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El mito del desarrollo sostenible

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Abstract

Este ensayo utiliza conceptos y argumentos desarro-llados en análisis previos (Rull, 2009, 2010a, b, c) para defender que el llamado desarrollo sostenible no sólo no es la mejor opción para la conservación de la Naturaleza, sino que es inviable, en términos ecológicos, económicos e incluso físicos. En pocas palabras: Es un mito. En realidad, se trata de un llamamiento a la reflexión, antes de adoptar ciertas posturas personales y/o profesionales, consideradas implícitamente como "políticamente correctas" (o de moda, que viene a ser lo mismo), frente al pro-blema del progreso humano y la conservación de la Naturaleza. Este escrito debe considerarse como una opinión personal, cuyo objetivo es promover la discusión. Un concepto antropocéntrico Según las consignas de las organizaciones conser-vacionistas, las propuestas de conservación parecen incluir tanto a la Humanidad como a la Naturaleza. Es frecuente leer expresiones como por ejemplo: "proteger la Naturaleza para nosotros y las futuras generaciones" (The Nature Conservancy; http://www. nature.org/), "construir un futuro donde la gente viva en armonía con la Naturaleza" (World Wildlife Foundation; http://www.wwf.org/), "balancear las necesidades de la gente con las necesidades del planeta que nos mantiene" (International Union for Conservation of Nature; http://www.iucn.org/), por citar sólo algunas. Así, los argumentos conservacio-nistas parecen ser a la vez filantrópicos (amor por la Humanidad) y filotelúricos (amor por la Tierra). Pero en realidad no lo son; el objetivo real es preservar la Biosfera terrestre para que la Humanidad pueda seguir viviendo en ella, de manera que el amor por la Tierra es función de la supervivencia humana, lo que convierte estos argumentos en esencialmente filantrópicos. La filantropía se considera con frecuencia un bien supremo para la Humanidad y una cualidad necesaria para un mundo mejor (Stewart, 2000). El concepto de sostenibilidad, o desarrollo sostenible, es intrín-secamente antropocéntrico, ya que su objetivo es la utilización de los recursos naturales, también llamados servicios ecológicos (ecological services), de una forma racional, de manera que no se agoten y puedan seguir siendo usados tanto por nosotros como por futuras generaciones (WCDE, 1987). Idealmente, el desarrollo sostenible implica la búsqueda simultánea de la prosperidad económica, la calidad ambiental y la equidad social (Elkington, 2002). Desde una perspectiva antropocéntrica, las prácticas llamadas sostenibles se consideran correctas porque son bene-ficiosas para los humanos, mientras que todo lo que no vaya en ese sentido se califica, peyorativamente, de insostenible. Tanto es así, que la sostenibilidad se ha convertido en un paradigma de la conservación y el uso de esta palabra parece suficiente como para garantizar la conservación de la Naturaleza. Des-afortunadamente, el calificativo "sostenible" lleva el camino de convertirse en una palabra puramente retórica y carente de significado, ya que es utilizada por cualquier actor social, independientemente de su función y orientación socio-política, y también de sus respectivas intenciones.
Collectanea Botanica (Barcelona)
vol.  (2010): 103-109
ISSN: 0010-0730
doi: 10.3989/collectbot.2010.v29.011
El mito del desarrollo sostenible
V. RULL
Institut Botànic de Barcelona (CSIC-ICUB), Psg. del Migdia s/n., 08038 Barcelona, Spain
E-mail: vrull@ibb.csic.es
Este ensayo utiliza conceptos y argumentos desarro-
llados en análisis previos (Rull, 2009, 2010a, b, c)
para defender que el llamado desarrollo sostenible
no lo no es la mejor opción para la conservación
de la Naturaleza, sino que es inviable, en términos
ecogicos, ecomicos e incluso físicos. En pocas
palabras: Es un mito. En realidad, se trata de un
llamamiento a la reexn, antes de adoptar ciertas
posturas personales y/o profesionales, consideradas
impcitamente como “políticamente correctas” (o
de moda, que viene a ser lo mismo), frente al pro-
blema del progreso humano y la conservacn de
la Naturaleza. Este escrito debe considerarse como
una opinn personal, cuyo objetivo es promover
la discusn.
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Según las consignas de las organizaciones conser-
vacionistas, las propuestas de conservación parecen
incluir tanto a la Humanidad como a la Naturaleza.
Es frecuente leer expresiones como por ejemplo:
“proteger la Naturaleza para nosotros y las futuras
generaciones(The Nature Conservancy; http://www.
nature.org/), “construir un futuro donde la gente
viva en armonía con la Naturaleza” (World Wildlife
Foundation; http://www.wwf.org/), “balancear las
necesidades de la gente con las necesidades del
planeta que nos mantiene” (International Union for
Conservation of Nature; http://www.iucn.org/), por
citar sólo algunas. Así, los argumentos conservacio-
nistas parecen ser a la vez lantrópicos (amor por la
Humanidad) y lotelúricos (amor por la Tierra). Pero
en realidad no lo son; el objetivo real es preservar
la Biosfera terrestre para que la Humanidad pueda
seguir viviendo en ella, de manera que el amor por
la Tierra es función de la supervivencia humana, lo
que convierte estos argumentos en esencialmente
lantrópicos.
La lantropía se considera con frecuencia un bien
supremo para la Humanidad y una cualidad necesaria
para un mundo mejor (Stewart, 2000). El concepto
de sostenibilidad, o desarrollo sostenible, es intrín-
secamente antropocéntrico, ya que su objetivo es la
utilización de los recursos naturales, también llamados
servicios ecológicos (ecological services), de una
forma racional, de manera que no se agoten y puedan
seguir siendo usados tanto por nosotros como por
futuras generaciones (WCDE, 1987). Idealmente, el
desarrollo sostenible implica la búsqueda simultánea
de la prosperidad económica, la calidad ambiental
y la equidad social (Elkington, 2002). Desde una
perspectiva antropocéntrica, las prácticas llamadas
sostenibles se consideran correctas porque son bene-
ciosas para los humanos, mientras que todo lo que
no vaya en ese sentido se calica, peyorativamente,
de insostenible. Tanto es así, que la sostenibilidad se
ha convertido en un paradigma de la conservación
y el uso de esta palabra parece suciente como para
garantizar la conservación de la Naturaleza. Des-
afortunadamente, el calicativo “sostenible” lleva
el camino de convertirse en una palabra puramente
retórica y carente de signicado, ya que es utilizada
por cualquier actor social, independientemente de su
función y orientación socio-política, y también de sus
respectivas intenciones.
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
El llamado desarrollo sostenible depende en gran
medida de un funcionamiento ecológico adecuado
de los sistemas naturales, que es la única forma de
asegurar la continuidad de los servicios ecológicos
(Dasgupta, 2010). Desde una perspectiva ecológica,
la sostenibilidad se ha asociado al mantenimiento de
algunas propiedades clave de los ecosistemas, como
por ejemplo la biodiversidad. En efecto, una elevada
biodiversidad parece ser necesaria para mantener
las múltiples funciones y servicios ecológicos en un
mundo cambiante como el nuestro (Duffy, 2009).
Por lo tanto, la conservación de la biodiversidad es
vital para la sostenibilidad, aunque todavía es difícil
llegar a un acuerdo de cómo abordarla. Mientras
unos deenden la denominada “extinción cero”
(zero extinction) (Parr et al., 2009), otros piensan
que la extinción de muchas especies es inevitable y
proponen la “conservación selectiva” (conservation
triage) para un uso eciente de los pocos recursos
disponibles (Bottrill et al., 2008). Sea como fuere,
desde el punto de vista del desarrollo sostenible, la
idea de una Naturaleza domesticada parece ser in-
evitable (Kareiva et al., 2007) y conlleva una buena
dosis de lo que se ha dado en llamar “administración
planetaria” (planetary stewardship) (Bruce, 2008).
Una idea básica de las propuestas conservacio-
nistas actuales es la posibilidad de armonizar la
continuidad y el bienestar de la Humanidad con
la conservación de la Naturaleza, lo que también
se ha denominado el “enfoque compartido” (part-
nership approach) (Bruce, 2008). Para ello, parece
esencial un cambio sustancial en el modelo actual
de desarrollo humano (Ehrlich, 2009). De eso pa-
rece tratarse la sostenibilidad. Sin embargo, en la
práctica, la mayoría de esfuerzos conservacionistas
se dirigen a minimizar las consecuencias del con-
tinuo crecimiento económico y poblacional sobre
la Biosfera, como por ejemplo, la contaminación,
la deforestación o la acumulación de residuos. Así,
la conservación se ha convertido en una actividad
paliativa (limitada a vigilar que no se sobrepasen
unos umbrales de deterioro arbitrarios que se con-
sideran “aceptables” o “tolerables”) dependiente
en gran medida del sistema económico global –el
supercapitalismo, basado en los principios capitalis-
tas de la economía de mercado y los incentivos al
consumo– que, en denitiva, es quien proporciona
los medios necesarios para su actuación. Esto es
lo que se ha dado en llamar el “mundo real”, en
el cual el objetivo principal (es decir, el cambio
socio-económico supuestamente necesario para un
desarrollo sostenible) parece haberse diluido en
una multitud de problemas particulares de conser-
vación que resolver. Es cierto que todos estos casos
requieren de una solución adecuada, muchas veces
urgente, y que la necesidad de un enfoque conser-
vacionista más local es ampliamente reconocido en
la actualidad, sobre todo en relación con el cambio
climático (Power & Chapin, 2009); pero el contexto
general, incluyendo los aspectos socio-económicos,
no deben caer en el olvido.
Otro problema es la forma en que se pretende
llegar al desarrollo sostenible. En la actualidad,
se hace mucho énfasis en la vía de la negociación
con los representantes del “mundo real” (políticos,
economistas, etc.), sin ningún éxito. Se dice con
frecuencia que esto se debe a problemas de comuni-
cación y se recomienda a los cientícos una mayor
implicacn en la política y la divulgación pública
(Orr, 2009). La negociación con los promotores
del actual modelo insostenible es una pérdida de
tiempo y energía, como se ha demostrado repe-
tidamente (Kyoto, Copenhagen,…). Hay que ser
muy iluso para pretender que los representantes
del sistema establecido renuncian al modelo
que les ha llevado donde están, en una mesa de
negociacn. Muy al contrario, lo más probable
que, en el marco de las negociaciones, muchos
cientícos se vean inesperadamente atrapados en
el sistema que tratan de cambiar (Rull, 2010a).
Un buen ejemplo es la tendencia actual de asignar
valor monetario a la biodiversidad y los servicios
ecogicos, y el uso del modelo económico de
mercado para administrarlos (p. ej. Redford &
Adams, 2009; Sukhdev, 2009), lo cual puede ser
fatal para la Biosfera.
La segunda recomendación, la comunicación
directa entre cientícos y sociedad, es mucho
más realista y prometedora. En la actualidad, esta
comunicación está en manos de los periodistas y
los medios de masas (mass media), lo cual tiene
desventajas evidentes, como por ejemplo la carencia
de un bagaje cientíco adecuado para evaluar la
realidad, su conocida tendencia al sensacionalismo
o el hecho de que tanto ellos como sus compañías
forman parte del juego político-económico, que
en denitiva controla el ujo de información y
sus contenidos. La obligación de los cientícos es
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cambiar la mentalidad de la sociedad desde abajo,
para lograr el deseado cambio social. Por ejemplo, la
sociedad es muy poco consciente de la trascendencia
que puede tener de la pérdida de biodiversidad y
su impacto, no sólo a nivel global, sino también
sobre sus propias vidas, incluyendo los aspectos
que pueden afectar la propia salud i bienestar par-
ticulares (Power & Chapin, 2009; Money, 2010).
La comunicación directa entre ciencia y sociedad
es un componente esencial de cambio, que debe
ser activa e independientemente perseguida por los
cientícos (Curry, 2009; Johns, 2009). Si bien es
cierto que este cambio de mentalidad requiere de
más tiempo que otras posibilidades, también lo es
que sus resultados serían mucho más consistentes
y duraderos.
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Según Lozano (2008), los modelos conceptuales
de desarrollo sostenible están normalmente cen-
trados en las actividades humanas contemporáneas
y raramente tienen en cuenta el factor tiempo,
por lo que no consideran ni la continuidad ni las
interacciones entre los procesos a corto y a largo
plazo. Para situar la conservación de la Natura-
leza en una perspectiva temporal adecuada, hace
falta una visión evolutiva (Willis et al., 2007). En
este contexto, no debemos olvidar que la Tierra
ha estado desprovista de humanos durante prác-
ticamente toda su historia. Hasta la aparición del
Homo sapiens, hace unos 200.000 años (Tattersall
& Schwartz, 2009), ninguna especie haa estado
tan ampliamente distribuida ni había tenido tanta
inuencia sobre el Planeta. Anteriormente, las
variaciones de biodiversidad se producían como
consecuencia del curso natural de la evolución y
los patrones de extincn eran s estocásticos y
no tan dependientes de las necesidades de una sola
especie. Desde la aparición los humanos hasta el
inicio de la era industrial, el modelo de desarrollo
humano era altamente sostenible y posteriormente
se convirtió en altamente insostenible, debido a
las consecuencias de la industrialización. Aq
se enmarca el llamado enfoque del propietario”
(owneship approach) (Bruce, 2008), que considera
el planeta como nuestra granja particular, hecha
para nuestro disfrute y continuidad, en un estado
donde el bienestar que se mide por el desarrollo
ecomico (que, por lo des, tampoco consi-
dera la equidad social). La pregunta clave es si
la Humanidad permanecepara siempre o no. A
pesar de que algunos proclaman que la evolución
cultural ya ha reemplazado a la evolución genética
en los humanos, las evidencias apuntan hacia la
continuidad de la seleccn natural, sobre todo
en relación con los cambios ambientales (Rull,
2009). Los humanos no somos necesariamente la
última palabra en evolución y el futuro puede ser
muy diferente al mundo tal como lo conocemos.
Tarde o temprano, con la continuidad de la evo-
lución, el Sistema Tierra impondrá sus leyes y el
mundo volverá a estar desprovisto de humanos, no
necesariamente como consecuencia de un colapso
catastróco (autoinducido o no), sino como la con-
secuencia lógica de extinción por causas naturales
(Rull, 2009). Desde un punto de vista estrictamente
antropocéntrico, con el futuro del hombre como
única preocupación, la preservación de la Natura-
leza más allá de ese punto carece de interés. Pero
el destino de la Naturaleza será totalmente diferente
si nuestro legado es una Biosfera “sana” y biodi-
versa o si, por el contrario, seguimos alimentando
el empobrecimiento biótico actual, que algunos ya
han calicado como “la sexta extinción” (Thomas,
2007). Por lo tanto, somos responsables del futuro
de la Tierra, también a largo plazo.
¿Por qué debemos preocuparnos por un futuro
planeta sin humanos? Desde un punto de vista -
lantrópico, no hay ninguna razón; pero desde una
perspectiva lotelúrica merece la pena considerarlo.
Todo depende del grado de egoísmo evolutivo que
queramos utilizar. No somos responsables solamente
por las generaciones humanas futuras, también lo
somos por cualquier ser vivo, humano o no, que
pueda derivar evolutivamente de nosotros (Rull,
2009). En ese sentido, no tenemos derecho a negar
a nuestros descendientes evolutivos una Naturaleza
razonablemente sana (o incluso su propia existencia)
simplemente por el hecho de que no sean huma-
nos. Por extensión, también somos responsables
de cualquier ser vivo, así como de sus posibles
descendientes evolutivos, que se vea amenazado
por el desarrollo humano actual. La conservación
de la Naturaleza implica, no sólo la preservación
de la Biosfera actual y su biodiversidad por y para
la Humanidad, sino también su adecuada conti-
nuidad evolutiva. Los argumentos lantrópicos y
sostenibles, restringidos a los intereses humanos,
no bastan para este propósito.
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
El siguiente paso en el progreso hacia la conser-
vación de la Naturaleza sería abandonar el antro-
pocentrismo y pensar más en términos evolutivos
(Rull, 2010a). Como especie, esto podría parecer
una renuncia a nuestra pretendida superioridad
ecológica, pero como seres inteligentes, deberíamos
ser capaces de hacerlo. Hasta ahora, hemos usado
nuestra inteligencia principalmente para entender
nuestra propia existencia, para prolongar nuestras
vidas a nivel individual, o para desarrollar la tec-
nología que nos permite dominar el mundo. Sin
embargo, desde el punto de vista ambiental, hemos
hecho y hacemos gala de nuestra mayor estupidez
(Meffe, 2009). Deberíamos hacer honor a nuestra
condición de animales inteligentes y esforzarnos
para preservar nuestra Biosfera y permitir su futura
evolución (con o sin humanos) de la forma más
natural posible.
Desde el punto de vista del llamado “mundo
real”, esto puede parecer ilusorio, pero no hay
que olvidar que el auténtico mundo real no es el
efímero teatro socio-económico en el que participa-
mos hace apenas un siglo y medio, sino un mundo
constantemente cambiante, con ritmos y magnitu-
des más allá de nuestra capacidad de regulación
como humanos. El instrumento que tenemos para
adaptarnos (el único remedio que nos queda) a ese
dinamismo es la inteligencia. En este contexto,
la necesidad de una revolución socio-económica
debe dejar de ser un recurso retórico o un eslogan
político para convertirse en una propuesta seria y
creíble. Sin embargo, no debemos olvidar que el
desarrollo sostenible puede ser suciente sólo si
pensamos en términos humanos y para unas pocas
generaciones, pero si el objetivo es la conservación
de la Naturaleza, todavía hay un largo camino que
recorrer. Aquí, el cambio necesario no es sólo un
asunto político o económico, como en el caso del
desarrollo sostenible, sino que implica también
una revolución profunda en las relaciones ciencia-
sociedad, independientemente de otros factores y
condicionamientos sociales.
En denitiva, la idea del desarrollo sostenible no
deja de ser una versión un poco más astuta del afán
humano por seguir manteniendo, conscientemente
o no, el derecho de propiedad (llámese ownership,
stewardship o partnership, que en denitiva es
lo mismo) sobre el Planeta Tierra. Los cientícos
interesados en el tema deberíamos decidir, de una
vez por todas, si queremos seguir apoyando esta
opción o ponernos a trabajar en serio para la au-
téntica conservación de la Naturaleza, con todas
sus consecuencias.
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Por otra parte, desde un punto de vista ecológico
global, la idea del desarrollo sostenible es totalmente
insostenible. El modelo capitalista de desarrollo
más extremo no tiene en cuenta el llamado capital
natural y se considera la Naturaleza como algo
inagotable que se puede explotar sin límite. Es lo
que se llama “sostenibilidad débil” (weak sustaina-
bility). Por el contrario, la “sostenibilidad fuerte”
(strong sustainability) sí que considera los recursos
naturales como algo que hay que cuidar para que
no se agoten o deterioren (Neumayer, 2003). Los
partidarios de la primera opción, la que actualmente
domina en nuestro mundo, miden el desarrollo por
indicadores tan burdos como la acumulación de
capital total o Producto Interno Bruto (PIB), que
es el indicador que se utiliza para ordenar jerár-
quicamente los países por su grado de desarrollo y
hacer la lista de los países que deciden la política
económica internacional o “desarrollados” (G8 y
similares), en contraposición a los que están “en
desarrollo”, entre otros eufemismos. Los partida-
rios de la sostenibilidad fuerte, en cambio, denen
el desarrollo sostenible como aquél que garantiza
que cada generación deja a la siguiente una base
productiva –que incluye tanto el capital reproducible
(infraestructuras, maquinaria, comunicaciones, etc.)
como el natural– por lo menos tan grande como la
que ella misma ha heredado (Dasgupta, 2010). Sin
embargo, la imposibilidad de crecimiento ilimitado
en un sistema con recursos limitados hace que ambas
ideas de sostenibilidad sean utópicas.
En efecto, el capital reproducible y el natural
son directamente interdependientes, de forma que
cualquier incremento en el primero termina, a la
corta o a la larga, por diezmar el segundo, bien
sea en forma de reducción, de contaminación o
de acumulación de deshechos (Rull, 2010b). Una
vez alcanzada la capacidad de carga de la Tierra,
la insistencia en un modelo de crecimiento de este
tipo puede terminar en un colapso. La pregunta es
cuán cerca o lejos estamos de esa capacidad de
carga. Sen Rockström et al. (2009), la Humanidad
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ya transgredido tres de los nueve límites que se
consideran críticos, como son las tasas de cambio
climático y de pérdida de biodiversidad, y la interfe-
rencia con el ciclo del Nitrógeno, que determina su
progresiva acumulación en la biosfera. Las últimas
estimaciones indican que, para seguir creciendo al
ritmo actual ya necesitaríamos 1,2 planetas como
el nuestro (WWF, 2008) y esto se agravará en las
próximas décadas.
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Se calcula que para 2050 la población humana de
la Tierra será de aproximadamente 9 mil millones
de habitantes, de forma que alimentarlos a todos
adecuadamente se plantea como uno de los pro-
blemas más importantes de la actualidad (Ash et
al, 2010; Butler, 2010). Para ello, se propone una
nueva “revolución verde”, esta vez a nivel global,
en la que la ciencia y la tecnología jueguen un papel
fundamental, a través de mejoras en los cultivos
por modicaciones reproductivas y genéticas que
incrementen la eciencia fotosintética y reduzcan
la necesidad de fertilizantes; desarrollo de nuevos
métodos de control de plagas, enfermedades y con-
trol de malezas; mejores prácticas ganaderas que
reduzcan las emisiones de gases de efecto inver-
nadero (principalmente metano); innovaciones para
la mejora de las técnicas de pesca y acuicultura;
nuevos desarrollos en nanotecnología, genómica
y electrónica dirigidas a optimizar el uso de los
recursos agrícolas; cambios en la dieta y reducción
del consumo de carne y productos cticos, así como
desarrollo de fuentes alternativas de proteínas, etc.
(The Royal Society, 2009; Beddington, 2010; Go-
dfray et al, 2010).
A primera vista, esta opción parece muy loable,
por su elevada carga lantrópica, pero un análisis
más profundo revela que no necesariamente es a
así, ni siquiera para la Humanidad. En primer lugar,
es bien sabido que el hambre en el mundo, por lo
menos en la actualidad, no es un problema de falta
de recursos del planeta sino del desequilibrio socio-
económico creado por el modelo supercapitalista
que, después del reciente asco socialista, se ha
reforzado como modelo de desarrollo global por
excelencia. Por ejemplo, antes de 2005, se calcula
que existían 850 millones de personas desnutridas
en el mundo, cifra que se incrementó en 75 millones
en sólo dos años debido al aumento de los precios
del trigo y el maíz, únicamente por razones de mer-
cado (Beddington, 2010). Es decir, que el hambre
no es tanto un problema de superpoblación como
de injusticia intra-generacional. Organismos como
la Organización Mundial de Comercio, el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial son
los encargados de mantener esta situación de des-
igualdad y dominación de las economías ricas, sin
que la Organización de las Naciones Unidas, creada
precisamente para garantizar, entre otras cosas, la
seguridad internacional y los derechos humanos,
pueda hacer nada por estar también subordinada a los
designios del capital y el mercado (Pelletier, 2010).
Por otra parte, si nos dejamos arrastrar por
la propuesta de la nueva revolución verde para
solucionar el problema de los próximos 40 años,
corremos el peligro de acelerar la degradación del
planeta y, lo que seguramente es peor, crear el
precedente de que siempre queda algo que expri-
mir, además de dar lugar a la falsa ilusión de que
el crecimiento siempre es posible, y que basta con
una nueva revolución verde para manejar un nuevo
aumento de población (Rull, 2010b). Al nal, lo
que lograríamos sería un planeta convertido en una
gran granja construida exclusivamente para el desa-
rrollo humano, sin apenas vestigios de lo que una
vez llamábamos Naturaleza. A partir de ese punto,
cualquier pensamiento de ulterior desarrollo sería
poco menos que imposible. Este punto no está tan
lejos como creemos. Un estudio reciente muestra
que entre 1700 y 2000 la biosfera terrestre hizo
una transición decisiva de un estado mayoritaria-
mente natural a otro principalmente antropogénico,
alcanzándose el punto crítico del 50% en el siglo
XX. Desde entonces, la mayoría de biomas son
predominantemente antropogénicos, tendencia que
seguirá aumentando en el futuro (Ellis et al., 2010).
Las únicas áreas que todavía se mantienen en un
estado más o menos natural son los desiertos y
los polos, por razones obvias, pero bastaría que se
encontrara algo que sacar de provecho (económico,
por supuesto) para revertir la situación.

En la Tierra, el crecimiento ilimitado de la población
y del PIB es algo utópico y en algún momento habrá
que parar. El límite lo dene el capital natural, que
en denitiva es el origen de cualquier sistema de
producción (no hay nada que no saquemos de la
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Naturaleza), no importa cual sea el paradigma eco-
nómico en boga. Ya existen algunas propuestas alter-
nativas como el llamado “crecimiento cero” (steady
state economy) o el “decrecimiento” (degrowth)
(Lawn, 2010; Schneider et al., 2010). Ambos se
basan en los principios de la llamada “economía
ecológica” (ecological economics), que destaca la
importancia de las interacciones entre economía
y ambiente, así como de las leyes biofísicas que
restringen el desarrollo humano. El principio básico
es termodinámico: La cantidad de energía de un
sistema cerrado es constante y cualquier transforma-
ción degrada energía útil convirtiéndola en entropía.
Todas las actividades económicas producen este
tipo de degradación energética que termina en
desechos y contaminación, por lo que la capacidad
de la Tierra para proporcionar materiales y energía
para el desarrollo humano es limitada (Pelletier,
2010). Los defensores del decrecimiento creen que
el progreso humano sin crecimiento económico
es posible y proponen un descenso equitativo de
la producción y el consumo capaz de promover
el bienestar humano y mejorar las condiciones
ecogicas a nivel local y global, a corto y largo
plazo (Schneider et al., 2010). Según ellos, no se
trata de una recesión o depresión económica, ni
de un retorno a las sociedades pastorales. En la
actualidad, este movimiento se está estructurando
desde un punto de vista teórico y también con
propuestas pcticas concretas (Marnez-Alier et
al., 2010), y habrá que seguir su evolución en el
futuro próximo.

En síntesis, el desarrollo sostenible es una falacia.
Ni garantiza la conservación de la Naturaleza ni es
una posibilidad real para el progreso de la Humani-
dad a mediano y largo plazo. En realidad, lo único
que pretende sostener el desarrollo sostenible es el
desarrollo en sí, bajo los principios supercapitalistas
de la economía de mercado y el consumismo (Rull,
2010c). Aunque sea duro de aceptar, cualquier
actividad de conservación de la biodiversidad, de
ahorro de energía, de gestión de contaminación o
desechos, de reciclaje, de remediación, etc. llevada
a cabo bajo este modelo utópico de crecimiento,
está dirigida a mantenerlo y así es como está
programado. Todas son actividades paliativas para
maquillar el daño visible y para que el desarrollo
así entendido no se vea como algo tan contrapro-
ducente; o sea, de lo que se trata es de “cambiar
todo para que nada cambie”. Lamentablemente,
muchas buenas voluntades quedan atrapadas en
esta trampa. Los cientícos y tecnólogos han sido
llamados a actuar como líderes en este empeño,
utilizando su profesión y su creatividad para en-
contrar las soluciones apropiadas (Beddington,
2010). Sin embargo, una de las características que
debería distinguir la ciencia de otras actividades
es la independencia de cualquier sistema social,
económico, político, ideológico o religioso (Rull,
2010a), por lo que deberíamos reexionar muy
bien sobre la actitud que tomamos, no sólo por las
implicaciones ideológicas subyacentes, sino también
por las posibles consecuencias futuras. No se trata
de paliar las consecuencias más evidentes de un mo-
delo de desarrollo inviable, ahora disfrazado con el
calicativo mágico de “sostenible”, que transforma
cualquier propuesta en algo políticamente correcto,
sino de reemplazarlo. Es tiempo para la creatividad
económica, pero no sólo para un cambio de vida
hacia costumbres más “ecológicas” o “verdes”, tal
como está de moda decirlo, sino hacia un cambio
profundo en el orden político y económico global.
El modelo de desarrollo capitalista está agotado
y agotará el planeta si lo seguimos manteniendo
(Speth, 2009), directa o indirectamente, en aras del
mito de la sostenibilidad.
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... Pese a esa orientación, a menudo la sostenibilidad turística parece ser un compromiso más retórico que real (Aronsson, 2000;Liu, 2003;Saarinen, 2006;Weaver, 2009;Rull, 2010), debido a la dificultad de su garantía en las distintas intervenciones (Becker, 2013;McCool et al, 2013). Ya en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río de Janeiro 2012), se reconocía la dificultad de avanzar por ese camino y se planteaban soluciones por la vía de la Economía Verde (Pulido y Pulido, 2015;Stone, 2013). ...
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Aunque el Patrimonio Cultural es fuente reconocida de bienestar, su sobreexplotación turística genera fuertes impactos negativos, agravados en las grandes ciudades por la concentración de efectos en el espacio. Este trabajo aborda el caso de Madrid, ciudad que cuenta en su periferia metropolitana con activos patrimoniales de primer nivel, cuyo mejor aprovechamiento turístico ayudaría a mitigar el impacto negativo en la capital, a la vez que contribuiría al desarrollo económico y social de la periferia. En la investigación se aplicó un planteamiento metodológico dinámico con cuatro planos de análisis complementarios: documental y de redes, cualitativo, cuantitativo y procesos participativos. Los resultados evidencian la necesidad de adoptar estrategias de gestión cultural y de planificación turística orientadas al reequilibrio de los flujos de visitantes. La activación de los propios vecinos se revela como un recurso especialmente valioso para fortalecer un turismo de proximidad, experiencial y más sostenible. El impacto de la Covid-19, por una parte, y la declaración del Paseo del Prado y el Retiro como Patrimonio de la Humanidad, por otra, han puesto aún más de actualidad esta situación.
... Sin embargo, la propuesta del desarrollo sostenible ganó muchas críticas que cuestionan su coherencia conceptual y epistemológica (Lélé, 1991;Mitcham, 1995;Murillo Licea, 2004;Robinson, 2004;Rull, 2010) por que otorga el papel protagónico al crecimiento económico, que considera necesario para un progreso basado en industrialización, consumo y crédito (Costanza, Cumberland, Daly, Goodland, y Norgaard, 1997;Daly y Farley, 2010;Giddings, Hopwood, y Brien, 2002;Lélé, 1991;Max-Neef, 1991;Naredo, 1996;Robinson, 2004). La lógica económica que dirige la formulación de políticas y la toma de decisiones individuales y colectivas en cada país del mundo. ...
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Resumen El presente trabajo analiza la relación entre sustentabilidad y cultura, la inter-pretación de ambos términos para la política pública internacional represen-tada por Naciones Unidas, sus avances y retos. Se analiza el papel de la cultura en la propuesta de Naciones Unidas so-bre desarrollo sostenible, desde Estocolmo en 1972, el reporte Brundtland en 1987, los principios de Rio en 1992, Agenda 21 en 1997, Johannesburgo en 2002, la declaración de Rio más 20 en 2012, hasta los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030 en 2015, abarcando 43 años. El elemento común en todos los documentos es: el crecimiento económico como condición para el desarrollo, los componentes clave de la estrategia son los mercados glo-bales, la tecnificación y el financiamiento para superar la condición de los países subdesarrollados. Se impone una lógica económica, un concepto de desarrollo que impli-ca consumo y que violenta los diferentes sistemas culturales. El valor de la diversidad cultural se declara en 2001, y en la agenda 2030 se propone la cultura como una estrategia económica para atraer turismo y comercializar la creatividad.
... Que no considera que la economía es un subsistema humano y ambos dependen totalmente del funcionamiento de los ciclos naturales del planeta, por tanto, concibe que la sociedad o la economía puedan colocarse fuera del marco de la naturaleza. Además, Brundtland plantea como solución a los problemas socio-ambientales intensificar el desarrollo económico, lo cual genera mayor presión sobre la naturaleza (Giddings et al., 2002;Lélé, 1991;Mitcham, 1995;Murillo Licea, 2004;Robinson, 2004;Rull, 2010). 3 Las primeras controversias estaban relacionadas la traducción del término sustainable; en la primera versión en español del informe Brundtland se tradujo como desarrollo duradero, después se cambió por desarrollo sustentable. ...
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Resumen El término sustentabilidad aparece en diferentes discursos, sin embargo, existe discusión sobre la claridad del concepto y su dificultad para ponerlo en práctica. En el presente trabajo se contrasta el enfoque de la sustentabilidad fuerte ante la sustentabilidad débil y se compara con la opinión de un grupo de cafetaleros organizados en el centro del estado de Veracruz. Se indaga sobre las diferencias cuando los actores sociales analizan sus fortalezas y debilidades desde cada uno los dos enfoques. La zona montañosa del centro del estado de Veracruz tiene vocación de bosque mesófilo de montaña, el ecosistema terrestre más amenazado en el ámbito nacional. Los pocos remanentes de bosque mesófilo se ubican contiguas al área cafetalera. La forma de cultivo de café de sombra en la región constituye un manejo agroecológico que mantiene el dosel del bosque que resguarda parte importante de la diversidad biológica y la oferta de servicios ambientales. Lo que explica que los productores cafetaleros sean reconocidos por sus prácticas sustentables. Se presentan los resultados obtenidos en dos talleres participativos, que denominamos "La tierra, el café y nosotros" realizados con productores del Consejo Regional de Productores de Café en Coatepec (Carecafeco).
... Existe un debate entre científicos, activistas y actores sociales acerca de las limitaciones conceptuales del desarrollo sostenible (Léle, 1991;Murillo, 2004;Robinson, 2004;Rull, 2010) y se transita por señalamientos de las inadaptaciones al sistema, formas de incomodar el estatus quo y el poder, hasta complejidades filosóficas, éticas y a la falta de alternativas. Incluso se critica el uso indistinto de los términos sustentabilidad, desarrollo sostenible o sustentable que se utilizan comúnmente en Naciones Unidas y en los discursos en la política pública nacional. ...
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La humanidad enfrenta una crisis civilizatoria multidimensional que implica lo ambiental, social, político, económico y ético. El agua es un ejemplo que ilustra la desigualdad social, los problemas de gobernanza y la forma como se usa a la madre naturaleza, sin reconocer que del agua depende la vida en el planeta. Los humanos, como seres interpretativos, influimos con acciones concretas y por tanto modificamos la realidad, aunque se acepta que la existencia depende del agua y su calidad, pocos colectivos sociales valoran el agua como conexión de la vida en la tierra, más allá, de fronteras y políticas el agua es vida. La crisis del agua es una dimensión más que se suma a la crisis global y no se puede resolver con la “lógica” que se creó. Las culturas originales de América y algunas filosofías como el budismo confieren al agua un sentido sagrado. ¿Cómo integrar ese concepto de lo sagrado en la sociedad actual?, ¿Cómo entender la sustentabilidad del agua? Conocer las formas de vida actuales e históricas de los pueblos indígenas puede ayudar a reconocer que el agua, en sus tres estados, se encuentra en el planeta cubriendo un ciclo purificador, entra y sale del cuerpo de cada ser vivo, hidratándolo y depurándolo. Las visiones ecológica, ética y estética del agua, pueden ayudar a construir una cultura basada en el respeto a la madre naturaleza para un buen vivir colectivo. Dicha cultura del agua se construye con un diálogo de saberes que permita transitar hacia lo inédito.
... El documento constituye un estudio detallado de la situación socio-ambiental y advierte de los riesgos de no atender estos temas, pero pasó por alto los argumentos de crítica económica y mantiene la creencia de que el crecimiento económico podía superar los problemas ambientales y de pobreza, de acuerdo a la institucionalidad política y económica mundial prevalente. Existen múltiples trabajos que documentan que esta institucionalidad política y económica está llena de contradicciones y ponen en entredicho la coherencia del término desarrollo sustentable (Naredo, 1996) (Murillo Licea, 2004) (Robinson, 2004) (Daly, 2008) (Rull, 2010), por lo que se prefiere usar el término sustentabilidad. ...
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RESUMEN Para celebrar el nacimiento de la revista Desarrollo Regional Sustentable se propuso elaborar una disertación que articula dos aspectos que frecuentemente están separados, la creatividad y la sustentabilidad. Se presentan los principales componentes de la crisis global y se analizan diferentes perspectivas de la creatividad en-ciencia, arte y religión-para transitar a la sustentabilidad. Desde la transdisciplinariedad se muestra la necesidad de análisis holísticos que permitan integrar la complejidad de los procesos socio-ambientales. Se concluye que la sustentabilidad es la aspiración humana que orienta los esfuerzos individuales, locales, nacionales y mundiales, que consideran la historia y evolución del planeta y las culturas en un mundo más natural, creativo, justo e incluyente. // ABSTRACT To celebrate the birth of the journal Desarrollo regional sustentable is proposed to develop a dissertation to articulate two aspects that are often separated, creativity and sustainability. The main components of the global crisis are presented and different perspectives of creativity in-science, art and religion-were analyzed for possible transition to sustainability. Since transdiscipline the need for holistic analysis to integrate the complexity of the socio-environmental processes is shown. It is concluded that sustainability is human aspiration that guides the individual, local, national and global efforts, which consider the history and evolution of the planet and cultures built across a more natural, creative, just and inclusive world.
... Una de las principales críticas a la propuesta del Informe Brundtland es que su planteamiento concibe que la sociedad o la economía pueden entenderse fuera del marco de la naturaleza y propone como solución a los problemas socio-ambientales intensificar el crecimiento económico (Rull, 2010;Robinson, 2004;Murillo Licea, 2004;Giddings, Hopwood & O'Brien, 2002;Mitcham, 1995;Léle, 1991). ...
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resumen El presente trabajo constituye una revisión teórica de las contribuciones de varias áreas del conocimiento en busca de hacer evidentes las coincidencias entre los grupos de personas que tratan de resolver los problemas socio-ambientales que enfrenta la sociedad actual. Se plan-tea el debate académico vigente sobre el concepto de sustentabilidad, término que se interpreta como la forma en que los diferentes grupos sociales construyen el sistema cultural (socio-político-económico) en torno a su relación con la naturaleza. Se argumenta a favor de reconocer que la vida humana, la sociedad y, por lo tanto, su economía, como sub-sistema humano, son completamente dependientes de mantener ciclos y equilibrios en el planeta Tierra. Se justifica que cualquier determinación de sustentabilidad debe contemplar la ética-estética de la vida, y enriquecerse de las aportaciones y avances del conocimiento humano en cuanto a la explicación de lo vivo. Se sostiene que los sistemas sociales humanos encajan en el perfil de un sistema vivo, un sistema autopoiético como un acoplamiento estructural y funcional de unidades autopoíeticas, dinámicas e inestables, yendo hacia un futuro impredecible. Se ofrecen consideraciones desde la complejidad y la transdiciplina que proponen el diálogo para hacer emerger nuevas cualidades; ayudar a superar algunas de las aparentes contradicciones en dogmas fundamentales y epistemológicos, así como posibilitar la inclusión de otras áreas de la cultura como arte, religión, política, economía y negocios en el enriquecimiento del aprendizaje hacia la sustentabilidad. Se busca abonar a la claridad de valores que permitan inspirar la creación de realidades nuevas.
... En este contexto, en los últimos años han ido apareciendo voces cada vez más críticas, que cuestionan la operatividad real de este paradigma y que abogan por su olvido, dada la imposibilidad de alcanzar los más mínimos avances a este respecto. En este sentido, se manifiestan, respecto al desarrollo sostenible, autores como Martínez -Alier et al. (2010) o Rull (2010) y, respecto al turismo sostenible, autores como Aronsson (2000), Liu (2003), Saarinen (2006) o Weaver (2009). ...
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El de sostenibilidad se ha convertido en un término recurrente en la agenda política de la mayoría de gobiernos y organismos internacionales, así como en documentos de empresas turísticas, organizaciones no gubernamentales y, por supuesto, en la agenda de los investigadores. A pesar de ello, hay una coincidencia generalizada en que, en la realidad, se ha avanzado poco en materia de sostenibilidad, en general y en el ámbito del turismo. Incluso, estos escasos avances hacen pensar si no se tratará de un concepto utópico, referido a un estado armonioso inalcanzable y que, en consecuencia, debe de ser abandonado cuanto antes, evitando con ello un coste de oportunidad innecesario. En este artículo se analiza el estado actual del debate, especialmente respecto al turismo sostenible, y se plantean un conjunto de argumentos que justifican la necesidad de aplicar, en un momento como el actual, el paradigma del desarrollo sostenible a la actividad turística.
... Esto creó una preocupación social de orden universal, que fue patente por primera vez en Estocolmo en 1972 y después conllevó tres reuniones más: Río de Janeiro en 1992, Johannesburgo en el 2002, y nuevamente Río de Janeiro, en el 2012, la cual se le llamó " Río +20 " . Las declaraciones emanadas de estos encuentros dejan en su contenido claramente, como lo patentiza Rull (2010, p. 106), que " el capital reproducible y el natural son directamente interdependientes, de forma que cualquier incremento en el primero termina, a la corta o a la larga, por diezmar el segundo, bien sea en forma de reducción, de contaminación o de acumulación de deshechos " . Por otra parte, uno de los fines trazados en estas promulgaciones fue el dejar de manera evidente que es necesario gestionar una condición de vida con dignidad, en el marco de los derechos universales de todos los seres humanos, con el propósito de liberarla de conductas inciviles en las múltiples dimensiones en que se desenvuelve (ver tabla 2). ...
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Abstract This article reviews the quality of life concept and how it depends on sustainable development. Both terms have turned into a relevant focus of attention and reflection in our society. Based on this, we retake the social and collective configuration, where the path of the concepts of quality of life and sustainable development overlap. This allows us to take up and justify the social figure of a new theoretical construct called “frugal and safe citizenship of the world”, which is set apart by its global and sustainable character. Also, it has a particular set of characteristics as a response to the demands of its current context, by including the basic criteria of social equity, ecological harmony, and economic efficiency. Keywords: quality of life; sustainability; citizenship; frugality; safety
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A compilation of papers on Science & Society issues published between 2009 and 2017 in EMBO Reports and other journals. Contents: 1) Beyond us; 2) The candid approach; 3) Who needs a greener revolution?; 4) Food security: green revolution drawbacks; 5) The myth of sustainable development; 6) Sustainability, capitalism and evolution; 7) Research efficiency in relation to investment; 8) Time, evolution and physical reductionism; 9) Towards a scientific force: some insights and a manifesto; 10) Are we willing to build a better future?; 11) Science in Spain: a historical debt; 12) Conservation, human values and democracy; 13) The most important application of science; 14) The social utility of science; 15) Free science under threat; 16) The 'Anthropocene': neglects, misconceptions and possible futures; 17) The 'Anthropocene' uncovered.
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p>El presente artículo expone que subsistimos en una complejidad social hondamente diversa, que en la actualidad somos participes de una comunidad universal y de cuyos problemas no podemos excluirnos. Estos son producto de los patrones económicos prevalecientes, que nos han llevado a un sistema donde las inequidades sociales se han incrementado. Es así que se yergue una nueva ciudadanía apoyada en los principios de frugalidad y seguridad, que es donde convergen los preceptos de calidad de vida y sustentabilidad. PALABRAS CLAVE: calidad de vida, sustentabilidad, ciudadanía, frugalidad, seguridad .</p
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Controlled experiments have substantially advanced our understanding of the links between changing biodiversity and ecosystem functioning (BEF) in recent years. However, controversy continues regarding the relevance of BEF experiments to the complex ecosystems and large spatial and temporal scales of interest in conservation and management. Here, I address some of the persistent criticisms regarding experimental BEF research and argue that these have been overstated. Contrary to some suggestions, many putative artifacts attributed to experiments render their conclusions about BEF links stronger, rather than weaker. Like other broad ecological concepts, BEF focuses on general patterns, rather than looking at species-level, applied conservation problems. Nevertheless, insights from BEF experiments conducted to date are likely to underestimate, rather than overestimate, the importance of biodiversity to ecosystem functioning and the provision of ecosystem services in the real world. These experiments suggest that managing ecosystems to promote biodiversity can have important practical benefits.
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Aim To map and characterize anthropogenic transformation of the terrestrial biosphere before and during the Industrial Revolution, from 1700 to 2000.Location Global.Methods Anthropogenic biomes (anthromes) were mapped for 1700, 1800, 1900 and 2000 using a rule-based anthrome classification model applied to gridded global data for human population density and land use. Anthropogenic transformation of terrestrial biomes was then characterized by map comparisons at century intervals.Results In 1700, nearly half of the terrestrial biosphere was wild, without human settlements or substantial land use. Most of the remainder was in a seminatural state (45%) having only minor use for agriculture and settlements. By 2000, the opposite was true, with the majority of the biosphere in agricultural and settled anthromes, less than 20% seminatural and only a quarter left wild. Anthropogenic transformation of the biosphere during the Industrial Revolution resulted about equally from land-use expansion into wildlands and intensification of land use within seminatural anthromes. Transformation pathways differed strongly between biomes and regions, with some remaining mostly wild but with the majority almost completely transformed into rangelands, croplands and villages. In the process of transforming almost 39% of earth's total ice-free surface into agricultural land and settlements, an additional 37% of global land without such use has become embedded within agricultural and settled anthromes.Main conclusions Between 1700 and 2000, the terrestrial biosphere made the critical transition from mostly wild to mostly anthropogenic, passing the 50% mark early in the 20th century. At present, and ever more in the future, the form and process of terrestrial ecosystems in most biomes will be predominantly anthropogenic, the product of land use and other direct human interactions with ecosystems. Ecological research and conservation efforts in all but a few biomes would benefit from a primary focus on the novel remnant, recovering and managed ecosystems embedded within used lands.
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How serious are the threats to our environment? Here is one measure of the problem: if we continue to do exactly what we are doing, with no growth in the human population or the world economy, the world in the latter part of this century will be unfit to live in. Of course human activities are not holding at current levels-they are accelerating, dramatically-and so, too, is the pace of climate disruption, biotic impoverishment, and toxification. In this book Gus Speth, author of Red Sky at Morning and a widely respected environmentalist, begins with the observation that the environmental community has grown in strength and sophistication, but the environment has continued to decline, to the point that we are now at the edge of catastrophe. Speth contends that this situation is a severe indictment of the economic and political system we call modern capitalism. Our vital task is now to change the operating instructions for today's destructive world economy before it is too late. The book is about how to do that.
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Past species losses have much to teach us about current and future declines due to human activity.
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Definition of the genus Homo is almost as fraught as the definition of Homo sapiens. We look at the evidence for ``early Homo,'' finding little morphological basis for extending our genus to any of the 2.5-1.6-myr-old fossil forms assigned to ``early Homo'' or Homo habilis/rudolfensis. We also point to heterogeneity among ``early African Homo erectus,'' and the lack of apomorphies linking these fossils to the Asian Homo erectus group, a cohesive regional clade that shows some internal variation, including brain size increase over time. The first truly cosmopolitan Homo species is Homo heidelbergensis, known from Africa, Europe, and China following 600 kyr ago. One species sympatric with it included the >500-kyr-old Sima de los Huesos fossils from Spain, clearly distinct from Homo heidelbergensis and the oldest hominids assignable to the clade additionally containing Homo neanderthalensis. This clade also shows evidence of brain size expansion with time; but although Homo neanderthalensis had a large brain, it left no unequivocal evidence of the symbolic consciousness that makes our species unique. Homo sapiens clearly originated in Africa, where it existed as a physical entity before it began (also in that continent) to show the first stirrings of symbolism. Most likely, the biological underpinnings of symbolic consciousness were exaptively acquired in the radical developmental reorganization that gave rise to the highly characteristic osteological structure of Homo sapiens, but lay fallow for tens of thousands of years before being ``discovered'' by a cultural stimulus, plausibly the invention of language.
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This article reviews the burgeoning emerging literature on sustainable degrowth. This is defined as an equitable downscaling of production and consumption that increases human well-being and enhances ecological conditions at the local and global level, in the short and long term. The paradigmatic propositions of degrowth are that economic growth is not sustainable and that human progress without economic growth is possible. Degrowth proponents come from diverse origins. Some are critics of market globalization, new technologies or the imposition of western models of development in the rest of the world. All criticize GDP accounting though they propose often different social and ecological indicators. Degrowth theorists and practitioners support an extension of human relations instead of market relations, demand a deepening of democracy, defend ecosystems, and propose a more equal distribution of wealth. We distinguish between depression, i.e. unplanned degrowth within a growth regime, and sustainable degrowth, a voluntary, smooth and equitable transition to a regime of lower production and consumption. The question we ask is how positive would degrowth be if instead of being imposed by an economic crisis, it would actually be a democratic collective decision, a project with the ambition of getting closer to ecological sustainability and socio-environmental justice worldwide.
Article
The persistent failures of international environmental governance initiatives to halt the degradation of the global commons are directly linked to the implicit worldview and assumptions fueling the proliferation of industrial society. These include an instrumental conception on non-human nature, rampant materialism, technological optimism, and an expansionary economics premised on the axiomatic necessity of unconstrained growth. Permeating contemporary environmental governance regimes, it is argued that these premises are fundamentally incompatible with the requirements of environmental sustainability. Proceeding from the perspective of ecological economics, it is further argued that achieving environmental sustainability in industrial society requires foremost that we restructure and constrain the scale of economic activities relative to global biocapacity. It is concluded that a scale-based approach to governing the environmental commons, operationalized by a strong world environment organization, offers at least a partial solution to this conundrum.
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“Sustainable de-growth” is both a concept and a social-grassroots (Northern) movement with its origins in the fields of ecological economics, social ecology, economic anthropology and environmental and social activist groups. This paper introduces the concept of sustainable de-growth by mapping some of the main intellectual influences from these fields, with special focus on the Francophone and Anglophone thinking about this emergent notion. We propose hypotheses pertaining to the appeal of sustainable de-growth, and compare it to the messages enclosed within the dominant sustainable development idea. We scrutinize the theses, contradictions, and consequences of sustainable de-growth thinking as it is currently being shaped by a heterogeneous body of literature and as it interacts with an ample and growing corpus of social movements. We also discuss possible future paths for the de-growth movement compared to the apparent weakening of the sustainable development paradigm.