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Recreaciones Quijotescas y Cervantinas (RQC)

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Carlos Mata Indurain
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Ezequiel Endériz es autor de obras diversas en distintos géneros literarios: poesía, reportaje, ensayo, estampa, novela, teatro… Del conjunto de su producción literaria cabe entresacar su relato El cautivo de Argel (1949), una novela corta sobre el cautiverio de Cervantes en los famosos baños de Argel: allí el cuerpo del ingenio complutense yace prisionero, pero disfruta de una libertad de pensamiento que en España -se indica- quizá no tendría, porque «la poesía desencadena y hace libres los espíritus, consuela los dolores y eleva el alma; puede, en fin, más que el más bárbaro verdugo y la más dura pri-sión» (p. 17b). En este trabajo estudiaré el tratamiento del personaje de Cervantes y de su cautiverio en esta recreación narrativa española de mediados del siglo XX; pero antes ofreceré unos datos mínimos sobre el autor y su obra literaria, no demasiado conocida ni estudiada.
En este trabajo voy a centrar mi atención en las recreaciones cervantinas —que no quijotescas, aunque en algunas de ellas se da cierta quijotización de Cervantes— de Manuel Fernández y González, verdadero profesional de la novela folletinesca y por entregas, quien tiene, al menos, tres recreaciones ficticias de Cervantes: 1) un poema en octavas reales titulado La batalla de Lepanto (Granada, 1850); una novela breve sobre El manco de Lepanto (Madrid, 1874); y otra mucho más extensa, de mil trescientas páginas, que se presenta bajo el título de El Príncipe de los Ingenios Miguel de Cervantes Saavedra. Novela original (Barcelona, s. a., c. 1878). Me detendré sobre todo en la segunda de ellas, pero no sin antes recordar algunos datos esenciales sobre el autor y su contexto literario, que es el de la novela histórica romántica española, concretamente en su tendencia de la denominada novela de aventuras históricas.
El domingo 7 de septiembre de 1834, en plena eclosión del movimiento romántico español —novela histórica y drama histórico, sobre todo— se estrenaba en Barcelona la pieza que hoy comento, con el título El famoso caballero andante don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza. Se imprimió al año siguiente (1835) con diferente título, Don Quijote y Sancho Panza en el castillo del Duque. Comedia en cuatro actos y en verso original de don José Robreño (Barcelona, en la imprenta de J. Torner, 1835). No es esta una obra que destaque especialmente por sus méritos literarios: su calidad es más bien escasa; desde el punto de vista métrico, se caracteriza por la monotonía de la versificación y, en el plano ideológico, por su didactismo moralizante (nos plantea una interpretación didáctica del personaje y los hechos de don Quijote, una prevención contra los perniciosos efectos de las malas lecturas). Se trata de una obra sin mayores complejidades ni pretensiones, aunque es cierto que su autor, José Robreño, muestra bastante habilidad para sintetizar, engarzar y dar unidad a una serie de aventuras y episodios de la Segunda Parte de la novela cervantina, pues aúna todos los sucesos protagonizados por don Quijote en palacio (que muestran los inconvenientes de la vida cortesana) y todo lo relativo al gobierno insulano de Sancho Panza (con las dificultades y engorros del ejercicio del poder). En cualquier caso, más allá de sus valores dramático-literarios, la obra de Robreño resulta un título interesante en tanto en cuanto constituye un eslabón más en la larga y compleja cadena de recreaciones del Quijote, concretamente en el ámbito del teatro y en unos años (1834-1835) de pleno triunfo romántico en España e, igualmente, de destacada actividad cervantina.
Carlos Mata Indurain
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Como es sabido, don Quijote de la Mancha es personaje que en numerosas ocasiones ha sido llevado a las tablas, desde fechas muy cercanas a la publicación de la novela cervantina hasta nuestros días, casi siempre como figura, esto es, como personaje ridículo. Así, sobre el inmortal personaje cervantino escribieron comedias Guillén de Castro (Don Quijote de la Mancha, publicada en la Parte primera de sus comedias, Valencia, 1621) y, con el mismo título, Calderón de la Barca (perdida). Igualmente, Antonio José de Silva escribió un Don Quijote y Francisco José Montero Nayo una farsa jocoseria titulada Don Quijote renacido. Existe, también del siglo XVIII, una comedia burlesca de magia, Don Quijote de la Mancha, resucitado en Italia. Don Quijote aparecía también como figura grotesca en entremeses, bailes y mascaradas de estudiantes, en poemas y escenificaciones; por citar un ejemplo señero, recordaremos Los invencibles hechos de Don Quijote de la Mancha, entremés de Francisco de Ávila, publicado en la Octava parte de las Comedias de Lope de Vega (Barcelona, 1617; incluido en la Colección de Cotarelo, núm. 52, pp. 198-203). Pues bien, una de esas versiones escénicas (también paródica, burlesca) es la comedia El hidalgo de la Mancha, escrita en colaboración por tres ingenios: Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Juan Vélez de Guevara. El texto manuscrito de la fiesta completa (baile, comedia, entremés y fin de fiesta) se conserva en la Oesterreichsche Nationalbibliothek (Biblioteca Nacional de Austria, en Viena, Cod. Vindob 13.187, fols. 12-87v), y existe una edición moderna a cargo de Manuel García Martín (Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1982 ).
Carlos Mata Indurain
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Este artículo analiza una recreación narrativa del Quijote de mediados del siglo XX, Don Quijote en las Améscoas, de Martín Larráyoz Zarranz, quien traslada a don Quijote y Sancho Panza a tierras navarras. La novela, publicada en 1954 en una revista diocesana pamplonesa y luego en forma de libro en 1993, constituye un eslabón más en la larga y fecunda cadena de recreaciones del inmortal personaje cervantino y sus aventuras, una prueba más de su enorme vigencia como mito universal.
Don Quijote de la Mancha, resucitado en Italia (comedia burlesca de magia conservada en el manuscrito 16.515 de la Biblioteca Nacional de España, Madrid) es una pieza interesante, no tanto por su calidad literaria intrínseca —que no es mucha— sino por los datos que nos ofrece sobre la recepción del personaje de don Quijote en un determinado momento de nuestra historia literaria, aquí completamente ridiculizado, objeto de burlas continuas, que sirve para hacer pasar el rato a otras personas que cruelmente se ríen a su costa. La estructura de la pieza es sencilla, una mera acumulación de lances, aventuras y episodios: al tratarse de una comedia de magia, los recursos habituales del género (mutaciones de escenario, disfraces, efectos sonoros, etc.) facilitan los engaños a que se ve sometida la imaginativa mente de don Quijote. En esta resurrección teatral el hidalgo manchego no es el personaje con ricos matices y valores profundos que la recepción posterior descubriría (el manuscrito está fechado en 1805), sino un personaje burlesco, ridículo, el protagonista pasivo de una obra provocante a risa. En este sentido, el principal valor de esta obra radica en constituir un eslabón —creo que hasta la fecha por completo desconocido— en ese proceso de recepción del inmortal personaje que nos legó el ingenio de Miguel de Cervantes.
Carlos Mata Indurain
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Como es sabido, don Quijote de la Mancha es personaje que en numerosas ocasiones ha sido llevado a las tablas, desde fechas muy cercanas a la publicación de la novela cervantina hasta nuestros días, casi siempre como figura, esto es, como personaje ridículo . Una de esas versiones escénicas (también paródica, burlesca) es la comedia El hidalgo de la Mancha, escrita por tres ingenios: Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Juan Vélez de Guevara. El texto manuscrito de la fiesta completa (baile, comedia, entremés y fin de fiesta) se conserva en la Oesterreichsche Nationalbibliothek (Biblioteca Nacional de Austria, en Viena, Cod. Vindob 13.187, fols. 12-87v), y existe una edición moderna a cargo de Manuel García Martín (Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1982). Esta obra guarda relación con el género de la comedia burlesca del Siglo de Oro, formado por piezas de disparates que se solían representar en el Palacio real por Carnestolendas, formando parte de las fiestas cortesanas de Carnaval . En El hidalgo de la Mancha los personajes recuerdan constantemente que son Carnestolendas, y este dato hace presuponer que la comedia habría sido representada en esas fechas del año (en concreto, el martes de Carnestolendas de 1673, en el teatro del Alcázar de Madrid, por la compañía de Antonio de Escamilla).
Carlos Mata Indurain
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Como es bien sabido, don Quijote de la Mancha ha sido llevado a las tablas en numerosas ocasiones, desde fechas muy cercanas a la publicación de la novela cervantina hasta nuestros días, casi siempre como figura, esto es, como personaje ridículo. El protagonista de El hidalgo de la Mancha, comedia escrita en colaboración por tres ingenios, Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Juan Vélez de Guevara, constituye una versión paródica del inmortal personaje cervantino. El texto manuscrito de la fiesta completa (baile, comedia, entremés y fin de fiesta) se conserva en la Oesterreichsche Nationalbibliothek, y existe una edición moderna a cargo de Manuel García Martín (Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1982).
Como es bien sabido, don Quijote de la Mancha ha sido llevado a las tablas en numerosas ocasiones, desde fechas muy cercanas a la publicación de la novela cervantina hasta nuestros días, casi siempre como figura, esto es, como personaje ridículo. El protagonista de El hidalgo de la Mancha, comedia escrita en colaboración por tres ingenios, Juan de Matos Fragoso, Juan Bautista Diamante y Juan Vélez de Guevara, constituye una versión paródica del inmortal personaje cervantino. El texto manuscrito de la fiesta completa (baile, comedia, entremés y fin de fiesta) se conserva en la Oesterreichsche Nationalbibliothek, y existe una edición moderna a cargo de Manuel García Martín (Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1982).
This article examines a narrative recreation of Don Quixote at mid-twentieth century, Don Quijote en las Amescoas, by Martin Larrayoz Zarranz, who takes Don Quixote and Sancho Panza to Navarre. The novel, published in 1954 at a diocesan magazine of Pamplona and then in book form in 1993, is another link in the long and fruitful chain of recreations of Cervantes' immortal character and his adventures, a proof of its validity as an universal myth.