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Las contribuciones científicas de Francisco Latzina

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En el presente trabajo presentamos un bosquejo de las contribuciones científicas de Francisco Latzina (1843-1922). Periodista, astrónomo, cartógrafo y matemático dedicado a la estadística, la obra de Latzina es vastísima y variada. En la misma existe, sin embargo, un denominador común, una intención que se trasunta en todo su trabajo: a través de la ciencia, coadyuvar a la conformación de la Nación Argentina. En el pensamiento de Latzina ésta se entiende tanto como una entidad territorial en la que habitan seres humanos con determinadas características, como en la forma de una idea operante en el imaginario simbólico de sus habitantes.
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… La revista aspira a ser un vínculo de unión entre
los trabajadores cientícos que cultivan disciplinas
diversas y órgano de expresión de todos aquellos que
sientan la inquietud del progreso cientíco y de su
aplicación para el bien.
Bernardo A. Houssay
LUIS FEDERICO LELOIR
Premio Nobel de
Química 1970
Estructura de nucleótido-
azúcares y lípido-azúcares
SUMARIO
EDITORIAL
ARTICULOS
Cultura y Enseñanza de las Ciencias.
Marcelo J. Vernengo ................................................................... 3
LUIS FEDERICO LELOIR
La nobleza de un Nobel.
Claudia Mazzeo .......................................................................... 5
LUIS FEDERICO LELOIR
“No existen problemas agotados. Solo hay hombres agotados por
los problemas”.
Alberto Baldi .............................................................................. 8
Conferencia Nobel
Dos décadas de investigación en la biosíntesis de Sacáridos.
Luis Federico Leloir .................................................................... 11
Nobel Lecture
Two decades of research on the biosynthesis of saccharides.
Luis Federico Leloir ................................................................... 17
Las contribuciones cientícas de Francisco Latzina
Jorge N. Cornejo , Haydée Santilli ............................................. 25
La gobernanza de los clusters desde una mirada pluralista del
Estado en un contexto globalizado
Ana M. Marsanasco, Pablo S. García ......................................... 33
La delicada situación de los sistemas de arrecifes rocosos en la
Patagonia norte
Leonardo A. Venerus .................................................................. 38
ANUNCIOS Y NOTAS DE INTERÉS............................................ 54
INSTRUCCIONES PARA AUTORES ............................................ 55
TOMO 60 Nº3
2010
EDITOR RESPONSABLE
Asociación Argentina para el
Progreso de las Ciencias (AAPC)
COMITÉ EDITORIAL
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Dr. Alberto Baldi
Dr. Marcelo Vernengo
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Dr. Claudio Párica
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CIENCIA E
INVESTIGACIÓN
Primera Revista Argentina
de información cientíca.
Fundada en enero de 1945.
Es el órgano ocial de difusión de
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Progreso de las Ciencias.
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(C1014AAE) Ciudad Autónoma
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Ciencia e Investigación se
edita on line en la página web
de la Asociación Argentina
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Sociedad Argentina de Cardiología
Sociedad Argentina de Farmacología Experimental
Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica
Sociedad Argentina de Investigación Clínica
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Miembros Fundadores
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Dr. Horacio Damianovich – Dr. Venancio Deulofeu – Dr. Pedro I. Elizalde
Ing. Lorenzo R. Parodi – Sr. Carlos A. Silva – Dr. Alfredo Sordelli - Dr. Juan C. Vignaux
Dr. Adolfo T. Williams – Dr. Enrique V. Zappi
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(C1014AAE) Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
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Asociación Argentinata para
el Progreso de la Ciencias
EDITORIAL
Cultura y Enseñanza
de las Ciencias
Marcelo J. Vernengo
vernengo@ub.edu.ar
En su famosa Conferencia de 1959 en Cambridge (“Las Dos Culturas”), C.P. Snow, el fí-
sico y novelista inglés, hacía mención al abismo que se había abierto entre el ámbito de
la cultura en general (incluyendo las artes, la literatura y las ciencias humanas y sociales)
y el campo de las ciencias experimentales y fácticas. Por un lado, habría humanistas
analfabetos en cuestiones cientícas y, por otro, cientícos analfabetos en el campo de la
cultura. En su criterio el mundo de la cultura sus adeptos eran prácticamente indiferentes
o ignorantes de los principios cientícos más básicos pero, a su vez, Snow presentaba a
los cientícos como desinteresados en las consecuencias sociales de los resultados de sus
investigaciones y como “indiferentes a las cuestiones que se extendían más allá del campo
área de la ciencia empírica”.
Estos juicios que parecen ser tan terminantes tienen, sin embargo, un grado de validez
bastante grande y lo que armaba Snow en 1959 sigue siendo válido porque la sociedad
continúa, en gran medida, ignorando las bases conceptuales del desarrollo cientíco y
tecnológico y las consecuencias que este desarrollo puede tener sobre la vida de las
personas y el futuro del planeta. Es frecuente ver en los medios de comunicación social,
informaciones y comentarios que no se ajustan a las interpretaciones más correctas y me-
didas de los avances cientícos y tecnológicos más recientes. Esto inuye sobre la manera
con que la gente adopta posiciones personales y grupales sobre diversos asuntos que se
resuelven, muchas veces, mediante decisiones políticas.
Lo anterior se reere al problema social del “anafalbetismo cientíco” que es una con-
secuencia de la ausencia de mecanismos apropiados de educación cientíca tanto en el
sistema formal de la enseñanza como en la forma de trasmisión informal de los conoci-
mientos cientícos. En el área educativa, especialmente a nivel de la Educación Superior,
ha sido permanente el debate entre los proponentes de una educación general y acadé-
mica y los que favorecen una educación especializada y profesionalizada. En los países
anglosajones ha sido el debate entre la “educación liberal” y la “educación vocacional”.
En las recientes Conferencias Internacionales sobre Educación Superior, realizadas bajo
el auspicio de la UNESCO se ha manifestado el interés en que “las instituciones de educa-
ción superior, a través de sus funciones de docencia, investigación y extensión, desarrolla-
das en contextos de autonomía institucional y libertad académica, deberían incrementar
su mirada interdisciplinaria y promover el pensamiento crítico y la ciudadanía activa, lo
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
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cual contribuye al logro del desarrollo sustentable, la paz, el bienestar y el desarrollo, y los
derechos humanos, incluyendo la equidad de género”.
Se trata de un ideal humanista que ha existido siempre, desde la antigüedad, en las di-
versas formas en que se ha desarrollado la Educación Superior en la historia pero que, des-
de la aparición de las universidades en el Siglo XII y particularmente desde el advenimiento
de las universidades de investigación en el Siglo XIX y la creación posterior de numerosas
carreras profesionales, han provocado grandes disyuntivas a los educadores en todos los
niveles de la educación formal porque no se trata sólo de un problema de la Educación
Superior sino también de toda la educación desde el primer nivel del sistema educativo.
Un problema global del sistema educativo es la marcada disminución de los interesados
en seguir carreras vinculadas con las ciencias empíricas. Hay muchas razones que provo-
can esta situación. Entre todas ellas, que no cabe mencionar en este escrito, se destacan
las falencias de la enseñanza de las ciencias en el nivel primario y secundario con una
tendencia al enciclopedismo informativo, a la fragmentación del conocimiento cientíco
del universo y a impartir ese conocimiento de una forma casi dogmática muy alejada de la
forma en que se produce y se desarrolla ese conocimiento.
Existe un desconocimiento casi total sobre las formas de funcionamiento del sistema
cientíco y de la metodología empleada así como de los debates y discrepancias que con
frecuencia ocurren entre cientícos. Aunque no fue así durante toda la historia de la hu-
manidad, en la actualidad, los avances tecnológicos se basan casi exclusivamente en co-
nocimientos cientícos previamente desarrollados. Se ha acortado el tiempo que demanda
transformar un avance cientíco en una aplicación tecnológica y que ésta sea rápidamente
transferida a la sociedad y utilizada con amplitud en el mercado global en que actualmente
vivimos.
Se dice que vivimos la “sociedad del conocimiento” pero ¿será cierto que la vivimos,
cuando no hemos conseguido aún desarrollar un sistema educativo tanto formal como
informal que haga posible que la mayoría de las personas tenga un conocimiento más o
menos correcto de estos avances cientícos y tecnológicos?
Uno de los propósitos de Ciencia e Investigación es colocar al alcance de sus lectores
algunas de estas cosas en un lenguaje que no sea el esotérico de los practicantes de las
ciencias empiricas de modo de ponerlas al alcance de los interesados en el desarrollo de
estas ciencias en nuestro país.
Claudia Mazzeo
PROGRAMA DE DIVULGACIÓN
CIENTÍFICA Y TÉCNICA DE LA
FUNDACIÓN INSTITUTO LELOIR
cmazzeo@leloir.org.ar
LUIS FEDERICO LELOIR
La nobleza de un Nobel*.
Lucho, para sus allegados, “el
dire” para sus discípulos, había
nacido en Paris, a pocas cuadras
del Arco de Triunfo, durante un
viaje que realizó su familia para
atender la salud de su padre, Fe-
derico Leloir, un abogado que
nunca ejerció la profesión. Tanto
su padre como su madre, Horten-
sia Aguirre Herrera, eran argenti-
nos nativos de varias generacio-
nes, por lo que la nacionalidad de
Luis Federico nunca fue puesta en
duda.
De acuerdo con Carlos Alberto
Nachón, autor de “Luis Federico
Leloir, Premio Nobel de Química
1970, (Ensayo de una biografía)”,
los Leloir descendían del primer
cónsul francés en las Provincias
Unidas y por la rama materna, de
Sáenz Valiente y Pueyrredón. Por
parte de su madre, Luis Federico
Leloir descendía de don Manuel
Hermenegildo de Aguirre, funcio-
nario del gobierno argentino en
los Estados Unidos, que ganó pro-
tagonismo en el reconocimiento
de la independencia del gobierno
de Buenos Aires, en 1817.
“La madre de Leloir, Aguirre,
era hermana de la madre de dos
personas que hicieron mucho por
la cultura argentina; me reero
a las escritoras Victoria y Silvina
Ocampo, la primera de ellas fun-
dadora de Sur, una revista litera-
ria que fue señera en la cultura
del Cono Sur. Luis F. Leloir y las
hermanas Ocampo eran, enton-
ces, primos hermanos”, comenta
el doctor Armando Parodi, actual
Director investigador del Instituto
Leloir, y discípulo del Nobel.
Luis Federico era el menor de
nueve hermanos y se dice que
aprendió a leer solo, quizá como
resultado de “pasar largas horas
sentado en el suelo, con el diario
La Nación entre las manos”, sos-
tiene Nachón.
A pesar de que su familia via-
jaba con frecuencia a Europa,
completó sus estudios primarios
en Buenos Aires, en la escuela es-
tatal Catedral al Norte, en la calle
San Martín, y cursó luego su se-
cundaria en tres establecimientos
diferentes, los colegios Lacordaire
y del Salvador, en la ciudad de
Buenos Aires, y el Colegio Beau-
mont, en Inglaterra.
Si bien su vocación por la in-
vestigación cientíca siempre
estuvo latente, no la abrazó por
completo sino hasta después de
estudiar arquitectura durante al-
gunos meses en el Instituto Po-
litécnico de París, y recibirse de
médico en la Universidad de Bue-
nos Aires (UBA), en 1932.
Dos años de trabajo en el
Hospital de Clínicas fueron su-
cientes para imprimirle un nuevo
giro a su carrera. “Nunca estuve
satisfecho con lo que hacía por
los pacientes”, relata Leloir, en un
breve ensayo autobiográco que
escribió en 1982. “El tratamiento
médico en esos días era un poco
mejor que aquel ejemplicado
en el cuento francés en el cual el
doctor ordenaba: “Hoy vamos a
sangrar a todos los que se encuen-
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
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tran del lado izquierdo de la sala
y vamos a dar un purgante a todos
los del lado derecho”.
Con la convicción de que era
menester comprender mejor los
procesos biológicos, se inició de
pleno en la investigación, en el
Instituto de Fisiología de la Facul-
tad de Medicina de la UBA que
dirigía el doctor Bernardo Hous-
say. Leloir ingresó allí como ayu-
dante de investigaciones honora-
rio, y con Houssay como director
de tesis doctoral, hizo sus prime-
ros experimentos, estudiando el
papel de las suprarrenales en el
metabolismo de los hidratos de
carbono. La misma fue premiada
en la Facultad como la mejor del
año.
“Fue un gran privilegio estar
asociado con Houssay. El era ex-
traordinariamente excepcional y
trabajó muy duro tratando de mo-
dernizar la enseñanza de la medi-
cina y dirigiendo estudiantes (…).
A veces sus esfuerzos tenían gran
éxito, pero en otras ocasiones el
gobierno estaba en su contra de-
bido a la forma abierta de expre-
sarse y a sus ideas liberales”, opi-
naba Leloir.
Al nalizar su tesis, Leloir tra-
bajó un año en el Laboratorio de
Bioquímica de la Universidad de
Cambridge que dirigía otro Pre-
mio Nobel, Sir Frederick Gowland
Hopkins. A su regreso a Buenos
Aires, volvió al Instituto de Fisio-
logía, en donde obtuvo notables
avances en el estudio de la oxida-
ción de ácidos grasos y del meca-
nismo de la hipertensión arterial.
Pero en 1943, la adhesión de
Houssay a una carta rmada por
numerosas personalidades que
pedía “normalización constitu-
cional, democracia efectiva y so-
lidaridad americana”, signicó su
despido. Houssay quedó cesante
y la mayoría de los integrantes del
Instituto de Fisiología lo apoyó
con su renuncia.
Ante la perspectiva de pasar
años sin poder investigar, Leloir
decidió viajar a los Estados Uni-
dos, donde trabajó en el labora-
torio de los esposos Carl y Gert
Cori, quienes recibieron el Pre-
mio Nobel en Medicina junto
con Houssay en Saint Louis, y en
la Universidad de Columbia, en
Nueva York. Durante ese viaje,
matizó el trabajo con su luna de
miel, se había casado con Ame-
lia Zuberbühler, su compañera de
toda la vida, con quien años des-
pués tuvo una hija, Amelita.
A poco de regresar al país,
Houssay le propuso dirigir el Ins-
tituto de Investigaciones Bioquí-
micas-Fundación Campomar (en
la actualidad, Fundación Instituto
Leloir), creado el 7 de noviembre
1947. El primer grupo de investi-
gación que se desempeñó en el
Instituto –que en los inicios fun-
cionó en una vieja casona ubica-
da en Julián Álvarez 1917, en la
ciudad de Buenos Aires– estuvo
integrado por los doctores Car-
los Eugenio Cardini, Ranwell Ca-
putto, Alejandro Paladini y Raúl
Trucco, además del mismo Leloir.
Luego se sumaron otras guras,
como el doctor Enrico Cabib.
La ayuda económica que
brindó el empresario textil Jaime
Campomar resultó crucial para la
puesta en marcha y el funciona-
miento del Instituto, pero en 1956
su muerte los dejó sin recursos.
Leloir recibió interesantes ofre-
cimientos de la Universidad de
Harvard, para emigrar a los Esta-
dos Unidos pero prerió quedarse
y continuar trabajando en su país.
“Antes de dispersarnos juga-
mos nuestra última carta y pedi-
mos un subsidio al Instituto Na-
cional de la Salud de los Estados
Unidos. Teníamos pocas esperan-
zas, pero para nuestro asombro,
la subvención fue aprobada. (…)
Creíamos importante seguir con la
investigación en el país y en esos
tiempos el gobierno no se intere-
saba en lo más mínimo”.
Hacia nes de 1983, y tras
ocupar una segunda sede, el Ins-
tituto de Biología y Medicina Ex-
perimental, ubicado en Vuelta de
Obligado y Monroe, La fundación
Campomar pudo mudarse a sus
actuales instalaciones frente al
Parque Centenario. El predio fue
cedido por la entonces Municipa-
lidad de la Ciudad de Buenos Ai-
res, y el nuevo edicio fue cons-
truido gracias a la ayuda nancie-
ra de la comunidad.
El noble de la mesa redonda:
El doctor Alejandro Paladi-
ni, que fuera su primer becario y
mantuvo una estrcha relación con
Leloir a lo largo de 40 años, re-
cuerda que “Lucho” llegaba en su
auto, un Ford de dos puertas que
a menudo manejaba su esposa,
y descendía siempre cargado: su
comida, las revistas cientícas lle-
gadas a su casa y canastos llenos
de frascos de todo tipo que la fa-
milia juntaba para usar en el la-
boratorio.
Autor del libro “Leloir una
mente brillante” publicado en el
2007 por EUDEBA, Paladini, evo-
ca el humor de Leloir.
“Tenía un gran sentido del hu-
mor, sano, amable, no ofensivo.
Decía que la explosión, el efecto
del humor se logra cuando se cru-
zan dos ideas que aparentemente
no están relacionadas entre sí”.
“Siempre le gustó ponerle so-
brenombres jocosos a las cosas.
A un cierto solvente muy usado le
tocó en suerte ser envasado en un
frasco que tenía grabado el nom-
bre de la loción original, Flor de
Loto. Durante años todo el mun-
7
LUIS FEDERICO LELOIR La nobleza de un Nobel
do lo designó así”, dice Paladini.
A otra sustancia la bautizó con el
nombre de “pegabolitasa”, ya que
servía para dar cohesión a unas
estructuras que tenían el aspecto
de bolitas.
Sus discípulos recuerdan que
nunca quiso tener un escritorio,
una ocina, un lugar propio. Más
aún, el salón de reuniones de la
sede actual del Instituto Leloir
tiene una enorme mesa redonda
como protagonista, que según di-
cen, la hizo construir el “dire” de
modo que nunca pudo ocupar la
cabecera.
Recibía a quienes iban a visi-
tarlo al lado de su mesa de tra-
bajo. “Cuando no estaba muy
seguro de cuanto tiempo iba a
demorarse el visitante, se llevaba
un timer cuyo timbre le servía de
pretexto para dar por nalizada la
reunión, rememora Paladini. “De-
cía que tenía que ir a retirar un
experimento, para volver rápido a
sus ocupaciones”.
“Leloir era extremadamente
ordenado. Había estudiado en
su laboratorio como podía hacer
sus experimentos con el menor
esfuerzo y evitando los desplaza-
mientos inútiles, de tal modo que
los realizaba en forma pausada,
pero rapidísimo”, sostiene el doc-
tor Héctor Carminatti, que tam-
bién trabajó con Leloir.
El doctor Enrique Belocopitow,
que fue dirigido por Leloir duran-
te su doctorado, recuerda otra ca-
racterística de Leloir, su habilidad
manual. “Solía reparar y hasta
construir equipos que necesitába-
mos. La primera vez que lo vi lo
confundí con un ordenanza; esta-
ba sentado en el piso de la cocina
arreglando una canilla y le pre-
gunté si sabía donde ubicar a Le-
loir”, rememora con una sonrisa.
El doctor Armando Parodi ex-
plica que cuando ingresó al Insti-
tuto dirigido por Leloir, en 1965,
era necesario seguir un curso in-
tensivo de 6 meses, al cabo del
cual, podían elegir a su director
de tesis, entre los especialistas del
Instituto.
“Yo tenía 23 años y Leloir 59.
Me parecía una persona muy ma-
yor, a la que ya le había pasado
la hora. Quería trabajar con otros
investigadores pero mis compa-
ñeros se me adelantaron y no me
quedó más remedio que elegirlo
a él. Me llevé una sorpresa. Hizo
aportes muy importantes dirigien-
do mi trabajos de investigación, y
su contribución a la bioquímica
en esta etapa fue tan fundamen-
tal que tal vez hubiese merecido
otro Nobel”. Parodi se reere a los
avances de Leloir en el conoci-
miento de la síntesis de glicopro-
teínas, es decir, cómo se agregan
los azúcares a las proteínas en el
interior de las células.
Parodi, que investigó cerca de
ocho años junto al Nobel, lo re-
cuerda de la siguiente forma: “Fue
muy agradable trabajar con él, era
una persona muy sencilla, humil-
de y respetuosa de las ideas de
los demás. Daba absoluta libertad
para trabajar y nos transmitió me-
diante su ejemplo, la actitud que
un cientíco debe tener ante la
ciencia y ante la sociedad”.
¿Cómo reaccionó cuando le
otorgaron el Nobel? “Le signicó
una seria preocupación porqué
temía que su notoriedad lo obli-
gara a pasar muchas horas frente
a las cámaras, o recibiendo gente.
Decía que tenía miedo de llegar
a la extinción por la distinción”,
arma José Manuel Olavarría,
ex investigador del Instituto, que
aprovecha para recordar: “Leloir
jamás cobró sueldo de la Funda-
ción, y en varias ocasiones nos
enteramos que nuestro sueldo
como becarios lo pagaba él”.
Según narra el propio Leloir, al
llegar a la Argentina, sus abuelos
compraron tierras cuando eran
baratas pero aún inseguras debi-
do a las incursiones de los indios.
Su familia trabajó esas tierras y las
hizo producir cereales, granos y
ganado, “circunstancias que me
permitieron dedicarme a la inves-
tigación, cuando era muy difícil o
imposible encontrar una posición
de tiempo completo para ella”,
explica Leloir en su autobiografía.
No obstante ello, Leloir lleva-
ba una vida monacal, según rela-
tan sus discípulos. Se levantaba a
las 7.30, y después de desayunar,
se dirigía al Instituto, donde tra-
bajaba en sus experimentos de 9
a 16:45. Luego de limpiar su me-
sada, salía a las cinco en punto
para su casa, llevándose material
de lectura. La rutina se repetía de
lunes a sábado.
A pesar de haber realiza-
do grandes aportes a la ciencia,
“siempre se lamentó de no haber
hecho un descubrimiento que
ayudara tecnológicamente a la
Argentina”, recuerda Paladini.
El día que lo sorprendió la
muerte, había trabajado hasta
las cinco de la tarde, como todos
los días, con sus 81 años. Fue el
2 de diciembre de 1987. A pesar
de que han pasado 23 años, su
ejemplo de vida sigue vivo en el
Instituto Leloir, casi tanto como su
exquisito sentido del humor.
* Publicado originalmente por
la Agencia CyTA (Fundación L. F.
Leloir).
Alberto Baldi
IBYME-CONICET
abaldi@dna.uba.ar
LUIS FEDERICO LELOIR:
breve reseña de su
trayectoria
“No existen problemas
agotados. Solo hay hombres
agotados por los problemas”.
Luis Federico Leloir nació en Pa-
rís, Francia, el 6 de septiembre
de 1906 en una vieja casa en la
Rue Víctor Hugo 81 de esa capi-
tal francesa y falleció en Buenos
Aires, Argentina, el 2 de diciem-
bre de 1987, habiendo recibido
el Premio Nobel de Química en
1970.
Su investigación más relevante,
y por la cual obtuvo la distinción
que le otorgó fama internacional,
se centró en los nucleótidos de
azúcar y el rol que cumplen en la
síntesis de los hidratos de carbo-
no, contribuyendo entre otras co-
sas, a descifrar la causa de la en-
fermedad congénita denominada
galactosemia, que se maniesta
por la intolerancia a la leche.
Luego de residir por un corto
Palabras clave: Leloir, carbohidratos, UDPG, dolicol fosfato.
Key words: Leloir, cabohydrates, UDPG, dolichol phosphate.
tiempo en Francia, la familia Lelo-
ir regresó a la Argentina en 1908,
donde Luis Federico vivió junto
a sus 8 hermanos en las extensas
tierras del El Tuyú.
Durante sus primeros años de
vida se dedicó a observar con
particular interés a todos los fe-
nómenos naturales y sus lecturas
siempre apuntaban a temas rela-
cionados a las ciencias naturales
y biológicas. Sus estudios inicia-
les se repartieron entre la Escuela
General San Martín, el Colegio
Lacordaire, el Colegio del Salva-
dor y el Colegio Beaumont (Ingla-
terra), siendo un alumno de regu-
lares calicaciones.
Ya en Buenos Aires, en 1926
ingresó a la Facultad de Medicina
de la Plata, pero luego de un año
se inscribe en la de Buenos Aires
obteniendo el título de médico en
1936 habiendo sufrido fracasos
en sus intentos para aprobar la
materia Anatomía Patológica. Ini-
ció su actividad profesional como
residente en la sala IV del Hos-
pital de Clínicas y como médico
interno del hospital Ramos Mejía.
El mismo Leloir confesó en una
oportunidad, “era un mal médi-
co práctico, nunca estaba seguro
del diagnóstico o del tratamiento,
pero siempre sentí gran curiosidad
por entender los fenómenos natu-
rales y poseía excelente aptitud
para trabajar en equipo”. Además,
cursó asignaturas en la Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales
(UBA) como alumno oyente.
En 1933 conoció a Bernardo
9
LUIS FEDERICO LELOIR: breve reseña de su trayectoria
A. Houssay, quien dirigió su te-
sis doctoral que fue realizada en
dos años, estudiando “el papel
de las glándulas suprarrenales y
el metabolismo de los hidratos de
carbono”, que mereció el Premio
Facultad del año 1934. Entre 1933
y 1935 participó junto a Houssay,
Novelli, Dambrosi, Foglia, del
Castillo y Fernández, en una se-
rie de publicaciones relacionadas
con dicho tema aparecidas en la
Revista de la Sociedad Argentina
de Biología y en los Comptes Ren-
dus de la Sociedad de Biología de
París. Una curiosidad, como ca-
licaríamos hoy la relevancia de
esos trabajos de acuerdo al Factor
de Impacto de las mismas.
En 1936 se trasladó a la Uni-
versidad de Cambridge en Ingla-
terra, aconsejado por Houssay y
Deulofeu, para trabajar bajo la di-
rección del Premio Nobel Sir Fre-
derick Gowland Hopkins (1929,
junto con C. Eijkman), por el
descubrimiento de las vitaminas.
Leloir comenzó a trabajar en el
efecto del cianuro y el pirofosfa-
to sobre la actividad de la enzima
succinodehidrogenasa. Luego es-
tudió la cetogénesis usando cortes
de hígado, más tarde, colaboró
con David Green en la purica-
ción de la enzima ß-hidroxibuti-
rato dehidrogenasa.
A su regreso en 1937, Leloir se
reintegró al Instituto de Fisiología
de la Facultad de Medicina (UBA)
dirigido por Bernardo A. Houssay
quien le propuso trabajar en la
función de la glándula endocrina
hipósis, pero Leloir prerió aso-
ciarse con Juan M. Muñoz en el
estudio de la oxidación del alco-
hol y de los ácidos grasos en los
tejidos vivos, llegando a la sos-
pecha de que las mitocondrias
eran las responsables de dicha
oxidación. Andrés Stoppani puso
de maniesto las aptitudes de Le-
loir, en una publicación titulada:
Luis F. Leloir (Período 1939-1943)
Academia Nacional de Medicina,
2000. Al mismo tiempo, dirigidos
por Houssay, Juan C. Fasciolo,
Eduardo Braun Menéndez y Al-
berto C. Taquini, trabajaban sobre
los mecanismos de la hipertensión
arterial de origen renal (CeI 60 (2)
2010). Dada la importancia de
los resultados obtenidos, Houssay
incorporó a Leloir y a Muñoz en
dicho grupo. Así, lograron aislar
una sustancia soluble en acetona
acuosa de la sangre venosa de un
perro con un riñón isquemiado.
La nueva sustancia, bautizada
hipertensina (angiotonina para I.
Page), se producía cuando la re-
nina actuaba sobre un precursor
plasmático. También detectaron
que en la sangre existía una en-
zima que inactivaba la hiperten-
sina. Este conjunto de entidades
se las llama hoy angiotensina, an-
giotensinógeo y angiotensinasa.
La participación de Leloir en estos
trabajos fue sólo de un año, pero
como él mismo señaló, fue uno de
los más productivos de su carrera.
En 1943 viajó a Estados Uni-
dos pero antes de partir, contrajo
matrimonio con Amelia Zuber-
bühler con quien tuvo una hija.
Decidió entonces que su nuevo
lugar de trabajo fuera el labora-
torio del matrimonio Carl y Gerty
Cori (con quienes Houssay com-
partió el Nobel en 1947), en Saint
Louis, Washington University. Allí
le encomendaron estudiar la bio-
síntesis del ácido cítrico con la
colaboración de Edmund Hunter
y otros cientícos sobresalientes.
Después de seis meses, Leloir se
trasladó al laboratorio de David
Green, antiguo compañero suyo
en Cambridge, que trabajaba en
el Colledge of Physicians and Sur-
geons, Columbia University en
Nueva York, para trabajar en la
puricación de oxidasa amino-
transferasas y en el estudio de la
histamina oxidasa.
En 1946 regresó a la Argen-
tina para trabajar en el Instituto
de Fisiología de Houssay ya que
este había sido reincorporado a su
cargo de Profesor y Director del
Instituto. Pero Houssay fue nueva-
mente separado de su cargo con
el argumento que había alcanza-
do la edad jubilatoria. Leloir y su
grupo se aislaron en una pequeña
habitación del Instituto de Biolo-
gía y Medicina Experimental (IB-
YME), que Houssay creó después
de su primera cesantía en la Fa-
cultad de Medicina. Este hecho
precedió a la formación del Insti-
tuto de Investigaciones Bioquími-
cas-Fundación Campomar, crea-
do con el apoyo económico del
empresario Jaime Campomar, hoy
Fundación Instituto de Investiga-
ciones Bioquímicas Luis F. Leloir.
La Fundación Campomar fue diri-
gida por Leloir desde su inaugura-
ción el 3 de noviembre de 1947,
un mes después de conocerse el
otorgamiento del Premio Nobel a
Hossay, hasta su desaparición fí-
sica.
Es en este período cuando Le-
loir y sus colaboradores revelaron
rutas bioquímicas en la síntesis de
azúcares en levaduras, juntamen-
te con su equipo de trabajo for-
mado por Ranwell Caputo, Enrico
Cabib, Raúl Trucco, Alejandro Pa-
ladini, Carlos Cardini y José Luis
Reissig.
Haciendo un breve repaso de
la bioquímica de los hidratos de
carbono donde L. F. Leloir reali-
zó contribuciones fundamentales,
resulta interesante mencionar que
la N-glicosilación proteica co-
mienza en el Retículo Endoplás-
mico Rugoso (RER), y naliza en
el interior del Aparato de Golgi.
En primer lugar, se transere un
oligosacárido compuesto por 2
N-acetilglucosaminas, 3 glucosas
y 9 manosas, al aminoácido as-
paragina de una proteína. En este
proceso interviene un lípido trans-
portador denominado dolicol fos-
fato, descrito por Leloir. Durante
el proceso de “maduración” de la
proteína, este oligosacárido pier-
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
10
de las 3 glucosas y 1 manosa. En
cambio la O-glicosilación procede
con la adición de un único azúcar
compuesto por pocos monosacá-
ridos, ocurriendo directamente en
el aparato de Golgi, adicionándo-
se con un grupo hidroxilo a los
aminoácidos serina o treonina. En
dichas reacciones intervienen en-
zimas denominadas glucosiltrans-
ferasas. Las glucosiltransferasas
que utilizan nucleótidos de azú-
car para luego incorporar sólo el
azúcar a las proteínas, se denomi-
nan enzimas de Leloir. En cambio,
aquellas que utilizan donantes
de azúcares no-nucleótidos, que
pueden ser pirofosfatos polipre-
nol, fosfatos poliprenol, azúcar-
1-fosfato o azúcar-1-pirofosfato,
son llamadas glucosiltransferasas
no-Leloir. Es así, que durante el
curso de dichas investigaciones el
grupo dirigido por Leloir logró ais-
lar la sustancia nucleótido-azúcar
llamada uridina difosfato glucosa
(UDPG), que constituye una for-
ma de almacenar carbohidratos y
una fuente de energía de reserva,
lo que convirtió al Instituto en un
centro mundialmente recono-
cido y al otorgamiento del Pre-
mio Nobel ya mencionado. Esta
importante serie de trabajos se
encuentran detalladamente com-
piladas en la Conferencia Nobel
que pronunciara Luis F. Leloir al
recibir dicha distinción, la que es
reproducida en su versión caste-
llana e inglesa en esta edición.
Hacia nes de 1957 Leloir fue
invitado a unirse a la Fundación
Rockefeller y al Massachusetts Ge-
neral Hospital de los Estados Uni-
dos, pero como Houssay, prerió
permanecer en el país. Dada su
importancia, el Instituto Nacional
de la Salud de los Estados Unidos
(NIH) y la Fundación Rockefeller
decidieron subsidiar la investiga-
ción dirigida por Leloir. En 1958
se creó el Instituto de Investiga-
ciones Bioquímicas de la Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales,
siendo sus profesores titulares Luis
F. Leloir, Carlos Eugenio Cardini y
Enrico Cabib. Admirablemente,
con procedimientos caseros, Lelo-
ir estudió el proceso por el cual el
hígado recibe glucosa y produce
glucógeno, el material de reserva
energética del organismo y junto
a Mauricio Muñoz logró oxidar
ácidos grasos con extractos de
células hepáticas. Las transforma-
ciones bioquímicas de la lactosa
en sus propios componentes son
conocidas en el mundo cientíco
como el camino de Leloir.
La Asociación Argentina para
el Progreso de las Ciencias a tra-
vés de su órgano de difusión,
Ciencia e Investigación, ha consi-
derado acertado rendir un modes-
to y sentido homenaje a su gura.
Dijo una vez Leloir: “yo me sien-
to un hombre feliz, no me quejo.
Hago lo que siempre quise hacer.
Sí creo que se puede ser feliz”.
Arquetipo del cientíco modesto
y desinteresado, poseía en su ma-
durez, la misma tenacidad para el
trabajo que en sus años jóvenes y,
también, la misma generosidad de
espíritu.
GLOSARIO
Ácido cítrico: Ácido orgánico tri-
carboxílico. Su fórmula química
es C6H8O7. En bioquímica es un
metabolito intermediario en el ci-
clo de los ácidos tricarboxílicos,
proceso realizado por la mayoría
de los seres vivos.
Cetogénesis: Proceso metabólico
por el cual se producen los cuer-
pos cetónicos como resultado del
catabolismo de los ácidos grasos.
Histamina oxidasa: Enzima que
cataboliza la oxidación directa
de la histamina al ácido imidazol
acético (un producto inactivo).
ß-hidroxibutirato dehidrogenasa:
Enzima que reduce al acetoaceta-
to libre a ß-hidroxibutirato y que
se halla localizada en la membra-
na interna mitocondrial.
Oxidasa aminotransferasas: Enzi-
mas que catalizan reacciones de
oxidación y transferencia de gru-
pos amino de los aminoácidos.
Succino dehidrogenasa: Enzima
que cataliza la oxidación del suc-
cinato a fumarato en el ciclo de
los ácidos tricarboxílicos.
Dolicol: Cadena de poliisoprenol
de 14 a 24 unidades de cinco car-
bonos llamada isopreno, que se
unen a un oligosacárido mediante
un puente de pirofosfato.
Hidratos de carbono: Componen-
tes más abundantes de moléculas
biológicas cuya composición quí-
mica general es (C.H2O)n, donde
n≥ 3.
Glicosilación o glucosilación pro-
teica: Proceso de adición de car-
bohidratos a proteínas.
N-glicoproteínas y O-glicopro-
teínas adición de carbohidratos:
Proteínas glicosiladas fundamen-
talmente en el aminoácido aspa-
ragina o serina y treonina, respec-
tivamente.
Retículo endoplasmático rugoso
(RER): grupo de cisternas apla-
nadas que se conectan entre sí
mediante túbulos, especialmente
desarrollado en las células secre-
toras de proteínas. Sus membra-
nas están asociadas a ribosomas,
que le conere su aspecto rugoso.
Aparato de Golgi: Sacos discoida-
les apilados rodeados por peque-
ñas vesículas. En las células ani-
males se localiza entre el núcleo y
el polo secretor de la célula.
BIBLIOGRAFÍA
Leloir. Una mente brillante. Ale-
jandro C. Paladini. Editorial Eude-
ba. Buenos Aires, 2007.
Ver además en esta edición: Con-
ferencia Nobel del Dr. Luis F. Le-
loir.
Luis Federico Leloir
Conferencia Nobel
Dos cadas de investigación
en la biosíntesis de Sacáridos.
Nuestro trabajo en la biosintesis
de oligosacaridos y polisacaridos
comienza en 1946, no por una
elección deliberada del tema sino
en forma casual. Debido al feno-
menal progreso de la bioquímica,
nuestros primeros experimentos
parecen pertenecer a la era pa-
leolítica; pero, afortunadamente,
existen también algunos muy re-
cientes e interesantes progresos
en este campo.
Al volver de Cambridge, en
1936, realice algunos trabajos
con J. M. Muñoz sobre la oxida-
ción de ácidos grasos en el híga-
do. Nos fue posible preparar un
sistema libre de células que era
activo en presencia de cofactores
necesarios. Este fue un resulta-
do novedoso ya que entonces se
creía que la oxidación de ácidos
grasos requería la integridad celu-
lar.
Supongo que a la nueva gene-
ración de bioquímicos le es difícil
comprender muchas de las cosas
en las que creíamos nosotros en
ese tiempo.
Después de esto, hice una
incursión en el campo de la hi-
pertensión renal con E. Braun
Menéndez, J. C. Fasciolo y A. C.
Taquini. Este trabajo fue llevado
a cabo rápidamente y con cierto
éxito. Luego trabaje en el Labora-
torio de Carl Cori, en St. Louis, y
con D. E. Green, en la Universi-
dad de Columbia.
A mi regreso a Buenos Aires en
1945, empecé a trabajar con R.
Caputto y R. Trucco. El doctor Ca-
putto había hecho algunas inves-
tigaciones en glándula mamaria y
tenia la idea de que el glucóge-
no se transformaba en lactosa. En
aquel tiempo teníamos que usar
osazonas para la identicación de
los azucares y muy pronto llega-
mos a un punto muerto. Mirando
atrás, creo que lo que estábamos
observando era la degradación
del glucógeno por la amilasa.
Decidimos entonces estudiar
la degradación de la lactosa por la
levadura, Saccharomyces fragilis,
con la idea de que esto nos daría
una información sobre el meca-
nismo de su síntesis. Finalmente
se obtuvo esa información, pero
solo a través de un camino largo
y tortuoso.
Primero estudiamos la lacta-
sa, después la fosforilación de la
galactosa y la transformación de
la galactosa fosfato en glucosa
fosfato. Lo que mediamos era el
incremento de poder reductor re-
sultante de la siguiente secuencia
de reacciones:
Galactosa 1-fosfato
glucosa 1-fosfatoglucosa 6-fos-
fato (I)
Pronto encontramos que para
que la reacción tuviese lugar se
requería la presencia de un co-
factor termoestable y nos propusi-
mos aislarlo, en colaboración con
C. E. Cardini y A. C. Paladini.
En ese entonces las cosas no
eran muy fáciles, de bido a que no
disponíamos de los métodos de
que disponemos hoy y además,
porque trabajábamos en condi-
ciones bastante precarias.
Los resultados de nuestros ex-
perimentos fueron muy poco cla-
ros porque no nos dimos cuenta
de que eran dos los cofactores
involucrados. Finalmente descu-
brimos lo que pasaba y nos con-
centramos en la puricación del
cofactor de la segunda reacción,
es decir, la reacción catalizada
por la fosfoglucomutasa.
Enviamos una carta a los edito-
res de los Archives of Biochemis-
try describiendo al nuevo cofac-
tor y mencionando que Kendall y
11 de diciembre de 1970
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
12
Stickland habían descripto previa-
mente una activación por fructo-
sa 1,6-difosfato pe ro que nuestro
cofactor era diferente. Después de
enviar el manuscrito ensayamos la
fructosa 1,6-difosfato y obtuvimos
una fuerte activación. Más aún,
nuestras preparaciones purica-
das estaban fuertemente contami-
nadas con fructosa 1,6-difosfato.
Ya habíamos decidido solicitar
se nos devolviera la carta, cuan-
do como consecuencia de tanto
preocuparnos surgió la idea de
que el activador debía ser glucosa
1,6-difosfato. En vista de que este
último compuesto tiene bloquea-
do el grupo reductor, pensamos
que debería ser estable en medio
alcalino y, curiosamente, todo
salió como esperábamos. Si no
hubiera sido por ese error, podría-
mos estar aun hablando del efecto
alostérico de la fructosa 1,6-difos-
fato sobre la fosfoglucomutasa.
Cuando acabamos de trabajar
con la glucosa 1,6-difosfato con-
tinuamos con el otro cofactor. Se
encontró que los concentrados
absorbían la luz a 260 nanome-
tros y tenían un espectro similar
al de la adenosina. pero con cier-
tas diferencias. En ese entonces
los únicos nucleótidos solubles
presentes en el tejido que se co-
nocían eran los ácidos adenílicos
y el inosinico. Fue muy emocio-
nante el día en que Caputto lle-
go temprano con su ejemplar del
Journal of Biological Chemistry,
el cual mostraba el espectro de
la uridina. Este era idéntico al
de nuestro cofactor. Después de
medir el contenido de glucosa y
fosfato, y realizar una curva de ti-
tulación, se propuso la estructura
que se muestra en la Fig. 1. El pri-
mer nucleótido-azúcar se llamó
uridina difosfato glucosa: UDPG.
Su estructura fue conrmada por
síntesis alrededor de 5 años más
tarde por Todd y colaboradores,
en Cambridge. El mecanismo por
la cual UDPG-glucosa actúa de
co-factor en la transformación
de galactosa-1-fosfato en glu-
cosa-1-fosfato se aclaró cuando
se encontró que incubando con
extractos de levadura parte de la
UDP-glucosa se trasformaba en
UDP-galactosa.
Después de esto, escribimos
las ecuaciones como sigue:
galactosa1-fosfato+UDP-
glucosaglucosa1-fosfato+ UDP-
galactosa (2)
UDP-galactosaUDP-glucosa (3)
Suma:galactosa 1-fosfatoglucosa
1-fosfato (4)
Llamábamos a todo el sistema
waldenasa, pero Kalckar sugirió
llamar uridilil transterasa y 4-epi-
merasa a las enzimas correspon-
dientes a las ecuaciones (2) y (3),
respectivamente.
Cuando encontramos que las
levaduras no adaptadas a la ga-
lactosa contenían un alto nivel de
UDP-glucosa, deducimos que la
UDP-glucosa debería tener otra
función, además de la de cofactor
del metabolismo de la galactosa.
No si el razonamiento era co-
rrecto, pero los hechos nos dieron
la razón. Estuvimos duran te varios
años preguntándonos. ¿Para qué
sirve el UDPG?, y la pregunta se
convirtió en una broma, en el la-
boratorio.
Como teníamos un método
para medir la UDP-glucosa basa-
do en su acción sobre la velocidad
de la reacción galactosa 1 -fosfato
glucosa 6-fosfato, empezamos a
medir la desaparición de UDP-
glucosa en diferentes extractos y
bajo diferentes condiciones. Con
ex tractos de levadura se observó
que la adición de gluco sa 6-fos-
fato incrementaba la desaparición
de UDP-glucosa lo que nalmen-
te se demostró que era debido a
la formación de trehalosa fosfato,
una sustancia que había sido ais-
lada de la levadura muchos años
antes por Robison y Morgan.
La reacción es la siguiente:
UDP-glucosa+glucosa
6-fosfatotrehalosa-fosfato+
UDP (5)
Este trabajo, Ilevado a cabo
con Cabib, describiría el primer
caso en que se observó que la
UDP-glucosa actuaba como da-
Figura 1
OH OH
13
Conferencia Nobel
dor de glucosa. Esto había sido
sugerido por Buchanan et al y por
Kalckar.
Una vez descubierta una re-
acción de transferencia, pronto
pudimos detectar otra usando ex-
tracto de germen de trigo. En rea-
lidad, lo que encontramos fueron
dos enzimas, una que llevaba a la
formación de sacarosa, y otra que
daba sacarosa-fosfato como sigue:
DP-glucosa + fructuosa sacaro-
sa + UDP (6)
UDP-glucosa + fructuosa
6-fosfatosacarosa fosfato + UDP
(7)
Este hallazgo realizado con
Cardini y Chiriboga fue también
interesante dado que aclaraba el
mecanismo de la síntesis de saca-
rosa en vegetales.
Otro resultado novedoso de
aquel periodo fue el aislamien-
to del UDP-acetilglucosamina.
Esta sustancia se detectó prime-
ro como una impureza de los
concentra dos de UDP-glucosa y
la solíamos llamar UDP-X hasta
que pudimos identicar el resto
de azúcar como N-acetilgluco-
samina. Se sabe ahora que inter-
viene en la biosíntesis de la pared
celular de las bacterias y de las
mucoproteínas.
Otros miembros de la familia
de los nucleótidos-azúcares fue-
ron aislados en nuestro labora-
torio. En 1954 con Cabib se en-
contró GDP-manosa en extractos
de levadura, y más tarde Pontis
detectó UDP-acetilgalactosamina
en el hígado. Se sabe ahora que
estas sustancias intervienen en la
biosíntesis de manano y de algu-
nas glucoproteínas.
Otros laboratorios realizaron
importantes contribuciones. La
identicación de UDP-ácido glu-
curónico como dador en la for-
mación de glucurónidos fue el
primer ejemplo de una reacción
de transferencia a partir de un nu-
cleótido-azúcar.
Otro compuesto importan-
te fue descubierto por Park y Jo-
hnson casi al mismo tiempo que
aislamos el UDP-glucosa. Ellos
observaron que en Staphylococ-
cus tratado con penicilina se acu-
mula un compuesto que con-tiene
uridina. Esta sustancia resulto di-
fícil de identicar debido a que
su resto de azúcar no se conocía
en ese entonces. Este compuesto
se comportaba como una hexo-
samina desconocida. Strange y
Dark fueron los primeros en obte-
ner una preparación cristalina. Se
sabe ahora que el resto de azúcar
presente es la acetilglucosamina
combinada por una unión eter
con acido láctico. Esta sustancia
se llamo ácido murámico. El aisla-
miento del UDP-ácido murámico
fue el punto de partida del trabajo
tan interesante de Park y Stromin-
ger sobre síntesis de la pared celu-
lar de las bacterias.
El numero de los nucleótido-
azúcares conocidos aumento pro-
gresivamente en el curso de los
años, y. en la recopilación reali-
zada en 1963 eran ya más de 48.
Además, se estudiaron muchas
enzimas que intervienen en reac-
ciones de interconversión. El gru-
po de Herman Kalckar encontró
que se requería NAD en la reac-
ción de la UDP-glucosa 4 epime-
rasa y se cree que el resto de glu-
cosa del UDP-glucosa se oxida a
un 4-ceto intermediario que pue-
de reducirse tanto a glucosa como
a galactosa.
Algunos otras transformacio-
nes más complicadas han sido
estudiadas cuidadosamente; por
ejemplo, la transformación de
GDP-manosa a GDP-fucosa, que
requiere una reducción en C-6
e inversiones en C-3 y C-5. Un
caso similar es la formación de
TDP-ramnosa partiendo de TDP-
glucosa en la cual los grupos OH
en C-3, C-5 y C-6 se invierten y
ocurre una reducción en C-6.
Polisacáridos
Se han detectado muchas re-
acciones de transferencia partien-
do de nucleótido-azúcares. Así,
Glaser y Brown encontraron una
transferencia de N-acetilglucosa-
mina a quitina catalizada por ex-
tractos de hongos. La formación
de un -1,3 glucano (callosa) a par-
tir de UDP-glucosa y la de xilano
partiendo de UDP-xilosa se obtu-
vo por incubación con extractos
de vegetales.
Una transferencia de UDP-glu-
cosa a celulosa fue también des-
cripta por Glaser en Acetobacter
xilinum, una bacteria formadora
de celulosa. Más tarde se descu-
brió que el dador para la forma-
ción de celulosa en las plantas es
la GDP-glucosa.
En nuestro laboratorio pudi-
mos observar la formación de glu-
cógeno por enzimas provenientes
de hígado y musculo partiendo
de UDP-glucosa: UDP-glucosa +
Gn-- UDP + Gn+1 (8)
En esta ecuación Gn representa
una molécula de glucógeno’y Gn+1
la misma molécula después de la
adición de un residuo glucosilo
en unión alfa 1,4. La búsqueda
de esta enzima, glucógeno sinte-
tasa o transferasa, fue estimulada
por la lectura de un libro escrito
por Herman Niemeyer, y su des-
cubrimiento fue de interés, puesto
que hasta entonces se creía que la
síntesis del glucógeno se producía
por reversión de reacción de fos-
forilasa (ec. 9):
(glucosa)n + 1 + f o s f a t o
inorgánico(glucosa) n + glucosa
1-fosfato (9)
Se creía entonces que esta en-
zima actuaba tanto en la síntesis
como en la degradación del glu-
cógeno. Otro descubrimiento de
considerable interés fue que la
glucosa 6-fosfato actúa como un
activador del glucógeno sintetasa.
Muchos años antes los Cori
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
14
habían encontrado que la fosfo-
rilasa del músculo existía en dos
formas que se diferenciaban por
su requerimiento de ácido ade-
nílico. En forma similar, J. Larner
y C. Villar-Palasi describieron dos
formas interconvertibles de glucó-
geno sintetasa. una activa per se
y otra que requiere glucosa 6-fos-
fato. Desde entonces, se han rea-
lizado muchos estudios sobre la
regulación del metabolismo del
glucógeno.
Tanto la fosforilasa como el
glucógeno sintetasa son reguladas
por la concentración de metabo-
litos (ácido adenílico y glucosa
6-fosfato, respectivamente, y tam-
bién otros compuestos como, por
ejemplo el ATP) y por conversión
reversible de formas activas a in-
activas. Los cambios posteriores
se producen por la acción de va-
rias enzimas que interaccionan
entre sí. La imagen que tenemos
sobre el mecanismo de la regula-
ción del glucógeno es demasiado
complicada para mostrarla en esta
ocasión.
Casi todas las investigaciones
realizadas en la biosíntesis de
los polisacáridos han consistido
solamente en la medición de la
transferencia de cantidades muy
pequeñas de azucares radioac-
tivos. Sin embargo, los estudios
deberían ampliarse hasta poder
obtener in vitro polisacáridos
idénticos a aquellos que produ-
cen las celulas. Algunos trabajos
de este tipo han sido realizados
con el glucógeno. Se puede obte-
ner glucógeno incubando glucosa
1-fosfato con fosforilasa o a partir
de UDP-glucosa con glucógeno
sintetasa (en ambos casos en pre-
sencia de la enzima ramicante).
Los productos así obtenidos son
de alto peso molecular, pero di-
ferentes a juzgar por sus caracte-
rísticas de degradación por ácido
o álcali. El producto formado por
UDP-glucosa y glucógeno sinteta-
sa es idéntico a aquel que se aísla
del hígado.
Una extensión Iógica de nues-
tros estudios sobre el glucógeno
fue investigar la formación del
almidón en las plantas. Se encon-
traron enzimas que catalizan la
transferencia al almidón de glu-
cosa radiactiva del UDP-glucosa
marcada en su resto de glucosa.
Estudios sobre la especicidad de
la enzima usando nucleótidos sin-
téticos mostraron que el ADP-glu-
cosa es utilizado diez veces más
rápido que el UDP-glucosa. Esto
llevó a la búsqueda de ADP- glu-
cosa en fuentes naturales y se lo-
gró aislarlo del maíz. Una enzima
capaz de sintetizar el ADP-gluco-
sa fue encontrada por Espada.
A partir de entonces se han
realizado muchas investigaciones
sobre el tema, especialmente por
C. E. Cardini, Rosalia Frydman.
Jack Preiss, T. Akazawa y otros.
En la Euglena el polisacári-
do de reserva es un glucano con
uniones beta 1,3, usualmente lla-
mado paramilon. Su síntesis fue
estudiada por Goldemberg y Ma-
rechal quienes encontraron que se
forma a partir del UDP-glucosa.
Con el andar del tiempo se
describieron muchas otras reac-
ciones de transferencia por lo que
su busqueda se convirtió en una
tarea algo monótona.
Lípidos intermediarios
Los datos acumulados indica-
rían que la mayoría de los oligo
y polisacáridos que en una sor-
prendente variedad existen en la
naturaleza, se sintetizan a partir
de nucleótido azúcares.
Sin embargo, al menos algunos
casos. parecería que la transferen-
cia no es directa sino que es me-
diada por intermediarios de natu-
raleza lipídica. Este es uno de los
más importantes descubrimientos
de los últimos años y está vincu-
lado a la labor de varios grupos
(Osborn, Horecker, Strominger.
Robbins, Lennartz y otros). El pri-
mer intermediario lipídico fue de-
tectado en bacterias y se muestra
en la gura 2.
La estructura del compuesto
fue resuelta mediante el análi-
sis por espectroscopía de masa
de muy pequeñas cantidades. El
compuesto, undecaprenol piro-
fosfato, contiene 11 residuos iso-
prenos uno de los cuales lleva un
grupo OH unido a un pirofosfato
que a su vez se une a los restos de
azúcar.
El papel del lípido intermedia-
Figura 2.
15
Conferencia Nobel
rio en la formación de lipopolisa-
cárido de Salmonella puede resu-
mirse en las siguientes ecuaciones
(donde LP representa el interme-
diario lipidico monofosforilado):
LP + UDP-galactosa
LPP-galactosa + UMP (10)
LPP-galactosa + TDP-ramnosa
LPP-galactosa-ramnosa + UDP
(11)
LPP-galactosa-ramnosa + GDP-
manosa
LPP-galactosa-ramnosa-manosa +
GDP (12)
nLPP-galactosa-ramnosa-
manosa
LPP(galactosa-ramnosa-manosa) n
+(n-1)LPP (13)
LPP(galactosa-ramnosa-manosa) n
+ nucleo
(galactosa-ramnosa-manosa) n nú-
cleo + LPP (14)
LPPLP + P (15)
El primer paso (ec. 10) consiste
en una transferencia de galacto-
sa 1 -fosfato formándose piros-
fofato lipidico y UMP. Después
se agregan la ramnosa y manosa
por transferencia del respectivo
nucleótido azúcar. La transferen-
cia nal se hace por unidades de
trisacáridos y se forman cadenas
largas (n = alrededor de 60) de
unidades repetidas de galactosa-
ramnosa-manosa unidas al inter-
mediario. En el siguiente paso (ec.
14) ellas se transeren al núcleo
del lipopolisacárido.
El undecaprenol pirofosfato
juega un papel similar en la for-
mación de la pared celular bac-
teriana del estalococo. El mate-
rial de la pared, la mureina, está
formada por unidades alternantes
de acetilglucosamina y de ácido
murámico. Esas cadenas están en-
trecruzadas por péptidos unidos a
los residuos de ácido muramico.
El mecanismo por el cual la
pared celular se une fue explicada
principalmente por el trabajo rea-
lizado por el grupo de Strominger
y se puede escribir como sigue:
(M = N-acetil ácido muramino
unido al siguiente péptido: L-ala
D-glu L-lys D-ala; N-Ac signica
N-acetilglucosamina): UDPM +
LPLPRM + UMP (16)
UDPN-Ac + LPRMLPRMN-Ac +
UDP (17)
tRNA gly + LPRMN-Ac
tRNA + LPRMN-Ac gly (18)
LPPMN-Ac gly + aceptor
(M-N-Ac gly)-aceptor + LPP (19)
El primer paso (ec. 16) es una
transferencia de muramil pépti-
do fosfato de su correspondiente
nucleótido uridina (uno de los
compuestos aislados por Park)
a undecaprenol monofosfato. A
continuación, (ec. 17) la N acetil-
glucosamina es transferida a par-
tir de UDP-N-acetilglucosamina.
Después (ec. 18) se agrega un
aminoácido más (de un ácido ri-
bonucleico de transferencia) y en-
tonces se agrega el total de pép-
tido disacárido a una parte de la
pared celular en crecimiento (que
gura como aceptor en la ec. 19).
Después de esto se establecen los
entrecruzamientos entre las cade-
nas de péptidos y la pared celular
completa.
También debe ser mencionado
otro trabajo que tiene que ver con
los intermediarios lipidicos. Me
reero a la formación de manano
por Micrococcus lysodeikticus.
Las reacciones son: GDP-manosa
+ undecaprenol-P
GDP + undecaprenol-P-mano-
sa (20)
undecaprenol-P-manosa +
aceptor manosa-aceptor + un-
decaprenol-P (21). La diferencia
entre los casos ya mencionados es
que la primera reacción (ec. 20) el
azúcar es transferida sin el fosfato
de manera que no se forma piro-
fosfato sino un monofosfato.
Mientras estas investigaciones
se realizaban. Dankert, que había
estado trabajando con el grupo de
Robbins, volvió a Buenos Aires y
nos transmitió su entusiasmo por
los poliprenoles.
Un Poliprenol Intermediario en
Tejidos Animales
Un grupo formado por Morton,
Hemming y otros, en la Universi-
dad de Liverpool ha estudiado
cuidadosamente los diferentes
poliprenoles que se hallan en la
naturaleza. Su formula general es
la siguiente:
Una cantidad de diferentes
compuestos de este tipo fueron
detectados, que diferían en el nú-
mero n de residuos de isoprenos,
en la cantidad de doble ligaduras
cis o trans y también en que algu-
nas de las doble ligaduras pueden
estar saturadas.
El compuesto aislado de teji-
dos animales fue llamado dolicol.
En esta sustancia el número de
unidades de isopreno es de alre-
dedor de 20 (puede variar de 16
a 23) y dos de las doble ligaduras
son trans. Además, la doble liga-
dura más cercana al grupo alco-
hol está saturada. Muchos otros
compuestos fueron aislados de
otros sistemas. Con N. Berhrens
hemos estudiado un proceso que
ocurre en el hígado y en el cual
resultó involucrado un fosfato de
dolicol. Las reacciones se pueden
escribir como sigue:
UPD-glucosa+DMP
DMP-glucosa+UDP (22)
DMP-glucosa+Eglucosa-
E+DMP (23)
Glucosa-Eglucosa+E (24)
En estas ecuaciones DMP sig-
nica dolicol monofosfato y E un
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
16
aceptor endógeno.
Los estudios fueron realizados
incubando microsomas de híga-
do con UDP-glucosa radiactiva.
Se encontró que se formaba un
producto soluble en solventes
orgánicos. Trabajos posteriores
mostraron que la reacción de la
ecuación 22 podía ser realizada
de modo tal como para medir el
aceptor lipidico (DMP en la ec.
22).
Esto permitió el desarrollo de
un proceso de puricación. Los
concentrados que se obtenían da-
ban un espectro infrarrojo similar
a los poliprenoles. El compuesto
tenía un carácter acídico y era
relativamente estable al ácido y
al álcali. Diere del undecapre-
nol fosfato en que este último es
ácido lábil. Se dedujo que esta
diferencia podría deberse al he-
cho que en el undecaprenol exis-
te una doble ligadura cercana al
fosfato y que no está presente en
el dolicol. Teniendo esto presente
ensayamos otros enfoques para la
identicación de nuestro aceptor
lipidico. Se aisló dolicol de híga-
do se lo fosforiló químicamente y
se probó su actividad como acep-
tor lipidico. El compuesto sinté-
tico resultó ser idéntico en todas
sus propiedades al obtenido de
fuentes naturales. Por esta razón
nos referimos a él como dolicol
monofosfato.
En cuanto al compuesto gluco-
silado (DMP-glucosa) se encon-
tró que era muy lábil en medios
ácidos y que se descomponía en
medios alcalinos, dando 1,6-anhi-
dro-glucosano. La reacción 23 se
pudo estudiar independientemen-
te de la primera usando DMP-glu-
cosa preparada en una etapa pre-
via. Se determinaron las condicio-
nes óptimas para actividad. Este
paso (ec. 23) no requiere ningún
catión, contrariamente a la reac-
ción que se muestra en ec. 22, en
la cual es necesario el ion Mg2+.
El producto formado a partir
de DMP-glucosa y que se indica
como glucosa-E en la ec. 23, se
creyó al principio que era una
proteína glucosilada, pero nuestro
trabajo en este aspecto recién ha
comenzado. Hay pocas proteínas
que contienen glucosa. Una de
ellas es el colágeno que contiene
residuos de glucosil, galactosil hi-
droxi-lisina- Sin embargo, el com-
puesto formado con microsomas
de hígado parece diferenciarse
claramente del colágeno. La últi-
ma reacción (ec. 24) no ha sido
estudiada en detalle y podría ser
producida por alguna de las glu-
cosidasas que se sabe están pre-
sentes en el hígado.
Se estudio la posibilidad de
que la glucosilación de ceramida,
que es el primer paso en la for-
mación de gangliosides, pudiera
estar mediada por DMP-glucosa y
los resultados, aunque no fueron
concluyentes, indican que no está
involucrada la DMP-glucosa.
Se probaron otros nucleótido-
azúcares y se encontró que UDP-
N-acetilglucosamina y GDP-ma-
nosa pueden servir como dono-
res en la formacion del corres-
pondiente DMP-azúcares. Otros
compuestos como UDP-N-acetil-
galactosamina y UDP-galactosa
dieron resultados negativos.
El estudio de los intermediarios
lipidicos está resultando muy in-
teresante. La variedad de los po-
liprenoles es muy grande, pues
pueden diferir, en la longitud de
la cadena, número de doble liga-
duras cis o trans, en su grado de
saturación. Además, pueden tener
uno o dos grupos fosfatos y llevar
diferentes azúcares. La variedad
de los azúcares poliprenol fosfa-
tos puede ser tan grande como la
de los nucleotido-azúcares. Ha
sido sugerido que su rol podria ser
el proveer de una porción lipoli-
ca a los azúcares para permitirles
su pasaje a través de las capas lipi-
dicas de las membranas. Como en
la Salmonella los poliprenolfosfa-
tos están involucrados en la for-
macion de antígenos especícos,
parece probable que en los tejidos
animates puedan ser los responsa-
bles de la formación de los poli-
sacaridos superciales tan impor-
tantes en el comportamiento de
las células en contacto. Estas sus-
tancias externas especícas y sus
interacciones, que Kalckar en uno
de sus penetrantes ensayos llamó
“ectobiológicas”, parecen ser de
gran importancia en el compor-
tamiento “social” de las células.
Sin duda este puede convertirse
en un problema fascinante para
la investigación del futuro. Afor-
tunadamente, aún después de dos
décadas nuestro campo de inves-
tigación no se ha hecho aburrido
o demasiado de moda.
Agradecimientos:
Mi entera carrera de investiga-
dor fue realizada bajo la inuen-
cia del doctor Bernardo A. Hous-
say, quien dirigió mi tesis doctoral
y quien, durante todos estos años,
me dio generosamente sus inesti-
mables consejos y amistad. Tam-
bien debo mucho a mis amigos,
colegas y colaboradores, cuyos
nombres se mencionan en el tex-
to.
Agradezco también la ayuda
de la Fundación Campomar, Con-
sejo Nacional de Investigaciones
Cientícas y Técnicas. Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales
(UBA), los National Institutes of
Health (EE.UU.) y la Fundación
Rockefeller, que nos permitió lle-
var a cabo nuestro trabajo.
Luis Federico Leloir
Nobel Lecture
Two decades of research on the
biosynthesis of saccharides.
Our work on the biosynthesis of
oligo- and polysaccharides started
about 1946 not by a deliberate se-
lection of the subject but because it
came to us. Due to the phenomenal
progress of biochemistry our initial
experiments seem to belong to the
Paleolithic period but fortunately
there are also some very recent and
exciting advances in the eld.
After returning from Cambridge
in 1936 I did some work with J.
M. Mioz on the oxidation of fatty
acids in liver. We managed to pre-
pare a cell-free system which was
active when suitably supplemented
and this was a novel result since the
process of oxidation was believed
to require the integrity of the cells.
I suppose the young generation of
biochemists nds it hard to under-
stand many of the things which we
believed at that time.
After that came an incursion into
the eld of renal hypertension with
E. Braun Menéndez, J. C. Fasciolo
and A. C. Taquini. This work was car-
ried out quite rapidly and was rather
successful.
Then I worked in Carl F. Cori’s
laboratory in St. Louis and with D.
E. Green in Columbia University. On
returning to Buenos Aires in 1945 I
started to work with R. Caputto and
R. Trucco. Dr. Caputto had done
some research on the mammary
gland and had the idea that glycogen
was transformed into lactose. At the
time one had to rely on osazones for
identication and we soon reached
a dead end. On looking back I think
that what we were observing was the
degradation of glycogen by amylase.
We then decided to study lactose
breakdown by a yeast Saccharomy-
ces fragilis with the idea that this
would give us information on the
mechanism of syn thesis. In fact it did
give us information but only after a
long and tortuous process.
First we studied the lactase, then
the phosphorylation of galactose
(Trucco, Caputto, Leloir and Mit-
tehnan55, 1948) and the transforma-
tion of galactose 1-phosphate. What
we measured was the increase in re-
ducing power of the following reac-
tion sequence:
Galactose I-phosphate glucose I-
phosphate glucose 6-phosphate
(I)
We soon found that a thermosta-
ble factor was required and set out
to isolate it in collaboration with C.
E. Cardini and A. C. Paladini.
At the time things were not so
easy because we did not have the
powerful methods which we have
nowadays and because we were
working under rather poor condi-
tions.
The results of our experiments
were very confusing because we did
not know that we were dealing with
two thermostable factors. Finally we
realized what was happening and
we concentrated on the purication
of the factor involved in the second
reaction. That is in the phosphoglu-
comutase reaction.
We sent a letter to the editors of
Archives of Biochemistry (Caputto,
Leloir, Trucco, Cardini and Paladi-
ni10, 1948) describing a new cofac-
tor and men tioned that Kendall and
Strickland29 (1938) had previously
described an acti vation by fructose
1,6-diphosphate but that our cofac-
tor was different. After we had sent
the manuscript we happened to test
again fructose 1,6-diphos phate and
obtained a strong activation. Fur-
thermore our puried preparations
were loaded with fructose 1,6-phos-
phate. We had decided to ask the
letter back but as a consequence of
much worrying we struck on the idea
11 December, 1970
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
18
that the activator might be glucose
1,6-diphosphate. Since the latter
compound has the reducing group
blocked we reasoned that it should
be alkali-stable. Strangely enough
everything turned out as expected. If
it had not been for this mistake we
might still be talking of the allosteric
effect of fructose 1,6-di phosphate on
phosphoglucomutase.
When we nished working with
glucose 1,6-diphosphate we con-
tinued with the other cofactor. The
concentrates were found to absorb
light at 260 mµ and had a spectrum
similar to that of adenosine but with
some differ ences. At the time the
only soluble nucleotides known to
be present in tissues were the ino-
sine and adenosine nucleotides. It
was an exciting day when Caputto
came in one morning with a Jour-
nal of Biological Chemistry which
showed the absorption spectrum
of uridine. It looked identical to
that of our cofactor. After measur-
ing glucose and phosphate content
and doing a titration curve the struc-
ture shown in Fig. 1 was proposed
(Cardini, Paladini, Caputto and Le-
loir12, 1950; Caputto, Leloir, Car-
dini and Paladini9,1950). This rst
sugar nucleotide was named uri-
dine diphosphate glucose: UDPG.
Its struc ture was conrmed by syn-
thesis some ve years later by Todd
and coworkers in Cambridge. The
mechanism by which UDP-glucose
acts as a cofactor in the galactose
1-phosphateglucose 1-phosphate
transformation became understand-
able when it was found that on in-
cubation with yeast extracts part of
the UDP-glucose was transformed
into UDP-galactose (Leloir31, 1951).
After this we wrote the equations as
follows :
Galactose 1-phosphate + UDP-glu-
cose I-phosphate + UDP-galac-
tose (2)
UDP-galactoseUDP-glucose (3)
Sum: galactose I-phosphateglucose
I-phosphate (4)
We used to call the whole system
waldenase but Kalckar27 (1958) sug-
gested the names of uridylyl trans-
ferase and 4-epimerase for the en-
zymes corre sponding to reaction 2
and 3 respectively.
After we found that yeast which
was not adapted to galactose con-
tained a lot of UDP-glucose we
concluded that UDP-glucose should
have some other function besides
being a cofactor of galactose metab-
olism. I don’t know if the reasoning
was quite right but the facts were.
For some years it was a joke in the
laboratory because we were always
asking: “What’s the use of UDP-
glucose?”
Since we had a method for es-
timating UDP-glucose with the
galactose 1-phosphate glucose
6-phosphate reaction, we began to
measure UDP-glucose disappear-
ance in different extracts and under
different conditions. With yeast ex-
tracts it was observed that addition
of glucose 6-phosphate increased
UDP-glucose disappearance and -
nally this was found to be due to the
formation of trehalose phosphate, a
substance which had been isolated
from yeast many years before by Ro-
bison and Morgan50(1930). The reac-
tion is as follows:
UDP-glucose+glucose6-phos-
phate trehalose phosphate + UDP
(5)
This work which was carried
out with Cabib (Leloir and Cabib34,
1953), de scribed the rst case in
which UDP-glucose was found to
act as a glucose donor. Such a role
had been suggested by Buchanan et
al.4 (1952), and by Kalckar2 6(1954).
Once we had found one transfer
reaction we were soon able to de-
tect another one using wheat germ
extracts. Actually we found two en-
zymes, one which gave rise to the
formation of sucrose (Cardini, Leloir
and Chiriboga11, 1955) and another
which gave sucrose phosphate (Le-
loir and Cardini35, 1955) as follows:
UDP-glucose + fructose su-
crose + UDP (6)
UDP-glucose+fructose6-phos-
phate sucrose phosphate + UDP (7)
This was a rather interesting nd-
ing because it explained the mecha-
Figura 1: Uridine diphosphate glucose (UDPG).
OH OH
19
Nobel Lecture
nism of sucrose synthesis in plants.
Another novel result of that pe-
riod was the isolation of UDP-N-
acetyl glucosamine (Cabib, Leloir
and Cardini8, 1953). This substance
was rst detected as an impurity of
UDP-glucose concentrates and we
used to call it UDP-X until we were
able to identify the sugar moiety
as N-acetylglucos amine. It is now
known to be involved in the biosyn-
thesis of bacterial cell walls and mu-
coproteins.
Other members of the sugar
nucleotide family were isolated in
our labora tory. In 1954 (Cabib and
Leloir7) GDP-mannose was found
in yeast extracts, and later Pontis47
(1955) detected UDP-N -acetylga-
lactosamine in liver. These substanc-
es are now known to be involved in
the biosynthesis of mannan (Behrens
and Cabib1, 1968) and of some pro-
teoglycans.
Other laboratories made impor-
tant contributions. The identication
of UDP- glucuronic acid as a donor
for the formation of glucuronides
(Dutton and Storey13, 1953) was the
rst example of a transfer reaction
from a sugar nucleotide.
Another important compound
was detected by Park and Johnson43
(1949) (Park42, 1952) at about the
same time that we isolated UDP-
glucose. They found that a uridine
containing compound accumulated
in penicillin-treated Staphylococcus.
This substance turned out to be dif-
cult to identify because the sugar
moiety was unknown at the time.
This compound which kept bio-
chemists in the dark behaved like
a strange hexosamine and it was
Strange and Dark53 (1956) who rst
obtained a crystalline preparation.
We now know that the sugar moiety
is acetylglucosamine joined to lactic
acid forming an ether linkage and the
substance has been named muramic
acid. The isolation of UDP-muramic
acid was the starting point of the
beautiful work carried out on bacte-
rial cell wall synthesis which owes
so much to Park and Strominger.
The number of known sugar nu-
cleotides increased progressively for
several years and in the 1963 census
(Cabib6) they numbered more than
48. Further more, many enzymes in-
volved in interconversion reactions
have been studied. Herman Kalck-
ar’s group found that NAD is re-
quired in the UDP-glucose 4-epim-
erase reaction and it is believed that
the glucose moiety of UDP glucose
is oxidized to a 4-keto intermediate
which can then be reduced either to
glucose or galactose.
Several other more complicated
transformations have been carefully
studied, for instance the transfor-
mation of GDP-mannose to GDP-
fucose which re quires a reduction
at C-6 and inversions at -3 and -5
(Ginsburg19, 1958). A similar case
is the formation of TDP-rhamnose
from TDP-glucose in which OH
groups at C-3, -5 and -6 become in-
verted and a reduction at C-6 occurs
(Glaser and Kornfeld22, 1961; Pazur
and Shuey46, 1961.)
Polysaccharides
Many transfer reactions from sug-
ar nucleotides have been detected.
Thus Glaser and Brown21 (1957) de-
tected a transfer of N-acetylglucos-
amine from UDP-N-acetylglucos-
amine to chitin catalyzed by mold
extracts. The formation of a ß-I,3
glucan (callose) from UDP-glucose
and of xylan from UDP-xylose was
obtained by incubation with plant
extracts (Feingold, Neufeld and Has-
sid16,17, 1958, 1959).
A transfer from UDP-glucose
to cellulose was also described by
Glaser20 (1957) working with Ace-
tobacter xylinum which is a cellu-
lose forming bac terium. Later it was
found that the donor for cellulose
formation in plants is GDP-glucose
(Elbein, Barber and Hassid14, 1964).
In our laboratory (Leloir and
Cardini36, 1957; Leloir, Olavarría,
Golden berg and Carminatti 38, 1959)
we were able to detect the formation
of gly cogen from UDP-glucose (re-
action 8) with liver and muscle en-
zymes:
UDP-glucose+GnUDP+Gn+I (8)
In this equation G represents a
glucogen molecule and Gn+1 the
same after addition of a glucosyl
residue joined α -1,4.
The search for this enzyme gly-
cogen synthetase or transferase was
stimu lated by reading a book by
Herman Niemeyer41 (1955) and its
detection was a rather interesting
nding since until then the synthesis
of glycogen was believed to occur
by reversal of the phosphorylase re-
action (reaction 9):
(Glucose)n+I + inorganic phos-
phate (glucose)n + glucose I-
phosphate (9)
The same enzyme was thought
to be involved in synthesis and in
degradation. Another nding of con-
siderable interest was that glucose
6-phosphate acts as an activator of
glucogen synthetase.
Many years before, the Cori’s had
found that muscle phosphorylase
has two forms which differ in their
requirement for adenylic acid. Simi-
larly J. Lamer and C. Villar-Palasi56
described two interconvertible forms
of glycogen synthetase one active
per se and another which requires
glucose 6-phosphate. From then on
a lot of work has been done on the
regulation of glycogen metabolism.
Both phosphorylase and glyco-
gen synthetase are regulated by the
concen tration of metabolites (ade-
nylic acid and glucose 6-phosphate,
respectively, as well as others such
as ATP) and by reversible conver-
sion of active to in active forms. The
latter changes are brought about by
the action of several enzymes on
one another. The picture which we
have of the mechanism of glycogen
regulation is too complicated to be
shown here (for reviews see refs.30,
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
20
32, 52, 54, 56).
Most of the studies on the biosyn-
thesis of polysaccharides have con-
sisted only in measuring the transfer
of minute amounts of radioactive
sugars. How ever, the studies should
go further and we should be able to
obtain in vitro polysaccharides iden-
tical to those made by cells. Some
work of this type has been done with
glycogen. One can obtain glycogen
by incubating glucose I-phosphate
with phosphorylase or UDP-glucose
with glycogen synthetase (in both
cases with branching enzyme). The
resulting products have been found
to be of high molecular weight but
different as judged by their pattern
of degradation by acid or alkali. The
product formed with UDP-glucose
and glycogen synthetase proved to
be identical to that isolated from
liver39,40,44,45.
A logical extension of our work
on glycogen was to investigate the
for mation of starch in plants. En-
zymes were found which catalyzed
the transfer of radioactivity from
UDP- glucose labelled in the glu-
cose moiety to starch (Fekete, Leloir
and Cardini18, 1960; Leloir, Fekete
and Cardini3 7, 1961). Studies on
the specicity of the enzyme using
synthetic nucleorides showed that
ADP-glucose was used about ten
times faster (Recondo and Leloti49,
1961). This led to a search for ADP-
glucose in natural sources which re-
sulted in its isolation from corn (Re-
condo, Dankert and Leloir48, 1963).
An enzyme which can synthesize
ADP-glucose was found by Espada15
(1962) .
Since then a lot of work has been
done on the subject by several work-
ers particularly by Carlos Cardini,
Rosalia Frydman, Jack Preiss, T. Aka-
zawa and others.
In Euglena the reserve polysac-
charide is a ß-I,3-linked glucan usu-
ally called paramylon. Its synthesis
was studied by Goldernberg and
Marechal23 (1963) who found that it
is formed from UDP-glucose.
Many more transfer reactions
have been described so that the
search was becoming monotonous.
Lipid Intermediates
From the data reported it may be
concluded that most of the di-, oli-
go- and polysaccharides which oc-
cur in Nature in an amazing variety
are synthesized Gomnucleotide sug-
ars. However at least in some cases
it seems that the transfer is not direct
but mediated by lipid intermediates.
This has been one of the most impor-
tant ndings of the last years and it is
linked to the work of several groups
(Osborn, Horecker, Strominger, Rob-
bins, Lennartz and others). The struc-
ture of the rst lipid intermediate de-
tected in bacteria (Wright, Dankert,
Fennesy and Robbins57 ,1957) is
shown in Figura 2.
The structure of the compound
was established in very small
amounts mainly by mass spectros-
copy. The compound, undecaprenol
pyrophosphate, contains eleven iso-
prene residues one of them bearing
an OH group joined to a pyrophos-
phate which in turn is linked to sugar
residues.
The role of the carrier lipid in the
formation of Salmonella lipopoly-
saccharide may be summarized in
the following equations (where LP
stands for the monophosphorylated
Figura 2: Antigen carrier lipid.
21
Nobel Lecture
lipid intermediate):
In the rst step (eqn. 10) there is
a transfer of galactose I-phosphate
so that the lipid pyrophosphate and
UMP are formed. Then rhamnose
and mannose are added from the
respective sugar nucleotides. Finally
the trisaccharide units are transferred
so as to form long chains ( n = about
60) of galactose-rham nose-mannose
repeating units joined to the inter-
mediate. In the next step (reaction
14) these would be transferred to
the core of the lipopolysaccharide.
Undecaprenol pyrophosphate plays
a similar role in the formation of
bacterial cell walls in Staphylococci.
The wall material, murein, is formed
by alternating units of acetylglucos-
amine and muramic acid residues.
These chains are cross-linked by
peptides joined to the muramic acid
residues.
The mechanism by which the
cell wall is assembled has been
elucidated mainly by the work
of Strominger’s group (Higashi,
Strominger and Swee le y25, 1967)
and can be written as follows: (M=
N-acetylmuramic acid joined to the
following peptide: L-Ala-D-Glu-l-
Lys-d-Ala-d-Ala; N-AC stands for N-
saccharide peptide is added to a part
of the growing cell wall (referred to
as acceptor in eqn. 19). After this the
cross links are established between
the peptide chains and the cell wall
is complete.
Another piece of work dealing
with lipid intermediates should be
men tioned. This refers to the for-
mation of mannan by Micrococcus
lysodeikticus (Scher, Lennartz and
Sweeley5 l, 1968). The reactions are
as follows:
GDP - mannose + undecaprenol - P
GDP + undecaprenol-P-mannose (20)
Undecaprenol - P - mannose + accep-
tor mannose - acceptor + undecapre-
nol-P (21)
The difference with the previ-
ously mentioned cases is that in the
rst reac tion (20) the sugar without
the phosphate is transferred so that
found in nature. The general formula
is shown in Figure 3.
Many different types of com-
pounds were detected which differ
in the num ber n of isoprene residues,
in the amount of cis or trans double
bonds and also in that some of the
double bonds may be saturated.
The compound isolated from
animal tissues was named dolichol.
In this substance the number of iso-
prene units is around 20 (it can vary
from 16 to 23), and two of the dou-
ble bonds are trans. Furthermore the
double bond nearest to the alcohol
group is saturated. Many other com-
pounds were isolated from different
sources (see Hemming24,1969).
With N.Behrens (Behrens and
Leloir2, 1970) we have studied a
process occurring in liver in which it
turned out that a phosphate of doli-
chol is in-volved. The reactions may
acetylglucosamine):
The rst step (eqn. 16) is a trans-
fer of muramyl peptidephosphate
from the corresponding uridine
nucleotide (one of the compounds
isolated by Park) to undecaprenol
monophosphate. Next (eqn. 17)
N-acetylglucosamine is transferred
from UDP- N-acetylglucosamine.
After that (eqn. 18) ve glycine resi-
dues are added (from a transfer ribo-
nucleic acid) and then the whole di-
no pyrophos phate is formed.
While all this work was going on,
Dankert who had been working with
Robbin’s group returned to Buenos
Aires and transmitted to us his en-
thusiasm for polyprenols.
A Polyprenol Intermediate in
Animal Tissues
A group working at the Univer-
sity of Liverpool formed by Morton,
Hem ming and others has studied
carefully the different polyprenols Figura 3: Polyprenols.
(22)
(23)
(24)
be written as follows:
In these equations DMP stands
for dolichol monophosphate and
E for an endogenous acceptor be-
lieved to be a protein.
The studies were carried out by
incubating liver microsomes with
radio-active UDP-glucose. It was
found that a product soluble in or-
ganic solvents was formed. Further
work showed that reaction 22 could
be carried out so as to measure the
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
22
lipid acceptor (DMP in eqn. 22).
This allowed a purication process
to be developed. The concentrates
obtained gave infrared spectra hav-
ing similarities with polyprenols. The
compound had acidic character and
was relatively stable to acid and al-
kali. It differed from undecaprenol
phos phate in that the latter is acid-
labile. It was reasoned that this dif-
ference could be due to the fact that
in undecaprenol there is a double
bond near the phos phate which is
not present in dolichol. With this
idea in mind the identication of
our lipid acceptor was approached
from another angle. Dolichol was
prepared from liver (Burgos, Hem-
ming, Pennok and Mortons, 1963),
phos phorylated chemically and the
product tested for activity as lipid
acceptor. The synthetic compound
turned out to be identical, in all the
properties tested, to that obtained
from natural sources. For this reason
we refer to it as dolichol monophos-
phate.
As to the glucosylated compound
(DMP-glucose) it was found to be
very labile to acid and to be decom-
posed by alkali giving 1,6-anhydro-
glucosan. The following reaction
(23) could be studied independently
from the rst by using DMP-glucose
prepared in a preliminary run. The
optimal condi tions for activity were
determined. This step (reaction 23)
does not require any cation in con-
trast to reaction 22 in which Mg2+
ions are necessary. Detergents are
required in both steps.
The product formed from DMP-
glucose indicated as glucose-E in
eqn. 23 appears to be a glucosylated
protein but work has just started on
this point. There are very few glucose
containing proteins. One of them is
collagen which contains glucosyl,
glactosyl hydroxylysine residues.
However, the compound formed
with liver microsomes seems to be
clearly different from collagen. The
last reaction (eqn. 24) has not been
studied in any detail and could be
brought by some of the glucosidases
known to be present in liver.
The possibility that the glucosyl-
ation of ceramide, which is the rst
step in the formation of gangliosides,
might be mediated by DMP-glucose
has been investigated with results
that are not quite conclusive but
indicate that DMP glucose is not in-
volved.
Other sugar nucleotides have
been tested and it was found that
UDP-N acetylglucosamine and GDP-
mannose can serve as donors for
the formation of the correspond-
ing DMP-sugars. Other compounds
such as UDP-N acetylgalactosamine
and UDP-galactose gave negative
results (Behrens, Parodi, Leloir and
Krisman, 1971).
The study of the lipid interme-
diates is becoming most interest-
ing. The variety of polyprenols is
large since they may vary in chain
length, number of cis or trans dou-
ble bonds, and degree of saturation.
Furthermore they may have one or
two phosphates and carry different
sugars. The variety of poly prenol
phosphate sugars may turn out to
be as large as that of sugar nucleo-
tides. It has been suggested that their
role may be to provide a lipophylic
moiety to sugars so as to allow them
to permeate the lipid layer of mem-
branes. Since in Salmonella poly-
prenol phosphates are involved in
the formation of specic antigen it
seems likely that in animal tissues
they may be responsible for the for-
mation of the surface carbohydrates
which are so important in the be-
haviour of contacting cells. These
external specic substances and
inter actions which Kalckar28 (1965),
in one of his penetrating essays calls
“ekto biological”, appear to be of
great importance in the “social” be-
haviour of cells. Undoubtedly this
may become a fascinating problem
for future research. Fortunately even
after two decades our eld of inves-
tigation has not become dull or too
fashionable.
Acknowledgements
My whole research career has
been inuenced by one person,
Prof. Bernardo
A. Houssay, who directed my
doctoral thesis and who during all
these years generously gave me his
invaluable advice and friendship: I
also owe very much to my friends,
colleagues and coworkers the names
of which are mentioned in the text.
The help of the “Fundación
Campomar”, Consejo National de
Investiga ciones Cientícas y Técni-
cas, Facultad de Ciencias, Exactas
y Naturales, Universidad de Bue-
nos Aires, the National Institutes of
Health (U.S.A.) and the Rockefeller
Foundation, which allowed us to
carry out our work, is gratefully ac-
knowledged.
NOTAS
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Chem., 243 (1968) 502.
2. N. H. Behrens and L. F. Leloir, Proc.
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phys., 143(1971)375.
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L.L.Daus,
M. Goodman, P. Hayes, V. H.Lynch,
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9. R.Caputto, L.F.Leloir, C.E.Cardini. and
A.C.Paladini, J.Biol;Chem., 184(1950)
23
Nobel Lecture
333.
10. R.Caputto, L.F.Leloir, R.E.Trucco,
C.E.Cardini and A.C.Paladini, Arch.Bio-
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121 (1967)769
45. A.J.Parodi, J.Mordoh, C.R.Krisman
and L.F.Leloir, Arch.Biochem.,Biophys.,
132 (1969) 111.
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L.F.Leloir, Biochem.Biophys.Res.Com-
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49. E.Recondo and L.F.Leloir, Biochem.
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C.C.Sweeley, Proc.Natl.Acad.Sci.(U.S.),
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57. A.Wright, M.Dankert, P.Fennesey
and P.W.Robbins ,Proc.Natl.Acad.Sci.
(U.S.), 57(1967)1798.
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
24
Jorge N. Cornejo
Haydée Santilli
Facultad de Ingeniería – Universidad de
Buenos Aires – Gabinete de Desarrollo de
Metodologías de la Enseñanza.
jcornej@.uba.ar
En el presente trabajo presentamos un bosquejo de las
contribuciones cientícas de Francisco Latzina (1843-1922).
Periodista, astrónomo, cartógrafo y matemático dedicado a la
estadística, la obra de Latzina es vastísima y variada. En la misma
existe, sin embargo, un denominador común, una intención que
se trasunta en todo su trabajo: a través de la ciencia, coadyuvar
a la conformación de la Nación Argentina. En el pensamiento de
Latzina ésta se entiende tanto como una entidad territorial en
la que habitan seres humanos con determinadas características,
como en la forma de una idea operante en el imaginario
simbólico de sus habitantes.
Las contribuciones
cientícas
de Francisco Latzina
INTRODUCCIÓN
Si trazamos un cuadro general de
la historia de la ciencia en Argenti-
na, particularmente la del período
comprendido entre mediados del
siglo XIX y principios del siglo XX,
nos encontraremos con algunas lu-
minarias, tales como Domingo Faus-
tino Sarmiento, ideólogo principal
de un modelo de nación en el que la
ciencia, la tecnología y la educación
sirven al bienestar y al progreso de
un sector de sus habitantes, o Ben-
jamin Arthorp Gould, organizador y
primer director del Observatorio Na-
cional de Córdoba, que con su brillo
ocultan el resplandor de otras perso-
nalidades, quizás menos conocidas
o menos brillantes, pero igualmente
muy importantes para comprender
la génesis de las disciplinas cientí-
cas en nuestro país.
Dentro de tales personalidades
Palabras clave: Francisco Latzina, estadística, cartografía, astronomía.
Key words: Francisco Latzina, statistics, cartography, astronomy.
se encuentra Francisco Latzina, de
quien Paolantonio y Minitti (2009)
dicen que “constituye una de las
personalidades de nuestra evolución
cientíca, que no podemos olvidar.
Francisco Latzina fue astrónomo,
cartógrafo, matemático y estadís-
tico. Según sus propias palabras la
labor de su vida queda consignada
“en unas 50000 páginas impresas.
Estas se componen en su mayor par-
te, de diversas estadísticas tabulares
que involucran, por un lado, la labor
exclusivamente mía, que descien-
de hasta los más ínmos detalles, y
por otro el trabajo meramente me-
cánico de mis empleados. El resto,
varios miles de páginas impresas,
comprende trabajos lexicográcos,
geográcos, temas administrativos,
asuntos cientícos varios, críticas y
diversas estadísticas especiales, to-
dos ellos originales míos” (citado por
Latzina, E., 1943, pág. 71).
Latzina, como muchos otros inte-
lectuales de su época, sostuvo ideas
relacionadas con los conceptos del
positivismo. De ahí su rechazo por
la especulación metafísica pura, y
su interés por todo aquello que se
podía observar, medir y cuanticar
de una manera objetiva. “La razón
de las conexiones causales de los fe-
nómenos naturales, que interroga a
la natura naturans del por qué de la
natura naturata, ésta sí es losofía y
la única digna de ocupar un sitio en
el pensamiento humano”…”La es-
peculación losóca que no se apo-
ya en hechos observados, carece de
base cientíca, y no es más que una
logorrea inútil, como lo son la mayor
parte de esos tratados de losofía
destinados al consumo intelectual
de las escuelas” (Latzina, E., op. cit.,
pág. 72).
En la obra de Latzina, por lo tan-
to, hallaremos una vastísima serie de
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
26
observaciones, análisis, estadísticas,
etc.; que pretenden dar cuenta del
medio ambiente natural, geográco
y humano de su época, pero poco
de interpretación losóca o de
grandes construcciones que abar-
quen los fenómenos estudiados en
una síntesis general.
Esto último no signica que los
trabajos de Latzina sean inconexos
o que no haya establecido puentes,
vínculos y relaciones entre sus dife-
rentes observaciones. Por el contra-
rio, como veremos al tratar su obra
estadística, en su visión del ser hu-
mano se conjugaban desde los fe-
nómenos meteorológicos hasta los
aspectos morales de la población.
Sin embargo, tales concepciones
e ideas unicadoras se mantuvie-
ron siempre dentro del campo de
lo empírico, y nunca avanzó hacia
la construcción de un gran sistema
losóco y, menos aún, metafísico.
A la descripción y contextualiza-
ción histórica de esta vasta y disper-
sa obra estará destinado el presente
trabajo.
ALGUNOS DATOS BIO-
GRÁFICOS
Francisco Latzina nació en Brüm,
Moravia, en 1843. Sirvió en la ma-
rina austríaca y, durante ese entre-
namiento militar, comenzó su dedi-
cación a los estudios matemáticos,
astronómicos y meteorológicos. En
1864 fue herido en combate y aban-
donó el servicio activo.
Luego de algunos viajes a Améri-
ca del Sur, se ancó en Buenos Aires
a comienzos de la década de 1870.
Fue en esta ciudad donde conoció
al entonces presidente de la Nación,
Domingo Faustino Sarmiento, quien
lo contrató para desempeñarse en el
Colegio Nacional de Catamarca, al
frente de la cátedra de Matemáticas,
en 1872. Cabe destacar que fue una
decisión del propio Latzina la que lo
llevó a establecerse en nuestro país,
por lo que no debe incluirse entre
las personalidades cientícas invita-
das por Sarmiento a radicarse y tra-
bajar en la Argentina.
Casi inmediatamente después
de su llegada a Catamarca, Latzina
inició contactos con el Dr. Benjamin
Gould, director del Observatorio Na-
cional Argentino (ONA), con ánimos
de colaborar en la determinación de
la latitud y longitud de la plaza cen-
tral de aquella ciudad. Una vez que
entabló relación con Latzina, Gould
decidió que la incorporación del
primero resultaría muy útil para el
ONA. Probablemente fue Sarmiento
quien puso al tanto a Gould sobre
las condiciones personales de Latzi-
Figura 1: Francisco Latzina, detalle de fotografía de grupo de los miembros de la
Academia Nacional de Ciencias – tomada entre 1876 y 1880 – (Gentileza Academia
Nacional de Ciencias). Fuente: Paolantonio y Minitti (2009).
Figura 2: Carta que Gould le envía a Latzina con motivo de solicitarles mediciones
complementarias para determinar la latitud del centro de la plaza de Catamarca.
Gentileza del Museo Eduardo Latzina.
27
Las contribuciones cientícas de Francisco Latzina
tadística Nacional, con sede en la
Ciudad de Buenos Aires. Su labor al
frente de la institución, que con pos-
terioridad se denominó Dirección
General de Estadística, fue extraor-
dinaria. Los anuarios publicados por
la entidad mencionada, entre 1880
y 1914, son el testimonio del trabajo
realizado por Latzina al frente de la
misma, hasta su retiro, ocurrido en
1914.
Además de su participación en
la Academia Nacional de Ciencias,
Latzina fue miembro de la Real So-
ciedad Inglesa de Estadísticas, de las
Sociedades de Geografía y de Geo-
grafía Comercial, de la Sociedad de
Estadística de París y de la Academia
Nacional de Historia de Venezuela.
También participó con trabajos so-
bre geografía y estadística en distin-
tos certámenes, obteniendo premios
en la Exposición Universal de París
de 1889 y en la de Chicago de 1892.
Para dar una idea de la vastedad
de sus actividades, digamos que la
palabra “dactiloscopía” es de su
creación, sustituyendo al término
“ignofalangometría” (medición de la
falange), que se usaba desde 1891.
Latzina vio que, en realidad, en ese
procedimiento no se utilizaban las
medidas de la falange, por lo que
na, en particular sus conocimientos
matemáticos, astronómicos y me-
teorológicos. Tampoco pueden des-
cartarse las vinculaciones masóni-
cas de estos personajes: tanto Gould
como Latzina fueron miembros de la
Logia masónica “Piedad y Unión N°
34”, en la ciudad de Córdoba1.
Obsérvese en la Figura 2 cómo
Gould se dirige a Latzina en un pla-
no de igualdad, siendo el primero
Director del Observatorio y el se-
gundo, un Profesor de Enseñanza
Media. Esto puede indicar una va-
loración importante de la profesión
docente, o bien, ser una consecuen-
cia de la pertenencia de ambos a la
misma Logia.
El hecho es que Latzina fue -
nalmente contratado por el obser-
vatorio, que sufría en esa época un
permanente décit de personal ca-
pacitado para realizar las tareas que
se llevaban adelante. La propuesta
para su incorporación al personal
del ONA fue formulada por Gould
al Ministro Avellaneda el 26 de
mayo de 1873. Figura 3.
Los primeros trabajos de Latzina
en el ONA se relacionaron con el
Catálogo de Zonas. Además, duran-
te 1874 realizó prolijas mediciones
de las diferencias de nivel existentes
entre el Observatorio y la plaza prin-
cipal de la ciudad de Córdoba.
Diferencias con el personal del
establecimiento, en particular con el
personal extranjero contratado por
Gould, lo decidieron a regresar a
Catamarca en 1875, pero esta vez al
frente de la cátedra de Matemáticas
de la Escuela de Minas. La natura-
leza de las diferencias mencionadas
no está enteramente clara, pero pa-
recen haberse producido durante un
período de ausencia de Gould, que
fue temporalmente reemplazado por
Latzina en la dirección del ONA.
En 1876, Adolfo Doering y Jor-
ge Hieronymus, de la Universidad
de Córdoba, le propusieron hacerse
cargo de la cátedra de Matemáticas
de la Facultad de Ciencias Físico-
Matemáticas. Desde esa posición,
Latzina colaboró en la organización
de la Academia Nacional de Cien-
cias, a la que se incorporó como
miembro de su primera Comisión
Figura 3: Copia de la carta ocial dirigida al Ministro N.
Avellaneda solicitando la designación de F. Latzina (Libro
Copiador, Archivo Biblioteca Observatorio Astronómico
de la UNC). Fuente: Paolantonio y Minitti (2009).
Figura 4: Algunos miembros de la Academia de Ciencias de Cór-
doba, en 1876. De izquierda a derecha, sentados: Hendrik We-
yenbergh, Francisco Latzina, Oscar Döring, De pie: Jorge Hie-
ronymus, Luis Brackenbusch, Adolfo Döring, Federico Schultz.
Fuente: Bollo (1998).
Directiva. Figura 4.
En 1880, fue
designado Jefe de
la Ocina de Es-
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
28
propuso el cambio de nombre en
un artículo publicado en el diario La
Nación el 08/01/1894, con el título
”Reminiscencias Platenses con ribe-
tes antropométricos“. La propuesta
fue rápidamente aceptada por Juan
Vucetich, creador del sistema.
Eduardo Latzina, hijo de Fran-
cisco, fue el segundo rector de la
escuela Otto Krause, y el principal
impulsor del establecimiento del
Museo de la misma, que lleva su
nombre. Eduardo conservó y publi-
có pensamientos y textos inéditos de
Francisco, y a su obra debemos, en
gran parte, poder reconstruir el tra-
bajo del cientíco que nos ocupa.
Figura 5.
Francisco Latzina falleció en
Buenos Aires el 7 de Octubre de
1922. Dentro de su vasta produc-
ción, hemos elegido tratar su obra
astronómica, cartográca y estadísti-
ca, que analizaremos sintéticamente
en los apartados siguientes.
OBRA ASTRONÓMICA
Para Domingo F. Sarmiento, la
astronomía era una de las disciplinas
fundamentales en la constitución del
ciudadano “moderno”, una ciencia
que permitiría a la población elevar-
se sobre las concepciones religiosas
y metafísicas y alcanzar el reino de
la razón positiva, lo que conduciría
al progreso de la Nación. De ahí su
interés en la fundación del ONA,
institución que se convertiría en un
“polo” de atracción de cientícos
extranjeros.
Los primeros trabajos cientícos
de Latzina en nuestro país fueron,
precisamente, astronómicos. Sin
embargo, la obra especícamente
astronómica de Latzina fue breve
y se limitó a los aportes, de índole
básicamente geográca, que realizó
durante su trabajo en el ONA.
En efecto, durante 1874, Latzi-
na realizó prolijas mediciones de
las diferencias de nivel entre el Ob-
servatorio y la plaza principal de la
ciudad de Córdoba. Siguiendo una
poligonal de 2.058 metros, encon-
tró un valor de 33,665 metros para
esa diferencia, entre el umbral de la
puerta norte del Observatorio y la
esquina sureste de esa plaza, ubi-
cada frente a la Catedral. Tomando
posteriormente los valores medi-
dos en la nivelación del ferrocarril
Central Argentino, estableció para
el Observatorio una altura sobre el
Figura 5: Eduardo Latzina, hijo de Francisco, segundo Director de la Escuela Otto
Krause, y creador del Museo de la misma, conservó numerosos textos de su padre,
y a él debemos poder reconstruir su vasta obra. Imagen obtenida de: www.aeok.org.
ar/museo/fotos/latzina.jpg
nivel del mar de 426,94 m, lo que
brinda para la plaza central de la
ciudad una altura sobre el nivel del
mar de 393,275 metros (Paolantonio
y Minitti, 2009).
En años posteriores, cuando sus
tareas ociales le dejaban tiempo,
Latzina realizó unas pocas observa-
ciones astronómicas, muy precisas
pero escasamente relevantes, algu-
nas de las cuales mencionaremos
más adelante.
OBRA CARTOGRÁFICA
De acuerdo con Bollo (1998), la
cartografía es, a la vez, un produc-
to técnico y un artefacto cultural.
Según este autor, los primeros ma-
pas fueron soportes visuales indis-
pensables de unas pequeñas obras
de divulgación, conocidas con la
denominación genérica de manua-
les estadísticos y geográcos. Estas
cartas geográcas no fueron, única-
mente, un instrumento de dominio
sobre el territorio argentino, sino
también una imagen que otras na-
ciones, primero, y el Estado nacio-
nal, después, habían elaborado y
querían transmitir de la Argentina.
Así como una célula en formación
necesita separar su medio interno
del ambiente externo a través de la
creación de una membrana que, al
limitarla, le otorga identidad, así el
Estado en formación debía presentar
con claridad sus fronteras, sus lími-
tes, su forma, diferenciar su interior
del afuera, y presentarse como una
entidad con sonomía propia ante
sí mismo y ante las demás naciones.
La Argentina, una región geográ-
ca y humanamente diversa, con un
mosaico de pueblos originarios y
una población criolla resultante de
distintas oleadas inmigratorias, ne-
cesitaba denir su unidad territorial
para construir así su ser propio, su
autonomía, su identidad.
Si la construcción de los Esta-
dos nacionales modernos estuvo
acompañada del levantamiento de
29
Las contribuciones cientícas de Francisco Latzina
mapas detallados del territorio, ello
fue posible gracias a la organización
de institutos y cuerpos cartográcos,
encargados de su realización y reno-
vación periódica. No fue sino hasta
1870 cuando en la Argentina se creó
la Ocina de Ingenieros Nacionales,
bajo la jurisdicción del Ministerio
del Interior, la que inició la reali-
zación de trabajos cartográcos en
forma sistemática. En 1875, gracias
a la expansión territorial, junto a las
observaciones realizadas por el Ob-
servatorio Astronómico de Córdoba,
se pudo levantar un mapa físico y
político del país unicado. Con la
sanción de la ley N° 817 de Inmi-
gración y Colonización, en 1876,
se generó la necesidad explícita de
atraer a los europeos para que lo ha-
bitasen.
Así, la contracara de un mapa
del territorio nacional reproducía
la información necesaria para los
inmigrantes: artículos de leyes, in-
formación sobre la dirección de los
vientos, ubicación de las colonias
agrícolas, valor de la tierra, medios
de comunicación existentes, mone-
da, pesas y medidas vigentes, precio
del pasaje desde Europa, salarios
recibidos y precios de algunos ar-
tículos de consumo popular en la
ciudad de Buenos Aires. El ejemplo
típico de esto es el “Mapa geográ-
co y estadístico de la República Ar-
gentina, 1882. La República Argenti-
na como destino de la inmigración
europea”, del que Latzina fue cola-
borador y, fundamentalmente, difu-
sor. Con el ascenso a la presidencia
del general Julio A. Roca, Latzina se
convirtió en el jefe de la estadística
pública y realizó su aporte al co-
nocimiento del país al imprimir en
alemán, castellano, francés, inglés e
italiano, 120.000 ejemplares de ese
mapa físico y político. Los mismos
eran repartidos en las representa-
ciones consulares de los países eu-
ropeos. Allí aparecían dibujadas las
líneas de isotermas elaboradas por
la Ocina Meteorológica Argentina,
pues uno de sus objetivos era difun-
dir, entre los potenciales migrantes,
las virtudes de un ambiente con las
temperaturas medias similares a va-
rias regiones europeas. El mapa era
acompañado por dos ampliaciones,
un plano de la ciudad de Buenos
Aires y una carta topográca de las
colonias agrícolas de Santa Fe.
Según Eduardo Latzina (op. cit.,
pág. 22), “esta publicación, que fue
considerada en su tiempo como un
modelo de síntesis geográca y esta-
dística, resultó de suma utilidad para
el país, pues lo hizo conocer en el
extranjero y sirvió de propaganda
para establecer la fuerte corriente
inmigratoria que se inició en el año
1886”. Figura 6.
La gran obra geográca origi-
nal de Latzina se publicó recién en
1888. Nos referimos a la Geogra-
fía de la República Argentina, cuya
aparición resultó todo un aconte-
cimiento. Durante largo tiempo los
periódicos, tanto nacionales como
extranjeros, comentaron la obra en
términos elogiosos y su autor fue ob-
jeto de numerosos premios y home-
najes debidos a su publicación.
Entre las distinciones señaladas,
merece destacarse la que le tribu-
el Instituto Geográco Argentino
y que consistió en la entrega del
“Gran Premio Rivadavia”, en un
acto público que tuvo lugar el 12 de
octubre de 1888. No parece casual,
por cierto, que se haya elegido para
la concesión del premio el día con-
memorativo del primer desembarco
europeo en América, en una época
en que el fomento de la inmigración
era una cuestión de vital importan-
cia para el Estado Nacional.
Figura 7 y Figura 8.
A través de la obra cartográca
de Latzina puede apreciarse el es-
caso interés que la diplomacia ar-
gentina de la época otorgaba a la
soberanía sobre los territorios insu-
lares ubicados al sur de nuestro país.
El denominado “Mapa de Latzina”
adquirió notoriedad durante las
décadas de 1970 y 80, cuando fue
utilizado por la mediación papal du-
rante el conicto de límites con Chi-
le. En la gura 9 apreciamos el mapa
que el Dr. Bernardo de Irigoyen, en
esa época Ministro del Interior, le
encargó al Dr. Latzina con el obje-
tivo de fomentar la inmigración. En
dicho mapa, en el extremo sur de la
Figura 6: Tapa de la edición italiana de La República Argentina como destino de la
inmigración europea, 1882, acompañada por un mapa físico y político de la Repú-
blica Argentina, del mismo libro, impresos por Imprenta “La Unión”, Buenos Aires,
1883. Esta fue la primera carta geográca editada en este idioma. En su contracara
se reproducían los precios de los pasajes, desde varios puertos de Europa hasta la
ciudad de Buenos Aires. (Bollo, 1998).
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
30
región, el límite internacional entre
Argentina y Chile está trazado por el
centro del canal de Beagle y el es-
trecho al sur de la Isla de los Esta-
dos. De esta forma, las islas Picton,
Nueva, Lenox y otras islas e islotes,
hasta el Cabo de Hornos, aparecen
como pertenecientes a la soberanía
chilena. Figura 9.
Con respecto a la soberanía so-
bre las Islas Malvinas, es revelador
el mapa presentado en la gura 10.
En el mismo, si bien se advierte la
presencia de las Islas, estas se en-
cuentran representadas en un color
diferente al del territorio nacional.
En dicho territorio se destaca am-
pliamente el conjunto de detalles
orográcos, mientras que este se
encuentra completamente ausente
en las islas. Esto comprueba la esca-
sa importancia que Latzina otorgó,
en su mapa, a las Islas Malvinas, en
consonancia con la postura diplo-
mática de la época. Figura 10.
Pocos días después de la entrega
del “Gran Premio Rivadavia”, Latzi-
na fue nombrado miembro de una
comisión encargada de practicar
el censo de los bienes nacionales.
Precisamente, la obra geográca de
Francisco Latzina es inseparable de
su obra estadística, y a esta última
haremos referencia a continuación.
OBRA ESTADÍSTICA
Dentro del programa de cons-
trucción de la Nación ideado por
Sarmiento, la estadística, particular-
mente aquella aplicada con propósi-
tos censales, era fundamental. Había
que presentar una Nación aceptable
y atractiva para los inmigrantes; para
ello hacía falta conocerla, y no sólo
geográca, sino también económica
y humanamente. Además, había que
constatar el “progreso” que, según
las ideas vigentes, debía operarse
progresivamente en las característi-
cas antropométricas y socio-econó-
micas de los habitantes, de donde se
imponía la necesidad del censado
periódico de los mismos.
Para Latzina la estadística es la
“ciencia de las relatividades” y ella
sirve explícitamente para cultivar
la civilización y eliminar la barba-
rie: “La civilización se distingue de
la barbarie, por la previsión, que no
conocen los bárbaros. La institución
del seguro, en todas sus aplicacio-
nes, es el exponente más alto de la
previsión, y es a la estadística que
suministra los materiales para el cál-
culo de los riesgos que el seguro co-
rre, que se debe este excelso factor
de cultura. (Latzina, E., op.cit., pág.
72).
Según Latzina, la estadística es,
al mismo tiempo, un arte de obser-
vación y una ciencia de gobierno.
La concibe como una práctica clasi-
catoria y descriptiva, base de otras
ciencias y fundamento del ejercicio
del poder político. Opone un discur-
so empírico a las formas doctrinarias
y generalistas que, en su propia opi-
nión, le habían precedido.
La ación de Francisco Latzina a
los estudios estadísticos, principal-
mente los de corte demográco, se
perló al comienzo de su actuación
docente en la Universidad, cuando
publicó dos trabajos: Cuestiones
sobre población y Ojeada sobre el
censo nacional argentino del 1869.
Ese mismo año también escribió una
obra sobre meteorología, titulada
Sobre los vientos. De hecho, la esta-
dística y la meteorología estuvieron
siempre relacionadas en la obra de
Latzina. Siguieron a estas publica-
Figura 7: Portada de la edición francesa
de la Geografía de la República Argen-
tina.
Figura 8: Plano de la Ciudad de Buenos Aires y mapa de los ferrocarriles, correos
y telégrafos de la República Argentina, en la edición de 1890 de la Geografía de la
República Argentina.
31
Las contribuciones cientícas de Francisco Latzina
ciones muchas otras, entre las que
se destacan sus estadísticas sobre el
nivel de vida de la sociedad cordo-
besa, con particular atención a los
índices de mortalidad infantil.
En 1881, el presidente Roca le
conó la dirección de la Ocina Na-
cional de Estadística, en la que Latzi-
na pudo desplegar toda su vocación
de matemático. Mejoró la forma de
realizar y presentar las estadísticas,
creó la estadística del comercio in-
terior, hasta entonces inexistente, e
inició una serie de profundas refor-
mas en todos los campos en los que
la estadística podía tener injerencia.
Paralelamente, realizaba observa-
ciones meteorológicas y hasta algu-
na observación astronómica, como
puede apreciarse en su publicación
El tránsito de Venus por el Sol el 6
de diciembre de 1882. En el pensa-
miento de Latzina esta obra estadís-
tica, meteorológica y astronómica
conformaba una unidad, en la que
las distintas disciplinas se interrela-
cionaban hasta constituir una visión
global del ser humano donde no es-
taba excluido ni lo biológico ni lo
moral. Latzina analiza desde la in-
uencia de las estaciones del año
en los fenómenos demográcos (por
ejemplo, en el número de nacimien-
tos y defunciones) hasta el “haber”
y el “debe” morales, entendido el
primero como la medida de los re-
cursos de la población y el segundo
como el conjunto de los males so-
ciales (Daniel, 2009).
Latzina continuó publicando
trabajos, tanto censos y estadísticas
nacionales como obras teóricas, casi
hasta el año de su muerte. Entre es-
tos se destacan La Argentina consi-
derada en sus aspectos físico, social
y económico, dos tomos publicados
en 1908; La instrucción pública y
privada en 1912, una monografía
incluida en el Anuario de la Direc-
ción General de Estadística; y De-
mografía dinámica. Movimiento de
población en 1914. En todas estas
obras, según sus propias palabras, el
concepto imperante es que “La esta-
dística es la ciencia de las relativida-
des entre números determinados. Su
campo de investigaciones se extien-
de al conjunto de cosas, hechos y
fenómenos que son susceptibles de
una expresión numérica”. Latzina
reclamaba para la paternidad de
esta denición de la estadística, que
consideraba “la más breve y losó-
ca de todas” (Latzina, E., op. cit.,
pág. 69).
Su pasión por los números y la
matemática fue tan grande que hasta
motivó que se caricaturizara como
se puede apreciar en la Figura 11.
Francisco Latzina falleció en
Buenos Aires el 7 de octubre de
1922, como consecuencia de una
bronquitis crónica. Según cuenta su
hijo Eduardo, siguió trabajando has-
ta cinco días antes de su muerte, en
una historia general de la estadística
en Argentina, destinada a la Socie-
dad Cientíca Argentina y que, la-
mentablemente, no llegó a terminar.
PALABRAS FINALES
Francisco Latzina integra un
conjunto de personalidades poco
conocidas que, sin embargo, mere-
cen ocupar un lugar importante en
la Historia de la Ciencia en Argen-
tina. Lo que hemos presentado aquí
es sólo un bosquejo de su vastísima
obra cientíca. En la misma existe,
sin embargo, un denominador co-
mún, una intención que se trasun-
ta en todo su trabajo: a través de
la ciencia, coadyuvar a la confor-
mación de la Nación Argentina. En
el pensamiento de Latzina ésta se
entiende tanto como una entidad
Figura 9: El “Mapa de Latzina”, inclui-
do en la Geografía de la República Ar-
gentina publicada en Buenos Aires en
1888 por Francisco Latzina. Imagen
obtenida en: www.maps.com.ar/images/
mini1888.jpg. Acceso: 6 de agosto de
2009.
Figura 10: Este mapa de Argentina, obra de Latzina, muestra las Islas Malvinas con
su capital, Puerto Stanley, pero las Georgias del Sur y las Islas Sandwich del Sur
no están incluidas como territorio argentino. Fuente consultada 6 de agosto 2009:
http://www.malvinense.com.ar/foro/viewtopic.php?t=1431.
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
32
territorial en la que habitan seres hu-
manos con determinadas caracterís-
ticas, como en la forma de una idea
operante en el imaginario simbólico
de sus habitantes.
No hemos profundizado en algu-
nos aspectos controversiales de su
obra, como la orientación supuesta-
mente antisemita que imprimió a los
textos de Historia y Geografía utili-
zados en las escuelas, cuando des-
empeñó el cargo de miembro de la
comisión revisora de textos de histo-
ria y geografía del Consejo Nacional
de Educación. Tales cuestiones ex-
ceden el marco del presente trabajo.
Nuestra intención ha sido mos-
trar que la ciencia en Argentina se
construyó con el aporte de nume-
rosas personalidades, algunas de
las cuales han pasado casi desaper-
cibidas para los historiadores. Pero
que tuvieron, sin embargo, gran im-
portancia en la construcción de la
cartográca y estadística. Conocer
la vida y la obra de estas persona-
lidades puede aportar, entonces, no
sólo a nuestro conocimiento de la
génesis de la ciencia en Argentina,
sino a la comprensión de la tempra-
na génesis de nuestro país.Figura 12
BIBLIOGRAFÍA
Bollo, H., Una tradición cartográca
física y política de la Argentina,
1838-1882, Ciencia Hoy, dispo-
nible en: http://www.cienciahoy.
org.ar/hoy46/cart01.htm, acceso:
20/11/2009, 8(46) (1998).
Daniel, C., Un imaginario estadís-
tico para la Argentina moderna
(1869 1914), Buenos Aires,
Cuaderno del IDES (Instituto de
Desarrollo Económico y Social)
N° 17 (2009).
Latzina, E., Francisco Latzina en el
centenario de su natalicio – Su
labor intelectual de 50 años en la
Argentina memorada por su hijo
Eduardo Latzina, Buenos Aires,
Editorial Peuser, (1943).
Paolantonio, S. y Minitti, E. R. Fran-
cisco Latzina, publicado online
en www.historiadelaastrono-
mia.wordpress.com, acceso:
10/11/2009 (2009).
AGRADECIMIENTO
Los autores del presente trabajo de-
sean expresar su agradecimiento a la
Arq. Mabel Colucci, a cargo del Mu-
seo Eduardo Latzina, por su valiosa
colaboración.
NOTAS
1 Sarmiento también fue masón y, a
lo largo de su vida, integró distintas
Logias, tales como Unión Fraternal
N° 1, en Santiago de Chile, y Unión
del Plata N° 1, en Buenos Aires.
Figura 11: Caricatura de Francisco Latzina realizada por el
dibujante Cao, publicada en 1902 en la revista Caras y Ca-
retas. Al pie de la caricatura leemos: “En su pasión por los
números es capaz de sostener que el Dios del Sinaí puso en
manos de Moisés las tablas de logaritmos por las Tablas de
la Ley”.
Figura 12: Medalla realizada por Carlos Sobieski, quien fuera
profesor de la Escuela Técnica 1 “Otto Krause”, en fecha
indeterminada.
Argentina como
Nación; en el
caso de Latzina,
por ejemplo, a
través de su obra
Ana M. Marsanasco
Pablo S. García
Universidad de Buenos Aires-CONICET.
Centro de Investigaciones en Epistemología
de las Ciencias Económicas (CIECE), Facul-
tad de Ciencias Económicas de la Universi-
dad de Buenos Aires.
ana_marsanasco@yahoo.com.ar
Las múltiples acepciones que posee la palabra “globalización”
favorecieron el surgimiento de distintas líneas de interpretación
que, ciertamente, encierran dilemas y paradojas en torno a este
concepto.
En este sentido, autores como Ulrich Beck arman que la
globalización, por un lado, revaloriza culturas locales y trae a un
primer plano otras culturas a través de la creación de vínculos
y espacios sociales transnacionales en virtud de los cuales los
Estados nacionales soberanos se entremezclan con actores
transnacionales. Por otro lado, la globalización signica erosión
y pérdida de soberanía del Estado nacional, ya que se suele
denir el Estado en función de la dimensión territorial de su
La gobernanza de los
clusters desde una mirada
pluralista del Estado en un
contexto globalizado
INTRODUCCIÓN
Hoy en día pocas palabras son
de uso tan habitual y se reeren a
contenidos tan disímiles como “glo-
balización”. Este término se utiliza
para abordar cuestiones tales como
la modernidad, la homogeneidad
de las sociedades, la fragmentación
Palabras clave: Gobernanza, Estado, Globalización.
de la identidad del Estado, la im-
posición de los mercados, el poder
de la razón, las concepciones de la
realidad, entre otras. La habitual ex-
presión “vivimos en un mundo cada
vez más globalizado” involucra los
dilemas y las paradojas que presenta
esta palabra.
Una primera línea de interpre-
tación propuso que, a partir de los
avances en las comunicaciones y en
los medios de transportes que tuvie-
ron lugar a nales del último siglo,
se debilitarían las fronteras y pasa-
ríamos a integrar un mercado global
homogéneo en el cual las diferen-
cias entre los países y las culturas
tenderían a desaparecer. Se pensó a
poder. Como es posible apreciar, tales nociones ponen en evidencia el carácter paradójico del término.
A partir de estas ideas, en el presente trabajo analizaremos la forma en que esta desnacionalización puede
transformar al Estado en un actor partícipe y generador de procesos de cooperación y competitividad locales,
haciendo alusión a una concepción pluralista del Estado en la cual el papel de los clusters o aglomerados
productivos cobra particular relevancia: la competitividad de un sector demanda cada vez más la interacción
de las empresas con una diversidad de actores no necesariamente empresariales. Tales circunstancias convierten
a los aglomerados productivos en una estructura organizativa más propicia para afrontar estos desafíos y, a su
vez, nos invita a estudiar el modo en que se organizan estos clusters, es decir, su gobernanza, a n de alcanzar
objetivos comunes.
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
34
la globalización como una noción
de “aldea global”, es decir, se esbo-
la idea de que la globalización
llevaría a una unicación paulatina
de los modos de vida y símbolos
culturales.
Sin embargo, como arma el
sociólogo Ulrich Beck, la globali-
zación cultural no signica necesa-
riamente que el mundo se haga más
homogéneo desde el punto de vista
cultural. Precisamente, este concep-
to de culturas heterogéneas hace
tambalear la imagen de un espacio
homogéneo, cerrado, estanco y na-
cional-estatal. La discusión acerca
de la globalidad nos hace percatar-
nos que hace ya bastante tiempo que
vivimos en una sociedad mundial,
de modo que la tesis de los espacios
cerrados es cticia. Así, este autor
considera a la “globalidad” como la
“sociedad mundial”. En esta expre-
sión, “mundial” signica diferencia,
pluralidad, y “sociedad” signica
Estado de no-integración. El contex-
to mundial actual presenta una rea-
lidad heterogénea, fragmentada, lle-
na de contrastes y divergencias que
dieren bastante de la “integración
planetaria” inicialmente formulada.
A través de la visión de Beck, la
sociedad mundial es comprendida
como una pluralidad sin unidad: la
globalización involucra un proceso
que crea vínculos y espacios socia-
les transnacionales, revaloriza cultu-
ras locales y trae a un primer plano
otras culturas en virtud de las cuales
los Estados nacionales soberanos se
entremezclan con actores transna-
cionales. Pero, la globalización sig-
nica también desnacionalización,
o sea, erosión y pérdida de sobera-
nía del Estado nacional. Ideas que,
ciertamente, destacan el carácter
paradójico del concepto. En lo que
sigue, nos ocuparemos del modo en
que esta desnacionalización puede
convertir al Estado en un actor dina-
mizador y partícipe de procesos de
cooperación y competitividad loca-
les.
Atentos a lo mencionado en los
párrafos anteriores, la globalización
parece presentarse como un factor
amenazador al pretender restarle
poder a la política estatal-nacional,
ya que el Estado nacional es un Esta-
do territorial, es decir, basa su poder
en su apego a un lugar concreto (es
común denir el Estado en función
de la dimensión territorial de su po-
der). Y, de acuerdo con Beck, este
modelo tradicional de Estado nacio-
nal sólo tendrá probabilidades de
supervivencia en la nueva estructura
de poder del mercado mundial, así
como en las instancias y movimien-
tos transnacionales, si el proceso de
globalización se convierte en crite-
rio de la política nacional en sus res-
pectivos ámbitos.
Por tanto, es posible observar un
paralelismo entre los conceptos de
globalización y de localización: las
organizaciones que prestan servi-
cios o generan y comercializan sus
productos globalmente deben tam-
bién desarrollar relaciones locales,
ya que su negocio se apoya sobre
pilares locales. En este sentido, Sas-
sen y Beck coinciden al señalar que
el estudio de lo global no se limita
sólo a aquellos fenómenos que se
dan en esta escala. También es ne-
cesario un análisis de las prácticas
y de las condiciones locales que se
articulan con la dinámica mundial.
Precisamente, este análisis implica
el reconocimiento de fenómenos de
escala global que se encuentran in-
sertos parcialmente en espacios sub-
nacionales.
Desde este enfoque, “global” se
asemeja a la idea de “conectado a
tierra” y en muchos lugares a la vez.
Beck, por su parte, vincula estos tér-
minos empleando la palabra “gloca-
lización”, la cual hace alusión a que
lo local debe entenderse como un
aspecto de lo global y que la “cul-
tura global” no puede entenderse
estáticamente, sino como un proce-
so contingente y dialéctico en cuya
unidad se aprecian y descifran ele-
mentos contradictorios.
Por su parte, Sassen menciona
que se suele conceptualizar lo glo-
bal como una instancia superadora o
neutralizadora del territorio. Sin em-
bargo, al igual que Beck, sostiene la
noción de que lo global trasciende el
marco exclusivo del Estado-nación y
al mismo tiempo habita parcialmen-
te los territorios y las instituciones
nacionales o locales. A su vez, si
bien la mayoría de los procesos y
las entidades que se encuentran en
el interior del territorio nacional son
“nacionales”, existe un número cre-
ciente de casos de localización de
lo global y de desnacionalización de
lo nacional. Estos últimos procesos
no pertenecen necesariamente a la
escala global pero forman parte de
la globalización porque incorporan
redes o entidades transfronterizas
que conectan múltiples procesos y
actores locales.
La evidente internacionalización
económica que involucra este pro-
ceso deriva en una “adaptación”
del Estado a los intereses de las em-
presas e inversores (Sassen, 2007),
situación que conduce tanto a una
desnacionalización de ciertos com-
ponentes institucionales como a la
realización obligatoria de determi-
nadas labores que tienen un resul-
tado paradójico: el Estado incorpora
el proyecto global a través de la dis-
minución de su propia intervención
en la regulación de las transacciones
económicas en su territorio y en sus
fronteras, y a raíz de esto, surge un
nuevo orden institucional en el seno
del Estado nacional caracterizado
por privatizar lo que hasta ahora era
público y desnacionalizar ciertos
componentes de la autoridad y de
las políticas de Estado.
LA CRISIS DEL MODELO
TRADICIONAL DE ESTADO
NACIONAL
35
La gobernanza de los clusters desde una mirada pluralista del Estado en un contexto globalizado
En general, se suelen distinguir
dos perspectivas del Estado: una
“clásica”, que concibe al Estado
como una unidad de propósito o de
intencionalidad (“el” Estado) y una
concepción más empírica que sus-
tituye a la anterior, la cual concibe
el Estado como una sumatoria de
ámbitos. La concepción clásica se
reere a la noción de Estado, pero
más bien como “Imperio”. La Fi-
gura 1 representa está perspectiva,
mostrando las relaciones del Estado
como elemento fundamental de la
estructura social.
En cambio, la mirada “pluralista”
asume una idea del Estado como un
miembro más de un nuevo orden
institucional en el cual éste ya no es
el único actor, o el actor más estra-
tégico. Esta visión más fragmentada
del Estado se traduce en diferentes
políticas públicas y en una multipli-
cidad de sectores sociales que giran
a su alrededor. La misma dio lugar a
una gran pluralidad de actores trans-
nacionales y nacionales-estatales
compitiendo y cooperando entre sí,
circunstancia que puso de manies-
to los conictos entre las diferentes
“partes” o “fragmentos”.
Ante este nuevo paradigma, vale
la pena preguntarse cuál será la for-
ma de gobernanza que asumirán es-
tas partes. Nos ocuparemos de ello
en los párrafos que siguen.
Figura 1: Perspectiva clásica del Estado.
LA NOCIÓN DE
GOBERNANZA EN LOS
CLUSTERS
al comportamiento de toda la enti-
dad. De allí que la gobernabilidad
tiene que ver con las consecuencias
de esas estructuras y de esas deci-
siones, y se relaciona con la imple-
mentación y con sus consecuencias,
a la vez que se vincula con la ca-
pacidad de lograr impactos a través
de las decisiones que se adopten
dentro de la estructura de gobierno.
En cambio, la gobernanza es algo
más complejo, y se asemeja más a
la idea de una orquesta: cada parte
autónoma se articula en el todo, no
por gobierno o autoridad, sino por
una articulación o ajuste mutuo. En
denitiva, señala este autor, la bue-
na gobernanza consiste en que estas
lógicas se articulen, se entrecrucen,
se complementen, y que no se obs-
truyan.
Por su parte, la Real Academia
Española dene “gobernanza” como
el arte o manera de gobernar que se
propone como objetivo el logro de
un desarrollo económico, social e
DIFERENTES PERSPECTIVAS
DEL ESTADO
De acuerdo con Martinez No-
gueira (2000), la gobernanza o go-
vernance forma parte de un continuo
conceptual en el cual el gobierno
representa las estructuras y las de-
cisiones producidas por el ápice
de la organización que se orientan
UNIVERSIDADES
INSTITUCIONES
FINANCIERAS INSTITUCIONES
DE
INVESTIGACIÓN
SECTORES
PRODUCTIVOS
INSTITUCIONES
DE ASOCIACIÓN
CÁMARAS
EMPRESARIAS
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
36
institucional duradero, promovien-
do un sano equilibrio entre el Esta-
do, la sociedad civil y el mercado de
la economía.
En esta denición, resulta evi-
dente la concepción pluralista del
Estado que encierra el concepto
de governance. Así pues, existen
ámbitos en los cuales el Gobierno
actuará como único órgano intervi-
niente, pero también tendrán lugar
otros contextos en los cuales los ac-
tores individuales actúen y el Estado
participe como un actor más de un
proceso de interdependencia y com-
plementariedad. Es en este punto
que cobra relevancia el papel de los
clusters o aglomerados productivos.
Gómez Minujín (2005) dene a
los clusters como concentraciones
sectoriales o geográcas de empre-
sas que se desempeñan en las mis-
mas actividades o actividades estre-
chamente relacionadas, donde se
establecen vinculaciones entre di-
versos actores (empresas, gobierno,
universidades, instituciones nan-
cieras, asociaciones, entre otras).
Ciertamente, la competitividad de
un sector demanda la interacción de
las empresas con una diversidad de
actores no necesariamente empresa-
riales. Las empresas que integran un
aglomerado productivo compiten y
cooperan a la vez. La competencia
favorece la división del trabajo entre
las empresas, ya que cada rma se
especializa en el desarrollo de una
determinada capacidad productiva,
es decir, concentra sus recursos en
producir aquello para lo que es más
eciente. Mientras que la coopera-
ción incrementa la capacidad de
respuesta conjunta de las rmas ante
cambios en la demanda y/o en las
condiciones de producción.
En cuanto a la governance de
los clusters, Pietrobelli y Rabellotti
(2004) fueron más allá de las meras
deniciones y propusieron un mo-
delo para comprender las relaciones
entre sus diferentes actores. Este mo-
delo se basa en cuatro elementos:
cadenas de valor, upgrading, cono-
cimiento tácito y governance.
Las cadenas de valor se reeren
a cada una de las etapas de un pro-
ceso productivo, desde la transfor-
mación de la materia prima hasta
la obtención del producto nal. La
elaboración de un producto o la
prestación de un servicio involucran
una cadena de actividades que en
general son realizadas por distintas
empresas en diferentes lugares. A su
vez, cada actividad agrega valor al
producto o servicio, por lo cual pa-
rece preciso examinar la naturaleza
de las relaciones entre los distintos
actores que forman parte de esta ca-
dena de valor.
Por otra parte, Rabellotti y Pietro-
belli denen el término “upgrading
como actualización, moderniza-
ción e innovación para aumentar
el valor agregado. Distinguen cua-
tro tipos de upgrading: de proceso
(la transformación más eciente de
los insumos en productos termina-
dos ocurre mediante la reorganiza-
ción del sistema de producción o
por la introducción de tecnología
superior), de productos (cuando se
avanza en líneas de producto más
sosticadas en términos de valores
unitarios, adopción de nuevos ma-
teriales, incorporación de un mayor
contenido de diseño o por la elabo-
ración de nuevos productos), funcio-
nal (se agregan nuevas funciones o
servicios productivos a la cadena de
valor), intersectorial (se toma la ex-
periencia de un sector industrial y se
aplica en otro).
En tanto, el conocimiento tácito
es el conocimiento que está incor-
porado en las personas. La vincu-
lación entre los distintos actores de
un cluster favorece su transferencia
Figura 2: Distribución policéntrica del poder en un aglomerado.
37
La gobernanza de los clusters desde una mirada pluralista del Estado en un contexto globalizado
n de dotarla de contenido para el
logro de objetivos conjuntos. En la
Figura 2 se representa la distribución
policéntrica del poder entre los dife-
rentes actores que integran un aglo-
merado.
Tanto la concepción individua-
lista de la sociedad como la sustitu-
ción de las obligaciones recíprocas
que regulan la vida social por las
transacciones sujetas a intercambio
monetario, debilitan los vínculos,
fracturan la integración y diluyen
la comunidad (Martínez Noguei-
ra, 1998). Por tanto, como es posi-
ble observar en la Figura anterior,
la concepción pluralista del Estado
que involucra la conformación de
un cluster favorecería la construc-
ción de lazos que permitan reforzar
lo local entre los distinto.
CONCLUSIONES
A lo largo de este trabajo, hemos
observado que la noción de globali-
zación, a pesar de la polisemia que
encierra, se reere a un proceso de
fortalecimiento de las tendencias lo-
cales debido, en parte, a una reac-
ción frente al proceso de desnacio-
nalización territorial y cultural, pero
también a una revalorización de los
lazos culturales locales, las tradicio-
nes y los “saberes particulares” de
los grupos sociales. En el marco de
estas tendencias divergentes, hemos
identicado el carácter esencial de
la formación de clusters como estra-
tegia para involucrarse en un merca-
do cada vez más diferenciado, más
competitivo, y donde la generación
y gestión del conocimiento se vuel-
ven esenciales, y a la vez, como un
modo de contribuir a la gobernanza
de sociedades cada vez más plurales
y heterogéneas.
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globalización, Katz Editores, Buenos
Aires.
para su transformación en conoci-
miento explícito.
Por último, el concepto de gover-
nance comprende tanto a la organi-
zación del cluster como a la forma
en que se gobiernan las relaciones
entre los actores y segmentos pro-
ductivos involucrados. Pietrobelli y
Rabellotti arman que la governan-
ce de un aglomerado puede ocurrir
a través de relaciones de mercado o
de no mercado. En este último caso
se distinguen tres tipos: redes (cuan-
do cooperan empresas con el mis-
mo nivel de poder), semi-jerárquicas
(ocurre entre empresas legalmente
independientes en las cuales una
queda subordinada a la otra) y je-
rárquicas (tiene lugar cuando una
empresa es propiedad de otra em-
presa externa). En cambio, en las
relaciones de mercado, es éste el
que regula las interacciones y los
procesos de decisión: el comprador
y el proveedor no necesitan colabo-
rar en la denición del producto, ya
sea porque se trata de un producto
estándar, o bien porque el proveedor
lo dene sin tener en cuenta a las
preferencias de los consumidores -
nales. Otros autores no consideran a
este tipo de cadena como una forma
de governance.
En consecuencia, la forma en
que se organiza un cluster se carac-
teriza por un reparto del poder poli-
céntrico en el cual los actores man-
tienen su identidad al mismo tiempo
que crean una nueva: el cluster, a
Leonardo A. Venerus
Centro Nacional Patagónico – Consejo
Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas (CENPAT – CONICET)
Puerto Madryn, Chubut
leo@cenpat.edu.ar
Los arrecifes rocosos norpatagónicos ofrecen refugio a un
ensamble de peces que vive en estrecha asociación con los
mismos. Esas especies, longevas y de crecimiento lento, exhiben
por lo general una dispersión limitada y pueden permanecer en
los arrecifes por períodos extensos (meses o incluso años). Las
salmoneras, restingas o mereras, algunas de las denominaciones
locales para estos sitios, sustentan actividades recreativas como
la pesca, con línea y submarina, y el buceo, y han sido utilizadas
para promover el desarrollo turístico de municipios como
Puerto Madryn y Puerto Pirámide, principalmente en los años
La delicada situación
de los sistemas de
arrecifes rocosos en la
Patagonia norte
Los arrecifes rocosos costeros de la
Patagonia norte son áreas de sus-
trato duro o semi-duro, de génesis
diversa, que presentan un relieve
irregular y ofrecen grietas, cuevas
y aleros que algunos peces utilizan
como refugio (Figura 1). De tama-
ños limitados, con extensiones que
alcanzan unos pocos cientos de me-
tros, estos arrecifes se encuentran
esparcidos sobre los fondos predo-
minantemente blandos de los golfos
San Matías, San José, Nuevo y San
Jorge, así como sobre el resto del
litoral chubutense. Conocidos local-
mente como salmoneras, restingas o
mereras, constituyen un hábitat par-
PECES, ARRECIFES Y UNA
BREVÍSIMA DESCRIPCIÓN
DE LOS USOS
ticular que alberga a un conjunto de
peces característico, siendo los más
frecuentes y conspicuos el mero
Acanthistius patachonicus, el turco
o chanchito Pinguipes brasilianus, el
escrófalo o cabrilla Sebastes ocula-
tus, y el salmón de mar Pseudopercis
semifasciata (Galván et al. 2009) (Fi-
gura 2). Muchas de las especies que
integran este conjunto, en total unas
1960s y 1970s. A pesar de su importancia económica, turística y cultural prácticamente no existe conciencia
en la comunidad sobre la fragilidad de este sistema. A la fecha no se han implementado pautas de uso que
contemplen las características ecológicas y biológicas de los peces de los arrecifes norpatagónicos, y/o que
permitan compatibilizar las distintas actividades que el hombre realiza sobre los mismos.
La fuerte estructuración espacial en la distribución de estos peces hace que la pesca recreativa de altura
y submarina, tradicionalmente consideradas de menor magnitud respecto a las actividades extractivas
comerciales, puedan tener un impacto importante a nivel local, modicando drásticamente las abundancias
relativas de las distintas especies, sus estructuras de tallas y/o la proporción de sexos en los parajes más
utilizados. En Chubut, la falta de políticas de conservación, de reglamentaciones adecuadas, de controles
efectivos y de planes regulares de monitoreo han contribuido a la degradación de los arrecifes rocosos, y tanto
pescadores como buzos han comenzado a manifestar preocupación por la reducción en el número y en el
tamaño de los peces en los parajes más populares.
Palabras clave: Peces de arrecife, conservación y manejo, usos recreativos, turismo.
Key words: Reef shes, conservation and management, recreational uses, tourism.
39
La delicada situación de los sistemas de arrecifes rocosos en la Patagonia norte
treinta, presentan una distribución
más amplia, y sustentan actividades
comerciales y recreativas como la
pesca (con caña o línea de mano y
submarina) y el buceo, a lo largo de
gran parte de la costa de Argentina,
principalmente entre los 38°S (Mar
del Plata) y los 46°S (Comodoro Ri-
vadavia).
Ubicada a orillas del golfo Nue-
vo, casi sobre los 43° de latitud sur,
Puerto Madryn se erigió como la
Capital Subacuática Argentina. Las
aguas transparentes y tranquilas del
golfo, así como la riqueza de su fau-
na marina y la variedad de arrecifes
naturales y articiales1, han servido
de excusa para promover el desa-
rrollo turístico en la región, que en
sus orígenes (principalmente a partir
de los años 1960s y 1970s) estuvo
dirigido a los arrecifes y a sus habi-
tantes más que a las aves y los ma-
míferos2. Ya desde mediados de los
1950s, el interés deportivo por el
Figura 1: Arrecife en forma de alero, de relieve bajo, en el parque de Punta Este, Bahía Nueva.
salmón de mar y el mero, las espe-
cies de mayor tamaño del ensamble,
motivó la organización de numero-
sas competencias de pesca de altura
y submarina en Chubut. Los prime-
ros torneos se realizaron en lugares
como la Isla de los Pájaros (golfo San
José), Bahía Cracker, Punta Pardelas
(paraje conocido en ese entonces
con el nombre de “El Pescadero”,
por la cantidad y calidad de peces
que lo habitaban), y “Las Piedras”
(área localizada en la Bahía Nueva,
muy cerca del muelle Alte. Storni,
actualmente utilizada como Parque
Submarino), entre otros (Figura 3).
Desde 1980 se realiza en Cama-
rones, un pequeño municipio cos-
tero del centro-sur de la provincia,
la Fiesta del Salmón de Mar. Esta
celebración, que se desarrolla en
febrero, fue promovida en 1988 a
la categoría de Fiesta Nacional por
la Secretaría de Turismo de la Na-
ción, y constituye el evento turístico
más importante de esa localidad. El
atractivo principal de la Fiesta es sin
dudas el torneo de pesca deportiva
de altura de mayor relevancia en la
costa patagónica, que ha llegado a
congregar cerca de 60 embarcacio-
nes en su XXIX edición (año 2009).
Gracias a este evento, cuya creación
tuvo como n promocionar turísti-
camente a Camarones, la localidad
exhibe con orgullo el título de Capi-
tal Nacional del Salmón.
La pesca submarina sobre arreci-
fes, por su parte, comenzó a hacerse
popular en la región hacia nes de
los 1950s, de la mano del francés
Jules Rossi, un experimentado pes-
cador submarino que arribó a Puerto
Madryn en 1956 (Sanabra 2002). La
llegada del buque A.R.A. Murature,
en febrero de 1958, trasladando a
12 competidores oriundos de Bue-
nos Aires, contribuyó a que la pesca
submarina se aanzara como depor-
te en la región. Esta actividad vivió
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
40 40
una época de esplendor hasta bien
entrados los 1980s, impulsada en
sus inicios por el Club Náutico At-
lántico Sud de Puerto Madryn, cuyas
instalaciones sirvieron como sede a
la Federación Argentina de Activi-
dades Subacuáticas (FAAS), creada
en 1962. En ese entonces, el equipo
de Selección Nacional, constituido
por diez buzos que representaban
al país en competencias internacio-
nales de pesca sub-
marina, participó de
torneos realizados
en España, Perú,
Venezuela, Chile y
Brasil. Luego de un
período de ausencia
de competencias
en esta disciplina
que se extendió por
casi 15 años, se re-
tomó la actividad
en el 2001, y en el
2005 se constituyó
la Asociación Ar-
gentina de Pesca
Deportiva en Apnea
(AAPDA). En la ac-
tualidad, al menos
unos 50 apneistas
están ligados a esta
Asociación, sea
como socios activos
o como deportistas
que participaron de
las competencias
organizadas por la
AAPDA (G. Pérez,
Presidente de la
AAPDA, Comunica-
ción Personal) y de
certámenes interna-
cionales realizados
en Chile y Brasil
(entre los años 2004
y 2006).
El golfo Nuevo
ofrece además una
variedad de arreci-
fes utilizados como
Parques por miles
de acionados que
que representa, en términos econó-
micos, esta actividad, basta con re-
ferir su crecimiento en los últimos
años. Por ejemplo, el número de ex-
cursiones de buceo declaradas por
11 operadoras (de un total de 13)
con sede en Puerto Madryn y Puer-
to Pirámide, pasó de 3900 a 6800,
entre los años 2002 y 2009 (Estadís-
ticas ociales, suministradas por la
Dirección General de Planeamiento
y Gestión Turística, dependiente de
la Subsecretaría de Turismo y Areas
Protegidas de Chubut). Esto no re-
presenta ninguna sorpresa dado que
la auencia de turistas a la Penínsu-
la Valdés se triplicó en ese mismo
período (2002 – 2008), pasando de
117000 a 361000 visitantes (Direc-
ción General de Estadísticas y Cen-
sos de la Provincia de Chubut). Sin
embargo, a pesar de la importan-
cia local de la industria del buceo,
ninguno de los Parques Submarinos
tiene estatus de reserva, y su con-
servación depende de los intereses
comerciales de los prestadores turís-
ticos, así como de las percepciones,
actitudes y voluntades individuales.
La captura de peces y otros inver-
tebrados como pulpos, caracoles y
cangrejos, así como la remoción de
bivalvos para alimentar a los peces,
son actividades frecuentes en estos
sitios, y no se encuentran penaliza-
Figura 2: a) Mero Acanthistius patachonicus, b) salmón de
mar Pseudopercis semifasciata (macho con fenotipo gris) y
c) turco Pinguipes brasilianus.
año a año llegan con la intención
de observar la fauna local o concre-
tar un bautismo submarino3. Estos
Parques se encuentran localizados
principalmente en la Bahía Nueva
y en el área costera que se extiende
entre Puerto Pirámide y Punta Parde-
las. El buceo recreativo se desarrolla
allí durante todo el año y alcanza un
máximo en el verano. Para tener una
idea de la magnitud y el potencial
Figura 3. Mapa de Península Valdés que
incluye a los golfos Nuevo, San José y
sur del San Matías. 1) Isla de los Pájaros,
2) Punta Pardelas, 3) Parque Las Piedras,
4) Punta Este, 5) Playas Larralde y Villa-
rino, 6) Caleta Valdés, 7) Baliza 25 de
Mayo, y 8) Punta Pirámide.
41
La delicada situación de los sistemas de arrecifes rocosos en la Patagonia norte
ces de arrecife argentinos (Irigoyen
y Galván 2010); y una página web
(www.proyectoarrecife.com.ar) en
la que se puede obtener información
acerca de las especies que confor-
man el ensamble de peces, y al mis-
mo tiempo aportar datos, vivencias,
fotografías, etc. Por otro lado, los
integrantes de ProyectoSub (www.
proyectosub.com.ar), un proyecto
desarrollado de manera conjunta
entre investigadores del CENPAT y
del Museo Argentino de Ciencias
Naturales “Bernardino Rivadavia”,
se encuentran relevando la biodiver-
sidad de invertebrados marinos en
los Parques de la Bahía Nueva (Figu-
ra 3), con el n realizar una guía de
campo para la identicación de las
especies comunes más conspicuas.
De esa manera esperan promover la
conservación de esos organismos en
un escenario de creciente desarrollo
turístico (Bigatti et al. 2008).
SISTEMAS SENSIBLES
En general, los peces que viven
asociadas a arrecifes se caracteri-
zan por su limitada movilidad y por
residir largos períodos de tiempo
alrededor de los mismos. Suelen
ser especies longevas (¡algunos su-
peran ampliamente los 50 años de
edad!), de crecimiento lento, que
desarrollan estrategias reproducti-
vas complejas y comportamientos
territoriales. La fuerte asociación de
estos peces con los arrecifes hace
que los métodos convencionales de
monitoreo y manejo, que asumen
que las poblaciones son un conjun-
to dinámico en el que los individuos
se mezclan libremente, resulten in-
adecuados.
La falta de reglamentaciones y
controles efectivos para la pesca
recreativa marina (de altura y sub-
marina) en Argentina en general,
y en Chubut en particular, parece
responder a que tradicionalmen-
te fueron consideradas actividades
de bajo impacto al ser comparadas
das. La Asociación de Operadoras
de Buceo (AOB), una organización
que nuclea a ocho de las nueve
prestadoras radicadas en Puerto Ma-
dryn, impulsa, desde mediados de
los 1990s, una serie de iniciativas
para regular el uso de estos Parques.
Las mismas incluyen la prohibición
de pescar, con cualquier modalidad,
y extraer/recolectar cualquiera de
las especies presentes en estos pa-
rajes, a los que denominaron Areas
de Turismo Submarino (ATS). La pro-
puesta de la AOB plantea además
que la utilización comercial de di-
chas áreas se limite a los prestadores
inscriptos en el Registro Provincial
de Operadoras de Buceo, con el n
de evitar que operadores foráneos,
exceptuados de los controles y obli-
gaciones tributarias, desarrollen ex-
cursiones con nes de lucro enmas-
carándolas como prácticas de buceo
deportivo.
En los arrecifes se realizan ade-
más investigaciones cientícas con
nes diversos. Desde mediados del
2001, el Laboratorio de Ecología
de Peces de Arrecifes Rocosos del
CENPAT4 se encuentra estudiando la
biología y ecología de los peces que
conforman el ensamble, así como
las actividades recreativas y comer-
ciales que se desarrollan sobre los
mismos, con el objeto de establecer
cuáles son las opciones de manejo
más robustas para este sistema. A
partir de la creación del Laborato-
rio se han realizado continuos es-
fuerzos para generar conciencia en
la comunidad sobre la fragilidad de
estos ambientes, y para promover
el debate acerca de la relevancia
ecológica, turística y cultural de los
arrecifes en la región. Entre los pro-
ductos de divulgación y educación
no formal producidos en el Labo-
ratorio se destacan una Muestra Iti-
nerante (realizada en colaboración
con la ONG Fundación Patagonia
Natural) que ha sido expuesta en
Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires;
un libro de divulgación sobre los pe-
con la pesca comercial. Incluso pre-
valece entre muchos pescadores la
idea errónea de que “los recursos
del mar son ilimitados” y de que
la pesca con caña, línea de mano
o arpón no genera impacto alguno
sobre los ecosistemas. Por el con-
trario, los estudios cientícos diri-
gidos a especies como el salmón
de mar y el mero indican que sus
poblaciones son altamente vulne-
rables a cualquier tipo de pesquería
(recreativa o comercial) o arte de
pesca que los tenga como blanco.
Al igual que ocurre con otras espe-
cies que viven asociadas a arrecifes
en regiones tropicales o templadas,
localizar a los peces resulta sencillo:
en este caso basta con posicionar la
embarcación directamente sobre la
salmonera. Las modernas tecnolo-
gías de navegación: motores pode-
rosos, embarcaciones estables y se-
guras, GPSs (por sus siglas en inglés:
Global Positioning System o Siste-
ma de Posicionamiento Global) y
ecosondas portátiles y económicas,
permiten acceder a sitios cada vez
más remotos y localizar fácilmente
incluso roqueríos muy pequeños. En
consecuencia, aún con presiones de
pesca moderadas y artes altamente
selectivas como el anzuelo o el ar-
pón, el impacto a escala local puede
ser importante, y tanto las abundan-
cias como los tamaños de los peces
se ven rápidamente reducidos en
los parajes más populares. Esa fra-
gilidad o capacidad limitada de los
arrecifes para tolerar un esfuerzo
de pesca sostenido es bien conoci-
da por los pescadores chubutenses,
quienes se esfuerzan por mantener
en secreto la localización de los lu-
gares de pesca más rendidores, por
ejemplo, abandonando su posición
al detectar otras embarcaciones en
las inmediaciones, o manteniendo
en reserva los parajes de pesca. Ya
en los 1960s existía esta noción de
que el número de peces en los arre-
cifes es limitado, y que resulta po-
sible agotar estos sitios con relativa
CIENCIA E INVESTIGACIÓN - TOMO 60 Nº3 - 2010
42 42
facilidad, según lo evidencian algu-
nos recortes periodísticos de la épo-
ca. Una nota del diario chubutense
Jornada del 29 de enero de 1966 se
reere a esta cuestión de la siguiente
manera: “A pedido de la Federación
Patagónica de Actividades Subacuá-
ticas se solicita a los intervinientes
en este concurso –reriéndose a un
torneo de pesca de altura– y a tí-
tulo de colaboración con la citada
federación, se abstengan de pescar
sobre la salmonera conocida como
salmonera de la costa, en virtud de
que por su poca profundidad es este
el lugar designado para que el próxi-
mo domingo 6 de febrero se dispute
el Campeonato Argentino de Caza
Submarina de primera categoría”.
Otra nota del Jornada, del 26 de fe-
brero de 1970, referida al cambio de
sitio de pesca en la segunda fecha
de un torneo expresa: “La prueba
tendrá lugar en el horario de 8 a 12
y en esta ocasión será en una “can-
cha” distinta a la habitual. En virtud
de que las salmoneras de la Isla de
los Pájaros en los últimos tiempos
parecen un tanto agotadas se deci-
dió probar suerte en las salmoneras
de Puerto Pirámides, lugar que se
cree será apropiado para la práctica
de este deporte, de acuerdo a las re-
ferencias que se poseen”.
ecológicas. No se ha elaborado a la
fecha sistema de manejo alguno que
permita compatibilizar las diferentes
actividades extractivas y no extrac-
tivas, ni siquiera para las áreas uti-
lizadas como Parques Submarinos.
Los problemas derivados del uso de
los arrecifes continúan excluidos de
las agendas de conservación tanto
gubernamentales como mediáticas,
a tal punto que este ambiente no ha
sido siquiera considerado durante
la elaboración del Plan de Manejo
de Península Valdés5. Hoy en día re-
sulta muy difícil encontrar grandes
peces en los arrecifes ubicados en
las proximidades de Puerto Madryn
y Puerto Pirámide, los centros turís-
ticos costeros más importantes de la
provincia, y tanto pescadores como
buzos han comenzado a manifestar
preocupación por la disminución en
el número y en las tallas de los pe-
ces. A modo de ejemplo, frente a la
Figura 4. Seguidilla de salmones de tamaños récord capturados en las salmoneras de Isla de los Pájaros. A) Manuel Rodríguez
Ríos, septiembre de 1968: 30,3 kg y 1,30 m (foto tomada de la revista Camping, septiembre de 1970); b) Pedro Kusnir, febrero
de 1967: 25,6 kg (foto tomada del Diario Jornada); c) Francisco Furci, febrero de 1966: 24 kg y 1,16 m (foto tomada del Diario
Jornada).
REGLAMENTACIONES VI-
GENTES EN CHUBUT PARA
EL USO DE LOS ARRECIFES
Resulta paradójico que a pesar
de la importancia económica, tu-
rística y cultural de los arrecifes,
especialmente a lo largo de la costa
patagónica, no existan pautas cla-
ras de uso, y la explotación de las
especies que los habitan no se en-
cuentre regulada de manera acor-
de a sus características biológicas y
43
La delicada situación de los sistemas de arrecifes rocosos en la Patagonia norte
playa Larralde, uno de los sitios de
pesca más populares del golfo San
José, los pescadores deportivos sue-
len devolver al agua los salmones de
mar que no alcanzan los 45 – 50 cm
de largo (esta especie puede superar
ampliamente el metro de longitud y
los 25 kg de peso: Figura 4). En los
últimos diez años se ha llegado a li-
berar en esa zona hasta el 80% de
los ejemplares capturados en una
salida de pesca (Venerus 2006). In-
cluso, comenzó a hacerse cada vez
más popular la pesquería deportiva
de altura dirigida al magrú o caballa
Scomber japonicus, en parte como
paliativo frente al poco atractivo que
presentan hoy en día los arrecifes lo-
calizados en esa zona para la pesca
del salmón de mar y del mero.
Las restricciones existentes para
la pesca recreativa/deportiva de pe-
ces de arrecife se aplican únicamen-
te al golfo San José y a la Península
Valdés, lo que deja a las salmoneras
costeras del resto del litoral chubu-
tense en un estado de absoluta des-
protección. En el caso de la pesca
recreativa de altura (embarcado, con
caña o línea de mano) la ley esta-
blece un cupo diario en peso por
pescador, y no existen tallas límite
ni número máximo de ejemplares
para ninguna de las especies que
pueden ser capturadas (Disposición
214/94 de la Dirección General
de Intereses Marítimos y Pesca Con-
tinental, actual Secretaría de Pesca
de Chubut). Este cupo asciende a
30 kilogramos de pescado por pes-
cador por día (se debe contar con
un permiso, de carácter obligatorio,
otorgado por la Secretaría de Pesca),
pudiendo transportarse hasta 15 ki-
logramos de pescado limpio (evisce-
rado o sin cabeza, aunque la norma
no es lo sucientemente especíca
y bien podría tratarse de 15 kilogra-
mos de let). La disposición especi-
ca además una clausura temporal:
la temporada de pesca se extiende
entre el 1 de enero y el 15 de agosto;
y restringe el número de anzuelos a
uno por línea, de tamaño 9.0 o su-
perior.
Para la pesca submarina o con ar-
pón, desarrollada en apnea, existen
mayores restricciones: cada bucea-
dor puede capturar hasta dos pie-
zas de más de 5 kilogramos o hasta
cuatro de un peso menor por día
de pesca, no pudiéndose acopiar el
producto más allá de la pesca diaria.
En este caso tampoco se especica
número de ejemplares por especie
ni tallas mínimas de captura.
Para ambas modalidades (línea
y arpón) se prohíbe la realización
de torneos y concursos de pesca en
el área señalada, y se denen algu-
nas zonas intangibles, como la Isla
de los Pájaros, la Caleta Valdés y el
área del Golfo Nuevo comprendida
entre Punta Pirámide y la Baliza 25
de Mayo (Figura 3), durante la época
de veda por la presencia de balle-
nas franca Eubalaena australis (junio
a diciembre), que llegan a la zona
para reproducir.
A 16 años de su génesis, pese a
que hoy en día se conoce mucho
más que entonces sobre la ecología,
la biología y el comportamiento de
estos peces, y se sabe que los arre-
cifes rocosos son ambientes vulne-
rables que requieren protección, no
se han actualizado estas reglamenta-
ciones a las claras insucientes ni se
ha extendido su aplicación al resto
del litoral chubutense. Por otra par-
te, las restricciones no se cumplen,
en gran medida, debido al descono-
cimiento de las mismas por parte de
los usuarios6. El cupo para la pesca
de altura constituye una excepción,
ya que es tan elevado que en el es-
tado en el que se encuentra gran
parte de los