Brazilian wax is being promoted by consumer capitalism—particularly through beauty salons, popular magazines, and Web sites—as a way for women to increase their attractiveness and sexuality. Notably absent from media coverage are critical views of this practice and its potential repercussions, including its contribution to the sexual objectification of girls and women and to the social construction of women as childlike.
Article
This exploratory, descriptive study investigated the motivations and practices behind the phenomenon of pubic hair removal among women. A final sample of 660 women aged 16-50 years who had ever removed their pubic hair completed surveys asking about their reasons for, methods of, and side effects associated with this practice. Based on their usual practices for areas of hair removal, bikini line was reported by about 50% of participants and whole pubic area by about 30%. Shaving, salon waxing, and trimming with scissors were the most common usual methods although many more reported having ever tried more than one of these or other methods. Appearance in a bathing suit was the most common reason given for pubic hair removal followed by feeling attractive and by the notion that pubic hair removal is cleaner. Side effects ever experienced were common and included razor bump and ingrown hairs but also rash, pimples, and cuts among other less common types of pubic skin traumatization. Further research is proposed to better understand the social constructs of pubic hair removal and to develop best practice guidelines for health professionals in relation to this phenomenon.
Article
A major component of “femininity” in the United States today is a hairless body, a norm that developed in the United States between 1915–1945. Little has been written regarding the development of this norm, and virtually no empirical research has been done to assess how universally ascribed to is this standard or why women actually remove their leg and underarm hair. More than 200 women from two national professional organizations responded to a mailed questionnaire (response rate 56%). The majority (around 80%) remove their leg and/or underarm hair at least occasionally. Two types of reasons for shaving emerged: feminine/attractiveness reasons and social/normative reasons. Most women start shaving for the latter reasons but continue to shave for the former reasons. Certain groups, however, were least likely to remove leg and/or underarm hair: strongly feminist women and self-identified lesbians. The results of the study are discussed in terms of the function the hairlessness norm may serve in our culture.
Article
This study examines college students' attitudes toward and perceptions of a woman with body hair as a function of respondent gender and feminist attitudes. Participants reacted to a video of a White woman either with or without visible leg and underarm hair. Results supported the hypothesis that a woman with body hair will be seen as less sexually and interpersonally attractive than the same woman without body hair. Specifically, the woman with body hair was viewed as less sociable, intelligent, happy, and positive, and as more aggressive, active, and strong. Attitudes toward feminism predicted attitudes about body hair in general, which in turn predicted reactions to the model with body hair. Despite the fact that women students had more positive attitudes about body hair and more feminist attitudes than their male counterparts, there were no gender differences in reactions to the model with body hair. Implications regarding this pervasive cultural norm are discussed.
Article
This study aimed to investigate the frequency andmeaning of the removal of body hair in women.Participants were 129 female university students (meanage = 22.3 years) and 137 female high school students (mean age = 14.3 years). Almost all (>95%)were Caucasian. It was found that, as predicted, the vastmajority (92%) of women remove their leg and/or underarmhair, most frequently by shaving. This was irrespective of their feminist beliefs, but wasnegatively related to self-esteem in university students.The reasons cited for hair removal were primarilyconcerned with a desire for femininity andattractiveness. However, the reasons provided for starting toremove body hair differed between the groups, in thatthey were relatively more normative for the universitystudents than for the high school students. It was concluded that women's stated reasons forstarting the practice of hair removal reflectprimarilytheir vantage point as an observer. In fact, removingbody hair is a practice so normative as to go mostly unremarked, but one which contributessubstantially to the notion that womens' bodies areunacceptable as they are.
Article
This essay contributes to recent calls to "desegregate" the subjects of race and technology and interrogate technology as a tool that has historically made racial hierarchies possible. It considers the false reporting of "successful experiments" employing X rays and radium to whiten black skin in 1903 and 1904 as attempts by whites to exorcise the threats that these new technologies posed to established categories of race and racial superiority. It asks not why such experiments occurred, but rather why whites across the country believed they did. By analyzing the rhetorical coverage of these events and placing them in the context of contemporary fantasies about the power of X rays and radium, the piece argues that the degree to which we accept technologies depends, at least in part, on the ability of groups in power to reject the uses or effects of those technologies that might challenge accepted cultural "truths."
Article
Background: Perioperative complications are a major source of morbidity, mortality, and expenditures in health care. Many of these complications are preventable with simple, cost-effective measures when implemented in a standardized manner. Surgical specialties are increasing efforts to implement standardized and easily monitored measures to reduce perioperative complications. Methods: The recommendations provided by the U.S. Department of Health and Human Services and published by the Joint Commission on Accreditation of Healthcare Organizations were summarized as they pertain to plastic surgery. A review of recent plastic surgery literature was pursued to evaluate these recommendations as they pertain to the specialty. Results: Measures exist to reduce the incidence of perioperative infection, venous thromboembolism, and mortality associated with cardiac events. These measures include type and timing of prophylactic antibiotics, maintenance of perioperative normothermia, appropriate hair removal, early discontinuation of urinary catheters, appropriate venous thromboembolism prophylaxis, and use of preoperative beta-blockers. Conclusions: As national quality measures are implemented across an increasing number of specialties, the expansions will likely affect plastic surgery. These measures are evidence based and validated across a diverse group of surgical specialties, resulting in improved measured outcomes. Plastic surgeons would benefit by actively providing leadership as these and similar measures are implemented.