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Novela histórica

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Carlos Mata Indurain
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Amado Alonso García, nacido en Lerín, Navarra, en 1896 y muerto en Arlington, Massachusetts, en 1952, fue uno de los filólogos más destacados del grupo de Ménéndez Pidal, que desarrolló su actividad docente e investigadora en España (Universidad de Madrid), Argentina (Universidad de Buenos Aires) y Estados Unidos (Universidad de Harvard). Sus campos principales de investigación fueron la fonética, el español de América, la teoría del lenguaje y la crítica literaria (se le considera el introductor de la estilística en el ámbito hispánico). Esta contribución pretende ser una aproximación a su teoría de un género literario concreto, el de la novela histórica. Amado Alonso expuso sus sugerentes ideas al respecto en un trabajo titulado Ensayo sobre la novela histórica. El Modernismo en «La gloria de don Ramiro» (Buenos Aires, Instituto de Filología, 1942), que se ha convertido en una de las interpretaciones más originales e interesantes —la más completa, sin duda alguna, en el ámbito hispano— de ese peculiar subgénero narrativo en que se dan la mano la Historia y la Literatura, la realidad y la ficción. En efecto, siendo mucho lo que la crítica moderna ha escrito acerca de la novela histórica, el trabajo de Alonso puede parangonarse con el ya también clásico de Lukács. En este trabajo trataré de exponer de forma resumida las principales ideas que desarrolla el filólogo navarro en ese Ensayo sobre la novela histórica (la segunda parte del libro, que ocupa las pp. 147-315, es una aplicación de las mismas a la novela del escritor argentino Enrique Larreta).
Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867-Menton, Francia, 1928) se acercó con cierta frecuencia al género de la novela histórica. Dejando aparte Sónnica la cortesana (1901), en la que la crítica ha visto un intento de novela arqueológica a la manera de Salambó de Flaubert, hay otras cuatro novelas históricas del escritor valenciano que pueden agruparse por su proximidad cronológica y por su intención: El Papa del mar (1925), A los pies de Venus (1926), En busca del Gran Kan (1929) y El caballero de la Virgen (1929). Estas cuatro obras se agrupan por parejas, en dos series: una está centrada en la Italia de los siglos XIV y XV (la historia de los Papas de Aviñón, el Gran Cisma de Occidente y el pontificado de Pedro de Luna, más una semblanza de la familia Borgia); la otra tiene como referencia histórica el Descubrimiento de América. Además, ambos dípticos mantienen relación entre sí porque algunos personajes históricos del primero, como Alejandro VI, son aludidos en el otro, y viceversa, la persona de Colón, que unifica a las dos últimas novelas, ya se mencionaba en las anteriores. Al abordar la temática histórica en estas novelas, Blasco Ibáñez no se muestra neutral, sino que toma claro partido, bien para procurar la vindicación histórica de algunos personajes denostados (el Papa Luna, los Borgia), bien para lo contrario, para desmitificar a un héroe ensalzado a su juicio en exceso (Cristóbal Colón). Desde un punto de vista ideológico, esa revisión histórica le sirve para lanzar algunas pullas contra la monarquía y las autoridades eclesiásticas —se complace, por ejemplo, en recordar los hijos naturales de reyes como Fernando el Católico, de Papas como Alejandro VI y de otros cargos eclesiásticos, como el cardenal Mendoza—. Por otra parte, en todo momento queda manifiesto su profundo españolismo: en la primera serie se destaca la importante actuación de personajes españoles al frente de la Iglesia y en la segunda se presenta la magna aventura americana como una empresa popular y española.
Puede afirmarse que el de Ángeles de Irisarri constituye un caso atípico dentro del panorama de la narrativa española actual. El acercamiento a la literatura por parte de esta escritora aragonesa (nacida en Zaragoza en 1947) es bastante tardío, y va unido de forma muy marcada a su interés por la historia, y en especial por la de la Edad Media (de hecho, ella es licenciada en Historia por la Universidad de Zaragoza). Es en su madurez, pasados los cuarenta años, cuando Ángeles de Irisarri empieza a publicar una serie de novelas y cuentos, en su mayoría de fondo histórico. En este trabajo se analiza en profundidad su novela Toda, reina de Navarra (1991), reeditada años después con el nuevo título de El viaje de la reina (1996), y se ofrecen unas notas más breves sobre otros dos relatos históricos, El estrellero de San Juan de la Peña (1992) y Ermessenda, condesa de Barcelona (1994). Característica destacada de las novelas históricas de Ángeles de Irisarri es la mezcla de la rigurosidad y veracidad históricas con un planteamiento esencialmente humorístico. Todas sus obras constituyen miradas desenfadadas a épocas y personajes del pasado geográficamente más cercano a la escritora (se inspira preferentemente en sucesos de la historia de Navarra, Aragón y Cataluña). Tienen en común su punto de partida en situaciones disparatadas, raras, extrañas, poco habituales, a menudo grotescas. Ahora bien, esa mirada desenfadada no resta un ápice a la cuidada ambientación histórica de sus relatos. Otros rasgos destacados son la presencia en todas sus novelas de algún elemento sobrenatural y el acabado retrato de mujeres fuertes (Toda, Ermessenda), así como la reflexión sobre el papel de la mujer en aquellos lejanos tiempos del medioevo.
Carlos Mata Indurain
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En diciembre de 1995 se celebró en Pamplona el Congreso Internacional sobre la Novela Histórica, uno de cuyos objetivos era rendir homenaje a la figura de Navarro Villoslada, cuya persona y obra acababa de ser estudiada, por otra parte, en una monografía excelente de Carlos Mata, que iniciaba así una recuperación rigurosa del escritor. Pero no era ese únicamente el objetivo del congreso, sino examinar también, desde varias perspectivas y a través de diversos momentos y obras, el fenómeno de la novela histórica, y las complejas relaciones entre la ficción literaria y la Historia: volvíamos, en resumen, a la dicotomía, ya antigua (pero siempre actual y hoy más actual que nunca) de Poesía e Historia, que ya ocupó muchas páginas de los retóricos y poetas clásicos, pero que hoy puede plantearse de nuevo con interesantes reflexiones y aportaciones, en el contexto de este final de siglo. Es evidente que la colección de trabajos aquí publicados se ocupa de un número reducido de autores y obras. En la presente oportunidad nos contentaremos con que lo aportado sea útil. No obstante, sin pretender ninguna exhaustividad, los distintos trabajos reflejan un conjunto amplio de enfoques (desde lo teórico a lo documental) y estudian autores y obras de distintas áreas propiamente españolas o hermanas (Portugal, Hispanoamérica), así como de diversas épocas. Esperamos, pues, que constituyan un panorama de interés, y que reúnan el delectare y el prodesse.
Las épocas de crisis política, filosófica y religiosa suelen ser las épocas en las que la novela histórica experimenta un cultivo y una popularidad notables. Así es como después del auge de la novela histórica del Romanticismo en la segunda mitad del siglo XIX, observamos por los mismos motivos también en nuestro siglo, sobre todo en sus dos últimos tercios, un sorprendente resurgimiento del género. Suele ser también usual, y además lógico, que la reflexión teórica sobre los fenómenos culturales lleve cierto retraso respecto de su aparición. Por tanto, no sorprende que en el caso de la novela histórica ocurra algo semejante. Ciertamente existen ya numerosos estudios monográficos sobre diversos autores y diversas obras, con enfoques preferentemente historizantes. Sin embargo, se echa de menos una aproximación teórica global de esta forma literaria. En el marco de la serie Apuntes sobre géneros literarios, en el que aparece este volumen, el Departamento de Literatura Hispánica y Teoría de la Literatura de la Universidad de Navarra pretende ofrecer, en la medida de sus posibilidades, unos acercamientos teóricos y prácticos forzosamente provisionales, primero a la normativa que rige los géneros literarios y segundo, unas aproximaciones interpretativas a determinados autores u obras concretas.
Carlos Mata Indurain
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En las páginas finales de su pionera Introducción a la historia literaria de Navarra, bajo el epígrafe «La historia, maestra de la literatura», Fernando González Ollé señalaba como una característica de la literatura navarra su continua proximidad con la historia: «De modo sucinto, puedo asegurar que la literatura navarra, tal como se ha desarrollado hasta los primeros años del siglo actual, se configura íntimamente entrelazada con la historia». Y añadía que esto era así por un doble motivo: por un lado, por «la conformación de acontecimientos históricos como materia literaria» (es decir, temas de la historia propia o ajena han encontrado una amplia acogida entre los escritores navarros); en segundo lugar, por «la voluntad —verdadero afán— de exactitud histórica, manifestada explícitamente y puntualmente aplicada hasta la plasmación de advertencias por lo general irrelevantes en las correspondientes obras». Efectivamente, si quisiéramos señalar algunas características generales que se manifiestan como constantes en la historia literaria de Navarra, la presencia del elemento histórico sería una de las más importantes (algo parecido podría afirmarse del elemento costumbrista). Ahora me interesa abordar el primero de los aspectos señalados por González Ollé, el uso de la historia como tema y argumento de obras literarias de escritores navarros, en concreto a través del subgénero narrativo de la novela histórica. Entenderé aquí este concepto en un sentido amplio, de forma que haré referencia a otros subgéneros narrativos limítrofes, como la leyenda histórica, y a otras obras que, sin ser estrictamente novelas históricas, presentan con ellas algunos rasgos afines.
Carlos Mata Indurain
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La frontera que separa los territorios de la historia y la literatura ha sido permeable a lo largo de los tiempos y, así —pese a la conocida distinción aristotélica de historia y poesía— se han producido frecuentes incursiones de un género en el otro: la savia de la historia vivifica la literatura, y viceversa, la literatura es una fuente —si bien indirecta o secundaria— para el conocimiento histórico. Lo que ahora nos interesa es el primer aspecto de esta mutua relación. La historia ha sido un magnífico vivero de asuntos, temas y personajes para todas las artes: hay una pintura histórica, un cine histórico y, por lo que hace a la literatura, no solo la novela, sino también el teatro, el cuento o la poesía narrativa han buscado sus argumentos en ese inagotable filón que constituye la historia, el conjunto de hechos del pasado, preferentemente nacional. Pues bien, en el presente trabajo pretendemos acercarnos en concreto a la novela histórica, subgénero narrativo cuyo patrón clásico fue fijado en el siglo XIX por Walter Scott y que, con mayor o menor intensidad, con variaciones en sus técnicas narrativas y de caracterización de personajes (paralelas, por otra parte, a las conocidas por la novela en general) ha seguido cultivándose hasta la actualidad, momento en el que goza de un cultivo y un éxito nada desdeñables.
Carlos Mata Indurain
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La importancia de la novela histórica romántica española no reside tanto en su calidad (que no es muy alta, salvo en contadas excepciones) como en su cantidad: esta producción, verdaderamente copiosa, consigue inundar de novelas nuestro país y consolida de esta manera la afición por lo novelesco en España. De la misma forma que sin la producción narrativa de los treinta primeros años del XIX no se entiende la novela histórica romántica, sin esta novela histórica no se podría explicar tampoco el magnífico florecimiento de la novela realista en los últimos treinta años del siglo. Además, deja apuntados algunos aspectos importantes (lo regional, el tratamiento de la naturaleza), aunque la tarea de elevarlos literariamente a cimas más altas estará reservada para los grandes escritores realistas del último tercio del XIX.