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Servicios Ecosistémicos de las selvas y bosques costeros de Veracruz

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Javier Laborde
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Es la segunda ocasión que en los municipios costeros de Actopan y Alto Lucero de Veracruz se solicita la explotación minera a cielo abierto para extracción de oro, plata y otros minerales por parte de corporaciones ca-nadienses y algunos mexicanos, particularmente con apoyo de la Secretaría de Economía, que consideran que la actividad minera es prioritaria y apor-ta beneficios económicos y sociales que superan cualquier riesgo o daño ambiental o socioeconómico que podría derivarse de ella. Sin embargo, no es claro para la sociedad, ni para los académicos independientes que no dependen de la minería o que no son contratados por las compañías mineras, que los supuestos beneficios sean tan reales, ni que los riesgos sean tan leves, ni reversibles como proponen las mineras y los consultores contratados por ellas. Aunque las compañías mineras cumplan con la ley mexicana y entreguen sus Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) como lo marca la ley, es preocupante que los documentos técnicos que presentan estas empresas con el aval de sus consultores, suelan presentar fallas técnicas y análisis poco fundados, que son inaceptables. Corresponde a la autoridad federal de la SEMARNAT autorizar o rechazar los proyectos mineros con base en la MIA sometida por la empresa promotora del proyecto, sin embargo, en dos ocasiones ya se han presentado solicitudes para iniciar la explotación en el cerro de La Paila en Veracruz, en ambas las autoridades competentes no han expresado opinión formal al respecto, a pesar de contar con análisis independientes e información suficiente para determinar si es factible o no la explotación de oro en la zona sin deterioro del ambiente. Lo anterior ha generado una incertidumbre preocupante.
El incremento de las actividades productivas prósperas y sustentables y el mantenimiento de la diversidad biológica de las selvas húmedas y secas del estado de Veracruz, requiere del conocimiento y manejo del paisaje actual. La estructura y el funcionamiento del paisaje están vinculados a los eventos recurrentes de carácter natural y a la presencia de actividades humanas ocurridas a lo largo del tiempo; esos cambios provocados en el paisaje son una especie de memoria de su historia ambiental. El paisaje de la selva seca y húmeda de la planicie costera del Golfo de México ha sido modificado por la frecuente incidencia de intensos vientos, fuertes precipitaciones y por el movimiento sísmico y actividad volcánica que ocasionaron inundaciones y deslizamientos de tierra. Por otro lado, está la larga historia de colonización humana de esta región, con culturas como la olmeca, totonaca y huasteca, que por sus altas densidades de población y por el amplio desarrollo agrícola alteraron grandes extensiones (Stark y Arnold, 1997). En este ensayo nos ocupamos de la costa veracruzana, un territorio muy vasto enclavado en Mesoamérica, región que abarca la mitad meridional de México, Guatemala, El Salvador y Belice, así como el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Marco Gonzalez
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Los humedales son ecosistemas altamente productivos y se consideran entre los más productivos del planeta junto con las selvas tropicales y los arrecifes de coral (Mitsch y Gosselink, 2000). Son ambientes ricos en nutrientes y la energía convertida en biomasa por las plantas es la base de gran cantidad y variedad de cadenas alimenticias que sostiene industrias pesqueras de crustáceos, bivalvos y peces de gran valor comercial y para autoconsumo. Así mismo, por su abundante vegetación y sus bajos niveles de inundación proveen hábitats muy diversos para una gran cantidad de fauna y microorganismos. Las tasas de descomposición varían entre los distintos tipos de humedales, en función del clima, el tipo de vegetación, la cantidad de carbono y nitrógeno presente y el pH. Éste debe ser mayor a cinco para mantener y permitir el crecimiento de las comunidades bacterianas responsables de la descomposición. Los nutrientes y compuestos que se liberan durante la descomposición de la materia orgánica se exportan del humedal en forma soluble o particulada, se incorporan al suelo o eventualmente se transforman y son liberados a la atmósfera. La materia orgánica descompuesta, conocida como detritus, es la base de las cadenas alimenticias. También es el material que le da porosidad al suelo de los humedales, lo cual guarda una estrecha relación con la capacidad de almacenamiento de agua y contención de inundaciones (ver Capítulo VIII) y el contenido de carbono en el suelo (ver Capítulo VII). Las funciones de los humedales incluyen el almacenamiento de agua dulce, la depuración de la misma, el mantenimiento de los hábitats de peces y numerosas especies de vida silvestre, el almacenamiento de carbono, la contención de inundaciones y la productividad biológica, principalmente. El valor de un humedal es una estimación del costo o precio de una o más de sus funciones para la sociedad. Así, la función de productividad es la base del valor de varias de estas funciones, incluyendo las pesquerías ligadas a los humedales. El flujo de energía en el ecosistema se inicia con la fijación de la luz solar por las plantas. Esta acumulación de energía en forma de biomasa se denomina producción primaria y la velocidad con la que se acumula se llama productividad primaria. Una parte de esta productividad es la formación y caída de hojarasca. En los humedales tropicales, las condiciones de luz, temperatura y humedad favorecen una formación de biomasa alta. Los humedales con pulsos hidrológicos estacionales son los más productivos. Aquellos en los que el agua permanece estancada o sin movimiento son en general menos productivos. Esta condición de estar abiertos a entradas y salidas de agua permite la llegada de nutrientes y oxígeno al producirse movimiento de agua. Los humedales pueden almacenar gran cantidad de carbono debido a sus tasas de productividad relativamente altas y/o las condiciones de saturación del suelo que favorecen el almacenamiento de carbono en el suelo (Giese et al., 2003). La productividad primaria de los distintos 2 humedales varía entre 600 y 2,000 gC/m /año (http://ci.coastal.edu/~sgilman/778PrimProd.htm). El objetivo del presente capítulo es mostrar la productividad, es decir la capacidad de producir biomasa, de los distintos tipos de humedales arbóreos y herbáceos, así como de las selvas y matorrales sobre dunas costeras a través de la recolección de la hojarasca que cae. Se han realizado numerosos estudios de productividad sobre todo en manglares (Putz y Chan, 1986; Saenger y Snedaker, 1993; Day et