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La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX

Authors:
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del
siglo XIX
BARTOLOMÉ MORA SERRANO
TERENCE VOLK
Universidad de Málaga
Universidad de Cambridge
En el marco cada vez mejor conocido del interés por el rico patrimonio histórico y
arqueológico de Andalucía', el documento numismático ocupa, sin duda, un lugar destacado.
La riqueza de contenidos que ofrecen tanto las variadas iconografías de las monedas como
sus epígrafes, unido a la condición de objeto múltiple en lo que a su fabricación se refiere
y a la abundancia de hallazgos monetarios sobre todo de las series antiguas y árabes - en
el primer caso ya documentados desde el siglo XVI - por muchas partes de Andalucía, hacen
de la moneda y otros objetos afines uno de los pilares de la anticuaría y, ya en menor medida,
de la moderna arqueología en España.
Pero si el coleccionismo de monedas y su aprovechamiento histórico es un tema cada
vez mejor conocido en la historiografía de la Arqueología en la Andalucía de los siglos XVII
y XVIII, sobre todo, gracias al considerable incremento en número y calidad de los estudios
dedicados a este periodo, tanto en aportaciones puntuales como de conjunto (Mora 1998:68-
86)2, el marco cronológico en el que se insertan estas notas, el siglo XIX, ofrece, por el con-
trario, mayores sombras, si exceptuamos el último cuarto de siglo en el que los estudios sobre
arqueología, epigrafía y numismática hispanas experimentan un llamativo desarrollo gracias
a figuras clave como la del andaluz Antonio Delgado y Hernández (Sevilla, 1805 - Bollullos
Par del Condado, 1879). Sus aportaciones, verdaderamente singulares en su época, no pueden
sin embargo desligarse de aquellas otras como las de Francisco Mateos Gago y Fernández
(Grazalema, 1827-Sevilla, 1890) o Juan de Dios de la Rada y Delgado (Almería, 1827-Madrid,
1901), como tampoco del interesante fenómeno del coleccionismo de moneda antigua que
también en el caso andaluz adquiere una particular brillantez como ilustran bien las ricas
colecciones sevillanas de Francisco Caballero Infante y Zuazo (La Habana, 1847-Sevilla,
1906), calificada en la Guía Zarzuela (1872: 162-163) como "la más rica colección de Sevilla
1. Entre otros cabe destacar el estudio de Beltrán 1995: esp. 27-52.
2. Entre los estudios particulares sobresale, por su interés el del monetario de Pedro Leonardo de Villacevallos
vid. Beltrán, López eds. (en prensa).
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en monelas de todas las series" o, de la generación precedente, la gaditana de Joaquín Rubio
y Bosichy.
s que una relación de estudios y datos biográficos sobre estos y otros muchos persona-
jes, se impone también en este campo el análisis de las coordenadas culturales e institucionales
de una época particularmente compleja en su análisis historiográfico en la que el peso de la
tradición ilustrada va dando paso, no sin contratiempos, a la profesionalización de los estudios
históricos (Peiró, Pasamar 1989-1990; 1991) y anticuarios. Resulta así posible incorporar a
esta visión de conjunto una larga lista de personajes, bien conocidos muchos de el los por su
actividad política, literaria, docente o profesional - Serafín Estébanez Calderón ("El Solitario",
Málaga, 1799-Madrid, 1867), Aureliano Fernández Guerra y Orbe (Granada, 1816-Madrid,
1894), Pascual Gayangos y Arce (Sevilla, 1809 - Londres, 1897)3, Juan Pérez de Guzmán
y Boza, II Duque de T'Serclaes (Jerez de los Caballeros, 1852-San Sebastián, 1932)4, etc. -
junto a modestos coleccionistas y eruditos locales que, a pesar de su distanciamiento social
y cultural, comparten con los anteriormente citados un llamativo interés por la moneda'.
Junto a su rico patrimonio numismático, la condición de andaluces de los personajes
arriba citados es ejemplo del importante peso de Andalucía en la Arqueología y la Numismática
españolas a lo largo del siglo XIX. También lo es, sin embargo, del riesgo que supondría
aplicar en nuestro caso un enfoque marcadamente regional'' en el ámbito numismático, y en
general en el arqueológico, pues no debe olvidarse que todos los personajes aludidos desem-
peñaron el grueso de su actividad política o profesional fuera de Andalucía, con la que no
obstante mantendrán una estrecha relación, ya sea institucional gracias a su condición de
académicos de la de la Historia con los correspondientes de ésta, ya fruto de relaciones privadas
muchos difíciles de rastrear7.
En el análisis historiográfico sobre la historia y arqueología española del XIX resulta
habitual la distinción entre la primera y la segunda mitad de siglo, siendo esta última etapa
la mejor documentada y estudiada. La crisis política y social, las dificultades económicas que
vive el país durante la primera mitad de siglo, justifican en buena medida un retraso cultural
y científico que, lógicamente, afecta tanto a los estudios numismáticos como a la formación
de grandes colecciones privadas. Aunque en lo que concierne a las colecciones andaluzas
tal discontinuidad puede adelantarse a los años finales del siglo XVIII y primeras décadas
de la centuria siguiente, momento en los que se ponen a la venta importantes monetarios
como el gaditano de José Antonio Mosti y el cordobés de Pedro José de Estrada. Su adquisición
por el Infante Don Gabriel de Borbón y por la Biblioteca Real, respectivamente, contrasta
3. Por encima de su circunstancial nacimiento en Sevilla, su estrecha relación con Estébanez Calderón y con
Antonio Delgado, de quien fue maestro en lengua y escritura árabes, justifican su inclusión en esta relación.
4. Durante mucho tiempo residente en Sevilla y poseedor de una rica biblioteca anticuaría y un espléndido
monetario (Engel 1891:232).
5. Una importante fuente de información en este sentido son las guías locales o "del Viajero" sobre diferentes
ciudades andaluzas entre las que destaca, por su volumen de datos y continuidad la Guía Zarzuela de Sevilla, publicada
desde 1865.
6. En este sentido el estudio de Moreno Alonso 1979a. donde se resalta el doble perfil regionalista y centralista
de la historiografía andaluza de este siglo.
7. Un reflejo de tales relaciones nos lo proporcionan las propuestas de ingreso como supernumerarios o numerarios
en la Real Academia de la Historia, como es el caso de Emilio Lafuente Alcántara, avalado por Gayangos. Amador
de los Ríos, Estébanez Calderón y Fernández-Guerra.
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con la peor suerte sufrida por una de las principales colecciones arqueológicas y también
numismáticas de Andalucía, la formada por Francisco de Bruna y Ahumada, oidor de la
Audiencia Real de Sevilla8. Ya en la primera mitad del siglo XIX se lleva a cabo la venta de
otros destacados monetarios andaluces como el de Manuel de Espinosa Maldonado y Tello
de Guzmán, conde del Águila, desaparecido en la travesía que lo trasladaba a Londres, antes
de 1823(Lorichs 1852: 94), la del teniente general José Ignacio Álvarez Campana, adquirida
por Manuel Cerda de Villarestán (Lorichs 1852:97), o la de Pedro Leonardo de Villacevallos.
vendida por sus herederos en el segundo cuarto del XIX, y de cuya importancia se hace eco
todavía Hübner (1861: 231 -232; Beltrán, López, eds.. en prensa).
A ello hay que unir un menor interés por el estudio de la Historia Antigua de la Península
Ibérica que coincide con la cada vez mayor atención a los períodos medieval y moderno. Interés
justificable tanto en el perfil romántico y exótico de la España Medieval, como en su papel
de referentes historiográficos -de la monarquía visigoda a los Reyes Catól icos- en la confor-
mación de una identidad nacional'.
Esta etapa de estancamiento reconocible también en la tutela oficial del patrimonio"',
puede justificar las escasas referencias disponibles sobre estudios numismáticos así como
de importantes monetarios en la Andalucía de la primera mitad de siglo". Sin embargo, al
menos en lo que concierne a los monetarios andaluces, las causas de este contraste entre
la primera y segunda mitad del siglo XIX hay que buscarlas tanto en el escaso desarrollo
cultural y decadencia económica de la región (Lacomba 2002) como en la escasa información
disponible para este período.
Es cierto, como se ha apuntados arriba, que a lo largo de la primera mitad del siglo XIX
se detecta un interés cada vez mayor por la moneda visigoda, medieval y moderna en las
colecciones andaluzas que, sin embargo, en términos cuantitativos todavía se nutren mayo-
ritariamente de moneda antigua. Contrariamente a la escasez de datos en torno a las colecciones
sevillanas y de otras capitales andaluzas, la ciudad de Cádiz se nos muestra como el principal
-y sobre todo el mejor documentado- foco de coleccionismo numismático andaluz en la
primera mitad de siglo.
A la lista de las colecciones gaditanas citadas en diferentes fuentes como es el caso de
las Monedas antiguas gaditanas, incluido como apéndice en la edición del manuscrito de
8. Adquirida la parte salvada de los saqueos que sucedieron al asalto del Real Alcázar, en 1808. por el cónsul
británico en Málaga William Penrose Mark y posteriormente vendida en Londres, tenemos una buena información
de su contenido gracias al catálogo manuscrito redactado por Domingo Martínez Alonso y Francisco Javier Delgado
y Jurado - el padre de Antonio Delgado - (Volk, en prensa).
9. Moreno Alonso 1979b: 332-345; Cirujano. Elorriaga. Pérez 1985: 21-22. 91 ss.: Fox 1997: 35-54. Sobre-
las peculiaridades de este enfoque historiográfico en el caso andaluz, vid.. Wulff 1992: 28-29 y Díaz-Andreu 1996:
76. Ello en buena medida condicionará el temprano e intenso desarrollo del arabismo, en su vertiente histórica
y arqueológica, en Andalucía. Vid. infra.
10. Aunque no puede establecerse una relación estricta entre las actuaciones de los diferentes organismos c
instituciones encargados de la salvaguarda y estudio del patrimonio arqueológico andaluz y la situación de los
estudios numismáticos en la región, no deja de ser significativo el escaso volumen de documentación de la Comisión
de Antigüedades de la Real Academia de la Historia sobre Andalucía hasta la década de los años cincuenta,
precisamente (Maier. Salas 2000: 14-41 y figs. 1.3-4).
11. Sobre la bibliografía numismática del XIX es consulla obligada la obra de Rada y Delgado (1886: 277 ss.)
y las adiciones de Miguélez (1889: 85-94; 222-231: 361-369; 505-517). El acceso a tan rica información referida
al siglo XIX se ve facilitado por las reciente recopilación de Mateu y Llopis (1958).
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Agustín de Horozco sobre la historia y antigüedades de la ciudad andaluza (Horozco 1845),
cabe añadir la del autor de este breve estudio, Joaquín Rubio y Bosichy. Cerrada a mediados
de siglo, como sabemos bien por la compra en 1847 de una pequeña parte de la misma por el
rey Christian VIII de Dinamarca y por el Real Gabinete Numismático de Copenhague
(Kromann, Jensen 1993:50-51), mientras otro grupo de monedas fue adquirido pocos años
s tarde -en 1858- por el Estado, enriqueciendo los fondos de moneda antigua de la
Biblioteca Nacional12.
La composición de esta importante colección de cerca de 30.000 ejemplares podemos
conocerla gracias a los inventarios de compra y a la documentación literaria que se ha conser-
vado sobre la misma (Castro 1859:57-59). Es sobresaliente la destacada presencia de monedas
medievales y modernas, también de medallas y la inclusión casi obligada en todo gran mone-
tario de piezas singulares13. En lo que concierne a la moneda antigua, el apartado sin duda
s importante de este monetario, sobresalen "la Serie Consular de plata, y la de Colonias
y Municipios de España con sus autónomas, latinas y bilingües con más de cien tipos que des-
conocieron Flórez, Bayer y Velázquez " (Castro 1859:58-59), pero también la moneda púnica
norteafricana, cuya calidad se refleja en las numerosas referencias que a esta colección
encontramos en els importante tratado del XIX dedicado a la moneda antigua del norte
de África14.
La valoración que cabe hacer de la presencia de moneda norteafricana en esta colección
resulta entoipecida por el deficiente conocimiento que tenemos tanto de la composición,
en detalle, de los monetarios andaluces e hispanos en general de la segunda mitad del XVIII'5,
como del perfil de las colecciones numismáticas españolas de principios del XIX; no así de
aquellas formadas en la segunda mitad de siglo como las de Gago (Collantes de Terán,
Caballero-Infante 1892:25-26, núms. 980-1038), Collantes de Terán o del principal comer-
ciante de monedas de Sevilla durante el último cuarto de siglo, Sánchez y Fernández de
la Cotera (García-Bellido, García de Figuerola 1986: núms.889-911; aunque posiblemente
se trate de su stock en vez de su colección personal)"', en las que resulta frecuente la inclusión
de moneda púnica norteafricana. Parece dibujarse aquí un perfil coleccionista que podría
encontrar un encaje en el marco historiográfico de una época marcada por el creciente interés
hispano por unos territorios vecinos cuya evidente proximidad geográfica no pueden ocultar
12. Hoy custodiada en el Departamento de Numismática y Medallísticadel Museo Arqueológico Nacional (Alfaro
Asins 1991b: 174; 1994: 25) un total de 8.295 monedas. Cabe destacar el interés de la Academia de la Historia
por la adquisición de tan importante monetario, sobre lo que informó favorablemente su anticuario Antonio Delgado,
buen conocedor de su contenido y clasificador de la moneda hispánica antigua de la colección (Fabié 1881:417-418;
Delgado 1871: 108: 1873: 33, 212. 248. etc.: Archivo del MAN legajo 26. exp. I).
13. Como el falso moderno de un múltiplo áureo (Alfaro Asins 1999: 178 n. 81).
14. Falbe, Lindberg, Miiller 1860-1874: p.e. III: 98 (Semes), y 146-151 (Tingi). Para la actual localization de
las piezas cfr, Kromann 1979: núms. 31 ss. (Gadir). 36 SS. (Malaca), 51 ss. (Sexs). 193 (Carbula)etc: 1969: núms.
260 (Carthago). 671 (Cirta). 692 ss. (Lixus). 723 ss. (Tingis) etc. Explicable dada la estrecha relación de su propietario
con C.T. Falbe (Kromann, Jensen 1993: 50-51).
15. En buena medida dominadas por el interés en la moneda antigua hispana- "series coloniales" - y las romanas
republicanas e imperiales. Para este y otros temas será de gran importancia el estudio de los monetarios de Bruna
y Villacevailos, ahora en curso, a los que hay que sumar el recientemente dado a conocer de Trigueros (Aguilar
Piñal 1999: 147-154).
16. Sobre estas piezas cfr. Asorey García 1991: 87-104. Así como la puntual referencia de Falbe, Lindberg.
Miiller 1860-1874: III: 169 n. 5.
La numismática en Andalucía en la segunda mitiad del siglo XIX 183
intereses de orden político, económico y desde luego también cultural, en los que la moneda
antigua y medieval norteafricana juegan un modesto, pero creemos que interesante papel' .
Como se ha comentado, la moneda antigua de Hispania constituye el apartados
importante de la colección Rubio. Dadas a conocer recientemente en el Sylloge del monetario
del Museo Arqueológico Nacional (Al faro Asins 1994:47-48 )l8, no se trata de moneda esco-
gida como se deduce de la frecuencia de "duplicados", de ejemplares comunes y en muchos
casos con un notable desgaste. Al menos en lo que concierne a la moneda de Gadir, en la
colección Rubio cabe plantear quizá un moderado interés patrimonial por la moneda del
que ya por entonces participaban estos y otros materiales arqueológicos de Andalucía19. Por
su carácter público, un interesante precedente lo encontramos en la colección de "Inscripciones
y Antigüedades de la Bética" -incluido el monetario- formada por Francisco de Bruna en
Sevilla entre finales del XVIII y principios de la centuria siguiente (Chaves 1996: 59-60;
Beltrán 1993: 120; Moreno Murube 1965).
Pero el coleccionismo de moneda antigua, hispana en este caso, seguirá siendo junto
al de las inscripciones uno de los motores de los estudios anticuarios sobre la Historia Antigua
de España durante el siglo XIX. La explotación histórica de la moneda hispana, especialmente
de sus "leyendas geográficas" en el estudio de la topografía de la España antigua (Mora 1999),
se compagina con la utilización del documento monetario en las historias locales; un fenómeno
que adquiere en el siglo XIX un doble interés al potenciarse también la impresión de obras
manuscritas, inéditas o poco conocidas, de siglos anteriores. Este es el caso de la citada Histo-
ria de la ciudad ele Cádiz de Agustín de Horozco (Cádiz. 1598 ms.) impresa en Cádiz en 1845.
con un apéndice titulado "Medallas antiguas gaditanas" que se atribuye, precisamente, a
Joaquín Rubio (Gaillard 1854: 8 n.2).
Resulta éste un interesante ejemplo del creciente papel que juega la documentación
arqueológica, desde luego también la numismática a través de los importantes avances de
la epigrafía semítica pronto aplicados a las inscripciones a las inscripciones monetarias20
o de la interpretación de sus iconografías (Mora Serrano 2000), en la valoración de la presencia
17. La contribución de la moneda antigua a este tema ha sido tratada por Mora Serrano 1994. como reflejo de
ese particular orientalismo hispano cuyos intereses y limitaciones terminarán por identificarlo con un Africanismo
de fuerte corte marroquinista (Marín. 1992:386). Un interesante episodio es sin duda la presencia de un reconocido
arabista español. Emilio Lafucnte Alcántara, en la misión científica que acompañó al cuerpo expedicionario español
en la guerra de Marruecos que culmina en 1860 con la entrada en Tetuán. Según nos cuenta M. Rodríguez de Berlanga
en una carta a A.C. Judas, se pretendía hacer acopio de todo tipo de materiales literarios - códices medievales,
etc. - pero también arqueológicos, epigráficos y cabe suponer que también numismáticos (Rodríguez de Berlanga
1864: 11: Manzanares Cierre 1972: 168 ss.).
18. Sobre la colección madrileña cfr. Archivo M.A.N. legajo 10. exp. 8 y legajo 15 exp. 7. De interés son los
estudios iniciados sobre la documentación antigua del monetario del M.A.N. (Otero Moran 1996: 158-159)
19. Si bien la mayor atención la reciben todavía las monedas de oro y plata, especialmente si procedían de
ocultamientos como el de áureos romano imperiales de Italica (Santiponce) (Caballero-Infante 1898) o el de Dientes
visigodos de "La Capilla" (Carmona) (Fernández, y López. 1895). como se aprecia en la documentación de la Comisión
de Monumentos de Sevilla (Maier. Salas 2000: 35. 377-378. 381-382). si bien no faltan tampoco referencias a
hallazgos monetarioss modestos, p.e. en la documentación referida a Cádiz de la Comisión de Monumentos
(Maier. Salas 2000: 69 ss. e índices 477).
20. Una valoración de conjunto en Cacciotti. Mora 1995. Junto a las leyendas ibéricas las fenicias han ocupado
un lugar destacado en estas investigaciones (Alfaro Asins 1991a).
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fenicia en la Historia de la España antigua, retomando, en cierto modo, las aportaciones de
conocidos ilustrados andaluces21.
Pero la conexión de Rubio con los nuevos tiempos queda patente en su vinculación con los
ambientes eruditos y académicos andaluces y españoles del momento, en virtud de su condición
de secretario de la "Academia de Arqueología de Cádiz'*. No deja de resultar llamativo que
el autor de otra de las historias gaditanas publicada en el XIX. Adolfo de Castro y Rossi
(Cádiz, 1823- Cádiz, 1898). incluya también las láminas de moneda gaditana de Rubio -aunque
reeditadas por un nuevo grabador y con la adición de una nueva, también de moneda de
Gadir (Delgado 1873: 44, 57 ss.)- y que fuera socio correspondiente de la mencionada
Diputación Arqueológica gaditana (Castro 1845; Rada y Delgado 1886: 384; Maier. Salas
2000: 21, 69 ss.). La muy escasa información que disponemos acerca de las Diputaciones
Arqueológicas andaluzas (Beltrán 1995:30-34), con la excepción, y sólo parcial, de la de
Sevilla (Beltrán 1997), es todavía mayor en el campo numismático, sobre todo en lo que
concierne al papel jugado por los monetarios privados; parte indispensable en la historia
de la investigación numismática, también en el XIX.
Pero el perfil tanto de las colecciones como de los coleccionistas hispanos de la segunda
mitad de siglo presenta, en líneas generales, importantes diferencias con respecto a la etapa
anterior (Volk 1997; Mora 1997) que no resultan ajenas a los relevantes cambios que se vienen
produciendo en la política arqueológica y patrimonial española, ya desde mediados de siglo,
con las graves dificultades por la que atraviesa la tutela del patrimonio como telón de fondo
(Beltrán 1995: 27-52; Maier. Salas 2000: 19 ss.). La proliferación de iniciativas privadas son
de particular interés para nuestro tema, como la Sociedad Numismática Matritense, germen de
la Academia Nacional Española de Arqueología (1844), convertida luego en Real Academia de
Arqueología y Geografía del Príncipe Alfonso (1863). Si ya ha sido resaltada la figura de
su fundadorys destacado miembro, Basilio Sebastián Castellanos de Losada (1807-1891),
así como la novedosa apertura a las nuevas corrientes y enfoques de la Arqueología europea
(Balil 1991; Luzón 1993; Lavín Berdonces 1997), menos conocida es la interesante repercusión
de tal institución en Andalucía, materializada en las Diputaciones Arqueológicas Provinciales
como las de Sevilla o Cádiz, en cuyo seno se desarrolla una interesante labor arqueológica
donde tiene también cabida la numismática, como hemos visto en el ejemplo de Joaquín
Rubio y Adolfo de Castro en Cádiz y nos ofrecen sobre todo las destacadas figuras de Francisco
Mateos Gago y Francisco Collantes de Terán y Caamaño en Sevilla (Beltrán 1997: 327).
Pero el debilitamiento del proyecto de Castellanos -y la posterior supresión de la Academia
de Arqueología en 1868- coincide con el afianzamiento de la Real Academia de la Historia,
la institución oficialmente encargada de llevar a cabo la tutela y estudio del patrimonio
histórico. Su reorganización en 1847, y sobre todo la creación, pocos añoss tarde, en
1856, de la Escuela Superior de Diplomática -donde tendrá especial cabida la enseñanza
de la Numismática (Peiró Martín, PasamarAlzura 1996:39-78,140-144)-es claro ejemplo
del impulso oficial que quiere darse a tales estudios, contribuyendo además a un sensible
incremento de los estudios numismáticos, no siempre de carácter monográfico, cuya visión
de conjunto nos ofrece la ya citada bibliografía de Rada y Delgado.
21. Especialmente los hermanos Mohcdano como muestra Wulff 'en prensa; 1992:22-25. Una visión de conjunto
en Alvar 1993: 153-169.
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX 185
La condición de académicos de la Historia o profesores de la Escuela Superior de Diplo-
mática de algunos de los principales protagonistas de la numismática española de este siglo
es también una lógica consecuencia de este movimiento, como bien ilustran las figuras de
Juan de Dios de la Rada y Delgado (Almagro 1999: 146-148) y, sobre todo, de Antonio
Delgado y Hernández (Almagro 1999: 139-142; Mora Serrano en prensa).
Reputado arqueólogo, académico de la de la Historia y destacado miembro de la Escuela
Superior de Diplomática, de la que fue también su director (Peiró Martín 1995: 205; Peiró
Martín, PasamarAlzuria 1996: 71-72, 142-144), ya había dado pruebas de su buena formación
numismática en su contribución a la redacción de la sección de moneda árabe del catálogo
de la colección de José García de la Torre (1852) y, sobre todo, en la completa redacción
de la de Lorichs (1857). Sin embargo la principal obra numismática de Delgado es el Nuevo
método para la clasificación de las medallas autónomas de España. Publicada en Sevilla,
entre 1871 y 187622, a expensas del Círculo Numismático Sevillano es no sólo els difundido
tratado sobre numismática antigua de Hispania del siglo XIX, sino también la principal fuente
de estudio, y ejemplo también, del importante auge de los estudios numismáticos en la
Andalucía de finales del XIX, como lo es además para el fenómeno del coleccionismo de
monedas en la región, pues un repaso a los inventarios que acompañan a cada una de las
cecas estudiadas deja claro el peso de las colecciones andaluzas en la obra. (vid. Tabla I)
El enfoque marcadamente anticuario y artístico de los estudios arqueológicos y numis-
máticos en la Escuela Superior de Diplomática (Peiró Martín 1995:21 ss., 36 ss.; Peiró Martín,
Pasamar Alzuria 1991:74) encuentra un claro reflejo en el planteamiento de esta importante
obra. Cabe destacaren este sentido el interés por la lectura toponímica de los epígrafes mone-
tarios, en respuesta a la importancia de los estudios sobre la Geografía y la Toponimia antiguas
de España-también en el perfil docente de nuestro personaje-o la atención al viejo problema
de los "alfabetos desconocidos". No obstante, uno de los aspectoss destacados del Nuevo
método es la llamativa integración de la documentación arqueológica procedente de los yaci-
mientos de donde proceden las monedas estudiadas (Mora Serrano 1997), en algunos casos
como apoyo a las atribuciones -"reducciones"-que se plantean, si bien no faltan referencias
s explícitas que transmiten el interés y preocupación acerca de la conservación del patrimonio
arqueológico inmueble, como se aprecia bien en el caso de Itálica (Delgado 1873: 133-143).
Aunque firmada por Delgado, en su redacción intervienen algunas de las figurass
destacadas de la Arqueología y Numismática española y andaluza del momento. Dejando
a un lado la importante participación de Celestino Pujol y Camps, destacan para el caso que
nos interesa-el andaluz- las sobresaliente contribuciones de Francisco Mateos Gago, a quien
se debe la compilación des de una docena de estudios de estudios y/o catálogos de cecas,
y de Manuel Rodríguez de Berlanga (Ceuta, 1825-Alhaurín el Grande, 1909), autor de los
artículos de Malaca y Urso, además de unos estudios sobre las leyendas púnicas y tartesias
de las monedas antiguas de la Bética21.
22. Aunque la publicación en fascículos de este importante trabajo explica algunas discordancias cronológicas
ya insinuadas por Volk (1997: 183), como se aprecia, por ejemplo, en la data del artículo de Malaca que firma
Rodríguez de Berlanga en 1875 inserto en el vol. II del Nuevo Método "publicado" en 1873, o en las noticias de
Hübner (1888: 191-192) "[Delgado], después de haberse retirado á Bollullos, su país natal, llegó á ver antes de
morir [3 de noviembre de I879| casi impreso el tercer volumen", o Zobel de Zangróniz (1878: 7).
23. Aunque no puede olvidarse aquí la figura de Francisco Collantes de Terán y Caamaño (Sevilla 1828-Sevilla.
1895) en su tiempo Vice-censor de la Diputación Arqueológica de Sevilla y sucesivamente secretario de la clase de
Numismática. Paleografía e Inscripciones de la Sociedad Arqueológica Sevillana, y verdadero editor del Nuevo método.
186 BARTOLOMÉ MORA SERRANO/TERENCE VOLK
El diferente perfil biográfico e investigador de estos tres personajes es, a nuestro juicio,
un interesante reflejo de las diferentes corrientes que coinciden en la práctica arqueológica
y numismática de la Andalucía decimonónica. Si el primero, Antonio Delgado, resulta els
claro exponente del academicismo de nuevo corte desarrollado en la Real Academia de la
Historia y la Escuela Superior de Diplomática, la figura de Francisco Mateos Gago sirve aquí
de ejemplo del apego a la tradición anticuaría del XVIII del que todavía participan buena
parte de los estudios numismáticos hispanos (Beltrán 1995:51 )24. Como contrapunto, la figura
de Manuel Rodríguez de Berlanga destaca por la atención prestada a la metrología, a la descrip-
ción de los hallazgos o al análisis de los epígrafes de las monedas púnicas de la Bética que
incluye en la obra, ya como entradas en el catálogo o como apéndices25; pudiéndose considerar
aquí ejemplo de la recepción de los nuevos planteamientos que en el estudio de la moneda
venían desarrollándose ya desde mediados de siglo en el resto de Europa, y que en España
encuentra su máximo exponente en Jacobo Zobel de Zangróniz (Manila, 1842 - Manila, 1896),
aventajado discípulo de Delgado.
Estos personajes tienen, no obstante, mucho en común. Todos poseen una colección de
monedas, un monetario, del que hacen uso, al menos en parte, para sus estudios numismá-
ticos26. No es este el momento de recordar la larga tradición de las colecciones privadas de mo-
nedas y su relación, directa, con las figurass relevantes de la investigación en este campo,
desde Antonio Agustín a Enrique Flórez. Pero como ya se ha insistido en las líneas precedentes,
a propósito de la gaditana colección Rubio, cabe reconocer unas amplia relación entre
el coleccionismo y la investigación numismática, cuyo análisis, también en el caso andaluz,
proponemos plantear atendiendo a una serie de categorías justificadas en función del grado
de aprovechamiento histórico y numismático que llevan a cabo los dueños de tales monetarios.
Así, junto a un primer grupo en el que cabría incluir a los ya citados Antonio Delgado,
Francisco Mateos Gago, Manuel Rodríguez de Berlanga o Aureliano Fernández-Guerra,27 como
ejemplo de lo que cabría llamar coleccionismo científico, un segundo grupo estaría formado
por aquellos estudiosos que, si bien poseen monetarios, no hacen un uso llamativo de éstos
en sus trabajos, de corte epigráfico o arqueológico. Los Oliver y Hurtado, Gómez-Moreno
Martínez o Eduardo J. Navarro pueden ilustrar este apartado.28 Aunque las significativa
es la de Manuel Góngora y Martínez (Granada, 1822- Madrid, 1884) bien conocido por sus
24. Las críticas a este enfoque en Hübner (1888: viii-ix. 187 ss.). Sobre el perfil conservador de Mateos Gago
cfr. Chaves, Mora (en prensa).
25. Una valoración de la contribución de Rodríguez de Berlanga en este campo en Mora Serrano 1996, que sirven
de complemento a los estudios de Rodríguez Oliva (1991 y 1995: 9-28) y Olmedo Checa (2000: 9-129).
26. La mejor conocida es sin duda la de Gago, cuya edición prepara F. Chaves. Además del catálogo publicado
con ocasión de su venta (Collantes de Terán, Caballero Infante 1892) vid. también las aportaciones de Chaves
(1974) y Pérez Sindreu (1993).
27. Académico Anticuario de la Historia (Almagro, 1999: 142-144), coleccionista de monedas como otros tantos
de sus colegas, su interesante producción histórica y arqueológica (Moreno Alonso, 1979,537) abarcó también el tema
numismático, menos conocido y valorado al quedar en forma de manuscritos (Rada y Delgado. 1886: 287,288,299).
28. Así las referencias a hallazgos monetarios en diferentes estudios (Oliver y Hurtado 1866: 45, 47, 59, etc.).
Además de las conocidas aficiones colectoras de Gómez-Moreno Martínez (AAVV 1972: 13) cabe destacar la
atención prestada a la recopilación de hallazgos monetarios como los que se recogen en su estudio sobre la Granada
romana (Gómez-Moreno 1889:28), donde se refiere el hallazgo de varias monedas de lliberi y un tesorillo de bronces
bajoimperiales en parte adquirido por la Comisión de Monumentos de Granada. Por último, el abogado malagueño
Eduardo J. Navarro y Pérez Val verde, cuya colección numismática utiliza Berlanga ess conocido por su estudios
prehistóricos (Navarro 1884). De su interés en el campo numismático es muestra el breve artículo que dedica al
juego de ponderales recuperado en los derribos de las murallas medievales de Málaga (Navarro 1910).
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX 187
interesantes aportaciones a la prehistoria y arqueología clásica de Andalucía (Pastor Muñoz.
Pachón Romero 1991: xxxiv-xlviii), del que conocemos su importante colección de monedas
y su afición a la numismática, no tanto por los puntuales comentarios que sobre algunas
piezas de su propiedad lleva a cabo en alguno de sus trabajos como, de manera indirecta,
gracias a la correspondencia que mantienen destacadas figuras de la vida cultural de la época,
como Estébanez Calderón y Francisco Javier Simonet y Baca (Málaga, 1829- ¿Granada?
1897) -catedrático de lengua árabe en la Universidad de Granada y vicepresidente de la
Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de esta provincia- en la que se hacen
explícitas referencias al rico monetario de Góngora (Gómez-Moreno 1953), que sabemos
fue vendido por su propietario para hacer frente a los elevados gastos ocasionados por sus
exploraciones arqueológicas.
No constituyen estos ejemplos aislados y entre otros muchos que podrían traerse a colación
debemos incluir aquí, por la importancia de su figura en la historiografía de la arqueología
andaluza de finales del XIX, a Jorge Bonsor (Lille, 1855- Mairena del Alcor, 1930), cuyo
monetario resulta además particularmente interesante para el estudio de la arqueología
carmonense, dada la inclusión en el mismo de monedas procedentes de las necrópolis por él
excavadas (Maier 1999; AAVV 1991: 29 n. 6.11; 37 n. 29; 53 n. 116).
Otro capítulo de este coleccionismo numismático lo encontramos en los eruditos locales
que, entroncando con una práctica de larga tradición, hacen uso de sus colecciones, normalmente
modestas, en la elaboración de sus historias locales22. La Historia de la ciudad de Ronda
de Juan José Moreti (Moreti 1867:833-834) encaja bien en este capítulo del coleccionismo local,
que combina un ya desfasado interés estético y costumbrista " por la moneda, con el papel que
éstajuega en el conocimiento de tal o cual yacimiento, en este caso la antigua Acinipo (Ronda
la Vieja, Ronda), de donde deben proceder la mayor parte de las setecientas cinco monedas
que por estas fechas integraban este monetario y puede que también los de los igualmente
rondeños Cándido González y Campos y Enrique Moreno Granados (Moreti 1867: 834-835).
Por último cabe tratar en este punto de un amplio y poco definido grupo de coleccionistas
de objetos artísticos y arqueológicos, también de monedas, entre los que cabría distinguir
-cosa no siempre fácil- entre el coleccionista privado y el anticuario-marchante (Volk: 1997,
174-175). El problema es que la mayor parte de las colecciones andaluzas de la segunda
mitad del XIX de las que medianamente conocemos su contenido son aquellas que, bien
por pertenecer a personajes destacados de la vida cultural o política del momento, bien por
su importante número o calidad, fueron catalogadas y, en algún caso, publicadas. Excluyendo
de este apartado, por el perfil de su propietario, la ya citada colección Gago, el mejor ejemplo
de este capítulo lo encontramos en las colecciones del importante comerciante de monedas
Eduardo Sánchez Fernández de la Cotera, cuyo manuscrito y álbum de improntas -¿de su
stock comercial?- fue dado a conocer hace algunos años (García-Bellido. García de Figuerola
1986: 11-17), y en la también sevillana de Francisco de P. Collantes de Terán. todavía inédita".
29. Para el siglo XVIII vid. los estudios de Guinea (1991) y Beltrán (1993: 119 ss.) Experimentan un notable
desarrollo en la Andalucía del XIX (Moreno Alonso 1979a 131 -134) y en la historiografía española en su conjunto
(Moreno Alonso 1979b: 413-420: Cirujano, Elorriaga, Pérez 1985: 57 ss.).
30. "Pudiéndose apreciar |en las monedas | el estilo de su época, los trajes, templos, naves, pegazos... y sobre
todo bellísimos bustos de personajes notables de aquel tiempo..." (Moreti I867: 834).
31. Se conserva un manuscrito propiedad de sus herederos con el catálogo abreviado de esta interesante colección
numismática, ahora en estudio por J. Beltrán y B. Mora.
188 BARTOLOMÉ MORA SERRANO /TERENCE VOLK
Pero el grueso de las colecciones de moneda de la segunda mitad del XIX (Volk 1997;
Mora 1997: 176-179). incluidas las de Andalucía, son modestas y en general poco especia-
lizadas. Abogados, médicos, periodistas o comerciantes, esto es, exponentes de las nuevas
clases medias surgidas al amparo del nuevo Estado burgués, son sus principales poseedores,
aunque no faltan todavía presbíteros y párrocos como Mateos Gago, Pinto Parra y Filpo
y Silva (Tabla I). Resulta pues una tarea ardua, no sólo conocer una parte al menos de su
contenido, sino incluso su propia existencia, a no ser por la referencias a colecciones locales
que encontramos en guías o historias de diferentes ciudades, como las ya citadas de Ronda,
Málaga o la valiosa Guía Zarzuela para Sevilla y, sobre todo, por la inclusión de alguna
pieza de estas colecciones en conocidos catálogos y estudios numismáticos32. Este es el caso
del Nuevo método de Delgado donde encontramos citadas un buen número de colecciones
andaluzas, sobre todo sevillanas, entre las que destacan, en orden de importancia numérica, las
de Francisco Caballero Infante -a quien le fue dedicada la obra-, José María de Vera y Domín-
guez - que compró la colección de moneda hispánica del anterior tras su traslado a Valencia
en 1874-, Francisco Mateos Gago, Felipe Ramos de la Torre, y Francisco de Paula Collantes
de Terán, además de otras coleccioness especializadas de otras provincias, p.e. Manuel
Ruiz Llull (Cádiz) o Benito Vilá (Málaga) entre otras33. (Vid. Tabla I)
Se impone pues el cruce de la información que sobre estas colecciones modestas propor-
cionan los ya citados catálogos numismáticos, tanto los publicados -como los incluidos en
la ya citada obra de Delgado- como, sobre todo, aquellos otros inéditos, como los aportados en
el catálogo manuscrito de la colección del valenciano Cervera y Royo (Mora 1997: 187-190,
205) o simplemente poco conocidos, como las relaciones del arqueólogo francés Arthur
Engel y del numismático y militar prusiano Max von Bahrfeldt o las guías universales de
numísmatas de los hermanos Gnecchi de Milán (Volk, 1997: 176 ss.). A todo ello hay que
añadir también el rico epistolario que sobre loss variados temas, incluidos los arqueológicos
y numismáticos, mantienen figuras señeras de la política y cultura de la época como es el
caso de Serafín Estábanez Calderón, o Pascual Gayangos, insistiendo en la ya conocida
importancia del coleccionismo numismático en Andalucía. En fin, resulta igualmente obligado
un atento repaso a la bibliografía española del XIX de tema numismático y arqueológico,
en ocasiones dispersa en diferentes revistas o en opúsculos poco conocidos y de difícil
localización en muchos casos, pero donde se encuentran interesantes coincidencias entre
sus autores y algunos de los coleccionistas menores, como el malagueño Benito Vilá y Canino.
Citada una de sus piezas para ilustrar el artículo dedicado a la ceca de Murgis en el Nuevo
32. Un repaso a los principales estudios numismáticos del XIX permite comprobaren los catálogos publicados
cómo junto al notorio incremento de las referencias a colecciones públicas -como las de la Real Academia de la
Historia (Almagro 1999: 85-95; Chaves 1999) y de la Biblioteca Nacional/Museo Arqueológico Nacional (Alf'aro
Asins 199 Ib)- las monedas procedentes de colecciones privadas ocupan todavía un lugar muy destacado. Justificable
por la conveniencia de incluir el mayor número de piezas en un determinado estudio o inventario, tal práctica parece
responder en no pocos casos als cómodo acceso a los monetarios de amigos o conocidos, e indirectamente nos
brinda una valiosa información tanto sobre la formación de algunas colecciones - así la del Solitario con Góngora.
ya mencionada-, como de las relaciones personales entre coleccionistas y estudiosos. Sirva de ejemplo la de Benito
Vilá y Antonio Vives y Escudero (1893: xc) "De la colección de nuestro querido amigo D. Benito Vila ...".
33. A la información que aparece en las páginas introductorias del Nuevo método sobre las principales colecciones
privadas consultadas, hay que añadir las citadas en diferentes artículos de la obra, que incluimos en la tabla que
acompaña a este trabajo.
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX 189
método (Delgado 1873: 197)34, su propietario resulta ser también el autor de un modesto
estudio sobre dicha pieza (Vilá 1863).
La dedicatoria de esta obrita al Marqués de Casa-Loring, una figura clave en la vida
económica, política y también cultural de la Málaga del XIX15, sitúa a B. Vilá y a otros colec-
cionistas malagueños como E. J. Navarro, en uno de loss interesantes círculos literarios
y culturales de la Málaga decimonónica como sin duda fue el creado en torno a la biblioteca
de los Oliver y Hurtado (Vilá 1861:238; Rodíguez de Berlanga 1903: 11-12; Olmedo 2000:
22-23) que frecuentaban Jorge E. Loring Oyarzábal, Manuel Rodríguez de Berlanga. Antonio
Cánovas del Castillo - sobrino de Estébanez Calderón -, así como otros personajes de menor
renombre como alguno de loss arriba citados. Esta relación franqueaba el acceso de sus
monetarios, por lo general bien modestos y de marcado carácter local, como debió ser el
de E. J. Navarro utilizado por Rodríguez de Berlanga (Delgado 1873: 128, 189 ss.)36.
Naturalmente, el caso malagueño que venimos comentando no es el único ejemplo, ni
siquiera els importante, de la existencia de esos círculos culturales andaluces entre cuyos
intereses, por lo general amplios, también tenía cabida la Numismática. Vinculados al Liceo
Artístico y Literario de Granada (1839)- o a la igualmente célebre "Cuerda Granadina" -cuyas
tertulias trataban de loss variados temas sobre historia y arqueología, trasunto de las
inquietudes patrimoniales, reconocemos entre suss destacados miembros a personajes
bien conocidos como Manuel de Góngora - profesor y decano de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Granada, además de Vicepresidente de la Comisión de
Monumentos Históricos y Artísticos de Granada e inspector de antigüedades de esta provincia-,
Serafín Estébanez Calderón, Aureliano Fernández Guerra, Francisco Javier Simonet, Leopoldo
Eguílaz y Yanguas (Mazarrón, 1829 -¿Granada?, 1906) - decano de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Granada y catedrático de Literatura Española en la misma
Universidad-o Manuel Gómez-Moreno González, todos ellos colectores de monedas y otras
antigüedades37.
Pero el desarrollo de asociaciones culturales y sociedades arqueológicas que, también
en la Andalucía decimonónica, surgen como complemento del igualmente potenciado papel
del Estado en la custodia del patrimonio cultural español, tiene uno de sus mejores exponentes
34. Además su monetario contenía monedas de Acinipo, Irippo y Malaca (Vilá 1861: 124. 127. 139-140).
35. Cuyos conocido ejemplo es el espléndido museo arqueológico instalado en la malagueña finca de la
Concepción (Rodríguez Oliva 1995). La merecida fama de algunas de las piezas guardadas en dicho museo,
especialmente los bronces jurídicos, contrasta con la escasa información disponible sobre otras colecciones como
el monetario de los Loring. de cuyo contenido proporciona Rodríguez de Berlanga unas breves notas (Rodríguez
de Berlanga 1903: 20. 123-125. 166 num. 7. 181) que se complementan con las de Vilá (1861: I 18).
36.
Tampoco deben olvidarse las tertulias organizadas por Narciso Díaz Escobar, otra figura destacada del ambiente
cultural malagueño de finales del XIX y principios de la centuria siguiente, cuyo interés por el estudio de la historia
de su ciudad le hizo participar en la conservación del. por aquel entonces, maltratado patrimonio arqueológico
malagueño (Berlanga Palomo 2000). En el Archivo Díaz Escobar (Málaga) se conservan algunas fichas sobre la
colección de antigüedades y modesto monetario de este personaje.
37. Cabe destacar la interesante información que sobre estos temas nos ofrecen las notas biografías publicadas
sobre estos personajes (Arco y Molinero 1892). También los apuntes biográficos dedicados a M. Góngora y Martínez
(Pastor Muñoz, Pachón Romero. 1991. ix-lxv) o L. Eguílaz y Yanguas (Espinar Moreno 1987: xix n. 10). Por su
parte Rada y Delgado (Rada y Delgado 1886: 288) menciona ejemplares de la colección de A. Fernández Guerra
a los que tuvo acceso A. Delgado como consta en diferentes entradas de su Nuevo nielado (Delgado 1873: 294
|Sexs], 338 [inciertas]). Sobre el coleccionismo de moneda andalusí vid. infra.
190
BARTOLOMÉ MOKA SERRANO/TERENCE VOLK
en la Sevilla de la segunda mitad de siglo' con el Círculo Numismático Sevillano. Su interés
para el tema que nos ocupa es, lamentablemente, tan grande como el desconocimiento que
tenemos sobre dicha asociación a cuyas expensas se publicó, como sabemos, el Nuevo método
de Delgado; obra clave para el estudio del interés por la moneda en la Andalucía del XIX.
Ciertamente encontramos aquí el mejor ys conocido ejemplo para Andalucía de esa estrecha
relación existente entre la investigación numismática y el coleccionismo que venimos
defendiendo como nota destacada en el perfil de los estudios numismáticos de esta centuria.
Las múltiples referencias a la procedencia de las piezas estudiadas en el Nuevo Método que
incluimos en nuestra tabla I, resulta una contribución importante en este sentido.
De la extensión y alcance de estos círculos numismáticos en España, verdadero embrión
de proyectos de mayor trascendencia, es buen ejemplo la ya citada Sociedad Numismática
Matritense, fundada en 1837 por Castellanos de Losada, transformada luego en la Sociedad
Arqueológica Matritense y por último en Academia Española de Arqueología.
Ubicado en la calle de Alcuceros y administrado por Manuel L. Almonte (Guía Zarzuela,
1872: 165), el Círculo Numismático Sevillano ilustra bien este fenómeno en Andalucía. Resulta
llamativo que algunos de suss destacados miembros, como Francisco Collantes de Terán o
Francisco Mateos Gago lo fueran también de la Diputación Arqueológica de Sevilla y que
una vez suprimida ésta, en 1868, fueran miembros fundadores de una Sociedad Arqueológica
(1870) y destacados colaboradores de la Revista Arqueológica Sevillana (núms. 1 -25: 26
de junio 1870-8 de enero de 1873) junto con J. Pagés del Corro y Manuel L. Almonte (Beltrán
1997:327). La estrecha relación entre esta Sociedad Arqueológica y el Círculo Numismático
Sevillano, a través de la mencionada revista (Chaves Rey 1995: 194), subraya la intención
por parte de los fundadores de ambas asociaciones, y especialmente de la primera, de continuar
las inquietudes eruditas de la Diputación Arqueológica Sevillana.
En parte por el perfil de las investigaciones que se vienen llevando a cabo sobre el tema
(Historia Antigua, Arqueología Clásica), el conocimiento de la composición de buena parte
de las colecciones andaluzas que se han citado hasta ahora se ha venido centrando en el
obligado capítulo dedicado a la moneda antigua (series hispana y romana principalmente),
desatendiendo la existencia no sólo de aquellos otros objetos habitualmente incluidos en
los monetarios: medallas, sellos, entalles, etc., sino también, de monedas medievales y moder-
nas, fundamentalmente españolas, cuya presencia en estas colecciones numismáticas es harto
frecuente. En efecto, dado el conocido papel de la moneda como "comprobante de la Historia"
en la historiografía española, no resulta extraño la tradicional atención prestada a la numis-
mática visigoda, de la que la conocida monografía del Marqués de Valdeflores ilustra tanto
los avances que había experimentado su estudio ya en el siglo XVIII, como el temprano
interés coleccionista en estas singulares monedas (Velázquez 1759), que no hará sino aumentar
en la centuria siguiente, al amparo del ya comentado auge de los estudios medievales en
la historiografía española del XIX.
Junto a las "medallas godas" y a las de los reinos cristianos peninsulares, merece especial
atención el coleccionismo de moneda hispano-árabe, ya presente en los monetarios formados
con anterioridad al XIX, si bien será a partir de este momento cuando se produzca un verdadero
impulso en la colección de este tipo de monedas por darse ahora una serie de circunstancias
38. En realidad, ya desde el siglo XVIII, Sevilla ocupaba un lugar de privilegio entre los círculos anticuarios
andaluces y se daban cita en la ciudad un buen número de los llamados "coleccionistas científicos" vinculados
en torno a la Real Academia de Buenas Letras (Beltrán 1995:17-21).
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX 191
favorables para ello39'. Así, la diferente proporción de moneda andalusí-y medieval islámica
en general- que presentan colecciones del XVIII como la cordobesa de Villacevallos con
respecto a la ya citada de Mateos Gago40, creemos que puede vincularse, aunque sea de manera
indirecta, al importante cambio que se produce en la historiografía española a lo largo del
XIX en lo que a la valoración de la España islámica se refiere (Cirujano. Elorriaga, Pérez,
1985, 61-63; Moreno Alonso, 1979b, pág. 545). aunque las primeras iniciativas oficiales
se remontan a mediados del siglo XVIII, pudiendo hablarse incluso de un cierto interés cientí-
fico en la numismática hispano-árabe. Puede ser un buen ejemplo la publicación en 1804
de un texto por Pablo Lozano y Casela (Madrid, 1749-Mascaraque. 1822) para completar
las lujosas estampas de monumentos de Granada y Córdoba publicadas, gracias a la interven-
ción del Conde de Floridablanca, con el título Las Antigüedades Árabes de España (Madrid
¿ 1780?) en la que no faltan apuntes de numismática andalusí, incluida la ilustración de un dinar
granadino sucesivamente citado por Vives (Vives y Escudero 1893: xc n. 40).
Las fuentes literarias primero, la valoración patrimonial y artística de los grandes monu-
mentos de la arquitectura hispano-árabe41, o el creciente interés por los testimonios epigráficos
son, junto con el ya comentado de la numismática andalusí, elementos clave en el estudio
de la incipiente arqueología islámica (Díaz-Andreu 1996: 73-74; Salvatierra 1990, 40) y,
sobre todo, una contribución destacada al arabismo hispano del XIX, algunas de cuyas figuras
s señeras aparecen estrechamente ligadas a la numismática como es el caso de José Antonio
Conde García (La Paraleja, 1766-Madrid, 1820) (Manzanares Cierre 1972:49-79) y Francisco
Codera y Zaidín (Fonz, 1836-Fonz, 1917) (Marín 1992:384 y n. 19). Si el primero con su
Memoria (Conde 1817) puede considerarse punto de partida de los estudios científicos sobre
la numismática hispano-árabe, la obra de Codera y Zaidín, especialmente su Tratado (Codera
1879), supone ya-junto a aquella otra de A. Vives y Escudero-, su consolidación (Canto
2001 )42. Todos los personajes citados poseen, cómo no. una rica colección de monedas, fuente
para estudios propios y ajenos4'.
Esta vinculación entre arabismo hispano y coleccionismo monetario queda además sobra-
damente probada en figuras tan relevantes como las de Pascual Gayangos44. Serafín Estébanez
39. Destaca en este sentido la publicación, en los años centrales de siglo, de catálogos y modestos manuales sobre el
tema como el de Manuel Cerda de Villarcstán( 1853,1861) y los Apuntes de Álvaro Campaner y Fuertes! 1857:53-59).
40.
En la relación manuscrita del monetario cordobés no alcanzan el centenar de ejemplares. Claramente mayor es la
representación de este tipo de moneda en la colección Gago, 635 ejemplares, en su mayoría moneda andalusí (Sáenz-
Díez 1992).
41. Resulta innecesario recordar aquí el peso de Andalucía en este campo. Valga insistir sobre uno de loss
importantes, la Alhambra. por el movimiento cultural que supuso su conservación y estudio (Rodriguez Domingo
1997: 341-350). Interés que se aprecia con claridad en la temática de buena parte de la documentación generada
por la Comisión de Monumentos de Granada (Maier, Salas 2000: 195-2371.
42. La figura de Codera es, sin duda, las importante de las citadas y al reconocimiento de su Tratado hay
que añadir el interés de sus numerosas publicaciones, especialmente las de tesoros. Tanto este personaje como
Cerdá y Campaner demuestran que el interés por la epigrafía y numismática árabes no es exclusivo de Andalucía,
ni tampoco un fenómeno predominante en los estudiosos andaluces. Sólo la figura de Campaner ofrece una conexión
s clara con Andalucía pues, junto al hecho circunstancial de su nacimiento en Valverde del Camino (Huelva).
por motivos profesionales aparece vinculado a la Diputación Arqueológica de Sevilla y fue también socio fundador-
de la Sociedad Arqueológica de Carmona (Maier 1999: 79).
43. Para la bibliografía numismática andalusí cf. además de la ya citada obra de Rada y Delgado (1886: 303 ss.) lass
recientes recopilaciones de Ibrahim, Jiménez 19X7:83-123; y Canto, Ibrahim 1997: 235-276, con bibliografía antigua.
44. Del que cabe destacar su estrecha relación con Castellanos de Losada, llegando a ser correspondiente en
Londres de la Academia Española de Arqueología (Manzanares Cierre. 1972: 83 n.5).
192 BARTOLOMÉ MOKA SERRANO/TERENCE VOLK
Calderón, Guillén Robles, et al. El conocimiento de sus colecciones es a veces muy limitado,
aunque no por ello menos interesante, como es el caso de Estébanez Calderón gracias a las
cartas de éste con Simonet (Gómez-Moreno 1953; Simón Díaz 1948: 16)45. En otros casos,
como el de Gayangos, puede reconstruirse una parte al menos de su rico monetario, ya sea
recopilando las frecuentes referencias al mismo en el catálogo de Codera (1879: xxi y ss.)
o consultando los inventarios de lo conservado hoy en la American Numismatic Society
(Bates 1992:81).
Pero como ya se ha destacado antes para el caso del coleccionismo de moneda antigua,
las referencias a colecciones privadas que encontramos en los principales tratados sobre
moneda andalusí, como los ya citados de Codera y Vives, sobre todo, contribuyen a un mejor
ys preciso conocimiento de las colecciones andaluzas de este tipo de moneda. Modestas
y poco conocidas en su mayor parte, no resulta extraño encontrar referencias a monetarios
ya conocidos por su contenido en moneda antigua como son los de Fernández-Guerra,
Caballero Infante o Vilá (Codera 1879: xxi; Vives y Escudero 1893: lxxxviii-xc núms. 1,39)46
La citada en segundo lugar es particularmente interesante, pues permite valorar el peso de
la moneda islámica en tan importante colección, que se deduce igualmente por las donaciones
de este tipo de moneda que realiza su propietario a la Real Academia de la Historia (Codera
1885; 1887) y, sobre todo, por los estudios que dedica a la moneda islámica valenciana47.
El coleccionismo y el aprovechamiento histórico de la moneda hispano-árabe se incorpora
también al siempre exitoso género de las historias locales. Algunas son doblemente interesantes
como la Malaga Musulmana escrita por Francisco Guillen Robles (Málaga. 1846 -Granada,
1920). otro arabista andaluz (Manzanares Cierre 1972: 195-197) que no duda en insertar
un importante apéndice arqueológico en este trabajo en el que destacan los comentarios
dedicados a la historia monetaria de esta ciudad; no faltando aquí tampoco referencias a
las colecciones de Codera, Gayangos y a la suya propia (Guillén Robles 1880: 385-428).
Pero como ya se ha apuntados arriba, junto a las iniciativas privadas de mayor o
menor alcance científico, el siglo XIX se caracteriza también por el interés oficial en la
protección, control y estudio del patrimonio histórico-artístico español, en el que también
tiene cabida, como sabemos, el numismático. En este sentido cabe destacar ya para la segunda
mitad de siglo la importancia de los monetarios de carácter público como el de la Real
Academia de la Historia (Chaves 1999: 220-223; Almagro 1999: 89-92) y el del Museo
Arqueológico Nacional (Alfaro Asins 1992), en los que la representación de la moneda
hispano-árabe es muy destacada. Pero el mejor ejemplo del interés oficial en la valoración
patrimonial y sobre todo histórica de la moneda andalusí lo encontramos nuevamente ligado
a la conocida figura de Antonio Delgado, que en 1859 fue comisionado por el gobierno para
que redactara una historia de la moneda hispano-árabe.48 Su título, Historia de la Numismática
Hispano-Arabe como comprobante de la dominación islamita en la Península, también desde
45. Una referencia a la colección de moneda islámica de L. Eguílaz nos la proporciona Vives 1893: lxxxvii-xc. n. 43.
46. Se entiende que las monedas de la colección Caballero Infante están incluidas en las referencias a su propia
colección dada su compra junto a otras tan destacadas como la de A. Delgado, según consta en el catálogo de la
colección Vives adquirido por el Museo Arqueológico Nacional en 1895 (Alfaro Asins 1992: 43).
47. Las referencias en Canto, Ibrahim 1997:240, Sobre la vinculación de Caballero Infante a los círculos culturales
valencianos cf.. González Maurazos 1997: 356.
48. Son interesantes las referencias que sobre esta obre nos proporciona Sabau y Larroya (1851: vi; 1868: vi).
así como el hecho de que Fernández-Guerra ocupara en estos años puestos de relevancia en el Ministerio de Fomento,
corrio el de Director General interino de la Dirección General de Instrucción Pública, en 1859.
La numismática en Andalucía en la segunda mitad del siglo XIX 199
Benito Vilá Canino (Málaga)
II. Murgis: 1: Tingi: 17 .
Comisión de Monumentos de
Málaga (Berlanga
Palomo,
2000) (Maier, Salas 2000: 316 ss.)
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