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Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública. Reflexiones en torno al movimiento gaitanista

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Abstract

After reviewing the major studies of Colombian populist leader Jorge Eliécer Gaitán (1898-1948) and social movement that formed around him (gaitanismo), this article suggests alternative ways to interpret them in order to highlight other kinds of dimensions and aspects present in the social movement. To do so, we present and discuss the notions of frame, political opportunity structure, and discursive opportunity structure as tools that can contribute to a more detailed understanding of the characteristics and dimensions of this social movement. The article concludes with some general information about the impact exerted by Gaitán and his movement over the formation and exercise of public opinion.
por Carlos Andrés Charry Joya**
* Este artículo es resultado del proceso de investigación de la tesis doctoral “La fuerza de la opinión. Jorge Eliécer Gaitán, el movimiento gaitanista
y la formación de la opinión pública”, proyecto que adelanta el autor gracias al apoyo dado por el Programa de Becas Alban de la UE y de la
Universidad de Antioquia.
** Antropólogo con Opción en Historia por la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. Magíster en Sociología por la Universidad del Valle, Cali,
Colombia. Estudiante del doctorado en Sociología por la Universitat de Barcelona, España. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad
de Antioquia, Medellín, Colombia. Correo electrónico: ca_charry@yahoo.com
Entre el público y el movimiento,
entre la acción colectiva y la opinión pública.
Reexiones en torno al movimiento gaitanista*
RESUMEN
Partiendo de una revisión de los principales estudios desarrollados acerca de la gura del líder populista colombiano Jorge
Eliécer Gaitán (1898-1948) y del movimiento social formado en torno a él (el gaitanismo), este artículo plantea la considera-
ción de escenarios alternativos de interpretación, mediante los cuales se pretende dar cuenta de otro tipo de dimensiones y
facetas que estuvieron presentes en este movimiento social. Para tal n, se presentan y discuten las nociones de marco cogni-
tivo (frame), estructura de oportunidades políticas y estructura de oportunidades discursivas, como herramientas que pueden
contribuir a una comprensión más detallada de las características de este movimiento social. El artículo concluye presentando
algunos datos generales sobre el impacto ejercido por Gaitán y su movimiento en el funcionamiento y estructuración del pro-
ceso de formación de la opinión pública.
PALABRAS CLAVE
Gaitanismo, movimientos sociales, opinión pública, sociología.
Fecha de recepción: 18 de junio de 2011
Fecha de aceptación: 12 de agosto de 2011
Fecha de modicación: 16 de septiembre de 2011
Between the Public and the Movement, between Collective Action
and Public Opinion: Reflections on the Gaitanista Movement
ABSTRACT
After reviewing the major studies of Colombian populist leader Jorge Eliécer Gaitán (1898-1948) and social movement that
formed around him (gaitanismo), this article suggests alternative ways to interpret them in order to highlight other kinds of
dimensions and aspects present in the social movement. To do so, we present and discuss the notions of frame, political op-
portunity structure, and discursive opportunity structure as tools that can contribute to a more detailed understanding of the
characteristics and dimensions of this social movement. The article concludes with some general information about the impact
exerted by Gaitán and his movement over the formation and exercise of public opinion.
KEY WORDS
Gaitanismo, Social Movements, Public Opinion, Sociology.
Revista de Estudios Sociales No. 41
rev.estud.soc. • ISSN 0123-885X • Pp. 188.
Bogotá, diciembre de 2011 • Pp. 56-71.
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Entre el público y el movimiento,
entre la acción colectiva y la opinión pública.
Reexiones en torno al movimiento gaitanista*
Un debate no resuelto en torno
al gaitanismo
A pesar de ser uno de los fenómenos
sociales más sobresalientes de la época, los diversos in-
tentos por estudiar las dimensiones y facetas del movi-
miento gaitanista han sido eclipsados por una marcada
preferencia hacia el estudio de la vida de Jorge Eliécer Gai-
tán (1898-1948), o bien, y en mayor medida, por las inves-
tigaciones relacionadas con las consecuencias producidas
a raíz de su asesinato, es decir, los estudios sobre el impac-
to de los acontecimientos del 9 de abril de 1948 (el denomi-
nado Bogotazo), así como por aquellas investigaciones que
trataron de comprender el proceso de configuración del
período de la historia política colombiana en el cual estos
hechos estuvieron inscritos, época comúnmente denomi-
nada como el período de La Violencia (1946-1957).1
Un repaso de esta literatura nos permite distinguir tres
tipos de estudios o investigaciones. El primero de ellos
1 En rel ación con la importancia dad a por las ciencias sociales colom-
bianas a La Violencia, Russell Ramsey (1973) contabilizó más de cien
investigaciones relacionadas con este período, hasta los a ños seten-
ta. Para un debate en torno al per íodo de La Violenci a, consúltense tam-
bién Fals Borda, Guzmá n y Um aña (1988), Martz (1969), Hobsbawm
(1974), Sánchez (1986), Pécaut (20 02) y Palacios (1995).
está constituido por los estudios realizados alrededor del
líder del movimiento, en donde se encuentran las bio-
grafías elaboradas por ex militantes del gaitanismo (cfr.
Córdoba 1952; Osorio 1979; Peña 1948), hasta las más re-
cientes, en las que se destacan los trabajos realizados por
reconocidos historiadores profesionales (Sharpless 1978).2
En esta categoría de investigaciones también se hallan
los esfuerzos editoriales dedicados a recopilar sus princi-
pales discursos e intervenciones, así como los análisis
que han abordado su ideología y pensamiento político
(cfr. Eastman 1979; Gaitán 1998 y 2002; Perry 1968; Sierra
1997; Valencia 1968; Vásquez 1992).
Un segundo grupo de investigaciones estaría compues-
to por aquellos acercamientos que trataron de explicar la
función y el impacto ejercidos por Jorge Eliécer Gaitán en
la estructuración del conflicto bipartidista colombiano,
y las consecuencias producidas por tales relaciones en la
evolución del régimen político (cfr. Braun 1987; Otálora
1989; Palacios 1971; Pécaut 2000), encontrándose aquí el
único esfuerzo por explicar de forma focalizada al movi-
miento gaitanista (Robinson 1976).
Por último, desmarcándose de la mirada estructural que ca-
racterizó al segundo grupo de estudios, recientemente
ha emergido una serie de investigaciones que han lla-
2 En una reseña sobre el texto de Sharpless, Frank Safford afirmó: “Be-En u na reseña sobre el texto de Sh arpless, Frank Safford a firmó: “Be-
cause of his concentration on Gaitán´s personal style, Sharpless pro-
vides too little discussion of others in this movement. Gaitan´s most
important collaborators are simply described as middle class. One would
like to know more about them, how they became connec ted to Gaitán,
and how they differed socially from others in politics. Somet imes the
politica l context is not sketched adequately” (Safford 1979, 60 0).
Entre o público e o movimento, entre a ação coletiva e a opinião pública.
Reflexões sobre o movimento gaitanista
RESUMO
Partindo de uma revisão dos principais estudos desenvolvidos sobre a gura do líder populista colombiano Jorge Eliécer Gai-
tán (1898-1948) e do movimento social formado em torno dele (o gaitanismo), este artigo propõe a consideração de cenários
alternativos de interpretação, diante dos quais se pretende dar conta de outro tipo de dimensões e facetas que estiveram pre-
sentes neste movimento social. Para tal m, apresentam-se e discutem as noções de referencial cognitivo (frame), estrutura de
oportunidades políticas e estrutura de oportunidades discursivas, como ferramentas que podem contribuir com uma compre-
ensão mais detalhada das características deste movimento social. O artigo conclui apresentando alguns dados gerais sobre o
impacto exercido por Gaitán e seu movimento no funcionamento e estruturação do processo de formação da opinião pública.
PALAVRAS CHAVE
Gaitanismo, movimentos sociais, opinião pública, sociologia.
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
Reexiones en torno al movimiento gaitanista
Carlos Andrés Charry Joya
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mado la atención sobre las consecuencias y restricciones
que tuvo este movimiento en determinadas regiones de
la geografía colombiana, evidenciando la importancia
de considerar otros elementos de movilización social
tales como la raza y el género, factores a través de los
cuales este movimiento desbordó el ámbito de acción y
control ejercido por los partidos políticos tradicionales
(cfr. Charry 2010; Luna 2003a, 2003b; Green 1996, 2003;
Roldán 2000, 2003).
A pesar de las diferencias en cuanto a perspectivas, en-
foques, momentos y lugares de enunciación desde los
cuales fueron elaborados estos estudios, en la mayoría se
encuentra como factor común la caracterización del gai-
tanismo como una disidencia radical del Partido Liberal,
o bien, y en mayor medida, como un movimiento popu-
lista, en razón de que su principal rasgo distintivo fue
su compleja manera de organizarse: una forma de acción
colectiva que mantenía su vigencia en función del lide-
razgo impuesto por una figura carismática, cuya tarea
fue proveer de contenido ideológico, así como coordinar
y protagonizar las principales acciones adelantadas por
el movimiento.
Siguiendo la tesis del líder carismático o del líder po-
pulista, las investigaciones de Palacios, Robinson,
Sharpless, Pécaut, Braun y Vásquez (entre otras) es-
tablecieron una vinculación directa de la trayectoria
vital y política de Jorge Eliécer Gaitán con las etapas,
momentos y formas de lucha articulados por el movi-
miento gaitanista, de lo cual podemos distinguir la
existencia de tres fases o etapas constitutivas.
La primera se relaciona con las incursiones políticas de-
sarrolladas por Gaitán hacia el final de la década de 1920,
definidas por su participación como representante a la
Cámara por el Partido Liberal y, en especial, por la forma-
ción en 1933 de una organización política independiente,
con la cual pretendió competir con los tradicionales par-
tidos políticos, denominada Unión Nacional de Izquier-
das Revolucionarias (UNIR). La segunda etapa se produce
una década después, en 1944, cuando Gaitán se lanza
como candidato presidencial, para lo cual conformó una
alianza política dentro del Partido Liberal, integrada por
personalidades políticas independientes o de izquierda,
y que fue derrotada en las urnas, a pesar de conseguir el
apoyo popular en las principales ciudades del país. Por
último, en la tercera etapa, que va de 1946 hasta el día
de su asesinato, Gaitán se convierte en el jefe único de
Partido Liberal, y logra que los representantes de su mo-
vimiento político triunfen local y regionalmente en di-
ferentes comicios electorales, victorias que lo conducían
de forma clara hacia la obtención de la Presidencia de la
República para el período 1950-1954.3
Si bien este conjunto de investigaciones han expuesto sig-
nificativos avances en cuanto a la comprensión de la con-
figuración del sistema político colombiano de la época, lo
cierto es que –en su preocupación por el hallazgo de las ca-
racterísticas comunes o divergentes con otros movimientos
populistas latinoamericanos, o bien, por el tipo y las formas
de liderazgo político ejercidos por Gaitán– han descuidado
otras dimensiones y facetas presentes en los complejos
modos de acción colectiva articulados por el gaitanismo, los
cuales ofrecen elementos significativos para comprender
mejor ciertas características del funcionamiento mismo
de los movimientos sociales, siendo en realidad pocas las
investigaciones sensibles a las formas de poder simbólico acti-
vadas por Gaitán y los líderes de su movimiento, razón por
la cual aún existen serios vacíos y dudas acerca de las estra-
tegias implementadas por este movimiento social a la hora
de definir y orientar la acción colectiva.4
Siendo conscientes de tales formas de acumulación del
capital simbólico, los estudios que de una u otra manera
han abordado la figura política de Jorge Eliécer Gaitán, o
que han investigado al movimiento gaitanista, no pres-
taron la suficiente atención al hecho de que Gaitán jugó
de forma deliberada a impactar la opinión pública, que su
mayor pretensión fue crear un público, y que era conscien-
te de que en determinadas circunstancias dicho público
podría ser presentado como multitud, como masa, y que
esas masa –aparentemente amorfa e impersonal– podría
incidir en la toma de importantes decisiones políticas.
3 En concepto de Robi nson, “En las primeras etapas del gaitanismo, el
movimiento estuvo estructurado bastante bien, con líneas de comando
a través de toda su organización. Sin embargo, a mediados de la década
de los c uarenta, el mov imiento se tornó bastante informal, sin nin-
guna estruct ura forma l, exceptua ndo la presencia de comités locales,
establec idos como agencias de propaganda y para organizar demostra-
ciones masivas. A medida que la figura carismát ica de Gaitán se vol-
vía más y más el foco del movimiento, la visibilidad de otros líderes
principales disminuía rápidamente. L a informa lidad en la estructura
continuó aún después de que el gaitanismo absorbiera la organiz ación
del Pa rtido Liberal en 1947. […] En los ú ltimos años de su e xistencia, el
ga itan ismo b uscó a ctiv a y abi ert amente una super iori dad nu méri ca, no
tanto un comprometimie nto con sus va lores, en sus es fuerz os por gan ar
el control del P artido Libe ral, y al mism o tie mpo, por di sminu ir el pod er
del gobierno conservador” (Robinson 1976, 18-19).
4 En relación con est a forma de poder, Pierre Bourdieu afirma: “El po-
der simbólico es un poder de construcción de l a realid ad que aspira a
establecer u n orden gnoseológico: en el sentido i nmediato del mundo (y
en particular del mundo social) supone una concepción homogénea del
tiempo, del espacio, del número, de la causa, que hace posible el acuer-
do entre las inteligencias […]” (Bourdieu 2001, 91- 92). Tenemos que
mencionar acá que las investigaciones que han abordado parcialmente
esta faceta o dimensión del gaitanismo han sido las adelantadas por el
profesor Herber t Braun (1987), y lo expuesto por John Green (2003).
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En por ello que se desea insistir en el hecho de que Gai-
tán –junto con sus más allegados amigos y compañeros
de lucha política– produjo dos periódicos, el primero de
ellos, Unirismo, asociado con la primera etapa de su movi-
miento en la década de 1930, mientras que en la segun-
da mitad de los años cuarenta fundó Jornada, diario en el
que se expresó una pequeña parte de la segunda y toda
la tercera etapa del movimiento. De igual manera, con-
viene reconocer que Gaitán realizó un programa de radio
(llamado, despectivamente, por sus adversarios Viernes
culturales) y que su movimiento contó con la presencia ac-
tiva de intelectuales, literatos y periodistas, factores que
fueron decisivos en la producción de los medios de comu-
nicación que se autoproclamaron como gaitanistas.5
Aun así, lo que la mayoría de investigaciones hechas
en torno a Gaitán y el movimiento gaitanista no han
explicado es cómo dichos factores favorecieron o no la
activación y organización de la acción colectiva, todo lo
cual nos conduce a afirmar que la comprensión del mo-
vimiento gaitanista ha sido incompleta, dado que no se
ha prestado la suficiente atención a la dimensión mediática
de este movimiento, la cual, a nuestro parecer, explica
buena parte de lo que fue su desarrollo y éxito.
Es por ello que se considera aquí que la intención de
Gaitán y de sus más allegados seguidores de formar un
público, su habilidad para mantenerlo y gestar a través
de él todo un movimiento social de amplias dimensio-
nes como lo fue el Gaitanismo, abren un debate sobre
las relaciones que existen entre la acción colectiva y los
procesos de formación de la opinión pública, razón por la
cual resulta indispensable preguntarse cuál puede llegar
a ser la relevancia sociológica de ese par de fenómenos
(el de querer formar un público y, por medio de él, un
movimiento social), así como saber si existe una relación
entre tales procesos de orden colectivo, y, en caso de que
exista, determinar con algún grado de certeza cuál es y
qué implicaciones tiene.
Así, el propósito de este artículo es dar cuenta de cuáles
pueden llegar a ser estos tipos de relaciones y dinámicas,
5 En palabras de la histor iadora Adriana Rodríg uez Franco, en la
producción de los medios de comunicación gaitanistas “No había
ningún tipo de autonomía” (Rod ríguez 2009, 114) p or parte de los
int elec tua les y pe riodi stas que aco mpañ aron a Gaitán. No obsta nte,
al analizar l as biografías y testimon ios dados por s us más cerca nos
amigos y compañeros, se encuentra uno con información que da
cuenta de todo lo contrar io, y queda claro que el periódico Jornada,
así como la emisora gaitanista Ond a Libre, funcionaron bajo el es-
tricto criterio de su director y ed itorialista, Daniel Samper y Jo
Mar, respectivamente.
y de cómo éstas pueden abrir nuevos campos de interpre-
tación sobre lo que fueron la experiencia, la repercusión
y el cambio del movimiento gaitanista.
Acción colectiva y medios
de comunicación
Desde la teoría social clásica se acostumbró entender
las expresiones del comportamiento social de masas
como anomalías que tipifican los problemas de inte-
gración de las sociedades modernas. A partir de los
trabajos de Le Bon (1983) y Taine (1986), se construyó
el consenso de interpretar los comportamientos colec-
tivos como patologías, como expresiones sociales dis-
ruptivas y amenazantes, cuyo origen y principio eran
la sugestión, la imitación o la identificación del indi-
viduo con un líder o con la masa, idea que luego sería
difundida y ampliada por psiquiatras y criminalistas
(Laclau 2005).
A diferencia de tales aproximaciones, en las que la ac-
ción social de masas era vista como la principal forma de
anomia de las sociedades modernas, Gabriel Tarde, en La
opinión y la multitud, logró identificar con claridad los ras-
gos sociológicos que distinguen a dos tipos de fenómenos
de masas: el público y la multitud; dos formas de acción
social que tienden a superponerse y confundirse, y que
nos son útiles para describir las facetas y dimensiones
sociológicas que dieron vida e identidad al movimiento
gaitanista como un movimiento social de masas.
De modo genérico, podemos afirmar que un público se
caracteriza por ser una forma de cohesión social cuyos
miembros están dispersos –en palabras de Tarde–, una
colectividad puramente espiritual, en la que los individuos que
participan en ella se encuentran físicamente separados,
pero unidos por una sólida cohesión psíquica o mental.
Entretanto, la multitud es una forma de acción social
esencialmente constituida por la animación ejercida
por un líder, en la que los niveles de coordinación y de
acción se encuentran limitados o circunscritos a las for-
mas de presencialidad física que alcanza la interlocución
del agitador con la masa, lo cual las hace ser expresiones
sociales espontáneas e inconstantes, pero con un alto
poder político. Es así como, para Tarde, la principal di-
ferencia entre el público y la multitud consistía en que
la fuerte cohesión social del primero se debía a un hecho
crucial y ausente en la segunda: la pretensión de formar
una opinión, es decir, de configurar una serie de valores
y creencias más o menos comunes en un grupo amplio
de individuos, relacionados con un conjunto de temas
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
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específicos, a partir de un trabajo mediado –y, por consi-
guiente, a distancia– que podría extenderse por un período
considerable (cfr. Tarde 1986).
De esta manera, Tarde identificó cinco factores de di-
ferenciación entre el público y la multitud, los cuales
describen, a su vez, sus principales rasgos sociológicos.
El primero de ellos tiene que ver con la posibilidad que
posee todo individuo de participar en varios públicos,
mientras que, por las limitaciones de presencialidad y
simultaneidad que caracterizan a las multitudes, un
individuo sólo podrá participar en una multitud. Por
las mismas razones, los públicos no están sometidos a
las restricciones que imponen el medio físico y la pre-
sencialidad, que hace de las multitudes acciones socia-
les altamente susceptibles, inestables y proclives a la
rápida disolución. Como tercer factor, Tarde atribuyó
la diferenciación entre el agitador y el publicista, dado
que el trabajo del primero se concentra en la excitación
inmediata, mientras que el segundo influye constante-
mente en los miembros de su público, lo cual hace que
el grado de coordinación y de acción de éstos sea mucho
más poderoso y persistente que el de las multitudes. Otro
hecho significativo que diferencia la configuración de los
públicos de la configuración de las multitudes resulta de
la selectividad ejercida tanto por el publicista como por
los miembros del público, es decir que, a diferencia de
la espontánea y estrepitosa formación de las multitudes,
la formación del público se ha producido por una selec-
ción mutua entre el publicista y las personas que partici-
pan en la formación del público, lo cual no sólo permite
que los individuos puedan participar en diferentes tipos
de públicos, sino que les permite elegir en cuáles de ellos
quieren o no participar. Por último, Tarde encontró que
el carácter y el tipo de homogeneidad que se presentan
en uno y otro caso son bastante disímiles, dado que los
miembros del público, además de ser más perseverantes,
son a su vez mucho más homogéneos que los de la mul-
titud, en la cual suelen “colarse” curiosos y escépticos
que se adhieren momentáneamente, dificultando así la
coordinación ulterior de los fines que la multitud pueda
perseguir (cfr. Tarde 1986).
Pero el legado de Tarde para el pensamiento sociológico
moderno no sólo consistió en distinguir dos tipos o formas
de acción social de masas; también proveyó un marco de
referencia para clasificarlas, hallando dos tipos de multi-
tudes y públicos: los expectantes y los actuantes. Y es en este
último tipo en donde queremos llamar la atención.
Entre las multitudes actuantes, Tarde diferenció entre
las motivadas por el odio y las motivadas por el amor. Las
primeras se asocian con los fenómenos de masas a los
cuales solían prestar atención sus contemporáneos Le
Bon y Taine; las segundas eran multitudes organizadas
por el deseo de comunión, tales como las fiestas públicas
o las manifestaciones populares (misas, carnavales, fe-
rias, etc.). De igual modo, Tarde atribuyó la existencia de
públicos de odio y de amor; no obstante, se preguntaba si
la esencia misma de un público no era el estado de pasivi-
dad, es decir, de expectación. Así, cuando aparece un -
blico actuante, sea este guiado por el odio o por el amor,
lo que está aconteciendo en realidad es la formación de
un grupo de manifestantes fuertemente organizado para
la acción política o, en su defecto, para la violencia (cfr.
Tarde 1986). Un hecho sin duda crucial para el entendi-
miento de la acción social colectiva.
Lo que resulta sustantivo de las reflexiones hechas por
Tarde en los albores del siglo XX se deriva de la impor-
tancia que atribuía al fenómeno periodístico como el
principal factor que posibilita la formación de la opi-
nión en la era moderna. Y resultan significativas si con-
sideramos que, cuatro décadas después, el padre de la
Escuela de Chicago, Robert Enza Park, afirmaba que
los medios de comunicación poseen un peso decisivo en
los procesos cognitivos a través de los cuales los indivi-
duos construyen su versión de la realidad (Park 1940).
Para Park, las noticias cumplían la misma función en
el público que la que cumple la percepción en el indivi-
duo. En medio de la espesa densidad de información que
discurre en el diario vivir, los medios de comunicación
proveen a los individuos la información sustancial para
comprender lo que está pasando. No obstante, el interés de
Park por las noticias estaba encaminado hacia la con-
figuración de una sociología del conocimiento, y no
a la comprensión de cómo aparecen los públicos y los
manifestantes,6 siendo éste un tema cooptado por la
emergente sociología de la comunicación (cfr. Curran
2005) y por el interaccionismo simbólico (cfr. Blumer
1982), campos de estudio en donde quedó diluida la di-
mensión manifestante y movilizadora que puede llegar
a indicar la formación de todo público.
6 En este artículo Park desvirtu aba la posibilidad de que un público
generase algún tipo de acción colect iva. En su conce pto, “News circ u-En su conce pto, “News circ u-
lates, it seems, only in a society where is a cert ain degree of rapport
and certa in degree of tension. But the effect of news form outside the
circle of public interest is to d isperse at tention and, by so doing, to
encourage individu als to act on their own initiative rather than of
a dominant party or personality” (Park 1940, 68 4). En relación con
las formas de acción social de masas en este autor, consúltese Park
(1969), en donde se re mite a la s disc usiones ent re Le Bon y Tarde, dan -
do mayor importancia al primero que al segundo.
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Por otro lado, un número considerable de académicos
ha venido desarrollando desde los años sesenta una
serie compleja de estudios de carácter teórico y empírico
encaminados a analizar a los manifestantes. Desde la
teoría de la frustración relativa (Gurr 1971) o desde la teoría
del status (Gusfield 1986), pasando por los enfoques de
la elección racional (Olson 1965) y la movilización de recursos
(McCarthy y Zald 1977), se consideró el surgimiento de
las manifestaciones como una acción que buscaba re-
componer el equilibrio estructural entre los agentes, o
bien, eran entendidas desde una visión instrumental
según la cual el sistema de jerarquías y roles sociales
existentes canalizaba o permitía la cristalización de de-
mandas y recursos determinados, convirtiéndolos en
movimientos sociales o en grupos de interés. Hacien-
do uso de teorías provenientes de la psicología y de la
economía, los teóricos de los movimientos sociales de
los años sesenta, setenta y ochenta interpretaron las ma-
nifestaciones como portadoras de un alto sentido de ra-
cionalidad y organización, poniendo de presente que las
movilizaciones sociales no eran el simple resultado del
contagio o la contaminación, sino que se trataba de un
trabajo de delimitación política, de la búsqueda de cana-
les y consensos, así como del establecimiento de unos
objetivos específicos y de unos repertorios de acción
para conseguirlos (Neveu 2006a; Tarrow 2004).
Gracias a estos desarrollos sabemos que los componen-
tes generales que definen a un movimiento social son:
I) la acción colectiva, II) los objetivos que persigue para
generar un cambio, III) la existencia de algún grado de
organización, IV) la continuidad en el tiempo y V) el es-
tablecimiento de estrategias de acción institucional o
extrainstitucional. Igualmente, por estos estudios en-
tendemos que la formación de todo movimiento social
indica la creación de unos protagonistas, de unos antagonis-
tas y de unos espectadores. Colegimos, a la vez, que, según
las aspiraciones de cambio que persigan, pueden existir
movimientos sociales alternativos, reformadores, redentores y
transformativos, y que, dependiendo del tipo y la forma de
organización, pueden surgir movimientos sociales forma-
les o informales, todo lo cual depende de la interacción de
factores y del tipo de contexto en el cual se geste la acción
colectiva (cfr. McAdam, McCarthy y Zald 1999; McAdam
y Snow 1997; Ramos 1997).
De hecho, en gran parte estos desarrollos se concentraron
en los aspectos organizativos, pues los teóricos de los mo-
vimientos sociales hallaron allí elementos sustanciales
para explicar el tipo y el modo de configuración de la ac-
ción colectiva. Ejemplo de ello se encuentra en el estudio
realizado por Suzanne Staggenborg sobre el movimiento
proabortista en Estados Unidos, en el cual declaró que
los movimientos sociales formales poseían: “[…] proce-
dimientos burocráticos para la toma de decisiones, una
desarrollada división del trabajo con posiciones para va-
rias funciones, un criterio explícito de membresía y re-
glas para gobernar las subunidades” (Staggenborg 1988,
587). En contrapartida, los movimientos sociales infor-
males “poseen pocos procedimientos establecidos, care-
cen de requisitos de membresía y una mínima división
del trabajo. Las decisiones en las organizaciones infor-
males tienden a tomarse de forma ad hoc, en vez de ha-
cerlo de forma rutinaria. La estructura organizacional de
los movimientos sociales informales es frecuentemente
ajustada, el establecimiento de tareas del personal y los
procedimientos son desarrollados para resolver las nece-
sidades inmediatas”, razón por la cual “[…] suele ocurrir
que un líder individual ejerce una influencia importante
en la organización” (Staggenborg 1988, 590).7
Es por esto que, para este conjunto de académicos, los
movimientos sociales formales tienden a captar de mejor
manera los recursos y ventajas ofrecidos por las funda-
ciones e instituciones, logrando así la consecución de
sus objetivos y demandas, dado que se han especializa-
do en la utilización de los canales institucionales como
táctica para la obtención de recursos, mientras que los
movimientos sociales informales tienden al desarrollo
de acciones disruptivas, las cuales pueden o no generar
los cambios deseados.8
A pesar de lo sugerente que sigue siendo este enfoque
para la investigación de los movimientos sociales, Sid-
ney Tarrow hacía notar que, por su predilección en las
estructuras organizativas, esta perspectiva descuidó los
aspectos ideológicos, valorativos, militantes, y, en es-
pecial, los ciclos y estructuras de oportunidad política en los que
se circunscribe la puesta en marcha de todo movimiento
social. Además, desde el punto de vista de Tarrow, los
hallazgos encontrados por este grupo de investigadores
se basaban primordialmente en movimientos sociales de
Estados Unidos, un país que ha producido un sistema po-
7 La traducc ión del inglés es mía.
8 Previamente, en The Strategy of So cial Protest, Willia m Gamson (1975)
analiz ó los proto tipos or gani zativo s de más de 50 mov imientos socia-
les a lo largo y ancho de Estados Unidos, entre 18 00 y 1945, y encon-
tró que en un 71% de los casos, los movimientos sociales organizados
eran reconocidos por sus interlocutores políticos, mientra s que sólo
un 28% de los movimientos sociales in formales log raban tal recono-
cimiento. Así, un 62% de los movimientos sociales organi zados lo-
graban conseguir alguno de sus objetivos, mientras que en el ca so
de los mov imientos sociales informales lo hacía un 38%. Para una
ampliac ión sobre este estudio, véase Neveu (2006a). Otro ejemplo que
contextuali za esta perspe ctiva se encuentr a en Morris (1981).
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
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Dossier
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lítico caracterizado por un conjunto de prácticas que en
otros contextos no se hallan igualmente desarrolladas,
democracias en las cuales es más común el surgimiento
espontáneo de los movimientos sociales y de las protes-
tas (cfr. Tarrow 2004).
Por esta misma vía, es preciso señalar que, si bien este
grupo de estudios y teorías sobre los movimientos sociales
han acumulado una gran experiencia en la comprensión
de los movimientos sociales formales, en realidad ofrecen
poca información acerca de cómo logran conseguir sus ob-
jetivos políticos los movimientos sociales informales.
Como respuesta a este tipo de críticas emergió una pers-
pectiva que hacía notar las dimensiones culturales y
simbólicas mediante las cuales los movimientos sociales
activaban y definían la acción colectiva. Amparados en
la noción de frame acuñada por Gregory Bateson desde la
psicología social, y ajustada y recompuesta por Erving
Goffman (2006) para la sociología, estos académicos han
venido retomando las representaciones sociales con las cuales
los manifestantes interpretan el conflicto social y polí-
tico. Para los impulsores de este enfoque, David Snow y
Robert Bendford, la construcción de significados suele
ser un proceso por medio del cual se identifican los pro-
blemas (diagnóstico), se construyen soluciones y alternati-
vas (pronóstico) y se proveen marcos de acción para reparar
dichos problemas (motivación) (cfr. Snow y Benford 2000;
Snow y Benford et al. 1986).
La construcción de tales significados es analizada por
este grupo de científicos sociales como una actividad
transformadora y reflexiva, poniendo de presente que
los factores emocionales y psicológicos cumplen un rol
decisivo en la percepción, encauzamiento y aprovecha-
miento de las oportunidades políticas (cfr. Jasper 1998;
Kurzman 1996; Yang 2000; Zdravomyslova 1999). De
igual manera, estos desarrollos teóricos han enfatizado
que los repertorios organizacionales de los movimientos
sociales son producto de una aptitud cultural, de un habitus,
dado que la “[…] forma organizacional implica la exis-
tencia tanto de un modelo cognitivo por medio del cual se
puedan estructurar las identidades colectivas como de
las estructuras de relaciones propias de las instituciones so-
ciales” (Clemens 1999, 291).
Es por ello que podemos afirmar que la disposición organi-
zativa de un movimiento social es el resultado de la in-
teracción de factores estructurales y relacionales, que
pueden variar según las circunstancias y oportunidades
que brinda el contexto en el que se desenvuelve dicho
movimiento, un proceso en el cual se puede hacer mayor
énfasis en una dimensión organizativa, en detrimento
de otras;9 oscilaciones sustanciales a la hora de inten-
tar comprender el movimiento gaitanista, puesto que
la mayoría de afirmaciones relacionadas con la falta de
organización de este movimiento han hecho referencia
solamente a su organización política interna, la cual se
fue simplificando progresivamente, en la medida en que
crecía la importancia política de Jorge Eliécer Gaitán (Pé-
caut 2000; Robinson 1976).
Pero ¿qué ocurre cuando un movimiento social decide
dar mayor importancia a los factores organizacionales
con los cuales dicho movimiento pretende generar algún
tipo de repercusión en la esfera de discusión pública? Esta
pregunta nos obliga a cuestionar si la creación y mante-
nimiento de un público no requieren de unas formas y
tácticas organizativas complejas y específicas que permi-
tan convertir dicho público en un movimiento social.
Como bien lo hacía notar Érik Neveu, los procesos inter-
pretativos con los cuales los activistas y manifestantes
crean su versión de la realidad se producen mediante la
instauración de tramas discursivas y una serie de formas
de comunicarlas, siendo los medios de comunicación el
campo en donde se circunscribe y reproduce buena parte
de tales prácticas y manifestaciones, en las que suele
ser común la creación de un nosotros frente a un ellos.10
De hecho, para expertos como Mayer Zald, por medio de
la construcción de significados, los movimientos socia-
les expresan las rupturas estructurales que ocurren en una
forma de organización social específica, poniendo de
manifiesto las contradicciones culturales mediante las cuales
dichos roles y funciones sociales son asumidos, siendo
los medios de comunicación el lugar donde discurre buena
parte de tales luchas simbólicas (cfr. Zald 1999).11
9 Un desarrollo empírico sobre este t ipo de afirmaciones se encuentra
en Olza k y Ryo (2007).
10 En pa labr as de Neveu , “El mov imie nto de la inve stig ación se co nfron-
ta a sí a los objetos que suscitan los cambios sociales: el papel de los
medios de comunicación es uno de los que contribuye a modificar las
condiciones de const rucción y de escen ificación en el espacio público
de los grupos y reivindicaciones […] Al design ar causas y respon sa-
bles, la dimensión si mbólica es t ambién normat iva. El la dice lo que
está bien y lo que está mal, el nosotros y el ellos, y tiene también por ella
una componente identitaria” (Neveu 2006a, 140). Al respecto, con-
súltese t ambién Oegema y Klandermans (1994).
11 Por esta misma vía, Ga mson y Meyer ac laraban que “[…] la aper-
tura de los medios ante los movim ientos sociales constit uye un
importante elemento de la oportunidad política. […] Debido sólo
parcialmente a la existencia de una audiencia autoselect iva, los
distintos me dios llegan a públicos d iferente s, emitiendo men sajes
potencialmente contradictor ios respecto de la urgencia, los pro-
blemas y la eficacia. Es aqu í donde los movimientos pueden jugar
un papel destacado como fuente de organización. Brindan a los
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Si bien la relación de los medios de comunicación con
el poder ha sido materia de amplios estudios y debates,
entre los cuales se pueden destacar los estudios orien-
tados hacia la formación de la opinión pública como un
hecho interdependiente de la formación y existencia de
las democracias y la cultura moderna,12 así como los que
analizaron el rol desempeñado por la prensa en la crea-
ción del ambiente político que facilitó el surgimiento de
los Estados nacionales modernos (cfr. Anderson 1993; Ge-
llner 1988; Hobsbawm 1992), lo cierto es que la relación
entre movimientos sociales y medios de comunicación
puede llegar a ser tan estrecha que, en algunos casos, de-
terminados movimientos sociales han hecho de ésta su
principal estrategia y táctica organizativa, como lo evi-
denció el estudio pionero de Todd Gitlin sobre la forma-
ción del Movimiento de Estudiantes por una Sociedad Democrática
y, en general, lo que se llamó la Nueva Izquierda en Estados
Unidos, durante los años sesenta y setenta (Gitlin 1980).
En una dirección semejante, los estudios sobre medios
de comunicación han indicado cómo éstos confieren una
ventaja significativa a los grupos sociales y de interés que
a través de ellos desean establecer e influir en los temas
de discusión pública, como lo han evidenciado los traba-
jos de Neveu (2006b), Champagne (1993), y en especial,
los de McCombs y Shaw (1972) y McCombs (2006), con-
formándose una interesante tradición de estudios en la
que la noción de frame (marco cognitivo e interpretativo,
en su traducción al castellano) viene dando lugar a inter-
pretaciones bastante sugerentes sobre el desarrollo de la
acción social colectiva y los procesos de formación de
la opinión pública.13
Marcos cognitivos y estructuras de oportunidades polí-
ticas. Hacia el análisis integrado de las estructuras de
oportunidad discursiva
A partir de la formulación que hemos venido esbozando,
se puede deducir que la relación entre acción colectiva y
procesos de formación de la opinión pública resulta ser
un factor esencial para la comprensión de determinados
movimientos sociales. Aun así, conviene señalar que
activistas interpretaciones e información y pueden convertirse en
parte integrante de la cultura compartida, generada desde el mo-
vimiento mismo” (Gamson y Meyer 1999, 407-408).
12 Hacemos referencia esp ecífica al trabajo de Jürgen Haberma s (1994),
Histo ria y crítica de la op inión públic a: la transforma ción estruc tural de la vida
pública. Par a debates y crít icas, consú ltense Kornhauser (1969) y, en
especial, Böc helmann (1983).
13 Para una referencia amplia de tales desarrollos en el estudio de las
socied ades posindustriales, consúltese el reciente trabajo de Manuel
Castel ls (2009).
tanto la configuración de la acción social colectiva como
la formación de la opinión pública no son procesos y di-
námicas que estén al pleno alcance de los activistas de los
movimientos sociales. En realidad, este par de dimen-
siones aluden a procesos intervenidos y contenidos, es decir,
se trata de dinámicas que se ven afectadas y son produ-
cidas por el capital social, político, cultural y económico
de los individuos y grupos sociales que buscan el estable-
cimiento de una hegemonía o que aspiran a mejorar su
posición en el campo de las relaciones sociales y de poder.
Por esta razón, la mayoría de enfoques y perspectivas
que han abordado la relación entre acción colectiva y los
procesos y dinámicas de formación de la opinión pública
tienden a considerar que los movimientos sociales suelen
encontrarse en una posición marginal (o desventajosa)
dentro de las relaciones de poder que definen al campo
social desde el cual se estructura este par de procesos.14
En tal sentido, y con el fin de proponer un marco meto-
dológico que permita el control de variables y la identifi-
cación de tendencias, para la comprensión de la relación
entre acción colectiva y procesos de formación de opinión
pública, se considera aquí que esta relación puede ser en-
tendida por la confluencia de tres categorías analíticas
interdependientes.
La primera es la de oportunidades políticas (o estructura de
oportunidades políticas). Por oportunidades políticas
hacemos referencias a las “señales continuas –aunque
no necesariamente permanentes, formales o a nivel
nacional– percibidas por los agentes sociales o políti-
cos que les animan o desaniman a utilizar los recursos
con los que cuentan para crear movimientos sociales”.
Lo cual implica “no sólo considerar las estructuras for-
males, como las instituciones, sino también las es-
tructuras de alianzas generadas por los conflictos, que
contribuyen a la obtención de recursos y crean una red
de oposición frente a constricciones o limitaciones ex-
ternas al grupo” (Tarrow 1999, 89).
Según esta definición amplia, las condiciones generales
que inciden en la composición de una estructura de opor-
tunidades políticas son el incremento del acceso, la presencia
14 De hecho, para Sidney Tarrow, “Las p ersonas que poseen lim itados re-
cursos pueden act uar colectivamente, aunque sea de forma esporádica,
aprovechando estas oportunidades mediante repertorios de acción co-
nocidos. Cuando estas acciones se basa n en redes socia les compactas
y estructu ras de conexión y util izan marcos culturales consensu ados
orientados a la acción, podrán mantener su oposición en conflictos con
adversarios poderosos. En esos casos –y solo en esos casos– estamos en
presenci a de un movimiento social” (Tarrow 2004, 33).
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
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de alineamientos políticos inestables, la concurrencia de élites
divididas y el apoyo de aliados influyentes, así como el grado
de represión o facilitación por parte del Estado. Por incremento
del acceso se entiende las capacidad y calidad de los canales
formales o informales con los cuales cuentan los mani-
festantes para expresar sus reclamaciones y demandas.
Los alineamientos políticos inestables consisten en la presen-
cia de factores desestabilizadores en el sistema político
(cambios constitucionales, cambios y debilitamiento de
un gobierno, etc.), que facilitan o inhiben la presencia
de manifestantes. Por su parte, la concurrencia de élites
divididas puede ser entendida como una dimensión subsi-
diaria de la anterior (en particular, en el contexto de las
oligárquicas democracias latinoamericanas), que con-
siste en una fragmentación de las prácticas y los intere-
ses políticos de las élites, que pueden llevar al extremo
su lucha por el control del monopolio político del Esta-
do, generando así un conflicto estructural en el sistema
político. Entre tanto, la existencia de aliados políticos influ-
yentes es concebida como la incidencia o aparición de per-
sonajes o de instituciones que promueven la formación
y mantenimiento de la acción colectiva. La presencia de
esta clase de aliados puede ser producida por las venta-
jas y cambios que provea el sistema político, la división
de las élites, o bien la formación de líderes políticos caris-
máticos. Por último, los grados de represión se comprenden
como las acciones (políticas, legales, policivas) que ele-
van el coste de la acción colectiva de los manifestantes,
mientras que las acciones que posibilitan o permiten su
formación son entendidas como acciones facilitadoras (cfr.
Tarrow 2004; Tarrow 1999).
Por su parte, la investigación de los procesos de forma-
ción de la opinión pública ha tendido a considerar a los
medios de comunicación como un filtro seleccionador
tanto de los acontecimientos como de los personajes y
las acciones a partir de los cuales se configura la agen-
da temática sobre la que se desea mantener informado
al público, razón por la cual se afirma que la opinión
pública es un campo intervenido (cfr. Bretones 2001; Cu-
rran 2005; Noelle-Neumann 1995; Monzón 1996; Neveu
2006b). Al tratarse de un producto, de algo que ha sido
fabricado para un fin específico, la producción de no-
ticias constituye en sí misma un sistema con el cual
se pretende mantener el sistema de relaciones que so-
portan la estructura de dominación y poder (cfr. Raboy
y Dagenais 1992; Thompson 2006 y 2007). No obstante,
como ya se indicó, las rutinas de producción de los me-
dios de comunicación abren espacios que permiten la
incursión de mensajes específicos para audiencias específicas,
cuya difusión posibilita o facilita el surgimiento de la
acción colectiva.
Por esto, y como segunda categoría analítica, las inves-
tigaciones sobre la influencia ejercida por los medios de
comunicación en los procesos de formación de la opinión
pública se han concentrado en los marcos cognitivos me-
diante los cuales los actores sociales y los productores
mediáticos objetivan y producen su interpretación de
las evoluciones y tendencias que experimenta el proceso
político (cfr. Jenkins 1999; Kruse 2001). Los marcos cog-
nitivos, o frames, consisten en los componentes ideológi-
cos con los cuales los activistas, así como los productores
de noticias y los grupos de poder, formulan, proyectan y
motivan los problemas y soluciones de los conflictos so-
ciales. Se trata, esencialmente, de las herramientas ar-
gumentativas y, por consiguiente, retóricas con las cuales
los agentes sociales tratan de comprender y explicar las
circunstancias, los hechos y las acciones que nutren el
diario vivir, y con los cuales desean modificar o mantener
las relaciones y jerarquías dentro de la estructura social.
Aun así, los marcos cognitivos no son simples herra-
mientas estáticas del discurso. La construcción de tales
marcos indica la consideración de un proceso compuesto
por tres dinámicas subsidiarias: el proceso discursivo propia-
mente dicho, el proceso estratégico y el proceso de contestación.
En el proceso discursivo interviene la formulación de ar-
ticulaciones mediante las que se conectan los eventos y
las experiencias a partir de los cuales se crea una unidad
discursiva más o menos homogénea, que sirve para dar
explicación al tema-problema sobre el que se ha llama-
do la atención. En igual o mayor medida que la formula-
ción de articulaciones, el proceso discursivo se compone
también de la amplificación de los marcos, dinámica que
consiste en resaltar determinados aspectos o atributos
del discurso, tales como ideas, valores o creencias especí-
ficas, que operan en el proceso articulador y sirven para
condensar y difundir el mensaje. Un ejemplo claro de
estas categorías fueron los valores de “Libertad, Frater-
nidad e Igualdad” estereotipados por la Revolución Fran-
cesa, valores que se encontraban encriptados en todas
las expresiones de la ideología revolucionaria de la época
(cfr. Snow y Bendford 2000).
Por su parte, el proceso estratégico consiste en los esfuer-
zos organizativos a partir de los cuales los activistas pre-
tenden obtener el respaldo del público, la consecución de
determinados recursos o el logro mismo de legitimidad,
dinámica comúnmente denominada procesos de alinea-
miento (frame alignment processes, en inglés). A diferencia
del proceso discursivo, en el que operan de modo subverti-
do los componentes estructurales del discurso, el proceso
estratégico infiere la expresión deliberada e instrumental
del discurso como herramienta retórica para la lucha po-
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lítica, encontrándose aquí cuatro tipos de marcos cogni-
tivos o formas estratégicas de usar el discurso: la conexión,
la amplificación, la extensión y la transformación.15
Por último, se encuentra el proceso de contestación, el
cual se define a partir del campo en el cual las estrate-
gias discursivas de los movimientos sociales compiten
con las estrategias comunicativas de otros movimientos,
grupos o instituciones sociales, en donde se producen lu-
chas de significados (frame dispute) derivadas de las reacciones
producidas por los antagonistas del movimiento, por los
espectadores y por los medios de comunicación, siendo
estos últimos la esfera más estudiada, dadas la centrali-
dad y funcionalidad que éstos cumplen en la formación
de la opinión pública (cfr. Snow y Bendford 2000).
En este sentido, para Susan Olzak y Ruud Koopmans, la
configuración de la esfera de discusión pública (o lo que
Snow y Benford definen como proceso de contestación) cum-
ple una función mediadora entre la estructura de oportu-
nidades políticas y la acción colectiva adelantada por los
manifestantes (Olzak y Koopmans 2004). De esta mane-
ra, y con el fin de armonizar los enfoques provenientes
de la construcción de marcos cognitivos y el de estruc-
tura de oportunidades políticas, Olzak y Koopmans han
propuesto la consideración de las oportunidades discursivas,
tercera categoría de análisis que deseamos introducir,
a partir de la cual se incluyen en la interpretación de la
acción colectiva los factores que hacen que unos marcos
cognitivos logren un mayor grado de repercusión frente a
otros que ni siquiera son tenidos en cuenta en el proceso
de formación de la opinión pública.
Al hablar de oportunidades discursivas queremos hacer
alusión a los aspectos de la esfera de discusión pública
que determinan y hacen posible la incursión y difusión
de determinados mensajes. En tal sentido, la compren-
sión de las oportunidades discursivas parte del supues-
to según el cual el proceso de formación de la opinión
pública, además de ser contenido, es a su vez un campo
altamente competitivo, que se expande o se contrae a
determinados temas, según las estrategias comunicati-
15 Desde este enfoque, la conexión de marcos consiste en ligar o hacer
asemejar que dos marcos cognitivos congr uentes, pero estruc tural-
mente i nconexos, se unan homogéneamente en el proceso discursi-
vo. La amplificación consiste en la ideali zación, embellecim iento,
clar ificación o vigoriz ación de deter minadas valores o creencias,
como factor clave para la ampliac ión del mensaje. La extensión con-
siste en la consideración de otros valores, ideas o creencias exter nos
que pueden garantizar que el mensaje l legue a nuevas audiencias,
mientra s que la transformación infiere l a modificación total de
creencias y valores constr uidos con anterioridad por otros grupos so-
ciales, las instituciones o los par tidos políticos.
vas puestas en marcha por los productores mediáticos,
los grupos de poder y los activistas de los movimientos
sociales; agentes sociales y políticos que luchan para que
sus mensajes y propuestas ideológicas logren mayores
grados de difusión y aceptación en los espectadores. No
obstante, como lo han indicado Olzak y Koopmans, ma-
yores niveles de difusión por sí mismos no garantizan el
éxito de un mensaje. Por consiguiente, las oportunida-
des discursivas deben ser entendidas a partir de los gra-
dos de visibilidad, resonancia y legitimidad adquiridos por un
mensaje o por un marco cognitivo.16
La visibilidad de un mensaje depende de la cantidad de
veces, así como de la cantidad de canales a través de los
cuales fue difundido un marco cognitivo, en donde inter-
cede la importancia dada por los medios a dicho mensaje.
La resonancia consiste en la capacidad que tiene un mensa-
je de ser reproducido por otros actores o medios de comu-
nicación. Según Olzak y Koopmans (2004), la capacidad
de movilización del mensaje se debe a que la importancia
que éste posee va más allá de las características del suje-
to que originalmente lo emitió, logrando así el despla-
zamiento del marco cognitivo a nuevas audiencias. No
obstante, conviene señalar que existen diferentes tipos
de resonancia: aquellas que son positivas, o consonancia,
en la que se produce una reproducción total o parcial del
mensaje originalmente emitido, mientras que la repro-
ducción negativa del mensaje es entendida como una
resonancia disonante. Así, la legitimidad de un mensaje o
de un marco cognitivo consiste en el grado (promedio) de
reacciones positivas que éste produce en terceros actores
que participan en el proceso de formación del espacio de
discusión pública.17
A modo de conclusión:
el gaitanismo y la opinión pública
Al volver la mirada sobre los estudios que se valieron de
la teoría del líder carismático (o, en su defecto, del líder popu-
lista) para explicar el rol desempeñado por Gaitán y por
el movimiento gaitanista en la transformación del sis-
tema político colombiano de los años cuarenta (Robin-
16 De hecho, a par tir de las investigac iones de Nelson, Oxley y Clawson
sabemos que “[…] la efectividad de los marcos cognitivos no deriva de
la presentación de inform ación nueva, sino de la act ivación de por-
ciones de estruc turas de pensamiento preexistentes […] los marcos
cognitivos tienden a activar creenc ias existentes famil iares al conte-
nido del mensaje” (Nelson, Oxley y Clawson 1997, 233-234). La traduc-
ción al castell ano es propia.
17 Pa ra una ampl iación, consúltese Ol zak y Koopmans (2004). Un a
aproximac ión empírica similar se encuentra en Levin (2005).
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
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son, Sharpless, Palacios, Pécaut, entre otros), éstos han
fallado en demostrar cómo un liderazgo de ese tipo logra
instituirse como carismático. Como lo ha expuesto María
Blanca Deusad haciendo referencia a los estudios de Max
Weber, tradicionalmente la figura del líder carismático
ha sido definida a partir del reconocimiento y admira-
ción que esta clase de personalidades gozan por parte de sus
seguidores y adeptos, lo que les confiere un grado de legiti-
midad superior en el cual se fundamentan sus formas de
dominación. No obstante, cabe resaltar con esta investi-
gadora que “en la actualidad los medios de comunicación
de masas son un elemento indispensable para poder ac-
ceder a la condición de carismático, agente con el cual no
contaba Weber en su época” (Deusad 2001, 101).
Así, y atendiendo al desarrollo conceptual elaborado, es
posible distinguir cómo la aparición y formación de todo
líder carismático y populista indican que éste debe adquirir
mayores niveles de visibilidad, resonancia y, en especial, legi-
timidad dentro de las dinámicas y procesos de producción
y formación de la opinión pública, razón por la cual todo
liderazgo de ese tipo se ve obligado a encontrar los me-
canismos tanto individuales como colectivos, organiza-
cionales y discursivos, que logren hacer que una parte o
la totalidad de sus propuestas ideológicas se impongan
como preponderantes en el espacio de discusión públi-
ca. En otra tradición analítica relacionada (la teoría del
campo demoscópico), esto infiere que toda forma de lide-
razgo debe cumplir con el rol de ser un empresario cognitivo.
Según Grossi, el empresario cognitivo es el encargado de in-
sertar en las dinámicas de producción de la opinión pú-
blica “determinados núcleos cognitivos y simbólicos [o
frames] que luego se vuelven objetos de enfrentamiento
y negociación y que conllevan a su vez la formación de
la misma opinión pública”; y se define “[…] como aquel
tipo de actor social (individuo, grupo, organización) que
asume la tarea (y el riesgo) de promover, activar y orien-
tar, un determinado proceso de opinión de relevancia
social y colectiva, tanto como portador de intereses –el
empresario cognitivo invierte en bienes inmateriales–
como de competencias; sabe cómo presentar las cuestio-
nes, sabe cómo comunicar las problemáticas, es capaz de
expresar orientaciones bien argumentadas y está dotado
de un capital de opinión valorizable dentro la esfera pública”
(Grossi 2007, 143).
Partiendo de estos presupuestos, resulta trascendental
considerar, a su vez, que la creación y el mantenimiento
de todo medio de comunicación no son un proceso que
obedezca a un esfuerzo o a un deseo de carácter indivi-
dual, sino que se trata, esencialmente, de una iniciati-
va de carácter colectivo, en la que interviene y participa
un grupo diverso de personas, el cual debe dar cuenta
de un conjunto de habilidades tanto organizativas (en
lo relativo a la coordinación y consecución de recursos y
conocimientos técnicos para sacar a la luz dicho medio
de comunicación) como de orden ideológico o intelectual,
que hagan de ese medio de comunicación un espacio de
divulgación de un conjunto de ideas más o menos comu-
nes sobre una serie de temas específicos; lo que en otro
contexto indica que la creación de todo medio de comuni-
cación debe guardar cierto grado de coherencia interna,
que le permita constituirse en un formador de valores y
creencias que aspiran a ser hegemónicas dentro del pro-
ceso de formación de la opinión pública.
Así, existen al menos dos claros ejemplos con los cuales
el movimiento gaitanista pretendió impactar de forma
consciente el proceso de formación de la opinión pública;
estos ejemplos o experimentos fueron, precisamente, la
creación y puesta en marcha de dos periódicos: Unirismo
y Jornada. Y si bien éstos no fueron los únicos intentos de
impactar en la opinión pública, puesto que a lo largo y
ancho de la geografía nacional existieron otros medios
de comunicación (hablados y escritos) que se autopro-
clamaban como gaitanistas, lo cierto es que estos dos pe-
riódicos fueron los medios de comunicación oficiales del
movimiento en sus etapas unirista y gaitanista, respec-
tivamente. No obstante, se trató de dos medios de co-
municación totalmente distintos, no sólo por el hecho
de que entre uno y otro existió una década de diferencia,
sino porque entre estos dos medios de comunicación re-
luce otra serie de importantes transformaciones, que dan
cuenta de las innegables adaptaciones que tuvo que su-
frir el movimiento gaitanista entre su primera etapa, por
un lado, y la segunda y tercera, por el otro.
Una de tales diferencias fue que Unirismo se estructuró
como un semanario, que, si bien se editó a color y en un
principio tuvo una extensión de dieciséis páginas, a los
pocos meses de haber salido a la luz redujo su presupues-
to, lo cual implicó una significativa disminución de su
contenido, que pasó a un formato de ocho páginas. Al
mismo tiempo, y por la existencia de otros medios de co-
municación similares que cumplían su propósito en las
provincias, tales como los semanarios Pluma Libre, de Pe-
reira, y El Socialista, de Barranquilla, sabemos que Unirismo
no logró tener un amplio espectro de difusión, el cual sólo
llegaba a abarcar algunas provincias del centro del país
(Cundinamarca y Tolima, principalmente), vacío que era
parcialmente llenado por este otro par de semanarios en
el Occidente y en la Costa Caribe, respectivamente. Por
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último, cabe destacar que, por las diferencias expuestas
entre Gaitán y los otros miembros y cofundadores de la
UNIR (en su mayoría, de extracción comunista o socia-
lista), Unirismo sufrió un abrupto e inesperado cierre, a
mediados de 1935 (cfr. López 1937).
De forma similar a la existencia de Unirismo, en mayo
de 1944 José Antonio Osorio Lizarazo, junto con un grupo de
amigos y seguidores de Gaitán, fundó el semanario
Jornada, periódico que se editó en los talleres alquilados
de Editorial La Razón. Jornada salió a la luz en blanco y
negro, con ocho páginas de extensión, y publicó sólo
cuatro números, todo a raíz de la estrechez económica y
editorial por la que atravesaban los miembros del movi-
miento gaitanista, resignados para ese momento (mayo-
julio de 1944) a ser una minoría sin aspiraciones reales de
poder dentro del Partido Liberal.
Posteriormente, en febrero de 1947, Jornada reapareció
con un renovador formato, editado de la misma manera
como se producían los periódicos que representaba a la
Gran Prensa liberal de la época, con ocho páginas com-
pletas, hechas en máquina plana y haciendo uso de los
gráficos y de la fotografía (esta última muy usual para
representar las grandes manifestaciones que solían
acompañar al tribuno popular), contando con un cuerpo
editorial compuesto por elementos pertenecientes a una
nueva generación de profesionales, dedicados de forma
exclusiva a vivir del periodismo.
Esta importante transformación que vivió el periódico
Jornada fue el resultado de una serie de cambios organi-
zacionales introducidos por Gaitán en su movimiento,
entre ellos, la aparición de Darío Samper como nuevo
director del medio, quien contó con el acompañamien-
to de importantes figuras del periodismo y las letras,
tales como Luis Vidales, José Mar y Jorge Uribe Márquez
(entre muchos otros). Además, la reaparición de Jornada
incluyó la simultánea creación de una editorial propia (la
Editorial La Patria), que fue dotada con una máquina de
impresión plana propia, con lo cual se garantizó que el
nuevo periódico se editara como diario.
Pero la amplificación que estaba viviendo el movimiento
gaitanista no sólo significó el cambio de algunas fichas
por otras y el nombramiento de Samper como director
del nuevo periódico; implicaba también que, a futuro, el
movimiento iba a contar con el apoyo organizacional de
los directorios liberales departamentales, así como de la
prensa liberal que funcionaba en las provincias, factores
que le darían al gaitanismo la dimensión de ser un movi-
miento nacional; posición a la que nunca había accedido
de forma tan clara y efectiva, como sí sucedió a partir de
este momento.
Imagen 1. Periódico Unirismo del 13 de abril de 1934 y periódico Jornada del 16 de marzo de 1947
Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
Reexiones en torno al movimiento gaitanista
Carlos Andrés Charry Joya
Dossier
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A tal punto llegó el éxito organizativo del movimiento y
del periódico (el cual no sólo tuvo una repercusión en las
urnas, al obtener importantes victorias en los comicios
de marzo y octubre de 1947), que Jornada se editó en los
talleres del periódico El Espectador (el cual pasó a ser un
vespertino) y tuvo un tiraje cercano a los 60.000 ejem-
plares (Alape 1983), que lo ubicaron como el tercer perió-
dico de mayor difusión nacional (gracias al servicio aéreo
de Avianca), condición a la que se sumó la creación de
un programa de radio gaitanista denominado Últimas no-
ticias, conducido por Rómulo Guzmán, en la emisora La
Voz de Bogotá, que era retransmitido por otras emisoras
similares en todo el país (Córdoba 1952).
No obstante, la diferencia más significativa entre estos
dos medios de comunicación fue de carácter ideológico,
puesto que Unirismo se definía como “la antorcha del pro-
letariado colombiano” (Unirismo 19/08/1934, 1), mientras
que Jornada en su primera etapa se proclamó como un
“Diario al servicio del pueblo”, idea que sería reafirma-
da por los editorialistas del nuevo Jornada, que, luego de
haber subtitulado al nuevo periódico como “Diario de la
mañana”, en agosto de 1947 lo subtitularon como “Diario
del pueblo”, lo cual evidencia una importante innovación
discursiva entre uno y otro periódico, transformación
que indica que en un principio Gaitán y sus seguidores
expresaron un discurso más afín con el marco de la lucha
de clases, mientras que en los años cuarenta idearon y di-
fundieron un frame totalmente distinto, mucho más abar-
cador, incluyente y revolucionario, como lo fue el pueblo.18
Y si bien los datos preliminarmente esbozados aquí nos
permiten controvertir la idea esbozada por varios inves-
tigadores y académicos según la cual el gaitanismo fue
perdiendo su vigencia y capacidad organizativa en la
medida en que se iba haciendo un movimiento mucho
más grande, lo cierto es que los niveles de visibilidad, reso-
nancia y legitimidad adquiridos por Gaitán y los gaitanistas
demuestran que su posicionamiento en el campo de la
opinión pública fue mucho más efectivo hacia la última
etapa del movimiento.
Siguiendo algunas de las estimaciones estadísticas que
hemos elaborado a partir de la aparición de Gaitán y de
los gaitanistas en terceros actores mediáticos (El Tiempo
para la primera etapa, y El Tiempo y El Espectador para la se-
gunda y la tercera), los niveles de consonancia (resonancia
neutral y positiva) y de disonancia (resonancia negativa)
18 Sobre el papel que cumpl e la noción de pueblo en la id eología pop ulis-
ta, ver Laclau (2005).
entre las tres etapas constitutivas del movimiento fue-
ron de 88,9%, frente a un 11,1% para la primera etapa; de
un 64% y un 36% para la segunda, mientras que para la
tercera etapa tales valores fueron de un 87,2%, frente a
un 12,8%. A partir de tales estimaciones, podemos dedu-
cir que el grado de legitimidad de Gaitán y de los gaita-
nistas fue de 0,11 para la primera etapa, de 0,02 para la
segunda etapa y de 0,14 para la tercera y última etapa.19
Y si bien el grado de legitimidad entre la primera y la ter-
cera etapa es casi el mismo, debemos a su vez reconocer
que la visibilidad de Gaitán y de los gaitanistas de la pri-
mera etapa llegó a ser de un 2,5%, indicador que sufrió
una reducción en la segunda etapa, llegando a un 2,2%,
mientras que para la tercera etapa el porcentaje de visi-
bilidad de Gaitán y de los gaitanistas llegó a ser de un
12,5%, todo lo cual indica que durante la última etapa el
gaitanismo no sólo logró un posicionamiento más legíti-
mo, sino que, a su vez, éste fue cinco veces superior al de
la primera etapa, y seis veces superior al de la segunda.
Así, las categorías de análisis parcialmente presentadas
y discutidas aquí no sólo evidencian que existieron im-
portantes elementos de cambio en las diferentes fases
que experimentó el movimiento gaitanista que deben ser
analizados con mayor detenimiento, sino que esgrimen
un mecanismo de análisis que será de gran utilidad para
estudiar otras formas de acción colectiva y de liderazgo
político que han estado presentes en nuestra reciente
historia política.
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19 El grado de legitimidad de un actor político o de un personaje de la vida
pública (que puede hacer referencia a un actor ind ividual o colecti-
vo) es el resultado de la diferenc ia entre resonancia positiva (p) y negativa
(n), dividida por el número total de veces que se habló sobre ese actor
político o personaje de la vida pública ( p-n/N). Este indicador puede
variar entre 1,0 y -1,0. En ca so de que el va lor sea negativo, estaría-
mos hablando de que dicho grado sería ilegítimo, pues indica que el
medio de comun icación valoró más negativa que favorablemente l as
acciones y los mensajes emitidos por dicho actor político o personaje
de la vida pública.
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Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública.
Reexiones en torno al movimiento gaitanista
Carlos Andrés Charry Joya
Dossier
71
... A su vez, para Charles Tilly (1993), los repertorios son las acciones realizadas para obtener las reivindicaciones que se buscan. Así pues, es claro que la creación de un periódico con una línea editorial profundamente adepta a la Junta Pro-Risaralda, que se sumó a los otros dos periódicos locales de la época (El Diario y El Imparcial), signi có, cuando menos, una alteración positiva en las estructuras de oportunidades, lo cual se encuentra en la línea de los planteamientos de Charry (2011), sobre este tipo de situaciones: ...
... PRENSA Y MOVILIZACIÓN EN LA CREACIÓN DE RISARALDA: circulación tienen por objetivo mostrar la existencia de un problema o de una situación a transformar; 2) Proceso estratégico cuando después de tener claro el problema se esgrimen argumentos orientados en promocionar las acciones que se deben tomar y que en apariencia son la mejor opción; y 3) Proceso de contestación cuando se justi can y legitiman la forma cómo fueron desplegadas las acciones que fueron aceptadas como las más optimas en el proceso anterior de estrategia (Charry, 2011). ...
... A partir de la utilización del enfoque histórico-crítico y su principal herramienta como lo es el trabajo de gabinete para consulta de información primaria que se contrasta con la crítica de fuentes (Ramírez, 2010). La propuesta argumentativa se propone desde la herramienta de los marcos de análisis en los procesos estratégicos y de contestación (Go man, 1961, Chihu, 2012, Charry, 2011, Acevedo y Tarazona, 2013b. ...
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Este libro se pregunta por la participación de la prensa política en la fragmentación del Viejo Caldas y la creación del Departamento de Risaralda entre 1966 y 1967. Se concentra en el estudio de la prensa política como tribuna pública desde la cual se promocionó y legitimó la idea de crear un nuevo departamento en el contexto del Frente Nacional donde el debate se preguntaba por la descentralización administrativa y la autonomía de las regiones. Para ello, toma como punto de partida los estudios críticos sobre Risaralda realizados por Jahir Rodriguez, Oscar Arango y Jairo Antonio López, y se compromete en el análisis del papel desempeñado por el Diario de Risaralda como el principal periódico que con sus discursos apoyó a la Junta Pro-Risaralda (liderada por Gonzalo Vallejo Restrepo, Guillermo Ángel Ramírez, entre otros) en el objetivo de crear el Departamento de Risaralda, con Pereira como capital y los demás municipios del Occidente de Caldas. Así pues, la prensa y el poder político regional se articularon para construir un entramado de representaciones que orientaron a la opinión pública hacía la idea de formar una pequeña comunidad imaginada regional, que más de cincuenta años después continúa explorando sus lazos de identidad cultural y social. Por último, este libro se inscribe en el campo de estudios Historia, prensa y poder político e inspira muchas de sus inquietudes en planteamientos acerca de la relación prensa e historia hechos por autores como Jorge Orlando Melo, Eduardo Posada Carbó, Álvaro Acevedo Tarazona, Jhon Jaime Correa Ramírez y Sergio Arturo Sánchez Parra. Si es de su interés por favor solicitar copia escaneada por mensaje privado.
... Este concepto permite observar la manera en que las dos plataformas de movimiento escogidas para el análisis desplegaron su agenda mediática y llevaron a cabo sus convocatorias e iniciativas para integrar otras personas a la plataforma, así como para examinar sus estrategias de alcance local, regional e incluso global. El establecimiento de agenda brinda oportunidades políticas a las plataformas de movimiento para presionar a las élites y autoridades institucionales a responder sus reclamos (Tarrow, 1998;Charry, 2011). Es fundamental tener en cuenta que las movilizaciones por la consecución de unos acuerdos definitivos de paz en 2016 tuvieron la particularidad de que su surgimiento y desarrollo se gestó a través del uso y apropiación de redes sociales digitales como Facebook y Twitter. ...
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Este libro aporta una contribución teórica a la sociología de la paz en Colombia y permite analizar el proceso de implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera con la extinta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (Farc-ep), desde un reconocimiento del conflicto como dinamizador de la realidad socia, que desemboca en la necesidad de integrar los estudios de la violencia con los de la paz y la reconciliación, para formular una lectura íntegra y complementaria del país. La presente compilación de capítulos, de diversas autorías, contiene estudios de caso concretos, que parten de investigaciones sociales aplicadas y permiten matizar los alcances conceptuales, así como las particularidades analíticas del contexto colombiano. En este sentido, el libro avanza en una doble dirección, en primer lugar, se introduce la definición de sociología de la paz, a partir de ejes teóricos y epistemológicos, que permiten avanzar en la elaboración de un concepto preciso que, al operacionalizarse, aborda realidades particulares. La elaboración académica en mención ya está publicada en el artículo “Referentes teóricos y metodológicos para una sociología de la paz” (Narváez, Castiblanco y Urra, 2020), el cual se retoma y desarrolla en el primer capítulo de la presente edición. En segundo lugar, el libro busca entablar un diálogo con organizaciones sociales, colectivos territoriales e investigadores especializados, quienes ayudaron a complementar elementos específicos que deben ser considerados para avanzar en la construcción de una sociología de la paz desde una perspectiva local
... Los encuadres cognitivos o interpretativos (Charry, 2011), los marcos de interpretación o comprensión de un fenómeno (Albizu, 2016), son propiedades de los textos informativos y resultan de la perspectiva adoptada por el periodista al elaborarlos 14 . Como indican Igartua et al.¸ "están contenidos en las noticias y son el resultado de los procesos de producción de las mismas en los medios de comunicación" (2011: 175). ...
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The Spanish Citizen Security Law or Civil Protection Act was reformed throughout the parliamentary period from 2011 to 2014. It was widely known as the "gag law." Supportive and opposing arguments were presented regarding both civil liberties and security. According to the point of view of political agents and media, they were either guaranteed or at risk. The aim of this content analysis is to reveal the media frames the citizens were exposed to in trying to be informed. The main conclusions from this study of the coverage of the eight most-read newspapers in Spain are: 1) critical discourse against the reform (because of its restrictive and repressive nature) was not marginal, but even the predominant one; 2) the law and order discourse was only predominant among the rightist newspapers; 3) the two main frames are more covered in similar quantitative terms the more the newspaper is far from the ideological extremes, and 4) that general scheme was stable along the period. // Resumen: Durante la legislatura española 2011/2014 se reformó la ley de seguridad ciudadana, popularmente conocida como ley mordaza. A favor y en contra se esgrimieron argumentos relativos a la libertad y la seguridad garantizada o amenazada, según el punto de vista. En este análisis de contenido se estudian los enfoques mediáticos a que fue expuesta la ciudadanía a la hora de informarse al respecto. Para ello se ha analizado la cobertura del proceso legislativo por los ocho periódicos de información general con más lectores diarios. Se concluye 1) que la crítica a la reforma, por restrictiva y aun represiva, no solo no fue marginada del discurso mediático, sino que de hecho tuvo algo más de presencia en el cómputo global; 2) que solo en los medios de derecha primó el enfoque securitario; 3) que la presencia de los dos enfoques estuvo más equilibrada cuanto más alejados de los extremos ideológicos, y 4) que el patrón general se mantuvo estable a lo largo de todo el período.
... De manera reciente han aparecido autores y trabajos en la escena historiográfica colombiana que otorgan un sentido determinante a la prensa. Carlos Charry, investigador de la Universidad del Rosario, en "Entre el público y el movimiento, entre la acción colectiva y la opinión pública: Reflexiones en torno al movimiento gaitanista", analizó el periódico La Jornada, principal medio difusor de las ideas de Jorge Eliécer Gaitán, para entender el proceso de formación del público gaitanista, los mecanismos de difusión y circulación de ideas 13 . ...
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El presente trabajo aborda la relación entre prensa e historiografía como un campo de investigación que renueva las investigaciones en historia. Tiene como punto de partida algunos de los trabajos desarrollados en la historiografía de Colombia en los que se estudia la prensa como fuente, y/o como objeto de investigación. A la vez, se realiza una revisión al caso de Pereira, con respecto a los nuevos desarrollos históricos donde la prensa viene cumpliendo un papel central. Al finalizar, se proponen líneas de acción para continuar aportando a la construcción de la historia regional y local. This paper deals with the relationship between the press and historiography as a field of research that renews research in History. It has as starting point some of the works developed in the historiography of Colombia in which the press is studied as a source, and / or as object of investigation. At the same time, it makes a revision to the case of Pereira, with respect to the new historical developments where the press has been playing a central role. At the end, lines of action are proposed to continue contributing to the construction of regional and local history.
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El artículo presenta una investigación que tiene como objeto estudiar el tratamiento periodístico al fenómeno de los 'escraches' protagonizados por el movimiento contra los desahucios en 2013 en el Estado Español. Con tal finalidad, se ha construido un modelo analítico que permite comprender la forma en que medios de comunicación de masas, élite social, movimientos sociales, y esfera pública virtual interactúan en el proceso de opinión pública. A partir del modelo propuesto, y apoyándonos en la teoría de frames, se analiza la cobertura otorgada a los 'escraches' por parte de los diarios El País y La Vanguardia, enfrentándola a las principales manifestaciones de los y las portavoces del movimiento y la élite. Los resultados confirman la hipótesis de que son los intereses de la élite social los que fijan el frame general predominante en el tratamiento periodístico del fenómeno. El caso de los 'escraches', sin embargo, constituye una excepción en la medida que los marcos argumentativos que pone en juego el movimiento adquieren un mayor grado de 'legitimidad' que aquellos propuestos por la élite.
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Con base en las acciones realizadas por la Corporación Regional Yariguíes- GEAM, este artículo propone una interpretación de la lucha ambiental contra el fracking, desarrollada por esta Corporación en Barrancabermeja (municipio del departamento de Santander), desde una perspectiva que integra las nociones de Estructura de Oportunidad Política (EOP), Oportunidad discursiva, Repertorios de acción y teorías sobre la Experticia y los conocimientos legos. El artículo finaliza con la presentación de los resultados del análisis de caso, a partir del cual se concluye que la Estructura de Oportunidad Política exigió el uso de conocimientos expertos para entrar en el terreno de la disputa ambiental, lo cual derivó en la elección de repertorios de acción que permiten la circulación de conocimientos.
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The main objective of this article is to analyze the contents and transformations of the gaitanist newspapers Unirismo y Pluma Libre. To achieve this goal, the methodology developed is based on an approach to the discursive strategies through which the members of the gaitanist movement shaped a set of opinions and political actions. The interpretation that is made, begins at the conceptualization of such media as cognitive entrepreneurs. As a general conclusion of the analysis proposed, the organizational and ideological difficulties experienced by the Gaitanist movement in its initial stages are recognized, as well the intricate relationships it had with the Liberal Party and with the rest left organizations of the period
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El artículo plantea una mirada histórico-analítica de la creación del departamento de Risaralda y del papel desempeñado por la prensa local en dicho proceso durante 1966 y 1967. Se trabaja con la metodología de los marcos de análisis y se apoya en el análisis del discurso con el fin de revisar el caso del periódico Diario de Risaralda. Se concluye que este diario estuvo vinculado de manera decidida como uno los principales voceros de la Junta Pro-Risaralda y la campaña separatista para promover ante la opinión pública un mensaje positivo y legitimador de la idea de un nuevo departamento a partir de tres orientaciones: a) El Occidente de Caldas como un territorio con relaciones culturales y económicas históricas, y enfrentado al centralismo de Manizales como ciudad capital; b) la creación del Departamento de Risaralda como una propuesta de descentralización y progreso económico; y c) la legitimación de la nueva entidad departamental. This article raises a historical-analytical look at the creation of the Department of Risaralda and the role played by the local press in this process in 1966 and 1967. An analysis frameworks methodology is applied and is also based on a discourse analysis, in order to review the case of the newspaper Diario de Risaralda. It is concluded that this newspaper, was firmly linked as one of the main Junta Pro-Risaralda spokespersons media and the separatist campaign to promote before the public opinion, a positive and legitimating message of a new department idea from three directions: a ) “El Occidente de Caldas” as a territory with historical cultural and economic relations, facing the centralism of Manizales as a capital city; b) the creation of the Department of Risaralda as a decentralization and economic progress proposal; and c) the legitimation of a new departmental entity. http://biblioteca.ucp.edu.co/OJS/index.php/textosysentidos/article/viewFile/3690/4007
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El procés de pau i el paper dels mitjans de comunicació a Colòmbia. Una mirada als fets més rellevants durant el 2013
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La violencia in Colombia, from 1946 to 1965, the largest armed conflict in the western hemisphere since the Mexican Revolution, was one of the world's most extensive and complex internal wars of this century. The study of the violencia strains at the limits of all the social sciences.
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Social movement organizations face the challenge of converting action preparedness into action participation, and accordingly, they must deal with factors that lead to nonparticipation. We identify two routes to nonparticipation--"nonconversion" and "erosion." Nonconversion refers to a movement's failure to transform sympathizers into active participants. Erosion refers to the loss of sympathizers. We provide a theoretical framework for explaining nonconversion and erosion and apply it to a longitudinal study of a mobilization campaign of the Dutch Peace Movement: the People's Petition against cruise missiles. Data came from telephone interviews we conducted among random samples (N = 224) from the populations of four communities before and after the campaign (in May and November 1985). We use binomial logistic regression analyses to test several explanations of nonconversion and erosion. Factors that led to erosion were moderate action preparedness at the beginning of the campaign, declining preparedness during the campaign, and a social environment perceived by participants as becoming less and less supportive. Factors that led to nonconversion were moderate but stable action preparedness combined with the presence of barriers to action and an indifferent social environment. Results are discussed and related to social movement literature.