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Caring for a common future: medical schools' social accountability.

Department of Family Practice, University of British Columbia, Canada.
Medical Education (Impact Factor: 3.62). 05/2006; 40(4):301-13. DOI: 10.1111/j.1365-2929.2006.02416.x
Source: PubMed

ABSTRACT ORIGINS AND CONTEXT: The concept of 'the social accountability of medical schools' is moving from the peripheral preoccupation of a few to a more central concern of medical schools themselves. Born of concerns about the professionalism and relevance of both the institutions and their graduates, it is seen increasingly as an urgent call to focus the considerable social resources vested in academic health science institutions on addressing the priority health concerns of the societies they serve. For a profession embedded in an ethos of service, this would seem an obvious transition. However, as with any movement towards transformative change, it runs the risk of being more mantra and rhetoric than mandate and responsibility. NEEDED RESPONSE: Proceeding from the assumption that good intentions alone are not enough, this paper seeks to outline the historical development and some current expression of the concept throughout the world. The sadly divergent wealth and health status of modern societies calls for very different actions by medical schools across the spectrum from the least endowed to the wealthiest of schools. In a profession claiming centuries of cohesive commitment to the welfare of others, it is increasingly urgent that the current generation of medical educators converge on a relevant set of principles and coherent activities. TOOLS FOR THE TASK: While recognising that they are closely intertwined, the paper outlines the difference between the social accountability of the institutions themselves and the social accountability of the graduates they produce. It outlines both individual examples and the international initiatives that are fostering and facilitating institutional collaborations to bring both progress and optimism to this daunting task. It provides connections to practical resources for those who are committed to that task. Other papers in this series add further practical insights into the central role that medical educators must play if we are to fulfil the responsibilities we carry with the privilege of our profession.

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    ABSTRACT: Background & Objective: Social accountability medical education in all fields considers health problems priorities in specified countries. Health provision (social accountability) encounters many challenges in its delivery due to more reasons and faculty innovations seem essential in promotion of education. This study was designed in order to investigate social accountability medical education and innovations of clinical faculty members. Methods: In a cross-sectional and triangulation study, point of view of 72 clinical faculty members in Kerman University of Medical Sciences, Iran , about social accountability medical education and their innovations was investigated by two separated questionnaires. Results: Situation analysis of social accountability medical education in Kerman University of Medical Sciences showed that this form of education is in weakness-threatened status. The score of strengths was significantly difference among men and women, and score of weakness was significantly difference among different educational groups and academic degrees (P < 0.05). There was no significant difference between situation analysis of social accountability medical education, innovation and other demographic and educational variables. Conclusion: Status of social accountability medical education (weakness-threatened) is not appropriate in Kerman University of Medical Sciences ; in order to its promotion, there must be an appropriate mechanism. In addition, potentials of faculty members must be considered about innovation for social accountability medical education. Keywords: Accountability education, Innovation, Clinicians, Situation analysis,
    Strides Dev Med Educ. 01/2014; 10(4):403-412.
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    ABSTRACT: En las últimas décadas, diferentes instituciones y grupos sociales comenzaron a revalorizar la necesidad de involucrarse en el desarrollo de las sociedades a las cuales pertenecían. La universidad, cuyo sentido es promover el desarrollo integral de las comunidades en las que se asienta, inició simultáneamente un redescubrimiento de su función social, de la necesidad de impactar en las sociedades de manera positiva y perdurable en sus tres funciones principales: la docencia, la investigación y el servicio. Esta acción se enmarca dentro del concepto de Responsabilidad Social Universitaria (RSU), que puede definirse como la intención, capacidad y efectividad de la universidad para responder dinámicamente a las necesidades de transformación de la sociedad donde está inmersa, mediante el ejercicio de sus funciones sustantivas: formación de ciudadanos capaces (docencia), produc-ción y difusión del conocimiento (investigación) y participación en el desarrollo de la sociedad (extensión) (1). En América del Sur, el movimiento de RSU se ha limitado por ahora a algunas instituciones y redes de instituciones que han desarrollado proyectos de enorme valor, al mismo tiempo que han establecido acciones tendiente al desarrollo, comprensión y aplicación de los principios bá-sicos relacionados con el tema. Un ejemplo de este desarrollo son los trabajos fundacionales de Vallaeys (2) y la acción cooperativa de distintas universidades (los proyectos de "Responsabilidad Social Universitarias de AUSJAL" en nuestra región, y "Universidad Construye País" en Chile). Ahora bien, ¿qué sucedió con las facultades de medicina? En las últimas décadas, este concepto ha reforzado el debate respecto de la necesidad que las facultades de medicina trabajemos en los temas que preocupan a nuestras sociedades. Tanto las instituciones académicas, como la Organización Mundial de la Salud, y los Ministerios de Salud y Educación de diferentes países, han comenzado a expresarse en este sentido. En sus trabajo seminales, Boelen (3) y Woollard (4) propusieron y definieron el término de Responsabilidad Social de las Facultades de Medicina como la obligación de dirigir las actividades de educación, investigación y servicio de acuerdo a las prioridades de salud locales, regionales y nacionales e identificarlas conjuntamente entre los gobiernos, las organizaciones de salud, los profesionales y el público. A nivel global, se ha iniciado un debate en el cual participan representantes de diferentes países. Uno de los resultados fue la elaboración del Consenso Global sobre RSU (5) que define diez áreas de la RSU como por ejemplo la comprensión del contexto social, la identificación de necesidades de salud, la composición de los recursos profesionales necesarios para afrontarlas, la descripción de roles y competencias previstas para los médicos, la guía de estrategias educativas, de investigación y de servicios asistenciales que deben implementar las Facultades de Medicina, el establecimiento de estándares (definidos a nivel internacional, nacional y local) para logar mayor competencia en la instituciones, entre otros. El propósito es que estas áreas puedan contribuir a que la RSU en las facultades de medicina deje de ser una quimera y se convierta en una realidad de cada país, región y facultad de medicina. A su vez, estos tópicos tienen el mérito de haber diseminado el interés por el tema y haber aclarado sus alcances. Por un lado, que la RSU no es sinónimo de extensión universitaria: el concepto es más general y la incluye, pero no alcanza sólo con acciones de extensión ya que las Revista Argentina de Educación Médica Vol 4 -Nº 2 -Agosto 2011 46 acciones de docencia e investigación también deben estar socialmente orientadas y en lo posible, integradas entre sí. En tercer lugar, que la RSU exige incorporar con fuerza los conceptos de planificación y de revisión de metas a corto, mediano y largo plazo, de organización y gestión. Por último, que la RSU es "hacia fuera" pero también es "hacia adentro". Es decir, que las acciones deben dirigirse hacia la comunidad, la región y el país, pero también hacia los que integran las facultades de medicina: alumnos, profesores y administrativos. Las definiciones globales son útiles para pensar desde un marco general que permita desa-rrollar nuevas ideas. Sin embargo, también deberán promover la reflexión sobre las diferen-cias que pueden producirse a nivel nacional, regional e institucional, lo que hasta ahora no se ha concretado. Los interrogantes surgidos de la RSU deben ser respondidos por cada institución de acuerdo a su realidad y a su identidad; de manera individual, pero observando el contexto. El futuro de la RSU depende de nuestro compromiso para desarrollar acciones conjuntas tendientes a definir qué esperamos de nuestras facultades de medicina, dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos.
  • Source
    Middle East J Family. 01/2011; 9:15-19..

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May 31, 2014