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Aibar, del fuero de unificación de pechas (finales del siglo XII) a la hidalguía colectiva (1397)

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Abstract

In a process which took place for more than two centuries (XII-XIV) the peasants from the Navarre village of Aibar changed their social and legal status of servitude into collective nobility. This change was possible due to the impulse of a social minority who knew how to take its own benefit from the modernization of the kingdom's institutions, as well as from its social and political evolution. On the process, this leading elite was able to involve all the population and to become a self-interested interpreter of the common will.
HISTORIA
Aibar, del fuero de
unificación de pechas
(finales del siglo XII) a la
hidalguía colectiva (1397)
FERMÍN MIRANDA GARCÍA*
La localidad de Aibar se encuentra situada en un lugar privilegiado de la
red medieval –y no solo medieval– de comunicaciones del reino de Na-
varra, inmediatamente al sur de los pasos orientales de las sierras exteriores
del Prepirineo y cerca de la confluencia de las vías que, de este a oeste, unen
las cuencas prepirenaicas, desde la frontera aragonesa a Álava a través de Pam-
plona, y las que, de este a suroeste, enlazan los espacios sangüesinos con Oli-
te, Estella y las riberas del Ebro en Viana. Se trata sin duda de una posición
que ha tenido un cierto relieve en buena parte de su trayectoria histórica y
que quizás impulsó su elección como –y su condición de– elemento agluti-
nador y articulador del espacio comarcano llamado significativamente, des-
de aquella misma época, la Val de Aibar.
La evolución socio-jurídica de esta localidad nuclear constituirá el objeto
principal de estas páginas, pero conviene situarse previamente en el que casi
supone el punto final del trayecto histórico analizado, las décadas centrales
del siglo XIV, donde, de modo paradójico, se sitúa el fundamento para el pun-
to de arranque del estudio.
377
[1]
* Universidad Autónoma de Madrid. Este trçabajo se desarrolla en el marco del Proyecto de In-
vestigación financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia “La construcción de modelos de iden-
tidad en las ciudades de Aragón, Castilla y Navarra (1350-1480)” (HUM2006-01371).
LAS BASES DEMOGRÁFICAS DEL PROCESO
En 1352, el recibidor de la merindad de Sangüesa, Martín Pérez de Oló-
riz, se encargó personalmente de revisar el número de fuegos pecheros de la
villa de Aibar, probablemente para calibrar la considerable diferencia regis-
trada entre las cifras inmediatamente anteriores y posteriores a la peste de
1348-1350. El resultado de su pesquisa, recogido en el correspondiente regis-
tro de Comptos1, elevaba el número de pecheros regios a 184, y consignaba
otras 9heredades sujetas a obligaciones señoriales que, por diversas razones,
habían dejado de cotizar la correspondiente renta. Señalaba además que cada
fuego campesino debía abonar “según su privilegio” una pecha de 2sueldos,
lo que permite, en función de la antigüedad y perpetuación que más adelan-
te se sugiere para esa concesión, proyectar ese dato sobre los ingresos de los
años anteriores y posteriores, y realizar así diversos cálculos aproximados so-
bre la población de la villa a lo largo del periodo analizado.
El texto tiene por tanto un incuestionable valor demográfico, que permi-
te reseñar la trayectoria de la población de la villa en esta etapa de epidemias
y ajustes migratorios, con un cénit que en 1347 cabe situar, por las razones
que se comentarán enseguida y que son las que motivan este breve estudio,
en torno a los 280 fuegos pecheros2, más una cifra desconocida de hogares hi-
dalgos; apenas dos décadas después, en 1366 y1367, se situaba en los 154 fue-
gos pecheros3, el mínimo para el período aquí acotado junto a los 184 que se
reseñan en 13524y los 185 de 13595. En 1280 y1285, por ejemplo, los hoga-
res pecheros se situarían en torno a los 2276; en 1300 alcanzaban los 2507; en
1309, los 2658, y en 1321 los 2559. En todos los casos deberían añadirse los co-
rrespondientes hidalgos, ausentes de estos registros. Solo las bien conocidas
relaciones, nominales o globales, elaboradas para la recogida de las ayudas de
1366 y1368, y que, sobre todo en lo que a la primera respecta, constituyeron
en su momento la base para estudios pioneros sobre demografía medieval pe-
ninsular10, incluyen datos sobre este sector social de la población, junto a los
propios pecheros o incluso los clérigos. Sin embargo, y aunque se volverá so-
bre ello más adelante, porque también guarda relación con las cuestiones
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
378 [2]
1Archivo General de Navarra, Sección de Comptos. Registros [AGN-CR], 69, f. 88v.
2Las cifras que aquí se manejan para los años 1329-1349 proceden de los materiales recopilados
por Í. Mugueta Moreno para la elaboración de su tesis doctoral El dinero de los Evreux. Hacienda y fis-
calidad en el reino de Navarra (1328-1349), Pamplona, Universidad Pública de Navarra, 2005 [editado
Pamplona, 2008].
3AGN-CR,119, fol. 90v; y 122, fol. 64r.
4A diferencia de otros años, el listado de 1352 permite distinguir entre pecheros que habitan en Aibar
y los foráneos (13), pero a cambio no indica los pecheros habitantes de Aibar que cotizan en otras poblacio-
nes en función de sus heredades. Como en otros ejercicios esa distinción no se puede realizar, se ha preferi-
do no descontarlos para mantener la similitud del análisis, bien entendido que las cifras aquí aportadas son,
en todos los casos, aproximadas, por cuanto estas relaciones no se elaboraron con interés demográfico sino
recaudatorio y, por tanto, no contemplan variables muy significativas para cualquier trabajo de ese tipo.
5AGN-CR,92, f. 18.
6J. CARRASCO PÉREZ y otros, Acta Vectigalia Regni Navarrae. Documentos financieros para el estu-
dio de la Hacienda Real Navarra [AV], 2-1, Pamplona, 1999, § 3[137]; y 2-2, Pamplona, 1999, § 7
[1.996], recoge una tasa de 22 l. y 14 s. sobre la que se efectúa el cálculo.
7AV,5, § 45 [16].
8AGN-CR,13, f. 137r.
9La cantidad abonada fue de 510 s.; AV,11, § 176 [14].
10 J. CARRASCO,La población del reino de Navarra en el siglo XIV, Pamplona, 1973.
principales de este estudio, debe resaltarse que las cifras allí ofrecidas resultan
en el caso de Aibar claramente engañosas. En efecto, el célebre “Libro de Fue-
gos” de 1366 reseña una población de 62 fuegos labradores y 35 hidalgos11,
apenas el 40% de los pecheros (154) que permite calcular el registro ordina-
rio del año en función de las rentas abonadas al Tesoro Real. El “Libro de la
Ayuda de los 200 florines” de 1368 recoge 52 labradores y 35 hidalgos12, cuan-
do los ingresos por pechas del registro ordinario del año anterior (último en
el que se abonan) implican que el número de unidades pecheras que cumplió
con sus obligaciones anuales se había mantenido en los mismos 154 de 1366,
prácticamente el triple. Si esa desviación resulta tan considerable en el caso de
los fuegos pecheros, por las razones y con las consecuencias que más adelan-
te se comentarán, no cabe sino someter a una rigurosa cuarentena las cifras
de fuegos hidalgos transmitidas por las mismas fuentes.
Con todo, los datos ofrecidos como base más fiable para el cálculo de-
mográfico deben someterse a diversas cautelas adicionales. Aunque del pro-
pio listado de fuegos de 1352 cabe sugerir que los fuegos femeninos abona-
ban la misma cantidad que los restantes, a diferencia de otros lugares donde
la reducción de la pecha en estos casos podía ser de hasta ½ y ¼ de la “ordi-
naria”, tampoco aparecen casi nunca los pecheros “foranos” que trabajaban
sus heredades desde otras localidades de residencia13 (y viceversa); ni resulta
posible cuantificar la posibilidad de que con el transcurso del tiempo se hu-
biesen generado, como se documenta en otros lugares, pechas compartidas
por varios núcleos familiares que constarían ante el recaudador de la tasa co-
mo una sola unidad contable14. Del mismo modo, y entre otros posibles ele-
mentos que contribuyen a distorsionar la realidad de los datos recogidos, no
siempre se anota la exención del pago que favorece a determinados cargos sin
duda implicados en la colecta, como el baile y el mayoral.
Además, la reiteración de cifras durante varios ejercicios seguidos, aunque
con algunas oscilaciones ocasionales, parece apuntar más bien a actualizacio-
nes periódicas por parte de los oficiales regios, como la efectuada en 1352 de
la que se hablaba al principio, cuyo balance se mantenía más o menos esta-
ble, y por tanto artificial en cierto modo durante años, con el consiguiente
margen para pequeñas corruptelas, en la medida en que solo se hacían cons-
tar las defunciones o los abandonos de tierras –de ahí la sorprendente ten-
dencia a la baja de algunos ejercicios–, pero no las ampliaciones (ocultas por
ejemplo bajo la imagen de pechas compartidas), que no serían consignadas,
en su caso, hasta la siguiente inspección; el aparente descenso de fuegos pe-
cheros, en torno al 4% aproximadamente, producido entre 1309 y1321, o los
repentinos crecimientos de 1300 y1329, en ambos casos del 10% en menos
de una década, tendrían su explicación en este terreno.
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[3] 379
11 Ibíd., p. 143.
12 AGN-CR,127, ff. 191v-192r. El desglose por grupos jurídicos se remite sin duda a un cálculo
del año anterior, pues desde el 16 de enero de 1368 todos los pecheros fueron enfranquecidos. La con-
dición jurídica era irrelevante a efectos del pago de la ayuda, y quizás por ello no se modificó en el ba-
lance de la colecta de 1368, pero sí quedó anotada en el registro de las rentas ordinarias (Ibíd., 128, ff.
96v-97r).
13 La relación de 1352 incluye, por ejemplo, 13 fuegos de este tipo, que no se han descontado pa-
ra mantener cierta homogeneidad en las comparaciones.
14 Cf. F. MIRANDA GARCÍA, “Algunas notas sobre la familia campesina navarra en la Edad Media”,
Aragón en la Edad Media,15,1999, pp. 1.047-1.060.
Nos hallamos por tanto, siempre, ante cifras aproximadas, que permiten
observar una pauta de comportamiento y reflexionar sobre ella, pero en nin-
gún caso se trata de datos equiparables en su fiabilidad a las estadísticas y cen-
sos actuales, de características y finalidades de origen muy distintos.
En cualquier caso, parece evidente una línea general de crecimiento que
se mantiene hasta mediados del siglo XIV, y que se ve sucedida por bruscos
descensos en 1349 y1366, en relación directa sin duda con el golpe de las su-
cesivas epidemias de peste que sacudieron Navarra a partir de 1348 y136115.
En apenas 25 años, Aibar habría perdido casi la mitad de sus pecheros y, en
buena lógica, ese porcentaje podría extenderse al conjunto de la población.
Pero con todo, la densidad previa a esa caída nos muestra un pujante núcleo
con muy pocas referencias parecidas en su entorno. Sirva como comparación
que en las fechas en que se inicia la serie, con 227 fuegos pecheros y un nú-
mero indeterminado de hidalgos residentes en Aibar, Sangüesa, la villa con
mayor peso socioeconómico de la zona, mostraba unas cifras en torno a los
350 fuegos (1266)16.
EL “FUERO” DE UNIFICACIÓN DE PECHAS
Sin embargo, y al margen de estas breves reflexiones previas, que merece-
rán de los auténticos especialistas en la materia la atención que pueda corres-
ponderles en el complejo mundo del valor demográfico de las fuentes medie-
vales, lo que interesa aquí es una cuestión bien distinta, aunque sin duda re-
lacionada con lo anterior (y por ello se le ha dedicado cierta atención) a par-
Población pechera de Aibar 1280-1367
Fuegos
1280
300
250
200
150
100
50
0
Años
1285
1290
1300
1306
1309
1312
1315
1318
1321
1329
1334
1339
1347
1349
1352
1359
1361
1366
1367
227 227 227
250
265 265 260 258 252 255
280 280 280
187 184 185 188
154 154
280
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
380 [4]
15 P. J. MONTEANO,La ira de Dios. Los navarros en la Era de la peste (1348-1723), Pamplona, 2002,
pp. 56-60.
16 R. GARCÍA ARANCÓN,Teobaldo II de Navarra (1253-1270). Gobierno de la monarquía y recursos
financieros, Pamplona, 1985, p. 76.
tir de una breve nota en el texto recogido en las primeras líneas de este estu-
dio y que nos señala el sentido último de la pesquisa.
Esta inspección, como ya se ha avanzado, se realizaba porque “las peitas son
captales et cada un peitero, segunt su priuilegio, deue cada ayno 2sueldos de
peita al seynor rey”17. Nos informa por tanto de la existencia de un “fuero” de
unificación de pechas (por seguir la terminología tradicional) que, hasta don-
de tenemos constancia, había pasado desapercibido para la historiografía. Pa-
recía evidente que los privilegios conservados18 no suponían, ni mucho menos,
la totalidad de los emitidos por los sucesivos monarcas implicados en este tipo
de concesiones, e incluso en más de un caso podría deducirse quizás su exis-
tencia a partir de los apuntes contables de los registros reales, y de las preci-
siones ocasionales. Sin embargo raramente ha quedado constancia explícita de
su existencia y además, en este caso, permite situar la evolución jurídico-social
de la villa de Aibar en los tiempos medievales en un contexto temporal más
amplio, ya estudiado parcialmente en su etapa final y que culminó con la ob-
tención de la hidalguía colectiva en 1397 de manos del rey Carlos III19.
Aunque, como resulta conocido, los llamados “fueros” o, mejor, privile-
gios de unificación de pechas, cuentan con un amplio recorrido cronológi-
co, que se extiende básicamente por las dos décadas finales del siglo XII y la
primera mitad del XIII20, la modalidad aplicada a Aibar, de pecha capital
uniforme por fuego, más la correspondiente cena, se limita en su aplicación
al período comprendido entre 1185 (Pueyo de Navascués)21 y1201 (Olaiz,
Osacáin y Beraiz)22, con las excepciones de Ulzama y San Martín de Elesa,
sobre las que se ha realizado una explicación más que convincente23. Bien es
cierto que en ese heterogéneo marco que ha venido en llamarse “fueros de
frontera”, la vecina Cáseda contaba desde su concesión en 1129 con una
carga capital de un cahíz de trigo y otro de avena24que en los registros de
finales del siglo XIII figura expresamente como pecha, además de la cena
–que no se recoge en el fuero pero consta en los Registros de Comptos25–,
pero no parece –aunque no quepa descartarlo– que sea este tipo de privile-
gios el otorgado a Aibar.
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[5] 381
17 AGN-CR,69, f. 88v. Las cursivas son nuestras.
Ayuarr. Memoria de los peiteros.
Anno Domini MºCCCºLº secundo. Martin Periz d’Oloriz, recebidor de la merindat de Sanguessa,
fue personalment a la villa d’Ayuarr, en la quoal las peitas son captales, et cada un peitero, segunt lur
priuilegio, deue cada aynno 2sueldos de peita al seynor rey. Et fecha pesquisa por el dicto recibidor di-
ligentment en hidalgos y labradores, fayllo nonbradament que al present todos los pecheros d’Aybar
son estos que se siguen” (sigue listado nominal).
La misma indicación, pero sin una relación nominal, se hacía ya en 1349 (AGN-CR,60, f. 61v).
18 Fueron editados y estudiados por L. J. FORTÚN PERÉZ DE CIRIZA, “Colección de Fueros meno-
res de Navarra y otros privilegios locales” [CFM], PV,43,1982, pp. 273-346 y951-1.036; y 46,1985,
pp. 361-448; y “Los fueros menores y el señorío realengo en Navarra (siglos XI-XIV)”, PV,46,1985,
pp. 603-673.
19 J. F. ELIZARI HUARTE, “Francos e hidalgos en Navarra: Los privilegios de Aibar y Larráun de
1397”, PV, Anejo 8,1988, pp. 399-407.
20 L. J. FORTÚN, “Los fueros menores…”, pp. 618-673.
21 CFM,31.
22 CFM,57.
23 L. J. FORTÚN, “Los fueros menores…”, p. 632.
24 CFM,16; también, L. J. FORTÚN, “Los fueros menores…”, pp. 606-617.
25 20 libras en 1291, por ejemplo (AV,3, §20 [243]).
Sobre ese marco cronológico de las dos últimas décadas del siglo XII, pue-
den tomarse como referencia, para intentar una acotación mayor, otras tantas
concesiones. Una, por cercanía geográfica, es la constituida por el “fuero” de Es-
lava, otorgado en 119826, con una tasa capital de 5sueldos y un cahíz de avena;
la otra, anterior y que parece mejor referente, es la del Pueyo de Navascués, de
118527, que establece una pecha capital de 2sueldos, semejante por tanto a la de
Aibar. Más allá de las similitudes geográficas, incluso respecto al entorno inme-
diato, sólo estas dos localidades cuentan con una pecha capital de 2sueldos, la
más baja conocida, frente a las habituales de 4,6u8, acompañadas además con
frecuencia de los correspondientes pagos en especie28.
Y ambas, salvando la distancia jurídica, presentan sin duda cierta seme-
janza con las obligaciones censales establecidas en esas mismas fechas para las
franquicias de diversas localidades navarras, dentro del nuevo modelo de con-
cesiones con obligaciones económicas extendido por Sancho VI, de incuestio-
nable carga ideológica más que tributaria29. Localidades aforadas en esos mis-
mos años como San Nicolás de Pamplona, Villava o Villafranca contarán con
un censo anual por solar de, precisamente, 2sueldos.
Aunque las diferencias normativas entre ambas situaciones resulten más que
evidentes, una carga señorial tan reducida, sin duda poco más que simbólica en
relación con otras localidades pecheras, se antoja inspirada en los mismos su-
puestos de mantener evidente la relación con el monarca, en este caso basada en
la servidumbre pechera (reafirmada además con el pago de la cena), pero con la
clara intencionalidad de favorecer el desarrollo demográfico y económico de las
localidades afectadas.
Con esos supuestos, cabe situar la concesión del privilegio aibarés en fe-
chas cercanas al del Pueyo de Navascués de 1185, y, por tanto, como uno de
los primeros “experimentos” navarros de unificación de pechas, repetido y sis-
tematizado en los años siguientes aunque, en general, con unas obligaciones
económicas bastante superiores y, sin duda, mucho más beneficiosas, tanto de
modo individual como en conjunto, para la hacienda regia y la moderniza-
ción de los mecanismos de gestión de la monarquía.
Así pues, el objetivo final de la concesión no se enmarcaría tanto en este
último supuesto modernizador, cuanto en la articulación socioeconómica del
espacio comarcano, al igual que ocurría con algunas de las franquicias otor-
gadas en esa misma etapa en, por ejemplo, ciertos espacios pirenaicos30, aun-
que aquí se optase por la fórmula menos comprometida de las ventajas eco-
nómicas sin modificar el marco jurídico de aplicación. Del éxito de la medi-
da queda constancia en el crecimiento demográfico –y económico impres-
cindible para ello– de la población durante el siglo y medio posterior, con-
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
382 [6]
26 CFM,55.
27CFM,28. Aunque el editor titula la concesión como una franquicia, el texto señala exclusivamente
que los receptores del privilegio quedarán libres (francos, libres e ingenuos) de cualquier otra obligación de
pago o labor (ugo humane servitiis) la entrega anual de esos dos sueldos, pero no les otorga semejante con-
dición jurídica.
28 L. J. FORTÚN, “Los fueros menores…”, pp. 619-620 y631-632. El tardío caso de San Martín de
Elesa (1217), un evidente y frustrado intento de evitar el despoblamiento, con un solo sueldo, consti-
tuye la excepción.
29 Cf. F. MIRANDA GARCÍA, “Fueros de franquicia y articulación del espacio pirenaico en Navarra (ca.
1150-1250)”, en J.-P. BARRAQUÉ (coord.), L’Habitat pyrénéen du VIIIeau XIXesiècle, Toulouse, PUM [en prensa].
30 Ibídem.
vertida en el referente no solo topográfico sino, como se verá enseguida, ad-
ministrativo del valle de su nombre y localidades aledañas.
LA PECHA CAPITAL
No supone esta la primera vez que un núcleo situado en el entorno de Aibar
recibía un privilegio especial para su promoción. A mediados del siglo XI, el mo-
nasterio de San Juan de la Peña había conseguido atraer a un pequeño grupo de
emigrantes aezcoanos a su dependencia de San Jaime de Aibar sobre la base del
abono exclusivo de los diezmos, y, por tanto, de la concesión, en la práctica, de
un estatuto que podría casi denominarse de “franquicia”, no muy diferente a la
vinculación que en fechas muy poco posteriores se establecería entre los habi-
tantes aforados de Estella y el monarca, su señor natural en este caso31.
El pronto fracaso de la iniciativa pinatense obliga obviamente a descartar
cualquier relación entre ambos privilegios, pero permite sin embargo recor-
dar un elemento que quizás influyó, de modo indeterminado, en las caracte-
rísticas de la pecha establecida en torno a 1185-1190. Los emigrantes aezcoa-
nos de 1056, instalados al pie mismo de la sierra de Izco, parecen claramente
relacionados con las posibilidades de explotación maderera del entorno, ha-
bitual en sus tierras de origen; y esta condición todavía se hacía patente a fi-
nales del siglo XIII, cuando los registros reales anotan el empleo de la madera
de los bosques de Aibar para la fabricación de barcos32. Este tipo de activida-
des mixtas, agrario/pecuario/madereras son las más características de las uni-
ficaciones de pechas basadas en pagos por cabeza, y por tanto de los valles
norteños, mientras que las localidades eminentemente agrarias del centro y
sur del reino tienden al abono de pechas tasadas33.
La combinación, variable en sus proporciones, de las características pro-
ductivas del espacio y del interés político de la monarquía habrían conduci-
do por tanto al establecimiento de las obligaciones señoriales, capitales, en
metálico y de cuantía inferior a la habitual que presentan los dos sueldos por
cabeza abonados por cada pechero de Aibar desde finales del siglo XII.
De las ventajas reales que suponen estas cifras da cumplida muestra una
breve pero significativa comparación con las localidades más próximas. Ya se
ha mencionado el caso de Eslava, cuya pecha capital se había fijado en 1198
en 5sueldos y un cahíz de avena, otro ejemplo de economía agraria de tipo
mixto. Tres generaciones más tarde, Enrique Imodificó la concesión y la si-
tuó en una pecha tasada de 1.200 sueldos (60 libras)34, que incluían además la
antigua cena, por la que se habían pagado hasta entonces 20 libras35; en el pla-
no económico suponía por tanto un abono de 40 libras por la pecha. Para que
la tasa hubiese sido, como media, similar a la de Aibar, habría necesitado con-
tar con una población de 400 fuegos pecheros, muy superiores a las cifras pre-
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[7] 383
31 F. MIRANDA GARCÍA, “Migraciones campesinas y poblamiento en el Pirineo Central y Occi-
dental (siglos IX-XI)”, Movimientos migratorios, asentamientos y expansión (siglos VIII-XI). XXXIV Semana de
Estudios Medievales. Estella 2007, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2008, pp. 167-170.
32 1285 (AV,2-2, § 7[838]).
33 Í. MUGUETA,El dinero de los Evreux, pp. 87-99.
34 CFM,127.
35 AV,1, § 2[1.520].
sentadas por el propio Aibar en sus mejores momentos36, y además con una
pecha tasada que si bien en las etapas de crecimiento podía resultar ventajo-
sa, en las de crisis, como los años 60 del siglo XIV, suponía con frecuencia una
carga onerosa que obligaba a peticiones de rebaja y negociaciones no siempre
solucionadas de modo satisfactorio para la comunidad37.
Y ejemplos similares pueden señalarse respecto de Cáseda o Gallipienzo. La
primera localidad, que disfrutaba de un favorable y antiguo fuero de frontera,
debía en su origen una pecha capital de un cahíz de trigo y otro de avena, pero
en algún momento anterior a 1266 reconvirtió sus obligaciones a una pecha ta-
sada de 200 cahíces de cebada38, independientes de los cambios de población.
Sirva como referencia que tal cantidad alcanzaba en 1290 un valor de
1.200/1.400 sueldos39, y que Aibar abonó en paralelo una pecha de 454 suel-
dos40, apenas una tercera parte41. Gallipienzo42 contaba desde 1237 con una pe-
cha tasada de 200 cahíces de trigo, 100 de cebada y otros tantos de avena, más
la cena (200 sueldos)43. Sin contar esta última, suponía en 1300 un valor de unos
3.600 sueldos (180 libras)44, casi seis veces más de lo que entregó Aibar.
Por mucho que las epidemias de peste hubiesen distorsionado las cifras de
población y sus proporciones en ese medio siglo, parece evidente que las ta-
sas sufridas en Aibar por el campesinado dependiente resultaban significati-
vamente inferiores a las de las localidades vecinas.
EL CONFLICTO SOBRE LA “CENA”
Más allá de su montante económico real, la “cena” suponía en su origen
uno de los componentes básicos de la relación de dependencia entre el señor
y el campesino45. La obligación inicial de colaborar al alojamiento y manu-
tención del primero durante su estancia en la aldea de turno acabó transfor-
mada en la entrega anual de una cantidad en metálico o en especie que re-
cordaba de modo sistemático aquella norma y marcaba de modo indeleble,
por tanto, la condición servil del contribuyente.
Si se tiene en cuenta la semejanza que la pecha de Aibar presentaba en sus
condiciones económicas con los censos de francos de otras poblaciones del
reino, no resultará en absoluto extraño que el conflicto prolongado durante
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
384 [8]
36 El Libro de Fuegos de 1366, cuya desviación en el caso de Aibar sobre otro tipo de fuentes más
fiables ya se ha reseñado, señalaba 25 fuegos pecheros en Eslava frente a los 62 que recoge para Aibar
(J. CARRASCO,La población…, pp. 452-454). Si la desviación fuese similar en ambos casos, al margen
de la realidad de las cifras, Eslava contaría con menos de la mitad de hogares dependientes que Aibar.
37 J. ZABALO ZABALEGUI,La administración del reino de Navarra en el siglo XIV, Pamplona, 1973,
pp. 159-161.
38 AV,1, § 2[386].
39 Ibíd., 3§14 [7-8].
40 Ibíd., 3§13 [17].
41 Los datos del Libro de Fuegos de 1366 sitúan el número de pecheros de Cáseda en 98, un 50%
más que los que ofrece para Aibar (J. CARRASCO,La población…, pp. 450-453). Vid. nota 36.
42 56 fuegos pecheros según el Libro de Fuegos de 1366, un 90% de los recogidos en Aibar, (Ibíd.,
pp. 453-454). Vid nota 36.
43 CFM,92.
44 El cahíz de trigo a 12 sueldos (AV,3§14 [5]).
45 Sobre la configuración originaria de esta carga en Navarra, vid. J. J. LARREA,La Navarre du IVe
au XIIesiècle. Peuplement et société, Tournhout, 1998, pp. 571-572. Para etapas posteriores, R. GARCÍA
ARANCÓN,Teobaldo II de Navarra…, pp. 206-207.
al menos medio siglo en torno al abono de la cena se convierta en uno de los
escenarios fundamentales –si no el principal– sobre el cual se acabará por ar-
ticular el paso de la servidumbre a la franquicia culminando en 1367.
Puesto que el texto de unificación se ha perdido, no puede establecerse si
realizaba algún tipo de disposición sobre la cena. Una posible omisión no re-
sultaría extraña, ni tampoco tenía por qué implicar la exención; el fuero de
Cáseda de 1129 y la unificación de pechas de Eslava de 1198 ignoran esta car-
ga pero, como se ha mencionado, en el caso de Eslava consta su abono en
1266, poco antes de la reconversión de 1272, y en el de Cáseda su presencia
en los registros de la hacienda regia resulta constante46.
Pero en todo caso, desde el primer momento en que la cena de Aibar se
hace presente en la documentación, transmite con ella una imagen de pago
en discusión. En 1266, el concejo de Aibar entregó al merino de Sangüesa 100
libras “que debían al rey de servicio47. Se ha identificado este tipo de pagos
con una modalidad de ayuda particular al monarca48; sin embargo, parece más
bien que tras el término se esconden supuestos ocasionales muy diversos. El
verbo “debían”, y la situación en el registro, tras el cobro de la cena de Car-
castillo, bien puede apuntar a un retraso plurianual en el pago de este con-
cepto. En esas fechas, el propio Carcastillo o Eslava, y un buen número de
poblaciones de la merindad abonan 20 libras por ese concepto, y por las ci-
fras que después se anotarán, esa parece la cifra asignada también a Aibar; su-
pondría por tanto un retraso en el pago de 5años (salvo posibles recargos
aplicados). Curiosamente, en 1266 la pecha de la villa se entregaba como pa-
go por su honor a Jimeno de Aibar49, desde una fecha indeterminada. Quizás
esa desviación en los canales habituales de abono de las rentas fue aprovecha-
da para intentar distraer a su vez el de aquella exacción, hasta que la revisión
hacendística que parece evidenciar el propio registro contable de 1266 y su
sistematización llevó a la corona a exigir los pagos atrasados. Sin embargo, po-
co debió de durar la normalidad tributaria; consta expresamente que se pro-
dujo un impago entre 1280 y1286, etapa en que parte de la pecha (20 libras)
se entrega en dono perpetuo por disposición de Enrique Ia Martín Ruiz de
Argaiz50. Se trata precisamente de los mismos años en que Eslava había visto
reconvertidas su pecha y cena a una cifra global de 60 libras.
Sólo desde 1290 el pago se efectúa de manera habitual, y ya figura expre-
samente como “pleiteada” –tasada– pero en un significativo goteo decrecien-
te, que nunca alcanza esas 20 libras que se han calculado antes. Fueron 18 en
129051,17,50 en 1291,16 en 1194,14 en 1300,15 en 1304; volvió a produ-
cirse un impago en 1305, y en 1306 se abonaron de forma conjunta 14 libras
de 1305 y15 de 130652.
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[9] 385
46 AV,3§20 [243]; 6§69 [1.157]; 11 §165 [173], o § 176 [217], entre otros ejemplos.
47 Ibíd., 1§2[1.531]. En 1259 se habla de las cenas en trigo de Aibar, que el merino entrega al bai-
le de Sangüesa, pero parece referirse al valle de Aibar, excluida por tanto la villa de Aibar y otras loca-
lidades importantes (AV,1§1,359).
48 R. GARCÍA ARANCÓN,Teobaldo II, p. 230.
49 AV, 1§2[265].
50 J. ZABALO ZABALEGUI,Colección diplomática de los reyes de la dinastía de Champaña. 3. Enrique I
de Navarra (1270-1274), Donostia-San Sebastián, 1995, núm. 20.
51 AGN-CR,4,72v.
52 AV, 3§20 [244]; 4§37 [1.194]; 5§45 [215] y § 56 [211]; 7§76 [212-213].
Semejantes diferencias en unas cantidades que se suponían uniformes só-
lo pueden ser producto de una negativa parcial al pago por parte de los con-
tribuyentes o quizás más bien de una negociación anual entre el concejo y el
representante del rey. Del “otro lado”, consta en 1285 la figura de un “soz-
merino” del valle de Aibar, encargado sin duda de representar en la comarca
al titular de la merindad de Sangüesa53.
En cualquier caso, esa resistencia, siquiera parcial, se extendió un año des-
pués, en coincidencia con la visita del monarca Luis Hutín, al conjunto de lo-
calidades y valles de la merindad que tenían tasada su cena; nada se percibió
por ese concepto, e incluso se negaba la existencia del acuerdo (nichil que no
es pleyteada54), tal vez con vistas a una renegociación; quizás fruto de esa “re-
belión” son las refundiciones acordadas por Luis Hutín para Salazar y Aézcoa
en 1308, ya de regreso en Francia55.
Consta de hecho una disposición del mismo tipo para Aibar en la que re-
sulta imposible fijar la fecha ni la cantidad, pero que tal vez deba situarse en
este contexto, donde se apunta que los pecheros de la localidad consideraban
la cantidad previa excesiva; el monarca establecía que en los años en que es-
tuviera ausente del reino pagarían una cantidad (que no puede leerse) y cuan-
do residiera en Navarra abonarían la acostumbrada56.
Sin embargo, mientras en las demás poblaciones el abono de la cena en
1309 fue la norma57, en Aibar se produjo una situación curiosa. Las cuentas
del recibidor señalaban que no se cobró nada porque estaban exentos por la
ausencia (leva) del rey58, seguramente en alusión –no exenta de capacidad
imaginativa– al diploma que acaba de mencionarse; pero cuando fueron re-
visadas e incorporadas al compto general del reino por el lugarteniente del te-
sorero, varios meses después59, la nota del asiento era muy distinta: “no qui-
sieron pagar nada y la Curia [regia] sentenció que paguen60.
Ingresos de la Corona en Aibar (1266-1367). Pechas y cena
Cena
Pechas
Sueldos
Años
1266
1280
1286
1290
1291
1294
1300
1304
1305
1306
1307
1309
1312
1315
1318
1321
1329
1334
1336
1339
1343
1347
1350
1352
1359
1361
1366
1367
600
500
400
300
200
100
0
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
386 [10]
53 Ibíd., 2-2§7[838], [4.123], [4.150].
54 Ibíd., 7§86 [214-220]
55 CFM,144-145.
56 Ibíd., 150.
57 AV, 8§98 [214-220].
58 “Nichil, que quitos son por leva del rey” (Ibíd., 8§98 [216]).
59 El compto del lugarteniente del tesorero se había cerrado antes del mes de noviembre de 1310,
cuando acudió a Francia para su revisión (Ibíd.,8§105 [3.427]).
60 “Nichil noluit soluere et iudicatum est per curiam ut soluant” (Ibíd., 8§105 [953]).
Aunque se hayan perdido algunas fragmentos del diploma regio de ca.
1308, el contenido que se conserva resulta más que elocuente para apreciar
que en ningún caso contemplaba una exención plena; señala incluso la fe-
cha en que el importe debía hacerse efectivo, por San Miguel (29 de sep-
tiembre), lo que vincula el pago a la monetarización de la vendimia y nos
apunta también el probable día de recogida de la pecha, igualmente en me-
tálico. Parece evidente el intento de los pecheros de Aibar, o quizás mejor
de su concejo, que arrastró al conjunto de los contribuyentes (no quisieron
pagar nada), por emplear el privilegio más allá de su contenido y alcanzar
así el viejo objetivo de sacudirse una carga que consideraban, según indica
la concesión del monarca, “muy onerosa”61. Dado que las localidades cer-
canas, de menor población y rentas señoriales superiores, abonaban canti-
dades semejantes, se antoja que lo “oneroso” de la carga no se encontraba
en su montante, sino en su propia existencia, más allá de los formalismos
presentados ante el soberano. De hecho, la concesión regia ya implicaba
un trato favorable respecto a los núcleos cercanos, cuyas cargas no fueron
revisadas.
Sin duda, el recibidor de la merindad se había limitado a registrar la ex-
cusa del concejo para no pagar y a desviar la resolución el conflicto a sus su-
periores, con el resultado ya indicado. La sentencia de la curia se ejecutó sin
duda, pues a partir de 1312 los registros anotan el pago puntual de 10 libras
en concepto de cena62, con toda seguridad la cantidad señalada en el diploma
de Luis Hutín, y en 1329, con la primera visita real después de veinte años, la
cantidad se elevó, como había quedado establecido, a 20 libras63.
Aunque el objetivo de la exención no se había conseguido, volvía a
marcarse una nueva distancia con el campesinado de las poblaciones veci-
nas, y dada la habitual ausencia de los soberanos, salvo las fugaces visitas
de Felipe III y Juana II y de su hijo Carlos II64 , el sentido último de la tasa
quedó sin duda amortiguado durante el medio siglo que precedió al en-
franquecimiento. De hecho, el único pago de 20 libras que consta es el ya
mencionado de 1329. En las décadas siguientes, y hasta 1368, indepen-
dientemente de la presencia o ausencia del monarca, fue de 10 libras, qui-
zás porque ni al concejo –obviamente– ni a los oficiales regios les intere
de modo especial “recordar” una cuestión que había generado semejantes
sobresaltos en épocas pasadas y cuyo relieve económico resultaba insignifi-
cante en los nuevos modelos de financiación de la Corona65. Con todo, y
en el supuesto probable de que la cantidad se repartiera de modo unifor-
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[11] 387
61 Asserentes cenam... esse sibi quam plurimum onerosum, nobis suplicari facere ut super hoc
moderarem adhibere volemus […]” (CFM,150).
62 AV,9§116 [885].
63 AGN-CR,24, fol. 16r.
64 En el caso de los dos primeros, ese año de 1329 y unos pocos meses en 1336 la pareja real y en
1343, sólo el rey y apenas unas semanas (F. MIRANDA GARCÍA,Felipe III y Juana II de Evreux, Pamplo-
na, 1994, pp. 216-218). Con Carlos II, en 1350-1351, y a partir de 1361 (L. M. VILLAR,Reinado de Car-
los II el Malo, Pamplona, 1987, pp. 76-86 y193-281).
65 Vid. E. RAMÍREZ VAQUERO, “La irrupción de las imposiciones extraordinarias en Navarra: pa-
ra qué y sobre quién”, XXXIX Settimana di Studi. La fiscalità nell’economia europea. Secc. XIII-XVIII/ Fis-
cal Systems in the European Economy from the 13th to the 18th Centuries. Prato, 22-25 aprile 2007, Pra-
to, 2008, pp. 217-231.
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
388 [12]
me entre todos los obligados al pago, el montante individual (1,30sueldos)
en 1367, último año en que se percibió, prácticamente equivalía al doble
de 1312 (0,75 s) y 1347 (0,71 sueldos).
ARTICULACIÓN DE UNA “ELITE” PECHERA DIRIGENTE Y VIAJE
A LA FRANQUICIA
La secular disputa sobre la supresión/reducción de la cena y su evidente
faceta de carga señorial no hubiera podido sostenerse, ni hubiera tenido un
sentido real, sin una minoría impulsora del proceso desde las instituciones
municipales cuya articulación traslucen las fuentes. En efecto, una población
con semejante peso demográfico difícilmente hubiera sido capaz de soportar
durante tanto tiempo ningún tipo de movimiento comunitario/asambleario
sobre la base de discutir unas cargas de singular relieve señorial pero de muy
escaso peso económico.
Resulta imprescindible la presencia de un círculo cuyo prestigio en el se-
no del grupo dependiente alcanzase las cotas suficientes para aspirar –para sí
mismo o para el conjunto del grupo– a modificar el estatuto jurídico pechero
por el más favorable y prestigioso de la franquicia, y a mantener, siquiera con
los lógicos altibajos, esa aspiración viva en el universo de la población gene-
ración tras generación, y al menos desde las primeras reticencias respecto al
abono de la cena que trasluce ya la contabilidad del reinado de Teobaldo II,
mediado el siglo XIII.
La presencia de una pecha capital de reducido valor, muy similar en su
montante a los censos de franquicia establecidos de modo coetáneo, en el
reinado de Sancho VI, colaboraba sin duda como referente de comparación
con aquellos; suprimida la cena, con su “onerosa” carga, la reconversión de
la pecha en censo –y de la servidumbre en franquicia– parecería mucho más
accesible. No debe olvidarse tampoco el peso que en estas aspiraciones debía
de tener la considerable presencia de un grupo de hidalgos entre la pobla-
ción de Aibar, de acuerdo con lo que sugieren las fuentes, por discutibles que
Aibar. Relación pecha/cena/fuego 1266-1367
Pecha
Cena
Sueldos/Fuego
Años
1266
1280
1286
1290
1291
1294
1300
1304
1305
1306
1307
1309
1312
1315
1318
1321
1329
1334
1336
1339
1343
1347
1350
1352
1359
1361
1366
1367
2,5
2
1,5
1
0,5
0
sean sus datos, y el inevitable deseo que esa minoría dirigente del grupo pe-
chero podía tener de “acercarse” a ella66.
El concejo y su control parecen haber constituido el elemento básico en
ese proceso. Es el concejo (consseyll) el encargado de recaudar en 1266 el ser-
vicio que con toda seguridad permitió saldar los retrasos en el pago de la ce-
na, y son los jurados (juratis) quienes figuran expresamente como gestores de
las 20 libras destinadas por la Corona al “cerramiento de la villa” en 1285, en
similares funciones que sus colegas de la villa franca de Larrasoaña en las mis-
mas fechas y apartados de los registros contables67.
No parece por tanto improbable que el mismo concejo fuese el encargado
habitual de recaudar la cena y la pecha y, por tanto, de cualquier tipo de nego-
ciación en ese terreno; la presencia en los registros de mediados del XIV –aun-
que sin duda son anteriores– de un baile y un mayoral pecheros y exentos del
pago68, apunta sin duda a una especialización –generalizada en los núcleos de
cierto relieve de todo Occidente– de esas tareas gestoras pero también al evi-
dente desarrollo de las instancias locales y su colaboración con el poder sobera-
no. Y todo ello cuando existe en paralelo un submerino para el valle de Aibar,
delegado del merino de Sangüesa y encargado de recolectar las pechas en el res-
to del valle69, que bien hubiera podido encargarse de aquellas obras defensivas
imbricadas en la propia naturaleza de su función, de no haber existido una es-
pecificidad de la villa –y de sus dirigentes locales– asumida por la Corona.
La recaudación –y consiguiente control– de las rentas implicaba obviamen-
te una capacidad de maniobra y de influencia política muy superior al mon-
tante económico percibido, siquiera sobre la base del juego que permiten las de-
ficiencias de la administración central. Aunque, como ocurre en 1352, los reci-
bidores de la merindad se encargaban de controlar de tiempo en tiempo las va-
riantes producidas en la población y sus consiguientes repercusiones en los in-
gresos, los habituales déficits anuales70 que se registran por fallecimiento (curio-
samente los crecimientos sólo se aprecian tras las “inspecciones”) o los simples
estancamientos durante periodos prolongados sólo pueden responder a la habi-
lidad de los jurados para ocultar al fisco regio los posibles (y en determinadas
etapas innegables) incrementos, o al menos parte de ellos71. Del destino de lo
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[13] 389
66 Este fenómeno de disputa/acercamiento entre las minorías dirigentes de los diversos grupos ju-
rídicos en el marco municipal resulta bien conocida en otros ámbitos geopolíticos, aunque en general
se ha estudiado para etapas más tardías y de modo especial en el espacio urbano; cfr. por ejemplo, J. M.
MONSALVO ANTÓN, “La participación política de los pecheros en los municipios castellanos de la baja
Edad Media. Aspectos organizativos”, Studia Historica. Historia medieval,7,1989, pp. 37-93; J. A. JA-
RA, “Sobre el concejo cerrado, asamblearismo y participación política en las ciudades castellanas de la
Baja Edad Media (conflictos inter o intra-clase)”, Studia Historica. Historia Medieval,17 (1999), pp.
113-136, o F. MIRANDA GARCÍA, “Conflictos sociales y poder concejil en una villa de señorío. Peñafiel
(1425-1443)”, HID,33,2007, pp. 435-456.
67 AV,2-2§6[2.279-2.280].
68 Así por ejemplo en 1359 AGN-CR,92, ff. 18r-19v.
69 AV,2-2§7[838,4.123,4.150].
70 Así en 1349 “déficit de 28 sueldos por los muertos y los que se han ido” (AGN-CR, 60, f. 61v)
o en 1359 “déficit de 20 sueldos como en años anteriores” (AGN-CR,92, ff. 18r-19v).
71 Como señala Í. MUGUETA,El dinero de los Evreux, pp. 86-87, los déficits que aparecen habitual-
mente no implican necesariamente descenso de población, sino que tan sólo señalan la ausencia de pago
por los correspondientes fuegos (por defunción, emigración, etc.); los nuevos contribuyentes simplemen-
te se recogen en el cómputo global, sin individualizarlos. Ese juego ayuda, en casos como el que nos ocu-
pa, a “desdibujar” durante cierto tiempo las variantes en positivo, sobre todo mediante la reiteración de
cifras hasta que las inspecciones de los oficiales regios contribuyen a situarlas más cerca de la realidad.
no percibido por la Corona sólo cabe hacer conjeturas, pero si se tiene en cuen-
ta el escaso montante en cuestión (unos pocos sueldos en el mejor de los casos),
quizás su mayor repercusión se situaba en el terreno del prestigio ganado por
los dirigentes locales entre sus propios vecinos, como defensores de sus intere-
ses, y no tanto en el de las corruptelas.
Y ese valor del concejo como instrumento de defensa colectivo, y por tan-
to como elemento de prestigio personal de sus componentes, se hará más evi-
dente cuando el terreno de la negociación/recaudación se amplíe a la colecta
de las ayudas, el símbolo de la nueva fiscalidad pública que se consolida en
estos años. Aunque los encargados finales del cobro sean oficiales regios, el
evidente desequilibrio entre los fuegos declarados y los reales no puede expli-
carse fácilmente sin el concurso de los jurados y oficiales locales; y no cabe
duda de que la muy inferior tasa así abonada por los vecinos pecheros (y pro-
bablemente también por los hidalgos, en las mismas proporciones) en rela-
ción a la establecida legalmente debía tener una repercusión directa en las in-
fluencia de su elite dirigente.
La comparación entre los registros ordinarios y los de las ayudas de 1366
y1368 apuntan a que el cálculo de estas últimas se hizo sobre apenas un ter-
cio de la población pechera real; puede suponerse algo parecido para la hi-
dalga, que de otra forma difícilmente hubiera soportado que la corrupción
del sistema no le favoreciese igual que al grupo dependiente. Así pues, y en lo
que a los “labradores” de Aibar hace, los registros de las ayudas reflejarían una
especie de “fuegos tipo” que permitirían a la Corona recaudar lo previsto en
la localidad, y bajo los que se ocultaría un reparto paralelo sobre la población
real muy por debajo de la media establecida, que en 1366 era de 2,50 florines
por fuego72, en una escala de uno a cuatro; no cabe pensar en que los únicos
pecheros contribuyentes fueran los nominados en las listas, cuya función con-
sistiría más bien en “poner nombre” al conjunto.
Resulta evidente que existe un autoengaño por parte de la Corona, a la
que le bastaba con comprobar los registros ordinarios para ver que el cómpu-
to de fuegos para la pecha era muy superior. La única explicación plausible es
la conformidad con la cantidad recaudada en la medida en que cubría las ex-
pectativas previstas y en que lo obtenido en el conjunto del reino no podía
superar el montante global autorizado por las Cortes.
Cualquier reflexión sobre la posible proyección del difícil entronque en-
tre registros y realidad más allá de Aibar, y sus consecuencias en el terreno de
la comprensión de este tipo de fuentes desborda ampliamente los límites de
un estudio de este tipo y los conocimientos de quien lo suscribe, pero apun-
ta sin duda a la puesta en cuarentena de realidades habitualmente aceptadas
por la historiografía, como la insostenible presión fiscal establecida por Car-
los II –y, en general, las monarquías bajomedievales–, o su repercusión sobre
la endémica crisis (¿?) económica del reinado.
Si el monarca conoce la corrupción existente y la tolera quizás se deba a
que eso le permite sistematizar las peticiones73; y la población mantiene su ca-
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
390 [14]
72 J. CARRASCO,La población, p. 447.
73 Cf. E. RAMÍREZ VAQUERO, “La irrupción de las imposiciones extraordinarias…”, pp. 217-231.
pacidad de respuesta económica a lo largo del tiempo porque la punción fis-
cal no resulta en realidad tan intensa como aparenta74.
Tanto en la negociación de las cifras como en el reparto interno, la fun-
ción rectora y gestora de los jurados de Aibar alcanza un valor esencial. Aun-
que en fechas tardías (1397) y con la villa en una situación jurídica distinta,
consta la presencia de jurados encargados del cobro de las ayudas (cuarteles ya
en esta etapa)75, función que sin duda realizaban con anterioridad, y que se-
ría previa a la presencia del colector real correspondiente, quien se limitaría a
recibir de aquellos la cantidad recaudada.
La universalidad en la aplicación de las ayudas sobre todos los grupos so-
cio jurídicos del reino supuso sin duda un peldaño más en la aspiración po-
co soterrada de los pecheros de Aibar, o al menos de su minoría dirigente or-
ganizada en torno al concejo, por alcanzar el estatus de la franquicia, en la
medida en que contribuía aún más si cabe a desdibujar –siquiera por eleva-
ción– la ya exigua diferencia de presión económica entre los sectores de am-
bos grupos aquí equiparables, los francos gravados con censos y los labrado-
res con pecha capital de parecido montante.
Y otro tanto habría ocurrido con el desarrollo económico alcanzado du-
rante las décadas previas a esta etapa, basado con toda seguridad en el des-
pliegue del viñedo. Así puede deducirse de datos tales como la presencia sis-
temática de una “saca del vino de Aibar”, bien es cierto que de escasa entidad,
desde 132976, o en que las rentas eclesiásticas (diezmos y otros derechos) de la
villa constituyeron la base de los gajes vitalicios de Vaast, canónigo de Senlis
comisionado para las rentas de los judíos del reino de Navarra entre 1317 y
132977; del considerable relieve (aunque desconocido en su montante y varia-
ble cada año) de la cantidad percibida da cuenta que el clérigo designase una
comisión de notables encargada de gestionar el cobro a su regreso a Francia
en 133178. Conviene señalar además que la existencia, siquiera ocasional, de
una saca del vino para gravar las ventas al exterior reflejaría tan solo la punta
del iceberg de una actividad comercial sin duda centrada en lo comarcal o,
más previsiblemente, en las áreas menos abastecidas del reino.
Con estas bases, y sin duda aprovechando la conocida voracidad moneta-
ria del rey Carlos II –en modo alguno incompatible con lo apuntado sobre la
realidad de la presión fiscal y la capacidad de respuesta del reino–, los peche-
ros de Aibar decidieron dar un paso quizás inimaginable dos generaciones an-
tes. No se limitaron a solicitar el paso a la franquicia, sino que propusieron al
monarca, y obtuvieron, la compra de la franquicia plena, sin censos, como los
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[15] 391
74 J. ZABALO ZABALEGUI, “Las oligarquías urbanas de Pamplona y Tudela en 1366. Dos comporta-
mientos diversos ante el fisco real navarro”, AEM,22,1992, pp. 665-710; y “El reparto de las contribu-
ciones extraordinarias. La ayuda de Pamplona de 1366”, PV,53,1992, pp. 429-442, muestra de modo
ejemplar los “defectos” del sistema y la tolerancia existente al respecto.
75 J. BALEZTENA,Catálogo del Archivo General. Sección de Comptos. Documentos. Tomo 1, Años 1237-
1399 [Papeles Sueltos, 2ª serie], Pamplona, 1985, § 945.
76 AGN-CR,26, f. 113. Se recaudaron tan sólo 4s.y9d.
77 J. CARRASCO, E. RAMÍREZ VAQUERO y F. MIRANDA GARCÍA,Navarra Judaica.1. Los judíos del reino
de Navarra. Documentos 1093-1333, Pamplona, 1994, §179 y249; F. MIRANDA,Felipe III y Juana II, p. 74.
78 J. R. CASTRO,Archivo General de Navarra. Sección de Comptos. Documentos. 1. Años 842-1331,
[CAGN-CD], Pamplona, 1952,948. La presencia de racioneros y beneficiados de la iglesia de San Pe-
dro, barómetro de la prosperidad en instituciones de este tipo, resulta habitual en la documentación (a
título de ejemplo, CAGN-CD,3§10, año 1358).
primeros burgos del reino, San Saturnino de Pamplona o San Martín de Es-
tella; un modelo de concesión abandonado desde la década de 1170 en que se
impone, precisamente, el sistema de censos sobre solares79. Aunque el diplo-
ma regio, de 16 de enero de 1368, no se ha conservado80, el precio, 1.024 li-
bras, se justificaba en el plano teórico sobre la pérdida económica que el cam-
bio suponía para la Corona (unos 40 años de pechas sobre la base de la po-
blación coetánea de 155 fuegos pecheros en 1367), pero resulta lo suficiente-
mente elevada, en comparación con la contribución anual previa, como para
plantearse el porqué de semejante propuesta, cuando una simple reconversión
de la pecha y cena a censo hubiera supuesto el mismo cambio de estatus a un
coste sin duda mucho menor.
Más que una inversión a largo plazo (que no puede descartarse), la razón
estriba quizás en la numerosa presencia de hidalgos a la que ya se ha hecho
referencia. Del mismo modo que hasta entonces la diferencia básica entre pe-
cheros y francos estribaba en la base jurídica, y no tanto en la económica, la
exención plena de censos situaba ahora a los nuevos francos en el mismo pla-
no económico que sus convecinos hidalgos –a los que, no debe olvidarse, la
obligación de pagar las ayudas fiscales afectaban por igual–, y dejaba por tan-
to las puertas abiertas para una nueva aspiración de los enfranquecidos, el en-
noblecimiento.
Por otra parte, la cantidad de 1.024 libras abonada no resulta tan exorbi-
tante si se compara con otro tipo de contribuciones, y en particular la ayuda
de 1366. Repartidos entre los 154 fuegos registrados en 1367, el gasto medio
por fuego se situaba en 6,50 libras; el importe medio de la ayuda, 2,50 flori-
nes por fuego, suponía ese año 1,60 libras teóricas (a 13 sueldos 2dineros el
florín)81, aunque de acuerdo con las desviaciones apuntadas no debió de su-
perar en la realidad, al menos en el caso de Aibar, las 0,65 libras. El “ahorro”
de 1libra per cápita que facilitaban los fallos o las corruptelas del sistema per-
mitía amortizar en apenas seis años las 1.024 libras que, de algún modo, sa-
lían así del fondo “sustraído” al monarca y volvían a éste.
Con todo, semejante esfuerzo podía implicar una carga importante para
las familias menos pudientes. No ha podido documentarse cómo se realizó el
reparto entre los vecinos, ni si se estableció algún ritmo de plazos de pago. En
todo caso, cabe suponer que, al igual que las pechas habían sido capitales e
iguales en su montante, la contribución a la compra del enfranquecimiento
colectivo también lo fuese. Entraría entonces en escena un nuevo juego, del
que desgraciadamente no se han localizado noticias coetáneas, el de los posi-
bles pequeños préstamos otorgados por los labradores potentados –los más
interesados en el cambio– y destinados en este caso a saldar las correspon-
dientes cuotas, pero que en otras ocasiones podría destinarse a otras cuestio-
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
392 [16]
79 F. MIRANDA, “Fueros de franquicia” [en prensa].
80 Consta en un asiento del registro anual correspondiente (AGN-CR,128, ff. 96v-97r), cfr. J. F. ELI-
ZARI, “Francos e hidalgos en Navarra…”, p. 399. El autor señala la data, recogida del registro que ofrece la
información, de 16 de enero de 1367, pero se trata sin duda de una fecha regida por el estilo de la Encar-
nación (comienzo del año el 25 de marzo), el habitual de la administración navarra en estas fechas, lo que
nos lleva al 16 de enero de 1368 según el cómputo actual. De lo contrario, resulta difícilmente explicable
que todavía en 1367, meses después de la supuesta concesión, se recaudasen las correspondientes pechas y
cena anuales.
81 J. ZABALO,La administración…, p. 238.
nes (compra de simientes o maquinaria, malas cosechas, etc.). Cuestión esta
sin duda muy interesante desde el punto de vista de la constitución y refor-
zamiento de esa elite económica –y política– interna a la que en estas páginas
se le ha venido otorgando el protagonismo del proceso. La presencia en Aibar
en 1359 de un notario, él mismo fiador de una multa (¿y prestamista?), abun-
da en este terreno de la circulación de préstamos82. En esa misma fecha un co-
merciante de vino, curiosamente homónimo (o quizás él mismo) del notario
Juan García de Aibar, adquiere para la venta fuera del reino una cantidad con-
siderable de producto, 80 cargas, al abad de la villa83. Aun no tratándose de la
misma persona, refleja igualmente la incuestionable capacidad económica de
algunos de los miembros de la comunidad.
EL FINAL DEL PROCESO. LA HIDALGUÍA
Si tanto francos como hidalgos pagan las ayudas, la diferencia entre los
primeros, mayoritariamente agricultores y exentos ahora de la contribución
de rentas ordinarias, y los segundos dedicados igualmente a las tareas del cam-
po, aparecería muy desdibujada en una población de carácter eminentemen-
te agrario como Aibar, donde la actividad comercial, por importante que fue-
se, se centraría en la comercialización de excedentes de cereal y vino, de igual
interés para ambos grupos sociales.
Una generación después del enfranquecimiento, amortiguado por tanto
en la memoria colectiva el viejo pago de las pechas, y en el contexto oficial de
“los sufrimientos padecidos” por los francos de Aibar en las guerras pasadas
con Castilla y Aragón, pero sobre todo de la política de atracción de fidelida-
des desarrollada por Carlos III en esas fechas84, nada tiene de extraña la con-
cesión de una hidalguía colectiva que convertía en iguales de iure a todos los
vecinos que ya lo eran en el terreno tributario y, al menos en el plano de sus
minorías dirigentes, en el social.
El privilegio del 27 de marzo de 139785 no hacía sino culminar un proce-
so iniciado, aunque nadie fuera capaz de recordarlo, dos siglos atrás, bajo el
impulso seguramente de una pequeña minoría capaz de arrastrar tras de sí du-
rante décadas al conjunto del grupo en su propio provecho, y de elevarse des-
de la servidumbre a la franquicia, mediante el empuje del propio desarrollo
de la villa, de las condiciones políticas y económicas favorables, y de los vai-
venes del proceso de modernización de los mecanismos administrativos e ins-
titucionales del reino, al tiempo que se constituía y consolidaba sin duda co-
mo elite rectora e intérprete de la voluntad colectiva.
AIBAR,DEL FUERO DE UNIFICACIÓN DE PECHAS (FINALES DEL SIGLO XII) ...
[17] 393
82 Juan GARCÍA, CAGN-CD,3§10.
83 AGN-CR,86, f. 28v.
84 E. RAMÍREZ VAQUERO,Carlos III rey de Navarra. Príncipe de sangre Valois (1387-1425), Gijón,
2007, pp. 166-175.
85 CAGN-CD,49, § 923; edita el diploma J. F. ELIZARI, “Francos e hidalgos en Navarra…”, pp.
402-404.
RESUMEN
En un proceso desarrollado a lo largo de más de dos siglos (XII-XIV), los cam-
pesinos de la población navarra de Aibar cambiaron su estatus sociojurídico
desde la servidumbre hasta la hidalguía colectiva. Ello fue posible gracias al
impulso de una minoría que supo aprovechar en beneficio propio la moder-
nización de las instituciones del reino y su evolución política y social. En ese
camino, esta elite dirigente fue capaz de arrastrar tras ella al conjunto de la po-
blación y convertirse en el intérprete interesado de la voluntad colectiva.
ABSTRACT
In a process which took place for (was taking place for) more than two cen-
turies (XII-XIV) the peasants from the Navarre village of Aibar changed their
social and legal status of servitude into collective nobility. This change was
possible due to the impulse of a social minority who knew how to take its own
benefit from the modernization of the kingdom's institutions, as well as from
its social and political evolution. On the process, this leading elite was able to
involve all the population and to become a self-interested interpreter of the
common will.
FERMÍN MIRANDA GARCÍA
394 [18]
Chapter
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Un análisis del estatuto -fuero- concedido a los pobladores de La Burunda (valle del sector occidental de Navarra) por Sancho el Fuerte, aunque conocido por copias posteriores, permite plantear una serie de cuestiones relativas, por un lado, al tipo de estatuto concedido, y por otro a la condición social de los pobladores. El conjunto de documentos conservados -copias posteriores en cartularios o vinculadas a reclamaciones a la corona- permite analizar cuestiones relativas al contexto de la concesión inicial, y a las pretensiones posteriores de la población en momentos concretos de mayor vulnerabilidad de la corona, etc.
Conference Paper
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Se analiza aquí la serie de libros de cuentas que anotan los ingresos extraordinarios del reino, concedido en la reunión de los Estados. Se observa cómo, después de una fase que cabe considerar de experimental, no es hasta los años sesenta del siglo XIV cuando se pone en marcha el aparato fiscal moderno. Se inicia entonces una serie de ayudas directas e indirectas, con objetivos más o menos próximos a la idea de un interés general, o de protección del reino,
pero sin una relación nominal, se hacía ya en 1349
  • La Misma Indicación
La misma indicación, pero sin una relación nominal, se hacía ya en 1349 (AGN-CR, 60, f. 61v).
Migraciones campesinas y poblamiento en el Pirineo Central y Occidental (siglos IX-XI) , Movimientos migratorios, asentamientos y expansión (siglos VIII-XI) XXXIV Semana de Estudios Medievales
  • Miranda García
MIRANDA GARCÍA, " Migraciones campesinas y poblamiento en el Pirineo Central y Occidental (siglos IX-XI) ", Movimientos migratorios, asentamientos y expansión (siglos VIII-XI). XXXIV Semana de Estudios Medievales. Estella 2007, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2008, pp. 167-170. 32 1285 (AV, 2-2, § 7 [838]).
nobis suplicari facere ut super hoc moderarem adhibere volemus 62 AV, 9 § 116 [885]. 63 AGN-CR, 24, fol. 16r. 64 En el caso de los dos primeros, ese año de 1329 y unos pocos meses en 1336 la pareja real y en 1343, sólo el rey y apenas unas semanas Con Carlos II
  • . F Miranda García
  • Iii Felipe
  • Ii Juana
  • De Evreux
Asserentes cenam... esse sibi quam plurimum onerosum, nobis suplicari facere ut super hoc moderarem adhibere volemus […] " (CFM, 150). 62 AV, 9 § 116 [885]. 63 AGN-CR, 24, fol. 16r. 64 En el caso de los dos primeros, ese año de 1329 y unos pocos meses en 1336 la pareja real y en 1343, sólo el rey y apenas unas semanas (F. MIRANDA GARCÍA, Felipe III y Juana II de Evreux, Pamplona, 1994, pp. 216-218). Con Carlos II, en 1350-1351, y a partir de 1361 (L. M. VILLAR, Reinado de Carlos II el Malo, Pamplona, 1987, pp. 76-86 y 193-281).
La irrupción de las imposiciones extraordinarias en Navarra: para qué y sobre quién " , XXXIX Settimana di Studi. La fiscalità nell'economia europea. Secc. XIII-XVIII/ Fiscal Systems in the European Economy from the 13th to the 18th Centuries
  • E Vid
  • Ramírez
  • Vaquero
65 Vid. E. RAMÍREZ VAQUERO, " La irrupción de las imposiciones extraordinarias en Navarra: para qué y sobre quién ", XXXIX Settimana di Studi. La fiscalità nell'economia europea. Secc. XIII-XVIII/ Fiscal Systems in the European Economy from the 13th to the 18th Centuries. Prato, 22-25 aprile 2007, Prato, 2008, pp. 217-231.
El reparto de las contribuciones extraordinarias. La ayuda de Pamplona de 1366 muestra de modo ejemplar los " defectos " del sistema y la tolerancia existente al respecto. 75 J. BALEZTENA, Catálogo del Archivo General
  • Zabalo Zabalegui
  • E Carrasco
  • F Vaquero
  • Navarra Miranda García
  • F Judaica
  • Miranda
  • Iii Felipe
  • Ii Juana
ZABALO ZABALEGUI, " Las oligarquías urbanas de Pamplona y Tudela en 1366. Dos comportamientos diversos ante el fisco real navarro ", AEM, 22, 1992, pp. 665-710; y " El reparto de las contribuciones extraordinarias. La ayuda de Pamplona de 1366 ", PV, 53, 1992, pp. 429-442, muestra de modo ejemplar los " defectos " del sistema y la tolerancia existente al respecto. 75 J. BALEZTENA, Catálogo del Archivo General. Sección de Comptos. Documentos. Tomo 1, Años 12371399 [Papeles Sueltos, 2ª serie], Pamplona, 1985, § 945. 76 AGN-CR, 26, f. 113. Se recaudaron tan sólo 4 s. y 9 d. 77 J. CARRASCO, E. RAMÍREZ VAQUERO y F. MIRANDA GARCÍA, Navarra Judaica.1. Los judíos del reino de Navarra. Documentos 1093-1333, Pamplona, 1994, §179 y 249; F. MIRANDA, Felipe III y Juana II, p. 74. 78 J. R. CASTRO, Archivo General de Navarra. Sección de Comptos. Documentos. 1. Años 842-1331, [CAGN-CD], Pamplona, 1952, 948. La presencia de racioneros y beneficiados de la iglesia de San Pedro, barómetro de la prosperidad en instituciones de este tipo, resulta habitual en la documentación (a título de ejemplo, CAGN-CD, 3 § 10, año 1358). [16]
Fueros de franquicia
  • F Miranda
F. MIRANDA, "Fueros de franquicia" [en prensa].
no contemplan variables muy significativas para cualquier trabajo de ese tipo
  • Recaudatorio Y
recaudatorio y, por tanto, no contemplan variables muy significativas para cualquier trabajo de ese tipo.