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    • "BPD patients often demonstrate high comorbidity (Zanarini et al. 2004a, c) and make numerous suicide attempts and parasuicidal gestures, conferring significantly higher risk for completed suicide (Welch & Linehan, 2000). Early studies employed a distinct nosology in characterizing subjects, some of whom actually had what might be called BPD today (Rifkin et al. 1972). "
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    ABSTRACT: Patients with personality disorders are prescribed psychotropic medications with greater frequency than almost any other diagnostic group. Prescribing practices in these populations are often based on anecdotal evidence rather than rigorous data. Although evidence-based psychotherapy remains an integral part of treatment, Axis II psychopathology is increasingly conceptualized according to neurobiological substrates that correspond to specific psychopharmacological strategies. We summarize the best available evidence regarding medication treatment of personality disordered patients and provide optimal strategies for evidence-based practice. Most available evidence is concentrated around borderline and schizotypal personality disorders, with some additional evidence concerning the treatment of avoidant and antisocial personality disorders. Although maladaptive personality symptoms respond to antidepressants, antipsychotics, mood stabilizers, and other medications, evidence-based pharmacotherapy is most useful in treating circumscribed symptom domains and induces only partial improvement. Most available evidence supports use of medication in reducing impulsivity and aggression, characteristic of borderline and antisocial psychopathology. Efforts have also begun to reduce psychotic-like symptoms and improve cognitive deficits characteristic of schizotypy. Indirect evidence is also provided for psychopharmacological reduction of social anxiety central to avoidant personality disorder. Evidence-based practice requires attention to domains of expected clinical improvement associated with a medication, relative to the potential risks. The development of future rational pharmacotherapy will require increased understanding of the neurobiological underpinnings of personality disorders and their component dimensions. Increasing efforts to translate personality theory and social cognitive neuroscience into increasingly specific neurobiological substrates may provide more effective targets for pharmacotherapy.
    The International Journal of Neuropsychopharmacology 02/2011; 14(9):1257-88. DOI:10.1017/S1461145711000071 · 5.26 Impact Factor
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    ABSTRACT: Resumen El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un síndrome bien reconocido. Estos pacientes se caracterizan por presentar una marcada inestabilidad emocional, una dificultad en el control de sus impulsos con el posible desarrollo de conductas impredecibles de autoagresión y heteroagresión, una significativa alteración en las relaciones interpersonales y en la imagen de sí mismos, y el desarrollo de episodios psicóticos que se caracterizan por su breve duración (micorepisodios psicóticos). La diversa y variada sintomatología que presentan estos pacientes, junto a la dificultad diagnóstica que plantean los diversos marcos nosográficos, nos confronta con un terreno de dificultad diagnóstica y terapéutica. Luego de la revisión realizada sobre los aspectos neurobiológicos implicados en el área del control de los impulsos en los pacientes con TLP, se analizarán los diferentes grupos farmacológicos utilizados en el tratamiento de la impulsividad. Así, la seguridad y eficacia terapéutica ha sido evaluada con el uso de: a) antidepresivos (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina: fluoxetina, paroxetina y citalopram), b) estabilizadores de ánimo (carbonato de litio, divalproato sódico, carbamazepina y lamotrigina) y c) antipsicóticos atípicos (clozapina, risperidona y olanzapina). Otros grupos de fármacos como los antagonistas opioides (naltrexona), los beta bloqueantes (propranolol) y los ácidos grasos omega 3 (ácido eicosapentanoico y ácido docosahexaenoico) también han sido evaluados, si bien se requiere de una mayor disponibilidad de estudios estadísticamente significativos. Finalmente, fármacos como los antidepresivos tricíclicos (amitriptilina), ciertas benzodiazepinas (alprazolam) y los psicoestimulantes han demostrado el desarrollo de efectos indeseables en este grupo de pacientes, sobre todo en el área del control de los impulsos, muchos de los cuales ponen en severo riesgo al paciente. Por lo tanto, si bien una de las principales estrategias terapéuticas del paciente con TLP es la psicoterapia, debemos dejar en claro que la utilización del psicofármaco no tendrá la finalidad de sustituirla, sino que colabora activamente con la misma en ciertos momentos del proceso terapéutico del paciente, posibilitando el alivio de los síntomas agudos. Esta situación ideal permitirá el establecimiento de una alianza terapéutica más sólida y estable, lo cual favorecerá un mejor desarrollo del proceso terapéutico.
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    ABSTRACT: Since Cade's original suggestions concerning the value of lithium in controlling patients' ungovernable tempers, considerable evidence has accumulated to support this view. The present report reviews this evidence and offers an illustrative case.
    Psychopharmacology 02/1974; 40(1):17-24. DOI:10.1007/BF00429444 · 3.99 Impact Factor
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