Figura 1 - uploaded by Juan M. Albertos
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Total de población en el área metropolitana de Valencia según su cercanía a un centro de servicios públicos utilizando la red de transporte público. La red de transporte en el AMV ha seguido una doble trayectoria en cuanto a su relación con la movilidad sostenible. Por una parte, en el reparto modal, mantiene estable la participación relativa del vehículo privado en el conjunto de desplazamientos; pero, por otra, y al mismo tiempo, crece el peso del transporte público -gracias a la expansión de Metrovalencia-y la movilidad no motorizada muestra cierto retroceso. En términos absolutos, la movilidad motorizada, tanto en vehículo privado como en transporte público, especialmente la de escala metropolitana crece muy intensamente. Esta situación es plenamente coherente con las dinámicas de expansión metropolitana, de crecimiento de la mancha urbana y la ciudad difusa, y de disminución de la densidad, todo lo cual induce a una caída de las relaciones de proximidad, a corta distancia, y por tanto de la movilidad no motorizada. Este elemento, claramente negativo para la sostenibilidad metropolitana, se ha visto compensado, aunque sólo parcialmente, por la mejora en la oferta de transporte público, lo que ha permitido contener la expansión en el uso del vehículo privado, así como facilitar la movilidad a los residentes en determinados barrios o zonas periféricas del área. Sin embargo, esta contención ha sido parcial y circunscrita a los desplazamientos internos dentro del espacio central del área metropolitana, la ciudad de Valencia, incrementándose de forma muy intensa la movilidad motorizada de escala metropolitana, en particular en aquellas peor servidas por el transporte público (figura 2). En la última década se han consolidado cambios importantes en la forma urbana y en las estructuras metropolitanas que afectan claramente a las pautas de movilidad. La densidad del espacio residencial ha caído 13 puntos entre 2000 y 2011, desde 106 hasta 93 habitantes por hectárea, como consecuencia de una expansión metropolitana del tejido residencial en la que han primado tipologías de baja densidad (ciudad difusa ), a menudo asociadas a procesos de extrema segregación funcional. También la densidad total del espacio urbano desciende muy intensamente (desde 71 hasta 59 habitantes por hectárea), reflejando el efecto de un proceso de expansión metropolitana del tejido urbano marcado por la segregación funcional: creación de espacios residenciales de baja densidad, de polígonos industriales y logísticos, y de centros comerciales y de ocio, altamente consumidores de suelo (tabla 3).  

Total de población en el área metropolitana de Valencia según su cercanía a un centro de servicios públicos utilizando la red de transporte público. La red de transporte en el AMV ha seguido una doble trayectoria en cuanto a su relación con la movilidad sostenible. Por una parte, en el reparto modal, mantiene estable la participación relativa del vehículo privado en el conjunto de desplazamientos; pero, por otra, y al mismo tiempo, crece el peso del transporte público -gracias a la expansión de Metrovalencia-y la movilidad no motorizada muestra cierto retroceso. En términos absolutos, la movilidad motorizada, tanto en vehículo privado como en transporte público, especialmente la de escala metropolitana crece muy intensamente. Esta situación es plenamente coherente con las dinámicas de expansión metropolitana, de crecimiento de la mancha urbana y la ciudad difusa, y de disminución de la densidad, todo lo cual induce a una caída de las relaciones de proximidad, a corta distancia, y por tanto de la movilidad no motorizada. Este elemento, claramente negativo para la sostenibilidad metropolitana, se ha visto compensado, aunque sólo parcialmente, por la mejora en la oferta de transporte público, lo que ha permitido contener la expansión en el uso del vehículo privado, así como facilitar la movilidad a los residentes en determinados barrios o zonas periféricas del área. Sin embargo, esta contención ha sido parcial y circunscrita a los desplazamientos internos dentro del espacio central del área metropolitana, la ciudad de Valencia, incrementándose de forma muy intensa la movilidad motorizada de escala metropolitana, en particular en aquellas peor servidas por el transporte público (figura 2). En la última década se han consolidado cambios importantes en la forma urbana y en las estructuras metropolitanas que afectan claramente a las pautas de movilidad. La densidad del espacio residencial ha caído 13 puntos entre 2000 y 2011, desde 106 hasta 93 habitantes por hectárea, como consecuencia de una expansión metropolitana del tejido residencial en la que han primado tipologías de baja densidad (ciudad difusa ), a menudo asociadas a procesos de extrema segregación funcional. También la densidad total del espacio urbano desciende muy intensamente (desde 71 hasta 59 habitantes por hectárea), reflejando el efecto de un proceso de expansión metropolitana del tejido urbano marcado por la segregación funcional: creación de espacios residenciales de baja densidad, de polígonos industriales y logísticos, y de centros comerciales y de ocio, altamente consumidores de suelo (tabla 3).  

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RESUMEN: El análisis de la sostenibilidad en espacios complejos, como las áreas metropolitanas presenta un enorme potencial de aplicación en términos de políticas públicas. La prestación de los servicios públicos locales es uno de los aspectos más destacables y menos estudiados de la llamada sostenibilidad social, aunque es un aspecto clave de la a...

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Citations

Conference Paper
Actualmente en España hay más de un millar de embalses, los cuales precisan en ocasiones de la necesidad de realizar vaciados totales o parciales para su mantenimiento durante la explotación. Los desembalses suponen una afección al medio siempre que se llevan a cabo, dando lugar a problemas ambientales que en muchos casos son difíciles de solventar. Por este motivo, seguir un protocolo de actuación y control es básico para minimizar los efectos negativos generados por el vaciado. El caso del vaciado total del embalse de Escarra (Sallent de Gállego, Huesca), realizado en septiembre de 2013 con el fin de mejorar la seguridad de la presa, es un ejemplo de negligencia con graves consecuencias ambientales al no seguir un procedimiento correcto de desembalse. Este suceso sirve como punto de partida para el estudio de la problemática ambiental que se deriva de la acción y para el desarrollo de una metodología que permita la mejora de la zona afectada, siendo aplicable a eventos similares. El objetivo final es la propuesta de un protocolo de desembalse y control del proceso. El protocolo se inicia en el momento de la decisión de la necesidad de llevar a cabo el vaciado y finaliza con la validación de condiciones ambientales posteriores al llenado, de acuerdo a las dadas antes de llevarse a cabo el desembalse.