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Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española

Authors:
  • Universidad de Málaga (Spain)

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La preocupación por la existencia de monedas falsas de Hispania viene de antiguo. La estrecha vinculación entre los estudios numismáticos y el coleccionismo de «medallas» justifica la aparición en el mercado anticuario de monedas falsas, ya sean fundidas o acuñadas, además de ejemplares originales modificados con el uso de ácidos o el buril. El ánimo de lucro explica el fenómeno de la falsificación de moneda hispana en el mercado anticuario, pero también se detectan intereses espurios ligados unas veces a la excesiva imaginación de los eruditos y anticuarios, y otras a la voluntad de proporcionar con ejemplares retocados o de nueva factura sólidas argumentaciones a problemas histórico-arqueológicos. Desde la perspectiva de la falsificación, estos ejemplares, difundidos en prestigiosos trabajos numismáticos, nos muestran la estrecha relación entre los estudios epigráficos y numismáticos. An interest in forgery and the coins of Hispania goes back a long way. The close link between the study of numismatics and the collecting of so-called “medals” led to forgeries’ appearing in the market, both in the form of newly-struck examples or ones made by casting and in the form of genuine specimens altered by either chemical treatment or tooling. Although monetary profit was at its root, the phenomenon can also be read in some cases as the result of over-imagination on the part of students and collectors alike and in others as the desire to supply evidence, by means of either altered specimens or purpose-made forgeries, that might elucidate historical or archaeological problems. Such forgeries, given currency by well-regarded numismatic studies, underline the close links between epigraphy and numismatics.
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XIV Curs d’història monetària d’Hispània
Falsifi cació i
manipulació
de la moneda
Falsifi cació i
manipulació
de la moneda
XIV Curs d’història monetària d’Hispània Falsifi cació i manipulació de la moneda
25 i 26
novembre 2010
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Falsificació i manipulació
de la moneda
XIV Curs d’història monetària d’Hispània
Coordinació científica
Marta Campo
ÍNDEX
PRESENTACIÓ
M. Teresa Ocaña i Marta Campo 07
LEYES CONTRA LA FALSIFICACIÓN DE MONEDAS EN LA ÉPOCA ROMANA Y VISIGODA
Olga Marlasca Martínez 09
PRODUCCIÓ I CIRCULACIÓ DE MONEDA FALSA A LA PENÍNSULA IBÈRICA (S. IV AC - I DC)
Marta Campo 23
DE LA MANIPULACIÓN A LA FALSIFICACIÓN DE MONEDA EN
G
ADIR
Alicia Arévalo González 41
LA MANIPULACIÓ MONETÀRIA A LA CIUTAT DE
B
ARCINO
:
ENTRE LA LEGALITAT I LA NECESSITAT
Montserrat Berdún i Colom 55
NOVES APORTACIONS AL CONEIXEMENT DE LA MONEDA DIMITACIÓ A
T
ARRACO
:
DES DE LANTONINIÀ FINS AL TREMÍS
Imma Teixell Navarro 69
LA FALSIFICACIÓN Y MANIPULACIÓN DE LA MONEDA VISIGODA
Ruth Pliego 81
ENTRE EL NEGOCIO Y LA ERUDICIÓN: LA FALSIFICACIÓN DE MONEDA HISPANA ANTIGUA
EN LA HISTORIOGRAFÍA NUMISMÁTICA ESPAÑOLA
Bartolomé Mora Serrano 103
103
ENTRE EL NEGOCIO Y LA ERUDICIÓN: LA FALSIFICACIÓN DE MONEDA
HISPANA ANTIGUA EN LA HISTORIOGRAFÍA NUMISMÁTICA ESPAÑOLA
Bartolomé Mora Serrano
Universidad de Málaga
Resumen/Abstract
La preocupación por la existencia de monedas falsas de Hispania viene de antiguo. La estrecha
vinculación entre los estudios numismáticos y el coleccionismo de «medallas» justifica la aparición
en el mercado anticuario de monedas falsas, ya sean fundidas o acuñadas, además de ejemplares
originales modificados con el uso de ácidos o el buril. El ánimo de lucro explica el fenómeno de la
falsificación de moneda hispana en el mercado anticuario, pero también se detectan intereses espu-
rios ligados unas veces a la excesiva imaginación de los eruditos y anticuarios, y otras a la voluntad
de proporcionar con ejemplares retocados o de nueva factura sólidas argumentaciones a problemas
histórico-arqueológicos. Desde la perspectiva de la falsificación, estos ejemplares, difundidos en
prestigiosos trabajos numismáticos, nos muestran la estrecha relación entre los estudios epigráficos
y numismáticos.
Palabras clave
Moneda falsa; historiografía de la numismática; moneda hispana antigua.
An interest in forgery and the coins of Hispania goes back a long way. The close link between the
study of numismatics and the collecting of so-called “medals” led to forgeries’ appearing in the
market, both in the form of newly-struck examples or ones made by casting and in the form of
genuine specimens altered by either chemical treatment or tooling. Although monetary profit was
at its root, the phenomenon can also be read in some cases as the result of over-imagination on the
part of students and collectors alike and in others as the desire to supply evidence, by means of
either altered specimens or purpose-made forgeries, that might elucidate historical or archaeological
problems. Such forgeries, given currency by well-regarded numismatic studies, underline the close
links between epigraphy and numismatics.
Key words
Coin-forgeries; history of numismatics; ancient coinage of Hispania.
«Un prendero de Barcelona enseñó varias medallas, cada una envuelta en un papel, y encima escrito
su precio numismático, á un coleccionista forastero. Este exclamo riéndose: - Conozco la letra, las
medallas son imitadas, y mi antiguo colega, no recuerdo su nombre, se ha metido á falsificador […].»
Son muchos los ejemplos que como el que aquí se reproduce, tomado de una curiosa publicación
dedicada al coleccionismo de antigüedades en España a finales del siglo XIX (Nogués 1890, p. 180),
llaman la atención sobre la existencia de numerosas falsificaciones de monedas antiguas, medievales
y modernas españolas en el mercado anticuario.
Es este un problema endémico en el coleccionismo de antigüedades, pero también es cierto que ha
afectado de manera especial a la moneda, y dada la particular orientación de los estudios anticua-
rios en los albores del Renacimiento italiano, salvo alguna excepción, fue la serie monetaria antigua
el principal blanco de falsarios y de «inventores». Lo extendido de este fenómeno y su gravedad
justifican la inclusión de un capítulo, el decimoprimero, dedicado a las falsificaciones e invenciones
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
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de monedas e inscripciones en los Diálogos de Antonio Agustín (1587, p. 447-447). Ya algunos años
antes Enea Vico había expuesto en sus Discorsi (1555) las principales diferencias para distinguir las
medallas originales de las falsas o inventadas, aunque ello no le evitara incluir en sus obras ilus-
traciones de medallas claramente inexistentes como recuerda Antonio Agustín (1587, p. 451-452).
Cómo no, el obispo de Tarragona dedica un comentario a las que sin duda alguna fueron conside-
radas las más perfectas y bellas réplicas de medallas antiguas: las ejecutadas por Giovanni Cavino
(1500-1570) el más famoso de los imitatori. Así, distinguiéndolas de las abundantes y en muchos
casos torpes falsificaciones o invenciones (p. 447), Agustín no oculta su aprecio por las creaciones
de Cavino: «[...] las mejores de todas son las de un paduano que contrahace las mejores medallas de
las antiguas que ahora tenemos, y éstas están tan bien hechas, que es gran placer mirarlas, si no
fuese por algunos errores o en las letras, o en las cosas dibujadas, no habría que desear mejores»
(p. 453-454) (Volk 2007b, p. 33-34).
La justificación de este fenómeno es compleja pues coinciden en el mismo tanto el afán de lucro
como una erudición mal entendida, pero asentada historiográficamente desde el siglo XVI en la ex-
traordinaria importancia otorgada a la moneda como documento histórico. La conocida afirmación
de Antonio Agustín en sus Diálogos «Yo doy más fe a las medallas, a las lápidas y las piedras, que a
todo aquello que dicen los escritores» (1587, p. 377), sintetiza bien las inquietudes anticuarias de
la época y por ello puede reconocerse también de manera explícita o implícita en los escritos de
Ambrosio de Morales, Juan Fernández Franco y otros ilustres anticuarios de la época (Mora 1998, p.
23-29). Pero, al mismo tiempo, esta frase lapidaria nos puede servir igualmente de pretexto para vin-
cular la trayectoria del fenómeno de la falsificación de moneda antigua española a similares prácticas
que sufren otros documentos arqueológicos igualmente singulares como son las inscripciones cuya
explotación histórica, no siempre bien intencionada, sí que ha sido objeto de numerosos estudios
sobre este tema (Gimeno 1997). En los ya citados Diálogos de Antonio Agustín encontramos un buen
testimonio de esta relación o, si se quiere, de la preocupación de la época por la necesaria depuración
de los falsos epigráficos. De hecho, el ya comentado capítulo dedicado a las medallas y letreros falsos
muestra una clara descompensación a favor de éstos últimos, criticando abiertamente la gran can-
tidad de inscripciones inventadas y la dificultad y contratiempos que suponía su crítica pues, como
comenta Agustín «Esto era decirles que no decían verdad, y tomarlos por enemigos» (p. 444). Aun-
que centrado en la anticuaria italiana, no faltan comentarios al caso hispano en lo que concierne a la
excesiva facilidad con la que prestigiosos anticuarios españoles como Florián de Ocampo y Ambrosio
de Morales se hicieron eco de las muchas invenciones difundidas por fray Giovanni Anni a través del
supuesto Annio de Viterbo –el famoso Beroso– o Ciriaco de Ancona (p. 448-449). En estas críticas
subyace una de las constantes de la historiografía española, en continuada lucha por despojarse de
la desconfianza ante muchos documentos históricos que no hará sino crecer con el tiempo: «El mal
es, que así Juan Annio como Ciriaco y otros parece que se hayan burlado de los Españoles fingiendo
hechos de España del tiempo de Noe y Tubal, y una orden de Reyes tan particular como si fueran de
poco tiempo acá; y unas piedras de las guerras contra Viriato y Sertorio, y de César y Pompeyo etc. y
de ello ha resultado que no haya historia de España sin Beroso y Metástenes y fray Juan de Viterbo,
ni sin inscripciones de Ciriaco Anconitano» (p. 459). Los desvelos del arzobispo de Tarragona son
reconocidos por Gregorio Mayans (Mayans y Siscar 1999, p. 25-26), y ocupan un lugar destacado en
la crítica historiográfica española durante los siglos XVII y XVIII (Mestre 2003, p. 249-255).
Este generalizado ambiente de falsificaciones e invenciones de documentos históricos referidos a
las antigüedades de España, por desgracia encuentra nombres ilustres en la historiografía española
de los siglos XVII y XVIII donde destacan los falsos Cronicones de Jerónimo Román de la Higuera y
la Historia de España del Padre Mariana. Los perjuicios causados por estas patrañosas historias, en
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 105
muchos casos avaladas por materiales arqueológicos fingidos o adulterados como monedas y, sobre
todo, diverso material epigráfico, se prolonga hasta bien entrado el siglo XIX; si bien es cierto que
los nuevos aires que trae la Ilustración a la crítica histórica se traducen en un interés cada vez más
evidente por identificar y desechar las piezas espurias. A tan noble y meritoria empresa contribuirá
decididamente la Real Academia de la Historia (Maier Allende & Almagro Gorbea 2003).
No obstante, a lo largo de esta centuria los indudables avances en la crítica y la depuración de la
rica documentación histórico-arqueológica española, se ven oscurecidos con importantes retrocesos
como el que protagonizan Juan de Flores y Oddouz y su círculo con sus excavaciones en el grana-
dino barrio del Albaicín entre los años 1754 y 1763 (Mora Rodríguez & Alvarez Barrientos 2006;
Sotomayor Muro 2007). Herederas de las no menos famosas de la centuria anterior en torno a los
Libros Plúmbeos y aquellos otros hallazgos, algo anteriores, en el lugar conocido como Torre Turpia-
na, han sido analizadas desde muy diferentes enfoques, pero no cabe duda que las falsificaciones del
siglo XVIII supusieron un notable retroceso en la arqueología granadina (Orfila Pons & Sotomayor
Muro 2006); siendo quizás una de sus más importantes y negativas consecuencias el mantenimiento,
hasta bien entrado el siglo XIX, de la controvertida reducción de Florentia Iliberritana llevada por
algunos autores a las inmediaciones de Sierra Elvira, cerca de Atarfe (Fuentes Vázquez 2002; Soto-
mayor Muro 2008). Como se alude en las líneas que siguen, los efectos perniciosos de estas falsifi-
caciones afectaron también a la investigación de la interesante ceca granadina.
La figura de Cándido María Trigueros de Lara y Luján (1736-1798) es especialmente relevante para
el tema que nos ocupa, pues en este caso también se da la tradicional convivencia entre los intereses
epigráficos y numismáticos de nuestro personaje. Si bien es cierto que su nombre no se incluye en el
largo elenco de ilustres «anticuarios metálicos» de la España del siglo XVIII, por no haber publicado tra-
tados sobre la materia, no es menos cierto que además de colector de monedas (Aguilar Piñal 1999, p.
44-52), intervino activamente en la organización de las primeras colecciones reales de monedas y me-
dallas como fue la custodiada en los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, fundada por Carlos IV
en 1790. Posteriormente, forzado por sus malas relaciones con los responsables de aquella institución,
también intervino activamente en la organización del Monetario de la Real Academia de la Historia
(Salas Álvarez 2009a, p. 671), de la que fue miembro numerario desde 1792. Su discurso de recepción
versó sobre la Importancia de la Epigrafía y de la Numismática para el estudio de la Historia (Mora Rodrí-
guez, 1998, p. 63), y entre su obra inédita destaca su Historia de las Medallas o Diccionario Numismático,
para cuya redacción aprovechó su colección numismática (Salas Álvarez 2009a, p. 670-671).
Pero volviendo a su afición más conocida y polémica, la epigráfica, la figura de Trigueros sobresale
también en la anticuaria de la época por la discusión generada de antiguo y mantenida en la inves-
tigación reciente en torno a su condición de falsario, sólidamente asentada por la severa crítica que
de su obra hiciera E. Hübner, que sin embargo no es unánime (Mora 1988, p. 344-348). Como con-
trapunto, y también respuesta a estos excesos, en la segunda mitad del siglo XVIII se sientan también
las bases de un método crítico aplicado a las antigüedades hispanas que tuvo especial incidencia en
los repertorios de inscripciones y monedas, en continuo aumento gracias, entre otras iniciativas, a la
Real Orden de Fernando VI encaminada a la recopilación y catálogo de fuentes y monumentos para
la elaboración de la Historia General de España, donde entre otros destaca el Viaje de las Antigüedades
de España del Marqués de Valdeflores (1752-1755), que a su vez proporcionaban material inédito o
ya conocido pero contrastado –en un claro intento de acabar con la llamada Epigrafía de papel– para la
realización de los primeros corpora epigráficos y numismáticos de España (Maier Allende & Almagro
Gorbea 2003, p. 4-8). Sin duda una noble iniciativa que, sin embargo, también parece responsable del
incremento de las falsificaciones de materiales arqueológicos (Mora Rodríguez & Álvarez Barrientos
1985, p. 187-188).
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
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Es en el campo de los estudios epigráficos donde, desde una perspectiva historiográfica encontramos
los mejores y más rigurosos estudios sobre este tipo de prácticas. Además de los esfuerzos en este sen-
tido que como institución cabe atribuir a la Real Academia de la Historia, sobresalen también figuras
singulares como la de Gregorio Mayans y Siscars (1718-1801), a su vez claramente tributaria en este
tema –edición crítica e influencias europeas: italianas y francesas– de Manuel Martí (1663-1737) (Mora
1998, p. 31-33). Mayans defiende la aplicación de un «método» epigráfico basado en la autopsia de las
inscripciones o la crítica textual de las ya conocidas y en la elaboración de una bibliografía crítica so-
bre los autores y estudios epigráficos, cuyo espíritu heredan otros prestigiosos anticuarios de la época
como Tomás Andrés de Gusseme (1712-1774) y Francisco Pérez Bayer (1711-1794) (Gimeno 2003,
p. 187-188, 192). A las ya conocidas críticas que ambos autores llevan a cabo a propósito de las falsi-
ficaciones epigráficas granadinas, hay que añadir también su preocupación por las medallas falsas que
incluye Gusseme en sus inéditos Ensayos de Numismática (Biblioteca Colombina 59-6-26[6]). Aunque
por motivos que no vienen al caso desarrollar ahora, cabe recordar que Pérez Bayer se vio envuelto en
una agria polémica con O.G. Tychsen a propósito de la identificación de las monedas conocidas como
hebreo-samaritanas y que para el orientalista y numísmata prusiano no eran otra cosa que «hijas del
embuste y artificio de algún monedero italiano» (Pérez Bayer 1793, p. 3, 10). Estos siclos hebreos,
en algunos casos falsificados, gozaron de especial aprecio en los monetarios hispanos por ser iden-
tificadas con las famosas treinta monedas de Judas (Salas Álvarez 2003, p. 82-84), si bien este mito
popular lo comparten otras monedas antiguas, especialmente las de Rodas (Volk 2007a, p. 22).
Como es bien sabido, los personajes más arriba citados, son claros exponentes de la anticuaria
española del XVIII y, en tal sentido, resulta tarea compleja y a veces poco rigurosa etiquetarlos, al
igual que a otros muchos como epigrafistas o numísmatas, dada la estrechísima relación existente
entre los testimonios epigráficos y numismáticos que durante mucho tiempo constituyeron la base
de la aportación arqueológica a los estudios sobre la Historia Antigua de España (Maier Allende &
Almagro Gorbea 2003, p. 14); si bien es cierto que, como afirmara Pedro Leonardo de Villacevallos
(1696-1774), por su mayor afición al coleccionismo o bien por sus intereses eruditos es posible
hablar de «anticuarios metálicos».
A pesar de las muchas particularidades que, como veremos en las líneas que siguen, cabe apuntar para
las características y «justificación» de las medallas falsas o inventadas de Hispania, es evidente que no
es éste un fenómeno exclusivamente hispano; siendo en este sentido interesante traer aquí a colación
las observaciones que para su identificación se incorporan a diferentes tratados de numismática publi-
cados en otros países europeos en el siglo XVIII. Éste es el caso de la del padre Louis Jobert, quien en
la edición parisina de 1739 de La science des médailles, añade una Disertación sobre la manera de discernir
las medallas antiguas de las que son contrahechas del señor de Beauvais de Orleans. La obra de Louis
Jobert y el mencionado apéndice fueron traducidos por el presbítero Manuel Martínez Pingarrón (†
1777), bibliotecario real, anticuario y numísmata (González de Posada 1907 p. 478-481). No es ésta
que comentamos la única traducción al español de tratados numismáticos extranjeros en la España del
XVIII –así la de Patín en traducción de Francisco Pérez Pastor, o la de Joseph Addison por Pedro Alon-
so de O’Crouley– pero sí una de las más populares (Mora 1998, p. 73) gracias, entre otros detalles, al
extenso y erudito prólogo de Martínez Pingarrón, en el que no faltan numerosos comentarios sobre
diversos temas de la anticuaria hispana, con una especial atención a la epigrafía y la numismática.
En el mencionado Prólogo se insiste, cómo no, en la importancia e interés de la moneda «[...] y podemos
decir, que las Medallas son el suplemento y aun la basa de la Historia, que en muchas cosas sería imper-
fecta, si no se le añadiese el conocimiento de lo que ellas nos enseñan [...]», pero con una importante
prevención «[...] si bien es necesario precaverse de las ficciones, que en ellas, y en las inscripciones se han
introducido» (p. II), que se ve doblemente justificada por la especial atención prestada a las falsificaciones
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 107
numismáticas en la obra de Jobert, en su capítulo décimo (p. 291-306), a lo que cabe añadir el menciona-
do y extenso apéndice también dedicado a este asunto (p. 307-340). La condena de las falsificaciones de
medallas no se aborda, como suele ser habitual en otras publicaciones de este tipo de manera puntual o
simplemente acompañada de algunos comentarios eruditos acerca de piezas selectas o sobre la denuncia
de su presencia en monetarios y conocidas publicaciones, sino que se lleva a cabo una detallada expo-
sición, tanto de las técnicas como de los sujetos que explican estas creaciones espurias. Esta sistemática
exposición, parangonable a la metodología crítica que por la misma época se aplica a la recopilación de
inscripciones, es a su vez un buen punto de partida para abordar otro tema de interés como es el de la
necesaria definición del concepto de falsificación numismática visto, lógicamente, desde una perspectiva
historiográfica a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Tan breve como acertado es el comentario general sobre
los dos principales y bien diferentes motivos que están detrás de la mayor parte de las falsificaciones «[...]
el atractivo de la ganancia, y el deseo de preocupar a los Curiosos [...]» (p. 308) (Mora Serrano 2010, p.
26). Tanto el capítulo que Jobert dedica a las medallas falsas, sus técnicas y modo de identificarlas, como
sobre todo la disertación del Sr. de Beauvais dedicada al mismo tema, presentan una estructura similar, y
su contenido es en muchos casos redundante, por lo que serán comentados aquí de manera conjunta y
haciendo únicamente hincapié en aquellos puntos que mejor puedan aplicarse al caso hispano.
Así, un primer grupo destacado lo conforman las famosas imitaciones comúnmente conocidas como
Paduanos y Parmesanos (p. 295-296), cuya bella factura ha justificado desde antiguo su aprecio, a
pesar de conocer su condición de copias modernas, en los gabinetes y monetarios europeos (Volk
2007b, p. 34); incluidos los españoles como, por ejemplo, vemos en la rica colección del Museo
Arqueológico Nacional donde no faltan tampoco otros ejemplares de este tipo pero de peor factura
como resultado del posterior uso de los cuños de Cavino (Volk 1999). Además de las «vaciadas»,
esto es, fundidas a partir de moldes fabricados ex novo o mediante ejemplares antiguos bien conser-
vados, destacan los comentarios dedicados a las monedas «rehechas» cuyo fin no es otro que el de
«[...] reparar astutamente las medallas antiguas... y que con el buril saben quitar el moho, restablecer
las letras, y resucitar las figuras, que casi no se conocían» (p. 295), de modo que de «[...] una medalla
común antigua formaban una medalla rara [...]» (p. 320). Este es, como veremos más adelante, uno
de los supuestos mejor documentados en la falsificación de moneda hispana antigua. El último apar-
tado que interesa comentar aquí es el referido a las medallas «inventadas por falsarios».
Se aducen aquí una serie de criterios técnicos para reconocer tales imposturas, entre los que sobresalen
las hoy bien conocidas diferencias de factura entre las monedas acuñadas y las fundidas, la recreación
de pátinas o las diferencias de peso y aleaciones (p. 293-294); si bien uno de los criterios que recu-
rrentemente se aplican para reconocer el engaño se apoya en la necesaria atención prestada a la, por
lo general, peor factura de las inscripciones monetarias –profundidad y limpieza de grabado, modula-
ción– y, de manera especial también a su paleografía (p. 314); un criterio de antigüedad comúnmente
aplicado también a la identificación de los falsos epigráficos y que en el siglo XIX se convierte en un
instrumento clave en los estudios epigráficos (Hübner 1888, p. 83-84).
La presencia de moneda falsa en los gabinetes y monetarios españoles
(siglos xviii y xix)
Por diferentes motivos, el tema de las falsificaciones numismáticas ha mantenido una especial orien-
tación «práctica», esto es, abundando en aquellos aspectos que contribuyen a la, por otra parte,
necesaria discriminación entre ejemplares originales y los simulados que todavía hoy proliferan en
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
108
el mercado anticuario. Quizá el mejor ejemplo lo encontramos en la moneda visigoda (Vico 2003,
p. 1261-1263); tema tratado con detalle en este mismo volumen por R. Pliego. No resulta extraño
que incluso en obras no especializadas en numismática como la Historia Universal de César Cantú
(1866, p. 265) se afirme que «El discernimiento de las verdaderas monedas de las falsas, es hoy parte
importantísima de la ciencia numismática.» No obstante, desde un punto de vista historiográfico la
falsificación de moneda antigua española ofrece todavía muchas posibilidades de estudio, a la vez
que permite insistir en la necesaria conexión de la investigación numismática con el resto de los
saberes histórico-arqueológicos que culmina en la segunda mitad del siglo XIX (García-Bellido 2001,
p. 135-137). Desde luego, no faltan ejemplos más recientes de esta estrechísima y por otra parte
necesaria conexión (Chaves Tristán 2008). Por su parte, la importancia y extensión del coleccionis-
mo de monedas y otros objetos afines que se custodiaban en los monetarios y gabinetes públicos
o privados, generan un gran interés y rivalidad no sólo por el número y variedad de los ejemplares
coleccionados sino también por la presencia de piezas inéditas, raras o las conocidas «variantes» de
monedas ya documentadas. Este afán colector afecta tanto a príncipes como a ilustres anticuarios y,
también, a modestos eruditos locales que en muchos casos ejercen de interesados proveedores de
aquéllos. La correspondencia conservada entre diversos anticuarios andaluces es muy ilustrativa en
este sentido (Mora Serrano & Volk 2002, p. 186-188; Salas Álvarez 2008, p. 157-160).
Tal interés se traduce en una gran demanda de monedas singulares que en parte es satisfecha por falsa-
rios, lo que hace que también en España este fenómeno alcance grandes proporciones y que la prolifera-
ción de piezas espurias en monetarios privados y colecciones públicas sea causa de gran preocupación,
como vemos en las prevenciones que plantea José de Guevara Vasconcelos para justificar su escasa espe-
cialización en numismática, tras su nombramiento como anticuario de la Real Academia de la Historia en
1775: «[...] no me creía con los conocimientos de Historia griega y latina [...], ni con el manejo de las mis-
mas medallas para poder saber distinguir las verdaderas de las falsas [...]» (Cepas Palanca 2005, p. 127).
Todavía en la primera mitad del siglo XIX este tipo de piezas eran habituales en las colecciones públi-
cas españolas como es el caso del Monetario del Museo de Antigüedades de la Biblioteca Nacional:
«[...] hemos puesto en el bronce muchas que se contaron antes como de oro o de plata por hallarse
doradas o plateadas» (Castellanos de Losada 1847, p. 160) y, en este mismo sentido se manifiesta
Antonio Vives y Escudero cuando hace referencia a la existencia en la rica colección del Museo Ar-
queológico Nacional de moneda falsa de diferentes cecas hispanas, como sucede con Obulco (Vives
y Escudero 1926, lám. XCVIII.7), algunas pertenecientes a la importante y famosa colección del In-
fante Don Gabriel (Vives y Escudero 1926, p. XLIII). Aunque no contamos con un inventario de tales
piezas, algunas publicaciones recientes ilustran su presencia en esta colección, ya se trate de moneda
imperial romana (Mora Serrano 1999) o hispana –por ejemplo Gadir-Gades– (Alfaro Asins 1984).
La identificación de este tipo de ejemplares no es siempre fácil, sobre todo en manos poco exper-
tas en la materia, pero conviene recordar que algunas de las monedas que han pasado por falsas o
inventadas no tuvieron, al menos en su origen, tal intención. No es posible valorar su incidencia en
las colecciones hispanas, pero cabe apuntar la práctica de «llenar los claros» de una serie o emisión
con imitaciones en plomo, azufre o plástica (Cantú 1867, p. 645), y en este mismo sentido, aunque
minimizando su uso, A. Vives comenta de la existencia de una de estas copias en el Monetario del
Museo Arqueológico Nacional (Vives y Escudero 1926, p. XLIV). También nos da cuenta, en otro
ejemplo, de la estrecha frontera que separa la moneda genuina de la falsa, de lo común de una prác-
tica como es el retoque para «refrescar», por ejemplo, un epígrafe borroso o ilegible o un tipo con
escasa definición, pero que sin embargo puede ser correctamente restituido a partir de ejemplares
mejor conservados o por el contrario hacer uso de tales retoques con total arbitrariedad (Vives y
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 109
Escudero 1926, p. XLII-XLIII). Esta es quizás una de las prácticas más extendidas y pocas son las co-
lecciones que no poseen algún ejemplar de este tipo –así la una de Vrsone del GNC (fig. 1.1), o bien
con una versión menos agresiva como la costumbre de retintar la leyenda para facilitar su lectura,
como vemos en este ejemplar de Cavra (fig. 1.2).
En fin, a las técnicas de falsificación o manipulación de moneda antigua española ya aludidas, a partir
de los comentarios que sobre este asunto encontramos en la bibliografía numismática y en general
anticuaria del siglo XIX y principios de la centuria siguiente, cabe añadir también la galvanoplastia, uti-
lizada desde el siglo XIX tanto con fines «didácticos o sustitutivos» (Conocimientos útiles 1853, p. 184),
pero también fraudulentos.
Desde este enfoque historiográfico, la presencia de moneda falsa en las colecciones públicas españo-
las encuentra un campo particularmente abonado para su estudio en las colecciones arqueológicas
del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, donde sobresale su importante
Monetario (Almagro Gorbea 2007; Chaves Tristán 1999). La meritoria empresa de dar a conocer
sus ricos fondos, incluidos los documentales (Martín Escudero et al. 2004), posibilita un estudio de
conjunto sobre este interesante fenómeno (Chaves Tristán 2005, p. 26; Ripollès Alegre & Abascal
Palazón 2000, p. 445); si bien llama la atención, especialmente en el caso de las hispanas antiguas,
su escasa proporción respecto a las genuinas –no llegan al dos por ciento del total (Ripollès Alegre
& Abascal Palazón 2007, p. 32-33)–, que contrasta con la mayor presencia de inscripciones espurias,
donde especialmente destaca la serie prerromana (Almagro Gorbea 2003, p. 48-50). La explicación
a la escasez de monedas falsas o retocadas en el monetario de la RAH no es fácil, y aunque no cabe
descartar que dada la especial orientación que justifica su origen y desarrollo, ajeno al común con-
cepto de mera colección de monedas y medallas (Ripollès Alegre & Abascal Palazón 2007, p. 26-32),
este tipo de materiales no gozara de mucho aprecio, no faltan ejemplos de la presencia de este tipo
de piezas espurias que con posterioridad fueron apartadas del Monetario como parte de donaciones
o de los habituales intercambios y ventas de ejemplares duplicados. Una prueba de ello la encon-
tramos en la referencia que proporciona Antonio Delgado (1871, p. XXXIX) sobre la existencia en la
Academia de una pieza similar a la atribuida por el P. Flórez a Castulo, con la particular inclusión del
topónimo en caracteres latinos acompañando a la esfinge del reverso.
No obstante, entre las piezas retocadas de Castulo conservadas en el Monetario de la Academia de la
Historia no faltan algunas de las más curiosas y también conocidas, como son aquéllas que portan la
leyenda AMBA (Ripollès Alegre & Abascal Palazón 2000, p. 136, 140); uno de los numerosos «topóni-
mos fantasma» de la España antigua (Cortés y López 1836, p. 132). Cabe apuntar que la disparatada
indicación anterior de Cortés y López encuentra como argumento de autoridad una referencia de
Masdeu, el cual se apoya, a su vez, en una moneda –evidentemente retocada– del monetario del
anticuario gaditano Pedro Alonso de O’Crouley. La justificación de tal añadido sobre monedas
castulonenses hay que buscarla en la literatura anticuaria y, más concretamente, en la transcripción
y lectura que el Marqués de Valdeflores propone para el topónimo ibérico de la ceca andaluza (Ve-
lázquez de Velasco 1752, p. 133-135). No obstante, en esta obra, el topónimo Amba es asociado a una
moneda –lógicamente inventada– que combina una cabeza masculina en anverso y el mencionado
epígrafe entre dos espigas (Tab. XIII. 4); sin descartar que pueda tratarse de una pieza fundida, es
más probable que sea un retoque sobre una de las numerosas cecas de la Ulterior que hacen uso
del topónimo entre espigas. Pero lo interesante para el tema que nos ocupa es que la identificación
Castulo-Amba del Marqués de Valdeflores incentiva la aparición de nuevas falsificaciones que, a partir
de ahora, y como vemos en las piezas que reproduce el P. Flórez en sus Medallas (Flórez 1758, Tab.
LI, 5; 1773, Tab. LIX, 5), dicho topónimo se asocia a las monedas de tipo castulonense (fig. 1.3, 4).
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
110
Además del caso ya citado del monetario del Infante Don Gabriel de Borbón, cuyo elevado número
de monedas falsas es utilizado como ejemplo de lo extendido de este fenómeno en los monetarios
privados españoles (Delgado y Hernández 1871, p. XXIII; Vives y Escudero 1926, p. XLIII), son harto
frecuentes las referencias a este tipo de piezas en otras muchas colecciones numismáticas espa-
ñolas formadas en los siglos XVIII y XIX como las ya nombradas de Trigueros y O’Crouley (López
Bustamante 1799, p. XXIV y siguientes); no faltando tampoco ejemplos de ello en otros monetarios
particulares del XIX, como es el caso de las importantes colecciones de Caballero Infante (Delgado y
Hernández 1871, p. XXXVI, XLIII, LII, LIV) y de Sánchez de la Cotera. De este último, se conserva en el
Instituto Valencia de Don Juan su inventario y colección de improntas (García-Bellido & García de
Figuerola 1986, p. 12-15), y gracias a la adquisición de buena parte de esta importante colección por
la mencionada institución a principios del siglo XX, contamos con buenas reproducciones de algunas
de las piezas falsas y retocadas que también contenía (Ruiz Trapero et al. 2000, p. 227-228). Entre
otras sobresale un ejemplar atribuido a Tartesos (núm. 3.510).
Son también estos dos monetarios un ejemplo de la pujanza del coleccionismo de antigüedades,
especialmente de monedas, que tradicionalmente se ha vinculado con Andalucía (Amores, Beltrán
& Fernández 2008) y que en parte justifica la algo exagerada afirmación de Antonio Vives cuando
califica el fenómeno del coleccionismo numismático en España como «una afición puramente anda-
luza» (Vives y Escudero 1926, p. CXC), pues como bien es sabido a lo largo de la segunda mitad del
siglo XIX se constata un proceso de «democratización» del coleccionismo numismático en la España
con nuevos intereses y, también, con una mayor distribución geográfica de las colecciones (Mora
1997; Volk 1997).
Eruditos y falsarios: una extraña colaboración
En los comentarios precedentes, hemos intentado trazar algunos apuntes sobre la trascendencia del
fenómeno de la falsificación de moneda antigua en los monetarios y gabinetes españoles. No se trata,
ni mucho menos, de una práctica local o hispana, pero no es menos cierto que en nuestro país los
estudios anticuarios en general y, especialmente los numismáticos y epigráficos, presentan un perfil
muy definido centrado en una especial dedicación al estudio de las antigüedades de España, con
un especial interés en aclarar –mediante la explotación de este tipo de materiales– los numerosos
puntos oscuros de una Historia de la Nacional que, sucesivamente renovada en sus planteamientos
y métodos, constituye una de las principales constantes de la historiografía española hasta bien en-
trado el siglo XIX.
La labor de la Real Academia de la Historia (Peiró 1995, p. 54 y siguientes) es un pilar fundamental
en este proceso que, a su vez, hace suyas anteriores iniciativas, ya fueran auspiciadas por la mo-
narquía o por la generosa contribución de eruditos y anticuarios. Desde esta perspectiva conviene
valorar también la sucesión de importantes proyectos numismáticos planteados a lo largo de los si-
glos XVIII y XIX, muchos interrumpidos por falta de presupuesto o avatares políticos o por diferentes
motivos no publicados. Así, los importantes trabajos que sobre la moneda hispana antigua llevan a
cabo el marqués de Valdeflores y el P. Flórez en el siglo XVIII y aquéllos de Antonio Delgado en la
centuria siguiente, responden al doble interés de recopilar de manera ordenada las diferentes acu-
ñaciones hispanas, sin dejar de lado su consciente contribución, a través de la variada información
que se desprende de las monedas –como también sucede con las inscripciones– a la Historia de la
España antigua y medieval (Ripollès Alegre & Abascal Palazón 2007, p. 26, 32).
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 111
Quizá la obra que mejor resume este espíritu es el Nuevo método de Antonio Delgado (1871-1876),
anticuario de la Academia de la Historia y destacado miembro de la Escuela Superior de Diplo-
mática, cuya bibliografía justifica su consideración como el máximo exponente de la «arqueología
numismática» del siglo XIX en España. Es bajo esta perspectiva que puede explicarse bien, tanto el
carácter anticuario – injustamente valorado en estudios numismáticos posteriores– de su Nuevo mé-
todo, con la inclusión de extensas introducciones sobre la arqueología de muchas de las localidades
hispanas cuyas amonedaciones son allí inventariadas, así como el orden «geográfico» que adopta su
obra, siguiendo de cerca la Geografía de Estrabón (Delgado y Hernández 1871, p. IV, LVI-LVIII). En
este mismo sentido debe valorarse la inclusión de un capítulo dedicado a las monedas falsas, retoca-
das o simplemente inventadas de la España antigua, centrada en la importante y difundida obra del
P. Flórez (p. XXI-LVI ), pues si el espíritu del Nuevo método –al menos como estaba planificada en un
principio– era contribuir a través de la documentación numismática a la historia y la geografía de la
España antigua con una obra genuinamente española (p. XX), la denuncia de las falsificaciones de-
tectadas iba mucho más allá de la necesaria y lógica separación de las piezas genuinas como propone
Antonio Vives –y Manuel Gómez Moreno– en su Moneda hispánica (1926, p. IV, XLI y siguientes).
Esta intención queda patente en diferentes comentarios acerca del enorme daño que había causado
a la historiografía y anticuaria españolas, tanto las patrañosas historias cuyo más conocido exponente
fueron los Falsos Cronicones (Delgado y Hernández 1871, p. LXXX), como la multitud de falsifica-
ciones epigráficas y numismáticas. De este modo, las monedas antiguas o medallas son consideradas
por Delgado, siguiendo una larga tradición en este sentido como «[...] comprobantes auténticos de
la historia [...]» (Delgado y Hernández, 1871, p. IV, LXXIV; Mora Serrano 1997, p. 164).
En este mismo sentido, creemos que una parte al menos de las falsificaciones, retoques, invenciones o,
simplemente lecturas erróneas de tipos y leyendas de monedas antiguas españolas deben entenderse,
con independencia del beneficio económico que obtuviera el falsario o su intermediario, como la «res-
puesta» a los muchos problemas que planteaba el estudio de la historia y arqueología hispanas; alimen-
tando, en cualquier caso, la discusión sobre tal o cual controversia histórico-numismática (Mora Serrano
2010, p. 26). Son muchos los temas que podrían comentarse aquí a este respecto, teniendo en cuenta la
importancia otorgada, junto a las llamadas «lápidas geográficas», a la información de carácter toponímico
que aportan las monedas, bien explotada en la anticuaria y arqueología españolas (Mora Rodríguez,
1999), y de un modo particularmente intenso en Andalucía (Mora Serrano 2007a; Salas Álvarez 2009b).
El Nuevo método de Antonio Delgado, repetidamente citado, es un magnífico exponente de la apli-
cación de las monedas hispanas, especialmente de la Ulterior-Baetica, a este asunto. Además de los
numerosos comentarios que nuestro autor vierte en sus extensos Prolegómenos sobre la estrecha vin-
culación entre la numismática y la geografía antigua de España, de cuya materia impartió docencia en
la Escuela Superior de Diplomática, en las diferentes colaboraciones encontramos también explícitos
comentarios sobre la «utilidad» de los topónimos monetarios. Así, el célebre anticuario Francisco
Mateos Gago, uno de los más activos colaboradores en el Nuevo método (Fernández Chaves & Chaves
Tristán 2004, p. 320-324; Mora Serrano & Volk 2002, p. 185-186), afirma con rotundidad –cuando
analiza los letreros de las enigmáticas monedas de Lascuta– la primacía de las transcripciones que
aportan las monedas sobre aquellas otras transmitidas por la literatura geográfica antigua: «Esto
prueba una vez más las infinitas alteraciones introducidas en los textos de los antiguos geógrafos
por los copiantes de la edad media, hasta el punto de haberse corrompido o perdido del todo los
nombres de muchos pueblos.» (Delgado y Hernández 1873, p. 160.)
Pero estas acertadas observaciones se convertían en un arma de doble filo, planteándose así de an-
tiguo una estrecha y, salvo excepciones, inconsciente colaboración entre falsarios o «inventores» y
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
112
estudiosos. Aparecen por este motivo numerosos topónimos fantásticos como el de AMBA, citado más
arriba a propósito de los retoques sobre las monedas de Castulo que se acomodan a la transcripción
que para el topónimo monetal ibérico propuso el Marqués de Valdeflores. Entre otros debe mencio-
narse también el caso de ARIA, cuya interpretación estuvo vinculada desde el siglo XVII a su azarosa
identificación con las monedas de Cun(u)baria (Las Cabezas de San Juan, Sevilla) (CNH, 421.1-4),
y finaliza cuando Jacobo Zobel de Zangróniz asume la lectura conjunta de la leyenda monetaria, a
pesar de la dificultad de no contar con el respaldo de las fuentes geográficas antiguas (Mora Serrano
2007b, p. 214). Estos titubeos son los que justifican la inclusión de tal nombre, en forma de retoque,
sobre monedas originales pertenecientes a diferentes cecas, por otra parte bien diferentes entre sí,
como un divisor de Ilipense y una unidad ibérica, probablemente de Sekaisa (Delgado y Hernández
1871, p. XXXVI; Vives y Escudero 1926, p. LXXXVI). Uno de estos ejemplares se ilustra en el catálogo
del monetario del Instituto Valencia de Don Juan (Ruiz Trapero et al. 2000, p. 227, núm 3.508), otro
en la rica –y muy interesante desde un punto de vista historiográfico– colección de la Biblioteca
Nacional de Francia (Ripollès Alegre 2005, p. 194, núm. 1.184).
También se dio una situación inversa, esto es, la aparición de monedas, ya fundidas o alterando otras
mediante ácidos y retoques que «compensaban» la falta de testimonios numismáticos para ilustres
ciudades hispanas cuyos vestigios arqueológicos alardeaban de su antigüedad. Un irónico comentario
de Antonio Delgado a propósito de una moneda retocada de Malaca conservada en el ya citado mone-
tario del Infante Don Gabriel, sintetiza bien la proliferación de este tipo de piezas en el siglo XVIII: «La
célebre ciudad de Astapa en la Bética (Estepa) no debía quedar sin monedas, según el parecer de los
falsificadores [...]» (1871, p. XXXVIII). En esta lista habría que incluir también las supuestas monedas de
Antikaria, Munigua, Asta, etc., y aunque no faltan casos de falsificaciones, invenciones o retoques apli-
cados a cecas de la Citerior –por lo general más recientes (fig. 1.5, 6)– es la numismática de la Ulterior-
Baetica, la que concentra este tipo de prácticas (Delgado y Hernández 1871, p. XXXI), en muchos casos
alimentadas por el peso de la historiografía local y regional (Wulff Alonso 1992). Detrás de todo ello se
esconde la proverbial riqueza arqueológica de Andalucía, el redoblado esfuerzo por la recuperación de
su pasado clásico y, también, el menor desarrollo de los estudios sobre las escrituras paleohispánicas,
seriamente entorpecido por las falsificaciones intencionadas o erróneas lecturas de leyendas monetales
e inscripciones en otros soportes hasta el último cuarto del siglo XIX, cuando se generaliza el uso de
calcos y la fotografía (Almagro Gorbea 2003, p. 50 y siguientes, 58; Mora Serrano 2010, p. 28).
Posiblemente, la más famosa de estas falsificaciones es la referida a Munda, comentada tanto por
Delgado (1871, p. XL-XLI) como por Vives (1926, p. XCIV). Pero la importancia de esta moneda, tam-
bién presente en el monetario del Infante Don Gabriel y dada a conocer por Flórez (1773, p. 95-96
y Tab. LXIII.11) sobrepasa con creces la de otras falsificaciones o recreaciones como la anterior-
mente citada atribuida a Astapa. No brilla la ciudad de Munda, como otras ciudades o despoblados
de España, por sus vestigios arqueológicos –de hecho, como sabemos, su localización sigue siendo
discutida (TIR J-30 s.v. Munda)–, sino por incorporar al selecto grupo de amonedaciones antiguas
de Hispania a la ciudad que había dado nombre a la decisiva derrota de los pompeyanos. Desde este
punto de vista, al igual que sucede con las diferentes recreaciones numismáticas relacionadas con el
mítico Tartesos (Mora Serrano 2010, p. 28), ésta de Munda puede considerarse también la versión
española de las recreaciones e invenciones numismáticas que sobre diferentes personajes históricos
o literarios se popularizan a partir de las conocidas obras de Guillaime du Choul o sobre todo el
Promptuarium de Guillaume Rouille ó Rovillius (1553) (Cunnally 1999, p. 95-104).
Tan notoria invención no pasó desapercibida y poco tiempo después Guillermo López Bustamante
(1759-1800), bibliotecario de la Real Biblioteca y encargado de su Museo de Medallas le dedica un
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 113
erudito trabajo en el que se incluyen interesantes reflexiones sobre este tipo de invenciones numis-
máticas y donde no faltan tampoco las habituales críticas al daño que ocasionaban estas falsificaciones
cuya necesaria denuncia supone «[...] una empresa tan ardua y difícil, cuanto gloriosa al crédito de
la literatura nacional» (López Bustamante 1799, p. XVI). También es el caso de Munda y su supuesta
amonedación un buen ejemplo de la conexión, también en el campo de la falsificación, entre la numis-
mática y la epigrafía hispanas: (CIL II 161-163*) (Gómez-Pantoja 2005, p. 93-98); colaboración que
puede ampliarse a otros conocidos topónimos como el de Nema. La mala lectura de una inscripción
hispalense de antiguo conocida (CIL II 1182), añadía un topónimo inédito en las fuentes topográficas
antiguas cuya autenticidad pretendió ser avalada mediante el retoque de una moneda Abdera (Mora
Serrano 2007a, p. XLII) –fue «cultivada» en otros puntos de la geografía española, especialmente en
Valencia y Cataluña, donde es bien conocida la falsificación de moneda de curso legal, tanto española
como francesa (Torres Lázaro 2010a; 2010b, p. 94-95)–. En lo que a la moneda antigua se refiere,
destacan aquellas conocidas como del tipo de Requena, atribuidas a Antonio García, vecino de esta
localidad valenciana (Vives y Escudero 1926, p. XLV), alguna de cuyas creaciones es posible rastrear
en publicaciones recientes, como la dedicada a las monedas de Arse-Saguntum (Ripollès & Llorens
2002, p. 388). En cuanto a Cataluña, además de las conocidas falsificaciones de Tarragona en las que
estuvo implicado Buenaventura Hernández Sanahuja (Almagro 2003, p. 441-442), conocemos algu-
nas interesantes falsificaciones numismáticas como la fraccionaria atribuida a Emporion, publicada por
Botet i Sisó como procedente del importante tesoro descubierto en Pont de Molins en 1868 (Campo
1987, p. 140-148). La trascendencia de estos nuevos hallazgos monetarios en el estudio incipiente de
los primeros pasos de la amonedación hispana, unido al aprecio de estas todavía exóticas monedas,
despertó de inmediato el interés de los falsificadores por estas monedas, una de las cuales se custodia
en el Gabinet Numismàtic de Catalunya (Mora Serrano 2010, p. 30).
También en la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX, el interés por conocer el pasado prerro-
mano de la ciudad alimentó la labor de los falsarios, como bien se desprende del singular hallazgo
de varias monedas de bronce descubiertas en unas obras en la calle del Arco de San Ramón del Call.
Aunque no sin reservas, su autenticidad fue avalada por sus primeros editores, Arturo Pedrals y Mo-
liné (1842-1895) y, poco después, por Celestino Pujol y Camps (1843-1891), quien da cuenta de la
existencia de algún otro ejemplar, incluido uno en plata (Rodá 1973-1974, p. 38). Además de la rareza
de sus tipos y estilo, su detalle más llamativo es la inclusión en el anverso de una leyenda trascrita por
Hübner en sus Monumenta como CEDMLI. Como reconoce Vives (1926, p. LXXXV) (fig. 2.1) se trata
de una moneda inventada, cuyo interés para el tema que nos ocupa radica su asociación a una rara
inscripción grabada en una estela aparecida en el mismo lugar y hoy desaparecida (fig. 2.2), en la que
además de documentarse una estrella de ocho puntas que recuerda la incluida en el reverso de los
bronces aparecen los mismos signos utilizados en la moneda, si bien en una composición diferente
(Rodá 1973-1974, p. 40-41).
Los ecos de una tradición: la moneda falsa y la moderna investigación
numismática
Excluyendo de estos comentarios el rico apartado constituido por las falsificaciones antiguas y mo-
dernas de moneda visigoda –tema tratado por R. Pliego en este mismo volumen–, la sombra de las
modernas falsificaciones de moneda hispana antigua se cierne sobre no pocos ejemplares todavía
considerados como dudosos, no faltando tampoco ejemplares recientemente dados a conocer, como
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
114
por ejemplo sucede en un raro divisor de la ceca de Emerita, que se suma al definitivo descarte de
la conocida moneda híbrida con tipos de Italica y Emerita (Ripollès 2010, p. 46, 48, núm. 5A). No es
este, sin embargo, el sentido de estos comentarios que, por el contrario, se centrarán en la actualidad
que recientes hallazgos monetarios todavía presentan para el tema que nos ocupa, a lo que cabe
añadir la vigencia de viejas polémicas historiográficas apoyadas en monedas de dudosa autenticidad.
El caso más evidente de todo ello nos lo proporciona el feliz descubrimiento en las excavaciones
realizadas en el barrio granadino del Albaicín, en 1993, de un modesto depósito monetario com-
puesto por siete monedas de la ceca de Iliberri portando en su reverso el cognomen latino FLORENTIA,
distribuido en torno al triskeles (fig. 1.8). Las evidencias arqueológicas y numismáticas que propor-
ciona dicho hallazgo son de enorme interés, pues van más allá de las nuevas propuestas en torno a la
cronología y seriación de la ceca –datada ahora a lo largo de la segunda mitad del siglo I aC (Orfila
Pons & Ripollès Alegre 2004, p. 381-383)– siendo su contribución más destacable para nuestro tema
la posibilidad de confirmar que la casi totalidad de las monedas conocidas de esta rara emisión son
falsas, fundidas o retocadas. Este es el caso de la conservada en el GNC (fig. 1.7).
Como apuntan sus editores, el hecho de que estas falsificaciones se documenten a partir de la pu-
blicación del catálogo de la colección Lorichs (1857) plantea datarlas a partir de los inicios del siglo
XIX, quizá elaboradas en la propia Granada, cuya tradición falsaria ligada a los famosos Plomos del
Sacromonte es sobradamente conocida (véase supra). Esta sugerencia de Delgado (1873, p. 87),
negada por Vives (1926, p. XLIII) debe ser, aunque con cautela, reconsiderada (Orfila Pons & Ri-
pollès Alegre 2004, p. 384), si bien nos resulta extraño que dado el supuesto origen local de estas
falsificaciones no fueran inmediatamente aprovechadas por los eruditos y anticuarios de la ciudad
para ilustrar la historia del municipio Florentino Iliberritano. De su existencia ya había constancia por
algunos testimonios epigráficos como el pedestal dedicado a Furia Sabina Tranquilina, descubierto
en 1540 (Pastor Muñoz 2002, núm. 2), o el erigido por Marco Servilio Onesimo, descubierto en el
Albaicín en 1781 (Pastor Muñoz 2002, p. núm. 1), en el que se lee con claridad el cognomen FLO-
RENTINO; argumentos incontestables utilizados por Aureliano Fernández Guerra, Emil Hübner y por
el propio Antonio Delgado (1873, p. 83, 93-94) para defender la ecuación Iliberri-Ilturir-Florentia y
asegurar su «reducción» a la actual ciudad de Granada (Mora Serrano 2007a, p. 149).
Por el contrario, las primeras lecturas que se dan a estas monedas, tan escasas como mal conservadas, las
relacionan con la ciudad de Pollentia, basándose en supuestos hallazgos en la isla y, también, en una re-
torcida lectura del motivo vegetal interpretado como una palma que aparece, únicamente, en los anver-
sos retocados (Orfila Pons & Ripollès Alegre 2004, p. 369-370). No deja de ser un tanto paradójico que
estas falsificaciones numismáticas contribuyeran a la correcta lectura e interpretación de esta emisión,
por lo que cabe preguntarse si la intención de estas «reproducciones» no fue otra que la de suministrar
a los ávidos coleccionistas –principalmente andaluces como Francisco Caballero Infante y Segundo de
Pineda (Mora Serrano & Volk 2002, p. 188, 194, 197)– nuevos ejemplares de tan exótica amonedación.
No es este el único ejemplo que podemos aducir para mostrar la «actualidad» del tema que nos ocupa,
y en este sentido sobresale la moneda de Gadir/Gades. Se trata sin duda de una de las más relevantes
amonedaciones hispanas, también en el aspecto historiográfico, y en este sentido debe recalcarse cómo
el estudio de la moneda gaditana ha sobrepasado con creces el lógico interés por la seriación y data-
ción de sus copiosas emisiones, al ser considerada de antiguo como uno de los principales testimonios
arqueológicos para el estudio de la antigua ciudad fenicia y romana, epicentro del extendido culto
de Melqart-Herakles en el mediodía hispano. No resulta extraño, por tanto, que tan importante amo-
nedación no haya escapado al fenómeno de las falsificaciones e invenciones monetarias que venimos
comentando en estas líneas. Pero junto a las más frecuentes falsificaciones centradas ya en los tipos
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 115
prerromanos –como es el caso de las monedas de plata– o de la serie romano provincial, incluidas por
Carmen Alfaro en el estudio monográfico de la ceca (1988, p. 129-135), y con anterioridad analizadas
en un trabajo dedicado al mismo tema (1984), nos interesa comentar aquí una rara pieza cuya auten-
ticidad sigue siendo hoy día objeto de debate. Nos referimos al ejemplar dado a conocer por Manuel
Gómez Moreno en sus Divagaciones numismáticas (Gómez Moreno 1949, p. 165, lám. 36.1), conservado
hoy en la rica e interesante colección para el tema que nos ocupa del Instituto Valencia de Don Juan
(Ruiz Trapero et al. 2000). Su descripción es como sigue (fig. 2.3):
Anv. Cabeza a izquierda de Melqart-Heracles con leontea y clava en el hombro izquierdo. Rev. Ara,
arriba COL·A·GAD·, debajo leyenda púnica gdr.
El interés histórico de esta pieza es evidente, engrosando así los problemas que plantea el estatus
jurídico de la ciudad a partir de la expulsión de las tropas cartaginesas de la península Ibérica en
206 aC con la cuestionada data de su foedus con Roma (López Castro 1991), a lo que se añadiría
ahora la posibilidad de su condición de colonia cuando la communis opinio ha negado, salvo contadas
excepciones, esta posibilidad, defendiendo su estatus municipal. Así lo recalcaba en su día Gómez
Moreno (1949, p. 165): «Aunque organizada la ciudad en Municipio Augusto de ciudadanos roma-
nos, hubo momento en que se acreditó como colonia, según cierta moneda bilingüe, única e inédita
que, abreviado, dice Colonia Augusta Gaditana.»
Si bien el carácter genuino de esta moneda fue pronto puesto en tela de juicio por los principales
estudiosos de la moneda hispana antigua de la pasada centuria (Alfaro Asins 1988, p. 129), justifi-
cando así su exclusión de los corpora más recientes (Ripollès 2010, p. 88), este criterio no es unáni-
me. Así, M. Paz García-Bellido (1988, p. 326, 331-332; DIC, p. 154, núm. 80) en un documentado
estudio dedicado a esta singular moneda, no descarta, si bien con reservas, su autenticidad, negando
en todo caso la generalizada opinión de que fuera obtenida a partir de un retoque sobre una mo-
neda de Lascuta (1988, p. 326-327). Dos son los aspectos que nos interesa desarrollar en las líneas
que siguen, bajo el enfoque de la utilidad y actualidad de los estudios historiográficos sobre la nu-
mismática y arqueología hispanas. El primero se centra en la posible «oportunidad» que plantea la
leyenda latina que porta el reverso de la moneda que comentamos y que, probablemente, justifica su
invención. En segundo lugar nos parece interesante abundar en el origen y data de la pieza.
Sin pretender ser exhaustivos en un tema particularmente complejo, conviene recordar que la discu-
sión sobre el estatuto jurídico de Gades, esto es, su posible condición de colonia, no es tema nove-
doso en la historiografía española y como ejemplo puntual puede traerse aquí a colación la opinión
contraria a esta interpretación expuesta por Juan López en su traducción y comentarios al libro
tercero de la Geografía de Estrabón (1787, p. 56). Pero esta posibilidad queda para algunos autores
implícita en un oscuro pasaje de estraboniano (III, 2,1), como apunta García-Bellido (1988, p. 324)
coincidiendo –aunque con un desarrollo diferente– con los trabajos de Julián González, quien plan-
tea para Gades la secuencia de colonia cesariana y posterior municipio augusteo; si bien este último
investigador no alude a la moneda bilingüe atribuida a Gades que nos ocupa (González Fernández
1984, p. 39-40; González Fernández 1986, p. 230-231).
¿Nos encontramos aquí ante un caso, postrero, de la creación ex profeso de documentos epigráficos y
numismáticos –como sería este el caso– para alimentar la discusión sobre un determinado problema
histórico? Creemos que es bastante probable, si bien debemos ser prudentes a la hora de considerar
como espurias todas aquellas monedas que por su rareza y singularidad deben, eso sí, valorarse con
la debida cautela (García-Bellido 1988, p. 325, núm. 2); del mismo modo que viene planteándose
también para documentos epigráficos hispanos de diversa naturaleza (Almagro Gorbea 2003, p. 49;
Mora 1998, p. 64). Pero el seguimiento de este tipo de recreaciones o invenciones numismáticas nos
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
116
ofrece, si la documentación conservada sobre las mismas lo permite, profundizar en otros aspectos
de interés, como su probable procedencia y el momento en el que fueron elaboradas. De nuevo la
rica y muy accesible documentación conservada en la Real Academia de la Historia proporciona
una valiosa información en este sentido. En efecto, llama la atención la ausencia de comentarios
a tan singular moneda en los corpora y tratados numismáticos de la segunda mitad del siglo XIX y
principios de la centuria siguiente, tan preocupados como hemos visto por estas cuestiones. Parece
lógico suponer que esta curiosa moneda, no documentada por Delgado, Zobel y Vives «aparece» en
el mercado anticuario con posterioridad a la publicación de La moneda hispánica, en 1926, en la que
tan activamente intervino Manuel Gómez Moreno, a cuyo importante monetario perteneciera.
Sin embargo, esta afirmación debe ser matizada puesto que los mencionados tratados numismáticos
centran su atención en aquellas monedas falsas, retocadas o inventadas que habían sido con anteriori-
dad publicadas, tanto en España como en otros países europeos, y no en una recopilación exhaustiva
de la extensa nómina de monedas espurias que sin duda conocían. Insistimos en este punto pues de
otro modo resultaría muy extraño que Antonio Delgado, anticuario de la Real Academia de la Historia
y experto conocedor de la numismática hispana, desconociera la existencia de una moneda similar –si
es que no se trata del mismo ejemplar– documentada en una colección gaditana en el primer cuarto
del siglo XIX, y de cuya por entonces ya entredicha autenticidad tuvo que pronunciarse la Academia de
la Historia. En los archivos de esta institución (Maier Allende 2003, p. 188-189; Maier Allende & Salas
Álvarez 2000, p. 63-64) se conserva una extensa documentación sobre esta y otras monedas igualmen-
te sospechosas o claramente falsas, pertenecientes a la colección de José Eduardo Riquelme de Murcia,
que debían ser tomadas como modelo para la confección de los medallones de tema numismático que
decorarían la fachada del ayuntamiento gaditano (GN 1828-1/4) (Ripollès Alegre & Abascal Palazón
2007, p. 25 y fig. 4) (fig. 2.4). Pero tres cartas anónimas criticando duramente los modelos elegidos, por
tratarse de piezas falsas, mal interpretadas o ajenas a la numismática gaditana, obligan a los responsa-
bles municipales a solicitar el dictamen de la Real Academia de la Historia, cuya comisión integrada
por José Sabau y Blanco, Francisco Antonio González, Juan Pérez Caballero y José Musso y Valiente
confirmó el carácter no genuino de esta curiosa moneda en los siguientes términos:
«La Comisión, habiendo examinado con la mayor escrupulosidad esta pieza, entiende, entiende que
se ha contrahecho su reverso, que es el que se colocó en el citado dibujo, aunque sin distinguirse
la víctima ni la cabeza de Hércules esculpida en la Ara que se representan en el diseño. Las razones
que la han movido a creerlo así son las siguientes.
»El anverso de la moneda indudablemente legítimo tiene muy poco relieve, el tiempo le ha hecho
adquirir un barniz osbcuro que cubre igualmente las gráfila, y su forma corresponde en todo con
la de las piezas que se conoce de aquella ciudad. Cotejado con el reverso, no sólo se advierte una
notable diferencia de fábrica, sino que se hallan evidentes señales de haberse alterado el antiguo.
Las líneas que forman la parte superior e inferior de la Ara, tienen el color brillante del metal y un
relieve extraordinario comparado con el de la cabeza. Lo primero se observa también en los carac-
teres latinos de los cuales la L de COL. es una T al revés, y no sólo no corresponden en su conser-
vación y gusto a los desconocidos que son gruesos y toscos y se hallan muy gastados, sino que se
diferencian notablemente de los que ven en todas nuestras monedas coloniales, y demuestran en sus
líneas delgadas y en su forma parecida a la de las letras de las piezas modernas haberse falsificado
con el auxilio del buril.
»Por otra parte el campo de este reverso se halla socavado como sucede en todas las medallas en que
se ha quitado la empresa legítima para substituir otra, y esta observación es más sensible debajo de
la Ara, y en la parte superior donde la vista y el tacto perciben mayor profundidad, y algunas rayas o
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 117
raspaduras que se notan en este último sitio, hacen creer haberse borrado alguna cosa, pudiendo muy
bien ser la inscripción desconocida que tienen muchas de las medallas legítimas como sospecha el au-
tor de los anónimos. Cualquiera de estas circunstancias bastaba para hacer muy sospechosa una pieza,
cuyo contenido da para ello suficiente motivo en la denominación de Colonia que atribuye a Cádiz,
contra el uniforme testimonio de los antiguos escritores y lápidas, y todas ellas han convencido a la
Comisión de haberse contrahecho el reverso de esta medalla.» (CACA/9/7949/005[16]) (fig. 2.5.)
Concluyen los académicos con unas palabras de consuelo al voluntarioso pero poco experto Riquel-
me, en las que aluden a la mucha dificultad que entraña la identificación de las monedas antiguas
«contrahechas», acudiendo para ello a los comentarios que dedica a este asunto el señor de Beauvais
d’Orleans, a cuyo ensayo hemos hecho alusión en páginas precedentes. Consta también en este escri-
to, fechado el dos de julio de 1828, que Riquelme había ofrecido su monetario al Gabinete Numario
de la Academia, aunque se deja claro que ésta sólo aceptará como obsequio las monedas genuinas.
Más de un siglo después esta curiosa pieza es adquirida por Gómez Moreno, reavivando sus co-
mentarios una vieja polémica cuyos antecedentes se remontan, nada menos, que a un desconocido
manuscrito sobre la moneda hispana antigua obra de un erudito giennense del siglo XVII, Martín
Ximena Jurado, dado a conocer recientemente (Mozas Moreno 2005).
Sin entrar en otros aspectos de interés que plantea este interesante escrito, llama la atención que una
de las monedas ilustradas bajo el epígrafe: Cap. 1 de las monedas que tienen letras antiguas que ya no se
usan en España, erróneamente atribuida a Gades por nuestro autor (Mozas Moreno 2005, p. 86, 91,
núm. 3), combina un tipo similar al de los reversos de las monedas de Sexs en una de sus caras con
otro bien conocido ya para nosotros: un ara encendida con una cabeza de perfil en su frontal y lo que
parece un ¿toro? por detrás del altar. Arriba se lee con claridad la inscripción latina COL GAD. (fig. 2.6).
Se trate de una mala interpretación de la pieza a partir de un original mal conservado, o de una falsi-
ficación, es evidente su similitud con la que dibuja el erudito gaditano Riquelme en el siglo XIX que sí
examinaron los comisionados de la Academia de la Historia, si bien la combinación anverso-reverso
permite asegurar, salvo error en el dibujo del giennense, que se trata de piezas distintas. Hace tema, sin
embargo, la coincidente alusión a la (supuesta) colonia gaditana.
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española
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Figura 1. 1. Vrsone con leyendas retocadas (MNAC/GNC); 2. Caura con leyenda pintada (MNAC/GNC); 3. Kastilo con le-
yenda AMBA (MNAC/GNC); 4. La misma moneda ilustrada por Flórez (1773, Tab. LIX.5); 5. Imitación de un as de Valentia
(MNAC/GNC 109219); 6. Denario falso de Kelin (MNAC/GNC); 7. Florentia, imitación de un as o múltiplo (MNAC/GNC);
8. Pieza genuina del mismo tipo, procedente del ocultamento monetario del Albaicín (MAEG DJ 326).
Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española 119
Figura 2. 1. Recreación de una moneda de bronce ibérica hallada en Barcelona (Rodá 1973-1974, figs. 5-6); 2. Dibujo de la
inscripción ibérica hallada en Barcelona (Rodá 1973-1974, fig. 1); 3. Moneda atribuida a Gades con leyenda bilingüe (García-
Bellido & Blázquez 2001, p. 158 núm. 80); 4. Modelos monetarios para la decoración de la fachada del Ayuntamiento de
Cádiz (Ripollès & Abascal 2007, fig. 4); 5. Dictamen de la Comisión de la RAH sobre la moneda bilingüe atribuida a Gades
(Comisión de Antigüedades. Cádiz /9/7949/005[16]); 6. Moneda incierta con leyenda COL GAD, ilustrada en el manuscrito de
Ximena Jurado (Santos Mozas 2005, p. 91).
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Chapter
Full-text available
Abstract The palaeo-Hispanic inscription on coins from ancient *Beuipo (Alcácer do Sal) is controversial, but the iconographic motifs of their production illustrate the history and archaeology of this Sado-based population. This approach gives civic and identity importance to the iconography chosen by local authorities for their coinage. Putting the different issues in order poses problems, even in the latter period with the Latin inscription IMP SAL, but it is possible to interpret the iconography accompanying its unique toponym. The first issues are linked with forms and styles associated with Gades in the 2nd century B.C. and the Hercules-Melqart on the obverse confirms the presence of Phoenicians and Carthaginians in the region, while some of the personal names accompanying the toponym are of Turdetan origin. The Herculean figures from *Beuipo and the ocean-based subjects of tuna, dolphins, seahorses and, perhaps Poseidon (?) project onto these territories the strong symbolic burden of the legendary geography of the Straits of Gibraltar, visible in the iconography on the coins of Gadir and Lixus. One of the last coins issued by this mint is outstanding for having the only Latin-sounding personal name, Corani(us?), as the effigy of Hercules-Melqart on the face is combined with a skyphos, in a clear allusion to the vase from Helios therapeutic Hercules used to cross the Ocean. This unique form allows the proposed date for this issue to be pinned down, as it represents an interesting backdrop to the influences that well-known myths linked to these territories were having on the imagery used on coins in Hispania, and a literary version must surely have been known by the local aristocracies. Resumen La inscripción paleohispana de las monedas de la antigua *Beuipo (Alcácer do Sal) es polémica, pero los motivos iconográficos de sus acuñaciones ilustran la historia y arqueología de esta población del Sado. Esta aproximación valora en clave cívica e identitaria la iconografía monetaria escogida por las autoridades locales. La ordenación de las diferentes emisiones plantea problemas, incluso la más tardía con leyenda latina IMP SAL, pero es posible interpretar la iconografía que acompañan a su singular toponímico. Las primeras emisiones se relacionan con tipos y estilo gaditanos del siglo II a.C. y el Heracles-Melqart en los anversos confirma la presencia feno-púnica en la región, mientras que algunos nombres personales que acompañan al topónimo son de origen turdetano. Los tipos heracleos de *Beuipo y los temas oceánicos de atunes, delfines, hipocampo y ¿Poseidón? proyectan a estos territorios la fuerte carga simbólica de la geografía mítica del Estrecho de Gibraltar, que ofrece la iconografía monetaria de Gadir y Lixus. Destaca una de las últimas emisiones de la ceca con el único nombre personal itálico, Corani(us?), pues la efigie de Heracles-Melqart del anverso se combina con un skyphos, clara alusión a la copa de Helios que aquél utilizó para atravesar el Océano. Este tipo singular permite precisar la data propuesta para esta emisión, pues representa un interesante trasunto de las influencias que conocidos mitos ligados a estos territorios tuvieron en la iconografía monetaria hispana, cuya versión literaria debía ser conocida por las aristocracias locales.
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