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Es conocido que los ácidos grasos, desde la etapa perinatal, están involucrados en un crecimiento saludable. La trasferencia lipídica se inicia a través de la placenta y posteriormente a través de la leche materna. Por ello siguiendo las recomendaciones de la SENC, una dieta con aceite de oliva componente esencial de la dieta mediterránea, es esencial para la madre la cual debe ingerir entre 3 y 6 raciones diarias de aceite de oliva, durante el embarazo así como en el periodo de lactancia. Transcurridos los 6 meses de vida, incorporada la alimentación de continuación y siguiendo recomendaciones de la AEP, es cuando se debe introducir una cucharada (<10 ml) de aceite de oliva virgen extra al puré de verduras y carne. Con ello se consigue aumentar la calidad organoléptica del puré, además de aportar al bebe ácido oléico junto con tocoferoles y compuestos fenólicos antioxidantes. Es partir de los dos años de vida tanto en la etapa preescolar, como ya en la escolar, cuando se reducirá la ingesta de grasas al 30% pero con un 15% de ácidos grasos monoinsaturados, es decir 3-4 raciones diarias de aceite de oliva. Para finalizar, incidir en que estas recomendaciones deben ser practicadas tanto en el ámbito familiar, como en el educativo y en particular en los comedores escolares, sin olvidar la labor de los laboratorios e industrias de alimentos infantiles.
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FORO DE LA ALIMENTACIÓN, LA SALUD Y EL ACEITE DE OLIVA: SAL-11
EL ACEITE DE OLIVA EN LA ALIMENTACIÓN INFANTIL
Javier Cubero1,2, Florentina Cañada1, Emilio Costillo1, Lourdes Franco2, Rafael Bravo2, Montserrat
Rivero3, Carmen Barriga3
1Laboratorio de Educación para la Salud. Facultad de Educación. UEx. Badajoz.
2Grupo de Investigación Neuroinmunofisiología y Crononutrición. Facultad de CC. UEx. Badajoz.
3Director Científico. Departamento de I+D+i. Grupo Ordesa. Barcelona.
ABSTRACT
Es conocido que los ácidos grasos, desde la etapa perinatal, están involucrados en un crecimiento saludable. La
trasferencia lipídica se inicia a través de la placenta y posteriormente a través de la leche materna. Por ello siguiendo las
recomendaciones de la SENC, una dieta con aceite de oliva componente esencial de la dieta mediterránea, es esencial
para la madre la cual debe ingerir entre 3 y 6 raciones diarias de aceite de oliva, durante el embarazo así como en el
periodo de lactancia. Transcurridos los 6 meses de vida, incorporada la alimentación de continuación y siguiendo
recomendaciones de la AEP, es cuando se debe introducir una cucharada (<10 ml) de aceite de oliva virgen extra al
puré de verduras y carne. Con ello se consigue aumentar la calidad organoléptica del puré, además de aportar al bebe
ácido oléico junto con tocoferoles y compuestos fenólicos antioxidantes. Es partir de los dos años de vida tanto en la
etapa preescolar, como ya en la escolar, cuando se reducirá la ingesta de grasas al 30% pero con un 15% de ácidos
grasos monoinsaturados, es decir 3-4 raciones diarias de aceite de oliva. Para finalizar, incidir en que estas
recomendaciones deben ser practicadas tanto en el ámbito familiar, como en el educativo y en particular en los
comedores escolares, sin olvidar la labor de los laboratorios e industrias de alimentos infantiles.
Keywords: aceite, educación, salud, alimentación infantil.
LOS ÁCIDOS GRASOS EN LA NUTRICIÓN INFANTIL
Se considera acido graso un tipo de lípido que contiene una cadena de átomos de carbono cuya longitud y
grado de saturación puede variar. Si su clasificación radica en su longitud los podemos dividir en ácidos
grasos de cadena corta y media (TCM) que comprenden desde C4 al C12. Los ácidos de C8 y C10 son
denominados de cadena media puediendo llegar a estar formados por 12 C, y por último los denominados
ácidos grasos de cadena larga son los que poseen una longitud a partir de C12-14.
Cuando estas cadenas de átomos de carbono son ocupadas con átomos de hidrógeno se habla entonces
de un ácido graso saturado. De lo contrario hablamos de ácido graso poliinsaturado (PUFA) cuando dos o
más posiciones de la cadena de átomos de carbono no están saturados de átomos de hidrógeno. Son en
este grupo de ácidos grasos poliinsaturados donde se encuentran los denominados ácidos grasos
esenciales, como es el caso del trascendental linoleico, además de linolénico y araquidónico. A su vez
indicar que acido graso monoinsaturado es en el que una posición de la cadena de átomos de carbono esta
insaturada y esta falta de dos átomos de hidrógeno es suplida por un doble enlace, dentro de este último
tipo de monoinsaturados es donde queda clasificado el importante ácido oleico o 9, el cual se encuentra
formado la mayor parte del saludable aceite de oliva junto a poliinsaturados como es el caso del acido,
esencial, linoleico aunque su proporción es menor (1).
Durante la vida intrauterina existen una gran demanda anabólica de ácidos grasos esenciales y no
esenciales por parte de los tejidos fetales, respectivamente para la formación de membranas celulares y del
incremento de tejido adiposo. Toda esta transferencia lipídica, ya que el hígado fetal aún no está
desarrollado, se realiza a través de la placenta de la madre y de la cual son fuente los glóbulos rojo
maternos (2) así como los esenciales a través de la dieta de la madre. Así los ácidos de cadena larga, van a
estar involucrados en el desarrollo del sistema nerviosos y en particular en el desarrollo cerebral, a través
de del acido araquidónico y los fosfolípidos, así como en la formación de la retina.
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Por ello una dieta equilibrada y rica en ácidos grasos esenciales, a través de pescado, marisco y aceites de
origen vegetal es determinante a través de la madre para un correcto desarrollo perinatal del bebé. Dicha
pauta dietética en la madre, debe de ser entre 3 y 6 raciones diarias de aceite de oliva según
recomendación de la SENC, durante las etapas de embarazo y lactancia natural (3). En el caso de
lactancia artificial, con formulas adaptadas (4), indicar que estas formulas lácteas infantiles de inicio y de
continuación deben mantener un correcto perfil lipídico, y entre los cuales como componente imprescindible
se deben encontrar los esenciales ácidos grasos poliinsaturados, además de ácidos grasos de cadena
media corta (MCT) cuyo digestibilidad y aporte energético es de mayor calidad y cantidad (5 y 6).
Está recomendado para etapas posteriores del crecimiento, tal y como recogen numerosos expertos en
alimentación infantil entre los que destacamos Ballabriga y Carrascosa (1), reducir a partir de los 2 años la
ingesta total de grasas al 30% total de las calorías, (proteínas al 10-15% y carbohidratos al 50-55%), con un
10% de monoinsaturadas, un 10% de poliinsaturadas y un 10% de grasas saturadas; presentes en las
grasas animales (carne y leche) sin olvidar que existen grasas saturadas vegetales en el aceite de coco y
de palma. En España y en otros países mediterráneos, dado el extenso uso del aceite de oliva, principal
fuente de ácidos grasos monoinsaturados, se podría aceptar una mayor proporción de aporte de grasas (35-
40%) con la siguiente distribución: ácidos saturados 7-10%, poliinsaturados igual o menos del 10% y
monoinsaturados 15-20%.
Pero siempre sin olvidar, que la grasa debe aportar el 30% de las calorías de la dieta ya que dietas con
muy bajo contenido en grasas se asocian a un retraso del crecimiento, siendo el acido oleico una opción
eficaz como fuente de energía, reemplazando a la grasa saturada animal (7). Dieta a la que siempre se
añadirá ácidos grasos poliinsaturados los cuales podemos encontrar principalmente en el pescado, marisco
y aceites vegetales de girasol, maíz y soja, así como pero en menor proporción en el aceite de oliva.
EL CONSUMO DE ACEITE DE OLIVA, ALIMENTO ESENCIAL DE LA DIETA MEDITERRÁNEA, EN LA
INFANCIA
La dieta mediterránea modelo dietético originario del sur de Italia, con obvias diferencias nutricionales a lo
largo de la ribera del Mediterráneo, ostenta como principal signo de identidad al aceite de oliva, aportando
así un alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados y un bajo consumo de grasa como fuente de
energía.
Dicha dieta, avalada científicamente, se basa en el consumo de vegetales, cereales, pasta, frutas y aceite
de oliva como aporte principal de grasas, así con un moderado consumo de pescado y bajas cantidades de
leche y carne, la cual debe ser mantenida y defendida dentro del estilo de vida saludable y en particular en
la etapa de crecimiento infantil.
Reseñando el efecto saludable que ejercer una la dieta con aceite de oliva sobre el perfil lipídico del recién
nacido pretérmino, influyendo positivamente en los niveles de colesterol y en el índice de monoinsaturados,
así como en la composición lipídica de la membrana de los eritrocitos (8).
Según recomienda la Asociación Española de Pediatría (AEP), a partir del 6 mes ya implantada la
alimentación complementaria previamente con cereales infantiles y purés de fruta, se introducirá en la dieta
del bebé hortalizas y verdura, comenzando con patatas y zanahorias. Es este momento cuando, por primera
vez, se incorporará a la dieta del bebé una cucharada sopera (10 ml) de aceite oliva virgen extra a dicho
puré de verduras así como al de carne, lo que mejorará las características organolèpticas en particular el
sabor y el flavor, optimizando la palatabilidad (9 y 10).
A partir de este momento el aceite de oliva deber ser parte imprescindible en la dieta en la etapa preescolar,
escolar, y se empleará cuando se realice la fritura del alimento, ya que el aceite de oliva es el que menos
penetra en la fritura, así como componente insustituible en el aliño de ensaladas, recomendándose de 3 a 4
raciones al día (ración=cuchara sopera=10 ml), tal y como se muestra en la pirámide alimenticia de la figura
1., (11). Indicar que los niños de 2 y 3 años de edad necesitan el mismo número de raciones que los de 4 a
6 años (9), pero serán más pequeñas (2/3 de la ración).
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Además, en esta etapa de crecimiento infantil incluida la etapa adolescente, desde el punto vista dietético
también se aconseja eliminar la grasa visible al preparar el alimento, consumir preferente carnes y pescados
magros, asar y cocer alimentos y emplear aceite de oliva en lugar de mantequilla y margarina fuente de las
denominadas grasa insaturadas trans, perjudiciales para los niveles de colesterol. Así mismo, debe limitarse
el consumo de productos de bollería industrial elaborado con grasas saturadas.
Para finalizar, y dado que los niños consumen un importante porcentaje de alimentos fuera de casa, estas
recomendaciones deben ser consideradas y llevadas a la práctica en el ámbito educativo y en particular en
los comedores escolares. Sin olvidar la labor de los laboratorios y de la industria de alimentos infantiles los
cuales tienen la terea profesional de investigar y desarrollar alimentos, con bajo contenido en grasa
saturada y con una adecuada información en las etiquetas de los productos a fin que los padres, profesores
y niños puedan identificar correctamente el contenido de todo el tipo de grasas.
CONCLUSIÓN
Una dieta con aceite de oliva componente esencial de la dieta mediterránea, es esencial para la madre
durante el periodo de embarazo como de lactancia, la cual debe ingerir entre 3 y 6 raciones diarias (10
ml/ración) de aceite de oliva. Es a partir de los 6 meses de vida del bebé, con la alimentación de
continuación y siguiendo recomendaciones de la AEP, cuando se debe introducir una cucharada (10
ml/cucharada) de aceite de oliva extra virgen al puré de verduras y carne. Incrementándose en la etapa
escolar a 3-4 raciones diarias.
Para finalizar, queremos incidir en que estas recomendaciones deben ser practicadas tanto en el ámbito
familiar, como en el educativo y en particular en los comedores escolares, sin olvidar la labor de los
laboratorios e industrias de alimentos infantiles.
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Figura 1. Tomado de Gonzalez-Gross y cols. The “healthy lifestyle guide pyramid” for children and adolescente.
Nutr Hosp 2008. 23(2):159-168.
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Article
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Docosahexaenoic acid [22:6(n-3); 22:6(4,-7,10,13,16,19) (DHA)] is required in quantity by the developing nervous system of the fetus. This need could be met through synthesis of DHA from linolenic acid in the fetus or through placental transfer of DHA directly. To study the placental transfer of n-3 fatty acids, we obtained umbilical and maternal blood samples from 26 healthy women and infants at parturition and measured the fatty acid composition and content of both plasma and erythrocytes. A striking finding was a considerable venous-arterial difference for DHA in the umbilical erythrocytes as a proportion of total fatty acids and in absolute concentration. This difference of 2.2 micrograms per billion erythrocytes was 6 times larger than the difference in fetal plasma, when the plasma and erythrocyte concentrations were normalized to whole blood. Most other erythrocyte fatty acids showed a similar trend. In umbilical plasma, significant venous-arterial differences were found for 16:0, 16:1, 18:2, and total saturated fatty acids. There was a similar trend for most other plasma fatty acids. Compared with maternal blood, fetal plasma and erythrocytes had higher levels of 20:4 and DHA and lower levels of 18:2 and 18:3(n - 3) fatty acids as a proportion of total fatty acids. These results suggest that erythrocytes play a major role in the necessary transport of the essential fatty acid DHA into the fetus.
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Feeding formulas for premature infants often contain medium-chain triacylglycerols (MCTs). However, previous studies in animals and adults showed that MCTs may decrease food intake. The objectives were to determine in hospitalized premature infants whether food intake is modified by dietary MCT supply and to assess the effects on thermoregulation and sleep, which are involved in the regulation of energy metabolism and in the optimal physiologic development of the neonates. Food intake, body mass, and nutritional efficiency during 3 consecutive days were compared in 2 groups of neonates according to the fat composition of their feeding formula [MCT group: 37% MCT, 63% long-chain triacylglycerols (LCTs); LCT group: 100% LCT]. On the third day, sleep and metabolic rate were recorded in the morning during an interval between meals. Regardless of day, energy intake was greater in the MCT group than in the LCT group (x difference: 67.3 kJ x kg(-1) x d(-1); P = 0.007). Metabolic rate (1.8 mL x min(-1) x kg(-1); P < 0.001), cheek skin temperature (0.31 degrees C; P = 0.04), and total sleep time (52 min; P = 0.01) were also higher in the MCT group. The ratio of MCTs to LCTs in neonates' feeding formulas can modify physiologic functions involved in energy-balance regulation.
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Increasing evidence demonstrates that risk factors for chronic diseases are established during childhood and adolescence. Consensus about the need to increase prevention efforts makes the adoption of a healthy lifestyle seem desirable from early childhood onwards. After reviewing educational tools for children and adolescents aimed at promoting a healthy lifestyle, it was recognized that there was a need to develop a simple educational tool specifically designed for these age groups. Development of the healthy lifestyle pyramid for children and adolescents. We propose a three-dimensional, truncated and staggered pyramid with 4 faces and a base, which introduces a completely new concept that goes beyond other published pyramids. Each of the faces is oriented towards achieving a different goal. Two faces (faces 1 and 2) are formulated around achieving a goal on a daily basis (daily food intake, face 1, and daily activities, face 2). Face 3 is an adaptation of the traditional food guide pyramid, adapted to children's energy, nutritional and hydration needs. Face 4 deals with both daily and life-long habits. On the base of the pyramid, there is advice about adequate nutrition alternating with advice about physical activity and sports. The Healthy Lifestyle Pyramid is specifically developed for children and adolescents according to current scientific knowledge and evidence-based data and includes easy-to-follow advice and full colour pictures. Following these guidelines should improve health and reduce risk factors, promoting enjoyable and appropriate development towards adulthood.
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Sleep processes and body temperature regulation of neonates are never taken into account in the evaluation of nutrients, although these functions are implicated in the regulation of energy metabolism and are influenced by the nutritional state and its metabolic consequences. Medium-chain triglycerides (MCT) are currently used in paediatric units during the first weeks of because they are considered to be a rapid source of energy, easy to assimilate for growing premature infants, whose digestive function is immature. However, no study has described the thermic effect of these nutrients on body temperature regulation and sleep. The present study aimed at analysing the influence of three feeding formulas with different content of MCT on sleep processes and on thermoregulation of neonates fed until desired intake was reached. Whatever the thermal conditions (thermal equilibrium or cool environment), the MCT-fed groups had higher body temperatures and than groups fed without MCT, for whom total sleep time was reduced at thermal equilibrium. In this group, the large amount of quiet sleep seems to favour a strategy of conserving energy. Higher energy expenditure in MCT-fed groups is not harmful to growth rate since nutritional efficiency is even better reflected by a larger body mass gain. The thermic effect of MCT contributes to lessening the vulnerability of neonates exposed to low incubator temperatures.
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: New olive oil-based (OL) lipid emulsions (olive:soy oil = 4:1) have lower polyunsaturated fatty acid (PUFA) (20% vs 60%) and higher vitamin E content (an antioxidant) compared with traditional soybean oil (SO) emulsions. : Compare efficacy and safety of OL with SO emulsions in preterm neonates (<28 weeks) at high risk for oxidative stress. : Preterm neonates (gestation 23-<28 weeks) were randomised to receive OL or SO emulsion for 5 days using a standard protocol in a tertiary perinatal centre (King Edward Memorial Hospital for Women, Perth, Western Australia). Investigators and outcome assessors were masked to allocation. Plasma F2-isoprostanes (lipid peroxidation marker), plasma, and red blood cell fatty acids were measured before and after the study. Safety was monitored by liver function tests. : Forty-four of 50 participants (OL-23, SO-21) completed the study. Both emulsions were well tolerated with no significant adverse events. F2-isoprostane levels were comparable at baseline and study end. Oleic and linoleic acid levels were significantly high on day 6 in OL and SO groups, respectively. Long-chain PUFA levels were similar between groups despite the lower PUFA content of OL. The olive oil-based group had significantly higher levels of C18:4n-3, suggesting Delta6-desaturase enzyme inhibition in the SO group. : Olive oil-based emulsion was safe and well tolerated by preterm neonates. Similar long-chain PUFA levels were achieved in the OL group despite significantly lower amount of PUFA content; however, there was no difference in lipid peroxidation (F2-isoprostane levels). Large trials are needed to confirm these benefits.
Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC)
  • Guía De La Alimentación Saludable
Guía de la alimentación saludable. Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Dapcich y cols. Editorial SENC. Madrid. 2004.
  • Nutrición En Atención Primaria
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Ballabriga A. y Carrascosa A. Nutrición en la infancia y la adolescencia. 2001. Editorial Ergón. Barcelona.
Comité de Nutrición de la Sociedad Española de Pediatría
  • Manual Práctico De Nutrición En Pediatría
Manual Práctico de Nutrición en Pediatría. Comité de Nutrición de la Sociedad Española de Pediatría. 2007. Editorial Ergón. Madrid.