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Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográficos

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RESUMEN: Una nueva fíbula de codo “tipo Huelva” localizada en la región gallega será nuestro objeto de discusión en este trabajo. Para su estudio, analizaremos otras piezas similares localizadas en el entorno del Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada) que, junto a las ya conocidas, conforman uno de los grupos fibulares más importantes de la Península Ibérica. Discutiremos su tipología y cronología, así como su relación con otros tipos similares del ámbito mediterráneo, comprobándose nuevamente su carácter autóctono. ABSTRACT In this paper, a new find of an elbow fibula, the socalled Huelva type located in the Galicia region will be discussed. In order to carry out the study of this piece, we have analyzed other fibulae documented at Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada, Spain), which make up one of the most important fibulae assemblages of the Iberian Peninsula. Several aspects, such us their typology and their chronology, as well as their relationship with other types of fibulae from the Mediterranean area, confirm the native origin of this new fibula.
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TRABAJOS DE PREHISTORIA
69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 310-331, ISSN: 0082-5638
doi: 10.3989/tp.2012.12094
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos
datos y comentarios historiográcos
Elbow Fibulae of Huelva Type in the Iberian Peninsula: New Data and Historiographic
Comments
Javier Carrasco Rus (*)
Juan Antonio Pachón Romero (*)
Ignacio Montero-Ruiz (**)
Jesús Gámiz Jiménez (*)
RESUMEN
Una nueva fíbula de codo “tipo Huelva” localizada
en la región gallega será nuestro objeto de discusión en
este trabajo. Para su estudio, analizaremos otras piezas
similares localizadas en el entorno del Cerro de los In-
fantes (Pinos Puente, Granada) que, junto a las ya cono-
cidas, conforman uno de los grupos bulares más impor-
tantes de la Península Ibérica. Discutiremos su tipología
y cronología, así como su relación con otros tipos simi-
lares del ámbito mediterráneo, comprobándose nueva-
mente su carácter autóctono.
ABSTRACT
In this paper, a new nd of an elbow bula, the so-
called Huelva type located in the Galicia region will be
discussed. In order to carry out the study of this piece,
we have analyzed other bulae documented at Cerro de
los Infantes (Pinos Puente, Granada, Spain), which make
up one of the most important bulae assemblages of the
Iberian Peninsula. Several aspects, such us their typolo-
gy and their chronology, as well as their relationship with
other types of bulae from the Mediterranean area, con-
rm the native origin of this new bula.
Palabras clave: Fíbula de codo “tipo Huelva”; Bronce
Final; Aleaciones binarias; Taller metalúrgico; Ría de
Huelva; Península Ibérica.
Key words: Elbow bulae known as Huelva type; Late
Bronze Age; Binary alloys; Metallurgical workshop; Es-
tuary of Huelva; Iberian Peninsula.
1. INTRODUCCIÓN
Al inicio de la década de 1980, las excavacio-
nes en los yacimientos protohistóricos de Cerro
de la Mora y Cerro de la Miel (Moraleda de Za-
fayona, Granada) proporcionaron ciertos hallaz-
gos metálicos (espada de lengua de carpa y fíbu-
la de codo) que podían paralelizarse formalmente
con los depósitos broncíneos de la Ría de Huelva.
Ambos lugares, pero básicamente el Cerro de la
Mora, arrojaron un conjunto masivo de fíbulas de
codo y evidencias de restos de fundición y de
estructuras relacionadas con actividades produc-
tivas metalúrgicas, que muestran cómo el sitio
tuvo un papel económico destacado a nes de la
Edad del Bronce. De todo ese conjunto metálico,
la única fíbula asociable al característico “tipo
Huelva” procedía de La Miel. Su contextualiza-
ción, junto con la espada y una fecha de C14,
facilitó subir la cronología de estos elementos
hasta momentos discrepantes respecto de la orto-
doxia cronológica aceptada hasta entonces (Al-
magro Basch 1957, 1957-58, 1966; Almagro-
Gorbea 1977; Almagro y Fernández-Miranda
1978; Fernández-Miranda y Ruiz Gálvez 1980).
Desde un principio, nuestra interpretación
arrancó encendidas manifestaciones críticas de
otros estudiosos, defensores de presupuestos más
(*) Dpto. de Prehistoria y Arqueología, Facultad de Filoso-
fía y Letras, Universidad de Granada. Campus de Cartuja,
18071 Granada. Correos e.: jcrus@ugr.es, japr@arrakis.es,
gamizjimenez@gmail.com
(**) Instituto de Historia. Centro de Ciencias Humanas y
Sociales-CSIC. C/ Albasanz, 26-28. 28037-Madrid.
Correo e.: ignacio.montero@cchs.csic.es
Recibido: 6-VII-2011; aceptado: 8-XI-2011.
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tradicionales sobre la metalurgia de los epígonos
prehistóricos peninsulares. Opiniones contrarias
que se referían a la interpretación estratigráca
del yacimiento, la adecuación de la datación ab-
soluta obtenida, los paralelos foráneos, el valor
de la metalurgia atlántica y la conceptualización
tipológica de los hallazgos metálicos. La amplia
nómina de investigadores, disconformes con
nuestra interpretación, puede seguirse en las citas
de nuestras aportaciones incorporadas a este tra-
bajo. Las calibraciones cronológicas acercaron
algunas de esas posiciones extremas hasta nues-
tros presupuestos cientícos en el debate. Al
tiempo que las indagaciones tipológicas sobre la
espada de la Miel, pese a muy concienzudos aná-
lisis morfológicos de trascendental valor (Brand-
herm 2007; Burgess y O’Connor 2008), podrían
aproximarse (Mederos 2008) a las que venimos
defendiendo (Carrasco y Pachón 2006a, b, c).
Nuestros presupuestos han ido encontrado
sustento arqueológico en los últimos treinta años,
gracias a la aparición de otras fíbulas en la Pe-
nínsula Ibérica. Entre, ellas tienen especial im-
portancia dos de la provincia de Granada: Casa
Nueva, junto al yacimiento de Los Infantes de
Pinos Puente y Guadix.
La fíbula de Casa Nueva es única en su géne-
ro, por ser la primera que presenta un exorno
decorativo peculiar. Consiste en dos botones de
oro, dispuestos simétricamente en el centro de
cada uno de los brazos del puente, a idéntica
distancia a uno y otro lado del codo. Este elemen-
to ornamental no es un simple aditamento deco-
rativo, sino resultado de una sencilla readaptación
estética para personalizar un objeto de uso más o
menos corriente, dotándolo de un evidente signo
de distinción (Carrasco y Pachón 2001).
La segunda fíbula procede del taller metalúr-
gico de Guadix (Carrasco et al. 2002), donde se
localizó un centro de producción artesanal de
bronces, incluyendo fíbulas “tipo Huelva”, propio
de un período cronológico tardío, en una zona
que no había podido demostrar su pertenencia a
los lugares de mayor afección orientalizante.
Recientemente, hemos denido y sistematiza-
do la fíbula de codo “tipo Huelva”, contraponien-
do su abundante aparición en la Península Ibérica
y su muy escaso reparto en ámbitos del Medite-
rráneo Oriental. Se ha descrito su distribución,
tipología, origen y cronología (Carrasco y Pachón
2006a, b, c). El n era realzar y revalorizar un
producto metálico de nes de la Prehistoria pe-
ninsular interpretado a partir de modelos hipoté-
ticos, sin excesiva contrastación, para justicar
variadas inuencias exógenas y cronologías im-
probables. Nuestras investigaciones han analiza-
do estas fíbulas desde parámetros arqueológicos:
composición, tipología interna, asociación estra-
tigráca, cronología absoluta, dispersión geográ-
ca, etc. De igual forma, se ha intentado denir
el grupo denominado “Huelva” con caracteres y
entidad propia (Carrasco y Pachón, 2006b), ais-
lándolo del resto de las fíbulas de codo que, en
cierto modo, entrarían en el grupo de las llamadas
lisas o de “tipo sículo”, renombradas por nosotros
como “tipo Monachil” en reconocimiento al
ejemplar estudiado por W. Schüle, procedente del
Cerro de la Encina (Monachil, Granada) (Schüle,
1969: 144, Abb. 39b).
Un rasgo distintivo en estas producciones era
la escasa presencia de estaño en las fíbulas “tipo
Huelva”, que parecía concentrarse en gran parte
de los ejemplares procedentes de Granada y con-
guraba un grupo diferenciado de fíbulas, que
podrían haber sido producidas allí (Carrasco et al.
1999). La sucesión de hallazgos sirvió para apo-
yar estas argumentaciones con referencias morfo-
lógicas sucientes para establecer una secuencia
tipológica que incluía todos los modelos propios
del “tipo Huelva” (Carrasco y Pachón 2006b). De
la misma manera, se propuso una secuencia tem-
poral de estos imperdibles con apoyo de datacio-
nes absolutas y contextos asociados (Carrasco y
Pachón 2006a). En último término, también se
reexionó sobre el viejo debate del origen orien-
tal de estas fíbulas, considerando su proba-
ble autoctonía peninsular (Carrasco y Pachón
2006c).
2. NUEVOS HALLAZGOS DE FÍBULAS
DE CODO
De las novedades que completan el panorama
de lo conocido hasta 2006, destacamos 7 fíbulas
de codo: 4 de “tipo Huelva” y una de “tipo liso”
o “sículo”, localizadas en el entorno del Cerro de
los Infantes de Pinos Puente, Granada (Mendoza
et al. 1981); otra de “tipo Huelva” del Castro de
Laias en Barbantes, Orense (Álvarez y López
2000); y una extraordinaria fíbula de puente asi-
métrico, tipo tradicionalmente relacionado con
ambientes sículos, de Las Lunas en Yuncler, To-
ledo (Urbina y García Vuelta 2010). Esta última
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formaba parte de un rico depósito broncíneo del
Bronce Final.
Nuestro interés principal son las de “tipo Huel-
va”, aunque la aparición ciertamente escasa de fí-
bulas de codo, no solo en el ámbito peninsular, sino
mundial, obliga a referirse a las otras por haber sido
estudiadas y relacionadas con las de “tipo Huelva”,
o porque nuestras investigaciones sobre ellas han
sido mal interpretadas o confundidas.
2.1. El Castro de Laias (Barbantes, Orense)
También denominado O Castelo, el asenta-
miento de Laias se localiza a 14 km al Oeste de
Orense. Ocupa un promontorio de carácter graní-
tico de unas 10 ha de extensión y una altura de
240 m s.n.m, proyectado abruptamente sobre la
ribera derecha del río Miño. Estratégicamente si-
tuado sobre él, domina visualmente un amplio
espacio geográco de su cuenca media, con am-
plios recursos agrícolas y mineros.
El asentamiento, conocido por López Cuevi-
llas desde principios del siglo XX, fue excavado
por Chamoso Lamas a partir de 1956, quien se-
ñaló una mina de oro explotada por Roma. En
1997, con motivo de las obras para la construc-
ción de la autovía Rías Baixas que afectaban
parcialmente este yacimiento, se iniciaron traba-
jos arqueológicos de urgencia en su parte superior
y ladera media, antes de ser destruidas por las
citadas obras civiles. Las excavaciones documen-
taron ocupaciones prehistóricas, protohistóricas y
romanas (Álvarez y López 2000). Para sus inves-
tigadores, la ocupación más antigua, según data-
ciones absolutas, correspondería a los siglos IX-
VIII a.C., que ilustraría momentos nales del
Bronce Final e inicios de la Edad del Hierro. Un
poblamiento que continuó, de forma discontinua
y con ocupaciones diferenciadas, hasta posible-
mente los siglos III-IV d.C.
La posición estratigráca de la fíbula de codo
“tipo Huelva” (Fig. 1:1) nos es desconocida, pero
a partir de las descripciones de sus excavadores
intuimos que debió aparecer en estratos de habi-
tación de sus primeros niveles de ocupación
(Bronce Final). Este hallazgo amplía el espectro
que teníamos sobre su dispersión peninsular, apo-
yados sobre todo por algunas de sus característi-
cas tipológicas.
La fíbula está incompleta y es de bronce, con
un alto grado de corrosión. Conserva el brazo
derecho del puente con el resorte de muelle, com-
puesto por espira y media y parte de la aguja de
sección circular. Aunque está partida, el codo es
ligeramente abierto. Al brazo izquierdo del puen-
te le falta el pie o mortaja. El puente, totalmente
simétrico con el codo centrado, tiene una sección
de media caña realzada. El perl de la fíbula es
de triángulo semi-equilátero. Las plantas de los
brazos del puente son elipsoidales con fajas cen-
trales realzadas y decoradas con ocho o nueve
incisiones verticales paralelas, delimitadas a am-
bos lados por otras horizontales en fajas de tres
o cuatro unidades. Es posible que entre las fajas
centrales y el codo, en un sentido, y las fajas y el
resorte y mortaja, por otro, tuviese nos collari-
nes perdidos o disimulados por las concreciones
y alteraciones debidas a la oxidación del metal.
Dimensiones: longitud con la reconstrucción de
la mortaja entre 8,5-9 cm; en la actualidad, sin
mortaja, es de unos 7 cm; alt. 4 cm; anch. de las
secciones máximas de los brazos 12 mm; esp. 4
mm. La sección circular de la aguja es de 3 mm.
Tab. 1: (PA12223).
Esta fíbula entraría en el tipo III de nuestra
serie, denominada variante Meseta (Carrasco y
Pachón 2006b), con tres subtipos a, b, c, caracte-
rizados por las fíbulas de Alto de Yecla, Burgos
(González-Salas 1936-40, 1945), Castro de la
Cildad de Sabero, León (Celis 1998-1999) y Be-
rrueco, Salamanca (Maluquer 1958). En este tipo
se desarrollan exclusivamente las fajas centrales,
constituyendo su máximo exponente decorativo,
constriñéndose las laterales hasta conformar sim-
ples alambres, a veces con collarines. Posible-
mente sea el conjunto menos conocido de todo el
“tipo Huelva” por la escasez de su muestra, por
desconocer los contextos arqueológicos en los
que aparecieron y carecer de documentación grá-
ca, salvo la fíbula de Sabero. La de Alto Yecla
y la del Berrueco se han reconstruido a partir de
antiguas fotografías.
En la fíbula de Laias, las fajas centrales no
extralimitan sus contornos elipsoidales, pero sí
realzan el perl de los brazos del puente. La de-
coración vertical de estas fajas diere de las me-
seteñas: reticulados en la de Alto Yecla, reticula-
dos e incisiones paralelas en las de Sabero, e
incisiones paralelas en la de Berrueco. En su
momento, considerábamos que este tipo III repre-
sentaba la forma más desarrollada del “tipo Huel-
va”. Lo fechamos en el siglo IX, e incluso prin-
cipios del VIII a.C., basándonos en sus desarrollos
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Fig. 1. Nuevas fíbulas de codo: 1. Laias, Ourense; 2 y 3. Cerro de los Infantes, Pinos Puente, Granada; 4 y 5. Ri-
bera del río Velillos, Casa Nueva, Granada; 6 a 8. Cerro de las Agujetas, Pinos Puente, Granada.
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morfo-tipológicos y en su análisis elemental. La
cronología de la de Laias no debería bajar de la
primera mitad del siglo IX, dada su conguración
tipológica y composición de bronce binario rico
en estaño.
2.2. El complejo arqueológico de Cerro
de los Infantes (Pinos Puente, Granada)
El Cerro de los Infantes es un asentamiento en
el borde noroccidental de la Vega de Granada, a
unos 15 km de la capital. Ocupa una serie de
colinas de calcarenitas de diferentes alturas en la
orilla derecha del río Velillos o Frailes, un curso
permanente de agua que conforma uno de los
postreros auentes del río Cubillas, poco antes de
conuir en el Genil. En tiempos prerromanos,
aquellos dos importantes suministros hídricos
desembocaban directamente en la Vega de Gra-
nada, entonces un fondo pantanoso más o menos
practicable a lo largo del año. El sitio arqueoló-
gico de Los Infantes debió prosperar en relación
directa con el progresivo desecamiento del fondo
de la depresión, y el consiguiente aumento de sus
posibilidades agropecuarias. Una pequeña meseta
en el área de mayor altura (cota 652 m.s.n.m.),
con forma más o menos redondeada, se denomi-
na Cerro Corona.
La secuencia crono-cultural pudo originarse
en el III milenio a.C., aunque sin garantías de que
hubiese pertenecido a un hábitat estable. Un pe-
queño reducto en la parte noroeste ha podido
fecharse en tiempos argáricos. La continuidad
desde estos momentos tampoco ha podido com-
probarse, porque no se han reconocido vestigios
de lo que en Andalucía Oriental denominamos
Bronce Tardío. A partir del Bronce Final sí habría
una continuidad poblacional con la que fue fac-
tible alcanzar la época romana: Municipium Ilur-
conensis (Pastor 2002: 97-115). En la Edad Media
se abandonaría denitivamente, probablemente
en favor de la actual población de Pinos Puente
(Peinado 1998).
N.º Análisis Yacimiento
y tipología Fe Ni Cu Zn As Ag Sn Sb Pb
PA20250 C. Nueva.
Codo, t. Huelva 0,10 nd 90,8 nd nd <0,2 9,0 <0,2 0,09
PA20251 C. Agujetas.
Codo, t. Huelva 0,91 nd 84,5 nd nd <0,2 14,2 <0,2 0.36
PA20252 C. Infantes.
Codo, t. Huelva 0,12 nd 88,1 nd nd <0,2 11 <0,2 0,71
PA20253 C. Agujetas.
Codo, t. Huelva 0,11 nd 91,0 nd nd <0,2 8,88 <0,2 0.05
PA20254 C. Agujetas.
Codo, “lisa” 0,14 nd 87,9 nd nd <0,2 11,9 <0,2 tr
PA12223 C. de Laias.
Codo, t. Huelva nd nd 84,2 nd nd 0,19 14,2 0,19 0,71
ICP-MS001 C. Nueva.
Codo, t. Huelva 0,09 0,06 93,7 0,05 0,04 0,10 3,72 0,01 0,30
PA13508 Las Lunas.
Codo, “sícula” 0,65 nd 86,6 nd nd 0,06 11,8 nd 0,85
Tab. 1. Composición elemental de las fíbulas de codo. Todas se han analizado por Fluorescencia de Rayos X (FRX)
dentro del Proyecto Arqueometalurgia de la Península Ibérica, salvo la de Casa Nueva (ICP-MS001) analizada por
espectrometría de masas en los Servicios Técnicos de la Universidad de Granada. En la serie PA10000 se ha empleado
el espectrómetro Metorex X-MET 920MP con detector de Si (Li) y fuente de Am241; valores expresados en % en peso
(nd= no detectado; tr= trazas; los límites de detección son del 0,01% para todos los elementos, salvo Ag y Sb jado en
el 0,001%); los análisis PA20000 han empleado el equipo portátil INNOV-X serie Alpha con tubo de rayos X; valores
expresados en % en peso (nd= no detectado; los límites de detección son de 0,04% para todos los elementos menos Ag
y Sb que es el 0,2%). Pinos Puente (Granada): C. Nueva = Casa Nueva, C. Agujetas = Cerro de Las Agujetas, C. In-
fantes = Cerro de Los Infantes; C. Laias = Castro de Laias (Barbantes, Orense); Las Lunas (Yuncler, Toledo). t. = tipo.
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En la década de 1980 los cortes practicados
en la parte suroriental, por el Museo Arqueológi-
co Provincial y la Universidad de Granada, per-
mitieron analizar una potente secuencia estrati-
gráca comprendida entre el Bronce Final y el
horizonte Ibérico Antiguo (Mendoza et al. 1981).
Entre sus resultados destaca la aparición de una
fíbula de codo “tipo Huelva” bien contextualiza-
da, además de un horno de producción de ánforas
de tipo fenicio y de cerámicas grises, probable-
mente activo a lo largo del siglo VI a.C. (Contre-
ras et al. 1983).
Frente al Cerro de los Infantes, por su parte
sureste, en la orilla izquierda del río Frailes se
levanta el más humilde Cerro de las Agujetas
(cota 609 m.s.n.m.), donde los restos funerarios
se asocian a vestigios más variados que apunta-
rían hacia el uso prolongado con funciones diver-
sas de este anejo del Cerro de los Infantes.
Más al oeste, aguas abajo, a unos 500 m de
las últimas evidencias arqueológicas de Infantes,
encontramos la denominada Casa Nueva, exten-
dida por las terrazas aluviales, de donde procede-
rían otros elementos bulares que comentare-
mos.
Los tres sitios arqueológicos citados congu-
ran una única agrupación de mayor entidad, cons-
tituida en torno al propio Cerro de los Infantes,
con diferentes necrópolis que cubrieron las nece-
sidades funerarias de sus habitantes y áreas pro-
ductivas complementarias del asentamiento.
2.2.1. Cerro de los Infantes
En las excavaciones de 1980 se recuperó una
fíbula de codo en el estrato 3 del corte 23, perte-
neciente al horizonte III del yacimiento, corres-
pondiente a un pleno Bronce Final, que se fechó
entre el 900 y el 750 a.C. (Mendoza et al. 1981).
Su lamentable estado de conservación hizo nece-
sario un dibujo rápido y su entrega inmediata al
restaurador del Museo Arqueológico de Granada.
Su conguración actual no la conocemos. La do-
cumentación presentada responde al original pu-
blicado por sus autores (Fig. 1: 2). Su mal estado
impidió, según F. Molina, su análisis elemental.
La publicación no aclaró la distribución de los
materiales en los estratos del horizonte III de Los
Infantes, por lo que desconocemos si la fíbula
procede de los rellenos más altos o de los infe-
riores. En la actualidad, la datación del 750 a.C.
debiera elevarse de acuerdo con los hallazgos de
La Mora. Aquí, las primeras importaciones feni-
cias se fecharon por C14 sin calibrar en el 790
a.C. Como la fíbula se asociaba con cerámicas
con decoración incisa de tipo Camporchanes/Ca-
bezo Colorado, los excavadores hablaron de un
Bronce Final Pleno, que situaron en el siglo X
a.C. La presencia en ese mismo horizonte de
cerámica con decoración bruñida es de gran inte-
rés para la datación de las fíbulas.
El ejemplar de Los Infantes carece de resorte,
aguja y pie. El codo, algo abierto, aparece cen-
trado en el puente, siendo su sección seudo-cua-
drangular. Los brazos del puente son de sección
lenticular, presentando una decoración compues-
ta, al menos, por tres incisiones perpendiculares
que hacen resaltar fajas lisas. El mal estado de
conservación impide mayores precisiones. Di-
mensiones: alt. total 23 mm; long. total 64 mm;
sección del codo 4 mm; sección media del puen-
te 6 mm (Fig. 1: 2).
Hemos documentado una segunda fíbula des-
contextualizada, procedente de la ladera oriental
del yacimiento, cuya mejor caracterización mor-
fométrica complementaría los datos del ejemplar
anterior. Se trata del brazo izquierdo de una fíbu-
la de codo “tipo Huelva” de sección de media
caña, que conserva el pie o mortaja y parte del
codo. La decoración está compuesta por una faja
central que no sobresale de la planta elipsoidal
del brazo, enmarcada por dos incisiones desarro-
lladas que, a su vez, constriñen unos anillos o
collarines por ambos lados. De igual forma, re-
saltan y delimitan las zonas del codo y del pie.
Dimensiones: long. 3,5 cm; anch. máx. en el
centro de la faja central 0,9 cm; esp. máx. 0,4 cm.
Esta fíbula, según nuestra reconstrucción, debía
tener una longitud en torno a los 7,5-8 cm. Muy
posiblemente, por la disposición de la mortaja y
la conguración del brazo, la aguja sería curva,
lo que a priori no deja de ser un rasgo de moder-
nidad (Tab. 1: PA20252) (Fig. 1: 3).
En principio, entraría en nuestro tipo II (Ca-
rrasco y Pachón 2006b), subtipos Ib2-IIab1/IIab2.
Básicamente se caracterizan porque las incisio-
nes, que enmarcan las fajas centrales, se abren
dando paso a unas acanaladuras profundas y
abiertas que convierten las estrechas fajas latera-
les en molduras. Entre sus peculiaridades contro-
vertidas y antagónicas están la ausencia de deco-
raciones incisas, una faja central sin sobresalir de
la conguración elipsoide de la fíbula y moldu-
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raciones poco desarrolladas que centran la faja
central; rasgos que indicarían antigüedad en el
tipo. En cambio, la posible curvatura de la aguja
sugeriría cierta modernidad. Su análisis elemental
arroja un porcentaje de estaño que sobrepasa li-
geramente el 10% e impurezas de plomo (0,71%).
Sus paralelos más evidentes serían la fíbula Gua-
dix A (Ib2) (Carrasco y Pachón 2002 y 2004) y
uno de los ejemplares de la Ría de Huelva (IIab1)
(Almagro Basch 1958: E.1, 39 (38) n.º 262; Ruiz-
Gálvez 1995a: lám.11, 25). Por las características
controvertidas que hemos apuntado sobre esta
fíbula, la fecharíamos entre la segunda mitad del
siglo X y la primera mitad del IX a.C.
2.2.2. Casa Nueva (Pinos Puente, Granada)
La terraza, donde al parecer se encontró la
primera fíbula (Carrasco y Pachón 2001) y pos-
teriormente la segunda, carecía de material ar-
queológico parangonable con el que mostraremos
después en el Cerro de las Agujetas, lo que di-
culta una interpretación razonable de su origen.
No obstante, se han recuperado allí restos muy
fragmentarios de cerámicas a mano horneadas en
ambientes de reducción, sin demasiados indicios
sobre su tipología, pero sucientes para adjudi-
carlos sin muchas dudas al Bronce Final. Junto a
ellos, se han recogido botones cónicos que algu-
nos autores identican como de atalajes de caba-
llos, o complementos más imprecisos de carros.
La interpretación más plausible es que el sitio
fue un lugar de acumulación de los vestigios ar-
queológicos que el río Frailes erosionó, aguas
arriba, en los yacimientos de Infantes y Agujetas,
que limitaban directamente con su cauce. Cabe
también la posibilidad de que los escasos restos
existentes en el lugar procedieran de depósitos in
situ, probablemente de naturaleza funeraria, con-
siderando la importancia del exorno áureo osten-
tado en el puente de una de las fíbulas.
La primera fíbula (Carrasco y Pachón 2001)
está casi completa. Solo le falta una parte del pie
o mortaja, cuyo arranque conserva. El resorte es
de dos espiras, con la novedad de acomodarse a
la izquierda del puente, tomando como orienta-
ción el pie de la fíbula, como algún ejemplar de
la Ría de Huelva. El resto de ejemplares, de la
provincia de Granada, presentan el resorte a la
derecha. El puente, con sección de media caña y
perl elíptico aplanado por la base, tiene las fajas
centrales de sus brazos resaltadas a ambos lados
por tres amplias incisiones en el brazo derecho y
dos en el izquierdo. Ambas fajas carecen de de-
coraciones incisas, pero ofrecen un pequeño bo-
toncito de oro, que hoy resalta sobre el fondo
oscuro del bronce. La aguja es plana y el codo,
ligeramente abierto, está centrado. Dimensiones:
long. máx. en el puente 81 mm, sección media de
la aguja 3 mm; sección media del brazo 6,5 mm;
anch. máx. del brazo 17 mm; diám. máx. de las
espiras 12 mm; diám. máx. de los botones de oro
2,5 mm; altura máx. de los botones 2 mm. La
reconstrucción de la fíbula daría una dimensión
máxima aproximada de 90 mm (Tab. 1: ICP-
MS001) (Fig. 1: 4).
Inicialmente, la situamos en el tipo I, el más
antiguo tras el ejemplar del Cerro de la Miel, por
cuyas características tecnotipológicas lo denomi-
namos subtipo Ia1. Constituye la versión de pres-
tigio del tipo I del que se diferencia exclusiva-
mente por la decoración del puente, con los dos
botones de oro en las fajas anchas de sus brazos,
junto a las incisiones más desarrolladas que se-
paran las fajas decorativas. Su cronología no debe
bajar del siglo XI a.C, cuando la del Cerro de la
Miel pudo tener su origen durante el siglo XI e
incluso a nes del XII a.C. (Carrasco y Pachón
2006c). Esta fíbula y la del Museo de Eretria
(vitrina 5, n.º 8690), procedente de Lefkandi
(Euboia), que estudiamos a principios del año
2000 (Carrasco y Pachón 2006a), comprobando
errores tipológicos de Buchholz (1985: g. 3: 11),
constituyen los únicos testimonios que conoce-
mos del empleo de oro en la elaboración o deco-
ración de fíbulas de este tipo en el Mediterrá-
neo.
El nuevo fragmento de fíbula de codo “tipo
Huelva” conserva parte del brazo derecho del
puente, con restos del resorte de muelle e inicios
del codo. La faja central, decorada con nas in-
cisiones paralelas, sobresale ligeramente del con-
torno elipsoidal del brazo. Está centrada a la de-
recha por dos incisiones que contienen una suave
y estrecha faja que, a partir de un no collarín,
da paso a la zona del resorte. La sección es de
na media caña. Por su parte izquierda, de igual
diseño que la anterior y menores dimensiones,
otra incisión delimita los inicios del codo. Di-
mensiones: long. máx. 4 cm; anch. máx. en la faja
central 1 cm, esp. 0,3 cm. Reconstruida mide
unos 7 cm. Contiene 9,0% de Sn (Tab. 1:
PA20250) (Fig. 1: 5).
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográcos 317
Trab. Prehist., 69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 310-331, ISSN: 0082-5638
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La asimilamos, con matizaciones, a nuestro
subtipo IIab2 (Carrasco y Pachón 2006b), repre-
sentado por un ejemplar de la Ría de Huelva
(Almagro Basch 1958: E.1.39 (38) n.º 259; Ruiz-
Gálvez 1995: lám. 11, 22). En este tipo, la faja
central sobresale del contorno del brazo y se di-
luyen las incisiones que la enmarcan como las
pequeñas fajas laterales. Esta fíbula puede fechar-
se entre nales del siglo X y principios del IX
a.C.
2.2.3. Cerro de las Agujetas (Pinos Puente,
Granada)
El conocimiento actual del yacimiento se basa
en hallazgos ocasionales, pero estos datos aproxi-
mativos son de un indudable interés (Pachón et
al. 1979: 324-329; Pachón y Carrasco 2009,
2010). Recientemente se han realizado excava-
ciones de urgencia en este lugar, desconociéndo-
se sus resultados. El sitio, quizás de forma espo-
rádica, pudo ser una de las necrópolis del
poblado arcaico del otro lado del río. Entre sus
elementos metálicos destacan tres fíbulas de
codo y otra tartésica de bronce tipo Alcores, re-
cuperada en las inmediaciones del yacimiento,
en la vaguada que –a oriente– lo separa de Cerro
Granados.
En denitiva, el Cerro de las Agujetas confor-
ma un pequeño enclave de clara función comple-
mentaria respecto de Los Infantes, probablemen-
te frecuentado desde nes de la Edad del Bronce
y que prolongaría su uso hasta tiempos romanos.
Aunque es probable que albergara algún reducto
funcional de carácter económico e incluso militar,
una parte importante de los hallazgos también
aluden a la presencia de núcleos de utilidad fune-
raria, de los que podrían proceder las tres fíbulas
de codo que presentamos.
A. Descripción (Fig.1: 7): fragmento de brazo
del puente con restos del codo de una fíbula “tipo
Huelva”. Presenta faja central remarcada sin de-
coración, con tres amplias incisiones que enmar-
can, a su vez, dos collarines que la separan del
área del codo. Su fragmentación no permite ir
mucho más allá. Dimensiones: long. 3 cm; anch.
en la faja central 1,2 cm. No hemos intentado
reconstruirla, pero pudo ser grande: unos 9 cm.
Podría corresponder al subtipo IIab2 y fecharse
entre nes del siglo X y primera mitad del IX a.C.
(Tab. 1: PA20253).
B. Descripción (Fig. 1: 6): brazo derecho del
puente con resorte y parte del codo de una fíbula
“tipo Huelva”. De planta elipsoidal, presenta una
faja central no resaltada, lisa, enmarcada entre
una faja con seis nas incisiones paralelas que la
separan del área del resorte y, otra, con cinco
incisiones similares, por su parte izquierda, que
la separan del área de codo. El resorte de muelle
conserva una espira. Es muy plana, con una na
sección de media caña. Dimensiones: long. 4,5
cm; anch. máx. 0,8 cm; esp. 2 mm. Reconstruida
mediría unos 9 cm (Tab. 1: PA20251).
La situamos como un subtipo nuevo de nues-
tra serie Huelva, por carecer de fajas bien delimi-
tadas con incisiones profundas, collarines, etc. y
por su sobriedad: muy lisa y relativamente plana.
Quizás, la más parecida sea la procedente de la
Calle San Miguel (Guadix) (Carrasco et al. 2002),
paradigma del subtipo Ic1, que apenas desarrolla
las decoraciones en el puente, propias de estas
fíbulas. Por su composición, con un alto porcen-
taje de estaño (14,2 %), también se asemeja a la
accitana de San Miguel, hasta la fecha el ejemplar
granadino con más estaño (13,1%). Y, como a
ella, la datamos en torno al último tercio del si-
glo IX a.C.
C. Descripción (Fig. 1: 8): fragmento del bra-
zo izquierdo de una fíbula lisa de codo, de las
tradicionalmente denominadas “sículas”. De con-
guración elipsoidal, la máxima sección en el
centro se ana hacia el codo y pie. Su parte infe-
rior está decorada con diez nas líneas paralelas
incisas, que pudieron existir en menor número
por la parte superior o exterior. Conserva el inicio
del pie o mortaja, insinuándose también parte del
codo. Dimensiones: long. máx. 0,28 cm, sección
oblonga máx. 8 × 6 mm. Peso 3 gr. Su longitud
reconstruida rondaría los 5 cm con el codo cen-
trado en el puente. Se fundió en un bronce de
aleación media (9,0% Sn) y pocos oligoelemen-
tos (Tab. 1: PA20254).
Este fragmento no entra en los parámetros del
“tipo Huelva”. Es idéntica a la localizada en la
Ría de Huelva, que Almagro Basch (1966: g. 74,
1) denió como sícula a partir de una hipotética
reconstrucción. Como comentario previo a la dis-
cusión sobre el origen de las fíbulas lisas, dire-
mos que la fíbula de Agujetas comparte rasgos
decorativos, morfo-técnicos y tipológicos con
muchas otras de codo peninsulares. La cronolo-
gía, como pudo tener la onubense, debe corres-
ponder grosso modo a la primera mitad del si-
318 Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz y Jesús Gámiz Jiménez
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glo IX a.C., paralela en el tiempo y, en territorios
andaluces, a las últimas producciones de las de
“tipo Huelva”.
2.3. Las Lunas (Yuncler, Toledo)
El sitio ocupa un espacio en torno a las 10 ha.
Las actuaciones arqueológicas se centraron en
una supercie de 1 ha, documentándose un hábi-
tat con dos momentos de ocupación: en época
romana y Bronce Final/Hierro (Urbina y García
Vuelta 2010). Las noticias del registro cerámico
son aún muy incompletas.
Las excavaciones localizaron, en el sector
H-8, un depósito broncíneo próximo a una es-
tructura circular, apoyada en un estrato arenoso,
sobre una supercie ocre endurecida con restos
de barro quemado. Lo componían veinte objetos
de bronce, entre herramientas, elementos de
adorno y restos de fundición. Interesa en parti-
cular una fíbula de codo descentrado (Urbina y
García Vuelta 2010: 181, g. 4: L-10), que con-
serva el brazo izquierdo del puente y parte del
resorte (Fig. 2), faltando el codo, la aguja, la
parte derecha del puente y el pie o mortaja. El
fragmento, de sección circular oblonga y 1cm de
diám. medio, alcanza 10,7 cm de long., decora-
do con fajas rellenas de nos reticulados incisos
que alternan con otras más lisas con rombos sin
rellenar, separadas por estrechas fajas que con-
forman dos o tres líneas incisas paralelas. Cono-
ciendo la tipología de estas fíbulas, el ejemplar
se aproximaría a 12 ó 13 cm. de longitud, pie
incluido y superaría los 50 g de peso. Es poco
funcional y más apropiada como objeto repre-
sentativo o de prestigio. Los autores, a partir de
la bibliografía, relacionan sus extraordinarios y
poco frecuentes caracteres morfométricos con
modelos tipológicos que no nos parece que ten-
gan que ver con ella. Tampoco reconocemos las
consideraciones tipológicas y culturales que los
autores nos atribuyen.
Por su gran tamaño, la fíbula de Las Lunas se
paraleliza con modelos de la fase IIB de la necró-
polis siciliana de Cassibile (Urbina y García
2010: 189). La comparación puede ser correcta,
pero los paralelos peninsulares aducidos la debi-
litan. Es evidente su relación tipológica con la
fíbula publicada por Almagro Basch (1957, 1966),
procedente del Servicio de Investigaciones Pre-
históricas (SIP) de Valencia. También, aunque no
se mencione, puede cotejarse con el considerado
ejemplar antiguo del Berrueco (Delibes 1981), a
partir de la documentación del Padre Morán. Su
puente asimétrico podría tener alguna relación
con la fíbula del castro extremeño de “El Cerro
de La Muralla” (Alcántara, Cáceres) (Fig. 3: 6),
que presenta incisiones paralelas en los brazos
del puente (Esteban 1988). El ejemplar de tipo
Enkomi documentado en “Pajares” (Villanueva
de La Vera, Cáceres), mal denido como “fíbula
de arco” (Celestino 2001: 205, g. 51), también,
con cierta imaginación, podría entrar en el grupo
de puente asimétrico, en lugar de incluirse entre
las de violín como propone Giesen (2001).
3. CUESTIONES FORMALES
PARA EL ORIGEN Y EVOLUCIÓN
TIPOLÓGICA DE LAS FÍBULAS
3.1. Simetría del puente en las fíbulas
de codo lisas
M. Almagro Basch propuso dos reconstruc-
ciones de la fíbula lisa de la Ría de Huelva. En
la primera, Almagro (1957: g. 1: 10) dispuso el
fragmento de forma más vertical, lo cual consi-
deramos más correcto, añadiéndole el brazo de-
recho más inclinado y de mayores dimensiones,
con una aguja relativamente plana (Fig. 4: 1).
Posteriormente (Almagro 1958: E.1 39 (38) 267)
Fig. 2. Fíbula de codo de Las Lunas (Yuncler, Toledo),
según Urbina y García Vuelta (2010: g 4: L-10).
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográcos 319
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Fig. 3. Fíbulas de codo peninsulares, españolas y portuguesas en comparación con algún tipo italiano: 1. El Co-
ronil, Sevilla; 2 y 3. Mondim da Beira, Viséu. 4. Monte Airoso (Penedono); 5. Castellucio, Ragusa; 6. Cerro de la
Muralla, Alcántara/Garrovillas, Cáceres; 7. San Román de Hornija, Valladolid (Según G. Delibes).
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inclinó el brazo conservado y, a su vez, aplanó la
reconstrucción del derecho a partir de una mayor
inexión, con una aguja totalmente plana (Fig. 4:
2). El propósito era reconstruir una fíbula de codo
plenamente asimétrica, al estilo de las existentes
en las necrópolis sicilianas de Cassibile. A partir
de estos trabajos, documentados exhaustivamente
con ejemplares de muy diversa tipología: sicilia-
nos, chipriotas e incluso micénicos, elaboró un
modelo de fíbulas asimétricas que se ha manteni-
do largo tiempo. Ese modelo, en cierta forma,
condicionó la caracterización del “tipo Huelva”,
al forzar reconstrucciones con puentes de codo
asimétrico.
La conguración del fragmento casi completo
de brazo izquierdo del ejemplar, con restos de mor-
taja y de codo, de 0,34 mm de longitud, admitiría
otra reconstrucción más adecuada. Es posible otra
propuesta con alzado seudotriangular y codo más
o menos centrado, similar a otras fíbulas conocidas
en la Península Ibérica y, en menor medida, en
otros ámbitos mediterráneos, denominadas grosso
modo de “tipo Monachil” (Carrasco et al. 1999).
La mayoría de las fíbulas peninsulares que
pertenecen al “tipo Huelva”, o “Monachil”, tie-
nen el codo centrado, aunque la falta de la mor-
taja en muchas de ellas deforma la visión origi-
nal, creando una asimetría inexistente. Como el
brazo derecho sustenta el resorte, y suele ser
mecánicamente más potente, puede distorsionar
las medidas reales de ambos brazos del puente.
Igual sucede con las fíbulas ad occhio penin-
sulares, como las de Perales del Río (Blasco
1987), Mola d’Agrés (Gil-Mascarell y Peña
1989), Soto de Tobilla (Quintana y Cruz 1996;
Cruz y Quintana 1999; Rodríguez 2009), Casal
do Meio (Spindler 1973), S. Româo de Seia (Sen-
na-Martínez 1995), la dudosa de Santa Luzia de
Viséu (Kalb 1978), etc., que tienen el bucle cen-
trado, en contraste con el asimétrico de los tipos
16 y 18 de Cassibile (Turco 2000: tav. XXIX).
Las fíbulas peninsulares que denominamos “li-
sas” o “tipo Monachil”, como el ejemplar comen-
tado de la Ría y el de Agujetas, constituyen un
cómputo no menor de veinte ejemplares, en gran
parte inéditas, tienen un puente simétrico con el
codo centrado. Por el contrario, son concretos y
minoritarios los ejemplares que ofrecen un puen-
te asimétrico y codo abierto o sugerido, entre las
que se puede incluir la de Las Lunas de Toledo
(Urbina y García Vuelta 2010). Aunque, si se
suman con las representadas en las estelas extre-
meñas y portuguesas, serían mayoritarias.
La reconstrucción de la fíbula lisa de Agujetas
se ha basado en las características físicas del
brazo conservado, que no pudo tener puente asi-
métrico. El codo, constituido por un estrecha-
miento extremo centrado, solo puede sustentar y
equilibrar dos brazos similares. El derecho debió
mantener un mínimo resorte y una na aguja, con
una cierta curvatura para ser acogida en una mor-
taja poco desarrollada e inclinada en el izquierdo.
Con este tipo de conguración, se podrían rela-
cionar sin excesivas complicaciones cuatro o cin-
Fig. 4. Evolución gráca de la fíbula sícula de la Ría de
Huelva: 1. Almagro 1957; 2. Almagro 1958; 3. Ruiz-
Gálvez 1995.
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co fíbulas de las denominadas lisas con codo
centrado, con una asimétrica, por su aspecto
amorcillado y con otra del “tipo Huelva”, tam-
bién de sección oblonga, por su decoración en la
parte inferior del puente.
En el grupo de las lisas mencionamos, en
primer lugar, el ejemplar de El Coronil (Fig. 3:
1) (Carrasco y Pachón 2006b: tab. 2, IIb2). Su
descubridor (Ruiz Delgado 1989) la incluyó en
su grupo I,1b, caracterizado por un puente masi-
vo y sección ovalada, asimilándola con los ejem-
plares de la Ría de Huelva. En alguna ocasión la
hemos incluido con dudas en nuestro “tipo Huel-
va”, especialmente por el poco o inexistente de-
sarrollo de las fajas del puente y por un anómalo
alto porcentaje de hierro en su composición
(3,42%) (Ruiz Delgado et al. 1991). Las peque-
ñas dimensiones, sección oblonga del puente y
codo centrado de esta fíbula, la asemejan en cier-
ta forma a la que estudiamos, aunque no tanto por
las fajas decorativas del puente.
Las dos fíbulas portuguesas de Mondim da
Beira (Fig. 3: 2-3) y Monte Airoso (Fig. 3: 4) son
de sección oblonga, con diseños de fajas incisas
encima del puente, similares a las de El Coronil.
Vilaça (2008) ha recogido algunos de nuestros
comentarios sobre su historia (Carrasco y Pachón
2006c) que en su momento reinterpretamos, com-
probando la mayor simetría de los brazos respec-
to de la posición más centrada del codo.
Estas cuatro fíbulas podrían ser derivaciones
tardías colaterales del “tipo Huelva”, basándonos
“en los diseños incisos que parecen delimitar fa-
jas, aunque no se trate de molduraciones, pero
que en cierta forma recuerdan los mismos patro-
nes decorativos que las onubenses” (Carrasco y
Pachón 2006c: 280).
Ninguna de ellas, ni la de Agujetas, ni la del
depósito de la Ría de Huelva, pudieron dar lugar
a las del “tipo Huelva”, ni por conguración, ni
por tipología, ni por su composición, algunas
ternarias y otras con gran cantidad de estaño.
Tampoco tienen nada que ver con las sicilianas
de Cassibile, donde no se han documentado. Un
solo ejemplar puede entrar en este grupo: una
pequeña fíbula sin mortaja, que tendría el codo
centrado y el puente con decoración similar a la
de El Coronil, procedente de la necrópolis sici-
liana de Castelluccio (Fig. 3: 5), Ragusa (Giumlia-
Mair et al. 2010: g. 11), clasicada en el tipo
290.2 (5279 B), sin más especicaciones. Diere
del resto de las fíbulas de puente asimétrico, pero
un solo caso no hace un tipo, existiendo más
ejemplares en la Península Ibérica que en Sicilia
para comprenderlo. En consecuencia, en princi-
pio, el depósito de la Ría de Huelva no mostraría
inuencias sículas, al menos en lo relacionado
con los elementos bulares.
Por su aspecto, como diría Almagro Basch,
amorcillado, y brazos de sección oblonga con
diseños incisos en fajas, también podríamos in-
cluir en este grupo una fíbula del asentamiento
cacereño de Talavera la Vieja (Jiménez y Gonzá-
lez 1999: g. 4: 3). De perl triangular alto,
presenta fajas en las que alternan diferentes mo-
tivos incisos paralelos.
La de puente asimétrico proviene del Cerro de
la Muralla de Alcántara, Garrovillas, Cáceres (Es-
teban 1988: g. VII,7), con brazos amorcillados
y decoración de fajas compuestas por incisiones
paralelas dobles que separan estrechas subfajas
lisas (Fig. 3: 6). La mortaja es corta y el codo,
aligerado en su sección, es consistente en relación
con los brazos del puente. Este aspecto falta en
los ejemplares de Agujetas y Ría de Huelva.
Por último, la fíbula de “tipo Huelva” de San
Román de Hornija, Valladolid (Delibes 1978), es
de brazos con sección oblonga. Las semejanzas,
en este caso, se reeren al tipo de decoración
desarrollada en la parte inferior de ambos brazos
del puente (Fig. 3: 7) y está compuesta, como en
Agujetas y posiblemente en la Ría de Huelva, por
una amplia faja de nas incisiones paralelas, bien
delimitadas en sus terminales. Esta pieza es la
única, entre las del “tipo Huelva”, que presenta
este tipo de decoración, al igual que ocurre con
las de la Ría de Huelva y Agujetas, entre las que
denominamos lisas o “tipo Monachil”.
Discrepamos con la reconstrucción de Celes-
tino (2001: g. 52) de una fíbula procedente de
Talavera la Vieja, Cáceres, en la que considera-
mos forzó un asimetrismo inexistente. Su forma
responde más al tipo que ya denimos como
“Monachil”, de codo sensiblemente centrado
(Carrasco et al. 1999).
También puede entrar en el “tipo Monachil”
otro ejemplar de La Muralla de Valdehuncar (Ba-
rroso y González 2007: g. 5,11). Solo conserva
el brazo derecho del puente, sin codo, con resor-
te y parte de la aguja, pero se describe con “puen-
te de brazos y codo asimétricos”, sin considerar
la similar conguración de otra fíbula completa
aparecida en este yacimiento con codo centrado.
322 Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz y Jesús Gámiz Jiménez
Trab. Prehist., 69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 310-331, ISSN: 0082-5638
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3.2. Fíbula de codo “tipo Huelva” y estelas
del Suroeste de la Península Ibérica
Celestino (2001) realza el valor cronológico
de las fíbulas, en relación con otros objetos gra-
bados en las estelas, como los espejos, porque
estos no son conocidos en registros arqueológicos
del suroeste peninsular y las fíbulas sí. La tipo-
logía de las representadas no se asemeja a las de
“tipo Huelva”, y menos aún a las ad occhio. Sus
paralelos estarían en la misma Extremadura, es-
pecialmente en los ejemplares de puente asimé-
trico de La Muralla de Alcántara y Villanueva de
Pajares.
La taxonomía de Celestino (2001: 195) está,
a nuestro entender, plagada de ‘desviaciones’ ti-
pológicas. En síntesis, pueden encontrarse fíbulas
de pivote calicadas como de antenas (Celestino,
2001: 193, g. 46), o la representada en Torrejón
el Rubio II, incluida en el “tipo Huelva”. Esta
última, la única de codo central con antenas, no
es de “tipo Huelva”, sino más tardía (Almagro
Basch 1966: g. 27). Extrañamente, Celestino
alude al trabajo coordinado por Ruiz-Gálvez
(1995) sobre las fíbulas del depósito de Huelva,
pero los análisis de Almagro Basch son más ex-
haustivamente arqueológicos y sugerentes.
Este cúmulo de errores condiciona la argu-
mentación cronológica de las estelas del Suroes-
te. Opinamos que un mayor conocimiento de las
tipologías bulares ayudaría a perlar mejor el
tema de la datación de las representaciones ico-
nográcas de las estelas. Así, en las estelas extre-
meñas solo existen fíbulas de codo claramente
descentrado y otras de arco, además de tipos más
avanzados, mientras que en las estelas andaluzas
no están representadas las fíbulas de codo. La que
Celestino (2001: 438) adjudica al término mala-
gueño de Almargen, y que hace años revisamos
directamente en los fondos de su Ayuntamiento,
no ofrece totales garantías de interpretación, aun-
que otros autores la documentasen (Villaseca
1993). La de la estela de Écija III tampoco sería
de codo y la grabada en la de Ategua resulta muy
dudosa. Estos datos deben valorarse porque, casi
cien años después del descubrimiento del depósi-
to de la Ría de Huelva, no ha aparecido en entor-
nos andaluces del Suroeste, ni en toda la Baja
Andalucía, una sola fíbula de codo. La de Valver-
de del Camino, conservada en una colección par-
ticular, carece de procedencia precisa y able.
Todo ello incide en el tema de la formación del
depósito onubense, su difícil adscripción a esos
entornos, así como su escasa relación con los
contextos de las estelas extremeñas.
3.3. Valoraciones cronológicas y origen
del “tipo Huelva” según otros autores
Existe cierta confusión o sobreinterpretación de
nuestras propuestas cronológicas, ya que nunca
fechamos la fíbula “tipo Huelva” entre los si-
glos XIV-XII a.C. Al publicar la fíbula giennense
de Cerro Alcalá (Carrasco et al. 1980), que no es
del “tipo Huelva”, solo pretendimos paralelizar sus
motivos decorativos con la ornamentación de los
brazaletes tipo Berzocana, que parecían inspirar la
decoración de las fíbulas posteriores. La referencia
se tomó al pie de la letra, criticándosenos (Blasco
1987) que quisiéramos emparentar cronológi-
camente Cerro Alcalá y Berzocana, lo que nunca
pretendimos. Se obvió así la cuestión que quería-
mos plantear en realidad: la existencia de un mo-
delo decorativo propio del Bronce Final en Anda-
lucía oriental, que pudiera fecharse a partir del
constatado en Berzocana. El modelo se conocía en
muchos hallazgos procedentes, al parecer, de am-
bientes funerarios, pero que eran antiguos o super-
ciales y estaban inéditos. De cualquier modo, los
tratamientos decorativos superciales, similares en
fíbula y brazaletes, apuntan a una larga tradición
artesana perdurable en pleno Bronce Final.
Tres décadas después de la publicación de esta
fíbula, Celestino tomó la referencia para modi-
car la supuesta cronología de F. Molina (1977)
sobre las fíbulas de codo y puntualizarnos que
entre los siglos XIV y XII “difícilmente podían
existir estos tipos en Sicilia y menos aún en Huel-
va” (Celestino 2008: 114). Desde luego, nadie se
preguntó si las fíbulas sicilianas, las de “tipo
Huelva” y la de Cerro Alcalá, tenían algo en
común.
Fechamos la fíbula del Cerro de la Miel (Ca-
rrasco et al. 1985), en origen, en los siglos XI/X
a.C., sin excluir el XII (Carrasco y Pachón 2006a).
Los ejemplares de la Ría de Huelva formarían
parte de la evolución del tipo, pero no de sus
orígenes, por lo que alguno de ellos puede datar-
se en el siglo X a.C. o en el IX, pero sin constituir
prototipos. Del taller de Guadix procede una sola
fíbula, no “algunas” (Celestino 2008: 114), fecha-
da en el primer tercio del siglo IX a.C., no en el
X, propio de un momento evolutivo tardío del
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográcos 323
Trab. Prehist., 69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 310-331, ISSN: 0082-5638
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“tipo Huelva” (Carrasco et al. 2002). La fíbula
de la tumba 523 de Amathus no aporta nada a la
comprensión del “tipo Huelva”, menos aún a su
datación en el siglo X a.C. En nuestra opinión, el
modelo de Celestino, tomado de Blasco (1987) y
ésta, a su vez, de los estudios pioneros de Alma-
gro Basch sobre la aparición y mezcla de tipos
sículos y sirio-chipriotas en la Ría de Huelva,
carece de contrastación y trasluce un arcaico y
periclitado trasfondo difusionista.
Tampoco compartimos que la diferenciación
de tipos bulares, y menos aún la de su distribu-
ción peninsular, tenga escaso signicado por la
supuesta convivencia de todos ellos en el siglo X
a.C., “en concordancia con los espejos del depó-
sito de Lloseta” (Celestino 2008: 114).
Desanima comprobar que el actual estado de
la investigación siga desconociendo la tipología
de las fíbulas de codo antiguas peninsulares. Eso
explica la adjudicación tipológica y cronológica
que se da a la fíbula de Las Lunas. Resulta cho-
cante su asimilación con el famoso ejemplar liso
de la Ría de Huelva (Urbina y García Vuelta
2010: 189), hipotéticamente reconstruida por Al-
magro Basch como fíbula de puente asimétrico,
como ya hemos comentado. También la asocian
con la fíbula de San Román de Hornija, las de
Mondim da Beira y Monte Airoso, la ad occhio
de Mola d’Agrés, las fíbulas de codo “tipo Huel-
va” –con las que englobarían el ejemplar madri-
leño de Perales del Río– y, por último, con la
granadina del Cerro de la Miel. Indican que atri-
buimos “un origen peninsular para todas las fíbu-
las de codo que llamamos de tipo Huelva, en
cuyo esquema evolutivo los ejemplares aquí re-
señados constituirían los prototipos más antiguos”
(Urbina y García 2010: 189-190), lo que no co-
incide con nuestra posición (Carrasco y Pachón
2006a, b, c).
Urbina y García Vuelta (2010: 189) aluden al
trabajo de Torres (1999), como inspiración del
argumentario ya descrito sobre Las Lunas, aun-
que deberían referirse a una aportación posterior
(Torres 2002). Hacemos responsable a este inves-
tigador de otra serie de equívocos y opiniones
controvertidas. Torres incluye, en el grupo que
llama Cassibile II-III, la fíbula lisa documentada
en el depósito de la Ría de Huelva que nosotros
adjudicamos al “tipo Monachil”, un modelo sícu-
lo de la nomenclatura tradicional. Siguiendo a
Almagro Basch, Ruiz Gálvez, etc., la “considera
de clara procedencia siciliana y que, casi con
seguridad fue importada de esta isla” (Torres
2002: 170). Indicando a continuación, que “mor-
fológicamente se corresponde con el tipo de la
fíbula de codo, aunque en este caso no presenta
en el puente las típicas molduras que caracterizan
el tipo Huelva, mayoritario en el depósito”. La
representa, siguiendo la documentación de
M. Ruiz Gálvez (1995: lám. 11, n.º 27), en la -
gura VIII.5 (Torres 2002) junto con un ejemplar
del “tipo Huelva” del mismo depósito. El error es
achacable al confusionismo tipológico del trata-
miento bular en la obra de Torres, al desequili-
brio en su apoyo bibliográco y, quizás, también
a la equívoca representación gráca por parte de
Ruiz-Gálvez (1995) del conjunto broncíneo de la
Ría de Huelva.
Para Torres (2002: 171) “la importancia de
estas piezas radica en que, seguramente, son de
las que derivarán las fíbulas de tipo Ría de Huel-
va, que tanta difusión tendrán en el Sudoeste
peninsular y, en general, en toda la fachada atlán-
tica”. El texto induce a confusión, al referirse a
las fíbulas en plural, cuando solo hay una y pro-
blemática. Más recientemente insiste en que “en
este depósito se ha recuperado una docena de
fíbulas de codo, entre piezas completas y frag-
mentos que reciben su nombre de tipo Huelva” y
“una siciliana de tipo Cassibile” (Torres 2008:
64). Este cómputo irreal sirve para comprobar la
confusa información manejada sobre estos imper-
dibles antiguos y para comprender algunas ase-
veraciones del primer texto acotado de este autor,
relativas a que del supuesto tipo Cassibile de la
Ría de Huelva derivan el resto de los ejemplares
de “tipo Huelva” del depósito.
La adscripción de esta fíbula lisa al tipo Cas-
sibile, quizás se deba al supuesto asimetrismo de
su puente, basado en la hipotética reconstrucción
de Almagro Basch (1957: g.1, 10), ya comenta-
da (Fig. 4). Algo incorrecto, como que esta fíbu-
la pueda considerarse en el origen del resto del
“tipo Huelva” del depósito. En denitiva, ni por
composición metálica, ni por tipología, ni crono-
logía, esta fíbula puede estar en el origen de las
de “tipo Huelva”. Tampoco estas últimas, como
indica Torres (2002: 171), inspirado en trabajos
previos, tienen una amplia dispersión en el Su-
doeste, ni en la fachada atlántica. La dispersión
del registro bular tipo Huelva coincide con el
interior de la Península Ibérica (Carrasco y Pa-
chón 2006a: g. 1). Desconocemos el origen pre-
ciso de las fíbulas del depósito onubense, y los
324 Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz y Jesús Gámiz Jiménez
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análisis de isótopos de plomo realizados hasta
ahora sugieren, como procedencias probables del
metal, las zonas interiores de Sierra Morena y el
Valle de la Alcudia (Montero Ruiz et al. 2007).
Los ejemplares portugueses, ni se localizan en
asentamientos próximos a la costa, ni responden
sensu stricto al “tipo Huelva”. La excepción es la
forma tardía de Abrigo Grande das Bocas (Ca-
rreira 1994: estampa XXXIII, l), incluida en
nuestras tablas tipológicas (Carrasco et al. 1999;
Carrasco y Pachón 2006b), cuya morfometría res-
ponde en cierto modo a la de estas fíbulas espa-
ñolas. Extrañamente pasó desapercibida en las
investigaciones, muy en boga en los últimos años,
sobre las idas y venidas de viajeros, comerciantes
y metalúrgicos entre ámbitos mediterráneos, ci-
tándose en una síntesis reciente (Vilaça 2008).
Torres, apoyado en citas mal interpretadas,
recorre la historia de la investigación de la fí-
bula “tipo Huelva”. Concluye su origen en la
Península Ibérica, a partir de los casos sicilia-
nos de Pantalica II: “lo que no implica un ori-
gen oriental directo, sino la llegada de estas
piezas desde el Mediterráneo central para evo-
lucionar rápidamente de forma autónoma en la
Península Ibérica” (Torres 2002: 171). Plantea-
miento que se apoya en un mapa incompleto de
dispersión de la fíbula “tipo Huelva” (Torres
2002: g. VIII-7), en el que mezcla tres mode-
los bulares diferentes, cuyas procedencias no
siempre cita.
Reeja el auténtico tipo Huelva en los hallaz-
gos de la ría onubense, Valverde del Camino,
Cerro de los Infantes, Cerro de la Miel, Cerro de
los Allozos, Guadix, Talavera la Vieja, San Ro-
mán de Hornija, Castro de Yecla y Burgos. El
conjunto bular es escaso para la época en que
Torres publicó su trabajo. Ya se conocían (Carras-
co et al. 1999) las fíbulas del Castro de la Cildad
de Sabero, Casa Nueva, Abrigo Grande das Bo-
cas, etc. Esto podría obviarse, pero no el incluir
en el grupo Huelva tipos que ni lo son, como la
fíbula de puente asimétrico de La Muralla; ni
existen, como las del Cerro de la Mora, Peña
Negra de Crevillente y El Coronil, de las que
tampoco cita las referencias usadas para incluirlas
en este conjunto. En especial la última, de la que
Ruiz Delgado presentó en un trabajo póstumo los
análisis metalográcos de la misma, pero nunca
su dibujo (Ruiz Delgado et al. 1991), publicado
por primera vez por nosotros (Fig. 3: 1) (Carras-
co et al. 1999).
Por último, Torres, al referirse a la cronología
de las fíbulas de codo, sin mayor especicación,
indica que el C14 calibrado y las fechas dendro-
cronológicas de Europa Central apuntan a los
siglos X-IX a.C., “pudiendo ya fechar algunas a
nales del segundo milenio, aunque en ningún
caso en una fecha tan alta, siglos XIV-XII a.C.”
(Torres 2002: 172). La cronología de la fíbula se
remite de nuevo a la del Cerro Alcalá. Esa fecha
resulta muy alta para fíbulas como la de Cerro
Alcalá, pero no tanto para el “tipo Huelva”, es-
pecialmente en su tramo bajo del siglo XII a.C.
De todos modos, recurrir para fechar fíbulas “tipo
Huelva” a un trabajo de 1980 sobre un ejemplar
muy diferenciado de estas parece forzado, máxi-
me cuando, al menos desde 1985, en múltiples
trabajos hemos intentado denir su cronología
con parámetros más dedignos.
La datación por parte de Urbina y García
Vuelta (2010) del “tipo Huelva” y la fíbula de Las
Lunas en el siglo IX a.C., siguiendo modelos y
cronologías de la fase IIB de Cassibile, puede
parecer más o menos correcta. Sin embargo, la
argumentación se complica, al avalar esta cro-
nología con referencia a fíbulas tan apartadas ti-
pológicamente como las de San Román de Hor-
nija del siglo X a.C., Mola d’Agrés entre los
si glos X-IX y “fíbulas granadinas como la del
Cerro de la Miel”. Para este tema no incluyen la
de Perales del Río, que consideran la más próxi-
ma geográcamente a la toledana. De nuevo,
confunden los tipos bulares, extrayendo crono-
logías que no pueden relacionarse con la ofertada
para la fíbula de Las Lunas.
De igual forma, Urbina y García Vuelta (2010:
193) indican que rechazamos “la procedencia si-
ciliana de los modelos que hemos relacionado
más estrechamente con la fíbula de Las Lunas
liberándose de las cronologías sículas para cen-
trarse en las peninsulares que abogan por el si-
glo XI a.C. como momento de comienzo del mo-
delo, y fechan en el siglo X conjuntos tan
conocidos como los de la Ría de Huelva o la
Roça de Casal do Meio (Carrasco y Pachón
2006a: 283 ss.)”. Pero, a partir de la página en
que nos citan, en ningún momento nos referimos
a cronologías de la Ría de Huelva, ni menos aún
a Casal do Meio. Sería factible la cronología del
siglo X a.C. para algunas fíbulas de “tipo Huel-
va” del depósito onubense, especialmente para
las antiguas, y para la ad occhio portuguesa. Pero,
para esta última, seguimos considerando más
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográcos 325
Trab. Prehist., 69, N.º 2, julio-diciembre 2012, pp. 310-331, ISSN: 0082-5638
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adecuada la de inicios del siglo IX a.C. Es cierto
que sí desligamos totalmente las fíbulas “tipo
Huelva” de unos modelos sicilianos, que no se
han localizado en Sicilia. El origen de las fíbulas
“tipo Huelva”, de las peninsulares ad occhio y de
las “tipo Monachil”, o “sículas” en terminología
tradicional, nada tiene que ver con la fíbula de
Las Lunas. Pero los investigadores de este depó-
sito toledano sugieren “que las fechas que se
manejan para ejemplares como el aparecido en
Las Lunas, coinciden grosso modo con la fecha
de C14 de nales del XI-inicios del X a.n.e.”
(Urbina y García 2010: 193). Como no conoce-
mos el origen de esta cronología, ni qué ejempla-
res similares al de Las Lunas han sido datados
por C14, ni si han proporcionado fechas del si-
glo XI, da la impresión que esta datación ha sido
tomada de la ofertada hace más de veinticinco
años para el ejemplar del Cerro de la Miel (Ca-
rrasco et al. 1985); que también ha sido asimila-
da tipológicamente al ejemplar de Las Lunas, lo
que está totalmente fuera de lugar.
En nuestra opinión, sin mayor detalle, una
cronología del siglo X a.C. para la fíbula de Las
Lunas, quizás sería más ajustada: la datación
absoluta obtenida sobre un fragmento de madera
quemada de una cabaña próxima al depósito me-
tálico, del 2870 ± 50 (Cal. BC 1 σ: 1120-980,
Cal. BC 2 σ: 1210-910), es sugerente desde el
momento en que ninguna de sus calibraciones
baja del siglo X a.C. Pero ignoramos cuándo se
conformó el depósito y si esta cronología corres-
ponde con la fíbula.
4. ÚLTIMAS CONSIDERACIONES
Y CONCLUSIONES
Los nuevos hallazgos de fíbulas de codo “tipo
Huelva”, en la Península Ibérica, constituyen una
buena noticia. Hasta no hace muchos años, estas
fíbulas antiguas eran muy poco conocidas. Se res-
tringían, casi exclusivamente, a las documentadas
en el depósito de la Ría de Huelva y en la Subme-
seta norte. Muchas de las meseteñas eran aparicio-
nes esporádicas, en paradero desconocido, pero
reproducidas en publicaciones antiguas. A partir de
los setenta estos antiguos imperdibles incrementan
su número y dispersión regional en la Meseta,
Extremadura, Portugal, en especial en Andalucía
Oriental y, últimamente, en Galicia. Destaca su
ausencia en las áreas levantina, catalana y costera
andaluza, es decir, de toda la costa mediterránea.
Podríamos considerar esa casuística, a priori y sin
otras connotaciones, como algo “exclusivamente
accidental” (Fig. 5), a la espera de que posteriores
hallazgos amplíen la dispersión.
La investigación de ese mayor volumen cono-
cido de fíbulas no ha avanzado como hubiese
sido necesario o predecible, sino merced a saltos
de supuestos imposibles, desconocimiento de los
registros y valoraciones más o menos interesadas.
Aún nos quedamos, trascurridos más de cincuen-
ta años, con las aportaciones de los trabajos de
Almagro Basch. Se puede estar o no de acuerdo
con ellas, pero el alto horizonte de conocimiento
y la precisa documentación que expusieron, hoy
es cada vez más difícil de encontrar.
Las conclusiones que mostramos aquí a partir
de las nuevas fíbulas, especialmente de las refe-
ridas al “tipo Huelva” y de la lisa de las Agujetas,
no modican lo que venimos exponiendo desde
1985. Sí aportan, en cambio, un más detallado
conocimiento de su tipología y una mejor com-
prensión de su distribución regional. Un rápido y
sintético recorrido sobre ellas apoyará algunas
puntualizaciones, especialmente relacionadas con
sus orígenes y cronología.
Almagro Basch (1940a), en sus estudios pio-
neros sobre las fíbulas de codo de la Península
Ibérica, las consideraba los únicos objetos del
depósito de la Ría de Huelva que reejaban rela-
ciones directas con el Mediterráneo Central, ha-
ciéndolas derivar, ya más evolucionadas por su
decoración, de las formas sículas tardías de Cas-
sibile, con una fecha no anterior al 750 a.C. Opi-
naba que “los tipos sicilianos han hecho nacer,
desde luego, los modelos españoles, del que es el
más antiguo ejemplar el de Huelva, pero no es el
único, y de ninguna manera de la misma época
que sus precedentes sicilianos” (Almagro Basch
1940b: 3). En un posterior trabajo, insistía en
datar la totalidad del depósito onubense en el 750
a.C. por la aparición de estas fíbulas (Almagro
Basch 1957). Pero, cada vez más, fue sustituyen-
do los paralelos del Mediterráneo Central por los
de Chipre y Palestina, para justicar la presencia
de las fíbulas “tipo Huelva” en la Península Ibé-
rica, en relación con el comercio fenicio-chiprio-
ta. Primero, consideró el tipo de fíbula de Kourion
como precedente y origen directo de la de Huel-
va (Almagro Basch 1957). Posteriormente, la in-
terpretará como una variante provincial, derivada
del tipo Kourion-Megiddo, incluyendo otros pa-
326 Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz y Jesús Gámiz Jiménez
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ralelos cronológicos de más difícil liación como
las “de arco triangular con botón en el vértice del
ángulo, tipo Tamasos, Lindos, Egina...” (Almagro
1957: 36). Sus apreciaciones fueron coherentes
con su época, especialmente las referidas –con
matizaciones– a los paralelos orientales. Sus pa-
ralelos sículos, en nuestra opinión, no fueron tan
acertados, al referirse a su reconstrucción hipoté-
tica del ejemplar liso del depósito de la Ría de
Huelva, al que, siempre desde nuestra experien-
cia, se le atribuyó un puente totalmente asimétri-
co, como a algunas del “tipo Huelva”. La inves-
tigación ocial aceptó su cronología de mediados
del siglo VIII a.C. para ese depósito durante más
de cuarenta años. Solo en los últimos años ha sido
elevada de forma paulatina y con argumentos, en
ocasiones, poco más rmes que los suyos.
En resumen, estas fíbulas se fecharon a me-
diados del siglo VIII a.C., como productos exó-
genos o derivados de ellos; en última instancia
llegados, primero, desde el área insular italiana y,
después, desde Chipre y Palestina. Más tarde,
Hencken (1956, 1957), Birminghan (1963), Ber-
nabó Brea (1958, 1964-65), Guzzo (1969), entre
otros (Carrasco y Pachón, 2006a, 2006b, 2006c),
admitieron o matizaron las hipótesis de Almagro,
centrándose más que nada en la búsqueda de
paralelos en el Mediterráneo Central u Oriental y
datándolas entre los siglos IX, VIII e incluso X
a.C., casi siempre bajo la óptica de modelos di-
fusionistas y paralelos descontextualizados.
A partir de los años 1970, la investigación
sobre el tema bular sufre un cambio brusco.
Entran en escena las dataciones radiocarbónicas,
cuya interpretación ha dado lugar, como hemos
indicado en alguna ocasión (Carrasco y Pachón,
2006a), a la etapa de calibraciones y re-calibra-
ciones y, más recientemente, a una fase que de-
Fig. 5. Mapa de dispersión de las fíbulas “tipo Huelva”, más la lisa de Las Agujetas. Actualización 2011.
Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográcos 327
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nominamos de las “maderas viejas y jóvenes”. La
publicación de seis fechas C14, obtenidas a partir
de madera extraída de los regatones de algunas
lanzas del depósito onubense (Almagro-Gorbea
1978), sitúan la nueva cronología de las fíbulas
entre 880 y 850 a.C.; es decir, en el siglo IX a.C.
Como esta cronología parecía coincidir con los
presupuestos de la investigación de la época, se
asignó, sucesivamente, a los posteriores hallazgos
broncíneos en la Península Ibérica, que guarda-
ban alguna similitud con los metales recuperados
en la Ría de Huelva. Nunca llegó a plantearse, si
todos se enmarcaban en esa cronología, si se
correspondía con la fecha del “hundimiento del
barco”, o si encajaba mejor con los objetos más
tardíos del depósito.
Poco después, y oportunamente, Fernández-
Miranda y Ruiz-Gálvez (1980) intentaron reorde-
nar el contexto cultural del depósito onubense
con estas dataciones absolutas, pero su lectura del
problema fue incorrecta. Se basaron, especial-
mente, en paralelos de fíbulas francesas que poco,
o nada, compartían con las de “tipo Huelva” y
cuyas fechas absolutas provenían de la extrapo-
lación de otros referentes y alejados lugares de
hábitat. En apoyo de los inicios del siglo IX, re-
currieron a la fecha corta del 870 a.C., obtenida
para una fíbula “tipo Huelva” en San Román de
Hornija (Delibes 1981).
En 1985 tuvimos la oportunidad de contextua-
lizar en el Cerro de la Miel una fíbula de codo
“tipo Huelva”, junto a una extraordinaria espada
de lengua de carpa (Carrasco et al. 1985). Posi-
blemente, constituye el mejor conjunto en su es-
pecie; pero, por desgracia, la datación por prime-
ra vez de estos elementos broncíneos, entre el
siglo XI y principios del X a.C., rompía con los
esquemas cronológicos de la época. El mayor
problema fue la desviación típica muy alta de la
datación absoluta por C14 convencional, obteni-
da por el laboratorio de la Universidad de Grana-
da. Sin ella esa fecha habría sobrepasado el si-
glo XI como indicaba el conjunto cerámico
acompañante, a medio camino entre el Bronce
Tardío y el Bronce Final Antiguo. Pese a las crí-
ticas de los primeros momentos, esta fecha anti-
gua se ha venido asumiendo e imponiendo.
Sin embargo, Ruiz-Gálvez, especialmente en
sus investigaciones relativas al depósito onuben-
se (Ruiz-Gálvez 1995), –a nuestro entender– con-
fundió nuestras disquisiciones tipológicas-crono-
lógicas sobre la fíbula y espada del Cerro de la
Miel. Esta investigadora inicia la verdadera fase
que denominamos de “calibraciones y re-calibra-
ciones”. Justica la cronología del siglo XI a.C.
a partir de una visión, ya criticada en detalle
(Carrasco y Pachón 2006c), que combina calibra-
ciones realizadas sobre dataciones de la Ría de
Huelva, San Román y Cerro de la Miel, y com-
paraciones entre una globalidad de fíbulas de ti-
pología y ambientes muy diversos. Resaltaremos
aquí que Ruiz Gálvez ofreció una insuciente
versión del estudio de Almagro Basch, realizado
hace más de cincuenta años. Pero las investiga-
ciones posteriores de Celestino y Torres muestran
que Ruiz-Gálvez ha creado escuela en el mundo
de las fíbulas antiguas peninsulares, aunque con
resultados discutibles.
Otras investigaciones han ofrecido visiones
bastante más coherentes. Coincidimos en parte
con las posibilidades que abre Mederos (1996),
al fechar alguna de las fíbulas “tipo Huelva” en
los siglos XII/XI a.C., así como que se extendie-
ran durante los siglos X-IX a.C. con los contactos
pre-coloniales desde la Península Ibérica hasta
ciertos ambientes del Mediterráneo Oriental. No
estamos muy de acuerdo con el ejemplo particu-
lar de la fíbula de la tumba 523 de la necrópolis
chipriota de Amathus, aducido por Mederos (Ca-
rrasco y Pachón 2006a y c), pero ello no quita
relevancia a la opinión del autor.
Las décadas de 1990 y 2000 están marcadas
por el conocimiento de nuevos hallazgos bula-
res, los trabajos comentados de Celestino (2001)
y Torres (2002) y nuestros propios análisis sobre
aspectos concretos de las fíbulas “tipo Huelva”
(Carrasco y Pachón 2006a, b, c), como el tipo
bular y su secuencia evolutiva, su cronología y
la problemática sobre el origen oriental de estos
imperdibles. Tras estos estudios, importantes para
la comprensión global de este tipo de fíbulas,
entraríamos en lo que denominamos etapa de las
“maderas viejas y jóvenes”, por la valoración que
se hace de las muestras empleadas para la data-
ción por C14, iniciada con la reciente aportación
de Torres (2008) y de la que hemos tratado as-
pectos puntuales.
De las reexiones y puntualizaciones previas
extraeríamos una serie de conclusiones generales:
es evidente la ayuda de las nuevas fíbulas de codo
“tipo Huelva” para denir mejor el tipo y su dis-
tribución espacial; cuantos más ejemplares se co-
nozcan, más consistencia tendrá la forma y pos-
terior evolución del tipo. El registro actual de
328 Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero Ruiz y Jesús Gámiz Jiménez
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estas fíbulas sensu stricto en la Península Ibérica
estaría compuesto por treinta y un ejemplares:
diez se localizaron en la provincia de Huelva
(nueve en el depósito de la Ría de Huelva y una
de la colección particular de Valverde del Cami-
no), doce en la provincia de Granada, cinco en la
Meseta, dos en Extremadura, una en Galicia y
otra en Portugal. Fuera de la Península Ibérica, el
único ejemplar el a los parámetros que hemos
expuesto para el “tipo Huelva” se localiza en la
necrópolis israelita de Achziv (Mazar 2004: g.
28.1), aunque también incluimos en el mapa de
dispersión (Fig. 5) la procedente de la sepultura
523 de Amathus, Chipre, con menos anidades.
Es decir, que la fíbula “tipo Huelva” está repre-
sentada por 33 ejemplares, ninguno salido de un
mismo molde, lo que le proporciona suciente
entidad y personalidad propia. Su amplia disper-
sión en la Península Ibérica, siendo prácticamen-
te nula fuera de ella, permite considerarla una
forma original peninsular sin claras deudas exó-
genas. Y si las hubiese, no serían –precisamente–
propias de ambientes sículos.
Su distribución, contextualización y caracte-
rísticas morfométricas dan prioridad cronológica
a algunos ambientes interiores de la Alta Andalu-
cía. No se documenta en las áreas costeras, ya
que desconocemos de dónde procede, en realidad,
el conjunto del depósito de la Ría de Huelva. Los
resultados de procedencia del metal con isótopos
de plomo, de algunas de sus espadas y lanzas
(Montero et al. 2007), apuntan a otros posibles
ámbitos andaluces e incluso meseteños o extre-
meños (1). La fíbula “tipo Huelva” pudo aparecer
en el siglo XII a.C., pero con unas pervivencias
durante el IX, llegando, incluso, hasta principios
del VIII a.C. Durante sus cuatro o cinco siglos de
vigencia, el tipo pudo evolucionar, como hemos
propuesto, dando lugar a formas similares pero
no idénticas. Los ejemplares de El Coronil, Mon-
dim da Beira, etc. podrían derivar de la forma
original, a tenor de sus decoraciones con fajas
incisas en los brazos, que recuerdan las del “tipo
(1) Recientemente se han analizado por isótopos cuatro
botones y tres fíbulas de codo del depósito, dentro del proyecto
bilateral CSIC (2010RU0086), Fundación Presidente de Rusia
para la Investigación Fundamental (Proyecto RFBR n.º 11-06-
93979): Provincias metalúrgicas Euroasiáticas y Europeas del
II milenio a.n.e.: investigación de sus interacciones a partir de
métodos cientíco-naturales. Los resultados conrman, al igual
que los análisis previos, una procedencia del metal fuera del
área onubense.
Huelva”, pero sin los resaltes y desarrollos de las
fajas que estas tienen en origen, por lo que no
pueden considerarse como tales, aunque hayamos
tenido alguna opinión dudosa al respecto.
Fuera de la Península Ibérica, la serie chiprio-
ta, bien estudiada por Buchholz (1985) y mejor
documentada por Giesen (2001), es la más pare-
cida. El ejemplar de Kourion podría haber inspi-
rado el “tipo Huelva”. El resto de ejemplares son
más evolucionados, a juzgar por su morfometría,
tipología e incluso cronología. Las fíbulas orien-
tales, especialmente chipriotas, incluida la cono-
cida de la tumba 523 de Amathus, al igual que las
de las tumbas 229, 243 y 13, guardan evidentes
similitudes con las occidentales, pero no proceden
de talleres hispanos y no justicarían contactos
“pre-coloniales”. En el área palestina israelí, la
fíbula de Samaria-Sebarte y especialmente la de
Megiddo VA, propuesta por Torres (2008: 83),
para justicar intercambios con el Mediterráneo
Oriental, en nuestra opinión tampoco procederían
de la Península Ibérica. La única fíbula, como
hemos indicado, que puede encajar en las pautas
de desarrollo y taxonomía tipológica de las fíbulas
ibéricas es la israelita de Achziv, en un momento
(siglo X a.C.) en que ya estaba conformado el
“tipo Huelva” en la Península (Carrasco y Pachón
2006a). Es factible justicar su presencia en terri-
torio israelí por los intercambios comerciales e
inuencias mutuas que debieron existir precoz-
mente entre ámbitos del Mediterráneo Oriental y
la Península Ibérica, aunque todavía no seamos
capaces de responder la cuestión de si se exportó
la fíbula en sí o fue la idea del modelo.
La fíbula lisa del Cerro de las Agujetas, idén-
tica a la localizada por Almagro Basch en el de-
pósito de la Ría de Huelva, poco o nada tiene que
ver con ambientes sículos y bajo ningún supues-
to constituye el origen paradigmático de las del
tipo Huelva.
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... En cuanto a las piezas pertenecientes a la indumentaria o vestimenta, parece pertinente mencionar por su condición de objetos de prestigio o estatus, las fíbulas de codo (una última revisión en Carrasco et al., 2012), los botones, los dos broches de cinturón de un garfio y las seis piezas de bronce identificadas tradicionalmente como torques con remates cónicos, aunque se ha puesto en duda tal identificación, pudiéndose tratar de elementos de aplique (Ruiz-Gálvez, 1995a, 225). En este apartado, sería interesante definir con precisión ante qué tipo de objetos estamos, puesto que los torques representan elementos de decoración de indudable valor étnico y estatus social, como puede certificarse en el mudo céltico. ...
Article
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En este artículo se revisan los diversos hallazgos fluviales recuperados durante el siglo pasado en la ría de Huelva. Se analiza el contexto geográfico, las circunstancias de tales hallazgos, los tipos de artefactos, sus cronologías y simbolismo. Se estudian también las diferentes hipótesis que se han vertido acerca de los motivos de su deposición, para concluir que el estuario onubense representa un lugar de memoria en el que fueron amortizados un conjunto de depósitos votivos de larga duración, como se testifica desde el Bronce Final en numerosos territorios europeos.
... These might include the itineraries (Hahn and Weiss 2013) or life cycles ; Blanco-González 2014) of such 'mobile things' in space and time, exploring their particular recontextualization and eventual abandonment (Bradley 2002;Hingley 2009), or the different multilayered temporalities of these items (Lucas 2005;Hodder 2012, 98-102). Nonetheless, for the time being there is scope for advocating the engagement of Bronze Age people with items spatio-temporally detached from their original contexts, often in an incomplete state, including partial metallic artifacts (see Delibes et al. 1995, Carrasco et al. 2012) and also sherds. These things might have accrued transient meanings depending on their particular biographies. ...
... XI d.C., cuando el sitio se abandonaría totalmente. Volviendo a los orígenes, el lugar destacó a fines de la Prehistoria, por el desarrollo de un horizonte económi- co metalúrgico pre-fenicio, pero de claro carácter pre-colonial, que pudo fabricar espadas broncíneas de lengua de carpa, así como fíbulas de codo tipo Huelva (figura 1) ( Carrasco et al. 2012), Monachil y "pivote", de clara raíz hispana (), pero que acabó intercambiándose en el extremo oriental mediterráneo, como prueba el hallazgo de una fíbula similar en una tumba familiar de Achziv, Israel, de los siglos X-IX a.C. Los talleres metalúrgicos de esos productos ocuparon espacios funcionales del propio yacimiento, según hallazgos del muy cercano Cerro de la Miel (c 350 m), a occidente de la Mora, con hornos ( Fig. 1) donde se hallaron crisoles de fundición, en un sitio que cuenta con dataciones absolutas que remiten al siglo XIII (cal. ...
... Se extrajo con un interesante conjunto metálico del Bronce Final, asociado a la Cabaña 25 (Urbina y García, 2010). Esta exuberante e incompleta fíbula, clasificada entre las de puente asimétrico o codo descentrado, la fechamos a mediados del s. x a. C. (Carrasco et al., 2012), confirmándolo las dataciones publicadas posteriormente (Urbina y García, 2013 ), con paralelos en los ejemplares de El Cerro de la Muralla en Alcántara, Cáceres (Esteban, 1988) y Museo de Valencia (Almagro, 1957Almagro, y 1966a ), a los que añadiríamos el portugués de Porto do Concelho (Jalhay, 1944; Ávila, 2000: fig. 23, 20y Bottaini, 2012: 189, fig. ...
Article
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Due to the complexity of the archaic elbow fibulae of the Iberian Peninsula, our work traits to organize the pivot group. First, its mechanics and conceptualization are defined precisely. Later, an analysis of the previous known facts is done, taking into account its cultural ascription, its chronology, its territorial distribution, its morphology and its technology. This analysis is made with the idea of advancing a viable typologic organisation. To realise the work some representative fibulae are considered, especially those more relevant. The criteria used to select these are its contextualization, its metalic composition, internal relation and time and space characteristics. There are no references to fibulae from out of the Peninsula. The main conclusion of the article is that these pieces are older than what was though in the traditional interpretations.
... For the time being there is scope for advocating the engagement of Bronze Age people with spatiotemporally detached items, often in an incomplete state, including partial metallic artifacts (e.g. Delibes et al. 1995, Carrasco et al. 2012) but also sherds. These fragmentary things might have accrued transient meanings depending on their particular biographies. ...
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This essay draws on the oral paper presented at the CinBA Conference "Creativity and Craft Production in Middle and Late BA Europe" held at the University of Cambridge in April 2013. The chapter addresses the striking decorative similarities between disconnected Early Neolithic, Bell Beaker and Bronze Age ceramics in central Iberia (e.g., the deployment of the stab-and-drag technique, the design of similar geometric motifs, the massive smearing of white paste). Instead of contending a strict contituity of pottery traditions or a mere coincidence, these ornamental resemblances are regarded here as idiosynchratic creative choices. In fact, the copy of such ornamental features by BA potters were facilitated by the occasional encounter of extinct or distant items (e.g. Neolithic and Beaker potsherds). Thus, this case study may be tackled from what Hodder (1998) called associational creativity, a social process of fitting improvisations into received and formalised ways of doing things. The paper posits a fresh framework covering the manifold inspirational streams used by these Bronze Age craftspeople in contextually specific ways, drawing upon these alien, esoteric or otherworldly potteries.
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Cambridge Core - Archaeology of Asia, Sub-Saharan Africa and The Pacific - The Worlds of the Indian Ocean - by Philippe Beaujard
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En abril de 1961, apareció un cuenco de bronce con tres torques de oro en Berzocana (Cáceres, Extremadura, España). Años más tarde, al analizarlo, se comparó con un grupo de cuencos encontrados en Canaán y Chipre y se llegó a la conclusión de que este cuenco era una importación del Mediterráneo Oriental. Este artículo analiza treinta y siete cuencos de bronce comparables encontrados en dieciséis lugares del Mediterráneo Oriental, gobernados por diferentes pueblos. ¿Cuál de estos pueblos fabricó el cuenco de Berzocana? ¿Por qué lo exportaron a la Península Ibérica? ¿De qué puerto del Mediterráneo Oriental podría haber partido? ¿Cómo apareció el cuenco en Extremadura? ¿Cuándo fueron enterrados estos objetos y por quién? ¿Cómo terminaron el cuenco y los tres torques en el lugar donde fueron encontrados? Se formulan ciertas hipótesis para recrear posibles escenarios históricos que respondan a estas y otras preguntas y se concluye que los autores de la fabricación y del transporte del cuenco de Berzocana hasta Extremadura fueron los Tjeker, uno de los componentes de los Pueblos del Mar de origen Egeo, establecidos en Canaán y Chipre a fines del siglo XIII a.C. o a principios del XII a.C.
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Changes in manly aesthetics and in cooking and eating fashions occurred in the Mediterranean Bronze age/Iron Age transition. These changes are rooted in the ideology of the Patrimonial Kingdom, typical of the Near East Ethnic States and in the Symbol of the King as People's Shepherd.
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Here we present the results of the preliminary study carried out on a new group of metallic materials of the Final Bronze Age, recovered at the end of 2008 in the archaeological excavations at the settlement of Las Lunas (Yuncler, Toledo, Spain). Its geographical situation far away from the main zones of distribution of this type of finds, the singularity of the materials, and the evidence of Atlantic and Mediterranean relations make these materials a remarkable sample for the study of the Final Bronze Age in the centre of the Iberian Peninsula.
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Se presentan nuevos resultados de análisis de Isótopos de Plomo de muestras procedentes de armas de bronce binario de distinta tipología de El Depósito de la Ría de Huelva. Esos resultados son confrontados con los datos de isótopos de plomo actualmente disponibles de mineralizaciones tanto de ámbito local (Zona Sud-Portuguesa), como de ámbito regional (Ossa-Morena, Alcudia, Los Pedroches, Linares-La Carolina…) y mediterráneo (Cerdeña). La confrontación muestra un origen diversificado del metal utilizado en las armas, la exclusión de utilización de fuentes locales y la consistencia con fuentes concretas de recursos minerales de ámbitos regionales y mediterráneos. New Lead Isotope results are presented from samples taken from binary bronze weapons of different typology from the Ría de Huelva Hoard. These results are confronted with the lead isotope data available from local (Sud-Portuguese Zone), regional (Ossa-Morena, Alcudia, Los Pedroches, Linares-La Carolina…) and Mediterranean (Sardinia) mineralizations. The comparison shows a diverse origin of the metal used for the weapons, the exclusion of the use of local mineral resources and the consistency with particular mineral deposits of regional and Mediterranean areas
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ABSTRACT This work suposses the combined summary of all the discoveries of elbow fibulae thatthey have taken places in the county of Granada. Dice to know partially in diverse scientificpublications, their conjunction evidences the interest of these metallurgic productions of thepeculiarity of their technical metallurgy, they illustrate a local production of marked personalitythat doesn’t have comparison. The developed analysis defends a position that separates previousinterpretive hipothesis that accentuated the value of the atlantic or mediterranean componentin front of the indigenous world. In sum, the panorama that now is draw it returns theprotagonism to the local societies, breaking the ballast of a negative valuation that made of the post-argaric world in Iberia a decadent and late society before the developed externalperiphery. Key words: goods of prestige, arsenical brass, Late Bronze Age, elbow fibulae, delayingmetallurgy and metalurgist workshop.
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ABSTRACT An interesting Iberian spur made in bronze has been found in the province of Granada inthe site of Las Agujetas. Unknown previously in this area the spur, together with other archaeological materials, allows us to a better understanding of the archeologycal secuencesof the site and their relationships with other neighbour settlements like Cerro de los Infantes.Military and specially funerary functions can be considered the main activities carried out inthis area during the first millennium b.C. Key Words: spur, phibula of Alcores type, fortification, secondary settlement, atica kylix.
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Con el presente artículo damos a conocer dos nuevas piezas; una espada de lengua de carpa y una estela de guerrero, ambas pertenecientes al bronce final. Pero quizás lo más significativo sea la ampliación territorial de este tipo de hallazgos, y más aun cuando esto sucede en zonas, donde este horizonte cultural esta vagamente conocido, abriendo con ello nuevas perspectivas de estudio