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Heroína en España, 1977-1996. Balance de una crisis de drogas

Authors:
Heroína en España, 1977-1996.
Balance de una crisis de drogas
Juan F. Gamella
1
.
Departamento de Antropología
Universidad de Granada.
Introducción.
En la España constitucional ha tenido lugar una crisis de drogas notable
por su intensidad, por sus múltiples consecuencias y por el número de
personas afectadas. Es probable que en este período se haya producido la
transformación más rápida y radical en el uso y percepción de las drogas
psicoactivas en nuestra historia.
Esta "crisis" ha venido provocada primariamente por la pida expansión
de una forma de politoxicomanía centrada alrededor del consumo habitual y
compulsivo de heroína, sobre todo por vía intravenosa, que en unos años se
extendió masivamente, hasta convertirse en un problema de salud pública y de
control social, mayoritariamente percibido como tal por la población.
Dentro de un modelo de las crisis de drogas modernas, plantearemos
aquí sucintamente un esquema de la evolución y construcción de este
problema social y de su institucionalización en nuestro país, repasando algunas
de las secuelas que derivan de ese proceso, sin duda el más cargado de
consecuencias de todos los asociados al uso de drogas ilícitas en la España
contemporánea.
Crisis de drogas.
Entendemos por crisis de drogas una transformación radical en la forma
en que ciertas drogas psicoactivas son usadas, distribuidas y percibidas en una
sociedad determinada. Cuatro procesos interrelacionados definen una crisis de
drogas:
1. La rápida expansión de formas de alta intensidad de
consumir ciertas drogas previamente desconocidas o
minoritarias. Las nuevas pautas de consumo intensivo y
compulsivo pueden involucrar nuevas sustancias o nuevas
1
1
El autor mantiene todos los derechos correspondientes a este texto, incluida
su publicación parcial o total en otro lugar.
formas de usar sustancias antes conocidas, pero suponen
siempre una novedad cultural, faltando modelos consensuados e
intergeneracionales de consumo y de control del uso (Zinberg
1984).
2. La generación de una intensa alarma social por esos consumos
y sus consecuencias que, a menudo, supera el nivel de los
pánicos morales analizados por Cohen (1972) y por Goode y Ben-
Yehuda (1994). Las nuevas formas de uso de drogas se perciben
como problemas sociales urgentes, es decir, amenazas para el
orden social que requieren la intervención del poder político y que
provocan una institucionalización de las formas de combatirlo y
la aparición de organismos y agencias específicamente dedicados
a atender, remediar o erradicar "el problema". Temas tales como
la persecución penal del comercio o la sanción legal de algunos
consumos son instaurados o reforzados y, como resultado, las
libertades individuales suelen restringirse. La alarma pública
puede preceder la expansión de las nuevas pautas y ayudar a
promoverlas entre ciertos grupos.
3. El crecimiento de una nueva economía más o menos informal o
ilegal dedicada a la producción y distribución de drogas, que
genera un salto en la disponibilidad de las nuevas sustancias.
La generación de ese mercado informal o ilegal tiene profundas
consecuencias políticas y económicas algunas de carácter
internacional (ver Ruggiero y South 1995; Scott y Marshall 1991;
Moore 1977; Reuter y Kleiman 1986). En paralelo a la economía
informal o ilegal de las drogas suele crecer e institucionalizarse el
sector gubernamental dedicado a "combatir" o reducir esa
economía (Dorn, Murji y South 1992).
4. El desarrollo de un problema de saludblica que deriva de un
daño sanitario masivo y cuantificable que en las sociedades
desarrolladas puede generar una crisis sanitaria. Las crisis de
drogas derivan en procesos que se contemplan y acometen como
epidemias o crisis de salud pública. La expansión de las nuevas
formas de uso de drogas supone importantes riesgos y daños
para la salud de muchos usuarios no sólo por la farmacología de
las drogas en sí, sino también por la forma en que son utilizadas,
algo en lo que influye directamente su status legal y social.
Estos cuatro procesos están siempre abiertos a esas formas de
amplificación y realimentación estudiadas por Cohen y Young (1981) en
cuanto a la información, la alarma y la urgencia asociada al problema y a la que
contribuyen diversos líderes de opinión pública y diversos "emprendedores
morales". Por ejemplo, la ilegalidad de las drogas consumidas tiende a
incrementar sus precios, criminaliza a los usuarios, torna más peligrosas las
pautas de uso y hace, por lo tanto, más negativa la visión de las drogas y sus
usuarios en uno de los varios "círculos viciosos" y profecías de
autocumplimiento que caracterizan el fenómeno a distintos niveles (Lettieri et
al. 1980).
Las crisis de drogas, sin embargo, no son sólo construcciones
ideológicas ni ejemplos de ilusiones colectivas como algunas "olas de
criminalidad" o "pánicos morales" estudiados en diversos países (Fishman
1978; Cohen 1972), sino cambios en la conducta de diversos grupos que
provocan una convicción generalizada de que la acción colectiva es necesaria
para controlarlos. Las crisis se delimitan, definen y consolidan cuando su
institucionalización se hace evidente porque se promulgan leyes o se crean
organismos específicos para combatir o remediar el "desorden".
Las crisis de drogas reflejan dos hechos conocidos y recurrentes: que a
menudo "una droga parece ser más adictiva en una sociedad o período
determinados que en otros" (Peele 1985:72) y que el "abuso de drogas" tiende
a construirse (darse y percibirse) en forma de "epidemias" o ciclos, con claros
ascensos y descensos, y no de forma gradual o constante, algo que tiene
obvias razones demográficas, culturales y hasta económicas.
No todos los ciclos de aumento de consumo de nuevas drogas generan
crisis tal y como las definimos aquí, incluso en los casos en que se genera una
intensa alarma social. A menudo la alarma no corresponde con un verdadero
problema de salud colectivo y perceptible, y a veces la institucionalización no
se consolida. Esos procesos se parecens a esos ciclos de ilusión o engaño
colectivos que observamos en los "pánicos morales" y en las "cazas de brujas"
que abundan en la historia colectiva de casi todas las sociedades complejas.
La historia moderna ofrece varios ejemplos de crisis de drogas:
1. La crisis de la ginebra en Inglaterra, entre 1720 y 1758.
2. La crisis del opio en China, de 1799 a 1949.
3. La crisis de las anfetaminas en el Japón de la posguerra, entre
1945 y 1955.
4. Las "epidemias" de heroína en EEUU, entre 1969 y 1977
2
.
5. La crisis de la cocaína y sobre todo del "crack" en EEUU, entre
1978 y 1992.
2
2
Que afectó también a ciudadanos norteamericanos en otros países, como
muchos de los soldados destinados en Vietnam (ver Robins 1974).
6. La expansión del consumo de heroína en Europa entre 1978 y
1992.
Las crisis de drogas son a menudo síntoma o resultado de crisis sociales
más amplias. Tienden a ocurrir en terrenos fértiles, en intersecciones decisivas,
críticas, cuando otros muchos cambios sociales se suman y refuerzan, aunque
acaban convirtiéndose en problemas primarios con su propia dinámica.
La crisis de la heroína en España: 1977-1992.
En España en las últimas décadas hemos vivido una crisis de drogas
provocada por la rápida expansión de una forma de politoxicomanía centrada
alrededor del consumo habitual y compulsivo de heroína. De una práctica casi
inédita, que antes sólo se encontraba en los libros, películas y discos
extranjeros, el uso intravenoso de heroína y otras drogas
3
así como sus
secuelas habituales, han pasado a convertirse en aspectos rutinarios de la vida
de nuestros pueblos y ciudades y, como en la previa crisis norteamericana de
la que ésta ha tomado prestados muchos elementos, en una importante fuente
de "inquietud social, delincuencia e histeria pública" (Zinberg 1984: x).
Etapas de la crisis.
Todos los datos a nuestro alcance apoyan la tesis de que antes de 1976
el consumo y comercio de heroína eran casi desconocidos en España
4
, aunque
había morfinómanos yatrogénicos de edades y características distintas a las de
los futuros heroinómanos callejeros (véase, por ejemplo, González Duro 1979).
Mientras que en el verano de 1978, los consumidores de heroína en España
podían aún contarse por decenas o, a lo sumo, por centenares, en 1982 había
ya en España decenas de miles de jóvenes que había aprendido a inyectarse
opiáceos que conseguían en un creciente mercado negro, y que se
consideraban a mismos adictos a la heroína. Hablamos de opiáceos y no
sólo de heroína, porque muchos futuros "heroinómanos" se iniciaron en la
práctica endovenosa usando otras substancias, a menudo obtenidas en
farmacias (ver Gamella 1991; 1993).
3
3
Entre ellas, la cocaína, que ha sido siempre bastante popular entre los
heroinómanos europeos y norteamericanos, o algunas benzodiacepinas (como el
flunitracepam) y crecientemente ciertos opioides sintéticos usados en sustitución,
complemento y a veces con preferencia a los opiáceos.
4
4
Lo que había crecido considerablemente en esa fecha era el uso de derivados
de la Cannabis (especialmente hachís marroquí), que había contribuido a
transformar la cultura juvenil desde los primeros años setenta (Romaní 1983a,
1983b).
La expansión de la heroinomanía en España tuvo su primera fase en los
años 1977 y 1978, cuando los primeros yonquis se hicieron visibles y la
atención pública se concentró por primera vez en el uso local de esa droga. La
expansión alcanzó niveles "epidémicos" en la segunda fase, entre 1979 y 1982,
para llegar a su cénit en la tercera, entre 1983 y 1986, en unas condiciones
político-jurídicas específicas
5
, que produjeron la definitiva institucionalización
del problema.
Desde 1987 la crisis entró en una nueva fase, disminuyendo el número
de nuevos usuarios, mientras crecían la morbilidad y mortalidad de los
heroinómanos a consecuencia de sus formas de vida, así como por la
expansión del SIDA. En esta fase se extendió el uso de heroína fumada (a
menudo en "mezcla" con cocaína), que los usuarios percibían como menos
peligroso que el uso parenteral.
6
En los últimos años, sobre todo a partir de 1991 y 1992, la crisis ha
perdido su agudeza convirtiéndose en "endémica": hay menos nuevos
heroinómanos y el problema se concentra en una población cada vez más
envejecida y circunscrita a ciertos entornos. A la vez, se están redescubriendo
los problemas asociados a otras drogas, como el alcohol, o la cocaína y se
predicen nuevas "epidemias" asociadas a otros psicofármacos, como las
llamadas "drogas de diseño".
Varios indicadores independientes apoyan ese modelo
7
, entre otros, los
datos de solicitudes de tratamiento, admisiones hospitalarias y clínicas,
confiscaciones de drogas ilegales tanto a nivel de importación como en los
puntos de la venta al detalle, infecciones y enfermedades asociadas al uso
intravenoso, muertes por reacción aguda ("sobredosis"), y otros muchos
indicios más difíciles de cuantificar y contrastar, pero apreciados una y otra vez
por una multitud de profesionales médicos, sociales y policiales (ver, por
ejemplo, De la Fuente et al. 1995, SEIT 1995;1994; 1993; Camí y Barrio 1993;
5
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Estos incluyen los cambios legislativos y procesales introducidos por el
primer gobierno del PSOE (las "reformas" Ledesma), así como la intensa respuesta
nacional e internacional que provocaron.
6
6
El consumo habitual de heroína fumada parece crear más problemas que el
consumo de cocaína que hace una población más amplia.
7
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En otro lugar hemos tratado de ir estableciendo un calendario preciso de lo
ocurrido (Gamella 1989, 1993, 1994) y estamos preparando un trabajo más amplio
sobre la historia social de esta crisis de drogas. Salvo excepciones, la memoria
social de lo contemporáneo es muy superficial y el orden de los acontecimientos se
desdibuja, desapareciendo la posibilidad de distinguir entre causas y efectos,
motivos y consecuencias.
Gamella 1989, 1990, 1993, 1994; Hartnoll 1992, Sánchez Payá et al. 1990,
Comas 1985; DGPND, 1994, 1993, 1992; Funes y Romaní 1985).
Elementos de la crisis de la heroína.
Repasemos sucintamente los cuatro procesos que constituyen una crisis
de drogas en el caso que nos ocupa.
1. Nuevos usos de drogas y nuevos tipos sociales.
Como botón de muestra de la intensidad de los cambios que se han
producido en España citaremos una anécdota relacionada con la llegada en
1977 de los primeros heroinómanos a la unidad de drogodependencias del
Hospital Psiquiátrico de la Diputación de Barcelona. Esa unidad había asistido
antes a pacientes con problemas derivados del uso de alcohol y, en menor
medida, de otras drogas, entre las que se incluían los opiáceos; pero nunca
había tratado heronómanos. Ese año, el hospital tuvo su primera experiencia
con usuarios callejeros de heroína y, en su relato de aquel encuentro, el
director de la unidad muestra el espíritu pionero que dominaba entonces el
abordaje de esta condición:
En el verano de 1977 ingresaban, por orden judicial, los dos
primeros heroinómanos. Recordamos el revuelo y la expectación
que su presencia despertaron, dado lo novedoso del suceso...
Fueron aislados en un Pabellón y sometidos a vigilancia de la
Policía Armada. Hasta aquella fecha sólo habíamos tratado algún
dependiente de la morfina, pentazocina, etc, de origen
yatrogénico, así como de anfetaminas, barbitúricos y
alucinógenos... Aun a sabiendas que los heroinómanos podían
causarnos graves trastornos, los acogimos sin reservas. Éramos
testigos de una nueva patología que comenzaba a nacer con
fuerza inusitada (Monegal 1980:156. Énfasis, nuestro).
La heroinomanía era todavía, incluso entre especialistas, una curiosidad
médica, un llamativo "morbo" que estaba aún muy lejos de convertirse en una
preocupación diaria del sistema de salud pública. La epidemia ya se
"anunciaba", sin embargo, con tintes proféticos.
Aquellos tiempos resultarán idílicos una década después, cuando habrá
ya pocos españoles que no conozcan algún heroinómano y pocas familias que
no los cuenten entre sus parientes. En comparación con aquellos dos
"pioneros" de 1977, el número de los heroinómanos que acudieron a
tratamiento en 1992 a alguno de los centros públicos o privados
subvencionados de toda España fue de 37.232 (SEIT 1993: 82)
8
. Conviene
reflexionar sobre las profundas transformaciones sociales, políticas y culturales
que se esconden tras esos contrastes. Que un par de casos provoquen
curiosidad y sorpresa, mientras casi cuarenta mil apenas sean noticia revela
cómo lo extraordinario ha llegado a hacerse monótono. Los heroinómanos se
han convertido en un elemento diario de la vida del país, un tipo social presente
en la imaginería cotidiana, y probablemente sean el grupo de su generación
(hoy tienen una media de edad entre 32 y 34 años) que da más trabajo al
sistema sanitario y de asistencia social.
Protagonistas: los heroinómanos españoles.
La mayoría de los heroinómanos españoles han sido y, en menor
medida, siguen siendo jóvenes varones (hay cuatro hombres por cada mujer)
que nacieron entre 1956 y 1970, con un bajo nivel educativo. Se trata de una
población en la que predominan aquéllos con poca o ninguna cualificación
educativa o profesional que les permita competir ventajosamente en el
mercado de trabajo. Solo una pequeña porción de ellos ha accedido a la
enseñanza universitaria. La gran mayoría ha padecido largos períodos de
desempleo y subempleo durante la última década; muchos han acabado
vinculándose a trabajos en los que no ven futuro y que no les satisfacen.
Muchos han abandonado definitivamente el mercado de trabajo convertidos en
un nuevo tipo de jóvenes minusválidos (Gamella 1993; Gamella y Meneses
1993).
En altos porcentajes, que en muchas zonas superan el 85 por cien de
los casos, los heroinómanos han usado la ruta intravenosa para administrarse
heroína y otras sustancias en algún momento de su "carrera" toxicómana
9
. En
una elevada proporción se han infectado por el VIH.
Hay heroinómanos en casi todos los pueblos y ciudades de nuestro país,
y en todas las clases y estratos socioeconómicos, desde las élites a los grupos
más pobres y marginados. Ha habido heroinómanos en las familias de
directivos y altos cargos de la administración o del ejército, de los profesionales
más exitosos, entre los hijos de obreros de la construcción, administrativos y
funcionarios, pero también de parados, mercheros y gitanos que viven de la
8
8
El SEIT (Sistema Estatal de Información sobre Toxicomanías) recoge todas
las admisiones a tratamiento remitidas por centros públicos o privados
subvencionados en las diversas Comunidades Autónomas. Su cobertura para ese
indicador es muy alta.
9
9
Todavía en 1991, en 12 de las 17 Comunidades Autónomas pasaban del 70
por ciento los heroinómanos que, al solicitar tratamiento, declaraban la vía
parenteral como aquella que usaban más frecuentemente (ver DGPND 1994:24).
venta ambulante o de los jornales del campo o incluso de la venta de drogas
ilegales. Este problema social ha tenido en España un carácter no sólo urbano,
sino también rural, lo que manifiesta su extensión y penetración en el tejido
social. La heroinomanía y sus perjuicios, sin embargo, se concentran
desproporcionadamente en las zonas con mayores carencias en servicios,
dotaciones y recursos, así como en las zonas de población juvenil
desempleada o subempleada, es decir, allí donde residen los sectores de
clase media-baja y baja, entre los hijos de los obreros manuales de nivel
cultural bajo y en las zonas de infravivienda o de viviendas de protección oficial.
Hay zonas de muchas ciudades que comparten un cierto "clima social" y hasta
urbanístico y donde la concentración del problema es muy elevada. Hay
barrios, manzanas y calles donde hemos llegado a localizar uno o más de un
heroinómano en cada bloque, incluso uno en cada planta de cada portal. En
esos espacios se ha vivido la crisis como una desgracia colectiva, una "plaga"
inesperada sobre la que no caben medias tintas. Las madres con uno, dos o
tres hijos "enganchados" no están para discursos complicados o sofisticados,
puesto que han sufrido en su carne el extremo "mal" de "la droga".
Por ejemplo, en una investigación etnográfica que llevamos a cabo en
cuatro distritos del norte de Madrid para establecer la extensión y la distribución
social y espacial de la heroinomanía, encontramos que, en una población de
unas cien mil personas, había más de mil heroinómanos; las personas que
habían pasado por esa condición suponían casi el 2 por ciento de toda la
población mayor de quince años para el total de la zona estudiada. En algunas
áreas, sin embargo, como en dos barrios del distrito de Tetuán, hemos
encontrado casi 700 heroinómanos en una población de 40.000 personas, una
cifra abrumadora. Esos setecientos "drogadictos" encontrados en esos dos
barrios de Madrid, significan que cerca del 8 por ciento de todos los varones
nacidos entre 1951 y 1970 han sido heroinómanos en algún momento de la
década pasada. Si tenemos en cuenta que una gran parte de ellos se ha
inyectado drogas en vena compartiendo los útiles de inyección y que muchos
de ellos están infectados por el VIH, es difícil exagerar la gravedad de la
"crisis" en esa zona de la capital. La vida del "yonqui" ha seducido a toda una
generación, segando la vida de muchos de ellos en algo que, sin exagerar,
puede considerarse un holocausto gradual y silencioso.
2. Alarma social e institucionalización.
La heroinomanía callejera y sus secuelas se han convertido en uno de
los problemas sociales s temidos, ya sea por misma o por su asociación
con la "inseguridad ciudadana" y con la infección por VIH/SIDA. A lo largo de la
década figurará en las encuestas de opinión como uno de los problemas
principales del país y una de las condiciones que s tememos de las que
pudieran afectar a nuestros seres queridos.
Hoy, aunque sigue habiendo decenas de miles de heroinómanos en
España (muchos de los cuales consumen también cocaína y muchas otras
drogas), la heroína no es ya una droga atractiva, popular, "glamorosa". Al
contrario, tiene mala fama incluso entre jóvenes que consumen muchas otras
drogas e incluso aquellos con pautas de policonsumo problemático (Gamella y
Alvarez Roldán 1995).
La construcción de la imagen pública del problema, que se consolidó en
el período álgido de la crisis, entre 1983 y 1985, avanzó a saltos, y
curiosamente estaba muy madura en sus perfiles centrales antes de aparecer
en la calle. La preexistencia de un "guión" previo a la crisis se aprecia en la
campaña publicitaria de 1978, que debería considerarse en los actuales
esfuerzos preventivos.
La campaña publicitaria de 1978.
La segunda mitad de 1978 fue un período seminal en la crisis de la
heroína en España, no tanto por la extensión de los usuarios, que crecían pero
eran aun muy pocos, como por la atención pública concentrada en el tema y
por los esfuerzos variados por crear "conciencia social" respecto al problema.
El sentido "epidémico" fue entonces masivamente promovido por primera vez,
basándose en la existencia de un puñado de casos locales. La orquestación de
las noticias alarmantes sobre esa droga alcanzó un crescendo en ese
momento, funcionando quizá como una campaña de promoción del nuevo
producto y las técnicas de administración asociadas. Resalta la sincronía y
coordinación de los medios de comunicación (prensa, televisión, industria
editorial) y las instituciones (gubernamentales y no gubernamentales) en su
respuesta. Se aprovecharon los primeros síntomas locales para lanzar una
campaña de promoción que hoy sonroja tanto por los actores que la llevaron a
cabo como por los métodos y conceptos utilizados, para "concienciar" a la
ciudadanía del problema que se avecinaba. Paneles publicitarios con mensajes
como "La droga mata"; reportajes periodísticos sobre las muertes por
"sobredosis" (alguna debida a un envenenamiento con cloroformo en un robo
de heroína); los primeros "tratamientos" (dar metadona para que se la
inyectaran "adictos" al LSD); y reiteradas referencias a una realidad
norteamericana en películas, discos y libros popularizados entonces,
contribuyeron a hacer del consumo intravenoso de heroína una realidad
"presente" y una opción social válida (véase Gamella 1989). El problema
masivo de la heroinomanía estuvo en los medios de entretenimiento y
comunicación antes de estar en la calle. Resulta dramático pensar que en
aquella fase previa todavía hubiera podido actuarse eficazmente y reducir
considerablemente el ámbito de extensión de la crisis y de los daños que ésta
iba a causar.
A partir de entonces, los medios de comunicación, árbitros activos del
significado social de tantos fenómenos, instruyeron machaconamente a la
audiencia española en el consumo de las drogas ilícitas. El público, educado en
las nuevas convenciones que los medios generaban en su interacción con la
vida social --para volver a ésta y alterarla-- fue ya capaz de responder a críticos
mensajes y a una nueva terminología previamente desconocidas. "Sobredosis",
por ejemplo, o "toxicómano", o "metadona" o "caballo" han llegado a ser
términos que los medios esperan que cualquier lector, oyente o telespectador
entienda y ubique en el contexto de la "droga" y sus males.
Educación popular y conciencia social.
La influencia de esa educación pública se aprecia en diversas encuestas
de opinión. En 1980 pocos españoles eran capaces de distinguir entre las
distintas drogas ilegales, o de enumerar las más someras propiedades de la
mayoría de ellas. En una encuesta nacional realizada en enero de 1980, se
pidió a seis mil ciudadanos que nombrasen las drogas más usadas en España.
De todos los encuestados, el 47,3 por cien era incapaz de mencionar el nombre
de droga alguna. Entre las mujeres, la proporción se incrementaba hasta el
55,2 por cien. En el grupo de máximo riesgo (18 a 35 años de edad), sólo un
9,6 por cien fue capaz de nombrar un opiáceo (CIS 1980). Estos resultados
apuntaban a "una desinformación absoluta en los aspectos concretos" del
problema de las drogas por parte de la población española y contrastan
llamativamente con los resultados de una encuesta similar realizada en junio de
1984 entre jóvenes de 15 a 29 años de edad. Entonces, el 49,8 por cien de los
entrevistados mencionó espontáneamente la heroína y el 56,1 la cocaína como
drogas comúnmente usadas en España. Más sorprendente incluso resultó el
dato de que un 16,7 por ciento de los encuestados declaraba tener usuarios
regulares de heroína entre sus conocidos (Comas, 1985:110-111) . Pero la
extensión del conocimiento sobre drogas estaba en auge. Año y medio
después, en diciembre de 1985, otra encuesta mostraba cómo el 90 por cien de
los entrevistados, sin distinción de edad, reconocía a la heroína y la cocaína
como drogas masivamente usadas en España (CIS 1986). El "problema de la
droga" había devenido una institución en la vida diaria del pueblo español.
Respuesta institucional.
También en 1978 comenzó a gestarse una nueva respuesta institucional
con la creación de comisiones gubernamentales dedicadas a elaborar "un plan
drástico de actuaciones coordinadas sobre las fuentes de suministro de drogas
en medios docentes, la información y mentalización, promoción de centros y
servicios de detección, tratamiento, reintegración social y preparación de las
personas especializadas"(El País: 23/12/78).
Ese mismo lenguaje institucional se repetiría monótonamente en años
sucesivos hasta culminar, en 1985, en el momento álgido de la crisis, con la
creación por parte del gobierno del Plan Nacional contra/de/sobre Drogas, que
en su primera formulación tenía el propósito explícito de reducir el uso y la
adicción a la heroína. Programas e instituciones semejantes fueron creados a
continuación a nivel municipal y autonómico en todo el país, dedicándose a
este tema un considerable conjunto de recursos. En los cinco primeros años de
funcionamiento del plan, entre 1986 y 1991, el presupuesto invertido por la
Administración Central y las Comunidades Autónomas superó los 67.000
millones de pesetas (DGPNSD 1992: 33).
Los objetivos se han ido sucediendo, similares en lo programático
aunque muy variados en la práctica: reprimir el comercio de drogas ilegales,
rehabilitar y reinsertar a los toxicómanos, producir y difundir información
pretendidamente preventiva y formar especialistas. Los resultados han sido
variados y están por evaluar con sentido crítico, datos y distancia suficientes.
Todos los aspectos del programa han crecido enormemente. Por
ejemplo, el sector de tratamiento y la rehabilitación de los heroinómanos
supone ya una importante porción de la atención médica y paramédica en
España. Desde 1979 cientos de centros de tratamiento, variados en sus
métodos y presupuestos, han surgido por todo el país. Se ha creado un
sistema asistencial muy específico con "centros de día", unidades hospitalarias
de desintoxicación, comunidades terapéuticas, centros residenciales "en los
que se trabaja la rehabilitación en régimen de internamiento", centros
ocupacionales, grupos de autoayuda, programas de metadona, etc (DGPNSD
1992: 41). En 1991 eran ya 325 los centros de tratamiento ambulatorio
especializados que atendieron heroinómanos en todo el país, y que suponían
una "puerta de entrada al sistema de atención especializado", desde donde los
pacientes eran "derivados a otros recursos" (DGPNSD 1992: 24). Además 47
hospitales en todo el país ofrecían tratamientos de desintoxicación en unidades
al efecto, en las que miles de heroinómanos pasaban crisis de abstinencia.
Había también 69 "Comunidades Terapéuticas" públicas (o privadas con plazas
concertadas) que atendían heroinómanos, y muchas s que recibían
subvenciones (DGPNSD 1992: 28-29). Esa forma de tratamiento, antes
desconocida en España, ha crecido para "curar" yonkis y tóxicos
manteniéndoles lejos de sus barrios y "colegas" en granjas y fincas rurales,
enfatizando así los aspectos situacionales de la heroinomanía. Muchas de esas
"comunidades" pertenecen a asociaciones multinacionales con diversas
filosofías y formas de organización (Comas 1988; Roldán 1992). Algunas de
ellas se han visto envueltas en diversos escándalos e irregularidades.
Desde el punto de vista de la generación de conocimiento, se han
multiplicado los estudios a nivel local, regional o estatal, con variable rigor y
fiabilidad, que han producido una hornada de "expertos", algunos de los cuales
se convertían en tales a raíz de uno de esos estudios, generalmente una
encuesta domiciliaria. Los usos de drogas constituyen hoy uno de los temas
sobre los que más se "investiga" y se publica, aunque con dudosos resultados
contrastables. A menudo se han aplicado estrategias y técnicas poco
apropiadas, por ejemplo, aquéllas que informan más o menos bien sobre las
formas de consumo mayoritarias y de baja intensidad, pero mal sobre las
formas de alta intensidad, estigmatizadas y más problemáticas como las que
nos ocupan.
3. Una economía informal e ilegal.
La crisis de la heroína se conceptualiza a menudo como la expansión de
una enfermedad. Puede también verse como el crecimiento de una industria;
una industria internacional con un vasto nivel de ingresos y formas peculiares
de promocionar sus productos. Desde la segunda mitad de los setenta se ha
consolidado en nuestro país un amplio y estable mercado de drogas ilegales,
sobre todo de hachís, heroína y cocaína. El comercio de esas drogas es un
negocio millonario, uno de los sectores más pujantes de la abultada economía
informal.
Parece que antes España era un lugar de tránsito en algunas de las
grandes rutas internacionales del tráfico de drogas. Por ejemplo, la mayoría de
las grandes partidas confiscadas antes de 1978 (como los 7 kilos de heroína
aprehendidos en Barajas el año antes a un viajero tailandés
10
) iban
encaminados a la venta y el consumo exterior. Ese papel de "escalón" se ha
incrementado durante la última década, sobre todo para la cocaína y el hachís.
No obstante, desde finales de los setenta, una porción creciente de la droga
que entra en España ha ido quedándose aquí para ser consumida localmente.
Desconocemos mo el naciente mercado local se fue vinculando a las
grandes tramas internacionales de distribución de drogas. La construcción de
ese "narcoducto" o mejor, de ese múltiple tejido capilar, es otro de los aspectos
de esta economía, que apenas se ha estudiado en nuestro país, siquiera
someramente, más allá de algunos reportajes periodísticos centrados en sus
aspectos más llamativos y escandalosos.
La mayoría de los aspectos de esa ingente economía permanecen tan
mal estudiados como comprendidos. Conviene recalcar, en cualquier caso, que
se trata de una economía de servicios por mucho que se base en la distribución
de productos, pues la mayor parte del valor añadido procede de los costes
que el riesgo añade a la distribución en sus distintas fases.
Parte de nuestra ignorancia se debe a las dificultades inherentes al
estudio de los mercados ilegales. Sabemos poco respecto a los principios que
subyacen a la organización general de tales mercados, a cómo la coerción y la
10
1
0
Esa aprehensión constituyó el 99 por ciento del total de heroína confiscada
ese año en España.
violencia influyen en la competencia o, en términos de Reuter, cómo "la mano
visible puede suprimir la invisible" (1983:11) y, sobre todo, si los mercados y las
ocupaciones ilegales son económicamente distintos a las legales, o lo son sólo
desde un punto de vista normativo, moral y social (Ruggiero y South 1995;
Reuter et al. 1990; Portes, Castells y Benton 1989).
En España sabemos menos aún sobre el tamaño y estructura de esos
mercados, sobre la inelasticidad real de la demanda de drogas incluso por
parte de aquéllos que se sienten "enganchados", sobre el número de
eslabones y actores desde el productor al consumidor, etc. Es también poco lo
que conocemos respecto a las relaciones entre los mercados de las diversas
drogas a los diversos niveles de su estructura, desde la financiación a la
importación y el mercado al detalle. En la calle, como sentenciaba un
informante, "en las drogas hay dos mundos: el de la heroína y el de todas las
demás". El hachís y la cocaína se usan de forma habitual por un grupo mayor
de usuarios, con una mayor variedad de pautas de consumo y de formas de
entender y vivir ese consumo. La heroína se usa mucho más como un fin en
misma y no para hacer otra cosa: divertirse, hablar, aguantar toda la noche y
toda la juerga; un alto porcentaje de los usuarios regulares de heroína (no
sabemos si todos) se sienten"enganchados", es decir, viven su uso no como
una elección, sino como una necesidad.
El mercado de hachís es un mercado extenso: mucha gente se dedica a
"trapichear" hachís y recibe o complementa sus principales ingresos merced a
ese comercio. Por ejemplo, muchos heroinómanos financian su hábito con el
comercio de hachís. Por eso, en los lugares donde se vende hachís no tarda en
aparecer también la heroína de forma secundaria, ya entre los consumidores o
los vendedores. Muchos adictos, en algún período de su adicción han vendido
heroína y otras drogas como una forma de sufragar su hábito. Se trata por lo
tanto de un aspecto de la vida de los "yonquis" que aparece reiteradamente en
sus "carreras" y autobiografías. El mercado de heroína es s cerrado y
exclusivo: cuesta más entrar y no se vende tan fácilmente a desconocidos sin
la presencia de algún habitual.
Hemos estudiado etnográficamente el comercio de heroína al detalle en
varias zonas de Madrid y, en menor grado, en otras de Cataluña y Andalucía
pudiendo constatar la estabilidad y consolidación del mercado a nivel local
tanto en zonas urbanas como rurales. En uno de los barrios considerados en el
Norte de Madrid, por ejemplo, existen puntos de venta permanente donde, casi
sin interrupción, ciertos individuos y sus familias llevan vendiendo heroína de
forma continuada desde 1982. La acción policial desplaza esos puntos, pero
rara vez altera su número ni su relación con escalones más altos del mercado.
Durante una década los heroinómanos locales no tuvieron que salir de los
límites del barrio (es decir, un breve trayecto andando) para conseguir heroína
adulterada, aunque las oscilaciones de los precios y, sobre todo, de la calidad
de la sustancia llevaban a los usuarios a viajar a otras zonas de Madrid a
probar con otros distribuidores. En Andalucía y Cataluña hemos constatado
cómo hay adictos y comercio incluso en pueblos pequeños. Esa oferta a nivel
local ha afectado al consumo: muchos usuarios vivían cerca de sus fuentes de
suministro (sólo tenían que andar un poco más para hacerse con una dosis
para un buco o un chino que para comprar un paquete de cigarrillos), lo que
refleja el salto en la disponibilidad que caracteriza una crisis de drogas.
Una nueva delincuencia relacionada con la crisis.
Desde 1976 se ha extendido en España una nueva forma de
delincuencia contra la propiedad en la que ha participado crecientemente un
sector social nuevo, formado por jóvenes varones, nacidos mayoritariamente
entre 1956 y 1965, de familias obreras, con bajo nivel educativo y profesional
pero desconocimiento del mundo delincuencial y aspiraciones de movilidad
social. La incorporación de esos jóvenes en conductas delictivas precedió y
preparó la expansión masiva del uso de heroína, que hemos detallado en
páginas anteriores. Los dos procesos, aunque distintos, comparten un conjunto
común de causas y condiciones sociales que los han hecho interdependientes.
A partir de cierto instante ambos procesos se interconectaron y amplificaron.
Desde entonces ha habido una correlación positiva entre el incremento de una
nueva delincuencia y la expansión de la heroinomanía en la España
contemporánea.
La relación entre uso de heroína y nueva delincuencia no debe
contemplarse estáticamente. Se trata más bien de dos procesos asociados a
dos estilos de vida que, en el mundo contemporáneo, se han visto
interconectados de diversas formas. Es evidente que muchos heroinómanos
recurren a delitos "adquisitivos" como un medio de financiar su hábito. También
es cierto que, en la "carrera" de muchos delincuentes, el consumo regular de
heroína suele provocar un incremento de su pauta delictiva. Así, muchos de los
que se inciaron en el uso regular de heroína eran ya delincuentes "habituales",
mientras otros comenzaron a involucrarse en delitos graves a raíz de su
consumo frecuente de esa droga.
El aumento de ciertos delitos en los os cruciales de la crisis es
asombroso. Si comparamos los 87 atracos a bancos ocurridos en 1976 con los
6.239 de 1984, vemos cómo en ocho años la frecuencia de un delito grave para
todos los involucrados en él, último escalón en muchas carreras delictivas, se
ha multiplicado por sesenta. De acuerdo con ese crecimiento, aumentaron las
cantidades de dinero robado
11
(CGPJ 1987). La mayoría de esos atracos
contribuyeron con dinero contante a financiar el desarrollo del creciente
mercado de heroína en España.
11
1
1
El número de atracos, sin contar bancos, se incrementó también
notablemente en ese período, pasando de 2.690 en 1977 a 45.395 en 1984 (Idem).
La asociación de heroinomanía y delincuencia contribuyó a generar
varias "olas de criminalidad" que provocaron un clamor popular y mediático de
miedo y amenaza, que cristalizó simbólicamente en la "inseguridad ciudadana"
como problema social. En los años centrales de la crisis, entre 1983 y 1986,
los informes policiales, por ejemplo, estimaban que hasta el 80 por ciento de
todas las detenciones por delitos contra la propiedad en España podían estar
relacionadas con el uso o dependencia de las drogas (CGPJ 1986a, 1986b).
De los heroinómanos que utilizan los dispositivos de asistencia
12
, más del 50
por ciento declaran haber estado detenidos al menos una vez, más de un tercio
haber sido procesados y un 20 por ciento haber sido condenados (Comas et al.
1990).
4. Un problema de salud pública.
Muchos de los heroinómanos han visto destrozadas su salud y su vida
en los años de la crisis, no sólo por la farmacología de las drogas, sino por la
forma en que son utilizadas, que se relaciona estrechamente con su status
legal y social.
El de los heroinómanos han sido un grupo notable por las múltiples
enfermedades infecciosas y degenerativas que se derivan de sus pautas de
uso de drogas y de sus formas de vida. Inyectarse en vena varias veces al día
sustancias adulteradas y contaminadas, con poca higiene y control de las
inyecciones ya supone por solo un considerable riesgo para la salud. Las
infecciones jalonan la carrera del heroinómano/a: entre las más frecuentes
podemos citar las infecciones bacterianas por stafilococus áureos, las hepatitis,
las tuberculosis, las endocarditis, las infecciones de partes blandas, las
candidiasis diseminadas, las artritis-ostiomelitis, etc. (Ver Sánchez Paya et al.
1990). Los heroinómanos han sufrido también los efectos indeseados de las
mecánicas de administración de sus drogas favoritas: las embolias, las
gangrenas, los abcesos, etc. Por último, muchas "carreras" heroinómanas se
han visto jalonadas por los efectos indeseados de las drogas, el más radical,
por supuesto, la muerte por reacción aguda adversa o "sobredosis", que ha
segado la vida de miles de jóvenes españoles y que tanta alarma y reacción
mediática provocó al comienzo de la crisis, hasta que todos, según parece,
acabamos acostumbrándonos al fenómeno.
De otro lado, la dependencia misma es vivida a menudo como patología,
casi siempre culposa. Y el desprecio de que suele acompañar a esa
dependencia conduce a muchos heroinómanos al abandono y la falta de
12
1
2
Menos alarmante pero igualmente significativo ha sido el crecimiento de un
tipo de prostitución y prostituta/o que ofrece sus servicios para financiar su hábito
de consumo de heroína y/o cocaína.
interés y cuidado en su alimentación, higiene, etc., lo que incide también en la
morbilidad de este colectivo y, sobre todo en el caso de las mujeres, de sus
hijos.
SIDA: de una epidemia metafórica a otra infecciosa
A las muchas desgracias que han afectado a decenas de miles de
jóvenes se ha añadido inesperadamente un nuevo mal: el SIDA. En España,
desde que el primer caso de SIDA fue diagnosticado en 1981, hemos ido
constatando cómo la enfermedad ha penetrado en la población de los usuarios
de drogas por vía intravenosa. Ese es el grupo que cuenta hoy con más
infectados y enfermos y el principal vector para la extensión de la enfermedad a
la población general. De los más de 40.000 casos oficialmente reconocidos en
España, casi el 65 por ciento están directamente relacionados con el uso de
drogas por vía intravenosa.
Las nuevas formas de uso de drogas y en especial la intravenosa son,
por lo tanto, la causa principal de la extensión de la infección por VIH y del
SIDA en España. Sin la popularización de "lo endovenoso" la epidemia
seguramente sólo habría afectado a una pequeña porción de los que hoy la
sufren. Los porcentajes de infección por VIH que se observan en las muestras
disponibles de homosexuales, hemofílicos o prostitutas son similares o incluso
inferiores a los encontrados en muestras internacionales equivalentes. Entre
los usuarios de drogas por vía intravenosa (UDIs) españoles, sin embargo, se
dan porcentajes de infección de los más altos del mundo. Dependiendo de la
zona y el grupo investigado, en las muestras de UDIS se han detectado
anticuerpos entre el 40 y el 80 por ciento de los casos. Los porcentajes de
infección parecen ser mayores en las grandes zonas urbanas del centro y del
norte de España (Madrid, Barcelona, País Vasco), entre los UDIs en prisión y
entre los fallecidos por sobredosis (Camí y Barrio 1993; Bravo y De la Fuente
1991).
En 1992, España era el primer país de Europa en cuanto a la tasa
acumulada de casos de SIDA relacionados con el consumo de drogas, seguido
de Italia, Suiza y Francia (DGNPSD 1992: 20), un triste rango que hemos
mantenido en años sucesivos. Los más de 21.000 casos diagnosticados entre
UDIs desde 1990 han hecho de España el país con la más alta incidencia de
SIDA en Europa
13
. Además, hoy puede haber miles de infectados por ese
motivo que han podido transmitir la enfermedad a sus parejas. Por otro lado, es
principalmente a través de este tipo de pacientes como se transmite el virus a
recién nacidos. La mayoría de las madres que tuvieron hijos infectados
practicaron también el uso intravenoso. En 1992 España tenía el mayor número
de casos de SIDA pediátrico de Europa, y fue sobre todo por el uso
13
1
3
Ver Registro Nacional de SIDA actualizado a 30 de junio de 1996.
endovenoso por lo que el SIDA se transmitió a los niños en nuestro país
(ECEMA 1992:17).
Las pautas de uso intravenoso en la calle y en contextos como las
cárceles y penales, donde muchos usuarios compartían pocas jeringuillas, han
sido especialmente peligrosas en el contagio por VIH/SIDA. Un aspecto
aparentemente lateral y secundario de la crisis, las formas de administración,
ha acabado contribuyendo esencialmente a la extensión de una de las
pandemias más graves de nuestro tiempo (Gamella 1991).
Entre las consecuencias de la crisis, por lo tanto, se cuenta un
considerable aumento de la morbilidad y la mortalidad en cohortes jóvenes (ver
De la Fuente et al. 1995; Castilla et al. 1993), algo que multiplica los costes
humanos y económicos de la crisis. Ese gasto se está multiplicando con los
costes derivados del tratamiento de los afectados de SIDA, costes que
aumentan, pues la enfermedad se transforma día a día de aguda a crónica.
Así, unos grupos de edad normalmente menos necesitados de atención
médica constituyen una preocupación primaria de todo un sistema sanitario ya
de por recargado La heroinomanía callejera y sus consecuencias han
producido uno de los principales problemas de salud pública de nuestro país.
5. Una crisis regional y europea.
La "crisis" de la heroína es una manifestación de un dramático cambio
social y no ha sido convenientemente estudiada ni comprendida, entre otros
motivos porque la mayoría de los expertos que se han ocupado en estudiar sus
efectos no se han esforzado apenas en comprender sus causas. Algunos creen
que no hay mucho que explicar, atendiendo a principios poco explícitos de
"difusión" cultural, que predicen cuáles serán después nuestros problemas de
drogas a partir de lo que ocurre en otras sociedades más "avanzadas". Se
presupone así que la expansión del uso de ciertas "substancias psicoactivas
distintas del alcohol y del tabaco que se había producido en Norteamérica a
finales de los años sesenta" debía producirse en España con unos años de
retraso (Camí y Barrio 1993: 3). La crisis aparece así como una consecuencia
cuasi-necesaria de la modernidad y nuestra puesta al día, un "sarampión" que
nos tocaba pasar, pero que, dado nuestro atraso político, cultural y económico,
nos llegó con alguna dilación. Es decir, a democracia parlamentaria, economía
de mercado, creciente modernización y trasnacionalización le correspondería,
necesariamente, la expansión de la heroinomanía y otras formas de uso de
drogas.
Los estudios realizados, en su mayoría sincrónicos, poco podían
contradecir esa explicación que, sin embargo, parte de una visión muy parcial
que ignora fenómenos de gran importancia. Entre otros que, a pesar de las
notables influencias norteamericanas, la expansión de la heroinomanía en
España se ha producido en una situación bien diferente y ha generado
considerables novedades culturales y políticas. Además, ese proceso tan
dramático de cambio cultural no es exclusivo de España. Otros países de
Europa han experimentado también una expansión sin precedentes del uso de
heroína desde finales de los setenta. Por ejemplo, el problema de la heroína
que emergió en el Reino Unido en los ochenta, "es esencialmente un fenómeno
nuevo", que comenzó, según las diversas zonas urbanas, entre 1979 y 1981
(Pearson 1987:1). Lo mismo puede decirse de Italia, Suiza y Alemania, países
que han llegado a contar en los ochenta con una población considerable de
heroinómanos. En Irlanda, un país casi inmune a "las modas de uso de drogas
de los sesenta", la heroinomanía a mitad de los ochenta había llegado a ser
"proporcionalmente más seria que en Nueva York, ya que en Dublín, con una
población de medio millón de personas, hay s de 7.000 adictos, cuando
virtualmente no había ninguno en los setenta... y la adicción se ha extendido de
Dublín a Cork y a Galway" (Whitaker 1988:50-51).
La crisis de la heroína es por tanto un fenómeno europeo, un problema
regional que debe estudiarse comparativamente. En otros países no hubo
cambio político comparable al español o lo hubo de signo contrario, como en el
Reino Unido, ni tampoco un fenómeno de "modernización" fácilmente datable
que pueda dar cuenta de la crisis de drogas y sí marcadas transformaciones en
su economía política, sus mercados de trabajo y los modos de vida de ciertos
sectores juveniles, principalmente de familias obreras, que dependían a su vez
de importantes cambios demográficos, culturales y económicos. De otro lado,
existen países industrializados, como Japón, y otros que han seguido
recientemente rápidos procesos de industrialización y modernización, pero que
no han sufrido un problema social asociado a la heroinomanía, como Corea del
Sur o Taiwán. Tampoco Méjico, Brasil o Argentina, entre otros nuevos países
industrializados.
La crisis europea de la heroína supone además un ciclo diferente al de la
"drug revolution" o la popularización de ciertas drogas ilícitas (cannabis, LSD y,
en menor medida, heroína) entre las clases juveniles contestatarias, en su
mayoría de clase media y alta, de los años sesenta y primeros setenta en
Norteamérica. Aunque haya necesarias conexiones entre ambos procesos, se
trata de poblaciones muy diferentes tanto por las drogas que causan los
problemas, como por las poblaciones que las usan, las pautas de uso y los
estilos de vida asociados.
6. ALGUNAS HERENCIAS DE LA CRISIS.
Una sensibilidad heroinocéntrica.
La crisis de la heroína ha sido decisiva en la generación de una mayor
sensibilidad social, familiar e individual para detectar y/o construir "problemas"
asociados a los usos de drogas, sobre todo a los ilícitos. No en balde, como
hemos dicho, uno de los legados de esa crisis ha sido una amplia estructura
institucional pública y privada que se dedica, entre otras cosas, a detectar
síntomas de la extensión de esos usos y a monitorizar la evolución de los
problemas asociados. Esa estructura de tratamiento, prevención e información
ha surgido principalmente en relación a los problemas causados por la
heroinomanía y es todavía muy "heroinocéntrica". De hecho, durante un tiempo
se presumía que la expansión del uso de cocaína derivaría en una nueva "crisis
de drogas" con secuelas (e indicadores indirectos) semejantes a los que
generaba el uso de heroína. Esa adaptación a la previa crisis, por lo tanto,
condiciona nuestra visión de los nuevos usos de drogas y nuestra acción
respecto a ellos. Los cientos de centros de tratamiento, de programas
terapéuticos y de apoyo o prevención, incluso los expertos que los conducen
no siempre se adaptan con facilidad a los nuevos retos y necesidades que
plantean los nuevos usos problemáticos que se aprecian ya en 1987, por
ejemplo, los cocainómanos que no consumen ni han consumido heroína (ver
Díaz, Barruti y Doncel 1992).
Además de heroinocéntrica, la visión dominante del uso de drogas es
muy alarmista y genera con frecuencia pánicos morales cuyos males no se
materializan, obviando sin embargo algunos importantes riesgos respecto a los
que poco o nada se dice o se hace
14
.
La visión actual de las drogas en España, por tanto, está construida
alrededor de ciertas expectativas que funcionan como profecías de auto-
cumplimiento. Una muy importante cree que los nuevos usos de drogas
crearán problemas semejantes a los pasados. Por eso los nuevos usos son
casi siempre interpretados a la luz de los miedos y representaciones de "la
droga" que se han generado en torno a la expansión de la heroinomanía. Sin
embargo, ni los riesgos, ni los problemas, ni los ritmos con los que unos y otros
se presentan coinciden usualmente con los que provoca el uso compulsivo de
opiáceos.
Una red de expertos demasiado específica.
Como decimos, esta "crisis" también ha generado un considerable
14
1
4
Destaca, por ejemplo, la poca atención prestada en todos estos años a ciertas
formas de policonsumo, comunes entre muchos jóvenes problemáticos y no
siempre en asociación con el consumo de heroína, que involucraban drogas
"legales", por ejemplo el flunitracepam (ver San et al. 1993). El uso de "rohipnol"
ha sido uno de los secretos menos comentados de la crisis, a pesar de que, sobre
todo mezclado con alcohol, ha estado asociado a algunos de los crímenes y
conductas más aberrantes de los que en los últimos años involucraban el uso de
drogas.
conocimiento experto al que ha contribuido un numeroso y variopinto grupo de
investigadores y expertos. Ese conocimiento ha sido casi siempre reactivo y
rara vez preventivo en un sentido amplio; pero el nivel profesional sobre el uso
de drogas es hoy muy superior y mucho más adecuado que en 1980. En
paralelo, se ha ido construyendo una importante red asistencial que ha
complementado al sistema sanitario y de asistencia social de forma muy
valiosa, aunque también costosa. No obstante, esta red empieza a resultar
demasiado específica, reactiva y limitada en sus enfoques para ser útil frente a
los nuevos desafíos y situaciones sin un profundo reciclaje.
De otro lado, las instituciones generan una propia dinámica de intereses,
a menudo independientes de los objetivos por los que surgieron. Es oportuno
preguntarse, a la hora de hacer un balance, hasta qué punto los profesionales
que han invertido años de trabajo en especializarse en el abordaje de un
problema o condición tienen interés verdadero en que esa condición limite su
importancia o incluso desaparezca de las prioridades sociales y
gubernamentales. Este es uno de los problemas señalados en todo el mundo
en relación a los cuerpos represivos del comercio ilegal de drogas, pero
conviene también aplicarlo a los terapeutas, psicólogos, psiquiatras e
investigadores (incluidos antropólogos) que se han especializado en el uso de
drogas, sobre todo ilícitas. No es de extrañar, por tanto, que con frecuencia se
aprecien y construyan nuevos "problemas" que tratar y estudiar, para continuar
manteniendo en marcha muchas de esas instituciones y grupos surgidos
"contra" la heroína.
Una nueva filosofía preventiva.
La tragedia colectiva que ha supuesto la crisis de la heroína en España
debe hacer que nos esforcemos s en anticiparnos a los problemas,
poniendo al día y en común el amplio conocimiento y experiencia que tantos
profesionales han ido desarrollando. En los momentos cruciales de la crisis,
tanto el conocimiento como la intervención han ido a remolque de la realidad,
han utilizado modelos extranjeros, casi siempre norteamericanos, sólo de
parcial aplicación en nuestro entorno, y han operado de forma anticipada,
preventiva y verdaderamente interdisciplinar. Esto es especialmente notorio en
aquellos casos en que las consecuencias se han podido constatar y registrar
de forma más o menos fehaciente. La expansión de la infección por VIH/SIDA,
algunas de cuyas secuelas son de "declaración obligatoria" en España, ha
reflejado mejor que otras consecuencias los errores y limitaciones de los
enfoques y políticas con que nos enfrentamos en su día a la crisis de la
heroína. Piénsese, como botón de muestra, que entre 1983 y 1990, es decir, en
un período en que la incidencia de la infección por VIH fue seguramente
máxima, cuando miles de jóvenes compartían útiles de inyección en calles,
casas y cárceles, se restringieron la mayoría de los programas de dispensación
de metadona en España, apoyándose sobre todo en una visión abstencionista
de la prevención
15
.
De otro lado, muchas de las respuestas y esfuerzos han generado
también valiosas experiencias, saberes y recursos. Por ejemplo, la epidemia de
VIH/SIDA ha coadyuvado a que se acepte una mentalidad preventiva distinta a
la que venía siendo dominante, y que se basa en la reducción de los daños que
causan los usos de drogas y no en su erradicación total e intransigente. El
enfoque de minimizar riesgos y daños va dominando en diversos programas y
sectores (dispensación de metadona o intercambio de jeringuillas, por ejemplo),
aunque convive de forma confusa y contradictoria, a veces en el mismo servicio
o institución, con una visión más intransigente y puritana.
También por y para la "crisis" se ha generado un capital humano que no
conviene dilapidar. Por ejemplo, se han ido consolidando redes de voluntariado
y apoyo que en muchos sentidos son únicas también en nuestra historia y que,
frente al fatalismo que a veces nos acomete, muestran cuanta gente ha
seguido trabajando dura y abnegadamente ayudando a crear una visión menos
dañina, más humana y tolerante del uso y la abstinencia de las drogas y una
mayor comprensión, responsabilidad y apoyo hacia los usuarios necesitados.
Ese es uno de los capitales que no conviene destruir, mientras mantenemos
viva la memoria de lo ocurrido en honor a tantas víctimas y tratando de evitar
que nada parecido vuelva a repetirse.
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Inmunodeficiencia Adquirida en España, 1981-1990". Medicina Clínica,
15
1
5
Las sucesivas órdenes ministeriales que trataron de regular un ámbito donde
existía un gran vacío legal y las decisiones concretas de responsables locales y
regionales produjo un sistema muy exigente y restrictivo de la administración de
metadona en esos años cruciales en casi todas las regiones españolas. Todavía en
1991, San Molina escribía que "en muchas Comunidades Autónomas tan sólo
pueden iniciar PMM (programas de mantenimiento con metadona) aquellos
pacientes con una patología orgánica grave (ej.: SIDA) o las embarazadas" (1991:
116-117). El título del editorial que, sobre el tema, publicó Medicina clínica en
1994 es bastante ilustrativo de este desfase temporal: "Sida y drogadicción: es la
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... Autores como Pallarés (1996) 5 , Comas (1989) 6 , Escohotado (1996) 7 , Gamella (1997) 8 , etc. aseveran que, entender la "droga como problema", produce paradigmas interpretativos, discursos, percepciones, modos de intervención, interacciones con la población no consumidora, etc. en términos de peligro, marginalidad, criminalización y evitación. Generando una necesidad interventiva en términos de alarma social. ...
... Autores como Pallarés (1996) 5 , Comas (1989) 6 , Escohotado (1996) 7 , Gamella (1997) 8 , etc. aseveran que, entender la "droga como problema", produce paradigmas interpretativos, discursos, percepciones, modos de intervención, interacciones con la población no consumidora, etc. en términos de peligro, marginalidad, criminalización y evitación. Generando una necesidad interventiva en términos de alarma social. ...
... Madrid. 8. Gamella, J. (1997). "Heroína en España, 1977España, -1996. ...
... @BULLET Pearson's The new heroin users (1987) in Manchester in the north-west of England; @BULLET Taylor's Women drug users (1993) in Glasgow (the first ethnography of a female injecting community); @BULLET Gamella's life history studies of the diffusion of heroin and drug injecting in Spain (1993; 1997a; 1997b These, and other European ethnographic studies since the mid- 1980s (Hakkarainen, 1989; Romaní, 1992; Ruggiero, 1992; Zurhold, 1993; Fernandes, 1995; Svensson, 1996), drew on the concepts of drug 'career' and 'lifestyle' emerging from North- American ethnographies. They aimed to describe how social and economic shifts associated with unemployment and housing influenced patterns of drug use and injecting, and provided a descriptive backdrop for understanding the wider 'risk environment' associated with drug use. ...
... In addition to increased interest in Germany (Noller and Reinicke, 1987; Noller, 1989; Kemmesies, 1995), Spain (Romaní, 1992; Gamella, 1993; 1997a; Pallares, 1996) and France (Coppel et al., 1990; Boullenger et al., 1991; Tellier and Sobel, 1994; Ingold, 1996; Ingold and Toussirt, 1997; Lert and Lert, 1998), there is emerging evidence of qualitative studies on risk behaviour associated with drug injecting in Belgium (Grieten, 1994; Delor, 1997) and Ireland (O'Gorman, 1998). Taken together, there is evidence of: @BULLET established interest in qualitative research on drug injecting in the Netherlands and the UK; @BULLET increased interest since the mid-1980s in Germany, Spain and France; and @BULLET emerging interest since the early 1990s in Belgium, Ireland, Italy and Portugal. ...
... A number of European studies have illustrated how the micro and macro settings in which drug use occurs influence patterns of drug use and drug-using lifestyles, as well as the health and social risks related to drug use (Arlacchi and Lewis, 1990a; 1990b; Ruggiero, 1992; Bless et al., 1995; Kemmesies, 1995; Blanken et al., 1996). Studies by Pearson (1987), Gamella (1994 1997a) and Fraser and George (1988), for example, show how exogenous factors — such as policing, housing, and heroin availability — influence the social relationships maintained or lost within particular geographical or social networks, which, in turn, influence patterns of purchasing and dealing and the diffusion of new drug trends. Of key interest here is the dual importance of social relationships in mediating initiation and use and the influence of macrocontextual factors in creating or sustaining social relationships conducive to drug use (Pearson, 1987; Gamella, 1994). ...
... Una década después, la epidemia se extendió a Europa y fue señalada como causante del aumento en las tasas de criminalidad. La conjunción de ambos factores llevó a una expansión de los tratamientos (Gamella, 1997;De Leon, 2004). ...
Thesis
El rol desempeñado por las dimensiones religiosa y espiritual como agentes en la recuperación de la dependencia de sustancias ha sido poco estudiado, pese a que las iniciativas que incorporan estas dimensiones tienen una larga historia en el campo del abordaje de las adicciones. En esta tesis, busco aportar a la comprensión de las implicancias de los tratamientos para los consumos de drogas que ofrecen las instituciones de orientación religiosa y, en particular, los dispositivos residenciales que adoptan la metodología de la comunidad terapéutica. El objetivo general de la tesis es analizar los programas de tratamiento de dos comunidades terapéuticas religiosas pertenecientes a redes internacionales con sedes en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y sus vinculaciones con las características del proceso de conversión religiosa que promueven y con la forma en que conciben las causas de los consumos de drogas. La investigación se situó dentro del enfoque cualitativo y consistió en un estudio de casos múltiples. Para la construcción de los datos empíricos, entrevisté a directivos, referentes, residentes y ex residentes de las dos instituciones seleccionadas. Complementariamente, analicé documentos institucionales y llevé a cabo observaciones participantes en diversas actividades. El referente empírico de la tesis está conformado por dos instituciones de fuerte impronta religiosa que desarrollan una modalidad particular dentro de la metodología de la comunidad terapéutica: Comunidad Cenácolo y Reto a la Vida. Los elementos que configuran esta modalidad particular son: la ausencia de profesionales de la salud en sus equipos de trabajo; la exigencia de abstinencia en el consumo de tabaco y psicofármacos; y la pretensión de promover la desconexión total de los residentes, por un período prolongado. En las dos instituciones, el programa terapéutico y la rehabilitación resultan inescindibles de una dimensión central de las transformaciones que se busca introducir en los internos: la conversión religiosa.
... The progressive association of heroin addicts to small street crime (heroin, "dangerous drug"), to troubled urban contexts (heroin, "periphery drug") and to HIV and hepatitis epidemics (heroin, "infectious drug") would lead to its decline in the psychotropic preferences of the youth sector. The apogee of the 80s and 90s was followed by the heroin crisis (Fernandes, 2000;Gamella, 1997). On the other hand, over the 90s and more openly at the beginning of the new millennium, the pressure created by the Cannabis social movements (Gamella & Rodrigo, 2004) and the emergence of new youth party contexts (Calado, 2007;Carvalho, 2007) originated a diversification of the psychoactive substances in circulation, as well as the meanings of their uses. ...
Article
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The JTR 7(1) is a Special Issue on Psychedelic Research. Index: Ayahuasca, Contexto Ceremonial y Sujeto: Análisis del Set and Settting a Partir de un Grupo Uruguayo de Terapias Alternativas Ayahuasca, Ceremonial Context and Subject. Analysis of the Set and Setting in an Uruguayan Group of Alternative Therapies Ismael Apud Earth, Gender and Ceremony: Gender Complementarity and Sacred Plants in Latin America Tierra, Género y Ceremonia: Complementariedad de Género y Plantas Sagradas en Latinoamerica Sharon G. Mijares and Evgenia Fotiou Experiencias Cercanas a la Muerte y Sintomatología Postraumática en una Muestra de Consumidores de Ketamina Near Death Experiences and Post-traumatic Symptomatology in a Sample of Ketamine Users Daniel F. Jimenez-Garrido, Miguel Angel Alcazar-Córcoles y Jose Carlos Bouso On Integrating Numinous Experiences: A Case Study Viajes Sobre la Integración de Experiencias Numinosas: Un Estudio de Caso Maria Papaspyrou Trips Into Inner Space: A Phenomenological Approach to the Experience of the Use on Psychedelic Substances Viajes Hacia el Espacio Interior: una Aproximación Fenomenológica a la Experiencia del Uso de Sustancias Psicodélicas Joana Pereira and Luís Fernandes Death and Rebirth in LSD Therapy: An Autobiographical Study Muerte y Renacimiento en Psicoterapia con LSD: Un Estudio Autobiográfico Christopher Bache Configuración de la Psicoterapia Asistida con Psicodélicos Psychedelic Assisted Psychotherapy Configuration Genis Ona, Francisco M. Rios, Jose Carlos Aguirre, Jose Carlos Bouso, Ingrid Tartakowsky, Ana. E. Makeda, Matias Méndez y María C. Carvalho Reflections Stan Grof Contributions to FDA Drug Development Research With Psychedelics Contribuciones de Stan Grof a la Investigación Para el Desarrollo de Medicamentos con Psicodélicos de la FDA Rick Doblin Holotropic Medicine. MDMA-Assisted Psychotherapy Research, Another Grof Legacy Medicina Holotrópica. La Investigación en Psicoterapia Asistida con MDMA, Otro Legado de Grof Michael Mithoefer Psychedelic Research at the Frontiers of Prohibition: Moving Forwards Investigación Psicodélica en las Fronteras de la Prohibición Amanda Feilding
... Supone una nueva trayectoria en la carrera moral (Goff man, 1994) del consumidor de drogas: se pasa de ser "yonqui" a ser "usuario" de un servicio sociosanitario. También, en la teorización se profundizó en el recorrido histórico de la intervención social y sanitaria en drogodependencias en España, véase Gamella (1997), Romaní (2004) y Usó (1995; en los diferentes estudios etnográfi cos sobre consumidores de drogas en el marco Español, véase Díaz, Barruti y Doncel (1992), Funes y Romaní (1985) y Pallarés (1995); sobre el concepto "reducción de daños", véase Arana y Márkez (1997), Grup Igia (2000a, 2000b) y O´Hare et al. (1995; y fi nalmente, se relacionó los efectos de la exclusión social en los consumidores de drogas con las teorías de Bauman (1999de Bauman ( , 2005, Goff man (2001) ...
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Objetivos: Conocer los usos, motivaciones y cambios de los consumidores de drogas que acuden al Espacio de Venopunción Asistida (EVA) del Servei d´Atenció i Prevenció Socio Sanitària (SAPS) de Creu Roja de Barcelona y el rol de sus profesionales. Mate-riales y métodos: Se realizó observación participante, diario de campo, y entrevistas semiestructuradas a ocho usuarios del EVA y a tres profesionales del SAPS. Se realizó un análisis de contenido mediante el vaciado de los datos y su clasifi cación por temas. También, se realizó un análisis documental de registros, memorias y documentos del SAPS. Resultados: Se describe porqué los consumidores de drogas acuden a un EVA y el rol del profesional que interviene. Además, se describe el modo de vida de los usuarios y el debate para mejorar la intervención en drogodependencias desde el EVA. Discusión: Se expresa el poder de la etnografía para analizar el fenómeno de las salas de consumo y su aplicación para la intervención social en drogas. Conclusiones: Desde el EVA se reducen daños a nivel sanitario, social y jurídico, y se promueven intervenciones para mejorar la calidad de vida de los consumidores de drogas, pero requiere mejorar su estructura y funcionamiento, y la coordinación con la red asistencial social y sanitaria. Resumen Salas de consumo higiénico, usuarios de drogas, profesionales en drogodependencias, reducción de daños, exclusión social, etnografía. Palabras Clave Recibido: 02/02/2011· Aceptado: 11/07/2011 Comunicaciones breves * Estudio realizado en el Servei d´Atenció i Prevenció Socio Sanitària (SAPS) de la Creu Roja de Barcelona 464 Revista Española de Drogodependencias 36 (4) 2011 The aim of this paper is to fi nd out the habits, motivations and changes taking place in drug users attending the "Espacio de Venopunción Asistida (EVA) del Servei d´Atenció i Prevenció Socio Sanitària (SAPS) de Creu Roja" of Barcelona, as well as the role of its professionals. Materials and methods: The study relies on participant observation, the writing of a fi eld diary, and semi-structured interviews with 8 users of the EVA and 3 professionals of the SAPS. A content analysis of the data produced has been made through a thematic classi-fi cation, associated with a documental analysis of registers, memories and documents of the SAPS. Results: This research provides a description of why drug users go to an EVA and the role and function played by the professionals of the center. It furthermore provi-des a rich, full description of the user's lifestyle and introduces the discussion about the improvement of intervention in the fi eld of drug consumption. Discussion: This research claims the need for ethnographic studies in the analysis of the drug consumption rooms and its applications to social intervention in the fi eld of drug studies. Conclusions: The EVA enabled a reduction in harm on the health, social and judicial levels and promotes intervention to improve the life quality of drug users. Its structure and functioning could nonetheless be improved, as well as its relationship with the social and sanitary network.
... Se puede encontrar una argumentación más desarrollada sobre el tema en Romaní[2004]. 5 Al respecto, v. cidur-edis[1979]; Comas[1985,1986,1988, 1989]; De Torres[1986];Díaz et al. [1992]; Freixa et al.[1981];Gamella [1990Gamella [ , 1997;Laporte [1980];Malvido [1977]; Pallarés[1995]; Romaní[1982,1986, 1992,1993,1997,2004], y Romaní et al.[1995]. ...
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This paper analyzes the construction of a social problem as part of an attempt to consolidate hegemonic discourses in a time of political change. The "drug problem" in Spain is analyzed, taking as the time frame the transition from Franco regime to democracy and focusing on its constitutive paradigm: heroin use. Three basic parameters are examined: the political and sociocultural context; drug consumption in general; and efforts at social intervention.
... Therefore, until just a few years ago the use of alcohol and tobacco by minors was not considered a serious problem. This situation can be attributed in part to the heroin crisis that affected Spain (Gamella 1997 ), which had the effect of obscuring the consumption of more mainstream drugs. Alcohol and tobacco use thus received little attention in terms of prevention efforts. ...
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This work examines the co-occurrence of risk behaviors among Spanish adolescents. The analyzed behaviors were sexual activity, the use of alcohol and other drugs, violent conduct and behaviors related to driving mopeds or scooters. The sample consisted of 4,091 adolescents between the ages of 13 to 18, all of them enrolled in one of the four compulsory years of secondary education, the approximate equivalents of the 7th to 10th grades in the US educational system. Cluster analysis indicates that there are four risk profiles, one of which is the profile with the greatest risk and the highest co-occurrence of risk behaviors. This group represents 13% of the sample and is noteworthy for using illegal drugs, driving under the influence of drugs and other activities carried out under the influence of alcohol. Differences have been found among the various profiles according to sociodemographic characteristics such as sex, grade, perception of the family’s economic situation and ethnicity. The findings are discussed and some suggestions are given for prevention intervention.
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This essay focuses on a group of films of the late Transition and beginning of the Post-Transition to analyse how they interrelate with the substantial political and social changes occurring in Spain during this key period of its recent history. Specifically, it examines diverse representations of Madrid as a crucial space to account for these transformations. The essay centers on the representational strategies of the filmmakers Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, and Josæ#169; Luis Garci to study clashing approaches to the evolving Madrid cityscape: the attempt to move forward through the depiction of transgressive social and cultural behaviours, and the need to hold on to a disappearing past to deal with the drastic changes in Spanish society.
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Background Existing incidence estimates of heroin use are usually based on one information source. This study aims to incorporate more sources to estimate heroin use incidence trends in Spain between 1971 and 2005. Methods A multi-state model was constructed, whereby the initial state “heroin consumer” is followed by transition to either “admitted to first treatment” or to “left heroin use” (i.e. permanent cessation or death). Heroin use incidence and probabilities of entering first treatment ever were estimated following a back-calculation approach. Results The highest heroin use incidence rates in Spain, around 1.5 per 1,000 inhabitants aged 10–44, occurred between 1985 and 1990; subdividing by route of administration reveals higher incidences of injection between 1980 and 1985 (a mean of 0.62 per 1.000) and a peak for non-injectors in 1990 (0.867 per 1,000). Conclusions A simple conceptual model for heroin users’ trajectories related to treatment admission, provided a broader view of the historical trend of heroin use incidence in Spain.
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This work examines the co-occurrence of risk behaviors among Spanish adolescents. The analyzed behaviors were sexual activity, the use of alcohol and other drugs, violent conduct and behaviors related to driving mopeds or scooters. The sample consisted of 4,091 adolescents between the ages of 13 to 18, all of them enrolled in one of the four compulsory years of secondary education, the approximate equivalents of the 7th to 10th grades in the US educational system. Cluster analysis indicates that there are four risk profiles, one of which is the profile with the greatest risk and the highest co-occurrence of risk behaviors. This group represents 13% of the sample and is noteworthy for using illegal drugs, driving under the influence of drugs and other activities carried out under the influence of alcohol. Differences have been found among the various profiles according to sociodemographic characteristics such as sex, grade, perception of the family’s economic situation and ethnicity. The findings are discussed and some suggestions are given for prevention intervention.
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Packed with new examples and material, this second edition provides a fully up-to-date exploration of the genesis, dynamics, and demise of moral panics and their impacts on the societies in which they take place. Packed with updated and recent examples including terrorism, the 9/11 attack on the World Trade Towers, school shootings, flag burning, and the early-2000s resurgence of the "sex slave" scare Includes a new chapter on the media, currently regarded as a major component of the moral panic Devotes a chapter to addressing criticisms of the first edition as well as the moral panics concept itself Written by long-established experts in the field Designed to fit both self-contained courses on moral panics and wider courses on deviance.
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This paper examines the market in illegal drugs, law enforcement counter-measures, and their interaction in Britain. Doubt is cast on the conventional view that the drug market is monopolistic, dominated by a few big suppliers. A diverse set of enterprises, best distinguished by their qualitative features rather than their size, is described. These enterprises are faced by law enforcement agencies that have at their disposal formidable legislation which provides for life imprisonment and confiscation of assets of drug distributors. The British post-war history of legislation against distributors has been one of increasingly punitive measures, and although there is no evidence that this has restricted the distribution networks, it may have contributed to the increasing professionahzation of the trade. The authors conclude that drug control policies would be more effective if less enthusiasm were expended in raising levels of penalties and more attention paid to the ways in which an irrepressible market may be shaped in more or less harmful forms by legislation and policing strategies. © 1990 The Institute for the Study and Treatment of Deliquency.
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Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre drogas. Ministerio de Sanidad y Consumo. RESUMEN Se describe la evolución del consumo de drogas y problemas asociados en España du-rante 1984-1990, utilizando el Sistema Estatal de Información sobre Toxicomanías (SEIT), encuestas poblacionales, estadísticas policia-les, Registro de SIDA, etc. Se evalúan las fuentes de información disponibles. Durante 1984-l 990 aumentaron los indicadores de ofer-ta, los tratamientos por opiáceos 0 cocaína y los fallecidos por reacción aguda a esas drogas; la heroína provocó la mayoría de los problemas graves detectados, pero aumentaron los pro-blemas por cocaína; los heroinómanos enveje-cieron; disminuyó el consumo de cannabis; España fue el país europeo con mayor inciden-cia acumulada de SIDA en consumidores de drogas, con repercusiones crecientes del SIDA en la mortalidad y demanda de atención de estas personas; la seroprevalencia de VIH fue del 41%-75%; aparecieron leves cambios posi-tivos en las conductas de riesgo. En adelante será necesario adaptar el SEIT para fines de vigilancia epidemiológica, implementar una en-cuesta periódica y potenciar los estudios etno-gráficos. Palabras clave: Consumo de drogas. Consecuen-cias adversas. Tendencias. Fuentes de información. España. ABSTRACT Drugs Consumption in Spain Infor-mation Sources and Evolution During the Period 1984-1990 The development of drugs consumption and associated problems in Spain are described for the period 1984-1990, using the SEIT (State Drugs-De-pendency Information System), populational sur-veys, police statistics, AIDS Registry, etc. The available sources of information are assessed. Be-tween 1984 and 1990, there were increases in supply indicators, in cocaine and opiate treatments and in deaths by acute reactions to these drugs. Heroin produced the majority of the serious problems detected but cocaine related problems increased. Heroin addicts were older; consumption of canna-bis dropped; Spain was the European country with greatest accumulated incidence of AIDS among drug users, with increasing repercussions of AIDS in death rates and health care demands by these people. The prevalence of HIV in serum was 41%-75%; slight positive changes appeared in high risk behaviour. From now on, it will be necessary to adapt the SEIT for the purposes of epidemiolo-gical vigilance, to introduce a periodical survey and to encourage ethographic studies.
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Marijuana and cocaine, two mass-market drugs, have been the object of a major campaign by the federal government over the past five years. That campaign apparently has not led to a significant tightening in the availability of the two drugs, though the relatively high prices of these drugs historically are a consequence of enforcement. The reason for this lack of response to recent law enforcement pressures may lie in structural characteristics of these markets rather than in a failure of tactics or of coordination of law enforcement efforts. The federal effort aims at importation and high-level distribution, which account for a modest share of the retail prices of these drugs. Increasing the risks to importers or high-level distributors is thus likely to have modest effects on the retail price and is unlikely to have any other effect on the conditions of use. Street-level enforcement is hindered by the sheer scale of the two markets and because so few of the final purchases occur in public settings. Many of the risks associated with drug trafficking come from the actions of other participants in the trades themselves, and this also limits the ability of law enforcement agencies to act in ways that will cause prices to increase or alter market conditions. Law enforcement efforts directed at heroin have been much more effective at restricting drug use.